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Las desastrosas consecuencias del desempleo

Las desastrosas consecuencias del desempleo
Juan Rodríguez. Attac Mallorca

La CEOE ha vuelto estos últimos días a solicitar un abaratamiento del despido con el argumento de que es necesario para la creación de nuevos puestos de trabajo. Esta solicitud se ha convertido en una reivindicación constante por parte de la patronal, independientemente de cuál sea la situación económica. No resulta difícil demostrar que el despido no es ni demasiado difícil ni demasiado costoso en España; basta con analizar los datos de los últimos meses en los que la tasa de desempleo ha aumentado cerca de un cincuenta por ciento arrojando a medio millón de personas al paro.

Se deduce entonces, que el objetivo de la CEOE es el de conseguir transferir riesgos de la actividad desde las empresas hacia los trabajadores para que las compañías puedan ajustar de forma económica sus plantillas y adaptarlas fácilmente a la coyuntura económica. Sin embargo, este traspaso perjudica a la parte más débil y tiene efectos perniciosos, no sólo sobre los trabajadores afectados, sino también sobre la economía y sobre la sociedad.

En primer lugar, es evidente que el aumento del desempleo provoca una disminución de los ingresos de las familias, por lo que éstas tienen que reducir su nivel de vida. Las consecuencias de este hecho no son sólo económicas, sino también sociales, y se agravan por el hecho de que el paro suele afectar con mayor intensidad a los sectores más débiles de la sociedad. En numerosas ocasiones, el pensamiento económico dominante cita a la inflación como el principal enemigo de las clases humildes, pero, si bien es cierto que el aumento de precios es especialmente negativo para las familias con menores ingresos, son mucho peores los efectos que tienen sobre ellos la falta de un empleo o la precariedad laboral.

El desempleo puede contribuir a empeorar la salud mental de las personas, aumentando los casos de depresión, ansiedad, adicción y trastorno adaptativo. También deteriora la autoestima del individuo, lo que a su vez dificulta las posibilidades de recolocación, y trastorna la vida familiar, especialmente si éste afecta al cabeza de familia, provocando generalmente un aumento de tensiones que tienden a deteriorarla y a aumentar los conflictos entre los miembros. Todos estos factores, junto con la importante pérdida de ingresos, aumentan el riesgo de exclusión social.

La precariedad laboral y, evidentemente, el desempleo también aumentan la angustia de los afectados e influyen en la determinación de su plan de vida y su planificación familiar. Los jóvenes deben postergar su edad de emancipación ante la imposibilidad de acceso a la vivienda y de creación de una unidad familiar con unos ingresos estables, asimismo provocan una disminución de la natalidad y retrasan la edad a la que se tienen los hijos.

Conviene escapar de la concepción del desempleo como una mera cifra estadística, ya que detrás del número existen unas realidades humanas; sin embargo, como ya he comentado anteriormente, los efectos del desempleo no sólo afectan al individuo y, para aquellos menos preocupados con los problemas sociales, también hay argumentos que demuestran que es nocivo para la economía.

Es indudable que se produce una reducción de la demanda por la pérdida de poder adquisitivo de las personas afectadas por el desempleo. Este descenso es más pronunciado en aquellos bienes que por su coste requieren una mayor planificación, posponiendo su compra a futuros tiempos mejores. La contracción de la demanda tiene efectos negativos sobre el PIB y provoca una especie de "efectos de segunda ronda" contribuyendo a un mayor aumento del desempleo.

El siguiente efecto es sobre los ingresos y gastos del Estado. Por un lado, el aumento del paro disminuye la recaudación de impuestos tanto directos como indirectos; los primeros como consecuencia de la reducción de los ingresos familiares que tributarán por cantidades inferiores en el impuesto de la renta (reduciéndose también las cotizaciones a la Seguridad Social) y los segundos por la reducción del consumo que disminuirá la recaudación por IVA y otras tasas. Pero los efectos nocivos no acaban aquí, ya que el Estado debe hacer frente al aumento de los pagos por prestaciones al desempleo por lo que dispone de menos recursos para dedicar a otras partidas de gasto.

Por último, el desempleo supone un despilfarro de recursos; tasas elevadas suponen una pésima optimización de los mismos. Siendo el factor humano uno de los factores que influyen en la producción, resulta totalmente antieconómico mantener un stock de capital humano sin uso tan elevado. A nadie se le ocurriría, por ejemplo, mantener un porcentaje de capital sin utilizar y sin embargo para algunos parece ser que el factor humano tiene menos importancia.

Por tanto, la reducción del desempleo debería ser una de las prioridades de políticos y autoridades, pero no sólo esto, el descenso no debe basarse en una precarización que únicamente provoque una reducción de las diferencias entre tener trabajo y no tenerlo, lo que trasladaría los problemas citados a la población "ocupada", sino que debe basarse en la creación de un empleo con unos estándares mínimos de estabilidad y retribución.

Sales y soles: El fantasma de la inmigración

Sales y soles: El fantasma de la inmigración

Los periodistas nos crecemos ante las tragedias humanas. Nuestro mejor verbo, los adjetivos superlativos, afloran y se multiplican con el dolor ajeno. Las penas y penurias nos excitan tanto que llegamos a perder el conocimiento y lo que contamos, al final, no enseña nada. El último ejemplo, esta misma semana. Hemos descubierto, consagrado, “el supercayuco”, “el cayuco-bus”, “el cayuco gigante”...

“Nunca había visto nada igual, es una barbaridad”, confiesa Juan Antonio Corujo, coordinador de Emergencias de Cruz Roja. Una embarcación de 30 metros de eslora acaba de arribar al puerto tinerfeño de Los Cristianos con 229 inmigrantes subsaharianos hacinados a bordo, 25 de ellos menores de edad. Han batido todas las marcas, anuncian en portada los medios. El anterior récord, un cayuco con 180 personas, alcanzó su meta, también Tenerife, un 29 de julio de 2007. La competición promete. Lo próximo, las pateras jardín de infancia, las guarderías errantes. Más capacidad, con el mínimo espacio.

Un negro asusta, varios cientos aterrorizan. Sentados en la playa, abatidos, con la mirada perdida, los 229 inmigrantes plusmarquistas mundiales parecen restos de una marea negra. Chapapote humano. Al rato, la arena recobra todo su esplendor y albura. De la barca, de sus buenas gentes, nada, nadie. Han desaparecido, como si fueran fantasmas. La escritora uruguaya Ida Vitale sostiene en su “Léxico de afinidades” que un fantasma es “alguien a quien habiéndole dicho muchas veces: muérete, insiste en estar vivo”. Alguien empeñado, naufragios y ausencias incluidas, en darle la vuelta a la vida. Un espíritu libre.

Los paréntesis del capitalismo

Los paréntesis del capitalismo

Hace unos días causaron cierto escándalo las declaraciones del presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) pidiendo que se haga un paréntesis en la economía de mercado para salir de la actual crisis económica. Se le vino a acusar por tal sugerencia de desfachatez e incoherencia, dando por supuesto que los empresarios deben defender siempre el mercado.

 

Y sin embargo, el presidente de la CEOE, en mi opinión, actuaba en total coherencia con los intereses que defiende (también con la desfachatez propia del cargo, pero esa es otra cuestión). No hay que olvidar que vivimos en una economía capitalista. Cierto que a lo largo del siglo XX la crítica al capitalismo, basada en buena medida en la que hizo Marx pero también en la de otros campos como la doctrina social católica o el keynesianismo, ha conseguido un importante éxito y es que sus defensores se avergüencen del nombre. Hoy se prefiere hablar de economía de mercado, libre competencia, libertad de empresa, apertura de los mercados, sociedad abierta, globalización del desarrollo, crecimiento económico, toda una serie de etiquetas biensonantes que pretenden describir el sistema imperante. Incluso hay quienes lo describen simplemente como democracia.

Pero arañando un poquito para que salga a la superficie lo que disfraza esta operación de marketing nos encontramos con el mismo sistema económico que viene funcionando desde hace unos siglos: el capitalismo. Adaptado, eso sí, a los tiempos, porque su capacidad de adaptación es notable. Pero capitalismo al fin, que no supone otra cosa que un sistema basado en la acumulación incesante de capital y el dominio del capital (de los que lo poseen o manejan) sobre todos los factores económicos, sobre el trabajo, la producción y el intercambio de bienes y servicios, y a través de ese dominio también sobre la estructura social y política.

Lo que mueve al capitalismo, un sistema esencialmente depredador y con escasos escrúpulos, es la necesidad de acumular, de ganar más y más, de vencer todos los obstáculos que se opongan a mejorar la cuenta de resultados, lo único importante. Lo demás es todo accidental o, mejor, instrumental, y por ello se puede adoptar o se puede abandonar, o si hace falta se abandona transitoriamente haciendo un paréntesis para retomarlo cuando interese.

Así, la economía de mercado suele constituir una buena herramienta para el desarrollo capitalista. Pero ojo; no siempre imprescindible. Contrariamente a lo que se dice, ni el mercado lo crea la iniciativa privada ni se opone a la intervención estatal. Es el Estado quien garantiza la existencia de mercado porque este exige seguridad en las transacciones y confianza de los participantes en que los contratos se cumplen y las deudas se pagan. Esto sólo se consigue de dos maneras: o lo hace el Estado estableciendo leyes, jueces, policías, o lo hacen los propios hombres de negocios (así se denominaban a sí mismos Vito Corleone y los suyos).

Pero con esta segunda opción, la ley de la jungla y las prácticas mafiosas, a medio y largo plazo se degenera en la destrucción del propio mercado y el establecimiento del monopolio a favor del más fuerte, riesgo que acecha siempre a los sistemas basados en la competencia si no aparece un árbitro con autoridad para regularla.

Ni el mercado ni la iniciativa privada son capaces por sí mismos de producir la estabilidad y confianza necesarias para que funcione la economía; y si queremos un ejemplo claro, ahí tenemos ahora mismo a los bancos centrales, encabezados por la Reserva Federal norteamericana, tomando medidas desesperadas para remediar la crisis de confianza que se ha instalado en el sistema financiero. Después de unos años de abusar del libre mercado y de predicar la limitación de la intervención estatal el caos generado por la mano invisible aconseja prescindir un tiempo de la receta.

No hay problema. El capitalismo ha sido liberal a ratos, pero no siempre. En sus inicios ha estado aliado con el absolutismo, el proteccionismo y la concesión de monopolios industriales y comerciales. Es decir, con el mercado limitado. Casi todos los países han cimentado su desarrollo económico en una fuerte iniciativa estatal (¿tendremos que recordar otra vez los planes de desarrollo del franquismo?).

Pero la compañía del Estado es prescindible; a partir de cierto momento los empresarios prefieren volar solos en el mercado y se reconvierten al liberalismo, sobre todo, económico pero que acaba contagiándose en el plano político. Los cambios que experimenta un capitalismo inicialmente basado en la producción pero luego en el consumo desenfrenado primero de productos y más tarde de servicios requieren también un entorno político adaptable. Del absolutismo pasan a impulsar los sistemas constitucionales liberales, y de éstos a los democráticos.

Pero tampoco hay que ser fundamentalistas de la democracia; cuando el capital está en riesgo también se puede hacer un paréntesis en la democracia (Alemania 1933, España 1936, Chile 1973, China ahora mismo y un larguísimo etcétera de alianzas entre dictaduras y capitalistas).

