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El conflicto de clases mundial

El conflicto de clases mundial

Vicenç Navarro

Este artículo critica la postura sostenida en algunos sectores progresistas de que el mayor conflicto hoy en el mundo es entre los países del Norte (ricos) y los del Sur (pobres), postura que ignora la existencia de clases sociales con intereses contrapuestos, tanto en los países ricos como en los mal llamados países pobres.

Uno de los argumentos más utilizados en círculos progresistas para explicar la pobreza en el mundo ha sido el que presenta la pobreza de los países mal llamados pobres, como resultado de la explotación que sufren por parte de los países ricos. Las poblaciones de los primeros están siendo explotadas por las poblaciones de los segundos. En tal argumento, se considera que el mayor conflicto en el mundo es el existente hoy entre los países del Norte (ricos) y los del Sur (pobres).

Tal postura olvida, sin embargo, que tanto en los países del Norte como en los del Sur hay clases sociales que tienen intereses distintos e incluso contrapuestos. Ignorar esta realidad conduce a una interpretación errónea de la situación en el mundo. Por ejemplo, el golpe militar del General Pinochet en Chile se interpretó, en amplios sectores de la comunidad progresista internacional, como la imposición de una dictadura militar a Chile, por parte de EEUU, con el fin de evitar la existencia de un gobierno de izquierdas (que incluía al Partido Comunista), que podía caer en la órbita de la Unión Soviética, adversaria de EEUU.

El problema con esta explicación es que no se corresponde con lo que en realidad ocurrió en aquel país. Yo estaba en Chile durante aquella época. Tuve el enorme privilegio de asesorar al gobierno de la Unidad Popular, presidido por el Dr. Allende, y pude ver de primera mano lo que estaba pasando en aquel país. Los que realizaron y apoyaron el golpe militar fueron, todos ellos, chilenos. La burguesía chilena, la banca chilena, los terratenientes chilenos, la patronal chilena, la Iglesia chilena, los colegios profesionales chilenos, y el Ejército chileno, todos ellos componentes de la clase dominante chilena. Se opusieron al gobierno Allende porque sus reformas estaban afectando a sus intereses y privilegios.

Por otra parte, quien apoyó el golpe militar no fue Estados Unidos. Muchos pensadores progresistas olvidan con excesiva frecuencia que EEUU no es un país de 302 millones de "imperialistas". Conozco bien EEUU (donde he vivido más de cuarenta años) y hay que ser conscientes de que en aquel país hay clases sociales que están en conflicto. Hay una lucha de clases (además de razas) de enorme intensidad y crueldad (la esperanza de vida de un trabajador no cualificado es menor que la de una persona de la clase media alta en Bangladesh, uno de los países más pobres del mundo).

No fue EEUU, sino el gobierno Nixon, quien apoyó activamente el golpe militar, en un momento, por cierto, en el que el Presidente Nixon no podía visitar barrios obreros por su enorme impopularidad (acababa de enviar el Ejército a Appalachia, la cuenca minera de EEUU, paralizada por una huelga que había afectado la distribución de la energía en todo el este de EEUU). Tiene que entenderse, pues, que una cosa es el gobierno de un país, y otra cosa es la población que vive en él. No puede asumirse automáticamente que el gobierno representa los intereses o los deseos de la mayoría de la población. En EEUU, el 68% de la población no cree, por ejemplo, que el Congreso de EEUU o el gobierno federal de EEUU represente sus intereses. Cree que representa los intereses del mundo empresarial (llamado Corporate Class) (CBS 05.06.08).

Cuando la Administración Nixon apoyó el golpe militar en Chile, la mayoría de la ciudadanía no creyó que Nixon representara sus intereses. Esta distinción entre gobierno y población, sin embargo, raramente se hace en los medios. Así, en otro momento histórico, los medios internacionales hablaron de que "España apoyaba a Estados Unidos en su invasión a Irak". Esto se escribía en el mismo momento en que millones de españoles estaban en la calle manifestándose en contra de la decisión del gobierno Aznar de apoyar la invasión en aquel país por parte del ejército estadounidense y a la vez que las encuestas señalaban que la mayoría de la población española se oponía a tal invasión.

Esta falta de distinción entre gobierno y deseo popular no ocurre al azar. Es parte de un proyecto de intentar legitimar los sistemas llamados democráticos, presentándolos como portavoces del sentir popular, aún cuando, en gran número de sistemas democráticos, el porcentaje de la población que ha votado al partido gobernante no es la mayoría de la población. Este es el caso de EEUU. No puede asumirse, por lo tanto, que lo que hace y decide el gobierno federal es lo que la mayoría de la ciudadanía estadounidense desea.

Ahora bien, soy consciente del argumento de que la clase trabajadora de los países ricos se beneficia de las políticas exteriores de sus gobiernos. En EEUU, por ejemplo, la gasolina es relativamente barata, y ello parecería dar la razón a aquellas voces que hablan de la complicidad de las clases populares en aquella política exterior basada en la explotación de los recursos -como el petróleo- adquiridos por medios violentos y no democráticos en otros países. Pero tal argumento también ignora varios hechos importantes. Uno de ellos es que si a las clases populares de EEUU se les pide (como se les ha pedido en encuestas) si preferirían desplazarse al trabajo utilizando transporte público o utilizando su propio coche, la gran mayoría prefiere lo primero sobre lo segundo. Pero el hecho de que no pueda utilizarlo es consecuencia de que la industria del automóvil, en alianza con la industria del petróleo, han destruido el transporte público, realidad claramente documentada (ver Howard Zinn People's History of the US).

De ahí que el dominio de tales intereses económicos en el diseño de la política exterior e interior ha dañado enormemente los intereses de las clases populares, no sólo en los países del Sur, sino también en el Norte. Lo que hemos estado viendo en los últimos cuarenta años es la alianza de las clases dominantes del Norte y del Sur en contra de los intereses de las clases populares del Sur y del Norte.

Año de bienes, año de 'bonus'

Año de bienes, año de 'bonus'

La gran banca prepara unas primas hasta un 60% mayores que en 2008.

John Donelly, director de recursos humanos de JPMorgan Chase ha enviado una comunicación a los empleados de este banco informándoles de que se ha decidido acabar con la congelación salarial que se puso en marcha el año pasado, en el pico de la crisis, para los empleados que cobraban más de 60.000 dólares al año (unos 40.000 euros al cambio actual). El fin de esta medida tendrá efecto el año que viene y es una evidencia más de que la gran banca ya ve la luz a final del túnel.

La otra evidencia, en este mismo sentido, llegará cuando se acerque el fin de año y los empleados de la gran banca, un club reducido por la crisis del que son miembros JPMorgan, Goldman Sachs y Morgan Stanley, empiecen a conocer las cifras de los cheques de sus bonus. Son unos cheques que, suelen suponer casi el 60% de la retribución anual. Este año, y según las estimaciones hechas por consultores y "cazadores de talentos", puesto que ha sido un año de beneficios elevados, también será un año de cheques generosos.

Según los analistas consultados por la agencia Bloomberg, los grandes supervivientes de la crisis, ahora más grandes que en 2007, con menos competencia y beneficiados por las ayudas con las que el Estado ha estabilizado el sistema financiero, van a repartirse unos 29.700 millones de dólares en bonus. Es un 60% más que en 2008 y más que en 2007 cuando se distribuyeron 26.800 millones de dólares en un año de altos beneficios. Si se repartiera de forma uniforme, los empleados de estas firmas ganarían un cuarto de millón de dólares, cinco veces más que la media salarial del resto del país.

Otras estimaciones en las que se contempla a la industria que opera alrededor de Wall Street en su conjunto habla de un aumento de los bonus con respecto al año anterior del 40%. Es la estimación que dará a conocer el jueves Johnson Associates, una consultora que prevé que los más favorecidos en el reparto sean los empleados de la línea de negocio de renta fija y materias primas, las mas rentables. Los empleados de hedge funds, y firmas de capital riesgo, verán una rebaja de sus cheques del 15% o el 30% por la peor rentabilidad de sus inversiones.

Eso si, después de la controversia generada por la desproporción con la que se ha remunerado a una industria causante de parte de la devastación financiera y las multimillonarias ayuda que ha recibido, los bonus vienen este año en forma de acciones, que tienen que conservarse durante más tiempo sin ejecutarse, y no tanto en dinero líquido.

El mundo suspende en desarrollo sostenible

El mundo suspende en desarrollo sostenible

Párrafos extraidos de un extenso artículo de Carlos Fernández Liria que se puede leer entero en la revista Rebelión.

Si los sistemas políticos del primer mundo fueran lo que dicen ser, en todos los parlamentos se estaría discutiendo ahora una gráfica elaborada por Mathis Wackernagel, investigador del Global Footprint Network (California). Pero no parece que el asunto haya llamado demasiado la atención.

Y sin embargo, la gráfica resulta demoledora para las más firmes certezas de la clase política occidental y, por supuesto, para los criterios más evidentes de sus votantes. Sobre todo, en un mundo político en el que izquierda y derecha se llenan la boca con los objetivos del “desarrollo sostenible”.

 La cosa es bien sencilla. El eje vertical representa el Índice de Desarrollo Humano (IDH), elaborado por Naciones Unidas para medir las condiciones de vida de los ciudadanos tomando como indicadores la esperanza de vida al nacer, el nivel educativo y el PIB per cápita. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) considera el IDH “alto” cuando es igual o superior a 0’8, estableciendo que, en caso contrario, los países no están “suficientemente desarrollados”. En el eje horizontal se mide la cantidad de planetas Tierra que sería preciso utilizar en el caso de que se generalizara a todo el mundo el nivel de consumo de un país dado. Wackernagel y su equipo hicieron los cálculos para 93 países entre 1975 y 2003.

Los resultados son estremecedores y sorprendentes. Si, por ejemplo, se llegara a generalizar el estilo de vida de Burundi, nos sobraría aún más de la mitad del planeta. Pero Burundi está muy por debajo del nivel satisfactorio de desarrollo (0’3 de IDH). En cambio, Reino Unido, por ejemplo, tiene un excelente IDH. El problema es que, para conseguirlo, necesita consumir tantos recursos que, si su estilo de vida se generalizase, nos harían falta tres planetas Tierra. EEUU tiene también buena nota en desarrollo humano; pero su “huella ecológica” es tal que harían falta más de cinco planetas para generalizar su estilo de vida.

Repasando el resto de los 93 países, se comprende que hay motivos para que el trabajo de Wackernagel se titule El mundo suspende en desarrollo sostenible. Como no hay más que un planeta Tierra, es obvio que sólo los países que se sitúen en el área coloreada de la gráfica (por encima de un 0’8 en IDH, sin sobrepasar el número 1 de planetas disponibles) tienen un desarrollo sostenible. Sólo los países comprendidos en esa área serían un modelo político a imitar, al menos para aquellos políticos que quieran conservar el mundo a medio plazo o que no estén dispuestos a defender su derecho (¿quizás racial, divino o histórico?) a vivir indefinidamente muy por encima del resto del mundo.

Ahora bien, ocurre que el área en cuestión está prácticamente vacía. Hay un solo país en el mundo que –por ahora al menos– tiene un desarrollo aceptable y sostenible a la vez: Cuba.

La cosa, por supuesto, da mucho que pensar. Para empezar porque es fácil advertir que la mayor parte de los balseros cubanos huyeron y huyen del país buscando ese otro nivel de consumo que no puede ser generalizado sin destruir el planeta, es decir, reivindicando su derecho a ser tan globalmente irresponsables, criminales y suicidas como lo somos los consumidores estadounidenses o europeos.

De acuerdo: tendríamos muy poca vergüenza, desde luego, si condenásemos la pretensión de los demás de imitar el modo como devoramos impunemente el planeta. Pero se reconocerá que la imagen mediática del asunto cambia de forma radical: de lo que realmente huyen los balseros cubanos es del consumo responsable en busca del Paraíso del consumo suicida y, por intereses estratégicos de acoso a Cuba, se les recibe como héroes de la Libertad en vez de cerrarles las puertas como se hace con quienes huyen de la miseria, por ejemplo, de Burundi (a quienes se trata como una plaga de la que hay que protegerse).

