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Almuñécar contra la corrupción

Llamazares acusa a Aguilar de «deslealtad» y Anguita afirma que su decisión «le resta credibilidad»

Llamazares acusa a Aguilar de «deslealtad» y Anguita afirma que su decisión «le resta credibilidad»
Como una bomba ha caído en Izquierda Unida que la alcaldesa de Córdoba, Rosa Aguilar, acepte un puesto en el nuevo Gobierno andalúz de José Antonio Griñán. Las reacciones han ido desde la contundencia del diputado de IU, Gaspar Llamazares, que le acusa de haber actuado "con deslealtad", a la de Julio Anguita, que respeta su decisión pero afirma que "le resta credibilidad".
Llamazares opina que supone "un grave quebranto" para la izquierda y para Córdoba y se ha mostrado muy molesto con la decisión de la alcaldesa, con quien ayer mantuvo una conversación para "intentar disuadirla", y ha recalcado que es "un error" desde punto de vista personal y no tiene ninguna justificación desde el punto de vista político. "No entiendo su decisión, no la comparto", ha afirmado el diputado de IU, quien también le ha echado en cara que no culmine su labor municipal en Córdoba.
El ex coordinador general de IU e histórico dirigente del PCE, Julio Anguita, ha declarado que, en primer lugar, su postura es de "respeto máximo a una decisión personal", pero que "le resta credibilidad". "Es cierto que, a tenor de las decenas y decenas de declaraciones que Rosa ha hecho en estos años, a cerca de que terminaba su mandato y que lo primero era la ciudad (de Córdoba), esta decisión, que ha tomado desde su libertad y que no voy a comentar, contradice todo lo anterior ".

2 comentarios

Redaccion -

Nos ha gustado este pequeño comentario de Almudena Grandes que nos envías, así que lo vamos a publicar.
Salud

AmarantaAllende -

Título: Almudena Grandes sobre Rosa Aguilar

Texto del artículo:
1 de Mayo de 2009
ALMUDENA GRANDES 27/04/2009

En el siglo XX, la palabra preferida por los políticos españoles para
definir su propia tarea fue el verbo "servir", a veces a palo seco, como lo
consumían los falangistas, y otras, siempre a la izquierda, combinado en
expresiones como "estar al servicio de". Eran otros tiempos, en los que la
política era el noble arte de conducir a los pueblos hacia su futuro, la
ideología, otro nombre propio, y la lealtad, un compromiso íntimo, más
poderoso que los carnés y las cuotas mensuales. El tiempo no ha restado
importancia a la relación del verbo "servir" con la trayectoria de los
políticos españoles, pero ha cambiado su manera de conjugarlo. Quienes antes
la servían, ahora se sirven de ella. Hasta para hacerse trajes.

No hablo solamente de Rosa Aguilar. Muchos de sus ex correligionarios, que
ahora se llevan las manos a la cabeza y se muerden la lengua para no
pronunciar la palabra "traición", de tan siniestros ecos, han sido capaces
de hundir la organización a la que pertenecían sólo por no tener que volver
a fichar en una oficina de nueve a cinco. Consciente de que es muy
improbable que la izquierda vuelva a ganar unas municipales en Córdoba, Rosa
Aguilar ha buscado una salida personal distinta, en apariencia más
brillante, pero también más deshonrosa, si llamamos a las cosas por su
nombre. Porque es vergonzoso que un cargo público elegido en las listas de
un partido abandone su responsabilidad en medio de una legislatura para
integrarse en un gobierno de otro partido, contra el que votaron sus
electores al votar por ella. O, mejor dicho, en otras épocas habría sido
vergonzoso. Ahora, hasta habrá quien lo califique como sentido del Estado.

Rosa Aguilar ha demostrado que es una mujer de su tiempo. No me ha
sorprendido. Cada país, en cada momento, tiene los políticos que se merece.
Últimamente, parece que en España se llaman Rosa.