Tampoco ha sido problema prescindir, cuando ha interesado, del liberalismo económico. En la Europa de las posguerras mundiales hubo que pactar y dar lugar a lo que se ha llamado “economía social de mercado”. Es decir, mercado pero con cierto grado de intervención estatal y un sistema público de protección social.

En España incorporamos este modelo a la Constitución de 1978. Se garantiza la economía de mercado, la propiedad y la iniciativa privada. Pero también la subordinación de toda la riqueza a los intereses generales; la posibilidad de reservar al sector público recursos o servicios esenciales; el fomento de la participación de los trabajadores en la empresa, de las cooperativas y del acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producción; la planificación de la actividad económica general para atender a las necesidades colectivas; una distribución de la renta regional y personal más equitativa; la política de pleno empleo; la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación y la participación pública en las plusvalías que genere la acción urbanística. Puede parecer mentira pero todas estas medidas no provienen del programa de Hugo Chávez sino que están literalmente en la Constitución española. Claro que llevamos ya muchos años de paréntesis en su aplicación porque tuvo la desgracia de promulgarse justo cuando los vientos estaban girando hacia el neoliberalismo.

En fin, que no hay nada nuevo bajo el sol. Tras el de la economía social ahora le toca un pequeño paréntesis al mercado. Mientras se pudo ordeñar el mercado, se ordeñó con avaricia, pero ahora que sus ubres están secas hay que ir a sacar dinero de donde hay, al erario público. Retomemos el criterio social aunque sólo para socializar el riesgo y las pérdidas. Los contribuyentes que hemos estado pagando para apoyar que las empresas ganen dinero seguiremos pagando para que no lo pierdan. Estas son las reglas del juego.

La crisis del siglo

La crisis del siglo
Le Monde Diplomatique

Los terremotos que sacudieron las Bolsas durante el pasado «septiembre negro» han precipitado el fin de una era del capitalismo. La arquitectura financiera internacional se ha tambaleado. Y el riesgo sistémico permanece. Nada volverá a ser como antes. Regresa el Estado.

El desplome de Wall Street es comparable, en la esfera financiera, a lo que representó, en el ámbito geopolítico, la caída del muro de Berlín. Un cambio de mundo y un giro copernicano. Lo afirma Paul Samuelson, premio Nobel de economía : «Esta debacle es para el capitalismo lo que la caída de la URSS fue para el comunismo.» Se termina el período abierto en 1981 con la fórmula de Ronald Reagan: «El Estado no es la solución, es el problema.» Durante treinta años, los fundamentalistas del mercado repitieron que éste siempre tenía razón, que la globalización era sinónimo de felicidad, y que el capitalismo financiero edificaba el paraíso terrenal para todos. Se equivocaron.

La «edad de oro» de Wall Street se acabó. Y también una etapa de exuberancia y despilfarro representada por una aristocracia de banqueros de inversión, «amos del universo» denunciados por Tom Wolfe en La Hoguera de las vanidades (1987). Poseídos por una lógica de rentabilidad a corto plazo. Por la búsqueda de beneficios exorbitantes.

Dispuestos a todo para sacar ganancias: ventas en corto abusivas, manipulaciones, invención de instrumentos opacos, titulización de activos, contratos de cobertura de riesgos, hedge funds… La fiebre del provecho fácil se contagió a todo el planeta. Los mercados se sobrecalentaron, alimentados por un exceso de financiación que facilitó el alza de los precios.

La globalización condujo la economía mundial a tomar la forma de una economía de papel, virtual, inmaterial. La esfera financiera llegó a representar más de 250 billones de euros, o sea seis veces el montante de la riqueza real mundial. Y de golpe, esa gigantesca «burbuja» reventó. El desastre es de dimensiones apocalípticas. Más de 200 mil millones de euros se han esfumado. La banca de inversión ha sido borrada del mapa. Las cinco mayores entidades se desmoronaron: Lehman Brothers en bancarrota; Bear Stearns comprado, con la ayuda de la Reserva Federal (Fed), por Morgan Chase; Merril Lynch adquirido por Bank of America; y los dos últimos, Goldman Sachs y Morgan Stanley (en parte comprado por el japonés Mitsubishi UFJ), reconvertidos en simples bancos comerciales.

Toda la cadena de funcionamiento del aparato financiero ha colapsado. No sólo la banca de inversión, sino los bancos centrales, los sistemas de regulación, los bancos comerciales, las cajas de ahorros, las compañías de seguros, las agencias de calificación de riesgos (Standard&Poors, Moody’s, Fitch) y hasta las auditorías contables (Deloitte, Ernst&Young, PwC).

El naufragio no puede sorprender a nadie. El escándalo de las «hipotecas basura» era sabido de todos. Igual que el exceso de liquidez orientado a la especulación, y la explosión delirante de los precios de la vivienda. Todo esto ha sido denunciado –en estas columnas – desde hace tiempo. Sin que nadie se inmutase. Porque el crimen beneficiaba a muchos. Y se siguió afirmando que la empresa privada y el mercado lo arreglaban todo.

La administración del Presidente George W. Bush ha tenido que renegar de ese principio y recurrir, masivamente, a la intervención del Estado. Las principales entidades de crédito inmobiliario, Fannie Mae y Freddy Mac, han sido nacionalizadas. También lo ha sido el American International Group (AIG), la mayor compañia de seguros del mundo. Y el Secretario del Tesoro, Henry Paulson (expresidente de la banca Goldman Sachs…) ha propuesto un plan de rescate de las acciones «tóxicas» procedentes de las «hipotecas basura» (subprime) por un valor de unos 500 mil millones de euros, que también adelantará el Estado, o sea los contribuyentes.

Prueba del fracaso del sistema, estas intervenciones del Estado –las mayores, en volumen, de la historia económica- demuestran que los mercados no son capaces de regularse por sí mismos. Se han autodestruido por su propia voracidad. Además, se confirma una ley del cinismo neoliberal: se privatizan los beneficios pero se socializan las pérdidas. Se hace pagar a los pobres las excentricidades irracionales de los banqueros, y se les amenaza, en caso de que se nieguen a pagar, con empobrecerlos aún más.

Las autoridades norteamericanas acuden al rescate de los «banksters» («banquero gangster») a expensas de los ciudadanos. Hace unos meses, el Presidente Bush se negó a firmar una ley que ofrecía una cobertura médica a nueve millones de niños pobres por un costo de 4 mil millones de euros. Lo consideró un gasto inutil. Ahora, para salvar a los rufianes de Wall Street nada le parece suficiente. Socialismo para los ricos, y capitalismo salvaje para los pobres.

Este desastre ocurre en un momento de vacío teórico de las izquierdas. Las cuales no tienen «plan B» para sacar provecho del descalabro. En particular las de Europa, agarrotadas por el choque de la crisis. Cuando sería tiempo de refundación y de audacia.

¿Cuanto durará la crisis? «Veinte años si tenemos suerte, o menos de diez si las autoridades actúan con mano firme.» vaticina el editorialista neoliberal Martin Wolf (1). Si existiese una lógica política, este contexto debería favorecer la elección del demócrata Barack Obama (si no es asesinado) a la presidencia de Estados Unidos el 4 de noviembre próximo. Es probable que, como Franklin D. Roosevelt en 1930, el joven Presidente lance un nuevo «New Deal» basado en un neokeynesianismo que confirmará el retorno del Estado en la esfera económica. Y aportará por fin mayor justicia social a los ciudadanos. Se irá hacia un nuevo Bretton Woods. La etapa más salvaje e irracional de la globalización neoliberal habrá terminado.

Nota 1) Financial Times, Londres, 23 de septiembre de 2008

Gigantes financieros: irán cayendo uno detrás de otro

Sistema Digital

“Esta crisis es el fruto de la falta de honradez de las
instituciones financieras y de la incompetencia de los políticos”

(Joseph Stglitz, Premio Nobel de Economía)

Es muy difícil que los ciudadanos normales, los que contamos como mucho con unos cuantos cientos de euros, nos demos cuenta del alcance real que está teniendo la crisis financiera y el desastre gigantesco que se está produciendo en los mercados. Entre otras cosas, porque se están encargando de ocultarlo y, sobre todo, de disimular sus verdaderas causas.

Hemos perdido ya la cuenta de los grandes bancos, fondos de inversión o aseguradoras que han quebrado y de la cifra de los rescates que están pagando los bancos centrales y gobiernos para tratar de salvar a otros muchos.

Sólo en esta semana son cientos de miles de dólares los que se han volatilizado, los que las autoridades han tenido que poner a disposición de los mercados (quiero decir, de los grandes banqueros y financieros que son, en realidad los que tienen cabeza, sentimientos y, sobre todo, bolsillo y no los mercados, como se nos dice) para inyectar la liquidez que parece haber desaparecido por completo.

Los ciudadanos se preguntan qué está pasando y qué es lo que va a pasar, pero los medios de comunicación (la mayoría participados de modo determinante por los propios bancos) y los responsables gubernamentales apenas si se limitan a balbucear vaguedades y justificaciones abstractas que nada aclaran.

En realidad, lo que ha pasado es bastante simple.

Nuestro sistema económico se ha ido consolidando como un sistema financiarizado, porque la compra y venta de activos financieros, de papel, se ha convertido en la forma más fácil y rápida de obtener beneficios. Aunque también la más arriesgada y peligrosa.

Lo que ocurre es que para que eso haya sido posible ha resultado necesario expandir la generación de deuda hasta límites gigantescos.

Hasta hace unos decenios la deuda la generaban los bancos con el fin de crear más dinero con el que podían financiar nuevas actividades económicas productivas.

Hay que saber algo muy sencillo. Cuando Pedro le presta a Solbes 100 euros en metálico, la cantidad de dinero existente en la economía permanece inalterada. Pero cuando Pedro deposita su billete de 100 euros en el Botine's Bank y luego éste presta a Solbes 80 euros, resulta que la cantidad de dinero existente en la economía aumenta en 80 euros. Es verdad que no varia la cantidad de dinero en metálico (100€), pero sí el llamado "dinero bancario" que Botine's Bank acaba de crear (80€).

Es fácil entender el atractivo que tiene este aparentemente mágico negocio bancario: sólo recogiendo en un lado, depositando una parte y prestando a otro se obtiene un sabroso beneficio y, además, se crea dinero que no es un mero papel sino, sobre todo, un instrumento de poder y decisión.

Cuanta más deuda se crea, más beneficio y cuanto más beneficio, más deuda se demanda.

Pero si esto se hacía tradicionalmente para financiar la actividad económica, lo que ahora sucede es que el dinero bancario se utiliza para realizar operaciones financieras que nada tienen que ver con las productivas que crean riqueza y empleo.

Y la crisis actual se ha producido porque hemos llegado al paroxismo. Por un lado, la deuda creada alrededor del boom inmobiliario de Estados Unidos y en general en los demás países es ingente, excesiva e insostenible. Por otro, esa deuda está basada cada vez más en papeles de muy poco valor, muy opacos, tremendamente arriesgados, volátiles, y muchos de ellos literalmente sin valor, como las hipotecas de millones de personas que han dejado de pagarlas.

Como la multiplicación de todas esas operaciones en papeles tan arriesgados llevaba consigo un peligro muy grande, y como se trataba de inversiones que se hacían con cargo a los depósitos o ahorros de particulares y empresas, los bancos trataron de disimular el pantanal de riesgo en el que se estaban metiendo. Y lo hicieron con la complicidad de dos instituciones que se han mostrado como auténticas corresponsables de la crisis: las agencias de rating que alteraban la calificación real de esos valores para hacer creer que no tenían problema, y los bancos centrales, que dejaron hacer libremente sin intervenir, o incluso facilitando todo ello, como en el caso de Estados Unidos.

