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Almuñécar contra la corrupción

Opinión

Hasta luego, Paco

Hasta luego, Paco

Fernando Alcalde

En algún lugar leí que  los seres humanos pueden dividirse en tres grupos: los que cuidan su jardín, los que envenenan el pozo del vecino, y los que alegran la vida de los demás. Paco Tarragona nos regaló esto último a quienes tuvimos la suerte de conocerle y disfrutar de su amistad, que compartía sin ambages, desaforadamente,  como un torrente  que se despeña hasta agotarse. 

Paco fue un creador de ideas capaz de arrastrar tras de sí, de su incansable trabajo y de su limpia valentía a gentes variopintas a las que su inagotable discurso convencía de conceptos medioambientales que en los años 70 sorprendían a todos. Fue impulsor de la educación ambiental en las aulas, realizó las primeras investigaciones sobre el medio natural de nuestra comarca, estuvo en el núcleo de casi todos los proyectos culturales que en los primeros años de la Democracia se realizaron en Motril, y tuvo tiempo para poner en marchar grupos de jóvenes en cada uno de los pueblos donde ejerció como enseñante. Más que geólogo fue uno de esos naturalistas del siglo XIX reencarnado: geólogo, ornitólogo y botánico que acabó siendo doctor en ciencias ambientales. Pero sobre todo fue un puro corazón, franco, sin metáforas ni dobleces. 

Gracias a él, hoy, la Charca de Suárez es un espacio público, de todos, y no una  mole más de cemento, para lo que no dudó en plantar una tienda de campaña delante de las máquinas; y convenció al delegado provincial del momento de que el Tajo de los Vados bien valía tirar la autovía inacabable por donde hoy va; y nos embarcó en un proyecto de más de quince años para sacar adelante el libro de Sierra Lújar e intentar protegerla, que en ello estamos. Gracias a él alguna que otra águila perdicera puede criar en cantiles salvados de las canteras, y el boje de baleares, el buxus, esa planta de la que estaba enamorado que resiste a todo, sigue prendida en ese refugio donde dejó dicho que quería descansar para siempre. Gracias a él este trocito de planeta donde nacimos, apenas unos marjales, es algo más bello y lo es no sólo para quien pueda pagárselo. 

Todo esto, de lo que hoy la mayor parte de los motrileños nos sentimos orgullosos, lo construyó pese al catetismo más lacerante y la incomprensión desdeñosa de las voces más acampanadas de tertulias y recortes de periódico, y algún que otro prócer que hoy abraza como propios los logros que antes denostó (lo siento Paco, pero hay que decirlo). Sin duda esta es su mayor victoria. Por esto, desde la Asociación Buxus iniciamos hace casi cinco meses el procedimiento para otorgarle la medalla de oro de la ciudad, que desgraciadamente no pudo llegarle en vida y que esperamos le sea concedida sin mayores dilaciones, porque es una de esas raras ocasiones en las que el premiado prestigia al premio. 

Hoy el mundo es algo más triste. Sin duda mañana seguirá girando y las desigualdades contra las que tanto peleó seguirán acrecentándose y mil luchas más, casi todas pérdidas, se librarán contra el expolio de lo natural. Pero nada volverá a ser igual. Hemos perdido la alegría, esa llamada a horas inoportunas urgiéndote a una nueva empresa, a denunciar otro atropello, a recoger las primeras endrinas para hacer un orujo intratable, a convencer a algún personaje inasequible para que defendiera alguna de las causas más ingobernables. Hoy la escala musical de nuestra vida ha perdido una octava. Y yo a mi mejor amigo.

¿Es el gobierno de los ciudadanos o de los banqueros?

¿Es el gobierno de los ciudadanos o de los banqueros?

Javier Ávila

Resulta bastante curioso, por no decir engañoso, que cuando alguien tiene la suerte de recibir un piso de protección oficial puede acogerse a una serie de ayudas económicas para su adquisición.

Estas ayudas nacieron precisamente por el perfil económico de bajos recursos de los adjudicatarios de estas viviendas.

Una de ellas es la subvención durante varios años a los intereses del préstamo.

Siempre me he preguntado por qué no se subvencionaba directamente al capital prestado, ya que al disminuir éste se reducirían también los intereses a pagar, pero en mayor medida que con la subvención directa a los intereses.

Es decir, el beneficiario de las ayudas obtendría mayor beneficio. El pero es que los bancos tendrían un negocio algo más reducido.

