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Almuñécar contra la corrupción

Un año

Un año

Tomás Hernández. Costadigital.es

Lo peor del casi acabado 2011 fuera de las fronteras diría que ha sido ese cambio de ‘birlibirloque de trilero’ en la presidencia de gobierno de dos países europeos: Grecia primero e Italia después.

Unos presidentes legítimamente elegidos en unas votaciones democráticas son fulminantemente destituidos de  la noche a la mañana. ¿Por quién? Esa es la gran pregunta y esta cuartilla no da para tanto y mi capacidad de análisis menos.

Pero lo sorprendente es que en la democrática Europa que envía tanques y misiles contra el infiel que no entiende tan ‘hermosa democracia’, esa Europa que lleva más de dos mil años intentando hacer del consenso una forma de convivencia y de gobierno, no mueve un dedo cuando alguien -¿quién?- destituye a Papandreu y a Berlusconi. Y esto ocurre sin proceso electoral alguno, sin decisión alguna de sus Parlamentos, sin urnas de por medio.

El favoritismo, la forma más humana del abuso de poder, provoca justificada repulsa social y desengaño. Tanto da el tamaño de la injusticia o la importancia del cargo designado arbitrariamente. Bien sea para un ‘trabajillo modesto’ o para el consejo de administración de alguna Caja de Ahorros. Pues bien a dedo nos han cambiado a dos presidentes de gobierno de dos países independientes y aquí no se ha movido una hoja. No sé qué alarma más, si la impunidad del atropello o la pasividad con la que el asalto ha sido aceptado.

En las fronteras de ‘nuestro pequeño mundo’ leo en este periódico que estamos gobernados por un tripartito. Ahora me entero. Pero aún así, ¿y qué? Como si gobernara un cuatri-, penta, sexta-partito. El consenso es democrático; la altanería, la altivez, la confusión entre lo público y lo privado, nunca lo fue.

Como siempre, lo que sucede aquí es una minucia, aunque nuestra, pero lo de Grecia, lo de Italia, quizá abra una brecha irreparable.

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