Pero el pastel estaba llamado a ser descubierto y se descubrió cuando uno detrás de otro los bancos no pudieron disimular por más tiempo sus inversiones en subprime, en paquetes de hipotecas sin valor, en fondos inmobiliarios que ya no tenían mercado, en burbujas que habían estallado o estaban a punto de hacerlo...

Comenzaron a quebrar o a hundirse uno detrás de otro y en esas estamos.

La procesión ha comenzado pero que nadie crea ni por asomo que se atisba su final. De hecho, en España ni siquiera ha comenzado, y es seguro que comenzarán a caer también.

Es seguro que van a seguir cayendo uno detrás de otro mientras que no se corte de raíz este proceso infernal de derivación financiera, de especulación desmedida, de descontrol de los capitales, de inversiones en burbujas...

Y es seguro que van a seguir cayendo mientras que los bancos centrales sigan haciendo lo que están haciendo: echar leña al fuego inyectando cada vez más dinero que no sirve sino para que las grandes financieras sigan haciendo lo único que saben hacer y que es lo que ha provocado la crisis.

Se ha llegado a una situación tan extrema que ya no cabe más solución que hacer mesa limpia, gobernar al dinero, domeñar a las finanzas, someter a los banqueros al poder de la democracia ciudadana, obligar a que la financiación esté al servicio de las empresas y los consumidores, prohibir el delito financiero continuado en paraísos y evasiones fiscales, imponer la transparencia y obligar a los ricos respeten también principios elementales de moralidad y equidad. 

Pero los que están en el poder no dicen ni quieren hacer nada. Ni son conscientes de lo que han liado ni tienen la menor idea de por dónde empezar a cortar ni, por supuesto, tienen la valentía suficiente para decirle a los banqueros y financieros que han provocado todo esto que hasta aquí hemos llegado y que tienen que hacer frente al desaguisado.

Tendremos que decirlo los ciudadanos.

Metamorfosis y paréntesis

Metamorfosis y paréntesis

"Paréntesis", esa es la palabra que se pronunciaba en la última reunión de la confederación española de empresarios. Como no, a puerta cerrada. En nuestra democracia realmente existente hay todavía muchos espacios vedados y mucha institución-trinchera, y la CEOE tampoco iba a ser una excepción.

Después de haber entonado hasta la exasperación la histriónica necesidad de dejar operar a las fuerzas ciegas del mercado sin intervención estatal de ningún tipo. Después de haber absorbido desde el otro lado del Atlántico las "nuevas ideas" en materia de pensamiento económico, publicitadas por Cowboy Reagan y la dama de hierro, con la inestimable ayuda de los "think thank" y los medios de comunicación que sirvieron de canalizadores y voceros de la nueva ortodoxia ultra-liberal que acabó imponiéndose a escala planetaria, ahora los vientos soplan hacia "otros" horizontes teóricos.

El centro de gravedad se desplaza hacia el Estado y sus administraciones y al nuevo infarto global de la economía-mundo hay que reanimarlo con una nueva dosis de intervencionismo. Eso sí, este giro intervencionista no deja de ser un paréntesis, como bien recalcó Díaz Ferrán, presidente de la confederación española de empresarios.

Hay creencias y dogmas del más diverso tipo: políticos, científicos, religiosos... etc, y lo malo de estos es que siempre nos pillan desprevenidos y nos impiden reaccionar a tiempo. No sólo eso, además, nos ciegan, y para entender procesos sociales, siempre con el punto de multicausalidad e incertidumbre que los caracteriza, no conviene en absoluto agarrarse a un clavo ardiendo para justificar nuestras decisiones, nuestros remedios y recetas, en dogmas de supuesto calado "científico", pero que no dejan de ser interesada cháchara ideológica que conviene a los de siempre.

Don Gerardo Díaz Ferrán es, él lo dice, un férreo creyente en la libertad de mercado, y como toda creencia que llega del cielo de alguna sacrosanta institución, pocas veces suele contrastarse con los hechos, pocas veces se pone en duda, y sobre todo, pocas veces suele cambiarse. Cuando Díaz Ferrán dice que "cree" en el la libre economía de mercado pocas veces se pregunta, como sus colegas, para quien es libre ese mercado y para cuantos, pocas veces se pregunta cuantos la disfrutan, y pocas veces reflexionan sobre los efectos secundarios, ecológicos y humanos, de su muy "libre" economía de mercado.

Cuando Díaz Ferrán dice que "cree" en el libre mercado pero que "hay circunstancias" en la vida que obligan a cambiar el timón ideológico... hace algo así como una muy agnóstica y prudente declaración de fe, esto es, se modera en su creencia cuando las grandes economías privadas se estancan y el "crecimiento" deja de dispararse, y entonces flexibiliza su creencia y se junta con los neo-conversos del intervencionismo estatal. Pero cuando las grandes economías privadas laten fuertes y sanas, crecen como un árbol bien anclado en sus raíces, Díaz Ferrán deja su agnóstica y enternecedora prudencia y contraataca de nuevo con su férrea creencia en la "libre" economía de mercado.

Hay muchos hombres como Díaz Ferrán, yo los llamo empresarios-veleta, y su muy "liberal" costumbre y actitud que consiste en cambiar de creencias en pos de las "nuevas" tendencias ideológicas, suele extenderse también al mundo de la política. Amar e incluso exigir voluntad política para engordar a las vacas flacas que en su tiempo eran gordas, orondas, con jugosas carnes y curvas, amar la política para reanimar el mal estado de los negocios... y despreciarla luego, eso sí, con cínica e histriónica visceralidad, cuando los negocios marchan bien, es la muy "liberal" actitud de Díaz Ferrán y de tantos, tantos políticos, empresarios y periodistas que sufren una imprevisible metamorfosis ideológica cuando las "nuevas" tendencias ideológicas de turno imponen un nuevo "realismo", un nuevo "sentido común" que aspira a perpetuar la voluntad para no hacer nada por el injusto reparto de los panes y los peces... bajo una nueva cháchara ideológica repetida hasta la saciedad por tertulianos, columnistas y conferenciantes que, con vehemente e incluso cómica y hasta histriónica pasión, se ponen de acuerdo en expresar y hasta aparentar un sincero deseo de "cambio" de modelo.

En la universidad, en las columnas de los periódicos y sus nuevos columnistas, en los foros de discusión "científicos", en los pasillos del parlamento, en los despachos de los bancos y en las conversaciones de cafetería algo se mueve. Y sí, algo se mueve, el "cambio" consiste en una operación de by-pass al mercado exigida a las administraciones públicas para resucitar al moribundo, y después de décadas de crecimiento continuado sobre el monocultivo del ladrillo se hace caso omiso a las voces preguntonas que se interrogan sobre el destino de la "riqueza nacional" durante tantos años de supuesta "prosperidad".

Todos se ponen de acuerdo en la necesidad de "cambiar de modelo", y entre la ansiedad y la incertidumbre, entre el caótico vaivén y la guerra de trincheras y posiciones, entre la improvisación acelerada que siempre caracteriza a los tiempos de crisis y "cambios", la necesidad de sentarse y pararse a reflexionar sobre las causas, consecuencias y responsabilidades del modelo de crecimiento ya obsoleto, no sólo se olvida, sino que además se corre como galgos en pos del "futuro" y de la necesidad de "cambiar" para dejar las cosas como estaban.

Cambiará el lenguaje, sí, cambiarán "las ideas" y el contenido del discurso, sí pero las tradicionales estructuras sociales, las tradicionales relaciones sociales, simplemente, permanecen, y la camaradería y hasta la empatía entre capital y trabajo se convierte en una pose que demanda el "sentido común" para apelar colectivamente a la necesidad de salir de la crisis.

El "cambio", finalmente, consistió, consistirá, en una liberadora pataleta moral de circunstancias para aliviar la tensión y la ansiedad acumulada. Y mientras todos alzaban los brazos y clamaban hacia el cielo por la "crisis"... en la tierra, Don Estado se ponía a trabajar y resucitaba a Don capitalismo.

¿Y la izquierda?, la izquierda dormía, dormía y dormía

¡Que inyecten liquidez a los ahogos hipotecarios de las familias!

¡Que inyecten liquidez a los ahogos hipotecarios de las familias!
tercerainformacion.es

A finales del siglo XX y en los principios del siglo XXI, el neoliberalismo venía siendo la cura para todas las enfermedades económicas. En cualquier contexto, esta es (o era) la receta para cualquier sociedad, esté en la situación que esté, lo haga quien lo haga. Esta fue la solución en los '90 a la pobreza en Latinoamérica con los resultados que todos conocemos, pero en Europa no nos percatábamos de la erosión que a nuestra calidad de vida, que está estrechamente ligado a la calidad de los servicios públicos, provocaban las privatizaciones y la disminución (y en algunos casos la desaparición) de impuestos a los poderosos. Bien, hasta hoy muchos sabíamos en Europa que la teoría era al menos poco creíble, hoy ya sabemos, en la practica, que así es, que este sistema no se puede sostener por si mismo, que NO funciona.

No puede dejarnos de llamar la atención las palabras del presidente de la patronal española, Gerardo Diez, al decir que deberíamos tomarnos un paréntesis en la economía de mercado, para salir del paso que es la crisis. Este hombre, queda claro, no tiene ninguna vergüenza.

No se puede, no se puede predicar el libre mercado durante años, denostando a los que siempre hemos defendido un espacio público digno, que nos horrorizábamos ante las privatizaciones de empresas públicas como Telefónica o Argentaria, las cuales ingresaban pingues beneficios a las arcas públicas; y digo que no se puede, después de haber derrochado, a costa del esfuerzo de los trabajadores, los beneficios que hasta ahora estas y otras grandes empresas han derrochado, despilfarrando un montón de dinero y dando trabajos precarios y penosamente pagados.

Y repito, no se puede. No se puede intentar ahora que esos obreros, pagados miserablemente, vengan a salvar a las empresas que estos impresentables han desfalcado. Es increíble que las principales potencias del mundo no se hayan pensado dos veces en soltar 125.543 millones de euros en mano, como quien dice, pagados por los impuestos de todos (40.000 de esos millones los hemos aportado los europeos), para salvar las empresas de cuatro inútiles.

¿Quieren que hablemos de ruinas? ¿quieren que hablemos de problemas económicos? ¿quieren que hablemos de necesitados? Hablemos de las familias hipotecadas entonces, hablemos del número creciente de familias que o bien son incapaces de hacer frente a la deuda usurera que son las hipotecas, o bien que dedican un importantísimo porcentaje de sus ingresos a ello.

O si no les interesa ese tema podemos hablar del también creciente número de parados, de los 2 millones de personas sin trabajo, algunos de ellos inmigrantes, de si debemos dedicar ese esfuerzo en ayudarles buscando alternativas al mercenario mercado de trabajo, en lugar de soltar soflamas racistas de una forma gratuita, provenientes tanto del ministro Corbacho como de Rajoy. ¿Es que no son ellos las victimas de la crisis? ¿no son ellos los que merecen las ayudas de los estados?, ¿es que acaso no son ellos, los que con su trabajo, sacarán de la crisis al sistema?