¿Es el gobierno de los ciudadanos o de los banqueros?

A esto se le llama transferencia de renta pública (de todos) al sector financiero (los banqueros).

Pero aún es más curiosa, por su cuantía económica, la entrega de ayudas a los bancos con problemas de solvencia sin contraprestación (obligaciones o acciones).

La falta de solvencia de los bancos ha sido consecuencia de la ineptitud de los banqueros para gestionar grandes capitales racionalmente.

Llamamos inepto al fontanero que reparando una fuga de agua produce otra mayor.

¿No han hecho lo mismo los banqueros? ¿Por qué siguen dirigiendo los bancos que han hundido? ¿Por qué cobran tamañas comisiones si no han sabido hacer su trabajo? ¿Por qué siguen dirigiendo las instituciones controladoras (Banco de España, CNMV) las mismas personas?

Retomando el tema. Yo me pregunto por qué no se concedieron las subvenciones a los hipotecados con la finalidad de cancelar parte de su deuda.

El beneficio social hubiera sido inmenso.

Habría desaparecido la morosidad y, por consiguiente, los desahucios y, con ello, el riesgo de pobreza y exclusión social.

El dinero habría llegado en la misma cantidad a los bancos consiguiéndose el mismo efecto sobre el sector financiero que el actual.

Bueno, habría una pequeña diferencia, los bancos no se habrían quedado a precio se saldo tanta vivienda embargada. ¿Es el gobierno de los ciudadanos o de los banqueros?

Está claro que gobernantes y banqueros cenan juntos a menudo.

Carta de Baltasar Garzón dirigida a Gaspar LLamazares

Carta de Baltasar Garzón dirigida a Gaspar LLamazares

Querido Gaspar,

Me habría gustado estar contigo en este merecido homenaje y en este día, que, además es el de mi 56 cumpleaños. El destino escrito por manos no amigas de quienes creemos en la fuerza de la verdad y de la verdadera justicia, ha decidido que no sea así. Pero, la distancia física entre continentes, no puede impedir la proximidad afectiva entre quienes tenemos mucho más en común que en oposición frente a todo lo que está pasando en nuestro país y en el mundo, en general.

Vivimos en un mundo que se llama a si mismo globalizado y, realmente, lo que cada vez se comprueba más, es que es un mundo marcado por la desigualdad y por el sectarismo de los que más tienen frente a quienes apenas pueden hacer frente a esa realidad.

La crisis provocada por la economía especulativa de los mercados, esos mercados a los que todos aluden y nadie se atreve a poner nombres y apellidos para identificar a quienes manejan los hilos, ha impuesto el dominio de una cultura neoliberal que está recortando de forma desmedida el compromiso ético y la solidaridad entre los pueblos. Por eso son necesarios, más que nunca los referentes políticos y éticos.

Los amos del mundo, los que dirigen las corporaciones que a su vez lo hacen sobre los gobiernos, son, como dice Jean Ziegler, vicepresidente del Consejo Asesor del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, auténticas "organizaciones mercenarias del gran capital" que marcan el margen que le resta al derecho a la vida de millones de personas, frente a la "pena de muerte" que sus actividades especulativas supone para los mismos.

Según la FAO, 925 millones de personas sufrían hambre en el mundo en 2010; 175 millones de niños menores de 5 años en el mundo sufren retraso de crecimiento a causa de la desnutrición; casi una cuarta parte de los niños españoles están en riesgo de pobreza, según Save the Children; las 500 mayores sociedades multinacionales privadas de todos los sectores,controlan el 52,8% del producto mundial bruto; los alimentos básicos han aumentado un 30% en el 2º semestre del 2010, gracias a la "eficaz tarea" de los especuladores financieros, que a pesar de la crisis, siguen acumulando sus ingentes ganancias. Para muestra, sólo un dato más: el número mundial de transacciones especulativas con productos de alimentación básica aumentó más de un 500% entre 2002 y 2008 y sigue en la misma línea en la actualidad.

La pregunta que surge es: ¿con que políticos se deberá contar?; ¿con los ciegos y sordos ante esta realidad y que, en gran medida han consentido, cuando no propiciado, la situación con sus políticas radicalmente neoliberales en las que siempre pierden los mismos?; o por el contrario, ¿habrá que hacerlo con aquellos otros que han demostrado que su marca es la ética y la coherencia y que han arriesgado todo por la defensa de los derechos sociales que otros han postergado?

