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Almuñécar contra la corrupción

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La mirada del mendigo

Luis Guindos ha anunciado que en el próximo Consejo de Ministros se aprobará, junto con otras agresiones, la creación de un “banco malo” público. Como me temía, con estivalidad y alevosía.

De aquí al 24 de agosto quedan 17 días. Tiempo más que de sobra para reaccionar, convocar cuantas protestas sean necesarias, informar, levantar a la población para que se defienda ante el gran robo.

En este espacio se ha tratado extensamente el asunto del banco malo público:
El gran robo
¡Alarma!
No con mi dinero

Siempre que se trata el tema de la economía, hay muchos que lamentan no entender de sus arcanos. Yo tampoco entiendo, pero basta aplicar el sentido común.

Un banco malo es una entidad con ficha bancaria donde se arrostran los activos de peor calidad (la basura tóxica financiera), permitiendo a otra entidad desprenderse de esa basura y limpiar así su balance. BFS es el banco malo de Bankia, y es precisamente la parte de Bankia que el gobierno ha “comprado”. También el Sabadell creó recientemente otro banco malo, en el que segregar los activos inmobiliarios de la entidad. Estas son operaciones privadas y en ellas no me meto (excepto cuando el gobierno, a la hora de rescatar Bankia, lo hace haciéndose con el control de la parte enferma, es como ir a la frutería y comprar la caja que tiene todas las peras podridas, nadie lo haría para sí, y sólo un comisionado muy traidor las compraría en nombre de otro).

Pero lo que pretende el gobierno es crear un banco malo público (además de, como hemos dicho, BFA, que era un banco malo y ya es, también, público). ¿Qué supone esto? El Estado compra activos tóxicos a los bancos. Los bancos se deshacen de aquello que nadie quiere, entregándoselo al Estado a cambio de dinero fresco, creo que es apropiado usar el verbo comprar para definir la operación (aunque en la prensa salmón seguro que podréis leer otros tecnicismos y eufemismos).

¿En qué consisten esos activos tóxicos? Básicamente, suelo y ladrillo. Ya sea la propiedad de éste, por hipotecas cuyo aval ha sido ejecutado (desde pisos embargados a urbanizaciones enteras que el banco se ha negado a seguir refinanciando a la constructora y se las ha quedado). También es probable que entren en el “lote de Navidad” los créditos subprime (os suena, verdad?) o subestandard. En román paladino, los créditos que aún no han sido ejecutados, pero que hay grandes posibilidades que lo sean en un futuro. La mayoría, hipotecas con ladrillo o suelo como aval. El ladrillo aún vale algo, pero el suelo no vale nada en la mayoría de los casos, pues con varios millones de viviendas vacías nadie tiene la intención de promover más. Si en un plazo de tiempo (que el anterior gobierno amplió, echándole un capote a los bancos, principales inmobiliarias) ese suelo urbanizable no se construye, pasa a ser de nuevo rústico.

Vamos, que lo que quieren vender los bancos es toda la porquería que han acumulado en el balance, tras pinchar la burbuja financiera. Cuanto más baja el precio del ladrillo en el mercado, y cuanto más les obliga el gobierno a reflejarlo en sus libros, los bancos se anotan pérdidas (diferencia entre el valor de adquisición y el de valoración), pérdidas que hay que cubrir con provisiones a cuenta de los beneficios.

¿Esto es bueno o malo? Pues depende de según para quién. Y como en toda operación de compraventa, el criterio para determinar si una operación ha sido ventajosa o no para cada una de las partes es el precio.

Para los bancos es maravilloso, el fin de sus problemas, si el precio de compra es alto (está por encima del mercado). Con un mercado seco, en el que les está costando lo indecible colocar su stock de ladrillo (porque todos estamos esperando que baje más), encontrar a un primo tonto que llega con un fajo de billetes y dice “lo compro todo”…evidentemente, para los bancos es una bendición celestial.

Pero si es un fantástico negocio para el vendedor es porque…el comprador ha sido timado. Ha comprado por encima de su valor. Esto es lo que temo que va a ocurrir, especialmente con los antecedentes de este gobierno doctorado en tan pocos meses en traiciones al pueblo, inmolado repetidas veces en el altar del capitalismo internacional.