Consejeros bañados en oro en plena crisis

Público

Algunos altos ejecutivos de las inmobiliarias no saben lo que es la crisis. Sus sueldos siguen subiendo pese al chaparrón de deudas que arrastran las empresas. Es el caso de Reyal Urbis y Realia, cuyos consejos de administración han cobrado un 45% y un 75% más, respectivamente. Al tiempo, los cuatro consejeros ejecutivos de Renta Corporación percibieron un 75,8% más, aunque en este caso se incluyen las cifras de indemnizaciones cobradas por tres ejecutivos salientes, entre ellos, la ex ministra Anna Birulés, explica un portavoz de la empresa.

Son los datos que las propias compañías han enviado a la CNMV y reflejan que ni los consejeros de Reyal Urbis, encabezados por el presidente, Rafael Santamaría, ni los de Renta Corporación, presidida por Luis Hernández de Cabanyes, han debido pensar que sus compañías estaban en pérdidas a la hora de asignar las remuneraciones. Realia es un caso aparte porque no pasa por los problemas financieros que las otras dos competidoras.

Los once consejeros de Reyal Urbis, que está en la cuerda floja, cobraron en conjunto 3,55 millones de euros, incluyendo una partida de seguros de vida, sólo entre enero y junio de este año. Mientras, la compañía registró unas pérdidas de 332 millones.

Los cuatro vocales ejecutivos de Renta Corporación, del total de once que componen el consejo, cobraron 3,72 millones, pese a que la compañía perdió 26 millones. Después de cerrar esas cuentas, la empresa de Hernández de Cabanyes prescindió de la ex ministra Anna Birulés, que ocupaba la vicepresidencia, del consejero delegado, César Bardají, y del director general, Enric Venancio. Estos tres ejecutivos cobraron 2,05 millones, incluidas las indemnizaciones. Si no se contaran estas retribuciones, la remuneración fija sería de 1,05 millones y supondría una reducción del 13%. Otra inmobiliaria que también ha decidido premiar a su consejo de administración es Realia. La empresa controlada por la constructora FCC y Caja Madrid aumentó el sueldo de sus 13 consejeros un 75%, hasta 1,46 millones. La empresa que preside Ignacio Bayón ha justificado que tras salir a bolsa, el año pasado, han aumentado las dietas.

Esta empresa, sin embargo, no atraviesa los graves problemas financieros que sufren otras competidoras como Reyal, Renta Corporación o Colonial. Esta última está entre las que han recortado al máximo la retribución de los consejeros ejecutivos, por decisión de los nuevos capitanes de la inmobiliaria, los bancos acreedores. El consejo de Colonial cobró entre enero y junio de este año 1,3 millones, un 79% menos. Metrovacesa, primera inmobiliaria española, también se ha apretado el cinturón y ha reducido el sueldo del consejo un 65%, hasta 1,2 millones. En ello ha influido el hecho de que la compañía se dividiera en dos en 2007 tras la guerra entre los dos principales accionistas, Román Sanahuja y Joaquín Rivero. Éste se quedó con la parte francesa, agrupada en la inmobiliaria Gecina.

La incansable cantinela neoliberal

La incansable cantinela neoliberal

La crisis económica que atraviesa España ha permitido, entre otras cosas, poner de manifiesto la perseverancia y continuidad de la que goza el discurso neoliberal y su recetario en nuestro país.

A nadie debe escapársele que toda crisis implica la necesidad tanto de hacer un diagnóstico de sus causas como de articular medidas para tratar de superarla cuanto antes. En ese sentido, la analogía con el mundo de la medicina es casi perfecta: el médico deberá diagnosticar adecuadamente la enfermedad y, a continuación, recetar los medicamentos más adecuados para sanar al paciente.

En el caso de la economía las cosas no parecen ser tan evidentes. Siempre me ha causado sorpresa cómo, a pesar de que las razones de las crisis de nuestra economía desde la llegada de la democracia han sido de lo más diversas, las recetas suelen ser siempre las mismas. Es como si el médico recetara el mismo medicamento para una tuberculosis que para una sífilis. Si nadie otorgaría ni el más mínimo grado de fiabilidad a un médico que actuara de esa manera, entonces, ¿por qué se la otorgamos a los economistas?

Basta con recorrer las hemerotecas y ver cómo, ante cada crisis, el recetario es idéntico: flexibilidad laboral, contención salarial, privatización del sistema de pensiones, liberalización de los sectores estratégicos de la economía y pare usted de contar.

Evidentemente, quienes promueven estas medidas son también siempre los mismos sectores: el empresarial, evidentemente, y, con especial potencia, el sector bancario y financiero. Son ellos también, y como se viene demostrando, los mayores beneficiarios de su perseverancia. Basta, para comprobarlo, con ver la evolución de la distribución funcional de la renta durante los últimos años para apreciar el retroceso de la masa salarial frente a los beneficios empresariales.

Pues bien, para esta crisis, el presidente del gobierno invitó a la Moncloa a un grupo de esos economistas que vienen errando en sus predicciones desde que comenzaron a hacerlas y que, curiosamente, se encuentran todos relacionados con el sector empresarial, ninguno del ámbito académico (lo cual, dicho sea de paso, tampoco sería garantía de mucho).

Así que, esta vez, las recetas de siempre llegaron de primera mano y en la propia casa. Ya veremos cuánto tardan en presentarse los efectos. 

Alberto Montero (amontero@uma.es) es profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga. Puedes ver otros textos suyos en su blog La Otra Economía.  

R.I.P., Impuesto de Patrimonio

Ventanas del Falcón

Zapatero dice que, a pesar de la crisis, no se dará ni un paso atrás en las conquistas sociales que se consiguieron la pasada legislatura y que seguirá aplicando políticas sociales.

Por otro lado, Zapatero ha cedido a la presión de la derecha y ha suprimido el Impuesto de Patrimonio, con lo cual se dejará de recaudar 1.800 millones de euros que no se podrán utilizar para políticas sociales.

La dotación aprobada en 2008 para la puesta en práctica de la Ley de Dependencia es de 1.200 millones de euros y el gasto de las ayudas para jóvenes en vivienda de 1.400 euros. Estos son sólo algunos números para imaginar cuántas más iniciativas de este tipo ya no se podrán hacer por la ausencia de esos 1.800 euros que no ingresará el estado por la supresión del impuesto.

El Impuesto de Patrimonio lo pagaban quienes alcanzan un patrimonio de más de 150.000 euros al año (unos 11.000 euros mensuales). La renta salarial media apenas supera los 17.000 euros anuales (poco más de unos 1.200 euros mensuales). Es evidente que el patrimonio medio difícilmente alcanza tales cifras.

Era un impuesto para ricos y fuertemente progresivo. Un contribuyente con un patrimonio de 250.000 a 450.000 euros pagaba 161,04 euros de media, y uno con más de 1.150.000 pagaba 12.347,83 de media.

El 73,1% de la recaudación tenía como origen el 20,6% de los declarantes, con un patrimonio individual superior a 650.000 euros. El 61,3% de la recaudación la pagaron el 6,6% de los declarantes (59.837 personas), con un patrimonio de más de 1.150.000 euros, que con la desaparición del impuesto se ahorran 12.347 euros cada uno.

Que los multimillonarios paguen un impuesto especial es de lo más justo. Y una política de izquierdas requiere recaudar de los más ricos para hacer políticas sociales para los que más lo necesitan.

Paro masivo y atonía política

Paro masivo y atonía política
I

El paro sigue su escalada rampante. Hace sólo dos años asistía a un debate sobre perspectiva social auspiciado por el Ayuntamiento de mi ciudad. Los técnicos que enmarcaban el debate empezaron por presentar los hechos estilizados y el primero de ellos es que habíamos alcanzado el pleno empleo. Hace menos tiempo en otro debate de presuntos expertos en mercado laboral y migraciones, una persona con gran prestigio social en la predicción económica insistía en la necesidad de priorizar las políticas de empleo orientadas a la contratación de inmigrantes para garantizar la continuidad del crecimiento. En ambas ocasiones no fui el único en cuestionar esta visión optimista, aunque quienes lo hicimos éramos conscientes de actuar a contracorriente. Se trataba en todo caso de debates sin relevancia social, pero indicativos de hasta qué punto las élites intelectuales habían interiorizado un discurso incapaz de presentir el peligro de un terremoto. Aún en un momento donde ya se podían percibir los primeros síntomas del fin de ciclo. Y cuando para mucha gente empezaba a ser evidente que una economía tan dependiente de la construcción como la española tenía todos los números para entrar en una recesión grave.

Los errores de previsión han sido generales. En buena parte producto de un tipo de análisis estadístico que tiende más a extrapolar el pasado que a detectar las señales de cambio, que olvida el análisis detallado de los procesos productivos y que se limita a estudiar unas pocas variables, a menudo poco informativas. A las limitaciones del análisis técnico hay que sumar además la lectura de los políticos, siempre orientados al optimismo cuando están en el poder y a la crítica en la oposición. La lentitud en reconocer la crisis por parte del Gobierno se entiende por esta combinación de falta de lectura realista y tendencia a eludir las malas noticias.

II

Como ya comenté en una nota anterior, la crisis actual es el resultado de factores diversos, algunos de los cuales son específicos de la economía española y apuntan a una situación potencialmente más grave que la de otras economías con mayores posibilidades de respuesta. Y frente a esta situación comprometida, el Gobierno sigue considerando que estamos ante un mero ajuste temporal con fecha de caducidad. Sería bueno que alguien revisara lo que ocurrió en periodos anteriores (en las décadas de los setenta o de los ochenta) y tomara nota que también entonces se iban fijando plazos cortos de recuperación que se iban incumpliendo paulatinamente. Lo de la “corta recesión” del 92-95 no vale mucho porque la situación es distinta: ni ahora se puede devaluar la peseta como se hizo entonces (para mejorar la balanza de pagos) ni es pensable que se inicie un ciclo rápido de inversión inmobiliaria.

A mi entender, en el caso español se da la combinación de una fase recesiva general con los problemas específicos de la estructura económica española, de su posicionamiento en la estructura económica mundial, en el marco del tipo de empresas que controlan el poder económico. Siempre es atrevido jugar a agoreros. La realidad económica es tan compleja que siempre existen más posibilidades de evolución que las que somos capaces de advertir a simple vista. Pero o las alternativas están tan encubiertas que aún no se perciben o, como estimo más realista, podemos esperar otro largo período de desempleo masivo, de graves situaciones sociales, de incertidumbre y pesimismo.

III

La respuesta del Gobierno es pobre. No podía ser de otro modo dada su mediocridad y la pobreza de análisis que predomina en sus asesores. En su descargo hay que decir (aunque ellos han colaborado también a esto) que el Gobierno carece de los instrumentos básicos que en otras ocasiones constituyen respuestas a las crisis: tipo de cambio, política monetaria e incluso buena parte de la política presupuestaria están fuera de su margen de actuación. Pero en su respuesta ni cuestiona la importancia de estas limitaciones ni ofrece un planteamiento de una mínima coherencia, a menos que se considere como tal la sumisión a los imperativos de la ortodoxia económica dominante o la respuesta a los grupos de presión.

El programa de medidas que se ha ido perfilando más bien parece un intento de decir que se están haciendo muchas cosas que de situar en serio los problemas de fondo.

