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Almuñécar contra la corrupción

Anticapitalistas

Un diputado con dos…, o con tres.

Kabila

No, no es un diputado español. Es mejicano. Seguro que no es comparable, por muchos problemas que tengamos, en México la situación es mucho más grave. Sin embargo, este diputado es un tipo con coraje, digno de ser escuchado. Aunque supongo que la mayoría de los congresistas mexicanos no estarán contentos de tener a un compañero como éste.

Su nombre es Gerardo Fernández Noroña y es de armas tomar. Juzguen ustedes mismos. Son menos de cuatro minutos y vale la pena ver que hay gente dispuesta a decir la verdad en todas partes. Por cierto la televisión mexicana lo ha censurado, ¿por qué será?:

Salud y República

El contrato que acepto

Poco importan nuestras creencias o nuestras ideas políticas, el sistema instituído reposa en el acuerdo tácito de un tipo de contrato aprobado por cada uno de nosotros que a grandes rasgos os expongo:




Acepto la competitividad como base de nuestro sistema, aunque soy consciente de que este funcionamiento engendra frustracion y cólera a la inmensa mayoría de los perdedores.
Acepto que me humillen o me exploten a condición de que se me permita humillar o explotar a otro que ocupe un lugar inferior en la pirámide social.

Acepto la exclusión social de los marginados, de los inadaptados y de los débiles porque considero que la carga que puede asumir la sociedad tiene sus límites.



Acepto remunerar a los bancos para que ellos inviertan mi sueldo a su conveniencia y que no me den ningún dividendo de sus gigantescas ganancias (ganancias que servirán para atracar a los países pobres, hecho que acepto implícitamente). Acepto también que me descuenten una fuerte comisión por prestarme dinero, dinero que proviene exclusivamente de los otros clientes.




Acepto que congelemos o tiremos toneladas de comida para que los cursos bursátiles no se derrumben, en vez de ofrecérsela a los necesitados y de permitir a algunos centenares de miles de personas no morir de hambre cada año




Acepto que sea ilegal poner fin a tu propia vida rápidamente, en cambio tolero que se haga lentamente inhalando o ingeriendo substancias tóxicas autorizadas por los gobiernos.


Acepto que se haga la guerra para así hacer reinar la paz.

Acepto que en nombre de la paz, el primer gasto de los Estados sea el de defensa. Entonces acepto que los conflictos sean creados artificialmente para deshacerse del stock de armas y así permitir a la economía mundial seguir avanzando.




Acepto la hegemonía del petróleo en nuestra economía, aunque es una energía muy costosa y contaminante y estoy de acuerdo en impedir todo intento de sustitución si se desvelara que hemos descubierto un medio gratuíto e ilimitado de producir energía. Acepto que sería nuestra perdición.





Acepto que se condene el asesinato de otro humano, salvo que los gobiernos decreten que es un enemigo y me animen a matarlo.

Acepto que se divida la opinión pública creando unos partidos de derecha y izquierda que tendrán como pasatiempo la pelea entre ellos haciéndome creer que el sistema está avanzando.
Además acepto toda clase de división posible con tal que esas divisiones me permitan focalizar mi cólera hacia los enemigos designados cuando se agiten sus retratos ante mis ojos.




Acepto que el poder de fabricar la opinión pública, antes ostentado por las religiones, esté hoy en manos de hombres de negocios no elegidos democráticamente que son totalmente libres de controlar los Estados, porque estoy convencido del buen uso que harán con él.



Acepto que la idea de la felicidad se reduzca a la comodidad; el amor al sexo y la libertad a la satisfacción de todos los deseos, porque es lo que me repite la publicidad cada día. Cuanto más infeliz soy más consumo. Cumpliré mi papel contribuyendo al buen funcionamiento de nuestra economía.

Acepto que el valor de una persona sea proporcional a su cuenta bancaria, que se aprecie su utilidad en función de su productividad y no de sus cualidades, y que sea excluído del sistema si no produce lo suficiente.



Acepto que se recompense cómodamente a los jugadores de football y a los actores y mucho menos a los profesores y los médicos encargados de la educación y de la salud de las futuras generaciones.

Acepto que se destierre de la sociedad a las personas mayores cuya experiencia podría sernos útil, pues, como somos la civilización más evolucionada del planeta (y sin duda del universo) sabemos que la experiencia ni se comparte ni se transmite.



Acepto que se me presenten noticias negativas y aterradoras del mundo todos los días, para que así pueda apreciar hasta qué punto nuestra situación es normal y cuánta suerte tengo de vivir en Occidente. Sé que mantener el miedo en nuestros espíritus sólo puede ser beneficioso para nosotros. Acepto que los industriales, militares y jefes de Estado celebren reuniones regularmente para, sin consultarnos, tomar decisiones que comprometen el porvenir de la vida y del planeta.




Acepto consumir carne bovina tratada con hormonas sin que explícitamente se me avise. Acepto que el cultivo de OGM (Organismos Genéticamente Modificados) se propague en el mundo entero, permitiendo así a las multinacionales agroalimentarias patentar seres vivos, almacenar ganancias considerables y tener bajo su yugo a la agricultura mundial.






Acepto que los bancos internacionales presten dinero a los países que quieren armarse y combatir, y que así elijan los que harán la guerra y los que no. Soy consciente de que es mejor financiar a los dos bandos para estar seguros de ganar dinero y prolongar los conflictos el mayor tiempo posible con el fin de poder totalmente arrebatar sus recursos si no pueden reembolsar sus préstamos.





Acepto que las multinacionales se abstengan de aplicar los progresos sociales de Occidente en los países desfavorecidos. Considerando que ya es una suerte para ellos que los hagan trabajar. Prefiero que se utilicen las leyes vigentes en estos países que permiten hacer trabajar a niños en condiciones inhumanas y precarias. En nombre de los derechos humanos y del cuidadano, no tenemos derecho ejercer injerencia.




Acepto que los laboratorios farmacéuticos y los industriales agroalimentarios vendan en los países desfavorecidos productos caducados o utilicen substancias cancerígenas prohibidas en Occidente.




Acepto que el resto del planeta, es decir cuatro mil milliones de individuos, pueda pensar de otro modo a condición de que no venga a expresar sus creencias en nuestra casa, y todavía menos a intentar explicar nuestra Historia con sus nociones filosóficas primitivas.




Acepto la idea de que existen sólo dos posibilidades en la naturaleza, a saber: cazar o ser cazado, y si estamos dotados de una conciencia y de un lenguaje, ciertamente no es para escapar de esa dualidad, sino para justificar por qué actuamos de ese modo.




Acepto considerar nuestro pasado como una como una continuación ininterrumpida de conflictos, de conspiraciones políticas y de voluntades hegemónicas, pero sé que hoy todo esto ya no existe porque estamos en el summum de nuestra evolución, y porque las reglas que rigen nuestro mundo son la búsqueda de la felicidad y de la libertad para todos los pueblos, como lo oímos sin cesar en nuestros discursos políticos.






Acepto sin discutir y considero como verdades todas las teorías propuestas para la explicación de los misterios de nuestros orígenes. Y acepto que la naturaleza haya podido dedicar millones de años para crear a un ser humano cuyo único pasatiempo es la destrucción de su propia especie en unos instantes.




Acepto la búsqueda del beneficio como fin supremo de la Humanidad y la acumulación de riqueza como realización de la vida humana.



Acepto la destrucción de los bosques, la casi desaparición de los peces en los ríos y en nuestros océanos. Acepto el aumento de la polución industrial y la dispersión de venenos químicos y de elementos radiactivos en la naturaleza.

Acepto la utilizacion de toda clase de aditivos químicos en mi alimentación, porque estoy convencido de que si se añaden es porque son útiles e inócuos.






Acepto la guerra económica que actúa con rigor sobre el planeta, aunque siento que nos lleva hacia una catástrofe sin precedentes.

Acepto esta situación, y supongo que no puedo hacer nada para cambiarla o mejorarla.



Acepto ser tratado como ganado porque definitivamente pienso que no valgo más.



ACEPTO NO PLANTEAR NINGUNA CUESTIÓN, CERRAR LOS OJOS SOBRE TODO ESTO Y NO FORMULAR NINGUNA OPOSICIÓN VERDADERA, PORQUE ESTOY DEMASIADO OCUPADO POR MI VIDA Y MIS PREOCUPACIONES.

INCLUSO ACEPTO DEFENDER A MUERTE ESTE CONTRATO SI USTED ME LO PIDE.






ACEPTO PUES, EN MI ALMA Y CONCIENCIA Y DEFINITIVAMENTE ESTA MATRIZ TRISTE QUE USTED COLOCA DELANTE DE MIS OJOS PARA ABSTENERME DE VER LA REALIDAD DE LAS COSAS.



Sé que todos ustedes actúan por mi bien y el de todos, y por eso les doy las gracias.





“Acepto” es un texto -publicado en 2003 para conmemorar el triste aniversario de los acontecimientos del 11 de septiembre- “altamente simbólico para la humanidad“. Este texto, que fue leído, entre otros, en la radio francesa NSEO.com , nos recuerda severamente el contrato social que aceptamos con prórroga. Un acuerdo tácito que firmamos cada mañana al despertar y simplemente no hacer nada . Algo más que una crítica social, en este breve texto se destacan los hechos resultantes de nuestra innegable predilección por la comodidad, la indiferencia y la marginación.

Hecho por Amistad sobre la Tierra, el 11 de septiembre 2003. Un anónimo que envió el texto a NSEO para que fuese radiodifundido.



link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=q3CXMENr1Gg

El Presidente Zapatero está equivocado en su respuesta al Movimiento 15-M

El Presidente Zapatero está equivocado en su respuesta al Movimiento 15-M

Vicenç Navarro

Este artículo señala las insuficiencias existentes en las declaraciones del Presidente Zapatero en su respuesta a los portavoces del movimiento 15-M que indicaron, con razón, que existe hoy una transferencia de fondos de la clase trabajadora y clases populares a los bancos. El Presidente Zapatero negaba que hubiera tales transferencias. La realidad de los datos, sin embargo, muestra  que sí que existe y además a unos niveles sin precedentes durante la época democrática.

Según han comunicado los medios (ver El País, 21.06.11), el Presidente Zapatero, en su respuesta al movimiento 15-M ha indicado  que tal movimiento está equivocado cuando denuncia que el gobierno quita dinero a los trabajadores y se lo regala a la banca. Y como prueba de que ello no es cierto, cita que la ayuda a la banca –necesaria, según él, para salvar el sistema financiero- no ha costado ni un centavo al Estado porque los bancos han devuelto el dinero prestado al Estado, ganando, además, 3.300 millones de euros, por los intereses recibidos por tal préstamo.

Pero tal explicación es muy limitada e insuficiente. Veamos los datos. La mayor transferencia de fondos públicos no es de la banca al Estado (cuando le paga los intereses de los préstamos recibidos por el Estado), tal como el Sr. Zapatero señala, sino al revés (como muy bien dice el movimiento 15-M) del Estado a la banca, es decir, cuando el estado paga a la banca los intereses exuberantes de sus bonos públicos que la banca compra.

La banca se ha beneficiado enormemente de la crisis como bien dijo recientemente el Sr. Botín, Presidente del Banco de Santander, el banco que obtuvo mayores beneficios del mundo (sí, ha leído usted bien, ¡del mundo!) después de dos bancos chinos. Y gran parte de estos beneficios derivan de la compra y especulación con la deuda pública. Es más, la banca española, junto con la banca extranjera, posee acciones en las agencias de evaluación de los bonos (Moody’s, Standard & Poor’s, entre otras), que deliberadamente crean una percepción de alto riesgo, con lo cual, los bancos (que eufemísticamente les llaman los mercados financieros) exigen unos intereses de esta deuda pública que ha alcanzado niveles a todas luces exagerados y que, por cierto, poco tienen que ver con los mercados. Es realmente sorprendente que la Ministra de Economía del gobierno Zapatero, la Sra. Elena Salgado, haya hablado repetidamente en términos favorables de tales agencias, oponiéndose además, a que se establezcan agencias de evaluación públicas en la Eurozona. En realidad, el establecimiento de tales agencias es un elemento de gran importancia para romper el claro conflicto de intereses que existe entre tales agencias privadas de evaluación de bonos y la banca, pues las primeras sirven claramente a la segunda.