Y a un nivel más general, la cosa es aún más interesante. Es muy significativo que el único país sostenible del mundo sea un país socialista. Suele ser un lugar común entre los economistas que el socialismo resultó ruinoso e ineficaz desde un punto de vista económico. Sorprende que, en un mundo como éste, la falta de competitividad pueda aún considerarse una acusación de peso. En términos de desarrollo sostenible, la economía socialista cubana parece ser máximamente competitiva. En términos de desarrollo suicida, no cabe duda, el capitalismo lo es mucho más.

Un sistema caduco

El sistema capitalista ha hecho realidad los chistes más surrealistas y, en cambio, ha convertido en utópico al mismísimo sentido común. Júzguese por sus resultados: según un cálculo elemental, para que una de las 2500 millones de personas que subsisten al día con 2 dólares diarios, llegara a amasar, con el sudor de su frente, una fortuna como la de Bill Gates, tendría que estar trabajando (ahorrando todo lo que ganara) 68 millones de años.

Por un anuncio de zapatillas deportivas Nike, Michael Jordan cobró más dinero del que se había empleado en todo el complejo industrial del sureste asiático que las fabricaba. Esto es la realidad. Gravar con un impuesto mínimo el capital financiero es una utopía política.

Hay otros Goirigolzarri

Hay otros Goirigolzarri

416 millones para 16 personas. Ésa es la suma de las pensiones de los consejeros ejecutivos de Santander, BBVA, Popular y Banesto.

La jubilación de oro del consejero delegado del BBVA ha levantado ampollas. José Ignacio Goirigolzarri, de 55 años, dejará el cargo por jubilación anticipada, con una pensión anual de carácter vitalicio que rondará los tres millones de euros brutos anuales.

Para afrontar este gasto, el BBVA tiene provisionados 52,49 millones en su balance. Sin embargo, el blindaje de Goiri, como se le conoce en el sector financiero, no es un caso aislado entre las cúpulas directivas de los bancos españoles.

Al cierre del ejercicio 2008, las cuatro principales entidades españolas (Santander, BBVA, Popular y Banesto) tenían compromisos en materia de pensiones con sus 16 consejeros ejecutivos valoradas en 416 millones. La media es de 26 millones por cabeza.

Es cierto que los bancos extienden su aportación a los planes de pensiones de casi todos sus empleados. De hecho, las entidades analizadas recogen en sus balances provisiones valoradas en 20.114 millones para cubrir la jubilación de su plantilla. Sin embargo, estos grupos tienen de forma conjunta casi 280.000 trabajadores, por lo que la pensión per cápita media es de unos 70.000 euros. La de los directivos es 371 veces superior.

En términos absolutos, Banco Santander es quien más provisiones ha efectuado para afrontar el retiro de su alta dirección. 241,22 millones de euros era lo que tenía aparcados el pasado 31 de diciembre para retribuir a sus seis consejeros ejecutivos. A esta cantidad habría que añadir 27,66 millones de euros por la contratación de diferentes pólizas de seguros.

Alfredo Sáenz, vicepresidente y consejero delegado, es quien tiene la pensión más elevada del Santander (y de todo el sector bancario español), valorada en más de 80 millones de euros. Sigue a Sáenz, que también es el ejecutivo español mejor pagado, Francisco Luzón (director general) con 53,08 millones. Al presidente del banco, Emilio Botín, le corresponden 25,57 millones; su hija y presidenta de Banesto, Ana Patricia Botín, tiene una bolsa para su pensión valorada en 21,73 millones, y la hucha de los hermanos Rodríguez Inciarte, Matías y Juan, es de 50,89 millones y 9,91 millones, respectivamente.

La mayor parte de las pensiones del Santander (excepto las de Luzón y Juan Rodríguez Inciarte) se calculan tomando como base el 100% de la suma del salario fijo que se esté percibiendo el directivo en el momento efectivo del cese del trabajo más el 30% de la media aritmética de las tres últimas retribuciones variables. A finales de 2007 el consejo de administración autorizó la modificación de los contratos de los consejeros ejecutivos y de los restantes miembros de la alta dirección del Santander para que éstos puedan elegir, en el momento de su jubilación, cobrar las pensiones en forma de renta o de capital.

En el caso del BBVA, sus tres consejeros directivos cobraron de forma conjunta 11,89 millones de euros en 2008 sumando la retribución fija y variable. Además, el banco dotó 19,96 millones a su plan de pensiones. Con esta aportación, la pensión acumulada a favor del presidente de la entidad, Francisco González, ascendía al cierre del ejercicio 2008 a 72,54 millones. En el caso del ya dimitido Goirigolzarri, la dote para su jubilación ascendía a 52,49 millones. Por su parte, la bolsa del secretario general del banco, José Maldonado, era de 8,71 millones.

Tras los dos pesos pesados del sector bancario español, la hucha para pensiones más importante es la del Banco Popular. La cobertura de los compromisos para la jubilación de sus consejeros ejecutivos en 2008 supuso un coste de 7,46 millones para el Popular, un más del doble que la provisión que tuvo que acometer un año antes. Con esta aportación, los derechos consolidados de estos ejecutivos sumaban 25,27 millones al cierre del pasado ejercicio, a los que hay que añadir otros 30,83 millones de otros consejeros ejecutivos anteriores.

Al presidente del Popular, Ángel Ron, le corresponde una pensión de 5,1 millones, mientras que la provisión para la jubilación del secretario del consejo, Francisco Aparicio, ronda el millón de euros. José María Lucía dimitió por razones de salud del cargo de consejero delegado en 2008. La pensión que le correspondía a este directivo era de 10,85 millones. A Lucía le sustituyó como consejero delegado Roberto Higuera, quien ya no desempeña esa función aunque continúa ejerciendo labores de vicepresidente. La pensión de Higuera en 2008 ascendía a 8,4 millones.

Por último, Banesto había ahorrado en 2008 algo más de 16 millones de euros para sus tres consejeros ejecutivos. En esta cantidad no se incluye la cifra de Ana Patricia Botín, ya contabilizada por Banco Santander, principal accionista de Banesto. La pensión que le corresponde al consejero delegado de Banesto, José Antonio García Cantera, es de 2,39 millones. Más caras son para la entidad las jubilaciones de Juan Delibes y José María Nus, ambos directores generales, valoradas en 8,5 millones y 5,1 millones, respectivamente. Además, el capital garantizado por seguros de vida de los consejeros ejecutivos de Banesto es de 4,17 millones.

Los sistemas retributivos de los banqueros se aproximan a la teoría de los juegos conocida como win-win. Si las cosas van bien sus planes de pensiones van engordando y se aseguran un retiro millonario. En cambio, si las cosas van mal y son despedidos sus espaldas están bien cubiertas porque gozan de blindajes también millonarios.

Los nueve bancos españoles cotizados reconocen en sus informes de buen gobierno que 75 de sus consejeros y miembros de la alta dirección cuentan con estos paracaídas dorados. José Ignacio Goirigolzarri, por ejemplo, tenía un blindaje de 61 millones. Como su salida del banco ha sido pactada en forma de prejubilación no ha tenido que activar esta cláusula.

Accionistas sin voz ni voto

Los consejos de administración de las empresas no son partidarios de dar mucha voz y, menos aún, voto a los accionistas acerca de sus políticas de retribución. Durante la elaboración del Código Unificado de Buen Gobierno hubo un pulso de gran calado entre las cotizadas y el supervisor. La comisión presidida por el ex presidente de la CNMV Manuel Conthe tuvo que aceptar que el código no incluyera una recomendación que pedía que el informe de retribuciones fuera un documento separado, permitiendo que pudiera incluirse en otros como la memoria anual.

Conthe sí logró la inclusión de una recomendación que pide que ese informe de retribuciones sea objeto consultivo por la junta general de accionistas. Sin embargo, como se trata de una simple recomendación, muchas de las compañías se la saltan a la torera. De hecho, suele ser una de las que más se incumplen. En el ejercicio 2008 sólo el 28% de las compañías del Ibex 35 siguieron el consejo de la CNMV y somete sus sueldos a la aprobación de la junta.

Mil millones de historias

Mil millones de historias
El País
CONCHA CABALLERO
Dicen que personalizar es la clave de toda narración, que a nadie conmovería el hundimiento del Titanic y sus mil quinientos muertos, sin la historia de amor entre Rose y Jack, sin contemplar sus rostros ateridos entre las brumas. Se estudia, en los manuales de comunicación, que el mundo entero se conmovió con la muerte ante las cámaras de la niña Omaira Sánchez y que sin ella no hubiera trascendido la tragedia que sufrió el pueblo de Colombia. En definitiva, que no nos interesa la historia sino las historias.
Hasta la muerte y la tragedia necesitan un guión, unos protagonistas, unas cámaras que lo retransmitan. Nuestra conciencia se ha vuelto tan reseca, tan árida y ajena que necesitamos imágenes de impacto para que algo se mueva en nuestro interior.
Debe ser por eso que el mundo no se ha estremecido ante el anuncio de la ONU de que este año habrá mil millones de hambrientos en el planeta, una cifra récord en la historia de la humanidad que muestra con dureza cómo la globalización ha conseguido socializar la miseria por todo el globo terráqueo.
De nada sirven los argumentos racionales con que la ONU acompaña su informe: las estadísticas terribles; el recuento de mentiras y de incumplimientos de las grandes cumbres internacionales; la constatación de que tan solo con el 0,01% de lo que los países desarrollados han aportado para rescatar la banca se hubiera solventado esta crisis alimentaria. Nada de lo que ocurra por debajo del paralelo 36 llega al corazón de piedra de los países desarrollados.
Aunque emocionalmente nos encontremos más cerca del hambriento que de Lehman Brothers, se ha forjado un hilo invisible de complicidad según el cual nuestro destino está más ligado a la suerte de los fraudulentos banqueros que a los hambrientos del planeta.
La cumbre del G-20 ha tomado nota de nuestra indiferencia y, simplemente, ha pasado página de una agenda que creían podría convertirse en un clamor mundial: un mundo más justo, más control sobre los movimientos de capital, más poder público. Ahora saben, con precisión, que nuestra avaricia microeconómica está hecha de la misma materia que su rapiña estratosférica. Las voces críticas han sido convenientemente silenciadas. Por eso no habrá ningún ajuste esencial en el modelo económico mundial, sino puros cambios burocráticos para llevar una contabilidad algo menos "creativa" de los riesgos.
Mil millones de hambrientos y nadie quiere escuchar las razones de esta terrible noticia porque apuntan directamente a nuestro estilo de vida: a la rapiña del mercado alimentario, a los ajustes del mercado de materias primas, al cambio climático que está golpeando en primer lugar a aquellos que apenas conocen lo que es el consumo energético, como si un Dios ciego, masculino y blanco que vive en el hemisferio norte, hiciera llover tormentas y desastres sobre el sur del planeta. Ironías del siglo veintiuno.
A la ONU le han faltado, no datos ni razones, sino guionistas, cámaras, directores de cine, novelistas, medios de comunicación que abran una pequeña ventana a la realidad. Le ha faltado, sobre todo, una ciudadanía capaz de acusar con el dedo a sus gobiernos por cada muerte que se evitaría con un tazón de leche y de arroz.
Vendrán imágenes de hambrunas y serán terribles. Apagaremos entonces el televisor (¡Oh, sí! ¡somos tan sensibles ante las imágenes de niños escuálidos!). Incluso en esos momentos nos resultará difícil desprendernos de un puñado de euros para socorrer la tragedia. Nos diremos que ya es inevitable. ¿Acaso encogerse de hombros es un crimen?, nos preguntaremos. Y ya sabemos la respuesta, pero desafortunadamente no hay cárcel, no hay castigo, no hay infierno para los corazones solitarios.

Y dicen que no hay clases

Y dicen que no hay clases

Juan Torres

El 63% de los trabajadores que desarrollan su actividad en España, 18,3 millones, tienen unos ingresos brutos mensuales inferiores a los 1.100 euros. Por otro lado, 148.000 españoles (el 0,32% de la población total) poseen unos activos superiores a 1 millón de dólares (800.000 euros), excluida la primera vivienda y las inversiones tangibles.

