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En mi cumpleaños

Dios tuitero

Este 25 de diciembre hago 2014 años. Sé que para alguien que dijo “Bienaventurados los humildes” quizá sea algo contradictorio y pretencioso que la Historia se divida en un antes y un después a partir de mi nacimiento, pero así soy yo. También dije “Bienaventurados los pobres” y hoy la Iglesia es una de las principales terratenientes del mundo y nuestro chalet del Vaticano la envidia de la lista Forbes.

Os voy a contar un secretillo. Yo, como las folclóricas, me quito años. Según los historiadores, raza peligrosa, nací entre el 4 y el 7 antes de mí.

La verdad es que los Evangelios, esa fuente tan exacta y fiable, apenas dicen nada de mi nacimiento. De los cuatro Evangelistas oficiales ( ya sabéis que hay muchos más apócrifos), solo dos le dedican unas líneas al tema.
Durante el siglo III se propuso datar la fecha de mi nacimiento el 6 de enero ( ¿os suena?), el 10 de enero, el 25 de marzo, el 15 de abril, el 20 de abril como los Celtas Cortos… Yo creo que hacer coincidir la Navidad con la Semana Santa habría sido un sindiós. Y además habríais perdido días de vacaciones. No lo diremos muy alto, por si a las cabezas pensantes que tenéis en el Gobierno les da por recortar también por ahí. Nazco: vacaciones. Me matan: vacaciones. Empiezo a pensar que sólo me queréis por las vacaciones.

Pues eso, a vueltas con la fecha, no os extrañará que en la actualidad las Iglesias orientales celebren mi cumple el 6 de enero, el día de los Reyes Magos para vosotros.
Los Reyes Magos fueron dos, cuatro, seis, doce o sesenta, según la tradición. Baltasar fue blanco hasta el siglo XVI, cuando la Iglesia lo coloreó cual concejal por razones estratégicas. Y no empezaron a repartir regalos hasta el siglo XIX. Supongo que antes se dedicarían a pedir, como el resto de la Iglesia. “Pedid y se os dará”, dije un día, y hay que ver cómo se aplicaron el cuento mis comerciales. Ahora que me acuerdo, nunca debía decir eso de “Dejad que los niños se acerquen a mí”.
Por aquellas cosas de la vida, nací en una casa okupa. No estuve mucho tiempo allí, no fuese a ser que Herodes emitiese una orden de desahucio. Bueno, Herodes más bien quería matarme, porque en las encuestas cada vez le recortaba más puntos de popularidad. Pero yo aproveché mis contactos con el CNI celestial y me escapé. Murieron muchos niños inocentes a raíz de aquello, pero yo no hice nada; a mí sólo me importaba salvar el pellejo. Ahora no os hagáis los escandalizados, que cada 28 de diciembre lo celebráis con bromitas.

Y es que la Navidad es de lo más contradictorio. Nací para predicar la pobreza y lo conmemoráis hinchándoos a comer y a beber como si el que hubiese nacido hubiese sido el Monstruo de las Galletas, y envolviéndoos en una fiebre consumista que ríete tú de Paris Hilton. Por si esto fuera poco, el día 22 lo dedicáis a adorar al becerro de oro de la Lotería, que ya me gustaría ver a mí en misa las colas de gente que hay en Doña Manolita.

De todas formas, no es tan raro. Todo el mundo sabe que la Navidad no es sino la apropiación cristiana, una más, de la fiesta pagana del nacimiento del Sol Invictus. Por algo el Sun day, el domingo, es el Día del Señor. Así que habéis seguido haciendo lo mismo que antes, pero conmigo de protagonista.

A veces me da por imaginar cómo habría sido mi historia de nacer hoy en día. Quizá habría sido un niño sin papeles que nace en una patera y en lugar de los Reyes Magos recibe la visita de la Guardia Civil, acompañada de unas salvas en forma de pelotas de goma para celebrarlo.

O tal vez hubiese nacido entre cajas, en los soportales de la Plaza Mayor, porque mis padres no encontraban trabajo y habían terminado en la calle. En la tienda de electrodomésticos de al lado podría ver la cara de nuestro presidente haciendo de buey diciendo que por fin la crisis había terminado.

Quién sabe, a lo mejor habría tenido suerte y, en lugar de mula y buey, habría nacido en una casa con un jaguar en el garaje, rodeado de confeti ( unos miles de euros) y con mi tarjetita black debajo del brazo. Todo el mundo en el hospital privado haría una gran fiesta, y hasta mi niñera sudamericana, a la que le tocaba librar ese día en todo el año, vendría corriendo a estar conmigo y disfrutarlo.

Quién sabe. También estoy suponiendo mucho que iba a nacer en Europa, y además en España. ¿Y si por un capricho del azar aparezco en Pakistán y soy una niña? Habría sido bastante complicado ir al templo a dar lecciones a los maestros. Mi amiga Malala puede dar fe de ello.

¿Y si hubiese nacido en cualquiera de esos lugares donde los niños tienen que trabajar desde los cinco años, o donde ellas son vendidas como prostitutas, o donde ni siquiera tienen para comer? ¿O en un enorme campo de refugiados con el aliento de la guerra soplándome en el cogote?

El pesebre. La mula, el buey. La noche en calma. El cielo estrellado. Los pastorcillos cantando, los Reyes de Oriente trayendo regalos…Todo muy bonito, todo muy literario. Desgraciadamente, más de 2.000 años después de mi venida, el mundo está preñado de sufrimiento, injusticia, guerras, hambre…Y lo que es peor, vosotros absortos comiendo turrón y mirando anuncios de colonias. Que Dios os perdone.

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