Sinceramente, creo que la opción es clara en favor de aquellos que demuestran, día a día, que lo que importa es la conciencia crítica; la honradez en los planteamientos; la voluntad de dialogo; la firmeza en los compromisos desde la ética y la convicción, frente a la guerra y en defensa de las víctimas, por la justicia y la recuperación de la memoria histórica; por la justicia universal y el derecho de los pueblos oprimidos; por la defensa de los servicios sociales , la educación y la sanidad pública; por las reivindicaciones justas y las demandas de los trabajadores contra la precariedad laboral y el paro y, en fin, por el respeto a los procedimientos de la participación democrática.

Querido Gaspar, en tanto que tú representas esos valores, me uno a este homenaje, no sólo desde la amistad personal, sino también desde el respeto y reconocimiento a esos valores que tú has defendido como político y como persona.

En los tiempos difíciles que se avecinan, se precisan personas que, como tú, tengan una clarísima voluntad de diálogo, integración y comprensión de la pluralidad social.

Un abrazo. Baltasar Garzón Real

Seattle, 26 de octubre de 2011

Correa: “¿Porqué a Pinochet y a las dictaduras de Argentina, Uruguay nunca se las atacó?”

Correa: “¿Porqué a Pinochet y a las dictaduras de Argentina, Uruguay nunca se las atacó?”

La muerte del expresidente libio, Muammar el Gadafi, fue un crimen, aseguró el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, durante el Enlace Ciudadano realizado en el sur de la capital Quito.

Tercera Información

Según el mandatario no defiende el régimen de Gadafi sino la soberanía de los países y la no intervención en las naciones, ¿Cuándo intervinieron en el régimen de Pinochet? (exdictador chileno), eso demuestra la doble moral.

En Libia declararon ‘rebeldes’ a un grupo opositor para justificar los bombardeos y el armamento que entregaron a los disidentes, esto es muy peligroso porque a futuro podrán hacer lo mismo en cualquier región del planeta.

“No se ataca a las dictaduras, ¿porqué a Pinochet y a las dictaduras de Argentina, Uruguay o las del Cono Sur nunca se las atacó?, eso sucede sólo con los que les cae mal”, enfatizo el mandatario

Las acciones de Gadafi, las juzgará el pueblo libio, pero lo reprochable es que a Gadafi lo capturan vivo y lo ejecutan extrajudicialmente al igual que a sus hijos y nietos, “hay gente que celebra eso y otras que hacen mutis por el foro”, indicó.

Aseguró que si esto hubiera ocurrido en otro país su postura seria la misma, pues lo que defiende son los derechos humanos que tiene cualquier persona, pero es muy difícil discutir estos temas en un mundo malvado y con doble moral.

Asimismo señaló que está seguro que una vez que bajen las pasiones y retorne la racionalidad y el corazón se podrá reconocer la gravedad de los hechos, a pesar de la manipulación de la prensa nacional e internacional.

Asesinando sin juicio previo no se defienden los derechos humanos: la farsa de la guerra humanitaria

Asesinando sin juicio previo no se defienden los derechos humanos: la farsa de la guerra humanitaria
Carlota Salgado Subiza

Han asesinado a un ser humano basándose en farsas y nadie pagará por ello.

Como ya no accedía a los propósitos de estas sanguijuelas de sacarle riquezas para sí mismos, lo condenan sin ni siquiera hechos que demuestren su culpabilidad. Como fue más digno que ellos queriendo hacer de su país un lugar mejor tanto para él como para los que viven allí, más que para los carroñeros extranjeros, decidieron demonizarle cuando antes le recibían con todos los honores.

Toman la determinación de convertirle en un criminal para poder justificar cualquier acto que lleven a cabo contra él. Pero de qué sirven las justificaciones si son invenciones. Tal vez si hubiera tenido un juicio justo habría podido demostrar que no eran reales y por eso le temían. Así que mejor callarle cuanto antes. Los muertos no hablan, eso todos lo sabemos. Ni se defienden. La muerte es muy silenciosa. 

Y los medios de desinformación, lamiendo la mano que les da de comer, les siguen el juego. Ahogando su imagen en un mar de mentiras. La verdad está paralizada porque el lucro le agarra del cuello, no le deja respirar. Y argumentando un bien común la mano del homicida llega allá donde se propone y ni siquiera se mancha de sangre.