La razón es simple: si el gobierno propusiera a los bancos vender a precio de mercado (Mercado, no es ese el nombre de su Dios?), estos se negarían. Básicamente, porque para ese camino sobran tantas alforjas; para eso, sacan sus promociones al mercado con el descuento necesario para ser adquiridas (de nuevo, el que demande el mercado), asumiendo las pérdidas, y listo. Evidentemente, los bancos tratan en lo posible de sostener los precios, porque cada punto que la vivienda baja, ellos están un pasito más cerca del abismo.

Voluntariamente, no van a vender a precio de mercado. Y sinceramente, yo no veo al Sr. Marioneta forzando a los bancos a nada. Nos comeremos la mierda de los bancos, las urbanizaciones en mitad de la nada que nadie quiere, y que tras varios años acabarán siendo vendidas a pérdida a fondos buitre o demolidas (como ocurre con las viviendas que se comió el NAMA, el banco malo de Irlanda).

Podría también hacerse como en Suecia, en los ’90. El Estado se queda con las carga de basura a cambio de que los bancos asuman las pérdidas que se produzcan cuando el Estado empiece a sacar esos activos al mercado, pasado un tiempo. Si los bancos no pueden asumir la factura, tienen que pagar su libra de carne (El Mercader de Venecia) en forma de acciones, pasando a ser nacionalizados.

Pero España no es Uganda, ni muchísimo menos Suecia. Las condiciones que Luis Guindos (verdadero jefe del gobierno) va a negociar con la banca no responderán al interés de la mayoría, sino de los capitalistas. La ciudadanía paga así caro el poner a una zorra como guardiana del gallinero, cada pueblo tiene indefectiblemente lo que se merece.

Es por ello que reclamo una protesta enérgica, inmediata, abrumadora para forzar al chacal a guardar las apariencias, rechazando la creación del banco malo o, al menos, negociando su creación en términos menos desfavorables al pueblo. Sí que es posible una rectificación, enfrentando al gobierno a un alto coste electoral.

Cualquiera puede entender el ruinoso negocio que el visir Guindos tiene entre manos: va a firmar, en nuestro nombre, con nuestro dinero, la compra de un apartamentito en 9ª línea de playa de una desolada urbanización de una costa destruida. O peor aún, de una tierra baldía en mitad de la nada, donde antes de la caída de Lehman (que rima con Guindos) se planeaba construir una ciudad y donde hoy sólo moran los grillos.

¿Alguno de vosotros es tan necio para comprar alguna de las mierdas que los bancos ofrecen en sus portales inmobiliarios? No, espero que no, de hecho nadie lo hace. Entonces ¿por qué dejar que el gobierno lo haga en vuestro nombre?

Hay que oponerse con todas las energías a este gran robo, que pagaremos durante décadas (pues como el Estado no tiene ese dinero, tendrá que endeudarse para pagar su cargamento de basura a los bancos).

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Y ahora viene la segunda parte de la reflexión. Ignoro si en los partidos políticos hay una dirección, alguien al timón, o simplemente son cáscaras de nuez a merced de la tormenta. Yo no veo en ellos ningún rumbo, ningún gobierno, nada que me haga suponer que cuentan con alguien al timón, ni atisbo de estrategia.

De nuevo, vamos a explicarlo fácil. Todos los esfuerzos de la izquierda están basados en parar los recortes. Muy bien, estamos de acuerdo. Pero ¿cómo? Porque tal y como están repartidas las cartas, los recortes son absolutamente necesarios. Es pura matemática, las cuentas no cuadran.

Habrá que explicar a la gente que para evitar los recortes, hay que tomar otras medidas, equilibrando las cuentas por el otro platillo de la balanza, el del ingreso. Es decir, toca elevar la fiscalidad, y habrá que hacerlo respetando la progresividad de la carga fiscal. Es decir, haciendo que de una maldita vez sea el capital el que contribuya al sostenimiento del Estado. Y esto pasa por acabar con las SICAV, pero también con los paraísos fiscales y la libre movilidad de capitales (si se ponen peajes en las autovías ¿cómo no hacerlo en las vías por las que circula el dinero?).