El año pasado había en el mundo 8,7 millones con más de 1 millón de dólares de patrimonio (el 0,13% de la población mundial) y, por otro lado, 230 millones de trabajadores parados y 1.400 millones de trabajadores que ganan menos de 2 dólares al día sin contrato y sin protección social.

¡Y dicen que ya no hay clases!

Los empresarios declaran que ganan, de media, menos que los asalariados, y esa brecha retributiva fraudulenta ha crecido desde 1993: El 75% de los empresarios españoles pagan a Hacienda como mileuristas

Los empresarios declaran que ganan, de media, menos que los asalariados, y esa brecha retributiva fraudulenta ha crecido desde 1993: El 75% de los empresarios españoles pagan a Hacienda como mileuristas

La carga fiscal de los españoles está siete puntos por debajo de la media de la UE. Así lo dijo el presidente Zapatero, tras lo cual confirmó una inminente subida de impuestos con la que quitar las telarañas de las arcas públicas. Pero por más que el Gobierno lance mensajes pretendidamente tranquilizadores, que el esfuerzo tributario del ciudadano medio amenace con hacerse más intenso preocupa. Especialmente porque, pese al conocido eslogan de que «Hacienda somos todos», la realidad muestra que unos más que otros, y que el fraude fiscal en España goza de buena salud.

Dos datos llamativos y que invitan a la reflexión son que solo un 3% de contribuyentes declaran ganar más de 60.000 euros, así como que tres de cada cuatro empresarios y profesionales se declaren mileuristas, según informes del colectivo de Técnicos de Hacienda (Gestha).

Un mileurista -retribución del 62 % de los asalariados españoles y de siete de cada diez gallegos- tributa a Hacienda un 24% (el tipo mínimo), mientras que alguien que especule con el ladrillo (lo que se conoce como pase inmobiliario, es decir, dar una señal por un piso y revenderlo antes de escriturar) pagará por esos beneficios un 18%.

Asimismo, un autónomo tiene más opciones de ocultar sus beneficios y tributar menos que un trabajador y, como guinda, cualquier millonario puede constituir una sociedad de inversión de capital variable (sicav) y abonar al fisco un exiguo 1%. ¿Quién, cómo y cuánto pagamos en impuestos? ¿Es posible que el Gobierno aumente la recaudación sin estrangular a quienes menos recursos tienen? Y, sobre todo, ¿hay vías alternativas a la anunciada subida impositiva?

1

Solo el 3% de los contribuyentes declaran en el IRPF ganar más de 60.000 euros.

El IRPF es el tributo estrella del sistema fiscal español, pues aporta la mayor inyección de liquidez a las arcas públicas. Su última reforma normativa, que entró en vigor en el año 2007, redujo a cuatro los tramos de la tarifa. De este modo, la menor fiscalidad (24%) se aplica hasta los 17.360 euros, aunque quienes tengan solo rentas del trabajo de hasta 22.000 euros están exentos de declarar. Entre los 17.360 y los 32.360 euros de retribuciones pagarán el 28%. La siguiente horquilla (37%) se aplica hasta los 52.360 euros de sueldo y quienes ganen por encima de esa cuantía tributarán al tipo máximo: el 43%, que era dos puntos superior hasta el 2006.

El inconveniente de gravar más a las rentas más altas, como planteó el ministro de Fomento, José Blanco, es que su impacto recaudatorio sería «mínimo», como la ministra Salgado corrigió en el Congreso, porque solo el 3% de los 18 millones de declaraciones superan los 60.000 euros de renta.

2

Cristiano Ronaldo y Kaká pagan a Hacienda como mileuristas.

Los fichajes multimillonarios de figuras del fútbol como Kaká o Cristiano Ronaldo volvieron a poner de actualidad la fiscalidad que se les aplica a los extranjeros no residentes. Y es que, con el objetivo de atraer inversión extranjera, empresas y talentos foráneos, el Gobierno aprobó una tributación reducida para los extranjeros no residentes quienes, por espacio de seis años, cotizarán al tipo mínimo. Es decir, que los astros del balón, entre otros profesionales de altos salarios, pagan a Hacienda como si fueran mileuristas, mientras que sus compañeros españoles están sujetos al 43%. Pese a las críticas recibidas desde la izquierda del arco parlamentario, el PSOE se negó en junio a modificar la ley, presionado por los catalanes de CiU.

3

Los empresarios declaran ganar menos que los asalariados y la brecha crece.

Según los colectivos de Inspectores de Hacienda y de Técnicos del Ministerio, atacar con eficacia el fraude sería la mejor receta para sanear las cuentas públicas. Un ejemplo lo constituye lo que declaran ganar los empresarios, que sitúa a 1,6 millones de ellos, es decir, las tres cuartas partes del total, como mileuristas.

Según datos de Gestha, en 1993, en la primera estadística de la renta, los empresarios declaraban de media 10.260 euros (entonces en pesetas) y por el sistema de módulos aún menos (9.201 euros), mientras que los trabajadores declaraban un promedio de 11.774 euros. Eso significa que los emprendedores en tributación directa declaraban 1.414 euros menos que los trabajadores, y los de módulos 2.472 menos.

Lejos de corregirse, la brecha de 1993 se ha acrecentado en catorce años. Con los datos del 2007, los empresarios declaran ganar de media 13.525 euros, frente a los 18.400 que recogen la declaración de la renta de los asalariados. Es decir, una diferencia de casi 5.000 euros.

4

Las grandes fortunas ganaron la batalla y tributan al 1%.

A través de las sociedades de inversión de capital variable (sicav) en las que las grandes fortunas colocan sus activos, los mayores patrimonios del país reducen al 1% su tributación. Y es que una resolución del Tribunal Económico Administrativo Central (TEAC) les dio la razón frente a los inspectores de Hacienda, que entendían que no cumplían los requisitos de las sociedades de inversión colectiva (mínimo de 100 accionistas, cuando solían ser sociedades patrimoniales y estar en manos de las grandes familias) y que deberían tributar al 30%, como el resto de sociedades. Las fortunas vencieron al fisco.


Las grandes fortunas tributan el capital de sus sicav al 1% frente al 18% de las familias

Menos de 3.400 sociedades de inversión de capital variable controlan por si solas más de 27.000 millones de euros en bienes mobiliarios, un 76,5% de los 35.466 millones en manos de más de 16 millones de declarantes del IRPF

La anunciada subida de impuestos que afectará fundamentalmente a las denominadas rentas de capital -según adelantó ayer el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero- no afectará, según estas previsiones, a uno de los nichos en los que las grandes fortunas ponen a resguardo sus inversiones: las sociedades de inversión mobiliara de capital variable (sicav). A través de este mecanismo, los titulares de las sociedades cotizan sólo el 1% de sus plusvalías, frente al 18% de media que cotizan los declarantes del IRPF, como es el caso de los trabajadores y, por tanto, el grueso de las familias de este país.

La pretensión del Gobierno es aumentar la presión fiscal sobre las rentas de capital, es decir, por norma general, que no proceden del trabajo: intereses bancarios, dividendos, plusvalías por ventas de acciones o viviendas, seguros de vida... En general, todas aquellas que se consideran inversiones mobiliarias. Estos ingresos cotizan a un tipo único del 18% a la hora de hacer la declaración de la renta. Sin embargo, por el mismo tipo de beneficio, las sicav sólo cotizan el mencionado 1%.

Patrimonio acumulado

Según los últimos registros hechos públicos por la CNMV en su página web, correspondientes al tercer trimestre de 2008, en esa fecha existína inscritas 3.369 sociedades, que acumulaban un patrimonio de 27.143,2 millones de euros, lo que resulta en un patrimonio medio de 8,05 millones de euros. Esas sociedades aglutinaban a esa fecha 439.395 socios, si bien la mayoría de ellos son nombres de paja interpuestos por los auténticos dueños, ya que la ley obliga a que las sicav tengan un mínimo de 100 partícipes. No obstante, la crisis bursátil que ya se desató el año pasado ya provocó a finales del tercer trimestre una reducción del 88,6% en el beneficio de las sicav, que fue de 186,5 millones de euros, frente a los 1.636,4 millones de un año antes.

En todo caso, el patrimonio acumulado por ese pequeño número de sociedades constituye por si solo tres cuartas partes (un 76,5) de los 35.466 millones de euros que las familias españolas tenían consignadas como rentas de capital mobiliario el año pasado, según los datos de recaudación de la Agencia Tributaria. Esa cantidad supuso un incremento del 28% sobre lo invertido en ese capítulo el año anterior por los 16,394 millones de contribuyentes que declararon esas rentas en el IRPF.

Es precisamente sobre ese colectivo y sobre las empresas que cotizan por el régimen ordinario sobre quienes recaería la subida de los impuestos que prepara el Ejecutivo. Sin embargo, su incidencia sobre el conjunto de la recaudación es reducido: el año pasado supuso sólo el 7,73% de los ingresos tributarios líquidos, que ascendieron en total a 114.082,922 millones de euros, según los datos de la Agencia Tributaria. En concreto, Hacienda recaudó 6.169,388 millones en concepto de retenciones de capital del Impueesto sobre la Renta de las Personas Físicas. Y las retenciones de los rendimientos de capital del Impuesto sobre Sociedades ascendieron a 2.756,729 millones de euros.

Precisamente ayer, el catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Pompeu Fabra y doctor en Economía por la Universidad de Harvard, José María García-Montalvo, dijo que plantear que hay que subir los impuestos a las rentas altas para hacer frente a los subsidios de desempleo supone hacer un ejercicio de "demagogia pura". "¿Por qué nadie habla de cambiar la tributación de las sociedades de inversión de capital variable [sicav], o de evitar el fraude fiscal?", se preguntó.

Por otro lado, y preguntado sobre la razón de que la economía española no dé las mismas señales de recuperación que otras economías europeas, García-Motalvo explicó que se trata de un fenómeno "esperado" por varios motivos. Uno de ellos es que España entró en recesión más tarde que esos países. Otro es que la economía española creció muy centrado en el sector inmobiliario, que es el que ha generado los problemas. "Lógicamente tiene que tener más problemas y le cuesta más salir", explicó.

www.kaosenlared.net/noticia/75-empresarios-espanoles-pagan-hacienda-como-mileuristas

Colegio de Diplomados Sociales ante la crisis

Colegio de Diplomados Sociales ante la crisis

Las y los profesionales de Trabajo Social presentes en el “XI Congreso Estatal” queremos manifestar nuestra posición respecto a la situación actual de crisis generalizada:

Cada día, es más evidente el fracaso de un modelo de crecimiento que ha olvidado, dejado a un lado, e incluso despreciado, los más elementales principios de equidad, justicia social, desarrollo humano y sostenibilidad.

No es la primera vez que, desde nuestra profesión, hemos llamado la atención sobre el hecho de que, el crecimiento económico sin equidad, es una vía muerta como desgraciadamente estamos experimentando.

A través de la Federación Internacional de Trabajadores Sociales (FITS), ante la ONU y otros organismos internacionales, hemos insistido en la necesidad de construir un modelo diferente, no basado en el beneficio económico, sino en un Desarrollo Humano sostenible y armónico.

Las claves originarias de la quiebra del actual modelo se sitúan, como tantas veces a lo largo de la historia, en el enriquecimiento sin escrúpulos de unos pocos (muy pocos) a costa de los padecimientos o la inestabilidad del resto del mundo.

Las/los Trabajadores Sociales estamos convencidos y convencidas –porque ese es el objeto esencial de nuestra labor- de que las estructuras más inamovibles pueden cambiarse. Sabemos, por nuestra experiencia, que los muros que parecen infranqueables siempre son superables y que donde existe miseria y fango se puede edificar –con las personas- esperanza y bienestar.

Nada es inamovible. Quienes pretendan hacernos creer que las dinámicas sociales, económicas o políticas son una cuestión en manos de los dioses del mercantilismo, o de otras intocables estructuras de poder, están despreciando a la sociedad en su conjunto y a cada uno de nosotros y nosotras de manera individual.