Tenemos a asesinos gobernando nuestros países pero para que no nos paremos a cuestionarnos tales supuestos, buscan víctimas a las que acusar de sus propios delitos, las visten de palabras huecas y ya tenemos un ganador. Y ellos, en lugar de los monstruos que son, consiguen dar al mundo una imagen de sí mismos de salvadores.

Entonces ¿debemos estar agradecidos de que borréis de un plumazo todos los derechos que tiene el ser humano ajusticiando sin juicio previo a supuestos delincuentes? No. Nunca os lo agradeceré.

Nunca podréis ampararos en mi nombre para cometer actos tan faltos de integridad y salir impunes. Veo lo que sois y en lo que convertís el mundo. Un campo de batalla donde establecer quien será la víctima y quien el verdugo. Quien ganará y quien perderá.

Les robáis no sólo la vida sino su derecho legítimo a defenderla. Y argumentando que está justificado porque él se la quitó a otros ilegalmente. Pues si vosotros habéis cometido contra él el mismo delito por el que le condenáis, alguien debería asesinaros a vosotros amparándose en la misma valoración moral. Y sin juicio previo, si fuéramos como vosotros.

En eso tenéis más suerte, porque no nos parecemos en absoluto. Creemos en los derechos de las personas por encima de sus actos o de sus ideologías. Y los defenderemos hasta la muerte. Así que no, no os exterminaremos, pero sí os condenaremos.

Y que sepáis que tenemos pruebas incriminatorias para hacerlo.

Cada uno de vuestros cobardes crímenes lo retenemos en nuestras memorias. Y pelearemos cada día hasta que paguéis por ello, hasta que os otorguemos todo lo que os corresponde, hasta arrebataros vuestra inmunidad, hasta que caigáis del trono todopoderoso en el que os refugiáis, hasta que cumpláis la pena que os merecéis, hasta que se haga justicia.

Duquesas y jornaleros

Duquesas y jornaleros

Ignacio Escolar. Escolar.net

Muy chistosa la duquesa octogenaria con su boda, con su novio y con su arte bailando por sevillanas. Pero tiene poca gracia que en el siglo XXI la mayor terrateniente del país siga siendo la titular de la casa de Alba: una familia feudal que es la más grande de España desde los tiempos de la reconquista.

¿Qué tipo de sociedad permite que el reparto del botín de las guerras medievales sea, seis siglos después, uno de los factores económicos más determinantes? ¿Cómo es posible que Andalucía y Extremadura aún padezcan una ineficaz estructura agraria latifundista, hija de las victorias castellanas frente a Al Andalus y madre del subdesarrollo histórico que arrastra el sur de España?

La duquesa de Alba no sólo es la principal terrateniente patria, con 32.000 hectáreas. También está entre los que más subvenciones agrícolas cobran de los fondos europeos. Sin embargo, el principal debate político sobre los problemas del campo en esta campaña electoral no están siendo ni los latifundios ni estas indignantes subvenciones a los grandes terratenientes. El problema, al parecer, son los subsidios que cobran los jornaleros, que es la palabra española para definir a esa misma clase social que en Brasil llaman los “sin tierra”. Aquí también los tenemos, son varios cientos de miles, y hay un político catalán, llamado Duran i Lleida, que duerme cada noche en el Hotel Palace pero critica a esos jornaleros que cobran el PER y “se pasan la mañana en el bar”. Duran olvida dos cosas. La primera, que ese subsidio es una mínima ayuda por desempleo, no un sueldazo. La segunda, que el PER es injusto no por el subsidio en sí, que es miserable, sino porque sólo es una aspirina contra el cáncer: un pequeño paliativo para una enfermedad infinitamente más grave.

Si no se cambia, hay que salir del euro

Si no se cambia, hay que salir del euro
Juan Torres López
1. Europa en el abismo

Las autoridades europeas, la Comisión y el Banco Central Europeo, están llevando a Europa al borde del abismo. Se habla todos los días de la situación extrema de Grecia, pero no es solo ese país el que está siendo literalmente saqueado y arruinado por las desastrosas medidas que se están aplicando para salvar los intereses de los grandes grupos financieros y empresariales europeos. Son muchos más.