Consecuencia de esta situación, es que el Estado está transfiriendo a los bancos, en pago por la deuda pública, cantidades que son mucho más elevadas que el pago al Estado de los intereses a los préstamos públicos a la banca. En realidad, estamos viendo la mayor transferencia que haya existido en España de fondos públicos a la banca, incluyendo a la banca española, que posee la mayoría de bonos del estado.

Es más, la banca española recibe prestado dinero del Banco Central Europeo a unos intereses bajísimos, un 1%, y con este mismo dinero compra los bonos del estado español y de otros estados, que les ofrecen una enorme rentabilidad del 6% al 12% de interés. Es difícil diseñar un modelo más provechoso para la banca a costa del erario público, un erario público que lo soporta, en su mayor parte, la clase trabajadora (es decir, la mayoría de las personas que están en nómina).

Es bien conocido que los ricos (que depositan su dinero en los bancos que, a su vez, lo transfieren con gran frecuencia a los paraísos fiscales) no pagan impuestos o pagan mucho menos que sus homólogos en la Unión Europea. Un trabajador de la SEAT en España paga en impuestos el 78% de lo que paga un trabajador de VOLVO en Suecia. El 1% de las personas de mayor renta (los súper-ricos) pagan sólo el 20% de lo que pagan los súper-ricos de Suecia. En realidad, si España tuviera el sistema fiscal que tiene Suecia, el estado español ingresaría 200.000 millones de euros más de los que recibe, con lo cual el estado español no tendría que endeudarse en la medida que lo está haciendo.

Pero en lugar de realizar una reforma fiscal profunda (incluyendo, por cierto, bastantes de las propuestas que hace el movimiento 15-M y que han hecho antes los sindicatos) que resolviera el problema de la deuda pública, lo que el Presidente Zapatero y la derecha española están haciendo es recortar los servicios públicos del estado del bienestar que son utilizados en su mayoría por las clases populares, de las cuales, la clase trabajadora es la mayoría. Estos recortes, totalmente innecesarios y contraproducentes (pues reducen la demanda y, con ello, el estímulo del crecimiento económico) se hacen, en gran parte, para pagarle a la banca, como  muchos economistas críticos hemos señalado (ver, por ejemplo, los trabajos de Attac, Juan Torres, Ganas de Escribir, y míos, www.vnavarro.org)

Toda esta evidencia muestra que en este punto, los portavoces del movimiento 15-M llevaban más la razón que el Presidente Zapatero: la crisis financiera está suponiendo una enorme transferencia de fondos públicos (procedentes en su mayoría de las rentas del trabajo) al capital financiero.

MUCHAS DE LAS PROPUESTAS DEL MOVIMIENTO 15-M SON MEJORES QUE LAS DEL GOBIERNO ZAPATERO

Pero hace falta añadir otra observación. El Presidente Zapatero justifica los préstamos a la banca bajo el argumento de que hacía falta salvar el capital financiero, eje del sistema de crédito de la economía española. Pero no hay nada escrito ni en la Biblia religiosa ni en la Biblia económica (salvo para los dogmáticos neoliberales) que diga que esta garantía del crédito debería estar en manos privadas.

En realidad, en la época “dorada” del capitalismo, del 1945 (fin de la II Guerra Mundial) al 1980, cuando la eficiencia económica fue mayor en el mundo occidental, el crédito estaba en manos del Estado, bien en sistema de propiedad, bien en sistema altamente regulado. Tal como ha dicho el Premio Nóbel de Economía, Joseph Stiglitz, si toda la ayuda a la banca se hubiera dedicado a establecer bancos públicos, hoy estaríamos ya fuera de la crisis.

El estado español podría establecer bancos públicos, nacionalizando, por ejemplo, las cajas (no para venderlas más tarde, como proponen la Sra. Elena Salgado y las derechas), sino como entidades que garanticen el crédito, tal como ocurre en Alemania y en muchos estados de EEUU. Y esto es, precisamente, lo que propone el movimiento 15-M, muchas de cuyas propuestas fiscales y económicas serían mejores para el país que las que sigue el gobierno Zapatero, cuyos asesores económicos están imbuidos en un dogma que está creando enorme dolor a la población para el beneficio de intereses muy particulares que tienen nombre y apellidos, para los cuales, probablemente, trabajen cuando dejen el gobierno Zapatero.

Violencia es la crisis

Deuda pública. ¿Qué ha estado ocurriendo en nuestras finanzas?

Deuda pública. ¿Qué ha estado ocurriendo en nuestras finanzas?
Vicenç Navarro
Rebelión
Las derechas (y algunas izquierdas) en la Unión Europea señalan que el problema de España es su falta de disciplina fiscal, con un excesivo gasto público, que ha llevado al país a un enorme déficit estatal. Pero los datos no confirman tal supuesto. En realidad, tan recientemente como en 2007, España tenía un superávit que era superior (casi un 2% del PIB), por encima de Alemania (0,2% del PIB). Grecia, ya entonces, tenía un déficit considerable (-6.2% del PIB) lo cual señala una característica diferencial muy importante entre Grecia y España, que discutiré más tarde.

Lo que es extraordinario en España es que este superávit se transformó en déficit muy rápidamente. En 2009 el déficit del estado había alcanzado a ser un 11% del PIB (el de Grecia subió a un 15,2% del PIB). ¿Por qué subió tanto en tan poco tiempo? Es obvio que no se debió al incremento del gasto público, tal como las derechas neoliberales están afirmando.
La respuesta es fácil de ver, aún cuando usted, lector, raramente lo leerá en los medios de mayor difusión. El aumento tan notable del déficit del estado se debe a un problema estructural: la política fiscal del estado español, muy regresiva, consecuencia de que el capital tiene una excesiva influencia sobre el Estado. Resultado de ello es que los ingresos al Estado dependen excesivamente de las rentas del trabajo y muy en especial, de las rentas de la clase trabajadora (es decir, de aquellos que están en nómina). De ahí que cuando el desempleo se dispara, como ocurrió en España, pasando del 9% en 2007 al 18% en 2009, los ingresos al estado bajan en picado. La enorme pobreza de ingresos al Estado que tenía España (y lo mismo Grecia) representaba un 32% del PIB en 2008 (en Grecia, el 34%), lo cual muestra la enorme influencia que el capital ha tenido y continúa teniendo sobre el Estado español (y sobre el Estado griego).
De ahí que el Estado español haya tenido que pedir dinero prestado a los bancos para pagar su deuda. Esta deuda no era muy grande porque los gastos públicos no eran muy elevados (España tiene un estado del bienestar poco desarrollado). Así en 2007, la deuda era de las más bajas de la UE-15. Sólo un 35% del PIB. Cuando el Sr. Solbes, Ministro de Economía del Gobierno Zapatero, mostraba su orgullo de tener una deuda tan baja, le podrían haber dicho que esto lo había conseguido a base de mantener un estado del bienestar muy poco financiado (en Grecia, por cierto, la deuda pública era ya en 2007, un 165% del PIB). La deuda pública en España ha aumentado, pero poco. En realidad, en 2009, era sólo el 54% del PIB.

Esta deuda pública, sin embargo, representa un porcentaje menor de toda la deuda existente en España, únicamente un 22% del total. La mayoría es deuda de los bancos y deuda de las familias y otras instituciones privadas. España está endeudada, pero el mayor endeudamiento es el privado. Lo digo porque toda la atención mediática se centra en la deuda pública, pero el mayor problema existente es en la deuda privada. Y tiene mucho que ver con dos causas, que, de nuevo, no tienen mucha visibilidad mediática.
EL CRECIMIENTO DE LA DEUDA PRIVADA
Una causa del crecimiento de la deuda privada es la disminución de lo que se llama la masa salarial como porcentaje del PIB. Lo que esto quiere decir es que las rentas del trabajo han crecido menos que el PIB, con lo cual, la capacidad adquisitiva ha ido disminuyendo y la gente se ha ido endeudando para mantener su estándar de vida. La otra (y más importante causa) ha sido el comportamiento irresponsable y especulativo de la Banca y el fracaso abismal de la Agencia reguladora de la Banca: el Banco de España. Es cierto que la pertenencia al euro y los intereses bajos facilitaron el enorme crecimiento de la deuda privada. Pero, esto no fue lo que causó el estallido de la burbuja inmobiliaria. Lo que causó tal estallido fue la enorme explosión de la construcción, muy por encima de la demanda, y con unos precios astronómicos, muy, muy por encima de los costes reales y del nivel de los salarios. Cualquier persona medianamente conocedora del tema podría ver que el complejo Banca-cajas-industria inmobiliaria estaba llevando al país a un desastre. Y así fue. Todas las burbujas explotan. Y la inmobiliaria explotó.
¿QUÉ PASA AHORA CON LA DEUDA?
Para responder esta pregunta tenemos que entender quienes son los propietarios de tal deuda. Y comencemos por la deuda pública, o sea los propietarios de los bonos del estado. El 55% lo poseen los bancos y entidades financieras españolas. Los bancos extranjeros tienen el resto. Los bancos europeos (y principalmente los bancos alemanes) tienen el 25% de todos los bonos y el 15% lo tienen bancos extranjeros no europeos. La Banca española por lo tanto tiene la mayoría de los bonos del estado español. Por cierto, esto no es el caso de Grecia, donde la mayoría de bonos (85%) los tienen las Bancas extranjeras europeas y muy en especial la Banca alemana, lo cual explica el pánico de la Banca alemana a que Grecia se declare en bancarrota, porque en este caso tendrán problemas para recuperar su dinero.
En España, la situación, sin embargo, es muy diferente. La mayoría de la deuda pública la tienen las instituciones financieras españolas. Esto es un dato de gran importancia, porque se habla de que el gobierno español tiene que tomar medidas altamente impopulares debido a la presión de los mercados financieros. Y cuando la gente lee esto inmediatamente piensa en bancos extranjeros, basados en Frankfurt, Londres o Nueva York. En realidad, la llamada presión de los mercados es la presión de los bancos, de los cuales los españoles son los que tienen mayor deuda. Los mismos bancos españoles que causaron la crisis ahora son los mismos bancos que exigen enormes sacrificios a las clases populares de España, para que se les paguen los bonos, unos bonos a unos intereses exagerados e inflados. Lo que estamos viendo (invisible en los mayores medios) es una enorme transferencia de fondos públicos del estado (incluido del estado del bienestar) a los bancos y todo ello con el beneplácito del Banco de España y del Banco Central Europeo, que en realidad más que agencias reguladoras son lobbies para la Banca nacional e internacional.
Una consecuencia de este último hecho es que el Banco Central Europeo protege sobre todo a los bancos, no a los estados. Les presta dinero a unos intereses bajísimos (un 1%) para que compren bonos del estado (a un 6% en España). Un negocio espectacular y redondo. Mientras, el crédito brilla por su ausencia: no está, ni se le espera. Y todo ello, también con la aprobación de las autoridades económicas del estado, que señalan que es aconsejable desincentivar el crédito, pues la población está ya excesivamente endeudada. Estas enormes ayudas del BCE a la Banca española y europea se hacen con fondos públicos, pues el BCE es una institución pública. Imprime dinero para dárselo prestado a la Banca. Y sólo a última hora y con gran resistencia compra bonos públicos del estado griego (que es una manera de prestarle dinero). En realidad, debería donárselo, eliminando los intereses que el estado griego tiene que pagar al BCE por sus bonos del estado.
LA RESPUESTA DE LA BANCA
La argumentación que utiliza la Banca y los dos partidos mayoritarios para justificar tales generosas ayudas públicas la Banca es que tales políticas se requieren para salvar al sistema financiero. Pero las enormes cantidades gastadas en salvar los bancos podrían y deberían haber sido invertidas en crear Bancas públicas, dejando que estas entidades privadas colapsaran o que absorbieran considerables pérdidas, aceptando las reglas del mercado donde en teoría el inversor debe perder su dinero cuando un riesgo le salió negativo. En lugar de esta política, lo que está ocurriendo es la socialización de las pérdidas y la privatización de los beneficios. Hablar de los “mercados” financieros es una falsedad, pues tales entidades no aceptan la existencia de riesgos. Es más, los que determinan los intereses de los bonos –las agencias Moody’s, Standard & Poor’s, entre otras- son meros apéndices de tales bancos. Es beneficioso para los bancos exagerar los “riesgos”, pues con ello los estados tienen que ofrecer mayores intereses para vender sus bonos.
Otra respuesta de la Banca, que da en complicidad con el capital productivo, es atribuir el problema del lento crecimiento económico al mundo del trabajo, indicando que los excesivos salarios (que los datos no muestran) son responsables de la baja competitividad de España. De ahí su estrategia de “devaluación interna” (que quiere decir bajar los salarios), como salida de la crisis. Pero no existe evidencia de que haya habido un descenso de su competitividad. En realidad, el porcentaje de exportaciones sobre el PIB ha permanecido constante desde el año 2000 en España.
¿CUÁL ES LA ALTERNATIVA?
Puesto que la causa del problema es el excesivo poder del capital (y muy en especial el capital financiero) sobre el estado, la solución pasa por revertir este hecho. Y una medida para ello es un cambio muy notable de las políticas fiscales del estado. Así, España tiene una de las grabaciones más bajas del capital y de las rentas superiores. El gravamen máximo de impuestos de la renta es un 43%, comparado con un 56% en Suecia, un 54% en Bélgica, un 52% en Holanda y así un largo etcétera. Los ricos, incluso formalmente, pagan pocos impuestos.
Informalmente, pagan incluso menos. Un tanto igual ocurre sobre las rentas del capital. En España, es un 30%. En Francia es un 35%, en Bélgica es un 34%, etc.
En realidad, los salarios son demasiado bajos por el nivel de riqueza del país. Además hay pocos asalariados (debido al paro y a la economía sumergida) y los ricos y el capital pagan poco al estado. Si todos estos países (España, Grecia, Irlanda y Portugal) tuvieran una política fiscal más progresiva, sus estados no tendrían que haberse endeudado. El que estas medidas no se hagan es debido única y exclusivamente a las relaciones de poder de clase y la enorme influencia del capital sobre el Estado. Así de claro.