La ciudadanía es soberana de su destino. Podemos y debemos conocer la situación y transformarla si con ello nos acercamos a cubrir las cotas de bienestar y felicidad a que tenemos derecho.

Ante la actual coyuntura, y en contra de sectores de opinión que paradójicamente, a veces son responsables de la misma, y que, aún así, insisten en defender la desregularización de derechos, la continuidad de un neoliberalismo voraz e imparable, y la reducción del gasto social, nos posicionamos con la población más vulnerable sobre la que recae el mayor coste de la crisis.

Creemos y sabemos que hay un modelo anti-crisis al margen de estos parámetros caníbales. Un modelo que debemos liderar desde la Ciudadanía, siendo conscientes de que, es el Estado, quien debe garantizarlo.

Un modelo cuyos ejes vertebradores e irrenunciables son:

  • Afrontar la inequidad, garantizando los derechos básicos de la ciudadanía desde lo público y con rebeldía plena frente a las desigualdades territoriales, de género y de condición social o ante el recorte de los derechos que algunos proclaman como solución.
     
  • Considerar la inversión pública en servicios e infraestructuras como eje clave para la creación de empleo, reactivador de una nueva economía a escala humana y como factor clave de cohesión social. Dentro de esos servicios e infraestructuras, consideramos que los Servicios Sociales son el sector estratégico ideal para la generación de empleo, de riqueza y de avance hacia nuevos derechos.
     
  • Incrementar URGENTEMENTE el esfuerzo en la protección social ante las situaciones de desempleo, de riesgo de pobreza, exclusión social y situaciones que perpetúan la vulnerabilidad y que, a la larga, tienen un coste humano y económico insostenible.
     
  • Implementar una nueva fiscalidad, mucho más progresiva, en la que pague sensiblemente más el que más tiene, para que todos y todas podamos tener garantizada la cobertura de nuestras necesidades sociales y el ejercicio de derechos.

Desde el Trabajo Social, con toda nuestra experiencia de intervención ante las situaciones de riesgo y exclusión social, reclamamos dos medidas inmediatas como derecho subjetivo:

  • Renta mínima que permita un nivel de vida digna para todas las personas que carezcan de recursos económicos
     
  • Garantía de Servicios Sociales para la inserción social


Hoy en Zaragoza, en este XI Congreso, manifestamos nuestro compromiso para aportar:

  • Nuestra voz para que los sin voz en esta crisis puedan ser escuchados bien alto y bien claro.
     
  • Nuestra vista para observar siempre en primera línea lo que ocurre en la sociedad real, pisando suelo, y transmitir el resultado de nuestra mirada.
     
  • Nuestra denuncia e insumisión ante cualquier decisión que signifique el recorte de derechos sociales o económicos.

Grandes terratenientes, multinacionales o millonarios son agraciados con las ayudas PAC de la UE

El Confidencial

Compañías multinacionales, aristócratas, miembros de la realeza, millonarios, políticos e incluso entidades bancarias resultan beneficiarios de las ayudas de la UE. 

A raíz de la entrada en vigor el pasado 30 de abril de una nueva ley europea de transparencia que obliga a los Estados miembros a publicar el listado de beneficiarios de las ayudas de la Política Agrícola Común (PAC), la lectura de datos arroja nombres cuanto menos sorprendente, tal y como recogía días atrás La Gaceta de los Negocios. La PAC cuenta con un presupuesto anual entorno a los 55.000 millones de euros, lo que representa el 43% del presupuesto de la Unión. Al igual que otros muchos Estados miembros, España también concede ayudas que no siguen un criterio de selección por ingresos.

Durante el 2008, España recibió un importe cercano a los 5.900 millones de euros que repartió entre 950.919 beneficiarios de las ayudas de la PAC. En este país, la FEGA (Fondo Europeo de Garantía Agraria) publica en internet la lista integral y nominativa de beneficiarios de subvenciones agrícolas europeas.

La polémica saltó la semana pasada en el Reino Unido con la publicación de los datos que desvelaban que importantes multinacionales y miembros de la aristocracia también eran receptores de las ayudas de la PAC. En concreto, Nestlé y Tate & Lyle recibieron cantidades cercanas al millón de euros cada una. Pero el escándalo mayor lo protagonizan personalidades que amasan grandes fortunas en el país y que también se revelan como receptores. Así, constan entre otros, la Reina de Inglaterra (530.000 €), el Duque de Westminster (540,000 €) y el Príncipe Carlos (180.000 €) que se apuntan como beneficiarios tras el nombre de sus granjas y empresas.

En España, la consulta de la base de datos ofrece un panorama que repite las mismas pautas, con independencia de juzgar la utilidad que se da a esas ayudas. Ya sea a título personal o al de sus empresas, aparecen miembros de conocidas familias que atienden a apellidos como Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo (Euroexplotaciones Agrarias, Eurotécnicas Agrarias y Hermanos Loring Martínez de Irujo C.B., entre otras sociedades), Borbón,OsborneConde (Los Carrizos de Castilblanco), Domecq. Las multinacionales también repiten en nuestro país, desde compañías de exportación a laboratorios farmacéuticos (Abbott) o empresas del sector alimentario como Nestlé, aunque recibe cantidades inferiores en España.

En el caso español, 237 beneficiarios superaron el millón de euros recibidos, según los datos recogidos del ejercicio financiero correspondiente al año 2008. De entre ellos, el top ten lo conforman los siguientes receptores: Azucareras Reunidas de Jaén, S. A. (32.028.072,30 €), Alcoholes de Tomelloso (15.219.254,61 €), Industrias Lácteas Asturianas (15.079.563,87 €), Alvinesa Alcoholera Vinícola S. A. (13.232.269,30 €), Alcoholes y vinos S.A. (12.701.786,59 €), Corp. Alimentaria Peñasanta, SA. (12.091.106,57 €), Xunta de Galicia (11.728.014,25 €), Diputación General de Aragón (11.522.324,25 €), Comunidad Atutónoma de la Rioja (11.331.200,17 €) y Hacienda de Navarra (11.239.235,00 €).

La consulta de la base de datos española también revela que algunas cajas rurales se beneficiaron de las subvenciones europeas durante el ejercicio correspondiente al año 2008. En concreto, Caja de Ahorros Municipal de Burgos (211.117,80 €), Caja Rural de Navarra (146.956,08 €), Caja Rural de Aragón (96.135,52 €), Caja General de Ahorros de Canarias (66.880,75 €), Caja Castilla La Mancha (34.625,13 €), Caja Rural de Extremadura Sdad. Coop. (16.183,38 €), Caja Rural del Sur (10.214,08 €).

Llaman la atención ciertas ayudas por el perfil de la empresa receptora. Es el caso de Agroinmobiliaria La Mancha S.A. (715.235,31 €), Compañía Andaluza de Renta Inmobiliaria (217.414,78 €), Compañía Agrícola Inmobiliaria Zaragozana S.L. (240.693,02 €), Caja Inmobiliaria Provincial de Toledo (24.941,50 €), Caja de Arquitectura y Urbanismo (8.023,65 €).

A nivel individual, el estudio de las ayudas otorgadas en España desvela asignaciones que pueden llegar a rozar los 50.000 €, aunque la media del importe recibido suele estar por debajo de los 5.000 euros anuales por persona.

Según el grupo de presión Farmsubsidy, 707 millonarios en el conjunto de la UE se embolsaron entre el 5 y el 10% del presupuesto total de la PAC de 2008 al convertirse en beneficiarios de estas ayudas.

Curiosidades de las ayudas en Europa

Destacable es el caso de Dinamarca, donde el Príncipe Joaquín I de Dinamarca recibió 265.020 euros y la hija de la comisaria europea de Agricultura, Hanne Fischer Boel, recibió el importe de 7.291 euros. En Bélgica, la familia real recibió 12.892 euros para su jardín botánico en la localidad de Laeken.

En Francia, el grupo Doux, una empresa que vende derivados del pollo a más de 100 países, recibió la mayor ayuda concedida en el país, con un importe cercano a los 62 millones de euros. En Irlanda, destacan los casos de gigantes del sector alimentario como Greencore Group (83 millones de euros) y Irish Dairy Board Co-op (6,5 millones de euros).

Alemania protagoniza la excepción dentro de la Unión, ya que se niega a publicar los datos que exige la ley europea de transparencia. Berlín asegura que la normativa europea choca con leyes locales de protección de datos. La Comisión europea estudia invocar un procedimiento de infracción si Alemania no se suma al resto de países de la Unión, y publica el listado de los demás beneficiarios no sujetos a los obstáculos legales a nivel regional y local.

Reforma, sí; contrarreforma, no

Reforma, sí; contrarreforma, no
Estrella Digital

Este año, el Primero de Mayo se ha celebrado bajo el fantasma de la crisis económica y la amenaza del abaratamiento del despido. No deja de ser paradójico que el neoliberalismo económico, que ha sido el culpable la crisis y que, por tanto, debería aparecer como el villano de la función, quiera por el contrario erigirse en nuestro país en el protagonista y triunfador.

España es diferente. Cuando en todas partes se vuelve la mirada hacia las políticas keynesianas y se abjura, aunque sea con la boca pequeña, del fundamentalismo de mercado, aquí, en nuestro país, la derecha política y económica, los empresarios, algunos técnicos y la mayoría de los medios de comunicación continúan, erre que erre, con la ideología neoliberal. Es más, quieren aprovechar la crisis para reducir las pensiones o abaratar el despido.

La ofensiva es tan fuerte que los sindicatos han tenido que centrar en buena medida este Primero de Mayo en defenderse frente a la pretendida reforma laboral. Hay quien dice que la mejor defensa es un ataque, y eso es lo que debería hacer la izquierda: atacar proponiendo una reforma laboral, pero en sentido contrario a la que exige la patronal, porque si algo sobra en el mercado de trabajo español es flexibilidad.

La presidenta de la Comunidad de Madrid -que ante la crisis debería callarse avergonzada, puesto que ha sido una de las mayores defensoras de las teorías que nos han llevado a la recesión- afirma con todo el descaro y desparpajo que el mercado laboral es franquista, y es que ella debe saber mucho de franquismo. Lo cierto es que en 1979 se aprobó el Estatuto de los Trabajadores pactado por empresarios, trabajadores y partidos políticos, pero para algunos los pactos sólo obligan a los demás; poco tiempo después comenzó la ofensiva para modificar lo aprobado. Así llegaron cuatro nuevas reformas, más bien contrarreformas (1984, 1994, 1997 y 2002), encaminadas a desregular las relaciones laborales y facilitar el despido.

Todas ellas utilizaban las mismas falacias. Primero, para luchar -según decían- contra el paro, se promocionan múltiples clases de contratos temporales. Más tarde, y como la temporalidad es muy elevada, con la excusa de reducirla se propone abaratar el despido. Pero la precariedad no redujo las tasas de desempleo que sólo disminuyen cuando se reactiva la economía, y por más que se abarate el despido la temporalidad no desciende. En momentos de recesión como el actual, lo único que se consigue abaratando el despido es que el ajuste se traslade inmediatamente al mercado de trabajo sin que las dificultades afecten a las empresas o a las rentas de capital.

La prueba evidente de la enorme flexibilidad del mercado laboral español es la impresionante velocidad, mucho mayor que en el resto de los países, con la que la crisis se traduce en cifras de paro. No estamos hablando de crear empleo sino de destruirlo, y si se destruye con tanta facilidad únicamente puede ser porque es sencillo y barato despedir.

Sí, efectivamente, en España es necesaria una reforma laboral, pero no otra contrarreforma. Los sindicatos deben reclamarla, deben pasar a la ofensiva. Una reforma laboral que vaya en sentido contrario a las de los años 1984, 1994, 1997 y 2002. Únicamente sería preciso aplicar el sentido común.

Para reducir la temporalidad y la precariedad sólo se precisa prohibir este tipo de contratos y permitirlos exclusivamente para aquellas actividades que son realmente temporales.

