Blogia
Almuñécar contra la corrupción

Anticapitalistas

El huevo y la gallina, los banqueros y el dinero

El huevo y la gallina, los banqueros y el dinero
Sistema Digital

Las entidades financieras españolas se han lanzado a una gran campaña de intoxicación para tratar de convencer a los ciudadanos de que los problemas de financiación que paralizan a la economía productiva española no son culpa suya. Es posible que incluso alcancen su objetivo gracias a que controlan medios de comunicación y a que tienen en sus nóminas (de modo más o menos explícito) a numerosos académicos, periodistas y líderes de opinión. Pero no dicen la verdad.

Su discurso ahora se centra en afirmar que disminuyen el crédito porque no hay demanda suficiente o solvente y no porque sean los propios bancos quienes lo estén racionando por otras razones.

Empezaré por final. Es posible efectivamente que cada vez haya menos demanda solvente para financiación de la actividad productiva pero eso ocurre justamente porque la falta de financiación que han provocado los bancos está ahogando rápida y generalizadamente a los empresarios y a los consumidores.

No se trata de un juego para determinar qué es primero si el huevo o la gallina. Es algo mucho más importante y que puede resolverse objetiva y rigurosamente.

En primer lugar hay que recordar un hecho principal: la banca privada española (y detrás de ella las cajas de ahorros que se han dedicado a copiar su lógica financiera en lugar de estar al servicio de un modelo productivo sostenible y socialmente satisfactorio) ha provocado en los últimos años una burbuja financiera gigantesca que ahora mina su liquidez e incluso su solvencia.

Los datos son irrefutables.

De 2002 a 2008, ¡sí, solo seis años!, la cifra de crédito concedido por entidades financieras españolas ha pasado de 701.000 millones de euros a más de 1,838 billones de euros, lo que supone un incremento del 161%.

Y lo que es aún más exagerado: el 70% de ese incremento se dedicó a financiar el ladrillo, pues el crédito inmobiliario pasó de 347.000 millones a 1,1 billones de euros creciendo, por tanto, un 219%.

El resultado de esta expansión vertiginosa del crédito no ha podido ser otro que una pérdida de solvencia del sector financiero español (además de crear una burbuja inmobiliaria y una especialización perversa de nuestra actividad productiva).

Sería realmente un milagro inexplicable que las familias y las empresas españolas pasaran de soportar una deuda de 700.000 millones de créditos a otra de 1,8 billones en seis años sin que se afectara su fortaleza económica y su capacidad para hacer frente a los pagos. Y de hecho, lo que ha sucedido es que el volumen de créditos de dudoso cobro ha pasado en este periodo de suponer 9.000 millones de euros a 47.000 millones y que la solvencia de las entidades financieras ha comenzado a disminuir sin remedio. Así lo demuestra, por ejemplo, que el patrimonio neto de las entidades financieras representara el 12,3% del total del crédito en 2002 y el 9,5% en el segundo semestre de 2008.

En consecuencia, es una evidencia clamorosa que la primera causa de la situación actual de restricción crediticia y financiera es que ha explotado la burbuja creada por las entidades.

A ello hay que unir además que la banca y las cajas españolas se han contaminado, aunque no haya sido en la misma medida que las de otros países, por la difusión de la basura financiera que la banca estadounidense ha emitido por todo el planeta. No podía ser de otro modo en el entorno de globalización financiera en el que estamos. Y es algo que no se puede negar a la vista de tantas personas como están siendo las que pierden sus ahorros a causa de ello.

En conclusión, las entidades financieras españolas han sufrido y siguen sufriendo el mismo proceso de descapitalización que padece la banca internacional y que incluso puede llegar a calificarse de bancarrota en los casos de Estados Unidos y el Reino Unido, según reconoció en septiembre pasado el mismísimo Paul Volcker.

Es por eso que han reducido su oferta de crédito; sencillamente, porque todos los fondos que logran captar los utilizan para tratar de salvar sus balances, bien tapando la pérdida de valor, bien huyendo hacia delante adquiriendo nuevos activos.

Eso es lo que explica, por ejemplo, que los bancos españoles reciban docenas de miles de millones de euros en préstamos del banco central pero que los utilicen para depositarlos allí mismo mientras los sujetos económicos claman por recibir créditos.

Hace unos días, se conocía que el multiplicador monetario de la economía norteamericana era ya menor que uno. En román paladino eso significa que los bancos han dejado de desempeñar la función a la que teóricamente están llamados: en lugar de dar combustible, prácticamente roban el que hay en la economía.

Eso es lo que está pasando y lo demás es un gran engaño. Y por eso, mientras no se tomen medidas para poner fin a la causa de los males es imposible evitar que la economía se despeñe estrepitosamente.

Los gobiernos no pueden limitarse a dar más dinero a los bancos. El agujero que los banqueros han generado yéndose al casino con el dinero de los depositantes es gigantesco. Solo sería resoluble o a base de proporcionar a los bancos descapitalizados sumas impensables que generarían una deuda de volumen hasta ahora quizá desconocido, o imponiendo una especie de "corralito" mundial pero que de llevarse a cabo seguramente provocaría una respuesta en la calle inimaginable.

O se permite que el agujero siga aumentando o los gobiernos se hacen directamente con los resortes de la financiación para ponerla al servicio de empresarios y consumidores. Pero deben hacerlo directamente, sin el intermedio de los bancos y cajas, puesto que éstos están utilizando y utilizarán los recursos multimillonarios que se ponen en sus manos para disimular el desastre global que han producido.
No hay más remedio. Discutir si fue antes el huevo o la gallina es gratuito. Hay que romper los huevos para hacer la tortilla.

Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada (Universidad de Sevilla). Su página web: http://www.juantorreslopez.com

50 píldoras para entender la crisis

50 píldoras para entender la crisis

El origen y el desarrollo de la crisis

El origen y el desarrollo de la crisis

1. La crisis se origina en Estados Unidos.

2. Para evitar que después del 11-S la economía se viniera abajo se bajaron mucho los tipos de interés.

3. Como al bajar los tipos de interés los bancos ganarían menos, buscaron la  manera de no dejar de ganar.

4. Para ello se lanzaron a la búsqueda desesperada de clientes para sus préstamos y los daban cada vez más a familias con pocos recursos.

5. Los préstamos que daban (sobre todo los hipotecarios) eran muy arriesgados pero gracias a eso los podían dar a tipos de interés más altos.

6. Los bancos (y en general los inversores en los mercados financieros) no se guardan en un cajón los contratos de los préstamos que dan sino que los venden. Esa es una actividad llamada "titulización" que les permite cambiar papel por dinero líquido. Y a partir de ella nacen los "productos derivados", llamados así porque van naciendo, derivándose, unos de otros. Forman el corazón de las finanzas internacionales, como una gran pirámide invertida (porque de uno inicial surgen muchísimos más) que mueve billones de euros solo a partir del papel, sin riqueza productiva alguna detrás.

7. Los bancos hipotecarios estadounidenses vendían sus contratos hipotecarios a unos fondos de inversión que ellos mismos habían creado para tal fin. En realidad se los vendían a ellos mismos pero formalmente aparecían como si fueran  otras empresas y eso les permitía que en sus balances el papel se sustituyera por dinero y así podían dar más créditos, que es lo que les proporciona rentabilidad.

8. Esos fondos de inversión vendían a su vez esos contratos a otros fondos, y estos a otros, y así esos contratos se fueron difundiendo por el sistema bancario internacional.

9. La inversión en esos contratos era muy rentable porque como respondían a hipotecas con tipos de interés más alto que el del mercado también podían dar más rentabilidad que la del mercado.

10. Para colmo, los bancos que originalmente vendían esas hipotecas trataron de disimular que eran muy arriesgadas. Para ello hacían "paquetes" en donde había unas buenas y otras malas. Y, además, contrataban a unas empresas especializadas (llamadas agencias de "rating") para que "evaluaran" si esos paquetes eran buenos o malos. Les pagaban por ello, así que esas empresas decían que, por supuesto, era de la mejor calidad financiera.

11. Pero era mentira.

12. Las familias empezaron a no pagar sus hipotecas y así, lo que antes era muy rentable para el banco ahora dejaba de tener valor.

13. Quienes habían comprado esas hipotecas o los paquetes que las contenían empiezan a tener que registrar las pérdidas patrimoniales correspondientes.

14. Fueron quebrando unos bancos detrás de otros.

15. El sistema bancario de USA y el de Reino Unido llegaron a la  bancarrota y los demás le siguieron o están a punto de llegar a la misma situación.

16. Al ver los bancos que los demás estaban en tantos apuros y que ellos mismos tenían pérdidas muy grandes dejan de darse créditos unos a otros.

17. Cuando los bancos dejan de tener confianza y liquidez para prestar, el dinero empieza a no llegar a la economía real, a los empresarios y los consumidores.

18. La economía real no puede funcionar sin crédito (¿quién puede comprar un coche o una casa o casi cualquier cosa hoy día sin financiación?).

19. Las empresas empezaron a cerrar y a despedir trabajadores.

20. En mitad de ese proceso se produce otro fenómeno: los inversores que ven que las finanzas se han puesto feas para especular allí (que es lo que saben hacer) apuestan por invertir  en otros mercados.

21. ¿En dónde? En los que tienen tendencia a subir los precios, como antes había pasado con el inmobiliario. Ahora lo harán en el del petróleo y en el alimentario.

22. La especulación en el mercado del petróleo subió estrepitosamente sus precios y la de los mercados alimentario también, provocando mucha más hambre y sufrimiento en los países más pobres.

23. Los efectos de la crisis financiera, de la subida del petróleo y del precio de los alimentos desató la descomunal crisis económica que estamos viviendo.

 

España

24. La situación española tiene algo de particular.

25. Los bancos y cajas españolas no habían adquirido grandes cantidades de hipotecas basura y de paquetes contaminados (aunque algunos sí).

26. Pero tenían otra basura: se dedicaron a financiar al sector inmobiliario y crearon una burbuja que ha explotado. 

27. Solo de 2002 a 2008 pasaron de dar créditos por 700.000 millones de euros a 1,8 billones. Es imposible que ese aumento no haya ido acompañado de un incremento inmenso del riesgo, de la insolvencia y de la morosidad. Ahora empiezan a pagarlo y a tener los mismos efectos que los que acabo de mencionar a escala global.

 

Los Estados frente a la crisis

28. ¿Qué han hecho las autoridades?

29. En primer lugar, establecer las normas contables y financieras que permitieron que los bancos pudieran hacer todas las inversiones super arriesgadas que han hecho y que han provocado la debacle. Y, por supuesto, hacer la vista gorda cuando los peligros y los problemas empezaban a manifestarse sin remedio.

30. Cuando estos ya no se podían disimular dijeron que solo se trataba de una crisis limitada a las hipotecas y a Estados Unidos. Mintieron a la gente.

31. Luego empezaron a darle dinero a mansalva a los bancos (las multimillonarias "inyecciones de liquidez" de los bancos centrales) para que taparan el agujero y se siguieren prestando entre ellos y prestaran a la economía real.

32. Pero el agujero era tan grande que no arreglaron nada. Los bancos quebraban uno detrás de otro,

33. Propusieron que los bancos les vendieran los "activos tóxicos" (las hipotecas basura que habían ido difundiendo por la economía) pero no consiguieron nada porque estaban difuminados por todo el mundo y porque son de un  valor gigantesco, prácticamente imposible de compensar.

34. La realidad es que toda la ayuda que  han venido recibiendo los bancos la destinaban a compensar sus pérdida o a lavar la cara de sus balances. Algunos, incluso la dedicaron a repartir beneficios entre sus accionistas y directivos.

35. Los dirigentes de los países más poderosos se reunieron en Washington y en unas pocas horas aprobaron un documento vago y de generalizaciones en el que se daban algunos golpes de pecho y en el que fundamentalmente acordaron dos cosas: que iban a tomar medidas en los mercados financieros y que los gobiernos tenían barra libre para gastar lo que fuese necesario porque la crisis de la economía real se hacía ya muy grave.

36. De las medidas financieras nada se sabe pero sí han aprobado planes de gasto para tratar de que el paro y las quiebras de empresas no sigan aumentando.

 

El futuro

37. ¿Servirán de algo esas medidas?

38. Una cosa está clara: mientras no se curen las causas del cáncer éste seguirá avanzando. Ahora ya han caído muchos bancos. Seguirán cayendo los demás y después vendrá la caída de los fondos de inversión y de pensiones...

39. Los planes de gasto compensarán la pérdida de empleos pero su coste (que recaerá sobre los más débiles y sobre las generaciones futuras) será inmenso si no se cierra pronto la sangría.

40. Y, mientras tanto, los bancos siguen sin abrir el grifo de la financiación. Los gobiernos hacen como que se molestan con ellos pero aquí paz y después gloria. Es más, para dorarle la píldora le hacen rebajas fiscales vergonzosas e inmorales a los banqueros y grandes propietarios, como acaba de suceder en España.

 

Alternativas de progreso frente a la crisis

41. ¿Qué se debería hacer entonces?

42. Hay que tomar medidas urgentes como las siguientes: Evitar la sangría financiera interviniendo los bancos. Abrir inmediatamente el grifo de la financiación. Aumentar la cuantía de los planes de gasto (en particular poniendo capital fondos de financiación a disposición de las empresas que creen empleo) y procurar que no sea inversión despilfarrada (como la que están proponiendo en España algunos ayuntamientos en el plan del gobierno). Establecer impuestos extraordinarios en todos los países sobre las grandes fortunas, sobre los movimientos especulativos y los beneficios extraordinarios.

43.Y por supuesto también son imprescindibles otras medidas con carácter estructural y global: Nuevas normas que regulen y disciplinen las actividades financieras y garanticen la financiación para la actividad productiva. Entre ellas, control de los movimientos de capital, eliminación total de los paraísos fiscales,  establecimiento de Impuestos internacionales, y creación de instituciones internacionales democráticas....

 

Más allá de la debacle financiera

44. Lo que hay detrás de la crisis es la especulación financiera que ha llegado a ser gigantesca y peligrosísima. Pero los capitales se han ido yendo a la esfera financiera especulativa porque allí tienen más rentabilidad relativa.

45. Hay que evitar que la especulación sea más rentable que la actividad que crea riqueza.

46. Para eso hay que penalizar la especulación y sus beneficios, extraordinarios pero letales para el resto de la economía, y hacer que los mercados reales sean más dinámicos y rentables. Y para que esto último sea posible es necesario que haya mucha más demanda y mucha mayor capacidad de compra: hay que subir los salarios reales. De hecho, fue su caída en los últimos años lo que disminuyó la demanda, y con ella las ventas, la producción y la rentabilidad.