Y hay otro punto. Todos esos recortes buscan equilibrar una balanza desequilibrada por las ayudas al sector financiero. Se recortan 1.000M€ de aquí y 800M€ de allá para lograr sumar las decenas de miles de euros que necesita la banca para sobrevivir. Sea en avales, sea en rescates como los 26G€ de Bankia, sea en la creación de un banco malo que puede suponer una factura desde los 40G€ hasta los 300G€ (el volumen de basura enladrillada en España, y si no se llega a esta cifra la solución será sólo un parche para que la banca siga ganando tiempo). Todas las energías de ese maremagnum llamado “la izquierda” están centradas en denunciar los recortes, pero sólo unos pocos señalan el sistema fiscal y las ayudas a la banca. Sin embargo, uno es consecuencia de lo otro. Si tienes fiebre, puedes tomar un antipirético, pero es preferible un tratamiento que atienda a la etiología (atendiendo a la causa de las cosas, y no sólo sus consecuencias, sus efectos, sus síntomas), descubriendo cuál es la infección y tomando el antibiótico adecuado.

El esquema es evidente para cualquiera: subimos el IVA, recortamos en Sanidad…para darle dinero a los Bankeros. Yo creo que hasta el facha más tonto se da cuenta de la situación.

Entonces ¿Cómo se lucha contra los recortes? Acabando con esta locura de que el Estado tenga que rescatar a los inversores privados, hundiendo en la miseria a millones de personas. Creando un clamor para que ni un duro del Estado vaya a salvar las inversiones particulares, y que sean los accionistas y acreedores de los bancos los que sufran la consecuencia de sus inversiones. Simplemente, actuar según la normalidad, aplicar la Ley Concursal 22/2003 del 9 de Julio, como cualquier otra entidad privada. Y si tienen que quebrar, que quiebren, que los activos (hipotecas) cubran el pasivo asegurado (depositantes), que los acreedores se hagan con el control de lo que quede. Y el muerto, al hoyo.

Por lo tanto, aviso: no quiero dejarme robar. Si al final se lleva a cabo el saqueo y se constituye un banco malo público, y se hace en términos lesivos a mis intereses como ciudadano (como estoy seguro que así será, viendo el sujeto que debe negociar en mi representación)…me voy a cagar en Dios. Me van a forzar a invertir en ladrillo, contra mi voluntad, unos cuantos miles de euros (unos 200G€ entre 47 millones de gilipollas, salen a 4250€ por cabeza de turco). Yo no quiero dejarme robar 4.000 y pico napos impunemente, para salvarle el culo a los bankeros, ni a los grandes ni a los chicos (el que fue atrapado por su avaricia, que asuma ahora su pena). Por eso digo: la organización o partido político que quiera contar con mi dinero y/o con mi voto, ya puede levantar el culo y enfrentarse con todo lo que tiene contra este latrocinio. Que me defienda. Yo no culparé de nada si, habiendo luchado con fiereza, perdemos la batalla. Pero aquella organización o partido que no se parta el culo ahora, desde ya mismo, para impedir esta estafa a los ciudadanos, puede dejar de contar con mi dinero, mi colaboración o mi voto.

Un mínimo de estrategia, una pizca de inteligencia. Si nos señalan el Sol, no miremos el dedo. La forma de oponerse a los recortes es cuestionando los rescates a la banca y promoviendo un nuevo sistema tributario. Lo importante no es denunciar los recortes: insisto, hasta el facha más gañán se da cuenta que le afectan, que son una cabronada. Lo importante es hacer ver a la gente que HAY ALTERNATIVAS. Que si el gobierno inflige dolor al pueblo es porque no quiere tocar los intereses de los poderosos. Que es una elección política, que responde a una ideología muy concreta, que es ajena a los intereses de la inmensa mayoría. Comunicar esta idea por todos los medios, charlas, manifestaciones, pasquines ¡como sea!

El 25 de Agosto, sobrarán los lamentos y las declaraciones indignadas. El momento de actuar es AHORA.

Si el pueblo entiende esto, el gobierno estará en un brete y tendrá que detener el calendario del horror que tiene anunciado. Pero para eso hay que obrar con un mínimo de inteligencia, con estrategia. A veces, para defender un peón no hace falta cubrirlo con otra pieza, sino repeler la amenaza atacando: si el contrincante mueve esa pieza, las consecuencias serán desastrosas.

Maldita sea, alguien que sepa establecer una estrategia, que cuente con una visión que vaya más allá de lo inmediato, que sepa pensar aunque sea un movimiento por delante (los grandes ajedrecistas planean cuatro, cinco o seis, lo que dispara las combinaciones).

Ecooo

Ecooooooo

¿Hay vida inteligente en el Planeta Izquierda?

Pues eso, no es que sea muy rencoroso pero tengo buena memoria. Quien no me defienda ahora, la paga.

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