Las políticas «de austeridad» son meros recortes en el gasto social y en los salarios directos e indirectos y diferidos (sanidad, educación, pensiones…) orientados a limitar el disfrute de derechos sociales conquistados hace décadas con gran esfuerzo por las clases trabajadoras en beneficio de los grandes capitales. Y día a día estamos viendo que de esa manera no solo no se sale de la crisis sino que, por el contrario, están provocando una nueva recesión que incluso denuncian organismos internacionales neoliberales como el FMI o Estados Unidos porque no les conviene que Europa llegue a una situación de impago generalizado como la que se nos viene encima.

Las autoridades europeas están siendo incapaces de asegurar la financiación a las empresas a pesar de haberles dado cientos de miles de millones a los bancos, de modo que miles de ellas siguen cerrando y generando más desempleo y una situación de deterioro productivo que pronto puede llegar a ser irreversible.

Sin reformas que garanticen una nueva forma de actuar del sistema financiero y sin impulso público que sostenga a la actividad empresarial y al consumo hasta que se recuperen por sí solos, las autoridades europeas están generando un problema fatal de demanda.

Y cayendo día a día la actividad y por tanto los ingresos, la deuda sigue aumentando sin cesar mientras que la complicidad del Banco Central Europeo con los bancos privados deja a los gobiernos en manos de «los mercados», encareciendo la ya de por sí dificultosa y escasa financiación y provocando una gigantesca amenaza que ya es prácticamente una realidad: Europa no puede pagar la deuda que acumulan sus gobiernos y empresas y familias. Es materialmente imposible que puede hacerse y mucho menos con la pérdida de ingresos que se produce en los países más endeudados como consecuencia de las políticas que se están imponiendo.

Y para colmo, no solo no se resuelven los gravísimos problemas económicos que se extienden como una mancha de aceite por toda Europa, sino que las instituciones resultan impotentes, incapaces de coordinarse con efectividad, de transmitir liderazgo y confianza a ciudadanos y empresarios y de tomar decisiones con rapidez y eficacia. La inicial crisis financiera se ha convertido finalmente en una auténtica crisis política que paraliza a Europa que pone en peligro su estabilidad social y que puede llevarnos a un conflicto de grandes proporciones.

2. No hay solución en el marco político en el que quieren moverse los dirigentes europeos

El empecinamiento en mantener las políticas de recorte de gasto social y los privilegios a la banca impide que los problemas económicos de las economías europeas se puedan resolver, ni siquiera con los sacrificios cada vez mayores que se les están imponiendo a la población.

Que nadie se engañe. Es materialmente imposible salir del agujero en el que nos encontramos con las políticas que se están aplicando. Estrujar hasta la extenuación a los países y a los pueblos, como en Grecia, Irlanda, Portugal, Rumanía u otros muchos de la Unión solo están produciendo una destrucción fatal y quizá permanente de sus aparatos productivos y una quiebra social sin precedentes en nuestro continente. Abortando sus mecanismos de generación de ingresos es una estupidez pensar que los países endeudados puedan pagar la deuda y salir adelante.

La insistencia de los grandes grupos financieros en imponer medidas cada día más restrictivas y antisociales son conductas criminales

Hablemos claro. No se trata solo de errores doctrinales. La insistencia de los grandes grupos financieros en imponer a Grecia y otros países medidas cada día más restrictivas y antisociales son ya conductas sencillamente criminales que hay que repudiar por inútiles y por salvajes. No hay derecho al ensañamiento vil de los poderes financieros. No tienen derecho a destrozar las economías y a arruinar a los pueblos de la manera en que lo están haciendo y las autoridades Europas deben dejar ya de actuar como sus siervos para imponerlas sin piedad.

Estas medidas no pueden resolver los problemas que hay sobre la mesa sencillamente porque estos derivan de fallos estructurales en la construcción de la unión monetaria, o mejor dicho de fallos «estratégicamente» estructurales porque responden a un diseño deseadamente imperfecto desde el punto del equilibrio y la justicia global pero que garantizan unas condiciones inmejorables para el capital europeo. Me refiero, por ejemplo, a la falta de mecanismos de coordinación de las políticas económicas, a la ausencia de una hacienda europea y de un presupuesto suficiente, a la renuncia de disponer de un auténtico banco central que financie a los estados cuando estos lo necesiten para no hacerlos esclavos de la banca privada, a la falta de supervisión financiera centralizada que hubiera impedido los desmanes de las entidades financieras, o de instituciones que garanticen la gobernanza democrática y el control efectivo de los poderes informales que se superponen sobre las instituciones representativas. Y eso por no hablar de la falta de pluralismo y del fundamentalismo que guía las políticas que se vienen llevando a cabo a pesar de que la realidad muestra día a día que no son las adecuadas para mejorar el rendimiento económico y mucho menos para aumentar la equidad y los equilibrios territoriales y personales en los distintos países y en el conjunto de la Unión.
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3. El mal diseño del euro produce más inconvenientes que ventajas