 

Lo que hace falta para cambiar las cosas

47. Las medidas y políticas alternativas que acabo de señalar son perfectamente posibles y por supuesto necesarias pero no se podrán adoptar mientas que el poder esté en manos de los banqueros, de los grandes financieros y de los grandes propietarios.

48. Para que haya una economía diferente es necesario que los ciudadanos tengan el suficiente poder para asegurar que sus preferencias democráticamente expresadas se conviertan en decisiones. Lo que hoy día sucede es lo contrario: las preferencias de los ricos son las únicas que lo consiguen.

49. La crisis está mostrando el lado inmoral y criminal de muchas actividades financieras y económicas. Por la ganancia se permite todo. Hay billones euros para ayudar a los bancos y no unos pocos miles para evitar que cada día mueran 25.000 personas de hambre.

50. Las crisis seguirán produciéndose y con ellas el sufrimiento innecesario de millones de seres humanos si no logramos que lo inmoral sea inaceptable, si la ética del respeto a la vida y de la cooperación no se impone sobre la del beneficio. No sufrimos solo una crisis económica. No nos engañemos, es la crisis de un sistema social y económico, de nuestra civilización, de una humanidad que se ha pervertido a sí misma solo para una minoría se harte de disfrutar y de ganar dinero.

La función exponencial

La función exponencial

Fernando Alcalde

Imaginemos una botella en la que introducimos una bacteria que es capaz de duplicar su número cada minuto. A las 11 hay una bacteria; a las 12 la botella esta llena.¿Cuándo estará medio llena? A las 11:59. Cojamos una hoja de papel de  una milésima de centímetro de espesor y doblémosla sucesivamente. Cada vez que lo hacemos duplicamos su valor, así, cuando llevemos diez dobleces, su grosor será de algo más de  un centímetro, en torno a un metro cuando lo hayamos hecho 17 veces, casi un kilómetro y medio en la 27 y...superior a la distancia a la Luna en el 40 intento.

El sistema capitalista cifra el objeto de su actividad en la consecución del mayor beneficio de toda actividad económica productiva para lo que requiere al menos de la participación  de tres elementos: el capital, el trabajo y los recursos naturales, en su doble vertiente de materia prima y de receptor de contaminantes.

De lo anterior se infiere que, en el sistema capitalista, los seres humanos y el planeta quedan supeditados a la maximización de los beneficios económicos. A lo largo de la historia, los impactos de este modelo han sido asimilados en la medida en que el proceso se ha localizado en la parte inicial de la curva de crecimiento, esto es, se han producido desigualdades y externalidades que los sistemas sociales y naturales han ido filtrando a través de rupturas y acomodaciones sociales, en el primer caso, y por medio de la capacidad de aportación y absorción de los sistemas naturales en el segundo, en tanto que estas eran sustancialmente mayores que las demandas y las emisiones producidas. No habíamos alcanzado el centímetro de espesor.

En los últimos 150 años esta tendencia ha cambiado, básicamente, al descubrir la capacidad de los combustibles fósiles para generar trabajo. Un barril de petróleo, que hoy cuesta en torno a los 45 dólares, contiene una cantidad de energía superior a la capacidad de trabajo de una persona durante todo un año. Así, desde la aplicación de este excepcional recurso,  la población mundial se ha multiplicado por 6, la esperanza de vida se ha duplicado y el consumo energético se ha disparado 300 veces.

En este contexto, los impactos sobre los sistemas sociales y naturales han dejado de ser marginales. El sistema social planetario se mantiene contenido en la medida en que la población beneficiaria se reduce cada vez más al minúsculo circulo de los países ricos (14% de la población mundial consume el 80% de los recursos energéticos) y se somete al resto del mundo a condiciones de inestabilidad, hambre y guerra continuadas, como medio para acaparar sus recursos e imposibilitar su acceso a los mismos niveles de demanda del mundo derrochador (2400 millones de personas no tienen acceso a electricidad). Por otro lado, el sistema natural se desequilibra globalmente cambiando las pautas de funcionamiento, contaminando los recursos y provocando una crisis de biodiversidad similar a la de las grandes extinciones.

Entre 1980 y 2007 el mundo consumió mas petróleo que el acumulado desde 1850 hasta 1980, cifrado en un billón de barriles. La demanda en los últimos 22 años ha crecido al 13% anual, lo que significa que duplica su valor cada 5 años aproximadamente y, con él, el consumo de recursos ligados a la economía, la presión sobre los sistemas naturales y el hostigamiento y sometimiento de las poblaciones humanas. Estamos en las 11:59.

La función exponencial es propia a los sistemas productivistas y especialmente al capitalismo, y en ella se encuentra su final escrito. El problema es que no es una función dibujada con lápiz en el papel sino con guerra, muerte, hambre y destrucción sobre la piel del planeta y de la mayor parte de la humanidad.

Los trabajadores luchan, los capitalistas roban

Los trabajadores luchan, los capitalistas roban

Hace años, supismos la historia de unos hombres y mujeres que nunca se rindieron, que se rebelaron contra su destino, que lucharon unidos durante más de diez años hasta recuperar sus trabajos y sus talleres y evitaron que su empresa (Duro Felguera) abandonara Asturies.

Fue uno de los conflicto laborales más largo de la historia europea e hizo reflexionar a muchos sobre las consecuencias del capitalismo global. Fue la lucha de David contra Goliath. Los despedidos de Duro Felguera, estuvieron un año encerrados en lo alto de la torre de la catedral de Oviedo para no ser olvidados. Una lucha ejemplar que tuvo su punto álgido en 1993 y que demostró que “Sí, se puede, luchar contra el Sistema”.

Ahora, nos enteramos por la revista "Interviú" de que el Presidente de Duro Felguera ha sido pillado con las manos en la pasta:

"Entre los nombres que investigan Hacienda y la Fiscalía Anticorrupción destaca el de Juan Carlos Torres Inclán , Presidente de Duro Felguera, corporación industrial con sede en Asturias, que fabrica bienes de equipo y en la que trabajan 2.000 personas, con proyectos abiertos en infraestructuras, centrales térmicas y petroquímicas en tres continentes.

En 2008 tendrá una facturación que se acerca a los 900 millones de euros. Hasta octubre, Duro Felguera había obtenido 38 millones y medio de beneficio.

Entre la documentación intervenida enla calle Serrano, número 26 -sede dela oficina madrileña de Vontobel- la unidad de Hacienda localizó una carpeta con correos electrónicos referidos a la cuenta 66865 de Banque Votobel Géneve, de la que parece titular Juan Carlos Torres Inclán.

Según el sumario, en el mensaje, fechado en abril de este año, el presidente de Duro Felguera solicita al BBVA Miami que transfiera 33.000 dólares americanos (más de 25.000  euros) y valores por un importe de más de 140.000 dólares (108.000 euros) al banco suizo.

En otros correos enviados en junio de 2008 se habla de mandar casi 200.000 dólares (155.000 euros) a la misma cuenta suiza.

Torres Inclán es identificado por los banqueros como el Cliente 804088."

Anguita cree que la crisis no es sólo "económica" y apunta a una III República como solución

Anguita cree que la crisis no es sólo "económica" y apunta a una III República como solución

Julio Anguita, aseguró que la crisis "no sólo es económica", sino también "de ética, de derecho y sobre todo, moral": "Es una crisis del modelo de vida". Para eso, apuntó a una posible III República como solución a la misma y como "referente ético".

Anguila señaló que la situación de crisis "no sólo es económica", sino que también es "financiera, alimentaria, energética, medioambiental, ética, internacional, de derecho y sobre todo moral".

A su juicio, esta es la base de una crisis "del modelo de vida" y añadió que la "única" manera de afrontarlo es "desde un renacer de la conciencia ética y cívica", lo que a su juicio se traduce en la República.

"De la edad sin libros a la edad de la televisión"

Tras señalar que, tal y como se decía en tiempos en que él estudiaba, España ha pasado "de la edad sin libros a la edad de la televisión", "sin solución de continuidad", reiteró la necesidad de construir un "referente ético" con "características propias" desde el que deben plantearse los "ejes concretos" sobre los que vertebrarse.

"Voy a hacer un proyecto de República", reiteró Anguita antes de explicar que, en la actual época de crisis, "con problemas aparentemente más importantes", la gente puede pensar que su propuesta es "un capricho propio de un narciso político" aunque, aclaró, su respuesta se adecua al problema "realmente existente".

"El sistema está en crisis pero el propio sistema ha generado unos valores que los que lo negaban lo han asumido ya que en amplios sectores de la población de izquierdas el consumismo está asumido y también el atacar la naturaleza como algo inherente al crecimiento económico", subrayó antes de aseverar que el propio concepto de crecimiento económico "está herido de muerte".

A su juicio, hay que hablar de "decrecimiento económico" y, por esa razón, su propuesta va "más allá" ya que hay "mucha gente de izquierdas" en ámbitos como el laboral o el sindical que, a la hora de ser consumidores, son de "derechas", como también en las relaciones familiares, concluyó.

La política fiscal es cada vez menos progresiva y redistributiva: Las políticas de Igualdad de Zapatero

La política fiscal es cada vez menos progresiva y redistributiva: Las políticas de Igualdad de Zapatero
Nueva Claridad

Según las estadísticas el salario medio de los españoles ronda los 1.500 euros al mes, aunque una media más realista, sin embargo, sería la que marca el llamado «mileurismo», es decir, 1000 euros al mes (lo que gana la mitad de los trabajadores y trabajadoras según datos de la Agencia Tributaria). No se nos debe escapar la nada desdeñable cantidad de trabajadores cuyo sueldo ronda los 800 o 900 euros mensuales, trabajadores de empresas de telecomunicaciones y telemarketing, comercio, contratas de servicios públicos privatizados (aguas, obras, parques y jardines, …) etc. Aún por debajo de éstos se encuentran alrededor de un millón de inmigrantes «con papeles», trabajadores del campo, de los servicios domésticos, etc; que ni siquiera alcanzan esa cantidad. También los hay por arriba, así un importante número de trabajadores ronda los 2.000 ó 3.000 euros al mes, y de ahí hacia arriba hasta llegar al millón de euros anual y en algunos casos más, que de media vienen a cobrar los miembros ejecutivos de los consejos de administración de las grandes empresas. Para finalizar, los futbolistas y otros deportistas de élite que perfectamente pueden cobrar dos o tres millones de euros al mes.

Pues bien, para que nadie diga que el gobierno Zapatero no hace políticas de igualdad, hace algún tiempo decidió considerar a todos los españoles iguales a la hora de repartir ayudas económicas; de esta manera el conjunto de los ciudadanos-as españoles pasaba a ser IGUALES independientemente de su raza, religión y credo, pero también de su situación económica. Es decir, da igual el dinero que cada uno gane, porque a la hora de repartir ayudas daremos a todo el mundo lo mismo. ¿Insólito? Pues real, porque así es como se hizo, si bien en algunos casos la realidad supera a la ficción, porque se acaba dando más a quien más tiene, y nada a quien menos tiene. Inaudito… pero real.

El cheque bebé

Para ayudar al gasto que supone para las familias la crianza de los hijos, y así de paso no desanimar a que sigan naciendo, se establece una ayuda de 2.500 euros por nacimiento para todos por igual. Es decir, lo mismo para la familia inmigrante que con su sueldo no tiene ni para pañales, que para los hijos y nietos de las familias Botín, del Pino o Amancio Ortega por citar algún ejemplo, con fortunas que oscilan entre los 2.000 y los 10.000 millones de euros (billón y medio de pesetas) cada uno, según los casos.

Gran parte de ese dinero acabará en guarderías privadas ante la evidente falta de guarderías públicas. Por ejemplo, con el dinero invertido en el cheque bebé, se podría crear una red completa de guarderías públicas para todos y para siempre, en un año; sin embargo con esta medida se ha optado por financiar a entidades privadas en lugar de crear infraestructuras de servicios públicos y gratuitos.

Es evidente que hay familias que necesitarán una ayuda no de 2.500 sino de 5.000 euros, si quieren sacar adelante y con tranquilidad a sus hijos pero, no podrán obtenerla porque los otros 2.500 ya se los dieron a una familia que en absoluto los necesitaba, y que seguro que se mueren de risa por recibir para pañales lo que se gastan en puros, en zapatos o en chanel, día sí y día también. ¿Inaudito? No, real.

Ayudas a la vivienda o la perversión máxima

De nuestros impuestos nos dan un poquito para que se lo entreguemos a quienes nos roban todos los días.

En los últimos años y merced a las políticas urbanísticas generadas y la falta de control público, los precios de viviendas para compra y alquiler se han disparado hasta límites insultantes. Constructores y arrendadores se han forrado literalmente especulando con los precios de la vivienda ante la mirada impasiva o cómplice y colaboradora de nuestros gobernantes. La vivienda, que es un derecho reconocido en la Constitución y por tanto debiera ser un bien de uso, se ha convertido en un bien de intercambio con el que especular hasta límites insospechados. En países como Cuba la vivienda es un bien protegido que pertenece a sus dueños en calidad de usufructuarios de la misma. Es decir, la vivienda la proporciona el Estado a las familias de manera que, pasa a ser una propiedad familiar que se hereda de padres a hijos con la limitación de no poder venderla a terceros. De esta manera se evita la posibilidad de especular con su precio, y por lo tanto se convierte en un bien de uso y no en una mercancía de intercambio. Dentro del sistema capitalista y las leyes del mercado, se ha desprotegido el derecho a la vivienda y su valor como bien de uso, transformándolo en una mercancía de intercambio con la que especular a marchas forzadas.

Pues bien, llegado un punto de inflexión en el que constructores y arrendadores han ganado más de lo que nunca hubieran podido imaginar, y miles de familias de trabajadores no pueden pagar el coste de sus viviendas ante los precios abusivos de éstas y por ende de hipotecas y alquileres, el gobierno decide poner manos en el asunto, y en lugar de cortar por lo sano y establecer un sistema de precios tasados para la vivienda protegiéndola como el bien de uso que debiera ser, no interviene en la política especuladora de precios y decide dar un dinero a las familias para que puedan seguir pagando las abusivas hipotecas y alquileres. Sobre todo los alquileres, con ayudas directas que oscilan entre los 100 y 200 euros al mes. De las hipotecas ya se encargan los propios bancos ampliando los plazos para que los hijos de los hipotecados hereden junto con la casa su respectiva hipoteca; todo ello bajo la protección económica del gobierno que decide ante la «crítica» situación de los bancos debido a la morosidad de sus clientes, inyectar dinero público a bajo interés en el sistema financiero con el fin de que éstos no pierdan su tasa de ganancia.