15-M en España, el necesario paso adelante

15-M en España, el necesario paso adelante

Pascual Serrano

El domingo 22 de mayo, los movilizados a lo largo del territorio español que exigen una democracia real vivieron -o vivimos- la primera cura de humildad. Mientras se celebraban asambleas, se levantaba la mano para intervenir, se escribían frases originales en papeles que colgaban procurando que no apareciese ningún membrete de organización, los que sí estaban organizados ganaban las elecciones y tomaban el poder. En realidad no tomaron nada que ya no tuvieran.

Es verdad que todos sabíamos que esas concentraciones no iban a afectar de modo importante el resultado electoral, pero caer en la cuenta de que mientras nos movilizamos, otros formalizaban el protocolo del relevo de gobierno para que no cambie nada, debe hacernos pensar en cómo avanzar más allá de lo que se está haciendo. Por ello es importante superar la fase de entusiasmo y autocomplacencia para iniciar la estrategia y operatividad.

Observando los documentos y propuestas aprobadas en las asamblea de indignados se comprueba que, efectivamente, son radicales, sin embargo deberá definirse cuál es el nivel de mínimos que se va exigir al poder y qué medidas de presión y durante cuánto tiempo se está dispuesto a luchar.

Si entre los puntos aprobados aparece la nacionalización de la banca pero no se concreta a quién se le exige, si se está dispuesto a aceptar una propuesta intermedia y con qué medidas se presionará, es evidente que ningún poder se va a tomar en serio esa demanda.

Otras peticiones ya están reflejadas en la legislación, enumerarlas sin concretar cómo se debe garantizar es lo que ya existe, no supone ningún avance. También las hay contradictorias, se plantea el derecho a una vivienda pero, a continuación, se pide que la entrega de la vivienda ante el impago de la hipoteca cancele la deuda. O sea, que se asume que las familias se queden en la calle.

El movimiento ha vivido una luna de miel mediática e incluso en sus relaciones con el poder. Fueron tan sorpresivos que lograron la atención de la prensa, el momento preelectoral y un ministro de Interior como posible candidato a la presidencia del Gobierno en las elecciones generales del próximo año garantizaban la no intervención de las fuerzas del orden. Por otro lado, el poder político y económico no se ha sentido amenazado lo más mínimo -por ahora-, incluso se han permitido el cinismo de decir que ellos también compartían el sentimiento de los concentrados y se sentían igualmente indignados, lo que confirma que no se han marcado suficientemente los bandos en liza.

En cuanto al ideario de los manifestados según se comprueba en intervenciones en las asambleas y en los slogan de sus pancartas y escritos, es verdad que aparecen contundentes expresiones con precisa posición política, pero también existen demasiados casos de apoliticismo y desideologización que recuerdan más al populismo y al fascismo.

Expresiones como que no somos de izquierda ni de derechas o que todos los políticos son iguales no ayudan mucho a definir la lucha. Es verdad que en política económica no existe apenas diferencia entre PSOE y PP, pero la mayoría de las propuestas aprobadas en las asambleas hace años, e incluso décadas, se encuentran en partidos políticos de izquierda que no reciben ni han recibido el apoyo de esos manifestantes. Y no nos referimos a apoyo electoral -que también-, tampoco a actos o movilizaciones que esos grupos políticos y sus militantes, con sus errores y defectos, han intentado poner en marcha desde hace años. No tendría sentido pedir el cambio de la ley electoral si se está diciendo que todos los políticos son iguales. No es lo mismo el presidente de la Comunidad Valenciana, Francisco Camps, que el alcalde de Marinaleda, José Manuel Sánchez Gordillo, o los candidatos de Bildu en Euskadi.

Por otro lado, si durante la campaña electoral se consideró saludable que no apareciesen siglas de partidos ni de organizaciones en las concentraciones, una vez pasadas las elecciones, en mi opinión, no veo razón para que estén proscritos partidos -en su mayoría extraparlamentarios- que mantuvieron en sus programas las propuestas que ahora piden los concentrados u organizaciones ecologistas, feministas, antifascistas, alterglobalización que llevan años movilizadas. Yo al menos, no me siento cómodo en una concentración que dice que todos los políticos son iguales y prohíben una bandera republicana, una con una hoz y un martillo, una anarquista o una imagen del Che.

Los indignados no quieren irrumpir en el panorama político, se sitúan inmaculados, se creen por encima de ideologías, se limitan a protestar y pedir que les resuelvan los problemas. ¿Quién los va a resolver? ¿quién va a elaborar las leyes que garanticen los derechos que están exigiendo? ¿quién va a garantizar los que ya están en las leyes pero no se aplican? ¿quién va a poner coto a los bancos? ¿quién va a exigirles que devuelvan el dinero público que se les ha dado? ¿quién y cómo se va a exigir a los medios de comunicación que informen con honestidad y veracidad? No esperarán que lo hagan los diputados del PSOE y del PP que tienen la mayoría en el Congreso, menos todavía si no se logra enfrentar a la derecha que no para de rentabilizar las tropelías del PSOE y cuya corrupción no es castigada en las urnas.

En mi opinión, desde el poder se apuesta a que, con el paso de los días, caiga la movilización, se agote por no concretar acciones, se aburran ante asambleas inoperativas o surjan conflictos entre los movilizados.

El caso argentino durante la crisis del año 2001 nos debería servir de ejemplo. Toda la ciudadanía movilizada, indignada, reuniéndose por las medidas económicas de su gobierno, bajo el lema de “que se vayan todos” no condujo a nada. No fueron capaces de crear una organización operativa, de desarrollar estructuras representativas, se ahogaron en su discurso de la antipolítica y su fobia a los partidos y los líderes. Finalmente, el discurso de “que se vayan todos”, se quedó en que no se fue ninguno.

Por otro lado, con el paso de los días, la atención mediática a los concentrados a buen seguro caerá, las cámaras de televisión desaparecerán de las plazas, las primeras páginas de los periódicos olvidarán las movilizaciones, es por tanto necesario avanzar en propuestas concretas. En Túnez o en Egipto se mantuvieron movilizados porque había una demanda a corto plazo bien definida: la dimisión del presidente del país. En España, ninguna de las demandas de los indignados es viable de aprobación con un Parlamento dominado por PP y PSOE, de modo que habrá que buscar otra opción.

La explosión de indignación que ha tomado las calles de las ciudades españolas ha supuesto una ruptura con el nivel de resignación que ha dominado en la sociedad española en los últimos años. Ha mostrado que muchos de los métodos tradicionales de movilización han quedado obsoletos, que muchas organizaciones que se creían vanguardia no tenían capacidad alguna de acción. Sin duda existe un tremendo potencial en un movimiento que ha sacado a la calle de las principales ciudades españolas a una generación que las organizaciones tradicionales no habían logrado ilusionar, unas organizaciones que tienen la obligación de incorporarse con humildad pero aportando su experiencia y elaboración de alternativas. Ha despertado también en muchos de nosotros una euforia y una esperanza en la ciudadanía y los jóvenes que nunca olvidaremos, pero no debemos dejar que esa borrachera nos paralice y nos despertemos solamente con la resaca y la frustración de que todo sigue igual.

MANIFIESTO DE SINDICALISTAS POR IU- LVCA

MANIFIESTO DE SINDICALISTAS POR IU- LVCA

¡¡LA LUCHA CONTINUA!!

¡¡POR ESO APOYAMOS LAS CANDIDATURAS DE IZQUIERDA UNIDA!!

1. El Sindicalismo de clase, desde la defensa de la independencia de las organizaciones sindicales de partidos políticos, gobiernos y patronales, no es indiferente a las ideologías y a los proyectos políticos. El sindicalismo de clase es de izquierdas, por defender la igualdad social y rechazar la explotación de la clase obrera. El sindicalismo de clase defiende políticas de izquierdas, que pongan la actividad económica al servicio de la sociedad y de las personas y no sirva para el mayor enriquecimiento de unas pocas, y políticas de protección social y política fiscal que avancen en la cohesión y en la igualdad social.

2. Tanto los gobiernos del PP como los del PSOE, a pesar de sus diferencias ideológicas, y de su distinta base social, han aplicado políticas económicas similares, insertas en el llamado neoliberalismo, que han aumentado las desigualdades sociales, favoreciendo a las grandes fortunas, han reducido el papel regulador del estado a favor de las grandes corporaciones industriales y financieras, privatizando empresas y servicios públicos, y han persistido en una política de reducción de los derechos sociales de la clase obrera y demás populares.

3.  La crisis  del sistema ha puesto al descubierto con claridad, el alineamiento de ambos partidos con los intereses de los grandes poderes económicos, que son los que realmente mandan y el papel de hoja de parra al que están reduciendo la política. El agujero negro creado por la explosión del capitalismo financiero quieren ahora taparlo con  el patrimonio de la mayoría de la población trabajadora: con los pisos expropiados, con la reducción de los salarios, con la reducción de la protección social empezando por las pensiones, con el empeoramiento de los servicios sociales como la sanidad y la enseñanza. La deuda privada se trastoca en deuda pública por el arte de birlibirloque de los gobiernos, y lo que debían los bancos, ahora pasa a ser deuda de la ciudadanía, a lo que se suma el expolio de las cajas de ahorros por parte de los grandes bancos y de los especuladores. La solución de la crisis que se nos ofrece es el paro masivo y el dramático aumento de la desigualdad social, socializando pérdidas y privatizando beneficios.