Los daños que está produciendo en los últimos años el defectuoso diseño de la unión monetaria, o mejor dicho, su diseño orientado simplemente a proporcionar un área de óptima rentabilización a los capitales, están empezando a ser ya insoportables.

Es verdad que la pertenencia al euro ha conllevado muchos beneficios. Ha proporcionado sinergias, ahorro de muchos costes, intercambios muy fructíferos, empuje acelerado y modernidad a estados más atrasados, referencias inexcusables para mejorar estándares de vida, de emprendimiento e innovación, e ingresos para poder abordar en muy poco tiempo transformaciones que hubiera costado decenios llevar a cabo sin el euro. Y es cierto también que ha proporcionado un encuadre más seguro a las economías más atrasadas que se han podido aprovechar de la seguridad que da «viajar» de la mano de economías tan potentes como la alemana o incluso la francesa en el seno de una zona que estaba llamada a ser uno de los grandes ejes del desarrollo y la prosperidad mundial.

Pero la realidad es que esas ventajas palidecen si se tienen en cuenta otros problemas derivados, como acabo de señalar, de haber puesto la unión monetaria al servicio de los grandes capitales y de su renuncia a avanzar hacia la conformación de un espacio auténticamente integrado y equilibrado.

Los países de la periferia hemos perdido nuestros mejores activos y el control de nuestras principales empresas…

Los países de la periferia hemos perdido nuestros mejores activos y el control de nuestras principales empresas y redes, que hemos tenido que vender a los capitales europeos más potentes, y así, nuestras economías son ahora mucho menos competitivas y está mucho más concentradas en torno a grupos de poder y decisión cuyos intereses nada tienen que ver con el desarrollo de nuestras capacidades productivas o con el aumento de nuestros ingresos.

Nuestras grandes empresas se han beneficiado de formar parte del espacio común que les ha dado alas para saltar al global pero eso ha supuesto pérdida de empleos, extraversión de ingresos y renuncia a nuestra capacidad de decisión sobre intereses nacionales estratégicos.

Hemos recibido muchos ingresos de Europa pero no han servido para reducir significativamente nuestros déficits sociales ni para reducir nuestras desigualdades. Todo lo contrario. Hemos perdido capacidad de maniobra y ahora hemos de nadar con las manos y pies atados justamente cuando las aguas se ponen más bravas y difíciles.

syntagma00 En Grecia, cada vez más ciudadanos ponen en cuestión la utilidad del euro. © Odysseasgr (ver en Flikr).

Es verdad que todo ello ha sido también por culpa nuestra. No podemos responsabilizar de todo a Europa. Pero no lo es menos que en el marco en el que actualmente se mueven las políticas europeas resulta muy difícil hacer otra cosa. El discurso oficial precisamente se basa en difundir la idea de que «lo impone Europa» y que es «imposible» llevar a cabo otras políticas que nos sean las que dictan sus autoridades.

Por eso hay que acabar con aseveraciones que solo son verdades a medias. Se podría haber avanzado por otros caminos sin necesidad de haber roto con Europa: incrementando la justicia fiscal, modificando nuestras prioridades y especialidades productivas, aumentando la inversión en el gasto público y social necesario para impulsar la actividad productiva y la vida empresarial creadora de empleo y, sobre todo, se podría haber actuado con mayor independencia respecto a los centros de poder de Europa levantando nuestra voz en lugar de limitarnos a ser siervos obedientes de los grupos de poder económico y financiero que dominan las instituciones europeos.

Dicho de otro modo: los dos partidos que se han alternado en el gobierno en estos últimos años podrían haber sido más fieles a los intereses nacionales y haberlos defendido en Europa en lugar de ceder España al capital extranjero, como han hecho de la manera más explícita mediante privatizaciones y aplicación de normas en su beneficio. Y el resto de las fuerzas sociales deberíamos haber estado más acertados a la hora de impulsar la lucha contra todas las injusticias y daños que ha provocado nuestra inadecuada entrada en el euro y los efectos que hemos venido padeciendo por culpa de ello.