Resultado final, pues que del dinero recaudado con nuestros impuestos, nos dan un poquito para que se lo entreguemos a quienes desde años nos vienen estafando. O sea que, en lugar de recortar sus disparatados beneficios obtenidos a nuestra costa, el gobierno nos da un poquito de dinero recaudado entre todos, para que se lo sigamos entregando a los especuladores. ¿Inaudito? No, cierto. Pero… ¿quién gobierna, el gobierno …o especuladores y bancos?

Por cierto, muchos arrendadores no tardaron en subir el precio de los alquileres para así repartirse el dinero del gobierno con sus inquilinos. 100 para ti y otros cien para mí, como así ha sido denunciado por muchos inquilinos ante las oficinas del consumidor.

La ayuda económica para todas las familias… menos para las que más lo necesitan

Hace unos meses y ante la crisis que ya se empezaba a vislumbrar, el gobierno decide que había que fomentar el consumo interno para reactivar la economía. Claro, en el sistema capitalista cuando se habla de reactivar la economía, se refiere a que no dejen de ganar los que siempre ganan, por lo tanto una crisis económica no se resuelve con medidas de ahorro y austeridad sino con medidas que favorezcan consumir más. Así, deciden otorgar a las familias una cantidad de dinero estipulada en 400 euros de media, con el fin de que éstas puedan seguir gastando y mantener el consumo. Éste dinero se ofrece vía deducción directa del IRPF para la declaración del próximo año, y en el año en curso mediante un ingreso extra en el mes de julio y una pequeña parte en los sucesivos meses hasta alcanzar el total. En definitiva, una devolución de la declaración de la renta.

Claro, Hacienda sólo devuelve dinero a los contribuyentes que previamente han pagado vía retenciones. La política fiscal es cada vez menos progresiva y redistributiva, pero al menos en las formas todavía se mantiene el sistema de que se retiene más a quien más gana y se retiene menos o nada a quien menos gana. Por la misma cuestión, se devuelve a quien previamente se le ha retenido, es decir a quien gana y tiene; y no se devuelve nada a quien previamente no se le ha retenido, es decir a quien gana poco o no gana y por lo tanto no tiene.

Qué sucede entonces. Pues que muy probablemente una cantidad de hasta cinco millones de personas (pensionistas y desempleados principalmente) no han recibido ni recibirán ni un duro de esta ayuda ya que, ganan poco y por lo tanto no tienen retenciones de hacienda. Es decir, se ofrece una pequeña ayuda económica para fomentar el consumo a quienes ya de por sí pueden consumir; y no recibirán ni un duro para aumentar su consumo quienes ya de por sí tienen un nivel exiguo de consumo dada su precaria situación económica. ¿Inaudito? No, real.

El impuesto del patrimonio

Desde hace algunos años las Comunidades Autónomas gobernadas por el PP, han ido suprimiendo el impuesto del Patrimonio que grava con impuestos a las rentas más altas. Y lo han venido haciendo debido a que este impuesto ha sido descentralizado y lo gestionan directamente las comunidades autónomas. En la campaña electoral de las pasadas elecciones generales, Zapatero se comprometió si ganaba, a eliminarlo por completo en todo el país. Si el PP da dos…, zapatero cuatro.

La excusa de Zapatero fue que dicho impuesto acaba recayendo en las clases medias, ya que los ricos siempre tienen sus triquiñuelas y se las ingenian para no pagar. Y no le falta razón en parte ya que, el número de declarantes del patrimonio del último año que declaraban más de 10 millones de euros ha sido de solo 727, mientras los datos del Ministerio de Hacienda detallan la existencia de 3.299 personas con dicho patrimonio. El fraude es más que evidente entre los que más tienen, pero suprimir este impuesto debido al alto fraude existente, es como dice Juan Torres López en su página web, como suprimir el código de la circulación dada la gran cantidad de infractores sin castigo que existe. Lo que se debe hacer desde un gobierno decente es implementar medidas eficaces contra el fraude fiscal, en especial dentro de las clases económicamente privilegiadas, y no reirse en nuestra cara con argumentos tan simples.

Además tampoco es cierto que dicho impuesto recaiga sobre las clases medias principalmente. A pesar de la gran cantidad de defraudadores entre los más ricos, todavía por suerte siguen siendo éstos quienes más aportan a través de este impuesto. Es cierto que hay más cantidad de declarantes con patrimonios medianos, pero en cómputo global aportan menos cantidad de dinero que los declarantes de patrimonios altos a pesar de ser menos. En concreto los declarantes con mayor patrimonio aportan 1.323 veces más dinero que los declarantes de menor patrimonio, según datos de Juan Torres López. Esa misma cantidad es la que ahora los ricos de este país se ahorrarán con la supresión del impuesto. Todo esto se puede visualizar gráficamente en la memoria de la Administración Tributaria que se publica todos los años, y mejor explicado y con más datos en la web de altereconomía y la propia página de Juan Torres López. En total 1.200 millones de euros (200.000 millones de pesetas) que se dejarán de recaudar desde ahora… y para siempre.

Una nueva política de «igualdad» para que los que más tienen paguen menos. ¿Increíble? Pero cierto.

Menos impuestos para los ricos

España comienza a ser junto a EE. UU. uno de los países con mayores desigualdades económicas entre su ciudadanos. Los tipos marginales de la parte alta de la escala de gravamen de la declaración del IRPF, es decir, el que se aplica a las rentas económicas más altas, han ido descendiendo vertiginosamente en los últimos años. Ni siquiera el PP de Aznar consiguió rebajarlos tanto como lo está haciendo el gobierno de Zapatero, llevando con ello a que la carga fiscal en España sea soportada cada vez en mayor medida por los trabajadores asalariados, en beneficio de las personas con rentas más altas. Para compensar esa falta de igualdad, nuestro país ha pasado a ser el segundo (sólo superado por EEUU) del conjunto de los países desarrollados, con mayor gasto en seguridad y policía. Un 2’1% del PIB en tanto un 2’2% por parte de EEUU (datos de Vicenç Navarro, Catedrático de Políticas Públicas (UPF) en El Periódico). Esta es una característica propia de los países con mayores desigualdades. Como contraste, Noruega, 0,9%; Suecia, 1,3%, y Dinamarca, 0,9%, son los países que tienen menos desigualdades y gastan menos en policía y seguridad.

Zapatero creó el Ministerio de Igualdad pero… éstas y no otras son las verdaderas políticas de «igualdad» de nuestro gobierno.

El lado oscuro de la Ley de Dependencia en Andalucía

La "Ley de promoción de la Autonomía personal", más conocida como Ley de Dependencia está suponiendo, en su aplicación práctica, un incremento de la desigualdad social y económica, presenta un impacto de género demoledor y va a constituirse en un mecanismo para la acumulación de capital mediante la privatización de un servicio público, realizando un retorno neto de impuestos y renta del trabajo al capital.

En numerosas comarcas y pueblos de Andalucía, cientos de trabajadoras del Servicio de Ayuda a Domicilio están recibiendo preavisos verbales de despido. Son mujeres que desde hace años vienen realizando para los servicios sociales comunitarios, ya sean municipales o de mancomunidad, tareas de atención a personas dependientes. Estas tareas: limpieza del domicilio, curas básicas, aseo personal o alimentación, pasan a gestionarse ahora a través de la Ley de Dependencia. Esta ha sido la excusa encontrada por muchos alcaldes, especialmente del PSOE, para considerar la prestación del servicio como "nueva" y, desde esta perspectiva, entender que pueden adjudicarla de forma directa a una empresa concesionaria a la que no se exige el mantenimiento en el puesto de trabajo de las mujeres que hasta el momento, venían realizándolo.

Como sólo quedan unos meses de prestación del servicio en este año 2008, y por tanto la cuantía del mismo es pequeña, los alcaldes están adjudicando el servicio de manera directa, sin concurso ni pliegos de condiciones, en muchos casos a empresas "amigas" -siempre la misma- a las que no se exige nada en materia de cualificación del personal o de cumplimiento de convenios colectivos. Tenemos así casos de trabajadoras que están cobrando 4€ ó 5€ por hora, un salario que no cubre el tiempo ni gastos de desplazamiento y que acaba suponiendo que una mujer que trabaja 50 horas semanales cobra tan sólo 40, por un salario total de 650€ mensuales, es decir, por debajo del umbral de la pobreza. En no pocos casos las trabajadoras son obligadas a firmar compromisos de sumisión laboral, renunciando a futuras exigencias con respecto a las condiciones de trabajo. Estas empresas concesionarias reciben por la prestación de servicios 12€ por hora, de los cuales se embolsan una cantidad cercana al 50%, obteniendo unos beneficios exorbitantes con la connivencia casi total de las autoridades locales.

Todo esto se enmarca en la política cicatera de la Junta de Andalucía , que para este año 2008 previó la necesidad de destinar 270 millones de euros para atender los 35,000 casos de gran dependientes que esperaba tener que afrontar. A mes de noviembre, y según datos aportados por la propia consejera de bienestar social, Micaela Navarro, ya hay valoradas 80,000 personas y hay al menos otras 34,000 a las que corresponderá algún tipo de prestación . Esto significa que las previsiones de la Junta de Andalucía se quedaron cortas en un 300% -nadie ha dimitido ni ha sido cesado- y que al gobierno andaluz le van a faltar algo más de 500 millones para llegar a los casi 800 necesarios para cubrir las prestaciones por dependencia este año 2008. Aunque parezca increíble, para el próximo año 2009, en el que se prevé la entrada de otras 40,000 personas al sistema de dependencia la Junta ha presupuestado tan sólo 530 millones de euros, es decir, 270 menos de los que ya este año necesita y algo así como la mitad de la cifra real necesaria.

Con estas cifras, no es de extrañar que el PSOE esté presionando a sus alcaldes para intentar abaratar al máximo el coste de la prestación de los servicios relacionados con la dependencia. Mientras, el número de Ayuntamientos que se resisten a esta lógica -casi todos ellos gobernados por IU- es muy escaso, y tienen que asumir desde las maltrechas arcas municipales un esfuerzo que deberían estar haciendo las administraciones central y autonómica.

Que la Ley de dependencia, presentada como cuarto pilar del estado del bienestar acabe creando miles de paradas, salarios de hambre, servicios de mala calidad y enriquecimiento de cuatro amiguetes del PSOE-A es un verdadero despropósito. Algo que, al parecer, sólo puede pasar en Andalucía. La respuesta sólo puede venir de las propias mujeres afectadas y de sus familiares. Urge la organización de una lucha laboral en red, dispersa y de honda raíz social que logre la implicación no sólo de las mujeres afectadas, sino de sus familiares e incluso de las personas dependientes y sus familias que tienen que tener presente que una mano de obra en semiesclavitud difícilmente va a proporcionarles la calidad del servicio que merecen.

Los banqueros españoles aumentaron en 40 millones de euros sus retribuciones en 2008: ¿Es discutible cobrar 54.795 euros al día?

La urgente necesidad de dinero público por parte de los bancos contrasta con la abundancia de los sueldos privados de sus directivos. Durante la crisis, las principales entidades financieras continuaron ampliando sus beneficios.

Alemania se encuentra ya en recesión. Islandia, hasta ahora en el primer puesto en calidad de vida, se ha declarado en quiebra. La crisis arrastra consigo el liderazgo financiero de EE UU. Y en el caso español, habría que retroceder a principios de los ‘90 para ver datos igual de negativos. A primera vista, los pilares del sistema financiero se derrumban. Pero esta situación resulta menos dramática si se mira desde la cúspide. En EE UU, algunos datos han generado indignación, como al saberse que en 2007 los máximos ejecutivos de las 16 entidades más afectadas por la crisis obtuvieron 236 millones de euros, un 30% más que en 2005.

Ésta y otras situaciones han llevado a que se abra el debate sobre las retribuciones obscenamente altas obtenidas por quienes provocaron la crisis. Países como Alemania y Francia estudian fijar un límite a las retribuciones excesivas. La medida, sin embargo, no figura en la agenda del Gobierno español. En líneas generales, los ejecutivos españoles quedan lejos del caché hollywoodiense de sus homólogos estadounidenses, pero ello no quiere decir que destaquen por su austeridad. En marzo de 2007, el presidente del BBVA, Francisco González, reconocía ante las críticas de algunos accionistas que su sueldo (9,7 millones, con un fondo de pensiones de 10 millones, lo que suman 54.795 euros al día) es “éticamente discutible”.

A la misma altura que el presidente del BBVA se encuentra Alfredo Saenz, vicepresidente del Santander, quien se embolsa 9,6 millones de euros al año. Y cerca de ellos se encuentra Ignacio Galán, de Iberdrola, con un sueldo anual de 7,2 millones. Como media, la élite empresarial española cobra al año 235.000 euros. El dato es orientativo, ya que primas, bonificaciones y gastos pueden aumentar en un 20% el salario. Y la cuenta se multiplica con planes de pensiones. Así, el Santander cuenta con 251 millones de euros para cuando sus consejeros decidan irse a casa. Y el BBVA, 125 millones.

En el pasado, ambos bancos se han visto envueltos en juicios debido a escandalosos planes de pensiones. En 2005, la Audiencia Nacional absolvía a Emilio Botín y a los ex directivos José María Amusátegui y Ángel Corcóstegui de los delitos de apropiación indebida. La razón : los 43,7 millones recibidos por Amusátegui al salir del Banco y la jubilación de 108 millones de euros percibida por Corcóstegui, un récord en la banca española. Ese año, el ex presidente Emilio Ybarra fue considerado culpable por la Audiencia Nacional de apropiarse indebidamente de dinero del banco, al abrir un fondo de pensiones con 21 millones de euros procedentes de una cuenta secreta en el paraíso fiscal de Jersey. Un año después, en 2006, el Tribunal Supremo absolvía a Ybarra.

A pesar de la crisis, los salarios de los banqueros no se han visto reducidos. La banca española ha sido una de las menos afectadas por el derrumbe financiero, y en los primeros meses de 2008 se hizo con unos beneficios de 22.400 millones, un 3% más que en 2008. En las remuneraciones personales, el aumento es más boyante. Hasta junio, los miembros de los consejos de administración de las 14 entidades financieras que cotizan en bolsa ganaron 115,6 millones, un 54% más que en 2007, que suponen un aumento de 40 millones en las retribuciones. Nada de esto impidió que el pasado 5 de octubre el Gobierno destinase 30.000 millones para comprar activos de bancos y cajas que faciliten los créditos. Dicho de otra forma : dar a los bancos el equivalente al 20% de los presupuestos generales del Estado para que los ciudadanos puedan seguir pidiéndoles dinero.

Papá Estado que estás en los cielos

Papá Estado que estás en los cielos

Venga a nosotros tu reino.