Se combinan medidas de sostenimiento de las demandas, para que la actividad económica no decaiga en los sectores económicos dominantes (construcción y automóvil), con políticas depresivas que más bien frenarán la creación de empleo: especialmente los anunciados recortes del presupuesto corriente o la reducción en un 70% de la oferta pública de empleo. Cuando todo el mundo era keynesiano, y predominaba algo más de sentido común, se daba por hecho que la expansión del empleo y el gasto público era un medio para mantener el empleo y propiciar la recuperación económica. Ahora hemos vuelto a los viejos tiempos del escolasticismo liberal que convierte el déficit público en pecado y al empleo público en sospechoso.

La parte pomposa es la de las reformas estructurales. Pero nadie puede esperar de ello otra cosa que más de lo mismo. Empezando por la eliminación del impuesto del Patrimonio (un impuesto modestamente recaudatorio pero útil para controlar la riqueza de la gente adinerada), una verdadera insensatez e injusticia social. En un país donde algunos se han hecho ricos con operaciones patrimoniales es una grosería hablar de austeridad cuando se les perdonan impuestos. Una auténtica demolición de la imposición al capital iniciada por las Comunidades autónomas con eliminación paulatina de los impuestos de sucesiones y donaciones y culminada ahora por el Gobierno. Y aún tienen la caradura de presentarse como socialdemócratas.

El resto es lo de siempre, reformas orientadas a promover el mercado, la competencia. Sin antes hacer una evaluación seria de lo ocurrido con las sucesivas reformas liberales (la de los alquileres, el sector eléctrico, la telefonía,…). Prometían los beneficios de la competencia perfecta de los libros de texto y han mostrado la verdadera lógica del capitalismo real: competencia oligopólica entre unos pocos, desigualdades y generación de costes sociales diversos. Nadie parece capaz entre el Gobierno y sus asesores de hacer el finiquito real de la experiencia neoliberal. Y cuando ésta ha fracasado en muchos aspectos sólo saben seguir en la misma dirección, quizás esperando que al final la flauta suene por casualidad y la pseudoutopía del mercado perfecto aparezca por alguna parte.

Son en muchos casos reformas inocuas, o que aunque puedan estar bien orientadas —como podría ser el caso de un replanteamiento serio de la formación profesional— sólo tendrán efectos a largo plazo. Pero quizás es sólo la primera andanada. Hay un segundo frente que puede resultar más peligroso y que sin duda va a confirmarse si el desempleo masivo se consolida: el de la reforma laboral y de la seguridad social, y la moderación salarial. Un clásico que nunca desaparece. Animado por la voracidad empresarial y por la ideología de señoritos de los asesores áulicos. CCOO y UGT ya han dicho que nones, que está claro que venimos de un largo período de moderación salarial y de desregulación y que no están dispuestos a tragar otra vez. Pero uno tiene dudas de la firmeza de estas posiciones si la situación empeora, las presiones desde el poder y sus corifeos se refuerzan y proliferan las llamadas a la responsabilidad. El hecho de que entre los parados se vayan a encontrar muchos extranjeros añade otro aspecto preocupante a la situación, por cuanto facilitará la penetración social de los discursos de criminalización de los desempleados.

La incapacidad del Gobierno de explicar la crisis y adoptar una alternativa seria abre un espacio de influencia al Partido Popular inimaginable hace unos meses. Le basta con denunciar la inutilidad del gobierno y confiar en que el desánimo acabe por provocar un giro radical. No es que tengan ninguna alternativa seria. Las propuestas de recortes fiscales y desregulaciones diversas, y las apelaciones al mercado, que son lo único que aporta la derecha, no son ninguna alternativa seria. Más bien agravarían la situación. De hecho el anterior mandado de los populares ayudó a consolidar el modelo económico de éxito fugaz que ahora parece finiquitado. Pero una cosa es la calidad del producto y otra el éxito de marketing que puede alcanzarse con una propaganda machacona lanzada en un momento adecuado. La historia de los últimos cien años está llena de éxitos de este tipo.

IV

La ausencia de alternativas no está sólo en el poder. El neoliberalismo campa de tropiezo en tropiezo, de coste social en coste social sin que tenga que confrontarse con ninguna propuesta de calado. No es que falten voces críticas, pero éstas están dispersas y carecen de altavoces adecuados. Y en muchos casos resultan contradictorias entre sí.

Hay razones diversas que explican esta ausencia, ligadas a los cambios sociales y políticos que han conducido a la jibarización (por ser optimistas) de la izquierda anticapitalista y del reformismo fuerte.

En primer lugar está la propia cuestión de la construcción intelectual. El discurso económico dominante se sustenta en la producción académica y de los centros privados de opinión. Estos últimos están fuera de la influencia de la izquierda. Pero donde se ha perdido realmente la batalla ha sido en el espacio académico, donde la ortodoxia económica neoclásica ha alcanzado una hegemonía innegable y donde los análisis alternativos se presentan como residuos fragmentados de gente inadaptada o incapaz. No hay una verdadera fuerza alternativa de suficiente envergadura (no solo en nuestro país, marginal por lo que se refiere a la producción de ideas) que genere un mínimo de desafío intelectual y produzca argumentos que lleguen a convertirse en ideas fuerza para los movimientos sociales.

No es sólo un problema de marginación. También está la perplejidad sobre qué alternativas perseguir. En el pasado las respuestas eran fáciles. Las críticas al capitalismo acababan concentrándose en su incapacidad de generar un nivel adecuado de crecimiento económico. La izquierda reformista keynesiana y la izquierda radical planificadora tenían en común propuestas de intervención pública orientadas a provocar un mayor aumento de la producción, el empleo y, se suponía, el bienestar. Y a menudo eran propuestas traducibles a escala de un solo país. Hoy esta visión unitaria de las alternativas está en crisis. Y las pocas propuestas de izquierda aparecen diferenciadas por su propia percepción de hacia donde transitar.

Se puede, por ejemplo, propugnar que frente a la crisis actual hay que volver a desarrollar políticas públicas expansivas, pero en este caso surge el problema de cuál es el nivel en el que deben adoptarse. Ante la incapacidad de articular una respuesta global —al menos a escala de la Unión Europea— las alternativas de relanzamiento de la actividad acaban rebajando su nivel de crítica. Un buen ejemplo lo constituye en nuestro país la propuesta de Comisiones Obreras. El sindicato ha denunciado desde hace tiempo las contradicciones del modelo económico español (hay varios números de su revista teórica Gaceta Sindical dedicados a esta cuestión). Pero ante la necesidad de ofrecer una alternativa nacional, su propuesta se centra en propugnar un crecimiento basado en actividades de mayor valor añadido, en mayor desarrollo tecnológico, de capital humano e infraestructuras. De hecho una propuesta productivista fuerte que ha llevado incluso a alguno de sus dirigentes a defender la energía nuclear como parte de esta alternativa. Es una apuesta relativamente coherente en cuanto al eje desarrollo productivo, pero de difícil puesta en práctica —no está claro quiénes van a ser los actores de este cambio de modelo— y de más que discutibles efectos sociales. No sólo porque elude discutir en serio la cuestión de la crisis ecológica. También por su más que cuestionable apuesta social: la defensa del “valor añadido” y el “capital humano” se traduce en un modelo social que conduce a la hegemonía de los controladores del sistema “tecno-científico”, que minusvalora la aportación social de muchas actividades básicas y que puede reforzar las tendencias a la diferenciación social y las desigualdades.

Una respuesta sería la de plantear una alternativa que tuviera en cuenta y avanzara respuestas a la crisis ecológica y al mismo tiempo se orientara hacia un modelo social más igualitario e inclusivo. Que por ejemplo contemplara una articulación adecuada de las esferas de trabajo mercantil y no mercantil en la línea defendida por las economistas y sociólogas feministas. Pero a nadie extraña que tal alternativa requiere importantes cambios institucionales difíciles de aplicar a corto plazo. Hay entre este pensamiento alternativo muchas propuestas parciales importantes. Pero se carece de una elaboración que conecte dichas propuestas, les dé una dimensión social y las convierta en ideas fuerza para disputar a la derecha su hegemonía cultural. Y posiblemente exige también, al menos a corto plazo, un diálogo con las propuestas situadas en el campo de la respuesta productivista tradicional, que tiene a su favor el argumento de que hay que evitar los terribles costes sociales que genera el desempleo masivo. Quizás en la defensa común de derechos sociales y políticas de protección a las víctimas del nuevo desastre social empecemos a encontrar vías de trabajo común y de elaboración de propuestas que nos permitan salir del espacio marginal en el que llevamos demasiado tiempo recluidos.

Tratando de sintetizar: No hay alternativas porque han fallado los procesos de elaboración y las propuestas posibles apuntan hacia horizontes contradictorios: reforzar el productivismo o avanzar hacia una sociedad ecológicamente responsable. La crisis de la izquierda política es a la vez un producto y un catalizador de esta situación de perplejidad y desconcierto de las alternativas al neoliberalismo. Y por ello todos los esfuerzos que se hagan por desarrollar visiones compartidas, propuestas unitarias, instituciones sociales en el plano de la elaboración intelectual, los movimientos sociales y las representaciones políticas van a ser esenciales para salir de estos espacios fragmentarios en los que hemos sido aislados. El grado de crisis social al que estamos confrontados debería comprometernos a trabajar para conseguir al menos que el monótono y antisocial discurso económico dominante tuviera que hacer frente a un rival de altura como merece la situación.

UN ACUERDO DE ÚLTIMA HORA EVITA LA HUELGA EN EL GRUPO HOTELES PLAYA DE ALMUÑÉCAR

UN ACUERDO DE ÚLTIMA HORA EVITA LA HUELGA  EN EL GRUPO HOTELES PLAYA DE ALMUÑÉCAR

En la mañana del jueves 28 se ha llegado a un acuerdo entre la empresa y los Comités del grupo Hoteles Playa en Almuñécar, por lo que quedan desconvocadas las movilizaciones previstas para el mes de septiembre.

La reunión se ha celebrado en el SERCLA y ha sido bastante positiva, en opinión de Antonia López, portavoz de los trabajadores. Por parte de la empresa han asistido a la misma los dos gerentes, el responsable de Recursos Humanos y de Calidad. Por parte de los trabajadores han asistido representantes de los dos comités de empresa de la localidad y la asesoría jurídica de CGT y UGT.

 El acuerdo firmado por ambas partes recoge los siguientes extremos:

  •  Jornada Laboral de cuarenta horas semanales y dos días de descanso ininterrumpidos.
  • Horas Extras tal y como recoge el convenio.
  • Se revisará y actualizará el complemento de antigüedad.
  • Manutención: Se convocará la Comisión Paritaria del Convenio para alcanzar un acuerdo.
  • Entradas y salidas de fijos discontinuos: Los llamamientos se harán según convenio, al igual que las salidas de parada, teniendo preferencia los más antiguos.
  • Compromiso de cubrir las bajas y vacaciones, lo que se comunicará a los comités.
  • La empresa ha aceptado readmitir a los despedidos. En caso de tener que reducir plantilla se seguirá lo establecido en el convenio y en la legislación vigente, con previa comunicación a los representantes legales de los trabajadores.
  • Además, el grupo Hoteles Playa se ha comprometido a cumplir en su totalidad el convenio provincial de Hostelería en los dos hoteles que tiene abiertos en Almuñécar.

 Según el comité, quedan pendientes de concretar algunas cuestiones que se tratarán en reuniones periódicas con la empresa. La presidenta del comité del Hotel Playa Almuñécar, y portavoz de los trabajadores, ha indicado que estarán atentos para que la situación se normalice y que, en caso contrario, acudirán a la Inspección de Trabajo.