4. Izquierda Unida es la única fuerza parlamentaria de ámbito estatal, que ha estado defendiendo los intereses de las clases trabajadoras y humildes, antes y después del estallido de la crisis. Cuando parecía que todo iba bien, IU denunciaba la precariedad del empleo, el modelo insostenible de crecimiento económico, la desigualdad y la explotación de mujeres, jóvenes e inmigrantes. Cuando estalló la crisis, Izquierda Unida ha estado apoyando la lucha contra el paro, las reducciones salariales, los despidos, la contrarreforma laboral, la contrarreforma de las pensiones y la bancarización de las cajas de ahorros. Izquierda Unida es la única fuerza política de ámbito estatal, que ha apoyado la Huelga General y las demás movilizaciones que han cuestionado que la crisis la tengan que pagar las clases populares para que la clase más privilegiada pueda seguir dilapidando las riquezas.

5. Pero el sindicalismo de clase, además de defender la igualdad social y la democracia frente al poder del dinero, defiende la paz. Si el gobierno del PP, nos metió en la guerra de Iraq, el PSOE, nos ha metido en la de Afganistán y en la de Libia. IU es hoy por hoy la única fuerza política, que en el parlamento y en la calle se ha opuesto a la guerra, apoyando la lucha democrática de los pueblos árabes.

6. El verdadero cambio, lo que de verdad modificará la situación política, será la mayor presencia de IU, con nuestro voto, en todos los ámbitos institucionales, porque son la garantía de que en ellas, estaremos defendiendo la democracia, la paz y la igualdad social.

RED DE SINDICALISTAS DE APOYO A IU

¿Por qué el paro no deja de crecer en España y qué remedio tiene?

¿Por qué el paro no deja de crecer en España y qué remedio tiene?

Juan Torres López

Antes de salir a la manifestación del 1 de Mayo en Sevilla (una de las dos que lamentable-mente hay) no me resisto a hacer un breve comentario sobre las razones que hacen que en España se sigan destruyendo casi 3.000 empleos diarios.

En mi opinión, las causas fundamentales del elevado desempleo español son las siguientes:

1. Las grandes empresas (antes españolas y algunas ahora multinacionales como Telefónica) han encontrado un filón de beneficios extraordinarios en el mercado global (muchas de ellas gracias a la dimensión y a los recursos que habían adquirido previamente como empresas públicas españolas) y se han desentendido del mercado interior. Así, y a pesar de obtener ganancias multimillonarias, no solo no crean más empleo aquí sino que lo destruyen (como Telefónica que gana 10.167 millones de euros y quiere desprenderse del 20% de su plantilla española.). Además, como una parte del empleo que despiden lo sustituyen por otro más barato subcontratado (gracias a las permisivas leyes laborales aprobadas con la excusa de que con ellas se iba a crear empleo) de esa manera reducen la masa salarial total, de modo que disminuyen la demanda global de la economía.

2. En los años anteriores, la financiación y las condiciones de promoción económica y fiscales más privilegiadas se dedicaron a empresas vinculadas a la construcción en el marco de una gran burbuja inmobiliaria que proporcionaba cientos de miles de millones de euros de beneficios a promotores, constructores, bancos y especuladores de todo tipo. Crearon muchos puestos de trabajo pero cuando la burbuja estalló se perdieron casi todos ellos.

3. Los bancos se han dedicado en los últimos años a financiar preferentemente el negocio inmobiliario dentro y fuera de nuestro país. Para ello, recurrieron también a endeudarse en otros bancos extranjeros. Gracias a que en España disponen de condiciones muy privilegiadas por su gran poder político proveniente de la dictadura, y a que la necesidad de crédito es mayor aquí por nuestro menor nivel de renta, los bancos españoles obtenían muchos más beneficios que los de su alrededor pero no los utilizaron para financiar el desarrollo de un modelo productivo sostenbile y generador de empleo suficiente y de calidad sino, como he dicho, el del negocio inmobiliario.

4 Cuando la crisis financiera y el estallido de la burbuja les afectó los bancos cerraron el grifo del crédito. Luego, cuando fueron "salvados" con dinero público. en lugar de empezar a financiar a las empresas que crean empleo se han dedicado a seguir especulando o a comprar deuda. El resultado fue que la construcción se vino abajo, y con ella el empleo que generaba, y que las demás empresas dejaron de poder financiarse como antes.

5. Las empresas que crean empleo en España son las pequeñas y medianas y éstas están ahogadas porque no disponen de financiación suficiente. Además este empleo que crean (casi el 90% del total del que se genera en nuestra economía desde hace años) lo pueden generar principalmente en función de la demanda que hay en el mercado español porque sus clientes no son empresas de Méjico o de Brasil, o de India o China, de Estados Unidos o Dinamarca, sino consumidores u otras empresas españolas que pueden comprarles sus productos según la renta de la que dispongan.

6. Por eso, la disminución continuada del poder adquisitivo de los trabajadores y de los ingresos de los autónomos y de los pequeños y medianos empresarios (cada vez más ahogados por las grandes empresas que les imponen condiciones leoninas) es lo que reduce el negocio de estas empresas sobre las que descansa casi el 80% del empleo español y la creación del 90% del empleo nuevo que se crea.

7. El mercado laboral español tiene además algunos problemas importantes. No hay un buen equilibrio entre la formación de la mano de obra y las demandas de las empresas, no hay suficiente movilidad (fundamentalmente porque apenas hay mercado de viviendas de alquiler), las condiciones de negociación son muy asimétricas y las grandes empresas (tipo Telefónica, El Corte Inglés, grandes bancos....) prácticamente pueden imponer cualquier condición de trabajo (becarios, prácticas abusivas, temporalidad...). Pero ninguna de estas circunstancias son causantes del desempleo, tal y como dicen los neoliberales. En todo caso, favorecen el gran poder de las grandes empresas que actúan como he mencionado en los puntos anteriores.

8. La causa del desempleo en España es, en definitiva, que la demanda existente se canaliza hacia la actividad de las grandes empresas globales gracias al poder que estas tienen y hacia la financiera. Así, obtienen grandes beneficios pero a costa de llevar a cabo una actividad insuficiente para generar el empleo que se necesita. De hecho, han sido esas grandes empresas y la banca las que más empleo han destruido, mediante despidos  o prejubilaciones, en los últimos años.

9 Por lo tanto, lo que se necesita para crear empleo en España es:

a) Poner más ingresos y financiación a disposición de las empresas que orientan su actividad hacia el mercado interior, favoreciendo y facilitando su actividad mediante normales legales e incentivos adecuados.

b) Potenciar la creación de pequeñas y medianas empresas, privadas y de carácter social y cooperativo en ese tipo de actividades vinculadas al mercado nacional.

c) Aumentar el ingreso de los trabajadores.

d) Disponer urgentemente de la financiación que necesitan las empresas para poder poner en marcha sus planes de actividad que creen empleo. Como ya se ve que eso no lo hace la banca privada es urgente nacionalizar las cajas de ahorro, crear banca pública y someter a los bancos privados restantes a severas condiciones de uso de los recursos financieros en función de lógicas de servicio público.

e) Aumentar la capacidad de intervención del Estado mediante una reforma fiscal que proporciones recursos para poner en marcha lo anterior y que desincentive y penalice la actividad parasitaria de las grandes empresas y de la banca.

f) Y, puesto que las privatizaciones de las antiguas empresas públicas no tuvieron otro objetivo que facilitar su inserción en los mercados globales en las condiciones antisociales y muy onerosas para España y su economía que he comentado, hay que preparar una estrategia orientada a recobrarlas para que vuelvan a pasar a ser de todos los españoles.

En definitiva, se trata de abordar un mal resolviendo las causas que lo han provocado. Lo demás, dedicarse a hacer reformas que solo aumentan el poder y los beneficios de las grandes empresas y de los bancos (los que sentó Zapatero a su mesa para "salir de la crisis) solo nos lleva a donde estamos. Con todos mis respeto, hay que ser muy tonto (o muy cínico o cómplice) para no verlo.

La clase trabajadora en España

La clase trabajadora en España

Vicenç Navarro

El Economic Policy Institute de Washington, uno de los centros de investigación económica más conocidos y prestigiosos de EEUU, publica cada dos años un informe sobre la situación de la población trabajadora en EEUU (The State of Working America) que es una referencia muy utilizada –incluso por el Congreso de EEUU– por su documentación exhaustiva sobre el mundo del trabajo en aquel país

Incluye también información sobre las condiciones laborales en la mayoría de países de la OCDE de semejante nivel de desarrollo económico, presentando datos y gráficos que son de una gran utilidad para los estudiosos del mundo laboral en los países con mayor nivel de desarrollo económico.

En su último informe, publicado hace sólo unas semanas, hay datos económicos y sociales que cuestionan claramente los datos que constantemente se utilizan en los centros que reproducen la sabiduría convencional de España. Así, en el capítulo sobre horas anuales de trabajo por trabajador, España (presentado frecuentemente como un país de gran laxitud e indisciplina laboral) aparece como uno de los países en los que los trabajadores trabajan más horas al año. Concretamente 1.654 horas, muy por encima del promedio de los países de la OCDE, 1.628 horas.

Otra sorpresa es el indicador que contradice otro elemento de la sabiduría convencional que habla constantemente del escaso crecimiento de la productividad como causa de la escasa recuperación económica española. El informe señala que el crecimiento de la productividad en España durante el periodo 2007-2009 fue el mayor (5,4%) de los países de la OCDE, cuyo promedio fue de -1,1%. El de Estados Unidos fue menor que el de España, un 4%, lo que contrasta con la mayoría de países de la OCDE, que sufrieron un descenso de su productividad. España fue también el país que destruyó más empleo, con una tasa negativa de producción de empleo (-7,2%).

Otro dato interesante es el nivel de productividad, dato diferente al del crecimiento de la productividad. De nuevo, las cifras contradicen la visión promovida por conservadores y neoliberales que constantemente se refieren a España como un país con muy baja productividad. El informe señala que la productividad española está por encima no sólo de Grecia, Portugal e Italia, sino también de Japón y Nueva Zelanda.

Es también interesante analizar los salarios. España tiene los más bajos de la OCDE (junto con Grecia y Portugal). Su compensación salarial por hora en la manufactura (cuyos trabajadores son los mejor pagados en cualquier país) es sólo el 85% del de EEUU. La mayoría de los países de la UE-15 están muy por encima de EEUU (Dinamarca 172%, Suecia 147%, Noruega 197%, Alemania 153% o Austria 144%). Tales datos muestran que no pueden justificarse los bajos salarios de España recurriendo al argumento de una supuesta baja productividad. En realidad, España no está a la cola de la productividad de la OCDE. Sí que está, en cambio, a la cola de los salarios. En realidad, el nivel salarial responde más a causas políticas que a causas económicas. Así, la variable que tiene un gran poder determinante del nivel salarial (y también, por cierto, de la actividad redistribuidora del Estado) es el poder sindical. A mayor poder sindical, mayores salarios, menores desigualdades y mayor productividad.