Fue expulsado del estado español. Lo multaron con 3.240 euros. El “crimen” de este senegalés: vender 45 DVD de películas y 147 CD de música. Falsificados todos. Sentencia de un tribunal de Granada. El pasado enero. No fue a prisión. Pero por no tener permiso de residencia.

Mientras, la aseguradora AIG se fue arruinando. En Estados Unidos. Sus ejecutivos derrocharon miles de dólares. En lujos y placer. Directivos de Freddie Mac. Otra empresa quebrada. Cabildearon a consultores republicanos. Querían frenar una propuesta de ley. Una que imponía mecanismos de supervisión a sus “negocios”. No tiene permiso de residencia. El senegalés. Los encorbatados sí. La justicia está enladrillada, ¿quién la desenladrillará? el desenladrillador que la desenladrille, buen desenladrillador será.

Perdona nuestras deudas.

El plan de rescate de algunos países de la UE sobrepasa los 2,39 billones de dólares (1,9 billones de euros). Con ese capital y si es necesario, los estados podrán comprar participaciones en bancos, garantizar los préstamos entre las entidades y adquirir activos. En la otra orilla del charco, el plan de rescate presentado por George Bush alcanzaría la cifra de 700.000 millones de dólares. Sin embargo, el gobierno norteamericano ya ha invertido 765.000 millones de dólares distribuidos de la siguiente forma: 150.000 en devolución de impuestos para fomentar el consumo, 300.000 para créditos hipotecarios blandos, 200.000 en la quiebra de las agencias hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac, y 115.000 en la nacionalización de ciertas empresas como la aseguradora AIG, que supuestamente serán recuperados con la venta de sus activos.

Dinero utilizado en USA para afrontar la crisis: 765.000 millones de dólares. Dinero público para futuros rescates en USA: 700.000 millones de dólares. Dinero público para futuros rescates en la UE: 2,39 billones de dólares. Total: 3,85 billones de dólares.

Así como nosotros perdonamos a nuestros deudores.

La cifra total del que podría ser el mayor robo de la historia jamás contado, equivale a la suma del PIB de la India y Turquía en 2007. Multiplica por dos al de Brasil y al de África. Por tres al de México España o Italia. Por siete al de Argentina. Por diez al de Uruguay.

La deuda externa de los países del sur (mal nombrados subdesarrollados) era de 2,5 billones de dólares a inicios de este milenio. Si el capital dispuesto para salvar bancos, se destinara a salvar países, seguirían sobrando 1,35 billones. En junio de 2005, el G-8 anunciaba una reducción de la deuda para cerca de 40 países fuertemente endeudados, por un monto de 55.000 millones de dólares. Un pequeño frasco de pomada, si se compara con las costosas y enmarañadas operaciones quirúrgicas realizadas al sistema financiero.

1400 millones de personas viven en la extrema pobreza y según la FAO, 923 millones sufren hambre en el mundo (75 más que el año pasado). Para erradicarla, el director de dicho organismo reconoció que hacen falta 30.000 millones de dólares anuales. Sólo logró recaudar 7.500 para cuatro años, arriesgando de esta manera uno de los objetivos del milenio. Comprar comida hasta el 2015 (en los mismos países afectados y no los excedentes de USA), costaría 240.000 millones de dólares (30.000 X 8 años). Seguirían quedando 1,11 billones.

La Ayuda Oficial al Desarrollo del Gobierno Bush sumó 27.500 millones de dólares en 2005. Un 2% de lo empleado en sus planes de salvamento. Todos los países ricos ofrecieron cerca de 100.000 millones de dólares en 2007, pero según la ONU harían falta 18.000 millones más. Se podría abonar dicho incremento en los próximos 10 años -180.000 millones- sin exigir cambios en las políticas internas y se dispondrían aún de 930.000 millones.

Uno de los objetivos del milenio establece que todos los escolares del mundo deben acabar el ciclo de primaria en el año 2015 ¿Una fantasía? Según la Alianza Española Contra la Pobreza, esta meta no se alcanzará en la fecha estipulada. 75 millones de niños y niñas no están escolarizados, gracias en parte a que sus estados gastan más dinero en la deuda externa que en formación. Según dicha Alianza, en el año 2006 los países con rentas bajas recibieron 5.000 millones de dólares de ayuda directa para educación. No obstante, harían falta 6.000 millones más para completar el objetivo. Si se garantizaran hasta el 2015, se precisarían 48.000 millones de dólares (6.000 X 8 años). Restarían 882.000 millones de dólares.

2.400 millones de personas no tienen acceso a saneamiento adecuado y más de 1.000 carecen de agua potable. 2 millones de niños y niñas mueren al año por enfermedades que se propagan por el agua sucia y/o instalaciones sanitarias inadecuadas. La ONU calculó en 2001 que se necesitarían 23.000 millones de dólares anuales para proporcionar agua potable y saneamiento a todos los habitantes del planeta, cumpliendo de esta manera otro objetivo del milenio en 2015. Una vez más la estimación no se alcanzaba ya que se dirigían 16.000 millones. Asignar los 7.000 millones anuales que faltan significaría un total de 98.000 millones de dólares (7.000 X 14 años). Todavía constarían 784.000 millones de dólares.

A nivel mundial, en el año 2006 morían 72 niños y niñas menores de 5 años por cada 1.000 nacimientos vivos y entre los años 1990 y 2005, la mortalidad materna apenas disminuyó un 1%. Con estas cifras se está lejos de cumplir uno de los objetivos del milenio. En el mismo año y según la ONU, se canalizó la rácana cifra de 3.500 millones de dólares para mejorar la salud materna, neonatal e infantil. Harían falta 7.000 millones más al año, es decir, 56.000 millones de dólares para los próximos 8. En la alcancía aún repiquetearían 728.000 millones.

Decenas de millones de personas fallecen al año por SIDA, tuberculosis, malaria y otras enfermedades. En 2006 se estimó que la cifra para lograr conseguir el objetivo del milenio en cuanto a la reducción de la mortalidad por estas y otras patologías, debería ser de 20.000 millones de dólares. Huelga decir que no se ha logrado reunir dicha suma. Si se tomara como referencia y se abonara hasta el año 2015, se necesitarían 200.000 millones de dólares (20.000 X 10 años). Aún existirían 528.000 millones para seguir cambiando el mundo.

10 millones de jóvenes mueren al año de neumonía, sarampión y tétanos, según Save The Children. El tratamiento por persona en cada una de estas tres enfermedades costaría 30 céntimos de euro, 15 y 40 respectivamente. Aplicar todos los tratamientos supondría un monto total de 10 millones de dólares. A dólar por niño. Calderilla. Vergonzoso.

A modo general, para avanzar en la consecución de los objetivos del milenio harían falta 150.000 millones de dólares anuales hasta 2010. En septiembre de 2008, en un encuentro celebrado por la ONU en Nueva York, los países desarrollados sólo lograron aportar 16.000 millones. Una broma de mal gusto si se compara con las ingentes cantidades aportadas para lubricar el sistema bancario mundial.

En la Cumbre del Milenio del 2000, se constituyeron una serie de metas a cumplir en el año 2015. Se denominaron objetivos del milenio y la mayoría se han relatado en este artículo. Posiblemente serían accesibles e incluso se podría aspirar a mucho más, si se empleara de una forma más altruista el dinero público disponible para salvar a bancos corruptos. Probablemente seguiría sobrando dinero que se podría destinar a otros fines. Por ejemplo, para reducir el analfabetismo a la mitad, que según la UNESCO, afectaba a 700 millones de personas en 2005. Dicho objetivo se fijó en el Foro de Dakar y requeriría 26.000 millones de dólares.

No nos dejes caer en la tentación.

El 27 de octubre, rebelion.org publicaba un amplio artículo de Éric Toussaint, sobre las causas de la crisis alimentaria. El autor narraba como el banco belga KBC, inició una campaña publicitaria para animar a la ciudadanía a invertir en seis alimentos básicos. Sus anuncios proclamaban sin pudor alguno: “¡Sacad ventaja del alza de precios de los productos alimentarios!”. Según Toussaint, la publicidad presentaba como una “oportunidad” la “penuria de agua y de tierras agrícolas explotables”, que deriva en “una escasez y una consecuente alza de precios de los productos alimentarios básicos”. 

Casual y paradójicamente, ese mismo día, los medios de comunicación informaban en sus páginas de economía que el gobierno belga había decidido inyectar 3.500 millones de euros al KBC. ¿Servirá el capital público para promover y agudizar el hambre a través de la especulación criminal de los terroristas de guante blanco? Y la gran duda que me acongoja tras escribir este artículo ¿Podrá pagar la comida el senegalés expulsado por vender DVD piratas?

 

Escritor, autor de “El parque de las hamacas”. http://www.elparquedelashamacas.org/

 

 

(Versión del artículo con bibliografía, en: http://www.elparquedelashamacas.org/html/biografia.html)

Las causas de la crisis y sus soluciones

Los grandes medios de comunicación, e incluso los propios gobiernos, abordan con muy poca claridad y con mucho menos pluralismo el análisis de la crisis que nos afecta. Eso confunde a los ciudadanos pero es gracias a esa confusión que pueden ir colocando las medidas que adoptan para favorecer a la banca como si se tratara de las únicas respuestas a la crisis y las mejores para todos.

Para entender lo que está pasando hay que tener en cuenta que la crisis tiene cuatro causas inmediatas principales y otra más profunda y grave.

La primera de las causas inmediatas es la desnaturalización progresiva del negocio bancario. En lugar de seguir sirviendo para trasladar los recursos financieros desde los ahorradores a los inversores productivos, que son los empresarios que crean empleo y riqueza y los consumidores, lo que vienen haciendo los bancos desde hace años es trasladar ese ahorro hacia la especulación financiera. Un proceso que se ha ido agigantando con el paso del tiempo hasta llegar al paroxismo actual que ha hecho estallar a todo el sistema bancario mundial.

Frente a eso no hay otro remedio que hacer volver las aguas a su cauce estableciendo una nueva regulación de la actividad bancaria en todo el mundo para evitar que los bancos se dediquen a alimentar el monstruo de la especulación en lugar de proporcionar la financiación que necesita la economía real.

La segunda es que en los últimos años se han ido desregulando cada vez más los mercados financieros, es decir, concediendo una libertad ilimitada a los capitales y a los que los movilizan por todo el planeta en busca solamente de ganancias financieras. La excusa era la ideología falsa según la cual los mercados son capaces por sí solos de enjugar el riesgo y de volver siempre el equilibrio. Pero lo que en realidad se hizo no fue desregular de verdad sino establecer otras normas, una regulación que yo califico de tramposa, orientada a proporcionar opacidad a los negocios turbios e ilegales, a la corrupción, y a la inversión super arriesgada, y a facilitar los chanchullos y la creación de chiringuitos financieros.

Esto no tiene más arreglo que acabar con ese mundo de privilegios, con las entidades que utilizan para llevar a cabo sus negocios y con los trucos de ingeniería financiera que sirven para ocultar el riesgo y la inestabilidad que llevan consigo los negocios financieros meramente especulativos. Es decir, estableciendo lo que en puridad se denomina un marco de represión financiera frente a la liberalización que permite que los más ricos y poderosos del mundo puedan hacer lo que les venga en gana con los recursos de todos.

En tercer lugar, estamos comprobando que a pesar de que el universo financiero (en donde se concentra el mayor volumen de medios de pago y fuentes de financiación) responde solo a una lógica especulativa ajena a la actividad productiva real, ésta es en realidad esclava de la especulación y de lo que ocurre en ese universo. Por eso, cuando se producen perturbaciones en los mercados financieros dedicados a la especulación la economía productiva enseguida se ve afectada y entra en crisis. Una veces, porque la propia especulación afecta a mercados reales (como ha ocurrido con el petróleo o los alimentos), otras, como en estos momentos, simplemente porque carece de la financiación básica que necesita para funcionar.

La única solución a este problema consiste en romper esa dependencia letal y garantizar a la actividad empresarial y al consumo los flujos de financiación adecuados que puntualmente necesita y en condiciones no competitivas con la actividad especulativa. Es imprescindible, pues, otro tipo de banca y es particularmente deseable un nuevo tipo de banca pública para que haya completa seguridad en los flujos financieros.

Finalmente, no se puede olvidar que los intercambios económicos necesitan inexcusablemente un orden financiero internacional y que hoy día vivimos en un auténtico no-orden porque el viejo se concibió en torno al dólar que hoy día es una moneda sin el suficiente respaldo como para constituirse en la base del sistema monetario y financiero internacional.

Para este problema no hay más solución que poner al dólar en su sitio e instaurar un nuevo sistema monetario internacional sólido, estable y bien regulado.

Pero junto a estas causas hay otra de la que no hablan los poderosos.

El origen último de esta crisis gigantesca es la explosión de una bomba de relojería que tiene un nombre concreto: la especulación financiera exacerbada.

Pero ¿por qué se ha podido producir en los últimos años una acumulación de recursos tan grande y, tal y como estamos comprobando, tan dañina en los mercados especulativos? Y ¿cómo hemos podido llegar a una situación como la actual en la que más de dos billones de dólares circulan cada día sin control o sin impuestos en los mercados de divisas vinculados solamente a operaciones especulativas, sin relación alguna con el comercio real?

La respuesta es fácil. En los últimos decenios las políticas liberales han reformado los mercados laborales, han domeñado a los sindicatos, han desguarnecido a los trabajadores mediante el empleo precario y el endeudamiento y le han dado todo el poder a las empresas que hoy día pueden imponer las condiciones que quieran a los trabajadores. Eso ha favorecido una recuperación impresionante de las rentas del capital, de los beneficios, en perjuicio de los salarios.

Por eso hoy día tenemos la peor distribución de la renta de los últimos decenios, la mayor desigualdad. Y por eso cae el poder de compra.

Ahora bien, esas políticas han sido exitosas para recuperar el beneficio pero lo han hecho a costa de generar escasez, de debilitar los mercados internos y por tanto la economía real, la actividad productiva. Y como en esta última se obtiene menos tasa de rentabilidad, resulta más atractiva la inversión financiera.

Se juntó el hambre (la menor ganancia relativa en la economía real) con las ganas de comer (la abundancia de capitales ávidos de beneficio en el nuevo universo financiero). Y ahora sufrimos las consecuencias.