 Desde CGT, sindicato que tiene 15 de los 18 delegados sindicales, se valora positivamente el acuerdo alcanzado entre comités y empresa. Es un conflicto que no hemos buscado y que se debía haber solucionado mucho antes, ha señañado Francisco Saéz, secretario comarcal del sindicato, pero las empresas siempre tienden a maximizar beneficios a costa de los trabajadores. No tiene sentido reducir plantilla y aumentar horas extras  y eventuales al mismo tiempo.

 Desde el sindicato CGT, volvemos a reiterar a la dirección de la empresa nuestra disposición permanente para que haya unas relaciones satisfactorias que redunden en un buen ambiente de trabajo, algo de lo que sin duda se beneficiarán los clientes, y, en consecuencia, la empresa. Pero este entendimiento, insiste Antonia López, ha de partir del respeto a lo pactado.

IU pide a las empresas hoteleras empleo de calidad y se solidariza con los empleados de Hoteles Playa

IU pide a las empresas hoteleras empleo de calidad y se solidariza con los empleados de Hoteles Playa

Izquierda Unida quiere mostrar públicamente su apoyo a los trabajadores del grupo Hoteles Playa. Pedimos a la dirección de la empresa que cumpla el convenio colectivo y evite al municipio una huelga que nadie quiere y a nadie beneficia.

Si de verdad queremos que la oferta turística sea cada vez mejor, es necesario que los trabajadores hagan su labor correctamente y que las empresas cumplan con sus obligaciones. Los convenios colectivos son acuerdos entre las empresas y los trabajadores, y en estos acuerdos ambas partes ceden, pero también ambas partes se comprometen a respetar lo pactado: jornada laboral, días de descanso, condiciones de trabajo, etc.

Desde IU pedimos a la empresa que acuda a la reunión del día 28 en el SERCLA con la voluntad de acatar algo tan simple como es el cumplimiento efectivo del convenio colectivo. Esa es la forma de evitar una huelga que perjudica a los trabajadores porque ven recortados sus salarios, que perjudica a la empresa porque reduce sus ingresos, y que perjudica al municipio porque genera una mala imagen.

Como los trabajadores no están pidiendo la luna sino algo tan simple como el cumplimiento de la legalidad, creemos que el conflicto tiene fácil solución.

Desde IU pedimos al alcalde de Almuñécar que haga gestiones para mediar en el conflicto porque todo lo que sean problemas para la imagen turística de Almuñécar debe estar entre las preocupaciones del alcalde, el cual no debería permitir que se ningunee a los trabajadores de este pueblo por nadie que quiera hacer negocio aquí, y menos si reciben algún tipo de ‘favor' por parte del ayuntamiento.

Igualmente, pedimos a la Delegada Provincial de Turismo y al Delegado Provincial de Empleo que ejerzan desde sus respectivas competencias un papel de mediación para evitar la huelga y conseguir que la temporada de verano acabe con  normalidad en lo que se refiere a los visitantes y en lo que se refiere al empleo de los trabajadores almuñequeros que son los que hacen posible con su esfuerzo diario que este municipio sea un destino turístico apetecible.

CONFLICTO EN LA HOSTELERÍA DE LA COSTA TROPICAL EN EL GRUPO HOTELES PLAYA

CONFLICTO EN LA HOSTELERÍA DE LA COSTA TROPICAL EN EL GRUPO HOTELES PLAYA

Desde hace un tiempo, la empresa Hoteles Playa está incumpliendo el convenio de Hostelería, hecho que el sindicato CGT viene denunciando sin éxito. Asimismo, en las últimas meses se ha despedido a varios trabajadores en un intento de acallar las protestas.

 

Ante esta situación, y tras realizar diversas asambleas de trabajadores, el sindicato de CGT de la Costa de Granada, que ostenta la representación mayoritaria en estos hoteles, presentó el 8 de agosto un escrito previo a la convocatoria de Huelga, en el grupo Hoteles Playa. Fruto de este escrito fue una reunión en el SERCLA el día 12 de agosto. En esta reunión, los comités de empresa de los dos hoteles Playa Almuñécar y Playa Cálida y la patronal se comprometían a negociar para evitar la huelga.

 

Después de varias sesiones de negociación y de haber hecho un gran esfuerzo por parte de los trabajadores, cuando parecía que era posible llegar a una solución aceptable para ambas partes, la empresa se negó a firmar el acta de acuerdo, con lo que el conflicto queda en el aire pendiente de las asambleas que vamos a celebrar para informar a los trabajadores de todo lo ocurrido en estas negociaciones frustradas.

 

Las reivindicaciones de los trabajadores son las siguientes:

 

§       Cese de despidos de fijos, y readmisión de los dos despedidos.

§       Estabilidad de la plantilla y negociación de la RPT de los dos Hoteles.

§       Abrir las vías de dialogo sobre lo que entendemos incumplimientos reiterados del Convenio Provincial de Hostelería de Granada. (Como el alentar a parte de los trabajadores a descansar solo un día a la semana)

 

Será responsabilidad de la dirección de la cadena el no llegar a un acuerdo con los trabajadores, y la repercusión que esto tenga sobre la imagen de destino turístico de la Costa Tropical, ya que desde el sindicato se han pospuesto las fechas de la huelga en un esfuerzo de cara a llegar a un acuerdo satisfactorio para ambas partes.

 

Desde CGT vamos a luchar por todos los medios a nuestro alcance para impedir que se siga despidiendo a trabajadores fijos de plantilla, así como exigir el cumplimiento del Convenio Colectivo,  y la readmisión de los despedidos.

Un empleado de Aguas y Servicios, en la UCI «por el acoso laboral» que sufre

Un empleado de Aguas y Servicios, en la UCI «por el acoso laboral» que sufre

La plaza de la Aurora sirvió una vez más para expresar las protestas de los trabajadores de Aguas y Servicios contra las determinaciones que toma en esta empresa. En esta ocasión un grupo de operarios con la presidenta del comité de empresa, Mari Carmen Ruiz, al frente, expresaron su apoyo a Francisco Benegas, un trabajador ingresado en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital de Motril.

Reunidos condenaron, públicamente, el acoso laboral que sufre este trabajador por boca de la presidenta del comité de empresa de Aguas, quien declaró que dicho operario padece esta situación desde hace tiempo. «Se encuentra en la UCI -afirmó- porque de una manera congénita tiene un problema cardiaco y tras los reiterados acosos que está teniendo desde 2004 al 2007, sufría unos síncopes en su corazón que desembocaron en un episodio».

Más adelante Ruiz declaró que tras los últimos despidos producidos entre 2007 y 2008 se aceleró el deterioro en la salud del trabajador. «La última consecuencia es que esté enganchado a un marcapasos en el hospital, aunque la Inspección de Trabajo ha multado a Aguas y Servicios». La sanción es de 300.000 euros y está recurrida por la compañía.

El correctivo impuesto por Trabajo se produce por atentar contra derechos fundamentales en el seno de la empresa, «mientras los políticos y el equipo de gobierno de la Mancomunidad están haciendo caso omiso a lo que ocurre en el seno de la concesionaria», mantiene Ruiz.

Por otro lado, desde el sindicato de Comisiones Obreras, tras debatir en el pleno de Motril el pasado 29 de julio una moción relativa al conflicto laboral Aguas y Servicios, mostró su disconformidad con el texto aprobado al entender que procede «el secuestro de la concesión y no su rescate como se solicitó en la misma (moción), al ser dicho secuestro la figura jurídica aplicable por incumplimiento de la normativa de salud y seguridad laboral, como establece el pliego de cláusulas de explotación de la concesión, lo que no generaría coste alguno para los ciudadanos y para la Mancomunidad».

El sindicato recuerda que el equipo de gobierno motrileño alegó en pleno que, aunque la Inspección de Trabajo había sancionado a la empresa, dicha sanción no era firme, puesto que había sido recurrida por la mercantil, pero recuerda que Trabajo ha levantado un acta de una infracción normativa, en éste caso de salud y seguridad laboral, y ha remitido las actuaciones a la Fiscalía del TSJA que ha admitido la denuncia a trámite.

Por ello, CCOO lamenta que «se desaprovechara la oportunidad de instar a la Mancomunidad a cumplir sus obligaciones de restablecimiento de la normalidad del servicio, al ser Motril el municipio de mayor entidad de entre los que componen la Mancomunidad». También señalan que, a pesar de los problemas generados en la presidencia de la institución comarcal, hay un presidente en funciones con plenos poderes de gobierno y «tiene la obligación y la potestad de hacer cumplir la ley». «La Mancomunidad hace oídos sordos, eludiendo las responsabilidades que le son propias para restablecer la legalidad», señala el sindicato.

La Duquesa de Alba contra un jornalero, Diego Cañamero, Secretario General del SOC: Juicio vía penal por una denuncia laboral

La Duquesa de Alba contra un jornalero, Diego Cañamero, Secretario General del SOC: Juicio vía penal por una denuncia laboral

Medio millar de personas se concentraron en los alrededores del Juzgado de lo Penal nº 10 de Madrid, en la calle Julián Camarillo, el pasado jueves día 17. Varias delegaciones procedentes principalmente de Andalucía, Asturias y Cataluña manifestaron su apoyo y solidaridad con Diego Cañamero, Secretario del Sindicato de Obreros del Campo, SOC, para el que la ilustre Cayetana Fitz-James Stuart, más conocida como Duquesa de Alba, de la que se dice que posé tantos títulos nobiliarios como decenas de millones de euros y también como miles de hectáreas.

La Duquesa de Alba denunció por injurias y calumnias a Cañamero por unas declaraciones que éste realizó en los medios de comunicación, principalmente en Tele 5, por las que le pide una indemnización de 100.000 euros. Esta televisión junto con el dirigente sindical intentaron entrevistar a unos jornaleros que recogían fruta y éstos salieron corriendo para evitar ser identificados o tener que hacer declaraciones relacionadas con su situación, documentación y contrato de trabajo pero, a pesar de la persecución, no fue posible darles alcance.

Cañamero en su comparecencia manifestó repetidamente, en sus declaraciones, la situación y los aspectos tan irregulares en los que se encuentran la casi totalidad de los jornaleros andaluces: el 98% son eventuales, sus contratos laborales son verbales, sólo pueden presentar alguna denuncia los que ya han sido despedidos, nunca los que están trabajando pues ello supondría su despido inmediato. Los contratos verbales no pueden ser controlados y mucho menos teniendo en cuenta que, como declara Cañamero, no cumplen con el convenio, no se pagan kilómetros, ni horas extras ni otros complementos y si a todo ello se añade la condición de que muchos de ellos son inmigrantes sin papeles las irregularidades se acrecientan.

Cañamero declaró que el SOC presentó denuncias ante el Defensor del Pueblo, ante la Inspección de Trabajo, en Gobernación y también en todos los organismos conocidos.

Respondiendo a la jueza Cañamero manifestó que durante los 30 años de existencia del sindicato SOC ha dado 2 o tres ruedas de prensa cada año.

En su declaración final Cañamero retó a que verifiquen la situación laboral de los jornaleros de la finca refiriéndose a una inspección en donde participen todas las partes, sin embargo la jueza, aunque le permitió realizar la declaración, no la consideró pertinente.