¿Que la indemnización de 45 días por año trabajado para los despidos improcedentes es muy elevada? Pues bien, eliminemos los despidos improcedentes. Cuando un juez declara que el despido es improcedente y no hay causa ni disciplinaria ni económica ni tecnológica, es decir, que la única razón del despido es el capricho y la voluntad del empresario, no impongamos ninguna indemnización sino, como ocurre en otros países, obliguemos a la readmisión. Los empresarios no quieren abaratar el despido basado en causas objetivas, sino poder despedir a su capricho y que, además, les salga gratis.

Si nadie tiene el dinero, ¿dónde está?

Si nadie tiene el dinero, ¿dónde está?

Nuestros hijos tienen ese conocido juego de mesa llamado Monopoly - seguro que por sus casillas empezaron El Pocero y Jesús Gil-. Cada vez que organizan una partida los billetes de colorines pasan incesantemente de las manos de uno a las del otro y por la banca, que como en la vida real nunca pierde; cuando acaban los guardan en la caja y ahí se los encuentran en la siguiente ocasión en la que deciden volver a jugar. Ahora imagínense que un día, al abrirla, descubren que el dinero no está dentro. Si ninguno de ellos lo ha cogido del juego, ¿cómo es posible que haya desaparecido?.

¿Cómo puede volatilizarse el dinero de un País?, ¿quién lo tiene?. Aquellos que han perdido su empleo está claro que no. Los que conservan su puesto de trabajo afirman estar pasando por un periodo de crisis y recortan al límite sus gastos, o sea, su poder adquisitivo es menor porque en teoría, disponen de menos efectivo que antes.

Las empresas, pequeñas, medianas y grandes, cierran o deciden despidos masivos, bajan su producción, eliminan turnos y en muchos casos, llevan a cabo recortes salariales. Los bancos aseguran estar viviendo una situación económica delicada, sostienen que su capital se ha visto mermado y que lo están pasando mal (esto no es ninguna broma, lo hemos oído).

No escuchamos a nadie decir que está mejor que antes y ni tan siquiera igual. Entonces, si todos son más menesterosos o menos pudientes, ¿dónde diantres está el dinero?, ¿lo han quemado?, ¿han hecho barquitos de papel con él y navega por el Atlántico?, ¿lo utiliza de relleno Ana Obregón?. No entendemos nada.

Nos da la impresión de que hay unos cuantos comercios que no flaquean y que siguen teniendo clientela. Hablamos de oídas porque son tiendas de productos suntuarios, de esas que ocupan las llamadas "millas de oro" y no las frecuentamos por falta de tiempo, pero probablemente los que continúan dejándose euros en ellas y a juzgar por el tipo de productos que adquieren, deben de ser a su vez propietarios de grandes empresas o de negocios muy boyantes.

Esos no son menos ricos que hace un tiempo, pero luego se presentan con gesto compungido delante de sus trabajadores y les dicen en tono severo que debido a la coyuntura actual, a la crisis, a la recesión y a un señor que pasaba por Tegucigalpa, se ven en la penosa obligación de realizar un ERE y echar a la calle a media plantilla. Una vez cumplido el trámite, el desolado empresario se monta en su deportivo recién comprado y se va camino de su villa con campo de golf y vistas al embarcadero donde amarra el yate, pensando en qué modelo de reactor ejecutivo se va a comprar con lo que acaba de ahorrarse en futuros sueldos.

El obrero se pasa toda su vida siendo un elemento prescindible dentro del proceso de producción, recibiendo a cambio poco más de lo que le hace falta para cubrir sus necesidades vitales y la de los suyos, a veces ni eso. Tal situación que roza la precariedad puede llevarle un día a querer obtener algo más. Él sabe que su trabajo proporciona mucho dinero a su jefe y claro, acáso llegue un momento en el que se le pase por la cabeza la idea de pedirle mayores ingresos, con la intención de poder permitirse elevar un poco su nivel de vida o al menos, dejar de pagar las letras del coche con recargo por demora.

El patrón es consciente de esa amenaza, no en vano lleva mucho tiempo disfrutando de la abundancia gracias a la escasez a la que obliga a sus empleados. Y quien dice un empresario dice el sistema bancario o el Estado, porque todos se caracterizan por escatimar al ciudadano lo que entre ellos se reparten a espuertas. De ahí su sectarismo y defensa mosquetera, con el "todos contra uno: el trabajador", y por eso las ayudas para paliar la situación las deciden en pequeño comité y, qué casualidad, ellos son los perceptores. Y nosotros con cara de abadejos, mientras escuchamos su discurso populista en el que nos transmiten que están realmente preocupados: "Tranquilos ciudadanos, que le vamos a dar mil millones al Sr. Botín para que os los haga llegar...".

¿Y cómo enfrentarse a ese riesgo de que el proletariado se canse de administrar las sobras y exija un reparto más justo?. Pues sin duda lo mejor es explicarles que no hay nada que repartir. De un plumazo, desde la cúspide de la pirámide social hasta la base, todos están al borde de la ruina. Así que para qué reclamar una mejor distribución de los bienes si estos se han esfumado. Eliminada la tentación queda descartado el peligro.

Los parados se callan y esperan, esperan, esperan... Los que están trabajando consienten y rezan por no perder lo que tienen; los pequeños comerciantes y empresarios humildes abren el cierre de su negocio cada día pensando: "¿entrarán hoy más clientes que acreedores?", y los otros, los que desayunan ostras con cava, los que tienen cuatro coches, tres motos y un quad en su garaje, casa de invierno, chalet de verano y residencia de fin de semana, los que viajan en primera clase, esquían en Baqueira y jamás se lanzan a las ofertas de un Hipermercado, esos seguirán con su ritmo de vida pero lo harán un poco más a hurtadillas, que queda feo decir que te ves en la obligación de arrojar al desempleo a un centenar de trabajadores, o que tu entidad bancaria no puede conceder un préstamo personal de seis mil euros por culpa de la crisis, mientras los perjudicados ven como te comes una cazuela de angulas y desde el móvil reservas unos pasajes para las Islas Mauricio. Allí también habrá recesión suponemos, porque nos están explicando que esto es a escala mundial. La cosa es mucho más grave entonces, no es que en España el dinero no aparezca por ningún lado, es que al parecer no saben dónde han puesto el de todo el Planeta.

Pues eso, que los billetes del Monopoly de nuestros hijos no se habían evaporado, se los hemos escondido nosotros, que para algo somos sus padres, con la intención de que jueguen menos y estudien más. El dinero de este País sigue estando en manos de los mismos que lo tenían hace dos años o una década, pero si se les interpela ponen la misma cara de jugador de póker que nosotros ante las preguntas de los niños. Y es que para qué decirles la verdad y confesarles que es una medida de coacción, si de este modo se lo van a creer y vamos a conseguir lo que queremos de ellos: que se callen y obedezcan.

Es tan fácil abortar cualquier conato de protesta valiéndose de engaños y lograr que todo siga igual. Lo difícil es asumir que nos seguimos tragando sus embustes y si no es así, actuamos como si nos los creyésemos, que para el caso es lo mismo

El paro en España y el manifiesto de los cien

El paro en España y el manifiesto de los cien

Carlos Berzosa

Sistema Digital

Las cifras del aumento del desempleo en nuestro país resultan no solo preocupantes sino alarmantes. Ante esta situación tan grave siempre hay quien quiere pescar en río revuelto y aprovechar una circunstancia tan compleja y difícil para simplificar los problemas y hacer propuestas que supongan el abaratamiento del despido, la bajada de los salarios y facilitar la flexibilización del mercado laboral en su conjunto. Esto es muy propio de los empresarios y de los políticos conservadores. Asocian que haya tanto paro en nuestro país con la existencia de un mercado laboral al que consideran excesivamente rígido.

En realidad, las cosas no son tan simples porque el mercado de trabajo no ha hecho otra cosa que flexibilizarse desde los años setenta del siglo pasado, y lo que se ha conseguido es una gran dualidad, entre los trabajadores estables y los precarios, que han aumentado en exceso en los últimos tiempos. El mercado de trabajo español es bastante más flexible de lo que empresarios y Partido Popular dicen, por lo que ese no es el motivo principal de que haya tanto paro. En todo caso, estas propuestas no nos deben extrañar pues son las de siempre.

Lo más llamativo ha sido la aparición en escena de cien economistas que proponen también, aunque no en los mismos términos, la reforma del mercado laboral. Se consideran a sí mismos independientes de la política, excelentes académicos y profesionales, y plantean que las proposiciones que realizan se basan en el rigor económico. Se han dignado bajar de la atalaya de la excelencia en donde se encuentran instalados a la arena de la realidad, conducidos sin duda por su sentido del deber público, para preocuparse por nuestro bienestar futuro y facilitar la salida de la crisis en las mejores condiciones.

Hay que agradecerles, sin lugar a dudas, esta preocupación que sienten por todos nosotros, siendo a su vez, como son, cabezas tan privilegiadas y con tan buena formación académica. Que nos sirvan de guía en momentos de tanta penumbra debe de ser motivo de satisfacción y de tranquilidad. Pero a veces me pregunto por qué estos economistas tan brillantes suelen bajar a la cruda realidad sólo cuando se trata de reformar el mercado laboral, las pensiones, siempre a la baja, eso sí, y de reducir todas aquellas conquista sociales logradas en beneficio del buen funcionamiento de la economía.

Pero, ¿de qué economía están hablando? Pues ya se sabe que de la economía en general, cuyo estudio responde a un instrumental técnico y neutro, que beneficia a todos por igual en el caso de que las cosas vayan bien. También se sabe que no hay clases sociales, pues esto no deja de ser una antigualla, sino sujetos que trabajan, consumen o emprenden con riesgo empresas y negocios.

Por si fuera poco reconocen que el mercado laboral no es la causa de la crisis, pero eso no es óbice para que haya que arreglarlo con los argumentos que dan. ¿No hubiera sido mejor que trataran de explicar cuáles son para ellos las cusas de la crisis? Pues difícilmente se puede arreglar una enfermedad si no se sabe la causa que la origina. Lo demás es poner parches calientes sin que resuelvan nada, sino que a lo sumo pueden servir de paliativos.

Estos economistas, que siempre dicen lo mismo y siempre dan las mismas recomendaciones, han permanecido en cambio mudos, complacientes sin duda con la situación que se estaba dando en la expansión económica, ante el incremento de la desigualdad que se estaba produciendo, ante el creciente aumento de la especulación y la corrupción, o ante el auge de las finanzas, la desregulación del mercado financiero, los escandalosos beneficios de determinados grupos económicos-financieros y ante los elevados sueldos de los ejecutivos. Nada dicen acerca del deterioro ecológico. Lo importante, ya se sabe, es el mercado laboral. Ni siquiera son capaces de mencionar minimamente y denunciar con rigor cuestiones que señalan Stiglitz o Krugman, por cierto, aunque cueste creerlo, economistas más reconocidos que ellos en el mundo académico.

Lo que ha sucedido, y deberían saberlo nuestros brillantes economistas, es que como muy bien analiza Andrew Glyn en “Capitalism Unleashed” (Oxford University Press, 2006) es que hemos pasado del capitalismo controlado o domesticado a un capitalismo desatado o sin freno. Por cierto, hay una excelente recensión de esta obra en la REVISTA ECONOMÍA CRÍTICA, nº 7, realizada por Jordi Roca. Esta revista ha editado seis números en papel y este último sólo se puede encontrar en formato electrónico, yo lo recomiendo vivamente. En este libro, como en otros que ya he citado, se puede encontrar la explicación acerca de cómo en los años de euforia del crecimiento se estaban sembrando las semillas de la crisis actual. Este análisis de Glyn, junto con otros, nos aporta más luz para entender lo que sucede que el de los cien grandes economistas españoles.

La gripe del capitalismo

La gripe del capitalismo

Víctor Casco

Hay aspectos relacionados con la gripe porcina, o gripe H1N1, que, entre tanta sobreinformación, claman por su ausencia. Poco se ha hablado - como de pasada - del Estado mexicano en el que se constata su aparición por primera vez, Veracruz. Y menos aún se informa de la presencia allí, en la zona de La Gloria, de las Granjas Carrol, participada en un 50% por la mayor compañia porcina de EEUU, Smithflields Foods, y en la que mueren al año un millón de cerdos hacinados, en condiciones higiénicas lamentables, y cuyos detritos y orines van a parar a las lagunas y ríos del entorno.