Por eso, si se quiere acabar con la crisis hay que terminar con él cáncer que representa la especulación financiera y con sus efectos mortales sobre la estabilidad económica, sobre el crecimiento y sobre la creación de empleo y riqueza, y para ello no hay más salida que darle la vuelta a la pauta distributiva hoy día dominante. Es decir, para salir de la crisis sin exponerse a sufrir otra más grande dentro de poco hay que aplicar otro tipo de políticas: hay que establecer políticas fiscales que graven el beneficio y que apoyen a las rentas más bajas; aumentar el gasto público para reforzar la actividad productiva hoy día tan debilitada y, principalmente, adoptar medidas que permitan que aumenten los salarios y el poder de compra de los trabajadores.

Juzguen los lectores si esto es lo que están haciendo los gobiernos y a quién beneficia que en lugar de hacer esto solo se empeñen en salvar a los bancos que, sin cambiar las reglas del juego, es evidente que seguirán haciendo lo mismo de antes porque eso es lo que les da beneficios y poder.

Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Sevilla. Su web personal: www.juantorreslopez.com

La crisis que alimenta la burbuja

Jesus González Pazos.Responsable Área Indígena Mugarik Gabe

A estas alturas, ciudadanas y ciudadanos, seguimos sin entender exactamente las razones reales de la gran crisis financiera que ha estallado en el mundo. Leemos o escuchamos profundos, aunque poco didácticos, análisis sobre los motivos y las consecuencias de la misma, pero las personas de a pie únicamente tenemos el oscuro convencimiento de que, habiéndola provocado las entidades financieras, bancarias..., seremos nosotros y nosotras quienes sufriremos sus peores efectos. Sabemos que ésta se trasladará, ya lleva un tiempo en ello, a nuestro entorno más cercano y se traducirá en aumento de hipotecas, posibles congelaciones salariales, cierre de empresas y aumento del paro; en suma, nos dirán aquello, tantas veces oído, de que es necesario que “nos apretemos el cinturón”.

Vislumbramos alguna cuestión elemental más, como es el hecho de que habiéndola provocado quienes más ganan, la pagaremos quienes menos posibilidades tenemos de hacerlo. (Nota triste: es insultante para la inteligencia leer en la prensa que el gobierno alemán ha aprobado que los directivos de los bancos no ganen más de 500.000 €uros al año; horror, qué van a hacer estas pobres gentes). También asistimos perplejos al hecho de que no se depura ninguna responsabilidad en esas entidades financieras, las cuales tienen nombres y apellidos al frente de las mismas y, sin embargo, los gobiernos se aprestan rápidamente a socorrerlas con dinero público, ese que todos y todas aportamos a las arcas del estado. Y esto, aunque no nos lo dicen, sabemos que supondrán recortes en los gastos sociales. Es decir, pagaremos dos veces: una, mediante la crisis en el entorno productivo y las consecuencias citadas anteriormente; dos, a través de los recortes en inversiones sociales.

Y por último, asistimos a llamamientos a la refundación necesaria del capitalismo, los cuales adornan con el calificativo de “será con rostro humano”. Cuando lo que realmente se ha puesto en cuestión es la viabilidad del neoliberalismo aplicado e impuesto durante las últimas décadas y su rostro más inhumano. Aquel que somete todo a la libertad extrema del mercado, a las privatizaciones absolutas de todo lo posible y que prima a éste por encima del ser humano y de los pueblos.

Todo ello se justifica con que hay que salvar el sistema porque si éste cae caeremos todos y todas. Llamamientos a que peligra nuestro modo de vida, nuestro occidental nivel de riqueza, por lo que pretenden convencernos, para evitar los cuestionamientos y protestas al sistema, que es mejor esto que la hecatombe que se nos vendría encima con una caída/desaparición de este sistema neoliberal. Así, debemos ser los primeros interesados en que no se produzca, por ejemplo, la quiebra de los bancos, pues ello traería consigo el peligro de perder nuestros ahorros y las posibilidades de una vida mejor. Por lo tanto, callar ante la entrega masiva de fondos públicos a esas entidades es lo más inteligente.

Esto está ocurriendo y esto alimenta nuestra burbuja de falso bienestar en nuestra sociedad (Segunda nota triste: todas las burbujas, sean de cristal o de jabón, se rompen). Esa que nos hace vivir aislados de nuestro propio entorno y cada vez más alejados de la situación en que viven las tres cuartas partes de la humanidad. Es como si ya formáramos dos planetas diferentes, pero sin percibir que el nuestro vive así a costa del otro.

Esas tres cuartas partes de la población mundial llevan en crisis permanente desde hace demasiadas décadas y el sistema neoliberal imperante no ha hecho sino agudizar su situación. Todos los estudios y análisis demuestran que la brecha entre ricos y pobres, incluso en nuestra burbuja, no ha hecho sino aumentar en los últimos años. Se prometía que la libertad de mercado, que la desregularización del comercio y las privatizaciones no haría sino aumentar y extender la riqueza y mejorar las condiciones de vida de toda la población mundial. Pero los resultados demuestran que esto no es así, que la situación de pobreza se convierte en situación de miseria para un número cada vez mayor de personas en África, América y Asía, pero también en Norteamérica y Europa, y que la riqueza no ha hecho sino concentrarse en cada vez menos manos.

Y para ocultar esto, este capitalismo, en vías de refundación, nos empuja a considerar que debemos salvarnos nosotros mismos para que nuestro sistema de vida no se deteriore, ese espejismo que es el “vivir mejor”, en vez del “vivir bien”. Percibimos que todo lo salvable está en esa burbuja que es nuestro pequeño mundo de riqueza y que, entonces, hay que aceptar hacer los ajustes necesarios para que la misma no se deteriore. Todo lo que hay fuera no existe, o no nos debe afectar; no nos debe de interesar.

Desde la solidaridad y la cooperación internacional, tenemos la obligación y el deber de poner la situación de la mayoría de población mundial en el centro del debate. Por que no se trata de reajustar para mantener el sistema, cuando sabemos que éste es injusto para la inmensa mayoría, aunque sea nuestra tabla de salvación. La ética, la justicia y la dignidad de las personas y pueblos debe de considerarse como fundamental cuando se trata la crisis y sus soluciones y reconocer que el sistema neoliberal no cumple con esos mínimos de ética, justicia y dignidad.

Pero esto último no es solamente una cuestión de ética, sino básicamente de derechos. Cuando este año se cumple el 60 aniversario de la Declaración de los Derechos Humanos, debemos poner las bases para un nuevo sistema donde esos derechos, y los que de los mismos se desprenden, no sean únicamente una declaración de reconocimiento, sino que puedan ejercerse por parte de todas las personas y pueblos de este mundo. Porque, un ejemplo más, el derecho a la vida no lo es si ésta no puede ser una vida digna y para todos y todas, y la indignidad del sistema establecido nos la quita.

Es el momento de sentarnos a reflexionar, pero también a actuar, sobre el sistema que hemos estado desarrollando, para vislumbrar que no lo necesitamos, ni lo queremos, básicamente porque no es justo para todas las personas que poblamos este planeta llamado Tierra.

Hablan de refundar, piensan en devorar

Editorial Gara

Toca apretarse el cinturón. Ésa es la conclusión que se desprende de los machacones mensajes que llegan a la sociedad desde las instancias cercanas a los gobiernos y a los centros de poder que manejan los hilos de la economía. La idea va calando con cada chaparrón en la bolsa, con cada tormenta financiera y con cada chubasco en los índices de paro. La propia patronal insiste en que hay que ajustarse a los parámetros que dibujan esta época de vacas anémicas, mientras reclama el sostén del dinero público y carta blanca para el despido regalado como únicas recetas contra el parón productivo. Cualquiera diría que hoy sólo hay telarañas donde ayer hubo fortunas, o que también para los poderosos ha llegado San Martín.

Nada más lejos de la realidad. El BBVA hizo ayer públicos sus resultados en lo que va de año. Ha ganado 4.321 millones de euros entre enero y septiembre, cifra que no alcanza los 7.000 millones que confesó anteayer el Banco de Santander, pero que supone una consolidación de beneficios en el periodo mencionado. El propio consejero delegado, José Ignacio Goirigolzarri, no tuvo empacho en asegurar que el BBVA «aprovechará las oportunidades que le brinde la crisis para seguir desarrollando su modelo de negocio». Queda claro que el dinero, como la energía según el primer principio de la Termodinámica, nunca se destruye, simplemente se transforma, o, como en este caso, cambia de manos. Se concentra.

La lectura de estas cuentas de resultados destaca en letras de neón que mientras el Estado sostiene con dinero de todos a los banqueros que coquetean con la quiebra por haber roto el saco de la avaricia, y mientras baja los impuestos a la clase empresarial y hace la vista gorda cuando se pisotean los derechos de los trabajadores, los grandes escualos siguen ganando lo mismo que siempre y hacen ya planes para engullir un trozo aún más grande del pastel, con la guinda de los fondos públicos incluida. Este panorama de profunda desigualdad invita a la reflexión. La pobreza llamando a la puerta de millones de hogares, a la rebelión.

Financieros del mundo, ¡sacad vuestras especuladoras zarpas de nuestras pensiones!

Re(d)forma en serio
Incapaces para detectar el crash financiero que guardaban en el cajón del escritorio, los servicios de estudios de las entidades bancarias se atrevían, sin embargo, a predecir el derrumbe de los sistemas públicos de pensiones ¡nada menos que a treinta años vista! "El futuro resulta un tanto descorazonador: en 2040, el 16% del PIB español se dedicará a las pensiones de vejez", decían en tono apocalíptico. La propuesta de equilibrar la distribución de la riqueza a través de una Renta Básica Universal, se rechazó olímpicamente con el argumento de que supondría un 12% del PIB. Sorprende que nadie se rasgue hoy las vestiduras ni arroje ceniza sobre sus cabezas cuando, aquí y ahora, en 2008, los planes del Gobierno de España para inyectar liquidez y subsidiar con avales al sistema bancario supone 150.000 millones de euros, un 15% del PIB.

A la hora de emprender una larga travesía marítima, no es probable que una persona en su sano juicio aceptara embarcarse en un barco cualquiera. Y menos en uno tripulado por una marinería integrada por tipos proclives a cagarse por las patas abajo cuando se desencadena una galerna. Cuando lo que esá en juego es nuestra vida, la razón y el instinto de supervivencia aconsejan dejarse de tonterías y elegir compañeros de viaje fiables.

De idéntica manera, tampoco nadie en su sano juicio debería escuchar esos cantos de sirena que invitan a trasladar las pensiones de jubilación desde la nave del Estado a la oscura bodega de los bergantines que trafican con fondos bursátiles. Pues la catadura y pericia de su tripulación inspira poca confianza, como se acaba de demostrar a raíz de la tormenta iniciada por las hipotecas subprime. Esos gestores financieros que en tiempos de bonanza se pavonean arrogantes por las cubiertas del barco, se desmoronan al primer nublado, y si la tormenta arrecia son los primeros en huir en los botes de salvamento, dejando a los pasajeros abandonados a su suerte.

Durante el otoño de 2008, las aguas se han vuelto turbulentas en el océano económico. Flamantes transatlánticos de las finanzas se fueron a pique mientras los telegrafistas de los medios informativos no cesaban de transmitir pavorosas noticias: "Jornada negra; el crack financiero a la vuelta de la esquina; las Bolsas se desploman; pánico en los mercados", eran titulares recurrentes. Según Jaime Caruana, director del Departamento de Asuntos Monetarios del Fondo Monetario Internacional "en estos momentos hay cierto grado de miedo irracional en esta fase de la crisis financiera".

Así que esas orgullosas instituciones, que se presentaban ante nosotros con tanto empaque como presunción de eficacia indiscutible, son las que ahora están afectadas por el desplome, o sea, pérdida de aplomo; el pánico, es decir, miedo extremado o terror producido por la amenaza de un peligro inminente, y que con frecuencia es colectivo y contagioso; y, para colmo, irracionalidad. ¡Vaya panorama! Y es en tales buques, con tan inestables tripulaciones, donde las sirenas liberales pretenden que arriesguemos nuestro futuro de pensionistas.

No todos los países cuentan con un sistema público de pensiones de cobertura universal, como (aproximadamente) es el modelo vigente en España. Defender la continuidad del sistema público, allí donde el esfuerzo político y social ha logrado implantarlo, no es un capricho ideológico, sino un reflejo del más genuino instinto de conservación. Desde hace alrededor de un siglo, la experiencia y la cruda realidad han aconsejado que la prestación de servicios considerados básicos para la población, como la sanidad y la enseñanza, esté a cargo del Estado. Única forma de garantizar la continuidad y universalidad de las prestaciones.

El dogma liberal que sostiene que el mercado asigna los recursos mejor que un sistema público democrático, tiene un rigor parecido al de la Inmaculada Concepción. Dicho sea esto con respeto hacia las concepciones y conceptos de cualquier índole, incluidas las ideológicas. Sólo que aquí hablamos de una materia tan delicada como nuestra supervivencia el día de mañana, cuando el natural declive biológico nos impida ganar el sustento por propia mano. Un asunto que no admite bromas. Y mucho menos las de esos charlatanes a sueldo de los think tank neoconservadores, que pontifican sobre las virtudes del mercado con una mezcla de arrogancia, frivolidad y falta de rigor. Sobran debates metafísicos sobre la gravidez de la Mano Invisible, pues lo que urge remediar es la extrema gravedad de la situación a la que nos ha conducido la invisibilidad y opacidad de las finanzas. Con sus operaciones off shore y resto de agujeros negros por donde se esfuma la riqueza.

Lo que de verdad le importa al ciudadano es que su pensión de jubilación, es decir, la seguridad de contar con un ingreso en la edad provecta, no se encuentre amenazada. Y esa amenaza surge de la funesta combinación de frivolidad académica liberal y codicia de los gestores financieros que se traduce en ineficacia de comportamiento de los mercados libres de control. Según se desprende del enunciado de Clausius para sistemas termodinámicos, abandonado a sí mismo, un sistema cerrado tiende a alcanzar su máximo estado de desorden. De manera similar, fuera de control, el sistema financiero ha alcanzado niveles de máximo desorden.

Una vívida imagen de ese desorden la ofreció el famoso reloj que registra la deuda de los Estados Unidos en la Bolsa de Nueva York, que se colapsó el pasado 10 de octubre al quedarsde sin dígitos para mostrar el pasivo de la mayor economía mundial: más de 10,2 billones de dólares (un trillón de dólares, en terminología anglosajona), alrededor de 7,4 billones de euros. Tres días antes, la prensa estadounidense ofrecía desoladoras noticias sobre los fondos de pensiones. El Houston Cronicle alertaba sobre el hecho de que los planes privados de pensiones habían perdido dos billones de dólares en los últimos 15 meses, según estimaciones del director de la Oficina Presupuestaria del Congreso, Peter Orszag.