Otro dato de gran interés es que, en el análisis del sector público, el informe señala que España es uno de los estados menos redistributivos. El indicador que el informe utiliza para medir la capacidad redistributiva del Estado es el porcentaje de la población en situación de pobreza antes y después de las intervenciones del Estado. El Estado, a través de impuestos, por un lado, y las transferencias públicas, por el otro, afecta a la distribución de la renta de un país. Pues bien, España es uno de los países donde el Estado tiene menos impacto en la reducción de la pobreza. Esta pasa de ser el 17,6% de la población, antes de que intervenga el Estado, a un 14,1%, sólo 3,5 puntos menos. En la gran mayoría de países, la reducción es mucho mayor. EEUU, uno de los países con mayores desigualdades, reduce la pobreza 9,2 puntos, más del doble que España. Y si vamos a países de tradición socialdemócrata como Suecia, vemos que la reducción de la pobreza es de 21,4 puntos. España, repito, sólo 3,5 puntos. Esto quiere decir que los impuestos son muy regresivos y las transferencias públicas muy escasas.

Los países nórdicos, junto con Francia, son los más redistributivos. España, junto con Holanda, Japón y EEUU, son los menos redistributivos. Es interesante señalar que los países más redistributivos (Suecia, Noruega, Dinamarca) están por encima del promedio de productividad de la OCDE.

Noruega es el país del mundo con mayor productividad, y también uno en los que su Estado tiene mayor impacto redistributivo. Esto cuestiona el dogma neoliberal según el cual la eficiencia económica requiere inequidad.

Lo que también llama la atención son los datos sobre igualdad de oportunidades medida por la tasa de movilidad vertical (de padres a hijos) entre generaciones. España, junto con Italia, Irlanda y EEUU, es uno de los países que tiene menos movilidad social. El sistema educativo tiene escaso impacto en igualar las oportunidades de las distintas generaciones. Esto está relacionado con el sistema educativo dual con las clases pudientes enviando sus hijos a la escuela privada, y las clases trabajadoras y medias enviando sus hijos a la escuela pública. En estos países, los hijos de la clase trabajadora lo tienen más difícil para alcanzar niveles de clases de renta superior. Y ahí termina la fotografía –no muy halagadora– de la situación de la clase trabajadora en España.

JÓVENES, ¡¡¡INDIGNAOS!!!

JÓVENES, ¡¡¡INDIGNAOS!!!

Pedro Luis Angosto

Al igual que unos cuantos amigos de mi generación, tuve la suerte de poder estudiar en la Universidad gracias al esfuerzo de mis padres y a una modesta beca, un privilegio, lo reconozco. Cuando terminé, en 1983, no había trabajo, ninguno. En mi especialidad, Geografía e Historia, convocaron dos plazas para todo el Estado. Muchos de mis compañeros, desesperados, se refugiaron en los negocios de los padres o prepararon oposiciones para auxiliares de juzgados, prisiones, correos o hacienda, oposiciones que no eran difíciles por el temario –se pedía bachiller elemental y que manejases diez o doce temas-, pero sí porque se presentaban cien personas por plaza. Pero, con todo, con la frustración que supone especializarte en algo para luego trabajar en otra cosa que nada tiene que ver con eso, no nos llamaban delincuentes, ni vagos, ni hijos de puta, ni macarras, ni gilipollas, ni analfabetos, ni egoístas. Gozábamos, en general, de la compresión de los nuestros y de la sociedad que veían que el esfuerzo y el empeño no habían tenido recompensa alguna.

Hoy, cuando somos más ricos aunque estemos en crisis, cuando deberíamos ser más educados y solidarios, cuando llevamos treinta y tantos años de democracia, desde ciertos sectores de la prensa, la política y la “inteligencia”, se acusa a la juventud de parasitaria, de analfabeta, de aprovecharse de sus padres, de tirarse el día en la cama, de no aspirar a nada en la vida, de indolencia, de falta de ambición y, sobre todo, de consentidos y analfabetos sin preparación, porque la preparación y la buena educación fue la que recibimos quienes tuvimos la desgracia de pasar por las aulas franquistas con la foto del asesino y del ausente. ¡¡¡Presente!!!

Desde escritores premiados y con ventas millonarias a periodistas y tertulianos tediosos se ha extendido la costumbre de insultar a los jóvenes y responsabilizarles por completo de la situación en la que viven y de las pocas expectativas de futuro que de momento tienen, insistiendo una y otra vez en la permisividad con que han sido educados y en la maldita LOGSE que transformó el maravilloso sistema educativo franquista en una fábrica de dar títulos a pordioseros.

La masificación de la enseñanza, el alargamiento de la misma hasta los dieciséis años -¡qué barbaridad!-, el descuido de los padres, el hedonismo y el cortoplacismo –dicen- son el caldo del cultivo en el que se ha criado toda una generación de jóvenes que no tiene cabida en esta sociedad, que se dedica a hacer la vida imposible a progenitores, maestros, ancianos y bedeles, que espera con ansiedad el día del botellón para embriagarse, escapar de la realidad y llenar la ciudad de mierda, con premeditación, alevosía y nocturnidad. Y es que, son como la mala yerba que crece dónde antes solían brotar las rosas más lindas, apestados a los que hay que meter en cintura como sea pero ya, sin esperar un día porque aquí no hay quien viva.

Vayamos por partes. La LOGSE pretendió crear un nuevo sistema educativo que se basara en el conocimiento empírico, exigía más trabajo al profesor, muchos más medios y más dedicación al alumnado. Era una ley bien intencionada pero que no aportó los medios necesarios para ponerla en práctica, cosa que si hicieron otros países del norte de Europa con normas similares. Dicha ley sólo la hicieron realidad una minoría de profesores vocacionales que entendieron cual era su finalidad, el resto continuó con el modelo de toda la vida.

Empero, un sistema educativo que se precie no sólo tiene que alargar la enseñanza obligatoria hasta los dieciséis años, sino que tal como están las cosas debería hacerlo hasta los dieciocho pero con un montón de itinerarios que sirviesen para encaminar las aptitudes de todos y cada uno de los alumnos.

Dicho esto, sabedores de la enorme falta de medios humanos y materiales de nuestro sistema educativo público –en el que se deberían invertir todos los dineros del Estado si queremos tener futuro-, es preciso, analizar otras partes del problema, pero reconociendo antes, pese a los cenizos, malajes y payasos que se dedican a hundir en la miseria con sus generalizaciones insultantes a nuestros jóvenes, que España tiene hoy la generación que sabe más idiomas, más matemáticas, más física, más economía y más informática de toda su historia.

Negarlo, es negar la realidad y castigar de antemano a quienes se han sacrificado para tener un lugar en el mundo. Es verdad, existe una tremenda carencia en conocimientos humanísticos, pero precisamente ahora, cuando los mercados han montado una dictadura mundial, saber mucho de Platón, de Kant, de Donatello, de Giner de los Ríos, de Azaña, de Tolstoi o de Pérez Galdós, no ayuda a la emancipación económica de los jóvenes, lo que no justifica en ningún caso esa carencia, aunque ya me gustaría a mí ver a muchos de quienes critican a los jóvenes de hoy hacer un análisis de texto de los que se ponen hoy en segundo de bachiller. Yo al menos soy incapaz.

Pero a lo que íbamos. Gracias a la maldita política diseñada por Aznar y Rato, España se convirtió en un solar al calor de la ley del suelo elaborada por el Partido Popular y al grito de todos ricos en dos días. En ese contexto es dónde hay que ubicar el desastre que ha ocurrido con una parte de nuestra juventud.

Hartos de estudiar materias que les resultaban incomprensibles o muy dificultosas, bien por su actitud, por su aptitud o por la ineptitud de padres y maestros, miles de muchachos abandonaron la enseñanza obligatoria o sacaron el título como fuese para dedicarse a la construcción, bien como peones, bien como agentes inmobiliarios, bien como vendedores de materiales o como propagandistas.

Se ganaba mucho dinero y el consumo se disparó. Por todos lados surgieron tiendas de ropa, de perfumes, de gayumbos, de comida rápida, de bisutería, de cosas inútiles cuyos dueños reclamaban empleados jóvenes, muy jóvenes. Atraídos por la furia consumista, por la necesidad imperiosa de ganar dinero cuanto antes para comprarse una moto o un coche, otro montón de chicos y chicas en edad de formación, dejaron los estudios porque creyeron que el sueño que se les había inoculado se había hecho realidad.

Llegó la crisis y comenzó el despido masivo en la construcción y, como consecuencia, en los comercios. Miles de jóvenes se encontraron entonces sin trabajo ni formación de ningún tipo. Habían seguido las reglas del mercado, habían creído que el mercado era algo serio, que tenía palabra y que su vida ya estaba solucionada.

Hoy, una parte de esos chicos se prepara, aprende idiomas, informática, contabilidad, van como locos de academia en academia, de tienda en tienda, de oficina en oficina. Otra parte, lamentablemente, se ha entregado y no hace nada, una minoría. Pero lo duro, lo más duro de todo es que tanto esos chicos que dejaron los estudios para entrar en el mundo laboral en condiciones nada favorables, como los que siguieron formándose, viajaron por Europa, aprendieron idiomas y se prepararon como nunca lo hizo ninguna generación anterior, apenas tienen expectativas laborales.

¿Por qué? Por muchas razones, entre otras porque la burbuja inmobiliaria ha hecho desaparecer una parte muy grande del tejido agro-pecuario, industrial y comercial de este país; porque asistimos a la mayor revolución tecnológica de la historia y la inversión de las empresas en tecnología no crea trabajo, lo destruye de manera brutal: Dónde antes se necesitaban cien personas para fabricar una cosa o prestar un servicio, ahora no se precisan más de diez y, por no alargarnos mucho más, porque no todo el mundo puede prepararse para llegar a la excelencia –palabra que cada vez me da más grima debido al tono clasista con que es usada- en los ámbitos de conocimiento más innovadores, que es dónde quizá pueda existir un nicho laboral, no sólo porque no se tenga la capacidad suficiente, sino porque en muchos casos tampoco se tienen los recursos económicos imprescindibles.

De modo que tenemos un problema muy grande. Una generación de jóvenes mayoritariamente muy bien preparados, una parte de esa generación que ha sido excluida del mundo socio-laboral y un mercado laboral inexistente para unos y para otros. Estamos, pues, ante una cuestión de Estado, la más urgente y perentoria de todas porque en ella nos va la vida. Cientos de miles de jóvenes ven pasar los mejores años de su vida mientras se les insulta y se les descalifica generacionalmente.

Pese a su interés, no tienen oportunidad de independizarse ni de contribuir al sostenimiento de lo público porque no tienen trabajo. Mientras tanto siguen los números clausus en los grados de formación, en las carreras que más salida tienen como Medicina o Enfermería, se suben las matrículas y tasas, se prolonga la edad de jubilación y la jornada laboral y se restringe la inversión pública, dándoles a entender que este mundo no es para ellos.

Pues bien, es preciso que quienes gobiernan elaboren, cueste lo que cueste, planes para insertar laboralmente a los jóvenes eliminando cualquier traba para su formación, poniendo en práctica de verdad le Ley de Dependencia -lo que generaría miles de puestos de trabajo cuidando a personas mayores y a discapacitados-, invirtiendo en energías renovables, en la reconstrucción y reforestación racional y general del país, en la rehabilitación de los cascos históricos de nuestras ciudades, en el reciclaje científico y eficaz de residuos, en lo que sea menos consentir que toda una generación de jóvenes se pudra delante de nuestro ojos.

Ya sé, dirán que no hay dinero, pues se quita de dónde sea, de sueldos de quienes más cobran, de coches oficiales, del Senado y las Diputaciones que no sirven para nada, de las subvenciones a la Iglesia, a los equipos de fútbol o a las fiestas patronales. Es cuestión de vida o muerte, de decencia y de respeto.

Y si no se hace, desde aquí, como bien dicen Hessel y Sampedro, invito a todos los jóvenes de España a iniciar la revolución pacífica que termine con un orden injusto, perverso y suicida que además se permite el lujo de despreciarlos y arrojarlos al barranco de la exclusión perpetua.