No hay nada más asqueroso que una granja porcina. Una cosa es verlos por el campo, entre las bellotas, y otra muy distinta tenerlos apiñados por miles en espacios de un metro cuadrado, alimentados con todo lo que caiga, con el único objeto de producir esa comida basura que se consume en los restaurantes de Comida Rápida de EEUU y Europa.

El caso es que hace unos meses Biosurvellance relacionaba la aparición de una extraña infección respiratoria en La Gloria con la propia granja allí instalada. De La Gloria es el primer niño afectado. Desde Veracruz se extendió la epidemía. Qué se hacía allí. Poco se sabe. Cuáles eran las condiciones sanitarias. Practicamente ninguna. Por eso, la principal empresa estadounidense de producción industrial de cerdo estaba allí. Porque la legislación al respecto era menos estricta. Porque no había controles. Porque podían ganar dinero a espuertas sin importarles las consecuencias. Porque así funciona el capitalismo: ganancias rápidas e inmediatas sin mirar atrás. Obtimizar todos los recursos posibles. Y siendo caras las instalaciones adecuadas y los equipos de veterinarios, mejor irse a alguna parte donde se puedan soslayar éstas y a éstos.

Por cierto que también el sistema obtiene ganancia de lo que siembra: para empezar, y gracias al alarmismo, la compañia farmaceútica Giled Sciences, dueña de la patente del medicamento más efectivo hasta la actualidad contra el H1N1, el Tamiflú, se está haciendo de oro. Por supuesto hay quienes no pueden pagarlo, o donde la sanidad pública es prácticamente inexistente. No se sorprendan de los muertos en México, y en EE.UU. (donde la sanidad es privativa de quienes se lo puedan permitir) y su inexistencia en Europa, donde hasta el día de hoy (y si los neoliberales de turno no lo impiden) disfrutamos de un sistema sanitario público fuerte.

¿Saben quien tiene trabajó y tiene participaciones en Gilead Sciences? Donald Rumsfeld, quien aparte de idear las torturas a aplicar a los presos de Guantánamo, también se ha dedicado a hacerse rico.

Como ven, la gripe del capitalismo, tan extendida, es más dañina que todos los virus juntos.

Cada seis segundos un niño muere de hambre

Cada seis segundos un niño en algún lugar del mundo muere de malnutrición, informó Olivier De Schutter, relator especial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en el tema del derecho a la alimentación.

En una sesión de la Asamblea General de la ONU, el funcionario también dijo que hay 1 000 millones de personas hambrientas en el planeta, la Cada seis segundos un niño muere de hambremayoría de ellas mujeres y niños, y que la dimensión de la crisis alimentaria global está lejos de haber disminuido este año.

"Al contrario, la volatilidad de los precios y los eventos relacionados con el clima inevitablemente exacerbarán la situación en el 2009, con los pobres como los mayores afectados", dijo De Schutter.

Las razones del hambre mundial, indicó el experto, son marginación, pobreza, falta de tierra y de empleos decentes, además de un injusto sistema de comercio internacional que ha originado una disminución en las inversiones en proyectos agrícolas durante los últimos 30 años.

El relator propuso rediseñar el comercio internacional con objeto de impulsar el crecimiento económico, así como evaluar el potencial de diferentes modelos de desarrollo agrícola orientados a alimentar a las poblaciones más vulnerables.

Asimismo, De Schutter urgió a aplicar los incentivos y regulaciones necesarios para asegurar que las compañías agroindustriales transnacionales contribuyan al desarrollo de los países que les sirven como fuente de recursos. 

Un estúpido frente a la crisis

Un estúpido frente a la crisis

Creo que soy estúpido. Cuesta reconocer algo así pero una vez que se asume esa realidad es mucho más soportable afrontar el devenir de unos acontecimientos casi siempre penosos. Pero quiero aclarar que mi imbecilidad no está provocada por alguna anomalía funcional de mi organismo, en ese aspecto soy un individuo corriente, digamos que del montón, del montón de los idiotas, así que constituyo un típico ejemplo de lo que abunda. Soy así simplemente porque pertenezco a la especie humana y por lo tanto producto de la genética, de la educación, de la domesticación y de las debilidades propias del hombre, un animal racional que a medida que avanza en conocimientos parece retroceder en dignidad, en inteligencia aplicada al progreso social y en valores éticos; en estos últimos no me refiero a los signos de pacatería tan abundantes a lo largo de nuestra Historia y de los que el progreso no parece haber conseguido librarnos, sino a los que deberían de hacer que nos revolviésemos ante cualquier injusticia, sometimiento o actuación arbitraria por parte de los que detentan el poder.

 

Soy estúpido como estúpida es la Sociedad en su mayoría pero ni mis semejantes ni yo -y me circunscribo a los ciudadanos de a pie- somos ladinos. Esta "virtud" parece ser exclusiva de un gran número de dirigentes políticos y de los empresarios y propietarios de los medios de producción y de comunicación realmente poderosos e influyentes, aquellos que de bien de cara a la galería o desde la sombra, son los que toman las decisiones en cuestiones que después habrán de afectarnos a todos, pero lo hacen sin contar con ninguno y tan solo en función de sus intereses particulares y de los de aquellos con los que comparten la pertenencia de nuestras vidas y la capacidad de decisión sobre nuestros destinos. Soy un miembro más de ese rebaño de borregos que parecemos haber venido al mundo para satisfacer las necesidades de unos pocos ganaderos y como mis compañeros de servidumbre, agacho la testuz y soporto los palos de mi amo con una resignación eterna, porque ese es mi cometido y así se han encargado de enseñármelo y a mi vez, le transmitiré a mis hijos cuál es nuestra función: soportar el trato que se nos dispense por más vejatorio que sea, producir para nuestro dueño y sobre todo, no rebelarse jamás.

¿Y por qué muestro esta falta de consideración hacia mi persona y algunos dirán que de respeto a mis congéneres? pues por una razón, porque sólo se explica a través de la estupidez en el sentido peyorativo del término, que no en el patológico, el que seamos capaces de tolerar con tal estoicismo la que nos viene cayendo encima a la masa de los seres humanos a lo largo de la Historia -hoy diluvia- y que sin embargo, nuestra respuesta continúe siendo la docilidad, el acatamiento y el conformismo.

En la localidad en la que vivo hace poco se convocó por parte de formaciones políticas de izquierda aparentemente real y de sindicatos todavía no transformados en ministerios receptores de partidas estatales millonarias para acallar su voz -los mismos que dicen que todavía no se dan las condiciones para una huelga general, son los que acertadamente denomina como “sindicatos de moqueta” el Sr. Manolo Caamaño, portavoz y secretario general del CUT (Central Unitaria de Traballadores)- una manifestación en contra de esto que se ha dado en llamar crisis y que algunos calificamos como consecuencia natural e inevitable de un sistema capitalista. Pues bien, acudió a la concentración un grupo de personas que prácticamente cabía en un autocar. También hace pocas fechas se ha hecho un llamamiento para protestar por el mal estado del campo de fútbol en el que juega el equipo local y para exigir su mejora. Se habría necesitado una nutrida flota de autobuses para transportar a los que respondieron a esta cita.

¿Cómo se puede calificar a una sociedad que se moviliza de tal modo por unas instalaciones para jugar al balompié y le da pereza, o tal vez directamente siente desinterés, en expresar su rechazo e indignación por la miseria material que nos atenaza a la mayoría de los ciudadanos, a los que conformamos el proletariado y a pequeños empresarios? Digo pobreza en lo que a bienes tangibles se refiere porque de la moral, hace mucho que somos víctima por nuestra cobardía y por no haber sido capaces de sacudirnos el yugo que otros hombres nos han uncido. Y vaya por delante tanto mi respeto a reivindicaciones de ámbito deportivo, como mi desprecio a que éstas se antepongan o tengan más apoyo que las sociales y en las que están en juego unas condiciones de vida adecuadas a las que debería de tener derecho todo ser humano por el simple hecho de serlo, con independencia de su raza, sexo, edad, nacionalidad o posición económica.

Y si no somos estúpidos nos comportamos como tales que para el caso viene a ser lo mismo. Nos dicen que tengamos paciencia, que están haciendo todo lo posible y probablemente, cuando muchos hayan perdido su trabajo, la casa, el coche, quién sabe si hasta la familia, que ya se sabe eso de que "cuando la pobreza entra por la puerta el amor sale por la ventana" y en algún caso incluso la libertad -explíquele Vd. a un padre de familia con tres hijos que vivan con 420 euros al mes de ayuda familiar y que no le ronde la idea de robar- llegados a ese punto tal vez todo vuelva a su cauce y poco a poco, la gente se vaya recuperando y por lo tanto, entrampando e hipotecando su vida de nuevo para rescatar los bienes que perdió. Y así es el proceso, el hombre es una marioneta al servicio de un Sistema que sabe cuándo cortar y cuándo anudar los hilos que lo hacen bailar a su son y ese hombre estúpido y que ha perdido la capacidad de reaccionar, esa marioneta con la voluntad adormecida, la dignidad vendida y la rebeldía domesticada, es y seguirá siendo un muñeco articulado y a merced de aquellos que lo manipulan. Siempre pusilánime y apocado, siempre temeroso, siempre callado, siempre resignado, siempre imbécil... excepto a la hora del partido de fútbol. ¡Qué orgulloso debe de estar el Sr. Botín y todos los "botines" que en esta Sociedad son, de la timorata condición de sus borregos!

Decrecimiento: no hay otra salida

Decrecimiento: no hay otra salida

La filosofía del ’decrecimiento’ reivindica que debemos trabajar menos para vivir mejor. Propone una crítica constructiva y pluridisciplinar que ponga en cuestión la búsqueda obsesiva del "cada vez más"

NICOLAS RIDOUX

En el origen de la grave crisis actual hay una nueva manifestación de la desmesura, de la búsqueda infinita de omnipotencia. Las empresas y entidades financieras han estado persiguiendo obtener unos beneficios en crecimiento perpetuo. En esta búsqueda incesante del "cada vez más", los mercados existentes no bastaban, y hubo que crear mercados incluso donde no existían. Las consecuencias de todo ello en la economía real serán por desgracia de amplio alcance, y afectarán especialmente a los más débiles. Como consecuencia de esta crisis, la mayoría de nuestros dirigentes, antes neoliberales, de repente parecen haber descubierto a Lord Keynes. Pues bien, ¿qué es lo que Keynes nos dice? "La dificultad no es tanto concebir nuevas ideas como saber librarse de las antiguas".

Debemos abandonar la ideología productivista, que está desconectada del progreso humano y social. Se trata de utilizar los beneficios obtenidos para que todos puedan trabajar moderadamente.

Eso es lo que pretende el movimiento del "decrecimiento", que propone una crítica constructiva, argumentada, pluridisciplinar, de rechazo de los límites que constriñen nuestras sociedades contemporáneas, para así poder liberarnos de ese "cada vez más". La filosofía del decrecimiento trata de explicar que en muchas ocasiones "menos es más".

¿Qué es exactamente lo que está ocurriendo en nuestros días? No estamos padeciendo una crisis sino un conjunto de ellas: crisis ecológica (energética, climática, pérdida de la biodiversidad, etcétera); crisis social (individual y colectiva, aumento de las desigualdades entre las naciones y en el seno de las mismas, etcétera); crisis cultural (inversión de valores, pérdida de referentes y de las identidades, etcétera); a lo que ahora se añade la doble crisis financiera y económica. Todas ellas no son crisis aisladas, sino más bien el resultado de un problema estructural, sistémico: cuyo origen está en la desmesura, en la búsqueda obsesiva del "cada vez más".

¿Qué se puede decir sobre la crisis económica desde el punto de vista de quienes somos "objetores al crecimiento"? Que nadie se equivoque, porque decrecimiento no es sinónimo de recesión. Tal como escribí hace más de dos años: "No hay que elegir entre crecimiento o decrecimiento, sino más bien entre decrecimiento y recesión. Si las condiciones ambientales, sociales y humanas impiden que siga el crecimiento, debemos anticiparnos y cambiar de dirección. Si no lo hacemos, lo que nos espera es la recesión y el caos".