Al contrario que los ejecutivos de Wall Street, las familias estadounidenses no disponen de un paracaídas dorado al cual recurrir. La crisis de la vivienda, la contracción del crédito y otros problemas financieros han golpeado las pensiones y otros fondos de retiro, las formas más comunes de ahorro en Estados Unidos. Más de la mitad de las personas sondeadas por encargo de The Associated Press-GfK entre el 27 y el 30 de septiembre temen que tendrán que trabajar más años para poder jubilarse al haber descendido el valor de sus ahorros. Orszag indicó que ese temor tiene fundamento. Al estar invertidos en acciones bursátiles, los fondos de pensiones públicos y privados y las cuentas privadas de retiro de los trabajadores han perdido el 20% de su valor general desde mediados del 2007.

Con las turbulencias bursátiles, también las rentabilidades de los fondos de pensiones de millones de chilenos cayeron a niveles históricos. El valor de los activos de los fondos de pensiones disminuyó 16.184 millones de dólares frente al mismo período mes del 2007. En Chile, el sistema de pensiones fue privatizado en la época del sangriento dictador Augusto Pinochet, siguiendo las instrucciones de los Chicago boys, los economistas educados en una de las más furibundas escuelas neoliberales. Hasta que hace unos meses la presidenta Bachelet introdujo una pensión mínima, millones de chilenos de las clases más humildes no contaban con ningún ingreso al llegar a la vejez.

¿Acaso debería el capitalismo ocuparse de las pensiones de vejez de los no inversionistas? Eso es un asunto que pertenece al campo de la solidaridad y no del egoísmo, principo rector del sistema capitalista en sus distintas variantes de avaricia, codicia e interés. Como explicó en el XVIII su profeta Adam Smith, en La riqueza de las naciones, el capitalismo no pretende ejercer la filantropía. Será el interés y el beneficio propios del "carnicero, el panadero o el cervecero" los que procuran nuestra cena y no "su benevolencia" o "sus sentimientos humanitarios". "A ellos no les hablamos de nuestras necesidades, sino de su interés".

Abandonados a sí mismos, esto es, a la lógica estructural de la codicia, el resultado del comportamiento de los mercados no regulados era fácilmente previsible por una elemental aplicación de la teoría matemática de juegos. Pese a ello, la desregulación -otro estandarte de guerra neoliberal- ha regido la economía durante las últimas décadas. Un período durante el cual la literatura económica dominante y los grupos de presión se han dedicado a difundir los sagrados mandamientos del llamado Consenso de Washington. Mientras que los enfervorecidos talibanes ultraliberales hacían profesión de fe en el dogma del no intervencionismo profiriendo el grito sagrado: "Que el Estado saque sus sucias zarpas de mis asuntos".

Pero cuando este tinglado mercantil y financiero se ha venido abajo, todos sus protagonistas han pedido, algunos de rodillas, que venga el Estado a poner bajo control esta situación desbordada. Enfrentados a una crisis, lo único que saben hacer los gestores financieros, los capitanes de industria o los empresarios del ladrillo, es gimotear como niños a los que el juego se les ha ido de las manos. "Hagamos un paréntesis en el mercado", dice el presidente de la patronal española, hasta ayer gran libremercadista. "Que el Gobierno subsidie con 1.000 euros la compra de un vehículo", sugieren con descaro los vendedores de automóviles (en lugar de aplicar ellos, en buena regla mercantil de oferta, un descuento de ese tipo). No, ahora vienen todos a suplicar de manera vergonzante que Papá Estado se encargue de reponer los cristales rotos.

A la primera de cambio, estos mercachifles de tres al cuarto pasan de la arrogancia a un desmayo propio de ñoñas damiselas victorianas. Mientras que el Estado, por definición, está obligado a ser fuerte: Non est potestas super terram quae comparetur ei. "Nada hay en la tierra que pueda compararse con él. Está hecho para no tener miedo. A toda cosa altiva la ve bajo él; y es el rey de todos los hijos del orgullo", escribía Thomas Hobbes en el prólogo de Leviatán, el libro en el que propuso un modelo de poder basado en un Estado autoritario cuya grandeza fuera semejante a la ese Leviatán bíblico al que "los montes le ofrecen tributo así como todas las bestias salvajes que allí retozan" (Job, 40, 20).

Y para salvar al mundo de la peor crisis económica ocurrida desde 1929, los diferentes Gobiernos del mundo, comenzando por el estadounidense -gran referente de neoliberales-, han tenido que intervenir en "los mercados" inyectando millonarias cantidades monetarias y nacionalizando, de forma más o menos explícita, buena parte de las principales entidades de banca privada. Con dinero, claro está, procedente de los impuestos que gravan los ingresos de las capas asalariadas de la población. Porque ya se sabe que los ricos no pagan impuestos al depositar su capital en invisibles paraísos fiscales. Y en lo tocante a las empresas, se nos ha dicho hasta la saciedad, hay que aliviarlas del peso fiscal.

A todo esto ¿qué hacemos con las pensiones de jubilación? ¿prestamos oídos a los que nos aconsejan ponerlas en manos privadas o seguimos confiando en que las garras de Leviatán las defiendan de la codicia financiera? Incapaces para detectar el crash financiero que guardaban en el cajón del escritorio, los servicios de estudios de las entidades bancarias se atrevían, sin embargo, a predecir el derrumbe de los sistemas públicos de pensiones ¡nada menos que a treinta años vista! "El futuro resulta un tanto descorazonador: en 2040, el 16% del PIB español se dedicará a las pensiones de vejez", decían en tono apocalíptico.
La propuesta de equilibrar la distribución de la riqueza a través de una Renta Básica Universal, se rechazó olímpicamente con el argumento de que supondría un 12% del PIB. Sorprende que nadie se rasgue hoy las vestiduras ni arroje ceniza sobre sus cabezas cuando, aquí y ahora, en 2008, los planes del Gobierno de España para inyectar liquidez y subsidiar con avales al sistema bancario supone 150.000 millones de euros, un 15% del PIB.

El inolvidable humorista Miguel Gila anunciaba una bebida entablando un diálogo telefónico con los zumos de naranja derivados de zumo concentrado, afeándoles lo absurdo que parecía todo ese proceso de concentración-desconcentración pudiendo envasar directamente el zumo exprimido de las naranjas. Un absurdo similar al que se produciría si dejamos las pensiones en manos de los especuladores. Pues, una vez que éstos hicieran naufragar el barco, cosa que han demostrado que es lo mejor que saben hacer, tendría que ser el remolcador del Estado el que acudiera al rescate de los damnificados. Comprenderán que, para ese viaje, es mejor dejar las cosas como están. Resulta más seguro y más barato, esto es, más económico.

Basta ya de esos experimentos tan frívolos intelectualmente como delincuentes en la acción. A la vista de los últimos desastres, estaríamos absolutamente faltos de conocimiento si abandonáramos nuestro futuro en la manos - invisibles por supuesto- de los mercados financieros. Así que, señoras y señores neoliberales, dejad de aburrirnos con vuestras monsergas sobre la privatización de los servicios y pensiones públicas. Con las cosas de comer no se juega, de manera que no nos toquéis más las naranjas: haced el puñetero favor de sacar vuestras especuladoras zarpas de nuestros asuntos vitales.

* José Antonio Pérez es miembro del Observatorio de la Renta Básica de Ciudadanía de Attac Madrid

Soluciones ante la crisis: Socavar las bases de la economía financiera

Soluciones ante la crisis: Socavar las bases de la economía financiera

Ecologistas en Acción critica las medidas contra la crisis que se están tomando por parte de los Gobiernos al considerar que ponen las bases de una nueva burbuja especulativa. En su lugar propone un paquete de acciones que pondrán coto a la economía financiera. Además denuncia los impactos ambientales de la economía de casino.

La economía financiera, en fuerte crisis, tiene funestas consecuencias en el plano ambiental. Esto se debe a que pone en primer plano la obtención de beneficios inmediatos, sin considerar los impactos ambientales. Así hemos visto como la subida de los precios de las materias primas en la bolsa empuja a su sobreexplotación. Otro ejemplo es que la enorme capitalización que han conseguido las transnacionales en bolsa les han permito comprar infinidad de pequeñas empresas locales, en general menos agresivas con el entorno. Un tercer argumento es como los países empobrecidos, en búsqueda de divisas por la devaluación de sus monedas en los mercados especulativos, exprimen al máximo sus recursos naturales.

Además el capital financiero es el que permite que un pequeño porcentaje de la población mantenga unas altísimas e insostenibles cotas de consumo. A todo ello hay que añadir el impresionante incremento de las desigualdades en el mundo al que ha contribuido de forma fundamental la economía de casino.

Ecologistas en Acción presenta un paquete de medidas básico en la lucha contra la crisis actual. El paquete de medidas persigue a evitar la generación de una nueva burbuja especulativa:

  • Volver a anclar las monedas a valores físicos. En la actualidad el dinero puede crearse sin ningún tipo de límite, lo que ha permitido el crecimiento constante de la burbuja que ahora estalla. Una opción es volver a referir las monedas al oro. Otra más creativa y basada en las necesidades sociales pasaría por anclarlas al tamaño de la población.
  • Frente a las políticas de libre circulación de capitales habrá que limitar drásticamente sus movimientos. Una primera ventaja de esto sería que la riqueza que se genera en los distintos lugares del planeta se podría quedar allí y no ser succionada por las principales riquezas, como ocurre en la actualidad. Si se observan los flujos de dinero a nivel internacional descubrimos que los países empobrecidos son financiadores netos de los enriquecidos y no al revés.
  • Volver a un sistema de cambios fijos en el que sea imposible operar en divisas que no son locales. Actualmente el mercado de monedas es el mayor del mundo y el que está siendo responsable de ataques especulativos de importantísma repercusión económica en los países más vulnerables, como estamos viendo en México, Brasil o Argentina.
  • El secreto bancario es fuente de múltiples engaños y desfalcos. De este modo, la fuerte regulación y la transparencia de los mercados, junto con la eliminación de los distintos paraísos fiscales se hace imprescindible.
  • Según los Acuerdos de Basilea, los bancos deben retener sólo un 8% de los depósitos, el resto los utilizan para especular. Esta cifra debe ser rectificada acercándola al 100%, eliminando además mecanismos como la titularización de deuda que han permitido operar a estas entidades con cantidades aun mayores del 92% permitido.

La línea que están siguiendo los Gobiernos de la Unión Europea y Estados Unidos de inyectar liquidez al sistema, avalar los bancos con comportamientos fraudulentos y retirar los activos contaminados por las “hipotecas basura” (si es que esto es posible) son medidas que lo único que conseguirán es generar las condiciones para una nueva burbuja que terminará estallando.

Y esto en el mejor de los casos, ya que no está claro si los Gobiernos podrán soportar el tremendo nivel de endeudamiento en el que están incurriendo. ¿Qué pasará si tienen que hacer efectivos los avales que ahora van a emitir o si no se pueden deshacer de los activos contaminados que han comprado? En estos días estamos observando como Islandia o California empiezan a rozar la quiebra. Una posible consecuencia de las políticas que se están aplicando es que la quiebra de la banca privada se convierta en la quiebra de estados. Esto significa la imposibilidad de pago al funcionariado público o del mantenimiento de los servicios públicos, entre otras cosas.

Además, seguir apostando por una economía de casino significa continuar con la suicida carrera hacia el precipicio de intentar crecer indefinidamente en un planeta limitado.

Ecologistas en Acción aclara que las medidas que presenta en este comunicado sólo servirían para reducir la posibilidad de otra burbuja especulativa que termine generando una nueva crisis. Sin embargo, estas medidas no permitirán avanzar hacia la sostenibilidad, ya que ésta es incompatible con el sistema actual que requiere el crecimiento constante para su subsistencia.

Para avanzar hacia la sostenibilidad es necesario buscar otro paradigma desde el que relacionarnos con el entorno y entre las personas. Comprender que necesitamos y requerimos “menos para vivir mejor”.

Crimen (financiero) contra la humanidad

Crimen (financiero) contra la humanidad
Püblico

 La historia es conocida, y, en aquellos tiempos antiguos en que la escuela se proclamaba educadora perfecta, se le enseñaba a los niños como ejemplo de la modestia y la discreción que siempre deberían acompañarnos cuando el demonio nos tentara para opinar sobre lo que no conocemos o conocemos poco y mal. Apeles podía consentir que el zapatero le apuntase un error en el calzado de la figura que había pintado, por aquello de que los zapatos eran su oficio, pero que nunca se atreviera a dar su parecer sobre, por ejemplo, la anatomía de la rodilla. En suma, un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar. A primera vista, Apeles tenía razón, el maestre era él, el pintor era él, la autoridad era él, mientras que el zapatero sería llamado cuando de ponerle medias suelas a un par de botas se tratase. Realmente, ¿hasta dónde vamos a llegar si cualquier persona, incluso la más ignorante de todas, se permite opinar sobre lo que no sabe? Si no tiene los estudios necesarios es preferible que se calle y deje a los sabedores la responsabilidad de tomar las decisiones más convenientes (¿para quién?).

Sí, a primera vista Apeles tenía razón, pero solo a primera vista. El pintor de Felipe y de Alejandro de Macedonia, considerado un genio en su época, ignoró un aspecto importante de la cuestión: el zapatero tenía rodillas, luego, por definición, era competente en estas articulaciones, aunque fuera solo para quejarse, si ese era el caso, de los dolores que sentía. A estas alturas, el lector atento ya habrá entendido que no es de Apeles ni del zapatero de lo que se trata en estas líneas. Se trata, sí, de la gravísima crisis económica y financiera que está convulsionando el mundo, hasta el punto de que no podemos escapar a la angustiosa sensación de que llegamos al final de una época sin que se consiga vislumbrar qué y cómo será lo que venga a continuación, tras un tiempo intermedio, imposible de predecir antes de que se levanten las ruinas y se abran nuevos caminos. ¿Cómo lo hacemos? ¿Una leyenda antigua para explicar los desastres de hoy? ¿Por qué no? El zapatero somos nosotros, todos nosotros, que presenciamos, impotentes, el avance aplastante de los grandes potentados económicos y financieros, locos por conquistar más y más dinero, más y más poder, con todos los medios legales o ilegales a su alcance, limpios o sucios, normalizados o criminales.

¿Y Apeles? Apeles son, precisamente, los banqueros, los políticos, las aseguradoras, los grandes especuladores que, con la complicidad de los medios de comunicación social, respondieron en los últimos 30 años, cuando tímidamente protestábamos, con la soberbia de quien se considera poseedor de la última sabiduría; es decir, aunque la rodilla nos doliera, no se nos permitía hablar de ella, se nos ridiculizaba, nos señalaban como reos de condena pública. Era el tiempo del imperio absoluto del Mercado, esa entidad presuntamente auto reformable y auto regulable encargada por el inmutable destino de preparar y defender para siempre jamás nuestra felicidad personal y colectiva, aunque la realidad se encargase de desmentirlo cada hora que pasaba.