El abogado de la acusación se deshizo en elogios sobre la bondad de su representada, la Duquesa de Alba, manifestando que era la persona más preocupada por la situación de los jornaleros, que nunca quiso perjudicar o dañar al SOC y que la Duquesa era una persona que siempre se destacó por su solidaridad y por su participación en obras benéficas pero que estaba muy afectada y dolida por las declaraciones realizadas contra ella y sobre todo por haber empañado su buen nombre cuando afiliados del SOC se manifestaron el 28 de febrero de 2006, día de Andalucía, cuando el Presidente Manual Chaves la condecoraba como "Hija predilecta de Andalucía". Aquél era el día más importante de su vida para la Duquesa, añadió el abogado, y recordó lo impropio de la calumnia y de la injuria vertida contra ella a sus 82 años y el grave perjuicio a su honor, etc.

Como muestra de que la Duquesa no quiere perjudicar al SOC, el abogado afirmó que los 100.000 euros de indemnización pedidos a Cañamero se deben solamente a un "error mecanográfico" porque la acusación nunca ha tenido intención de pedir tal cantidad y por esto modifica la denuncia reduciéndola a 450 euros que es la cantidad mínima que según la ley le permite pedir, es decir, sólo un euro por día de condena, aunque al abogado y a su representada les bastaría con un céntimo por día, o menos si fuera posible.

El representante de la Duquesa también pide a la sala que condene a Cañamero a publicar en los diarios El País, El Mundo, el ABC y en la web del SOC una rectificación pública del contenido de lo denunciado y a manifestar su arrepentimiento. Con esto le bastaría a la Duquesa, finalizó diciendo el abogado después de una larga y repetitiva intervención.

La defensa, de modo escueto, puso en evidencia que es la Duquesa la que ha de probar el contenido de las nóminas, el cumplimiento del convenio y de los compromisos salariales y no Cañamero o el sindicato que representa.

En ningún momento Cañamero ha insultado a la Duquesa mientras ésta sí calificó a los trabajadores como "locos y delincuentes" (Aunque condenada por ello a 6.000 euros de multa fue absuelta por la Audiencia quien consideró que no tenía "ánimo de ofender, de injuriar" y que tuvo una "reacción de cortocircuito", con estos argumentos la Sala Séptima revocó la sentencia del Juzgado de Sevilla)

La defensa recordó los derechos que ampara el Art. 21 de la CE acerca de la libertad de expresión y opinión y también diversas sentencias sobre la función de los representantes sindicales en su labor específica de defender y luchar por las garantías laborales y señaló también cuatro sorpresas procesales:

1) Considera que el poder y firmas presentadas por la acusación no son suficientes para representar a la Duquesa, irregularidad que no puede subsanarse dada su ausencia en la sala. 2) El vídeo proyectado no está acreditado y no es más que una copia, por lo que procesalmente no es aceptable y no aporta prueba alguna en contra, a parte de que la defensa acepte su contenido.

3) Se trata de una denuncia capciosa y responde, sin duda, a una venganza derivada de las protestas y críticas tanto por considerar lo inoportuno de la concesión de la medalla de "Hija predilecta", como de las cuantiosas subvenciones recibidas para sus fincas que alcanzan las 34.000 hectáreas. Y, también, por los procesos sufridos cuando descalificó a los trabajadores llamándolos delincuentes lo que le acarreó cuatro juicios de los que perdió dos.

4) No es admisible que la acusación manifieste en esta vista oral que la sanción exigida de 100.000 euros haya sido un "error mecanográfico" cuando en la denuncia figura la cantidad en cifra y en letra, cuando esta cantidad fue ratificada en varias ocasiones y cuando a Cañamero le fue embargado el sueldo y la vivienda por no poder cubrir la fianza impuesta de 3.000 euros.

Concluye la defensa diciendo que el proceso ha sido más que un montaje mediático que un juicio y que la actuación probatoria del vídeo fue propia del salón de cualquier casa.

Proclamar "Audiencia Pública" en el inicio de este juicio oral –como en tantos otros- cuando sólo hay cabida para a penas una docena de ciudadanos y que la prensa tenga que tomar nota de pié durante el proceso, parece que merma y desvirtúa en buena medida la esencia del juicio.

Llama la atención los numerosísimos artículos del Código Penal mencionados en la vista y, que en cambio, ni uno sólo que se refiera al Derecho Laboral que en definitiva era, o debiera haber sido, de lo que se trataba. De hecho, este juicio ha sido la criminalización de una reclamación laboral. Y, aún cabría añadir, que "amenazar" de salida con cien mil euros a un sindicato de jornaleros y trabajadores eventuales constituye y es, sin lugar a dudas, un abuso y un intento de asfixiar a cualquier sindicato que intente cumplir el cometido de defender a sus afiliados.

Llama poderosamente la atención el que las denuncias presentadas por el SOC en tantos organismos y medios de comunicación, en ningún caso, ni la propia fiscalía o el juez instructor haya tenido a bien hacer la más mínima comprobación de los hechos denunciados y no se ha hecho porque sencillamente no se ha presentado prueba alguna en contra a lo largo del juicio. Ni un sólo documento de la Inspección de Trabajo, de Hacienda, de la Seguridad Social, de las cotizaciones, retenciones, etc., con lo fácil que esto hubiera sido. Llama también la atención que con tan inconsistentes pruebas se haya admitido a trámite la denuncia, se haya realizado la instrucción y se haya exigido tan disparatada indemnización que la propia acusación se ha visto obligada a retirar, y de forma tan ridícula.

A la vista de todo el proceso cabría esperar, no sólo la absolución, sino que la acusación, la Duquesa de Alba, fuera condenada en costas y que la fiscalía abriera de oficio una investigación acerca de lo que este proceso, presumiblemente, ha tenido de intimidación y de abuso por parte de la acusación a juzgar por todo lo visto en la sala y por la situación de precariedad de los jornaleros que en ningún momento fue desmentida.

Enlaces relacionados:

Rebelión, 17-07-2008. El SOC acude a Madrid para respaldar a Cañamero en el juicio por injurias a la duquesa de Alba.

José Daniel Fierro. Rebelión, 21-10-2006. Subvencionan con 5.470 euros diarios a seis familias andaluzas. Terratenientes subsidiados.

 

¿ Ni paz entre pueblos, ni guerra entre clases ?

Emilio Delgado, miembro de la plataforma Comuner@s.

Hoy quiero dirigirme a todas las personas que puedo sentir cercanas, no por sus posicionamientos políticos, sino por sus acciones cotidianas. Por su forma de estar y ser en el mundo. Algún vecino, familiares, personas anónimas que intentan dar brazadas en este naufragio colectivo sin hundir a nadie, sin aprovecharse de la desgracia ajena.

           

Madres solteras con un empuje inusitado y una generosidad desbordante, hombres buenos que aparcaron una vez y otra sus sueños para tirar de un carro, de dos, de tantos que no recuerdan ni que soñaban. Adolescentes espontáneos, llenos de vida pero desorientados en una espiral de consumo e insatisfacciones que no encuentran espacio ni reconocimiento, porque rara vez existen.

Nos han dado mapas falsos, guías de viaje que no conducen a ningún sitio. Necesitamos, debemos, pararnos. Repensar nuestra identidad, nuestra forma de ser.

Debido a mi profesión soy testigo privilegiado del abandono y el desprecio institucional cotidiano hacia quienes más necesitan una red de servicios públicos (Sanidad, servicios sociales, atención a mayores, discapacitados, empobrecidos…). Much@s de ell@s quisieron verse dentro de una ilusoria clase media, blindada frente a la intemperie económica, protegida, después de varias generaciones de la pobreza. Ya eran modernos, europeos, occidentales. Acudían al Hiper en familia, vacaciones en verano.

Otr@s much@s nunca gozaron de ese estatus. Pasaron de la adolescencia a la jubilación a tropezones. Pagando estudios de l@s hij@s, cuidando de familiares enfermos, callando tantas veces ante tantos jefes, adelantándose a la salida del sol en inviernos ásperos e infinitos, superando abandonos, fregando escaleras, imaginándose en el lugar de las viejas estiradas que aparecían en Salsa Rosa.

           

Petra, Manuela, David, Fátima, Karim, Mohamed, Jonatan…rostros invisibilizados, víctimas anónimas, seca estadística.

           

Ajenos a las instituciones que gobiernan nuestra vida, analizabais todo desde un punto de vista individual, atribuyendo la “mala suerte” a vuestra torpeza, a una especie de destino trágico fijado de antemano, a otr@s más dañad@s que vosotr@s.

           

No hubo tiempo para el estudio, para la comprensión del sistema que se levanta por encima y atraviesa el reducido espacio de vuestro existir. La explicación de todo eso quedaba en manos de unos medios de comunicación que eran propiedad de otr@s. Precisamente de aquell@s que escriben y explican la vida como mejor les parece.

           

Si soy nacionalista es porque he sentido como propio el dolor de mi pueblo. No creo en esencialismos, detesto la idea de que seamos ni peor ni mejor que otros pueblos. Soy consciente de que si hubiera nacido en Palestina, en China o en Groenlandia, podría haber vivido el mismo proceso pero con otras gentes.

           

Nací, en Madrid. Soy castellano. Mi orgullo no proviene del lugar donde nací sino de la elección consciente, de mi opción como ser humano de vincularme a los lugares, ideas y gentes que escogí yo, no a los que me dio el enemigo.

           

Borraron nuestra memoria colectiva, sustituyeron nuestras formas económicas tradicionales como la agricultura o la ganadería, enterraron nuestra cultura, empujaron a nuestro pueblo a un mercado de trabajo controlado por los señoritos de siempre. Chantajearon a nuestros jóvenes colocándoles entre el trabajo basura y el tráfico de drogas, establecieron formas de ocio alienantes, limitaron la vida en la calle. Sólo se podía beber en lugares donde beber se convertía en negocio. Mientras, los bancos blanqueaban el dinero de las drogas que consumen cada vez más temprano l@s adolescentes desencantados, que buscan la felicidad en el mercado. En cualquier mercado. Coches, gafas de sol, cocaína, ropa de marca.

           

No la encontrarán. La única felicidad posible para nosotr@s está en la vinculación con el resto. En la construcción colectiva de la vida y la cultura. En protegernos y cuidarnos. En la alegría de luchar juntos y reconocernos como hermanos de clase. Reír, claro, pero sabiendo de qué nos reímos. Y sin embargo, fuisteis ingiriendo el veneno que os dieron. Poco a poco, mentira tras mentira, hasta inyectar en vuestra mente y vuestra alma sus explicaciones, interpretaciones, deseos, sentimientos, cadenas…

           

Así nos enfrentaron. Ya no éramos obreros, sino Españoles. No éramos trabajador@s sino recursos humanos. No éramos clase, sólo individuos separados, aislados. Cada cual con sus miserias. Sus aspiraciones de separarse del resto y dejar de ser cordero para transformarse en lobo. Si algo no iba bien, la culpa era de l@s inmigrantes, de l@s vascos o l@s catalanes, de la gente “que es mala y no merece”. “Tu a lo tuyo”, “la política para l@s políticos”, la culpa de todo era del PSOE o era del PP, o era de los nacionalistas que como judíos avaros pedían más y más.

           

Consiguieron darle la vuelta al viejo lema: “Ni paz entre pueblos, ni guerra entre clases.” Impusieron una visión del mundo que era como un espejo roto, fragmentado e inconexo.

           

La mayor parte de los problemas que sufrimos, hipotecas, deudas, trabajos no reconocidos y mal pagados, violencias sociales, desamparo….provienen de nuestra falta de autoestima colectiva, de nuestra creencia en que es imposible cambiar las cosas. No encontraremos nunca la salida por ese camino, en el cielo de l@s ricos no hay asientos para tod@s.