Ahora hemos entrado en recesión, pero que nadie se confunda, no en una sociedad de "decrecimiento". Para empezar, no hemos cambiado nuestra organización social, y en la actual organización todas las instituciones y mecanismos redistributivos se nutren de la idea del crecimiento. En una sociedad así, cuando el crecimiento falta, la situación es inevitablemente dramática. El decrecimiento es algo totalmente distinto. Significa crecer en humanidad, esto es, teniendo en cuenta todas las dimensiones que constituyen la riqueza de la vida humana.

El decrecimiento no es un crecimiento negativo, ni propugna tampoco una recesión ni una depresión; sería ridículo tomar nuestro sistema actual y ponerlo del revés y de esa manera intentar superarlo. El decrecimiento supone que debemos desacostumbrarnos a nuestra adicción al crecimiento, descolonizar nuestro imaginario de la ideología productivista, que está desconectada del progreso humano y social. El proyecto del decrecimiento pasa por un cambio de paradigma, de criterios, por una profunda modificación de las instituciones y un mejor reparto de la riqueza.

Es claro que el crecimiento económico pretende aliviar la suerte de los más desfavorecidos sin tocar demasiado las rentas de los más ricos, para no enfrentarse a su reacción política. En ese sentido, el decrecimiento pasa necesariamente por una redistribución (restitución) de la riqueza.

En un mundo de recursos limitados, las cosas no pueden crecer de manera indefinida. Por eso, "la objeción al crecimiento" habla de la necesidad de compartir, el regreso de la sobriedad, en particular para aquellos que sobreconsumen. Hacemos nuestras estas palabras de Evo Morales, presidente de la República de Bolivia, que el 24 de septiembre de 2008 afirmó en la Asamblea General de las Naciones Unidas: "No es posible que tres familias tengan rentas superiores a la suma de los PIB de los 48 países más pobres (...) Estados Unidos y Europa consumen de media 8,4 veces más que la media mundial. Es necesario que bajen su nivel de consumo y reconozcan que todos somos huéspedes de una misma tierra".

Hay que acabar con la idea de que "el crecimiento es progreso" y la condición sine qua non de un desarrollo justo. El crecimiento es adornado por sus defensores con todas las virtudes, por ejemplo en materia de empleo. Sin embargo, como dijo Juan Somavia, director general de la OIT, en su informe de enero de 2007: "Diez años de fuerte crecimiento no han tenido más que un leve impacto -y sólo en un pequeño puñado de países- en la reducción del número de trabajadores que viven en la miseria junto con sus familias. Así como tampoco ha hecho nada por reducir el paro".

En efecto, los beneficios empresariales han sido tan enormes que ni siquiera un crecimiento fuerte ha podido crear empleo, de ahí la persistencia del paro. La recesión agrava brutalmente este problema. Pero es ilusorio pensar que, para que todo el mundo tenga trabajo, lo que hay que hacer es restaurar el crecimiento económico y aumentar cada vez más las cantidades producidas; esta sobreproducción no tiene ningún sentido, no consigue el pleno empleo y, encima, compromete gravemente las condiciones de supervivencia del planeta.

Volvamos a Keynes, aunque no el que relanza las economías desfallecientes gracias a la intervención del Estado, sino al que escribía en sus Perspectivas económicas para nuestros nietos (1930) que sus nietos (es decir, nuestra generación) deberían liberarse de la coacción económica, trabajar 15 horas semanales y tender a una mayor solidaridad que permitiese compartir el nivel de producción ya alcanzado. No hacerlo así, según él, nos llevaría a caer en una "depresión nerviosa universal".

La filosofía del decrecimiento hoy dice que debemos trabajar menos para vivir mejor. No tener la mira puesta en el poder adquisitivo (que a menudo es engañoso y reduce al hombre a la única dimensión de consumidor), sino buscar el poder de vivir. Se trata de cambiar la actual organización de la producción y repartir mejor el trabajo: utilizar los beneficios obtenidos para que todos trabajen moderadamente y todas las personas tengan un empleo. Esta reorganización debe ir acompañada de una revisión de las escalas salariales. No es aceptable que algunos empresarios ganen varios centenares o miles de veces más el salario de sus propios trabajadores.

Reducir la cantidad de trabajo permitiría asimismo que pudiésemos llevar una vida más equilibrada, que nos realizáramos a través de cosas que no sean la sola actividad profesional: vida familiar, participación en la dinámica del barrio, vida asociativa, y también actividad política, práctica de las artes...

Un modo de vida más frugal, que se tomara en serio los valores humanistas y tuviese en cuenta la belleza, conduciría a producir menos pero con mejor calidad. Una producción de calidad pide habilidad y tiempo, y ofrecería empleos numerosos y más gratificantes. Supone no recurrir sistemáticamente a la potencia industrial (exige sobriedad energética) lo cual mejoraría la necesidad de fuerza de trabajo (como se observa al comparar la agricultura intensiva, muy mecanizada, gran consumidora de petróleo pero parca en mano de obra, con la agricultura biológica). De esta manera, quizá también se pudiese equilibrar mejor trabajo intelectual y trabajo manual, y combatir al mismo tiempo la epidemia de obesidad que padecen nuestras sociedades demasiado sedentarias.

Devolver el protagonismo a la persona, restaurar el espíritu crítico frente al modelo dominante del "cada vez más" y abrir el debate sobre nuestra forma de vivir y sus límites, saber tomarse tiempo para mantener una relación equilibrada con los demás, ése es el camino que propone la filosofía del decrecimiento. Se trata de sustituir el crecimiento estrictamente económico por un crecimiento "en humanidad". Es una tarea estimulante, un desafío que merece la pena intentar.

Nicolas Ridoux es autor de Menos es más. Introducción a la filosofía del decrecimiento (Los Libros del Lince).

Más de mil inspectores de Hacienda dejan de controlar a las grandes fortunas

Más de mil inspectores de Hacienda dejan de controlar a las grandes fortunas

Diagonal. F Javier Aguayo

El Gobierno ha decidido que más de mil técnicos de Hacienda dedicados a investigar operaciones superiores a tres millones de euros se centren en el control de pequeños contribuyentes.

En previsión de la próxima campaña de la Renta, que comenzará en mayo, la Agencia Tributaria ha puesto en marcha la medida aprobada por medio de una resolución con fecha del 26 de noviembre de 2008. Ésta consiste en una reestructuración sin precedentes del cuerpo de funcionarios dedicados al control del fraude fiscal. Hasta entonces, 1.058 de los 2.731 técnicos de Hacienda se dedicaban al control de las operaciones superiores a tres millones de euros, lo que afectaba a grandes empresas y contribuyentes con patrimonios elevados. Tras esta nueva medida, esos técnicos se dedicarán exclusivamente a pequeños contribuyentes, lo que afectará a la mayor parte de pymes, autónomos y asalariados, siempre que sus ingresos no superen los cuatro millones de euros.

Según la propia resolución, los técnicos de Hacienda controlarán “las actividades de quienes el volumen anual de operaciones declarado no supere 4.000.000 euros, en caso de que se trate de un control de carácter general o de 5.700.000 euros, si supone una actuación específica”.

Desde el sindicato de técnicos de Hacienda Gestha se muestran críticos con la medida, ya que “de esta manera se reduce notablemente el personal disponible para controlar las grandes fortunas”. En ese sentido, resulta paradójico que en el pasado ejercicio fiscal la Agencia Tributaria realizara cuatro millones de actuaciones con pequeños contribuyentes, lo que suponía cumplir a un 120% los objetivos fijados previamente, mientras que tan sólo se hicieron 125.000 intervenciones en grandes capitales.

Medidas excepcionales

No obstante, bajo el paraguas de la crisis y la situación excepcional que vive la economía, el Gobierno ha tomado otras medidas fiscales polémicas. Por medio de un Real Decreto por el que se desarrolla la Ley de medidas contra el fraude fiscal, y evitando darle demasiada difusión, el Consejo de Ministros aprobó el 3 de noviembre un ‘aguinaldo fiscal’ para grandes accionistas de bancos, ejecutivos bancarios y sus familiares, según el cual todos ellos podrán tributar en el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) a un tipo del 18%, en vez de al 43% al que debían hacerlo hasta ahora, cuando reciban rentas de capital mobiliario de sus propias entidades. De tal manera que los intereses que generen sus cuentas bancarias y depósitos, o el beneficio de préstamos o bonos, se verán afectados por la medida.

Gestha ha denunciado el real decreto ante el Tribunal Supremo, al considerar que “es ilegal y atenta gravemente contra el Estado de derecho, ya que sobrepasa lo dispuesto por la Ley del IRPF de 2006, en la medida en que un reglamento no puede modificar una ley de rango superior, que se había aprobado precisamente para evitar el abuso fraudulento de las operaciones financieras entre socios y sociedades”, o lo que es lo mismo, banqueros y bancos.

¡Al ataque!

¡Al ataque!

Era previsible: la reforma del mercado laboral vuelve a plantearse como la gran solución patronal a la crisis económica. Durante los primeros meses de la crisis, cuando todas las evidencias mostraban que ésta es una crisis generada por financieros, promotores inmobiliarios y especuladores de todo tipo —o sea capitalistas— nadie se atrevía a abrir demasiado la boca. Como mucho para rogar que el estado interviniera para salvar sus dineros. Los neoliberales estaban deprimidos y desorientados y todos los focos apuntaban al sistema financiero.

Pero a medida que pasa el tiempo, la crisis se agudiza en todos los sectores y el desempleo se masifica renace la oportunidad de volver a la carga con los temas laborales. Empezando por el despido libre (de momento no se atreven tanto con los salarios porque hay demasiadas evidencias de que una caída brusca de salarios agudizaría la caída de la demanda).

El pistoletazo de salida no vino del sector privado, sino de un servidor público. En concreto, del Gobernador del Banco de España, Miguel Fernández Ordóñez, en una conferencia ofrecida a la Federación de Usuarios de las Cajas de Ahorro (se puede encontrar el discurso completo en la web del diario Público). El discurso no tiene desperdicio y es una buena muestra del tipo de argumentación a la que nos tienen acostumbrados muchos expertos.

Después de repasar las causas del crecimiento económico pasado y de la crisis actual —en lo que no entraré— llega al meollo de la cuestión. El argumento central es que para salir de la crisis la cuestión básica es el aumento de la productividad y conseguirlo “pasa inevitablemente por llevar a cabo reformas estructurales en numerosos campos”. Pero cuando uno esperaría, cuando menos, una enumeración de las mismas, el conferenciante da un quiebro y plantea que “Hoy, por razones de tiempo, dedicaré exclusivamente mi intervención a la reforma de las instituciones laborales”.

Planteado así, es evidente que se está sugiriendo que éste es el tema más urgente a resolver, y que el resto de “reformas estructurales necesarias” pueden postergarse en el tiempo. Aun siendo discutible esta premisa, uno esperaría que en este caso se procediera a un análisis más completo de las instituciones del mercado laboral, de las líneas de fuerza que lo delimitan, pero casi todo el análisis se focaliza en el tema de la regulación del despido, alegando que las indemnizaciones por despido “desincentivan la movilidad de los trabajadores por miedo a perder los derechos adquiridos”. Frente a este modelo, el Sr. Gobernador plantea como alternativa el modelo danés o el austriaco en los que ciertamente el despido no recibe indemnización pero en contrapartida hay una amplia cobertura social. Pero olvida plantear que el paso a un modelo de este tipo supondría a la vez reformas laborales, de protección social y de impuestos. Algo difícil de esperar de alguien que en su propio discurso ha atribuido parte del mérito del dinamismo español a que “tenemos un sector público con un peso relativo más reducido que el de otros países europeos”.

Olvida por ejemplo que (según datos de Eurostat) mientras el gasto social español en 2006 representaba el 20,9% del PIB, el de Austria se elevaba al 28,5% y el de Dinamarca al 29,1%. No hay nada en su discurso que abone una propuesta de estatalización a la nórdica. Más bien parece, como viene siendo habitual en los discursos de los burócratas europeos, que se tomen ejemplos puntuales fuera de contexto para apuntalar argumentaciones en las que el objetivo es otro. Y parece fuera de dudas que abaratar el despido en España, al menos en el marco actual, difícilmente daría lugar a otro tipo de “compensaciones”.