P.D.: No se preocupen sus señorías ni la ciudadanía en general por el futuro de las pensiones, de no cambiar radicalmente las condiciones laborales y legales, los jóvenes de hoy en día sólo podrán acceder a una pensión no contributiva. Así que el futuro de las pensiones está garantizado para mucho tiempo, otra cosa es el futuro.

Adiós a todo eso y que no nos la den con queso

Ràdio Klara

Con la que está cayendo, chuzos de punta, y nosotros otra vez entrando por el aro. Como en un circo. Nos crecen los enanos, somos el payaso de las bofetadas y de rondón pagamos la entrada de pista desde la que nuestros líderes (políticos, económicos, sindicales y dinásticos) contemplan la faena. Ahora pretenden que nos engolfemos con el debate sucesorio en el PSOE y la pugna electoral entre lo malo conocido y lo indeseable por conocer.

Y la más tremendo, lo que nos hacen, lo que perpetran, se queda entre bambalinas. Abren la espita de la contienda política para justificar de nuevo su presencia en telediarios y otros púlpitos, niegan como si tal cosa la posibilidad de entregar la casa que los hipotecados no pueden pagar para saldar sus deudas (como ocurre en el denostado país de los yanquis) y nos colocan una guerra de buenos y malos por toda la escuadra para que estemos entretenidos.

Eso como un rancho diario, el pesebre cotidiano, para que todo esté atado y bien atado, ciegos, sordos y mudos ante lo que de verdad importa. No vaya a ser que el personal tome el camino de la calle, se indigne como pide el nonagenario maquis francés Sthefane Hessel y en vez de votar resignadamente emprenda la ruta de la dignidad y descubra que la plaza de Tahrir no tiene una topografía fija: está allí donde la gente dice basta.

Basta, porque los recortes que penalizan a las victimas del expolio son crímenes contra la humanidad, como han escrito dos sesudas economistas en un diario de circulación nacional. Basta, porque por encima de cualquier otra consideración lo que el capitalismo depredador está poniendo en peligro ya no es un país, ni siquiera una sociedad, es la vida sobre el planeta a causa de sucesos tan espeluznantes como la catástrofe nuclear del Japón, que no es un desastre natural sino una aberración cometida por la codicia de las multinacionales eléctricas.

Luz, taquígrafos y movilización. Basta ya de bulos, mentiras, medias tintas y preservativos. Lo prueba de que lo de Fukushima tiene una gravedad extrema es que han tenido que desatar un conflicto en Libia para borrarlo de las primeras páginas de los periódicos. Nos quieren matar de éxito con átomos de plutonio enriquecido. Chernóbil puede ser una broma comparado con Fukushima.

Hay que salirse por la tangente. Decir adiós a todo eso. Iniciar un movimiento continuo que alumbre otra realidad. De lo contrario estamos condenados a más de lo mismo. No es cuestión de personas, ni podemos caer otra vez en el juego infantil de los líderes carismáticos. Ya nos sabemos todos los cuentos. Todo el PSOE sin fisuras apoyó como un solo hombre la política antisocial y reaccionaria del gobierno. No se salva nadie. Ni pueden ni quieren. El último acto de dimisionario Zapatero ha sido recuperar para dirigir la Comisión de Competitividad al que fuera consultor del programa económico del PP en 1996 y patrono de FAES, Miguel Boyer, el político que activó la burbuja hipotecaria por su salvaje liberalización de los arrendamientos. Un insulto a la inteligencia, una obscenidad y un esperpento.

Nosotros somos el pueblo. Los que pagamos impuestos. Los que sufrimos la crisis. En nuestra mano está decir adiós a todo eso, para que esta vez no te la den con queso.

Fuente: http://www.radioklara.org/radioklara/?p=584

Un gran error de UGT y CC.OO.

Un gran error de UGT y CC.OO.

Juan Torres López

Desde hace meses vengo colaborando codo con codo con todos los sindicatos de nuestro país que me han pedido apoyo porque creo que siempre, pero mucho más en estos momentos, son una pieza fundamental para defender los derechos de las clases trabajadoras.      

Cualquier diferencia que hubiera podido tener con sus posiciones y propuestas la he aparcado porque estaba y estoy convencido, como he escrito en varios artículos, que aprovechar la crisis para tratar de acabar con ellos es una de las estrategias que se han propuesto llevar a cabo los grandes poderes financieros y los políticos que están a su servicio. Y, sobre todo, los he apoyado porque he tenido la íntima convicción de que las diferencias entre quienes aspiramos a conseguir una sociedad más justa se deben resolver fraternalmente y no tratando de acabar unos con otros, como tantas veces ha ocurrido en el seno de las izquierdas.

Ahora, sin embargo, debo manifestar que Comisiones Obreras y UGT han cometido, en mi modesta opinión, un gran error que van a pagar caro no solo las clases trabajadoras sino esos mismos sindicatos. Aunque, al mismo tiempo, quiero también advertir del gravísimo peligro de responder al error con otro semejante que busca desde hace tiempo la derecha y el poder económico: demonizarlos y hacer caer sobre ellos toda la responsabilidad de lo que ha pasado.

Un error múltiple

A mi juicio, tanto UGT como Comisiones Obreras se han equivocado pactando con el gobierno la reforma de las pensiones públicas por varias razones:

En primer lugar, porque esta reforma significa sencillamente un recorte de derechos de los trabajadores y tendrá como efecto que, en los próximos años, muchos millones de ellos no puedan percibir una pensión pública digna al jubilarse, si es que alguna vez llegan a hacerlo, lo que para su inmensa mayoría significará no poder tenerla porque sus niveles de renta no les van a a permitir disponer de ahorro privado suficiente.

El pacto significa, sin ninguna duda, que a partir de ahora el sistema de pensiones públicas español será más injusto (porque hace recaer en mayor medida su mayor insuficiencia sobre las clases de renta más baja) y de menor alcance (porque proporcionará menos pensiones y más precarias).

En segundo lugar, creo que se han equivocado también porque han entrado en el juego del doble razonamiento falso que se viene utilizando para justificar el sistema. Uno, el de su insostenibilidad a largo plazo, que nadie ha podido demostrar rigurosamente como hemos expuesto en multitud de ocasiones los economistas críticos. Y otro, en el de aceptar que para hacer frente al desequilibrio financiero que pueda provocar esa pretendida insostenibilidad lo que hay que hacer es solo actuar por la vía de reducir el gasto, y no aumentando los ingresos, es decir, mejorando la distribución de la renta para que así haya más salarios y más cotizaciones, el empleo decente, sobre todo el femenino, la productividad y, en última instancia, los ingresos a través de los Presupuestos Generales del Estado. Es decir, poniendo en marcha políticas justamente contrarias a las que se están aplicando y que han provocado la crisis y luego, como en Irlanda, que se vuelva a recaer en ella.

Para haber defendido de verdad el sistema público de pensiones, UGT y Comisiones Obreras deberían haberse cerrado en banda y haber propuesto, en todo caso, un pacto social sobre el horizonte de estos otros factores de los que también depende su equilibrio financiero a largo plazo. Al no hacerlo, simplemente han aceptado que la pauta de distribución de la renta siga siendo tan desigual como hasta ahora y que eso impida financiar mejor al sistema.

En tercer lugar, me parece que se están equivocando igualmente en explicar el pacto diciendo que se trata de una solución positiva a la crisis de las pensiones e incluso a la situación económica general. Les pasará lo mismo que le ocurre al gobierno: nadie los va a creer porque han aceptado lo contrario de lo que decían y simplemente se pensará que son un instrumento inútil para conseguir lo que dicen que quieren lograr.

Se podría aceptar que argumentasen que no ha habido otra opción, que no se ha dispuesto de más fuerza para torcer la imposición de un gobierno esclavo de los poderes financieros, que se ha conseguido lo más que se pudo conseguir… pero empeñarse en presentar este pacto como positivo es algo que nunca van a entender los trabajadores que sean mínimamente conscientes de que con él, como es evidente, van a tener menos pensiones y menos cuantiosas.

Último parte de guerra

Último parte de guerra

Rafael Calero

En el día de hoy, cautiva y desarmada la clase obrera española, han alcanzado las tropas reaccionarias del PSOE, de la UGT y de CC.OO sus últimos acuerdos a espaldas de los trabajadores.

La guerra ha terminado.

El Presidente

Zapatero

Madríd 28 enero 2011.

Premisas en torno a la reforma de las pensiones

Premisas en torno a la reforma de las pensiones

1- Soy de CCOO desde hace más de 10 años y seguiré siéndolo por mucho tiempo. CCOO ni el sindicalismo son mis enemigos, estos son las herramientas de la clase trabajadora. No obstante, la actitud crítica ante el estado de la cuestión ha de ser inherente a las expectativas de progreso intelectual y transformación social. Ésta no se contrapone a la responsabilidad, más bien la fortalece.

2- Creo honestamente que el acuerdo sobre pensiones es muy malo, más si lo situamos en el contexto de involución social estructural. Sobre todo, por lo que hace a una reforma laboral que no se ha modificado en ningún punto. Nadie que haya estado en contra de la propuesta del gobierno, puede ahora avalar este acuerdo. Todo lo que hemos escrito, escuchado o leído estos días acerca de esta reforma y en relación a la profunda precarización de la vida de los trabajadores que producirá, no dejará de pasar con este acuerdo. Esta reforma generará estados de pobreza en el sector más débil de la sociedad.

3- El elemento determinante no es el aumento de la edad de jubilación, que precisamente es lo que más ha publicitado el gobierno. El elemento que determinará la situación de exclusión y pobreza del sector social más débil, es sin duda el aumento del cómputo de cálculo de la pensión de los últimos 15 años a 25. Esto provocará reducir sustancialmente el montante de la pensión. Sobre todo si tenemos en cuenta un escenario de precariedad laboral acuciante, de temporalidad, de flexibilidad en las condiciones de trabajo, de contención salarial en progresión y de un paro estructural muy superior al que teníamos antes de la crisis. Todo ello consagrado por una reforma laboral que se verá complementada por la más que posible reforma de la negociación colectiva. Con esta se persigue un ataque sin precedentes al sindicalismo entendido como clase trabajadora organizada que reivindica y trata de ampliar sus derechos.

4- Las correlaciones de fuerza no viene dadas. Se generan por la relación que quiera establecer el uno con el otro y el otro con el uno. Por tanto, esta correlación no está sujeta únicamente al indudable e inmenso poder del capital y sus títeres, también depende de nuestra propia voluntad de cambiarla. Nuestra fuerza nace de asumir con naturalidad y elaborar la síntesis de la contradicción entre la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad. Podemos, o al menos debemos intentar cambiar esta correlación de fuerzas

5- La ética de la responsabilidad nos exige un acuerdo para que el retroceso no sea tan acentuado. Pero el retroceso ya es manifiestamente acentuado con el acuerdo, se mire como se mire. Más si tenemos en cuenta el retroceso sufrido des de la primera reforma de las pensiones de 1985, que dicho sea de paso, sí se contestó con una huelga general. Por tanto, la ética de la responsabilidad nos sitúa a la defensiva. Situándonos a la defensiva dificilmente vamos a cambiar la correlación de fuerzas.

6- La ética de la convicción nos permite actuar en un plano estratégico para dejar de situarnos a la defensiva. Para ello se deben articular discurso, contestación y alternativas. Estas deben canalizarse necesariamente mediante la movilización que sin duda ha de fortalecer la clase trabajadora organizada. De este modo se podrá variar la correlación de fuerzas. El modelo pactista es actualmente caduco.

Peor que una derrota es un mal acuerdo. Necesitamos otra forma de hacer sindicalismo

Peor que una derrota es un mal acuerdo. Necesitamos otra forma de hacer sindicalismo

Han llegado a lo que “todos” esperaban y muchos nos temíamos: un mal acuerdo sobre las pensiones.