¿Y ahora? ¿Se van a acabar por fin los paraísos fiscales y las cuentas numeradas? ¿Será implacablemente investigado el origen de gigantescos depósitos bancarios, de ingenierías financieras claramente delictivas, de inversiones opacas que, en muchos casos, no son nada más que masivos lavados de dinero negro, de dinero del narcotráfico? Y ya que hablamos de delitos: ¿tendrán los ciudadanos comunes la satisfacción de ver juzgar y condenar a los responsables directos del terremoto que está sacudiendo nuestras casas, la vida de nuestras familias, o nuestro trabajo? ¿Quién resuelve el problema de los desempleados (no los he contado, pero no dudo de que ya son millones) víctimas del crash y qué desempleados seguirán, durante meses o años, malviviendo de míseros subsidios del Estado mientras los grandes ejecutivos y administradores de empresas deliberadamente conducidas a la quiebra gozan de millones y millones de dólares cubiertos por contratos blindados que las autoridades fiscales, pagadas con el dinero de los contribuyentes, fingen ignorar?

Y la complicidad activa de los gobiernos, ¿quién la demanda? Bush, ese producto maligno de la naturaleza en una de sus peores horas, dirá que su plan ha salvado (¿salvará?) la economía norteamericana, pero las preguntas a las que tendría que responder están en la mente de todos: ¿no sabía lo que pasaba en las lujosas salas de reunión en las que hasta el cine nos ha hecho entrar, y no solo entrar, sino asistir a la toma de decisiones criminales sancionadas por todos los códigos penales del mundo? ¿Para qué le sirven la CIA y el FBI, además de las decenas de otros organismos de seguridad nacional que proliferan en la mal llamada democracia norteamericana, esa donde un viajero, a su entrada en el país, tendrá que entregar a la policía de turno su ordenador para que este copie el respectivo disco duro? ¿No se ha dado cuenta el señor Bush que tenía al enemigo en casa, o, por el contrario, lo sabía y no le importó?

Lo que está pasando es, en todos los aspectos, un crimen contra la humanidad y desde esta perspectiva debe ser objeto de análisis, ya sea en los foros públicos o en las conciencias. No exagero. Crímenes contra la humanidad no son solo los genocidios, los etnocidios, los campos de muerte, las torturas, los asesinatos selectivos, las hambres deliberadamente provocadas, las contaminaciones masivas, las humillaciones como método represivo de la identidad de las víctimas. Crimen contra la humanidad es el que los poderes financieros y económicos de Estados Unidos, con la complicidad efectiva o tácita de su gobierno, fríamente han perpetrado contra millones de personas en todo el mundo, amenazadas de perder el dinero que les queda después de, en muchísimos casos (no dudo de que sean millones), haber perdido su única y cuántas veces escasa fuente de rendimiento, es decir, su trabajo.

Los criminales son conocidos, tienen nombre y apellidos, se trasladan en limusinas cuando van a jugar al golf, y tan seguros están de sí mismos que ni siquiera piensan en esconderse. Son fáciles de sorprender. ¿Quién se atreve a llevar a este gang ante los tribunales? Todos le quedaríamos agradecidos. Sería la señal de que no todo está perdido para las personas honestas.

Así nos engañan para robarnos los cuartos

Así nos engañan para robarnos los cuartos

En junio de 2007, el gobierno anunció que una parte de los fondos de la Seguridad Social dedicados a pagar las pensiones se invertirían en bolsa. Según informó, ente otros, el diario El País (el reportaje aquí), la rentabilidad era el gran argumento del Gobierno para afrontar la reforma: "El Gobierno quiere que ese fondo, que acumula 40.000 millones de euros, sea más rentable". El ministro de Economía y Hacienda dijo que "Si se hace bien, no tiene porqué provocar ningún temor", aunque propuso que solo se dedicara a ello un 10% del total, lo que según El País, provocó "malestar en los sindicatos, la patronal y el Ministerio de Trabajo" que habían pactado que fuera el 30%.

Por supuesto, decía El País, "para los gestores de fondos y planes de pensiones privados y las consultorías del sector no hay duda. Es bueno invertir una parte del fondo de reserva en Bolsa, se ganará en rentabilidad", sintetiza Félix Soroa, gestor de Hewitt Associates y vicepresidente de la Organización de Consultores de Pensiones (Ocopen)".

Asombrosamente, me llamó El País para dar mi opinión, supongo que en mi condición de economista radical, utópico, fuera de onda y desfasado, e incapaz por tanto de convencer a nadie. Esto fue lo que dije y ponía El País:

"Invertir en Bolsa es asumir un riesgo que no se ha valorado", a juicio de Torres, quien recuerda la quiebra de varios fondos privados en EE UU (...) Hace tiempo que la función principal de la Bolsa dejó de ser la inyección de recursos financieros a la actividad productiva, para convertirse en compraventa de papel sin vínculo con la economía real. Y lo que plantea el Gobierno es utilizar dinero público para alimentar esa especulación"

Hoy sábado 11 de octubre, El País titula a toda plana "El pánico hunde las Bolsas" y todo el mundo puede comprobar lo que está pasando con las finanzas mundiales.

Por supuesto, no quiero hacer creer a mis lectores que yo sea muy listo. No. Lo que quiero hacerles ver es que los neoliberales que nos gobiernan y los que gobiernan las finanzas no tienen vergüenza y que están engañando continuamente a los ciudadanos para quedarse con sus recursos y con el resultado de su esfuerzo y su trabajo. Pero no olviden una cosa: están ahí y nos seguirán robando porque lo consentimos.

Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Sevilla (España). Su web personal: http://www.juantorreslopez.com

10 preguntas sobre la crisis

10 preguntas sobre la crisis
Michell Collon

1. ¿Subprimes? El punto de partida es una verdadera estafa ya que los bancos occidentales han ganado una enorme cantidad de dinero a costa de los hogares estadounidenses, diciéndose que si no eran capaces de pagar, les quitarían sus casas por cuatro monedas.

2. ¿Es sólo una crisis bancaria? No, en absoluto. Se trata de una verdadera crisis económica que ha comenzado en el sector bancario, pero cuyas causas son mucho más profundas. En realidad, toda la economía de los Estados Unidos vive a crédito desde hace 30 años. Las empresas se endeudan por encima de sus posibilidades, el Estado se endeuda también por encima de sus posibilidades (para hacer la guerra) y se ha impulsado sistemáticamente a los ciudadanos a endeudarse, la única manera de mantener, artificialmente, un crecimiento económico.

3. ¿La verdadera causa? Por supuesto, los medios de comunicación tradicionales no nos dicen nada. Y sin embargo, las subprimes no son más que la punta del iceberg, la manifestación más espectacular de una crisis de superproducción que golpea a los Estados Unidos, pero también a los países occidentales. Si el objetivo final de una multinacional consiste en despedir a trabajadores en masa para hacer el mismo trabajo con menos personas, si además se bajan los salarios por todos los medios y con la ayuda de los gobiernos cómplices, ¿A quién van a venderles los capitalistas sus mercancías? ¡No han parado de empobrecer a sus clientes!

4 ¿Es sólo una crisis de la que sobreponerse? La historia demuestra que el capitalismo ha ido siempre de una crisis a otra con, de vez en cuando, una buena guerra para salir de ella (eliminando a sus rivales, empresas, infraestructuras, lo que permite un buen reimpulso económico). En realidad, las crisis son también un periodo que aprovechan los grandes para eliminar o absorber a los más débiles. Es lo que ocurre ahora en el sector bancario estadounidense, o en el caso de BNP que se traga a Fortis (y todo esto no ha hecho más que empezar). Pero, si la crisis refuerza la concentración de capital en manos de un número aún más pequeño de multinacionales, ¿cuál será la consecuencia? Estos super-grupos tendrán aún más medios de eliminar o empobrecer la mano de obra y así convertirse en una competencia aún más fuerte. Estamos otra vez en la casilla de salida.

5. ¿Un capitalismo sobre bases éticas? Hace ciento cincuenta años que nos lo prometen. Hasta Bush y Sarkozy lo han hecho. Pero en realidad, es tan imposible como un tigre vegetariano. Y es que el capitalismo se apoya en tres principios: 1. La propiedad privada de los grandes medios de producción y de financiación. No es la gente la que decide, sino los multinacionales. 2. La competitividad: ganar la guerra económica, es decir, eliminar a la competencia. 3. El máximo beneficio: para ganar esta batalla no basta con tener unos beneficios normales o razonables, sino una tasa de beneficios que permita distanciar a las empresas de la competencia. El capitalismo no es sino la ley de la selva, como ya escribía Karl Marx: ’Al capital le horroriza la ausencia de beneficio. Cuando siente un beneficio razonable, se enorgullece. Al 20%, se entusiasma. Al 50% es temerario. Al 100% arrasa todas las leyes humanas y al 300%, no se detiene ante ningún crimen.’

6. ¿Salvar a los bancos? Por supuesto, hay que proteger a los clientes de los bancos. Pero en realidad, lo que el Estado está haciendo es proteger a los ricos y nacionalizar las pérdidas. Por ejemplo, el estado Belga no tenía 100 millones de euros para ayudar a la gente a mantener su poder adquisitivo, pero para salvar a los bancos, ha encontrado 5.000 millones en dos horas. Miles de millones que nosotros tendremos que rembolsar. Lo irónico es que Dexia era un Banco Público y que Fortis se ha tragado un banco público que funcionaba muy bien. Gracias a ello, sus dirigentes han hecho negocios durante veinte años. Y ahora que la cosa no funciona, ¿se le pide a estos dirigentes que paguen los platos rotos con el dinero que han estado ganando y que se han guardado? No, se nos pide que paguemos nosotros.

7. ¿Los medios de comunicación? Lejos de explicarnos todo esto, fijan su atención en asuntos secundarios. Nos dicen que habrá que buscar los errores, a los responsables, combatir los excesos y bla, bla, bla. Sin embargo, no se trata de tal o tal error, sino del sistema. Esta crisis era inevitable. Las empresas que se están derrumbando, son las más débiles o las que peor suerte han tenido. Las que sobrevivan, tendrán aún más poder sobre la economía y sobre nuestras vidas.

8. ¿El neoliberalismo ? La crisis no ha sido provocada sino acelerada por la moda neoliberal de los últimos veinte años. Los países ricos han intentado imponer este neoliberalismo en todo el tercer mundo. En América Latina, como acabo de estudiar durante la preparación de mi libro Los 7 pecados de Hugo Chávez, el neoliberalismo ha sumido a millones de personas en la miseria. Pero al hombre que ha lanzado la señal de la resistencia, el hombre que ha demostrado que se podía resistir al Banco Mundial, al FMI y a las multinacionales, el hombre que ha enseñado que había que darle la espalda al neoliberalismo para reducir la pobreza, este hombre, Hugo Chávez, no deja de ser diabolizado a golpe de mentira mediática y de difamación infundada. ¿Por qué?

9. ¿El tercer mundo ? Sólo se nos habla de las consecuencias de la crisis en el Norte. En realidad, todo el tercer mundo sufrirá gravemente a causa de la recesión económica y de la bajada de precios de las materias primas que provocará la crisis.

10. ¿La alternativa ? En 1989, un famoso autor estadounidense, Francis Fukuyama, nos anunciaba el Fin de la Historia: el capitalismo había triunfado para siempre, nos decía. No ha hecho falta mucho tiempo para que los vencedores se estrellen. La humanidad necesita verdaderamente otro tipo de sociedad. El sistema actual fabrica miles de millones de pobres, hunde en la angustia a aquellos que tienen (provisionalmente) la suerte de trabajar, multiplica las guerras y arruina los recursos del planeta. Pretender que la humanidad está condenada a vivir bajo la ley de la selva, es tomar a la gente por imbéciles. ¿Cómo debería ser una sociedad más humana, que ofrezca un porvenir digno para todos? Este es el debate que tenemos todos la obligación de lanzar. Sin tabúes.

Todo por la banca

Todo por la banca

Rafael Cid

Rojo y Negro

Y Mahoma fue a la montaña. Finalmente, la gran banca ha cubierto sus últimos objetivos militares. Aunque para Rodríguez Zapatero no había crisis económica sino una desaceleración coyuntural, la despensa estaba llena y el sistema financiero español figuraba en la liga de campeones, los “botines” nacionales disfrutan ya de su operación rescate. El gobierno ha elevado a 100.000 euros la cuantía de los depósitos bancarios garantizados y ha abierto una línea de crédito de entre 30.000 y 50.000 millones precisamente para sus necesidades. Lo que prueba, más allá de la jerga oficial, lo que ya muchos sabíamos: que en España impera una bicefalia formada por el Gobierno y la Banca.

Porque lo que se presenta como un servicio a la sociedad y un gesto de responsabilidad política no es sino un sablazo social y una transferencia de riqueza pública a manos privadas. Es como si los contribuyentes de a pie (más del 80% de la recaudación del IRPF) hubieran decidido (¿a quién han preguntado? ¿nos “representan” realmente los sindicatos “representativos” que han dado el sí quiero a nuestra costa?) regalar a estos magnates parte del dinero destinado a la inversión social. La clave está en que esa generosa subida de 20.000 a 100.000 euros no es tal, ya que los bancos no ponen un euro más en el fondo de garantía de depósitos, que sigue fijo en los 6.500 millones actuales (una pavada ante un posible proceso de quiebras en cadena; casi la deuda del Ayuntamiento de Madrid y algo más que la del Grupo Prisa). El orden de los factores no altera el producto.

Y más grave es lo del fondo para drenar de activos full a bancos y cajas. Bancos y cajas que llevan años con beneficios siderales. Bancos y cajas que ha protagonizado la mayor destrucción de empleo de la historia vía jubilaciones anticipadas y prejubilaciones. Bancos y cajas que fomentaron la estafa piramidal del ladrillo, concediendo créditos a interés casi negativo a constructoras, inmobiliarias y promotoras. Bancos y cajas de ahorro que son los principales financiadores de los partidos políticos a fondo perdido. ¿Cómo no iba el Gobierno socialista a rendirse a los cantos de sirena de tan magníficos emprendedores? Primero hubo una reunión en La Moncloa con los economistas a sueldo de estas entidades financieras para que el presidente del Gobierno conociera su pensamiento único sobre la no crisis. Y esta semana el cónclave fue directamente con sus primeros espadas. ¿Cómo extrañarse, pues, después de semejante amancebamiento, que la ideología dominante sea la ideología de la clase dominante? Si la montaña no va a Mahoma…

La socialización preventiva de las pérdidas de bancos y cajas puesta en marcha por el Gobierno socialista representa el paradigmática de lo que la clase política es capaz cuando llega al poder. Primero, en épocas de bonanza, privatiza para casa las empresas públicas con dimensión estratégica de mercado global (Telefónica, Repsol, Endesa, etc.) para cumplir el pacto secreto con sus neoliberales patrocinadores. Y luego, al cambiar las tornas, se socializan sus pérdidas, porque de bien nacidos es ser agradecidos. Siempre por nuestro propio bien. Y sacando pecho, con patriotismo. Como cuando Zapatero juró ante los mineros leoneses que nunca favorecería a los que se han forrado con el negocio del pisito y una semana después aprobó una dotación de 3.000 millones de euros para los promotores inmobiliarios. Seguramente porque como decía Paul Valery “él no es siempre de su misma opinión”.