Al menos esto es lo que han entendido las organizaciones patronales que animadas por estas declaraciones ya se han lanzado a la ofensiva para avanzar en lo que ha constituido una línea estratégica de la patronal: el despido libre sin costes, sin condicionantes. De hecho el despido libre ya existe en España, varía su coste según sea el tipo de contrato y la forma de despido. Las sucesivas reformas laborales no sólo han favorecido la temporalidad del empleo, también han abaratado los costes del despido de los empleados fijos estableciendo una gradación según el despido sea por un ERE —20 días por año (el 50% a cargo del Fondo de Garantía Salarial en el caso de las pymes)—, de 33 días en los contratos fijos creados a partir de 1996, 45 días en caso de despido improcedente (la reforma de 2002 prácticamente ha eliminado los salarios de tramitación, los que debía pagar el empresario entre el día de despido y el de la celebración del juicio), y cero para los despidos disciplinarios. Si se paga más es porque se negocia, sólo en las grandes empresas donde abundan los recursos y donde, a menudo, los despidos obedecen más a estrategias empresariales que a la simple situación de crisis. Los estudios comparativos muestran que en nuestro país algunos despidos son más caros pero su procedimiento es más sencillo y menos garantista.

Lo que pide ahora la patronal no es cambiar el procedimiento sino abaratarlo y hacerlo aún más fácil, especialmente eliminando la autorización administrativa de los Expedientes de Regulación de Empleo (EREs), que constituye un medio que concede tiempo y resortes a la acción colectiva. Quizás lo que pretenden es aprovechar la coyuntura. O simplemente ahorrarse la necesidad de dedicar una parte de su patrimonio a indemnizar a las víctimas de su propio fracaso (o de su irresponsabilidad). El neoliberalismo impuso una traslación del riesgo desde la empresa a los trabajadores y al conjunto de la sociedad. Las ayudas públicas al sector financiero, el aval público a los préstamos, está elevando aún más esta transferencia de riesgos, y la gratuidad del despido no deja de ser otra variante de lo mismo.

Que el abaratamiento del despido no va a generar ningún empleo es evidente. Puede incluso que en el corto plazo contribuyera a aumentar los despidos. Ya se sabe que cuando algo sale gratis se producen efectos imprevisibles. Por eso hay razones para oponerse lisa y llanamente a la propuesta. Y empezar a denunciar la enorme rigidez que en el funcionamiento de la economía real introducen las prácticas empresariales. Al fin y al cabo muchas de las demandas de flexibilidad laboral no son otra cosa que los intentos de respuesta empresarial a la propia rigidez del sistema productivo. En parte por mero instinto de clase. Pero en parte también porque la tecla que tocar es mucho más fácil cuando se trata de lo laboral.

Es más sencillo conseguir que gente sin poder, acogotada por la necesidad de un empleo, acepte rebajar sus demandas, se adapte a una pérdida de derechos, que negociarlo con instituciones poderosas. Para muchas pymes esto resulta evidente, su poder de negociación con grandes clientes, con proveedores de “inputs” esenciales, o con instituciones financieras es nulo. También para los propios Gobiernos resulta más factible que los asalariados y las organizaciones sindicales transijan ante una “emergencia nacional” que no que lo hagan poderosas instituciones internacionales o grandes empresas transnacionales. Y aunque de momento el Gobierno Zapatero siga defendiendo que nada de reforma sindical, no podemos esperar una actitud demasiado firme a medida que se consolide el desempleo y el Gobierno necesite votos para aprobar propuestas esenciales (por ejemplo el Presupuesto). La larga sombra de CiU o el PNV planean ya sobre la posibilidad de una nueva embestida. La movilización patronal ha servido para calentar motores, diseminar discurso. Quizás también como cortina de humo para impedir otro tipo de debates.

Oponerse a la reforma sin más puede resultar a la larga insuficiente. Sin duda la pueden colar dada la cultura política de las elites políticas y la correlación de fuerzas en el Congreso. La única posibilidad de eludirla es la existencia de una poderosa resistencia social que amenace con movilizaciones y pérdidas de votos a quien ose llevarla a cabo. Y para que ello ocurra es imprescindible tener un discurso de fuerte calado. Basado a mi entender menos en las cuantías de las indemnizaciones (al fin y al cabo una fuente de enormes desigualdades entre grupos de asalariados) y más en los mecanismos de regulación del despido y en los sistema de protección social.

El Presidente del Banco de España lanzó una provocación de mala fe, esta ha sido siempre la línea de los técnicos de la institución. Pero responder al reto exige generar un discurso alternativo que vaya más allá del “Virgencita, virgencita, que me quede como estoy”. Requiere articular propuestas que supongan alterar el actual reparto de riesgos sociales, que supongan crear barreras efectivas a los despidos arbitrarios y que supongan efectiva protección social a las víctimas inevitables de la crisis actual. Siempre se ha dicho que el ataque es la mejor defensa. Quizás llevamos tiempo en continua derrota porque nadie es capaz de plantear más que respuestas defensivas a los ataques de la patronal y sus servidores.

Finanzas y riesgo colectivo

Hemos perdido la medida de la enorme cantidad de fondos financieros entregados a las empresas bancarias en todo el mundo. Sin que de momento se vislumbren resultados claros de esta ayuda masiva, más allá de que ésta ha permitido mantener abiertas (con nombre propio o mediante fusión) a las casas bancarias responsables del problema.

Da la impresión que nadie tiene una idea clara de verdad sobre los criterios de intervención. A excepción de la negativa a nacionalizar el sistema financiero que surge una y otra vez siempre que se pregunta a un “experto” sobre esta eventualidad. La alergia de lo público está tan internalizada en la cabeza de muchos economistas que estos responden a la pregunta sin pensarlo dos veces y casi siempre sin argumentarlo. Y lo cierto es que el aporte de millones de euros no parece haber servido para garantizar la liquidez al sistema económico que justificaba la enorme donación de recursos. Algo que era esperable por dos razones: por un lado, el alto endeudamiento de los propios bancos, necesitados de dinero para cubrir los vencimientos de sus propios créditos y, por otro, su aversión a mantener la política de crédito fácil ante unas empresas y unos consumidores asimismo endeudados.

Es posible que las restricciones crediticias acaben por afectar a empresas saneadas, pero esto, como en la guerra, forma parte de los “daños colaterales” derivados del “gran daño central”. Al final los bancos lo que están haciendo es tomar el dinero aportado por el estado para tapar agujeros y colocarlo en inversiones seguras. Es bastante probable que el resultado final va a ser una enorme masa de endeudamiento público que estará en manos de los propios bancos y que significará una enorme transferencia anual de dinero público hacia los mismos. Si no lo remediamos la deuda y las pérdidas de los grandes bancos pueden trastocarse en obligaciones hacia los mismos del conjunto de la comunidad. Una nueva variante de la usura tradicional que ya han experimentado muchos países en desarrollo y que ahora tiene lugar a escala global.

La población doliente tiene muy poca capacidad de intervención en este campo. Somos como el personaje de la “Ventana indiscreta” que presencia impotente un asesinato que se comete en la casa de enfrente. O al menos esta es la posición en la que nos tiene encajonado el actual marco institucional. Pero podemos empezar a pedir a nuestros parlamentarios que planteen medidas de control, que exijan información pública de los planes de salvamento. Que pregunten por qué no se compran los bancos a su precio de mercado. Que exijan la comparencia de los representantes de la autoridad monetaria para que expliquen cuáles son sus medidas de control. Seguramente habrá pocos parlamentarios dispuestos a ello, pero por alguno habrá. Y también podemos desarrollar alguna iniciativa ciudadana exigiendo información, debates públicos, medidas de control.

Hay demasiado en juego y demasiada lentitud en aplicar medidas. Cuando la evidencia del desastre es patente. Y cuando la de la incompetencia es supina. Por ejemplo en el caso del Banco Central Europeo, presunta autoridad monetaria de la zona euro que, aparte de insuflar liquidez y mover el tipo de cambio (con enorme torpeza: la subida de tipos a principios del 2008 alegando la inflación de las materias primas probablemente agravó la crisis financiera al hacer insostenible las cargas de la deuda de mucha gente), ha sido completamente incapaz de elaborar, sugerir y animar a los estados miembros a llevar a cabo una política común de intervención bancaria. Con el resultado de que cada país ha actuado por su cuenta y el resultado esperable es la persistencia de las incoherencias y del sálvese quien pueda.

Habrá que ver hasta qué punto la propuesta de los países del G 20 europeos de pasar a una regulación estricta de los activos financieros y eliminar los paraísos fiscales se lleva a cabo. De querer, al menos la segunda cuestión debería ser fácil de resolver puesto que una parte importante de los mayores paraísos fiscales son países de la Unión Europea (como Luxemburgo y en menor medida Holanda), colonias suyas (Gibraltar, Jersey, Guernesey, Virginias Británicas, Cayman., Turks y Caicos) o países con estrecha relación comercial (Suiza, Andorra, Liechstenstein, Mónaco). Por esto no estaría mal que en la campaña de las elecciones europeas se interpelara a los candidatos con esta cuestión. Porque aunque el sistema financiero se presenta como un asunto complejo para iniciados, al final sabemos que en este proceso nos jugamos el tener que pagar a una banca incompetente una renta permanente.

Nos jugamos seguir estando sojuzgados por un capital financiero que lleva demasiados años gestionando la economía como un coto privado y colando como intereses de la colectividad lo que es simple y llanamente su propio privilegio social

¿Clases sociales? ¡Eso ya no existe!

¿Clases sociales? ¡Eso ya no existe!

Acabo de leer en la prensa que el fiscal pide año y medio de cárcel para un mendigo que se llevó media 'baguette' de una panadería. Hace unos meses leí que un juez encarceló a dos jóvenes por robar una pizza y dar un empujón al repartidor.

Sin embargo, el fiscal pidió en su día al presidente del Banco de Santander un total de 170 años de prisión y una multa de 46.242.233,92 euros (7.694.060.334 pesetas), además de una responsabilidad civil de 84.935.195,86 euros (14.132.027.499 pesetas) por presuntas actividades como manejar "cerca de medio billón de pesetas de dinero negro, que provenía de fuentes financieras más o menos inconfesables", o entregar "al Fisco información falsa sobre 9.566 operaciones formalizadas que representaban 145.120 millones de pesetas", declarando a tal efecto "como titulares de las cesiones a personas fallecidas, emigrantes no residentes en España, ancianos desvalidos, trabajadores en paro, familiares de empleados del banco, antiguos clientes que ya no mantenían relación alguna con la entidad, etcétera” (entrecomillado sacado de EL CONFIDENCIAL, 21-09-2006).

Sin embargo, el diario El País informó el 27 de mayo de 2008 que para defenderse de la acusación de supuestos favores a ese banco, el ex ministro de economía Rodrigo Rato, presentó un escrito de la ex-Secretaria de Estado de Justicia y ahora Vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, “en la que ésta pidió el 25 de abril de 1996 que se cursaran al Abogado del Estado "instrucciones" sobre su actuación en el caso de las cesiones de crédito", concretamente, pidiendo que no se dirigiera "acción penal alguna por presunto delito contra la Hacienda Pública, contra la citada entidad bancaria o sus representantes".

Gracias a esa actuación de la actual Vicepresidenta del gobierno, Botín no tuvo ni que se juzgado.

El 14 de marzo de 2003, el Tribunal Supremo condenó a Alberto Cortina y Alberto Alcocer por estafa y falsedad en documento mercantil. Un delito flagrante. Recurrieron al Tribunal Constitucional y la Sala Segunda de éste (no el Pleno) anuló esa sentencia aduciendo una sofisticada lectura técnica que permitía decir que los delitos ya estaban prescritos. También evitaron la cárcel.

Y hay gente que sigue diciendo que las clases sociales ya no existen, que son un invento de los marxistas

Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada (Universidad de Sevilla).

Su página web: http://www.juantorreslopez.com