           

A menudo creo que nuestra relación con el poder tiene componentes que se hallan presentes en las relaciones de violencia de género. A fin de cuentas, hablamos de dominación. Nos pensamos incapaces de salir de ese infierno como la mujer maltratada cree imposible escapar del círculo de la violencia. Si el poder se enfada es porque algo hicimos mal, porque perdimos las formas. De la misma forma que la mujer esclavizada piensa que si hubiera tenido la cena lista no habría enfurecido a su maltratador.

           

Y sin embargo, este pueblo tiene todas las condiciones necesarias para levantarse y hacer su revolución. Reapropiarse de su vida y su futuro. ¿Quién pensáis que ha levantado el nivel económico de este país sino nosotr@s.?

           

En una escena de la película de David Fincher “El club de la lucha” uno de los personajes le dice a un poderoso: “Perseguís a la gente de quien dependéis, preparamos vuestras comidas, recogemos vuestras basuras, conectamos vuestras llamadas, conducimos vuestras ambulancias y os protegemos mientras dormís. . . Así que no te metas con nosotros.”. Más claro, agua.

           

Somos quienes construyen el futuro, sólo nos queda decidir que futuro queremos. Tenemos la capacidad de hacerlo. Tenemos la historia de nuestro pueblo de la que aprender, como el levantamiento Comunero de 1521 en el que el pueblo apostó por el común e hizo temblar a nobles y reyes. Tenemos el apoyo de otros pueblos oprimidos por el mismo poder que vive de nosotr@s.   

           

Para ello es necesario recordar a Malcom X y comenzar a amar a l@s oprimidos y odiar a l@s opresores, justo al contrario de lo que sucede demasiado a menudo.

           

Nuestra sociedad permanece anestesiada porque ha vivido según las normas de otr@s. el día que este pueblo abra la boca, el rugido será enorme. Entrará en la Moncloa y en los despachos de administración de esas empresas que en plena crisis especulan con el petróleo y los alimentos, recorrerá las mansiones de la Moraleja y sus campos de golf. Y ya nada volverá a ser igual. Pero

           

Cada decisión que tomamos nos conduce a uno u otro lugar, podemos elegir una parodia de existencia con la esperanza de hacernos ricos y escapar a nuestro destino. O podemos elegir mirar de frente a la vida y reclamar nuestra dignidad maltrecha, nuestro espacio en un mundo distinto en el que las personas no vivan del sudor de otras, en el que nadie se ahogue intentando huir de la miseria, ni haya niñ@s mendigos o muertos por guerras para robar el petróleo de su país. Podemos vivir en un mundo en el que no haya que avergonzarse de ser humanos.

           

No hay nada escrito, todo depende de nosotr@s. Pero yo sé que... ¡PODEMOS!.

¿Dónde se han llevado el dinero?

¿Dónde se han llevado el dinero?

Leo una noticia en La Opinión de Málaga que muestra por dónde van las cosas de la economía, tal y como vengo analizando desde hace meses: "Los bancos ya niegan la mitad de los créditos para comprar coches". Creo recordar que hace unas semanas también comenté otra noticia parecida: "La Confederación Española de Asociaciones de Jóvenes Empresarios reveló que el 72,8% de los jóvenes que fueron encuestados para este fin, había asegurado que alguna entidad bancaria les había denegado su solicitud de financiación en los últimos meses".Me parece que las dos muestran de manera muy clara lo que está pasando. Las entidades bancarias se han dedicado en los últimos meses a colocar los recursos depositados por sus clientes en inversiones sumamente arriesgadas, muy rentables (para los bancos) pero muy peligrosos para su solvencia y para la marcha general de la economía.

Al dedicar muchos recursos a la especulación en el sector inmobiliario, en los productos financieros sofisticados pero opacos y peligrosos que pueblan los mercados financieros internacionales, los bancos han incentivado la actividad económica más volátil e insostenible, la que menos riqueza y empleo crea y la que más destruye nuestros recursos naturales. Y, a la postre, cuando las burbujas que ellos mismos habían contribuido a crear con la complicidad de los bancos centrales comienzan a saltar, se encuentran con que sus balances están deteriorados, que no tienen liquidez, que se han evaporado los depósitos. Y cierran el grifo a los empresarios y a los consumidores.

De esa forma ahogan y destrozan la actividad económica y van a provocar un desempleo masivo, subidas de precios desorbitadas como consecuencia de la especulación y de las tensiones en los mercados y una crisis sin parangón.

Los bancos y las entidades financieras son los culpables de todo lo que está pasando. Se han hecho de oro. Ninguna otra actividad ha tenido la rentabilidad que han alcanzado especulando, haciendo insostenible la actividad económica y cargando sobre sus clientes gastos, comisiones y ahora intereses de usura.

Se trata de una inmoralidad aberrante. Es preciso que la sociedad considere esta actividad como repugnante y que debe ser erradicada para siempre por las consecuencias dramáticas que está provocando en la vida de millones de personas e incluso en el futuro del planeta.

Hace solo unos años parecía bien que las mujeres no votaran, que no pudieran comprar o salir de viaje sin el permiso del marido o de su padre. Se veía normal que un marido pegara a su esposa. Hoy día, sin embargo, la sociedad considera que todo eso es repugnante y lo condenamos y prohibimos. Igual debemos hacer con la práctica bancaria tal y como ha llegado a ser en nuestros días.

Es un imperativo ético ya inaplazable que debe ponerse en marcha a partir de tres grandes medidas:

  • Creación de banca pública con una lógica financiera que rompa con la que vienen imponiendo los bancos privados.
  • Establecimiento de límites a la creación de dinero bancario.
  • Impuestos sobre actividades especulativas y transacciones financieras no productivas.
  • Impuesto extraordinario sobre beneficios bancarios y grandes patrimonios.

El dueño de Fadesa ganó en 2007 más que todos los sueldos de los empleados de su inmobiliaria ahora en suspensión de pagos

El dueño de Fadesa ganó en 2007 más que todos los sueldos de los empleados de su inmobiliaria ahora en suspensión de pagos
Público

Fernando Martín, presidente de Martinsa Fadesa guarda a buen recaudo las cifras de su patrimonio personal. Pero, según las cuentas depositadas en el Registro Mercantil, sólo Femaral, sociedad con la que realiza sus grandes inversiones y que comparte con su mujer, María Jesús del Agua, ganó 85 millones el año pasado. Esta cantidad supera los 70,4 millones que pagó a todos sus empleados en 2007 Martinsa Fadesa, que se cuentan entre los principales perjudicados por la suspensión de pagos solicitada por Martín para la inmobiliaria.

La mayor parte de ese beneficio fue a parar en dinero contante y sonante al bolsillo de Fernando Martín y su mujer que recibieron 72,5 millones de euros en concepto de dividendo. Esto demuestra que el promotor tiene liquidez. A través de Femaral (acrónimo formado por las primeras letras del nombre y apellidos de Fernando Martín Álvarez), el promotor controla el 44,5% de Martinsa Fadesa, según los datos proporcionados a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV).

La otra gran empresa con la que Martín mueve su patrimonio es Almarfe (con el mismo juego de sílabas y controlada por Femaral), que tiene un 1,3% de Martinsa Fadesa. Y aquí la información ya no es tan transparente, ya que las últimas cuentas presentadas son las de 2005. Si los resultados han seguido evolucionando tan bien ese ejercicio, en el que se multiplicaron por seis, hasta 98,2 millones, el ex presidente del Real Madrid se habrá embolsado un buen dividendo.

En 2005, percibió 50 millones. A través de Almarfe, Fernando Martín ha hecho sus principales inversiones en grandes empresas, como el 6% de Sacyr, que vendió en 2006 con plusvalías de 150 millones, o casi el 1% en Telefónica, Santander y BBVA.

El presidente de Martinsa Fadesa se deshizo hace algo más de un año de estas tres últimas participaciones, según fuentes conocedoras del proceso, informa Europa Press. Asimismo, logró fuertes plusvalías con la venta del 3% de Unión Fenosa. De momento, su paquete en Martinsa Fadesa vale 306 millones, pero es de esperar que se devalúe cuando vuelva a cotizar, y mantiene el 8% en la sociedad de inversión Ibersuizas.

Además, Fernando Martín figura como administrador único o solidario de otras nueve compañías, desde la llamada El Milanillo, de explotación ganadera hasta las cuatro inmobiliarias y constructoras locales que le traspasó Manuel Jove, fundador de Fadesa, cuando le vendió la compañía por 4.000 millones.

El consejo de administración de la inmobiliaria Martinsa Fadesa consideró que debía cobrarse el esfuerzo de fusionar las dos compañías, así que aprobó retribuirse con 6,76 millones de euros, según los datos de la CNMV.

Es algo más que lo que cobró el consejo de la constructora FCC, que es casi diez veces mayor que la inmobiliaria controlada por Fernando Martín. La retribución media de los once consejeros de Martinsa Fadesa fue de 614.000 euros.

La Caja de Ahorros del Mediterráneo admitió ayer que tiene prestados 135,6 millones a Martinsa Fadesa. Por este riesgo, la caja alicantina ha sido obligada a dotar un colchón de 33,9 millones. Los más de 45 bancos y cajas a los que la inmobiliaria debe 5.200 millones, han tenido que provisionar 1.300 millones.

La ambición empresarial

La ambición empresarial
Público

Supongo que no pocos de ustedes conocerán la fábula del escorpión y el sapo. Un escorpión le pide a un sapo que le ayude a atravesar un riachuelo, a cambio de lo cual le concederá diversos favores. El sapo le responde: “No sé. Me da miedo que me piques y me envenenes”. El escorpión le responde: “¡Qué tontería! ¡Si te picara, nos ahogaríamos los dos!”. Convencido, el sapo permite que el escorpión se le encarame y comienza la travesía. Cuando están a medio camino, el escorpión clava su aguijón en el sapo. “¿Pero qué has hecho? ¡Vamos a morir los dos!”, clama éste. A lo que el escorpión responde: “No he podido evitarlo. Está en mi naturaleza”.

El gobernador del Banco de España ha afirmado que la principal causa del actual fuerte incremento de la inflación es el desmedido afán de beneficio que ha caracterizado la gestión empresarial durante la fase expansiva de la economía. Constatado que Miguel Ángel Fernández Ordóñez no se caracteriza precisamente por tener ojeriza al empresariado, habrá que considerar que su diagnóstico –que coincide con el que muchos legos en economía hemos venido elaborando a partir de nuestra propia observación directa– es certero.

Pero, ¿qué otra cosa hubieran podido hacer los empresarios? La búsqueda del máximo beneficio inmediato está en su naturaleza. Han de ser ambiciosos, aun sabiendo que a medio plazo lo desaforado de sus ansias puede perjudicarlos. El capitalismo es así.

En tiempos, el Estado actuaba como capitalista colectivo. Velaba por los intereses del conjunto del entramado financiero-empresarial, embridando las ambiciones particulares más desbocadas, peligrosas para la buena marcha general. No anulaba los ciclos económicos, pero suavizaba sus picos más extremos. Ahora los estados neoliberales contemplan buena parte de la actividad económica desde la barrera. Ellos mismos han reducido al mínimo su capacidad de intervención, partiendo del dogma –jamás corroborado– de que el libre mercado tiende por sí mismo a la mesura.

No tiene sentido sermonear ahora a los empresarios por el daño causado por su desorbitado anhelo de ganancia. Ellos no han hecho sino lo que está en su naturaleza.