Un mal acuerdo, esperamos, lo reconozcan los propios UGT y CCO ya que, después de haberse tirado semanas enteras “negando la mayor” de las argumentaciones del Gobierno, al final, han renunciado a defender sus argumentos como sabemos hacerlo los trabajadores… y han “tragado”.

Según la Academia, además de la definición más técnica de tragar como el paso del alimento de la boca al estómago, tragar también lo define como: “dar fácilmente crédito a una cosa, aunque sea inverosímil”, “soportar o disimular algo desagradable” “acceder, sin convicción, a una propuesta”.

Digan lo que digan, UGT y CCOO han tragado. Nos han querido dar a entender que no abrían, siquiera, la boca, pero, en realidad, estaban ensalivando disimuladamente la propuesta del Gobierno para poder digerirla mejor. Pero, a quienes les observábamos, viéndoles, no se nos hacía la boca agua. Antes, al contrario, cada vez se nos secaba más.

Porque han llegado a un acuerdo a sabiendas de que la reforma propuesta por el Gobierno “no va a solucionar el principal problema que tiene la economía española”: el paro. A sabiendas de que la reforma “supone globalmente un recorte puro y duro del gasto en pensiones o, lo que es lo mismo, una rebaja de éstas”. A sabiendas de que “muchos trabajadores y trabajadoras no van poder llegar a cumplir los requisitos mínimos exigibles para tener derecho a una pensión. A sabiendas de que “no falta dinero” para atender las necesidades de la población, sino que “sobran ladrones”, especuladores, ventajistas.

Y, todo ello, dicen, para que todos los trabajadores y trabajadoras tengan garantizado, en su momento, el acceso a una pensión. Al menos, eso es lo que argumenta el Gobierno. Pero no salen las cuentas. El último argumento, cuando se les apura, es que “lo exigen los mercados”. Y se quedan tan panchos. Echan por tierra todo el edificio de su democracia. De nada sirve que elijamos a nuestros gobiernos si éstos sólo van a escuchar a quienes no les han votado.

Un mal acuerdo para UGT y CCOO, aunque les sirva para pasar el trago de verse obligados a convocar otra huelga general que no querían, menos aún, que la del 29-S. Sí les ha servido, por el contrario, para recuperar cierto protagonismo en los medios empresariales de la desinformación, aunque esto sea pan para hoy y hambre para mañana, ya que dichas empresas les darán una patada en el culo si se plantean, alguna vez, llevarles la contraria y defender, de verdad, los intereses de los trabajadores.

“Gana España con este acuerdo”, se están apresurando en decir los voceros de turno. Pero perdemos los españoles y españolas. España no existe, salvo si se la considera un pedazo de tierra. Lo demás son entelequias. Ni es grande, ni una ni libre. Se ha demostrado palmariamente en los últimos tiempos. Vuelve a quedar claro que, al menos, hay dos españas, la de los que trabajamos y la de los que se aprovechan de nuestro trabajo, la de quienes deciden y la de quienes tenemos que acatar. Cuando se habla de sacrificios sólo se refieren a esta última. A la otra, la de los banqueros, la de los parásitos y especuladores, ni la nombran.

Para nosotros es un acuerdo nefasto. Estamos perdiendo empleo, perdemos poder adquisitivo, perdemos parte de nuestras pensiones. Y quieren que perdamos más derechos.

Un mal acuerdo es peor que una derrota. Tras una derrota siempre queda la esperanza de recuperarse y volver a luchar por lo que uno cree que es justo. Tras un mal acuerdo, quien lo firma queda obligado a defenderlo, aunque lo considere injusto.

Los trabajadores y trabajadoras necesitamos otra forma de hacer sindicalismo, porque la que practican estos sindicatos ya no da más de sí, y no nos está trayendo más que conformismo y resignación.

¿Sois tontos?

¿Sois tontos?

Jesús Sanz Astigarraga

HAY un problema laboral del colectivo de controladores aéreos que afecta al 1,2% de la población española (600.000 personas) y casi todos saltáis como energúmenos pidiendo hasta el linchamiento de ese colectivo cuando el día anterior hacen otra reforma del sistema laboral más restrictiva, quitan los 420 euros de ayuda a 688.000 parados que están en la ruina y anuncian cambios drásticos a peor en la ley de pensiones que afectan al 80% de la población y nadie se indigna ni dice nada. ¿Sois idiotas?

Estáis pidiendo a gritos al Gobierno que se apliquen medidas que quitan el derecho a la baja laboral, a los permisos retribuidos y a las horas sindicales, sacar militares a la calle ¿sois idiotas?

Estáis leyendo que mintieron en los vuelos de la CIA , en el caso Couso, que González era la X del GAL, que gente del PP cobraba de la trama Gürtel, que hay políticos que cobran más de 230.000 euros al año, pero que nos cuestan más de 3 millones de euros, que la corrupción en la política no es excepción, sino norma, que ellos mismos se adjudican el derecho a cobrar la jubilación máxima con pocos años en las Cortes y a nosotros nos piden 40 de cotización, banqueros que consiguen del gobierno medidas duras contra los trabajadores y que tenían que estar en la cárcel por delitos demostrados de fraude fiscal y no decís nada, os quitan dinero para dárselo a esa gente que cobra cientos de miles de euros año, especula con nuestro dinero, defrauda a Hacienda y seguís callados ¿sois idiotas?

Tenéis una monarquía que se ha enriquecido en los últimos años, que apoya a los poderosos, a EEUU, a Marruecos y a todo lo que huela a poder o dinero, hereditaria como en la Edad Media  ¿sois idiotas?

En Inglaterra o Francia o Italia o en Grecia o en otros países los trabajadores y los jóvenes se manifiestan hasta violentamente para defenderse de esas manipulaciones mientras en España no se mueve casi nadie ¿sois idiotas?

Consentís la censura en los medios de comunicación, la ley de partidos, la manipulación judicial, la tortura, la militarización de trabajadores sólo porque de momento no os afecta a vosotros ¿sois idiotas?

Sabéis quién es toda la gentuza de las revistas del corazón, futbolistas supermillonarios pero jamás escucháis a nadie como Saramago o Chomsky u otros mil intelectuales veraces y comprometidos con vuestros problemas ¿sois idiotas?

Si mucha gente responde sí, aún nos queda un poco de esperanza de conseguir acabar con la manipulación de los políticos y poderosos.Si la mayoría contesta no, entonces estamos jodidos.

La reforma de las pensiones públicas y el engaño de las privadas

La reforma de las pensiones públicas y el engaño de las privadas

Juan Torres López

Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga (España).

El argumento demográfico que se viene dando para justificar la reforma de las pensiones lo puso en marcha el Banco Mundial hace casi tres décadas cuando se comprobó que la propuesta de privatizar completamente los sistemas públicos que deseaban las entidades financieras era demasiado cara y que podía acarrear gran rechazo y conflictos sociales.

Se empezó a decir que la población iba a envejecer mucho y que el gasto público en pensiones iba a llegar a ser insoportable.

En España, un puñado de economistas financiados siempre por la banca han hecho un buen número de predicciones con resultados muy alarmistas que anunciaban déficits en las cuentas de la Seguridad Social en 1995, 2000, 2005, 2010 y hasta 2050. Nunca han acertado, ni siquiera en éste último ejercicio de 2010, en el que a pesar de que hay más de cuatro millones de parados, el sistema ha tenido un mínimo déficit de 278 millones de euros pero compensado sobradamente por el ingreso de los intereses del fondo, obteniendo finalmente un superávit de 2.383 millones de euros.

Es verdad que el gasto público en pensiones aumenta normalmente a medida que envejece la población porque depende de dos factores: del número de pensionistas, que suele ser mayor cuanto mayor sea la longevidad de la población, y de la cuantía de la pensión que reciban (así mismo, puede aumentar el envejecimiento y no el gasto si al mismo tiempo baja la cuantía de la pensión, que es lo que se busca).

Por tanto, es lógico que, a medida que un país se desarrolla y dispone de un mejor sistema sanitario y de condiciones de vida más saludables, aumenten los años de vida de su población y que eso suponga que haya un mayor número de personas que queden al margen de la vida laboral a partir de un determinado momento. También es lógico, aunque esto se lo están callando, que a medida que se va dando este proceso de desarrollo, aumente la productividad, de modo que cada vez un menor número de personas empleadas pueden sostener con su actividad a mayor número de personas inactivas.

En lugar de presentarnos esas dos circunstancias de manera conjunta, insisten en la primera como el origen de un futuro desastre financiero afirmando que el envejecimiento continuado de la población hará que llegue un momento (ahora dicen que en torno a 2050) en el que el gasto público en pensiones (dado el número de pensionistas y la "generosidad" de nuestras pensiones) será insoportable. De ahí deducen que no queda más remedio que empezar ya a reducir la cuantía de la pensión (ampliando el periodo de cálculo) y el número de pensionistas (aumentando la edad de jubilación)

Puesto que esto implica lógicamente que la pensión será más tardía y de menor cuantía, al mismo tiempo se recomienda a la población que suscriba pensiones privadas. Así lo hizo expresamente hace unos meses el anterior ministro de Trabajo: Corbacho -informó la prensa- recomienda contratar un plan privado para completar la pensión (Cinco Días 10-3-2010).

Todo esto parece muy lógico. Tanto, que la población está asustada y tiene la convicción de que eso será lo que ocurra: nos hacemos demasiado viejos y el estado ya no podrá garantizarnos la pensión que ahora reciben los actuales pensionistas cuando nosotros nos jubilemos. Convendrá, pues, que suscribamos algún fondo de pensión privado.

Pero es importante saber que detrás de estos argumentos hay un monumental engaño. Según las predicciones más alarmistas (de esos que nunca han acertado lo que iba a ocurrir ni en los cinco años próximos) el gasto "insoportable" al que llevaría el envejecimiento previsto de la población española supondría gastar en 2050 un 15% o un 17% de nuestro PIB. Parece mucho, pero Italia gasta en estos momentos alrededor del 14%. Es tan irreal decir que ese porcentaje sería insostenible en 2050 que incluso alguno de los economistas que han firmado el manifiesto de los 100 solicitando reformas liberales de las pensiones pública ha reconocido que ese no es el auténtico problema del sistema.

Pero lo más grave es que a la hora de sacar conclusiones sobre las consecuencias de ese mayor gasto público en pensiones no se tienen en cuenta otros factores o simplemente se minimizan. Si de verdad se quisiera garantizar el equilibrio financiero del sistema público de pensiones, que depende de sus gastos e ingresos, no se deberían poner sobre la mesa solo propuestas para la reducción de los gastos sino también otras dirigidas a incrementar los ingresos del sistema.

Tal y como se está haciendo, solo proponiendo recortar gastos, simplemente se consigue empeorar la condición de vida de la población pensionista, ahora y en el futuro, una forma bastante torticera de resolver los problemas del sistema. Lo correcto, por el contrario, sería hablar también de los factores de los que dependen sus ingresos. A saber: cómo aumentar el empleo y sobre todo el de la población femenina, cómo aumentar el peso de los salarios en la renta total para que así haya más capacidad de aportar cotizaciones sociales, o cómo incrementar la productividad. O incluso, aunque es un mecanismo de financiación de las pensiones públicas a mi juicio menos adecuado, cómo mejorar el sistema fiscal para hacer ingresos al sistema por la vía de los Presupuestos Generales del Estado. Mientras no se hable de todo esto sino solo de aumentar la edad de jubilación y alargar el periodo de cotización se estará planteando un debate injusto y falso que no beneficia al futuro de la seguridad social sino que lo debilita.

Y lo importante es saber que ese debate no se está haciendo así por casualidad. Se hace, como he dicho, para incentivar la suscripción de los llamados planes de pensiones privadas. Es lógico que las personas que una y otra vez oyen que cuando llegue su jubilación no van a tener suficiente pensión pública traten de ahorrar para tener una privada. Pero ahí también hay dos trampas.