Sin trampa ni cartón. Estaba escrito. Ya hace meses que la patronal bancaria sugirió la posibilidad de confiscar preventivamente el dinero del Fondo de Garantía de la Seguridad Social para capear el temporal. Y ahora lo han conseguido, aunque cambiándole el apellido a lo que entonces, tan bruscamente presentado, sonaba a indecente atraco. Ahora se llevan el dinero por nuestro propio bien, para garantizar a todos los ciudadanos que sus ahorros están a salvo. Según el Informe del Laboratorio de Inclusión Social 2008 en España en estos momentos hay casi 9 millones de pobres (el 19% de la población) y en los comedores de Cáritas para menesterosos no dan abasto. ¿Es real la realidad?

Que no nos vuelvan a engañar con el mercado

Mientras tanto electrónico

La crisis financiera tiene todos los visos de acabar en un desastre social. La historia se repite. Pero al menos servirá para poner en evidencia algunos de los mitos que han dominado los discursos políticos de los últimos años.

No voy a detenerme en analizar los entresijos del plan de salvamento a los grandes grupos financieros. Cada día las cosas cambian y lo esencial es demasiado simple: se trata de transferir inmensas cantidades de dinero a los ricos para evitar la quiebra total del sistema financiero mundial. Si el contenido de clase de la medida resulta evidente, es mucho más dudosa su efectividad en detener la crisis, como han apuntado ya muchos críticos. Pero ya se sabemos que las sociedades actuales están basadas en estructuras clasistas que imponen sus intereses al conjunto de la población. Y en ausencia de movimientos de masas alternativos, como es el caso, es difícil esperar que las élites políticas apliquen otras lógicas. Por esto es tan urgente empezar a organizar a la gente para afrontar el desastre y para ello se requiere tener buenas ideas que orienten el camino.

Si de algo está sirviendo la crisis actual es para mostrar la inanidad del discurso pseudo-científico con el que se ha sustentado el neoliberalismo. La idea de que era posible y eficiente una sociedad basada en individuos egoístas sólo coordinados por el mercado, un mercado organizado él mismo por organizaciones mercantiles o pseudo-mercantiles, simples estructuras técnicas diseñadas para “regular el tráfico”, dar información a los individuos libres y generar competencia: no sólo han quebrado grandes empresas, también han volado por los aires instituciones como las agencias de evaluación de riesgos, las reguladoras del mercado de valores. etc.

Ahora es evidente su ineficiencia social (a menos que se confunda eficiencia con la posibilidad de amasar riqueza para una minoría social), su incapacidad para gestionar racionalmente las necesidades humanas. Bueno es recordar que los promotores inmobiliarios que han invertido sin sentido y los banqueros que han concedido créditos sin garantías eran “profesionales cualificados”, expertos en evaluar sus mercados, tan expertos que han provocado un fallo sistémico. Pero aún más evidente es que eso que llaman “mercado” es un juego de tahúres con cartas marcadas. Y que la intervención pública es también esencial para que todo funcione. Bueno será recordarlo cuando exijan recortes sociales.

Todo esto es obvio. Menos para buena parte de los técnicos que tendrían que dar respuestas serias a la situación: los profesionales de la Economía. Cualquiera que se asome a un curso formativo observará que su núcleo central sigue basado en supuestos etéreos de competencia perfecta, mercados flexibles que se ajustan instantáneamente, equilibrios eficientes etc. La cuestión del poder económico está ausente o, como mucho, aparece en los capítulos dedicados a “mercados imperfectos”.

En los últimos treinta años la formación académica ganó en formalismo, pero a cambio de reforzar estas “creencias” en individuos con “expectativas racionales”, y en diseñar “mercados adecuados” (como el de la moda de las contratas por subasta). Una ciencia esotérica que poco aporta al conocimiento de la realidad pero que ha servido para justificar la evolución catastrófica del capitalismo, que ha dejado fuera de plano un cúmulo de aportaciones valiosas de estudiosos que habían reconocido que los oligopolios, la acumulación de capital, los costes sociales, las desigualdades, eran consustanciales al desarrollo capitalista, y que ha servido también para ignorar las críticas que en los últimos años se han realizado desde nuevos enfoques como la economía feminista y la ecología política. Es esta una batalla particular, limitada a un espacio de la formación cultural, pero posible en el momento en el que la realidad convierte en increíble el discurso de los manuales de Economía que sirven para aleccionar a miles de cuadros medios en todo el mundo.

También algunos sectores de la izquierda cayeron en la trampa. En los últimos años muchos de los sectores críticos han dirigido sus esfuerzos a cuestionar el mercado, como si fuera un todo. Algunos incluso han llegado a centrar sus propuestas alternativas en el trueque, sin caer en la cuenta de que se trata de una forma diferente de mercado, en el que pueden aparecer los mismos vicios (o que simplemente el trueque aparece cuando las cosas están tan mal que la gente intercambia lo que puede, como en Catalunya al final de la Guerra Civil, y el que no tiene nada se tiene que aguantar). Criticando al mercado nos hemos olvidado del capitalismo, un sistema que en su fase madura se caracteriza por el predominio de empresas oligopolísticas, y de que el funcionamiento real de los negocios entraña a la vez acciones en el mercado y en el poder político. Cualquier análisis de los grandes negocios de los últimos años muestra que éstos se han conseguido en gran parte mediante la intervención pública: contratas, privatización de servicios públicos, subvenciones, recalificaciones de suelo, proyectos de I+D, etc. Centrar las críticas en el mercado supone olvidarse de dos grandes cuestiones de la crítica al capitalismo: el papel de las instituciones en la configuración de los mercados reales, de una parte, la importancia de las estructuras de poder jerárquico en las organizaciones, de otra. Demasiado olvido para poder reconstruir procesos alternativos.

La crisis puede ser duradera y atroz. Requerirá de muchas respuestas sociales para eludir la catástrofe. Y de respuestas intelectuales adecuadas que las orienten. Por esto una parte de la tarea esencial es acabar con las ideas que convierten a los mercados en bienes o males absolutos y sustituirlos por análisis más realistas que sitúen adecuadamente el papel de las diferentes formas de organización e interacción social actuales. Que permitan pensar alternativas que conduzcan a una humanidad más justa y eficiente. Que permitan aprender de los fracasos simultáneos de la planificación burocrática y el mercado neoliberal.

Lecciones del colapso de Wall Street

Global Research

El colapso del mercado bursátil y la pérdida de cientos de miles de millones de dólares, gestados por los bancos inversores de Wall Street, ilustran las trampas y peligros del capitalismo de libre mercado a que se enfrenta toda la población trabajadora de los Estados Unidos.

La bancarrota inminente de la Seguridad Social: El intento de hace tres años de la Casa Blanca y de destacados congresistas republicanos y demócratas de “privatizar” la Seguridad Social –volcando esencialmente en Wall Street la administración e inversión de miles de millones de dólares de fondos de la Seguridad Social-, con el argumento de que los inversores privados obtendrían mayores ganancias, habría llevado a la bancarrota de toda la financiación de la Seguridad Social.

La privatización habría permitido que los bancos de inversiones privadas más importantes apalancaran y especularan incluso con los instrumentos financieros de más alto riesgo, con los desastrosos resultados que estamos presenciando en estos momentos. Aunque los fondos privados de pensiones se han ido a pique, la Seguridad Social sigue en pie.

Son las pensiones privadas las que están en bancarrota, no los fondos de la Seguridad social administrados públicamente, contrariamente a las opiniones de expertos y críticos de la Seguridad Social. La actual debacle privada sirve, claramente, para defender el control y la administración públicos de los programas de pensiones.

Todos los fondos privados importantes de pensiones para empleados públicos y privados, incluyendo TIAA CREF, CALPERS y las pensiones de los sindicatos han registrado pérdidas de entre el 23 al 30% desde el mes de enero y han venido mostrando un crecimiento negativo a lo largo de los últimos cinco años.

Se ha puesto de manifiesto que vincular los fondos de pensiones con los mercados de valores no ha servido más que para reducir gravemente los niveles de vida de los jubilados, obligando a muchos de ellos a seguir como fuerza laboral hasta los setenta o más años si no quieren hundirse en la pobreza. Las pensiones vinculadas con actividades productivas financiadas públicamente habrían evitado las pérdidas y riesgos implícitos en las inversiones en el mercado bursátil.

Las decisiones estratégicas bipartidistas de convertir EEUU en una economía de “servicios” en oposición a una economía manufacturera diversificada es la causa-raíz del colapso del sistema financiero estadounidense y de la aparición de una recesión a largo plazo. Desde los años sesenta en adelante, la elite política ha venido adoptando una serie de políticas que promovieron las finanzas, las compañías inmobiliarias y de seguros, lo que se conoce como sectores FIRE, que se dedicaron a aumentar los alquileres, desviar subsidios, proporcionar concesiones fiscales y subsidios, destruyendo y desplazando a la industria.

La reconversión de una economía FIRE en una economía manufacturera equilibrada y la recuperación del estado del bienestar, esenciales para revertir el colapso de la economía estadounidense, requerirán de una importante convulsión política.

La huida masiva de capital de los sectores productivos a los sectores FIRE fue acompañada de un inmenso crecimiento del capital exterior, haciendo que la economía interna, especialmente volátil y basada en "servicios financieros” de riesgo y consumidores tremendamente endeudados, pasara totalmente a depender de los “servicios”.

La conversión de EEUU de una economía diversificada en una de monocultura “FIRE” aumentó las probabilidades de un colapso general cuando el mercado financiero/inmobiliario se fuera a pique. La recuperación y el crecimiento sostenido sólo pueden producirse con el retorno a una economía diversificada, con la retención del capital huido al extranjero, la inversión a gran escala y largo plazo y los incentivos para los sectores productivos y de servicios sociales.

La búsqueda de la construcción del imperio dirigida por el ejército a expensas de las empresas mixtas y de los acuerdos de comercio recíproco con países con mercados en expansión, fuentes energéticas estratégicas y grandes poblaciones y mercados, crearon enormes déficit presupuestarios y comerciales y alienaron fuentes potenciales de mercados y materias primas estratégicas.

Mil billones de gastos militares en pos de guerras coloniales prolongadas y de altísimo coste (infinito), desviaron los fondos de su aplicación en avances tecnológicos y manufacturas caras y de gran calidad, que habrían abaratado costes y aumentado la competitividad mercantil. Igual importancia tuvo que, al sustituir la expansión interior dirigida por el mercado por la conquista exterior dirigida por el ejército, todo el eje del poder económico se trasladara del capital industrial al capital financiero.

Así, el capital financiero necesario para financiar el déficit presupuestario del gobierno, originado por los gastos militares, fue cada vez adquiriendo más peso: Wall Street sustituyó la correa de acero como eje de poder en Washington.

El ascendiente del militarismo y del capital financiero facilitaron que incrementara su influencia una configuración virulenta del poder que promovía específicamente los intereses hegemónicos regionales de un estado militarista-colonial que hasta entonces había sido un lobby político marginal: la configuración del poder sionista a favor de Israel (ZPC, por sus siglas en inglés).

Los constructores del imperio dirigido por el ejército vieron en la ZPC un aliado estratégico en su búsqueda de conquistas globales, la ZPC vio una puerta abierta hacia los altos despachos y múltiples oportunidades para promover la agenda expansionista de Israel a través de su influencia en los comités del Congreso, en las campañas electorales y en los nombramiento directos para la Casa Blanca.

El incremento de influencia de la ZPC en los escalones más altos del poder vino instigado por el aumento de apoyo financiero que recibieron de miembros situados en posiciones estratégicas en las instituciones financieras más lucrativas. La ZPC fue un beneficiario económico de la burbuja especulativa: fue la infusión masiva de aportaciones financieras lo que permitió que la ZPC ampliara inmensamente el número de funcionarios con dedicación completa, de traficantes de influencias y de contribuyentes a las elecciones que magnificaron su poder, especialmente a la hora de promover las guerras estadounidenses en Oriente Medio, en escorados acuerdos de libre comercio (a favor de Israel) y en el incuestionable apoyo a la agresión israelí contra Líbano, Siria y Palestina.

La recuperación económica va a depender de que se ponga fin al presupuesto dedicado al imperialismo militar. Eso no va a suceder a menos que se produzca el reemplazo sistemático de la elite política alimentada a partir de la metafísica del poder global basado en el ejército.

Ninguna recuperación económica es posible ahora o en un previsible futuro mientras el Congreso estadounidense y sus ejecutivos proporcionen rescates financieros por valor de mil billones de dólares a los insolventes especuladores de Wall Street, financien presupuestos de 700.000 millones de dólares para los gastos de una guerra siempre en expansión y los broker del poder sionista sigan dictando las políticas estadounidenses en Oriente Medio.

Las lecciones del pasado nos dicen mucho sobre qué caminos debemos y no debemos tomar.

La Seguridad Social existe aún precisamente porque el pueblo estadounidense se rebeló y desertó de la propuesta de traspasarla a Wall Street y quiso que siguiera siendo un programa dirigido públicamente. El sistema financiero se colapsó porque la economía estadounidense está “especializada” en una única cosecha: la financiera, a expensas de una economía productiva diversificada.

El sistema político está totalmente desacreditado porque está dirigido por una elite política fracasada que representa y actúa desvergonzadamente en nombre de unos pocos miles de oligarcas financieros, un par de cientos de oligarcas militaristas y unas cuantas docenas de celosas organizaciones sionistas.

La “elite en el poder” sólo es tan poderosa como parece porque puede manipular, intimidar y engañar a más de 300 millones de ciudadanos estadounidenses haciéndoles pensar que son indispensables para sus vidas. El abrumador rechazo popular a la privatización de la Seguridad Social y al rescate financiero de Wall Street sugiere que la oligarquía reinante no es invencible.