La primera es obvia: no todos tienen la posibilidad de ahorrar. De hecho, es imposible que lo haga el
casi 60% de las familias españolas que afirma que no llega a fin de mes.

La segunda trampa es la que se está ocultando a los incautos que suscriben pensiones privadas: su rentabilidad es mínima, casi siempre negativa en términos reales al tener en cuenta la subida de precios.

La Asociación de Instituciones de Inversión Colectiva y Fondos de Pensiones (INVERCO) hizo públicos el pasado 31 de diciembre los datos sobre rentabilidades medias anuales ponderadas de los Planes de Pensiones del Sistema Individual, en función de una muestra de 1.229 Planes que representa aproximadamente el 99% de su patrimonio total.

En el cuadro 1 que se presenta más abajo se resumen dichas rentabilidades y en el 2 la de los planes garantizados de algunos de los fondos de pensiones del Banco de Santander. Confirman los resultados de un estudio de Pablo Fernández y Javier del Campo sobre la rentabilidad de los fondos privados de pensiones (Rentabilidad de los Fondos de Pensiones en España. 1994-2009) que comenté hace unos meses en TEMAS PARA EL DEBATE. Mostraba este estudio que en los últimos diez años, el 93% de los fondos del sistema individual obtuvo una rentabilidad inferior a la inflación y el 99,3% obtuvo una rentabilidad inferior a la de los bonos del Estado a 10 años.

Es evidente, pues, que estos planes privados de pensiones que quieren convertirse en sustitutos de las pensiones públicas son una verdadera engañifa financiera. La inversión que se hace en ellos solo se puede llegar a compensar, si acaso, con la desgravación fiscal tremendamente injusta (porque la disfrutan solo los contribuyentes de rentas más altas) que llevan consigo, y que supuso en 2010 un gasto fiscal de 1.443 millones de euros, casi la misma cantidad del recorte en las pensiones (1.500 millones de euros) que sufrieron, sobre todo, las clases de menos ingresos.

Los bancos crean primero el alarmismo sobre la solvencia de las pensiones públicas financiando estudios que realizan economistas con muy poca capacidad predictiva y difundiendo luego sus conclusiones por todos los medios además de obligar a los gobiernos a recortar los derechos de los pensionistas. Así atraen miles de millones de los que pueden ahorrar algo de sus sueldos. Colocan esos recursos en los mercados financieros con altas ganancias pero no devuelven esa rentabilidad a los clientes. Y eso, si es que tratando de ganar lo máximo posible no llevan a la quiebra a los fondos, como ha ocurrido en numerosas ocasiones, y obligan a los gobiernos, como recientemente en Estados Unidos, a que pongan cientos de miles de millones para salvarlos. Un negocio redondo para los bancos.

Y así, a base de mentiras y medias verdades, es como se llevan a cabo las reformas de las pensiones púbicas.

¿Por qué atacan tanto a los sindicatos?

¿Por qué atacan tanto a los sindicatos?

Juan Torres. Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla

Uno de los grandes objetivos de las políticas neoliberales ha sido y sigue siendo debilitar a los sindicatos y han tratado de conseguirlo de muchas formas.

Tratan de convencer a los trabajadores de que conseguirán obtener más beneficios si negocian por su cuenta las condiciones de trabajo. Una estupidez evidente pero que logra calar muchas veces cuando al mismo tiempo y por todos lados se difunden ideas y valores individualistas y el rechazo a la cooperación y a la solidaridad para hacer creer a las personas que su futuro depende solo de lo que ellas hagan y no de su relación con todas las demás.

Suelen decir también que los sindicatos solo luchan por los intereses de sus afiliados pero la realidad es que todas las conquistas sociales que se han ido alcanzando a lo largo de la historia se han logrado gracias a la presión sindical y que de ellas se han beneficiado no solo los afiliados sino siempre la totalidad de los trabajadores.

A menudo difaman a los líderes sindicales. Y así hemos llegado a ver que los medios de comunicación que suelen ser propiedad de la gran empresa dedican ríos de tinta a tratar de denunciar que un sindicalista tienen un piso de 120 metros cuadrados o dos coches sin que digan nada de presidentes de la patronal o de empresarios que son simples estafadores y sin mencionar que, en realidad, la inmensa mayoría de los afiliados y dirigentes de los sindicatos viven mucho más que modestamente.

Los críticos de los sindicatos les acusan de que son ellos los culpables de la baja productividad o de que las empresas no sean competitivas por su culpa, sin mencionar que es el esfuerzo diario de millones de trabajadores, y entre ellos los que están afiliados, lo que hace que las empresas produzcan, salgan adelante y proporcionen beneficios a sus propietarios.

Se acusa a los sindicatos de gastar mucho dinero público pero cuando se dice eso no se compara lo que llega a quienes organizan y defienden a los trabajadores con lo que reciben directa e indirectamente instituciones como la iglesia católica, las patronales, los partidos políticos, las grandes empresas y las grandes fortunas y corporaciones.

Y los mismos que denigran a los sindicatos porque, según ellos, derrochan el dinero son los que nunca piden que se tire de la manta de la economía sumergida, del fraude fiscal o que se prohíban de una vez los paraísos fiscales y los grandes privilegios de los grandes capitales y patrimonios. Y, sobre todo, no se dignan reconocer el hecho evidente de que si no fuese por ese dinero que reciben los sindicatos a los trabajadores les costaría mucho más defender sus derechos y vivirían en peores condiciones.

No voy a decir que todo lo que hacen los sindicatos está bien. Como en todas las organizaciones humanas hay oportunistas, burócratas y supongo que docenas de personas deshonestas y vendidas al enemigo. Pero me niego a aceptar que haya más que en otros lugares y, sobre todo, no estoy dispuesto a juzgarlos como si hicieran más daño que otras personas, instituciones u organizaciones que son responsables del padecimiento y la muerte de cientos de millones de personas, de las crisis que nos asolan y de los crímenes que pasan por ser grandes pelotazos financieros, como se nos quiere hacer creer.

Puede ser que haya sindicatos en donde una parte mayor o menor de sus dirigentes hayan sido en algún momento vencidos por las ideas neoliberales pero ni siquiera así admite comparación el daño que hayan podido producir con el que diariamente hacen quienes trabajan para el capital.

Los sindicatos son, simplemente, trabajadores normales y corrientes que se organizan. No conozco a muchos millonarios que se hayan afiliado en organizaciones sindicales para hacer carrera allí. Y su fuerza, la eficacia de su actuación y el éxito de su lucha depende de que no sean unos pocos sino muchos y dispuestos a no dejar pasar ni una brizna de corrupción ni cobardía.

Se puede admitir, porque es verdad, que los principales sindicatos españoles han perdido una gran parte de autonomía en los últimos años y que eso se ha traducido en un mayor sometimiento al poder económico y político. Pero es una falacia creer que eso se debe solo a la simple voluntad o a la "maldad" de los propios sindicalistas. Muchos de ellos habrán podido creer, yo creo que erróneamente, que la vía de la financiación pública era la que les llevaba a disponer de mayor fuerza y capacidad de acción. Pero ni siquiera eso es culpa exclusivamente suya.  

Si hubiese muchos más miles de afiliados, si las clases trabajadoras no fuesen tan conservadoras y no hubieran asumido con tanta decisión los valores neoliberales, si en lugar de criticar desde fuera hubiese muchos miles más de afiliados presentes en sus asambleas, quizá los sindicatos no habrían terminado por ser tan dependientes y su trabajo a veces tan insatisfactorio y frustrante. Y es por ello que, si es que eso es un problema fundamental, tiene una solución que no puede ser la de abandonarlos a su suerte, como pregonan las derechas y muchos izquierdistas, sino la de estar con ellos, apoyarlos y unirse a su lucha para hacer que ésta sea de verdad la que convenga a todos los trabajadores.

Porque, con independencia de las preferencias ideológicas y de los prejuicios, las consecuencias de que haya sindicatos más o menos fuertes están bastantes claras. Allí donde los sindicatos son más débiles, allí donde hay menos afiliación sindical, allí donde su capacidad de negociación es menor, allí es donde viven peor los trabajadores, y no solo ellos, sino también las clases medias y los pequeños y medianos empresarios. Y, al mismo, tiempo, allí donde los poderosos quieren tener expedito su poder para ganar dinero y abusar de los trabajadores lo primero que hacen es acabar con los sindicatos y con los sindicalistas, matándolos si hace falta, como ha ocurrido y ocurre en tantos lugares del mundo.

Así lo subrayaba hace un tiempo el Premio Nobel de Economía Paul Krugman. En una conferencia ante la Labor and Employment Relations Association (LERA) de Estados Unidos decía que la menor afiliación sindical suponía que ese país había "perdido algo fundamental para mantener una sociedad decente".

El Premio Nobel señalaba que la menor afiliación y las mayores dificultades para que los trabajadores se unieran a los sindicatos y así pudieran negociar mejor sus condiciones de trabajo eran una de las causas que provocaban el gran incremento de la desigualdad. Incluso mencionó investigaciones que habían puesto de relieve que un tercio de la diferencia en la desigualdad entre Estados Unidos y Canadá se debía a la caída en la afiliación en el primero de esos países. Y lo que quizá resultaba más relevante. Según Krugman, la sindicación actúa como una especie de "paraguas" que no solo beneficia, como dije más arriba, a los afiliados, sino a toda la sociedad trabajadora: "Para tener una sociedad de clase media se necesita un movimiento sindical fuerte", dijo Krugman.

Por eso, se puede decir que lo que buscan quienes se están dedicando en España a debilitar a las organizaciones sindicales, a denigrar y calumniar a sus dirigentes y al conjunto de los sindicalistas y trabajadores y trabajadoras que se afilian a ellos, por muchos errores que hayan podido cometer, no es otra cosa que tratar de crear mejores condiciones para disfrutar de sus privilegios. No buscan una sociedad mejor, ni más austera, ni más libre, ni más productiva, ni siquiera más favorable para el empresariado (porque cuanto más bajos sean los salarios menos ganarán las empresas y cuanto peores condiciones de trabajo haya, menos productivas serán). Solo buscan tener las manos más libres y menos gente enfrente que esté dispuesta a impedir que sigan siendo privilegiados a costa de los demás.

Algunos datos pueden dar idea de a dónde lleva el debilitamiento de los sindicatos y la negociación de las condiciones de trabajo al margen de ellos.

En Estados Unidos, en 1980 un 24% de los trabajadores estaban representados por los sindicatos y en 2009, solo el 12,3% del total y el 7,6% de los del sector privado.

Pues bien, según las cifras del Departamento de Trabajo de Estados Unidos, en 2009 la distribución de la renta había llegado a ser la más desigual de los últimos treinta años y los salarios alcanzaban su menor nivel sobre el total de las rentas en ese periodo. Según el Bureau of Labor Statistics, en marzo de 2009 el salario de los trabajadores no afiliados era un 20% menor que el de los afiliados, éstos disfrutaban de derechos en salud, vacaciones y otros conceptos que los primeros no tenían; el 78% de los afiliados tenía seguro médico frente a solo el 51% de los no afiliados y el 77% de los primeros tenía planes de pensiones frente a solo el 21% de estos últimos (Dave Johnson America Is Strong When Our Unions Are Strong).

Está claro, pues, lo que ocurriría en España si logran acabar con la negociación colectiva y reducir a los sindicatos a su mínima expresión. Y también por qué tratan de destruir a los sindicatos, por qué quieren que los trabajadores y trabajadoras nos alejemos de ellos y qué es lo que van a ganar si lo consiguen. Así que seremos sencillamente tontos si en lugar de apoyar, por supuesto todo lo críticamente que haga falta, a las organizaciones sindicales nos dejamos llevar por las cantinelas que lanzan quienes quieren que desaparezcan.