4. Ha llegado el momento de hacerse oír

La situación europea que está creando la crisis política que se añade a la financiera y económica es de emergencia.

A punto de entrar en otra recesión, con una deuda gigantesca que es imposible pagar, como he señalado, y sin capacidad efectiva de decisión política por parte de las autoridades europeas (como demuestran las idas y venidas, las contradicciones y retrasos continuos en la toma de decisiones y en su aplicación) solo queda como alternativa a corto plazo para evitar el derrumbe definitivo de Europa tomar medidas urgentes como las siguientes:

a) Que el Banco Central Europeo se haga cargo de la financiación de la deuda de los estados. Que se organice una quita o reestructuración generalizada de toda ella y que se planee un plan de pagos a medio y largo plazo que no lleve consigo la ruina de Europa sino que garantice la generación de ingresos en todos los países. Dicho con palabras que todo el mundo entiende: tal y como salvaron antes a los bancos, tienen que salvar ahora a los pueblos, a las pequeñas y medianas empresas y a los autónomos que crean empleo y a las economías en general.

b) Debe crearse una institución pública financiera en Europa que inmediatamente garantice recursos a empresas y consumidores.

c) Ha de ponerse en marcha un plan urgente de reactivación de la actividad basado en el impulso de nuevas líneas productivas. Una especie de Plan Marshall europeo que posiblemente debería contar con el apoyo internacional en el marco de acuerdos globales sobre nuevos estilos de gobernanza, política y justicia global.

d) Igualmente, es imperioso llevar a cabo un plan urgente de fortalecimiento democrático de las instituciones europeas y de coordinación de las políticas que permitan aplicar todo lo anterior, sobre todo, limitando el poder financiero y la influencia decisiva que viene teniendo las operaciones especulativas.

Soy consciente de la dificultad de poner en marcha planes como estos. Mejor dicho, estoy completamente seguro de que no se van a llevar a cabo mientras predominen los intereses que hoy día gobiernan Europa y mientras que los poderes que la dominan no tengan enfrente, en la calle y en las instituciones, contrapesos contundentes y de suficiente envergadura.

Por eso creo que a estas alturas ya no basta con reclamar estas medidas y ni siquiera con esperar o confiar en que la sensatez o el duro enfrentamiento con la realidad obligue a modifique su actuación a las autoridades europeas. No creo mucho en los milagros.

Hay que forzar la situación y al mismo tiempo hay que evitar que el tsunami que están provocando las desastrosas políticas de los poderes europeos nos arrastren. Por eso creo que la mejor alternativa para la economía española es salir del euro. Se que se trata de una posibilidad ni siquiera contemplada en los tratados pero que, en ese caso, se puede adoptar sencillamente como una alternativa de facto. No es ninguna opción irreal ni nos llevaría al desastre. De hecho, si no cambia la orientación de las políticas actuales (y no cambiarán sin medidas de presión como la amenaza de que países como España digan ¡Basta ya!) terminaremos todos fuera del euro. Pero saliendo deprisa y corriendo, con el rabo entre las piernas y huyendo de la quema.

De la alianza de civilizaciones al escudo antimisiles

De la alianza de civilizaciones al escudo antimisiles

Ignacio Escolar

Lo que decía Zapatero sobre el escudo antimisiles |
Zapatero llegó a La Moncloa retirando las tropas de Irak y se despide ampliando el despliegue militar estadounidense en España.

Rota acogerá la mayor base naval del escudo antimisiles de la OTAN tras un pacto militar que se ha negociado en secreto con el consentimiento de Mariano Rajoy, el heredero. El presidente saliente, el pacifista pragmático, argumenta que “creará 1.000 puestos de trabajo”. Está por ver; la información aún no está detallada.

Pero Zapatero debería recordar que en el referéndum de la OTAN, en el que se ratificó la permanencia española en la alianza, también se aprobó “la reducción progresiva de la presencia militar de los Estados Unidos en España” y que nuestro país no se incorporaría a “la estructura militar integrada”.

Hoy aquel referéndum es papel mojado y su abolición no merece siquiera un debate en el Congreso de los Diputados: Zapatero lo ha despachado con una declaración en la sede de la OTAN sin aceptar preguntas de la prensa. De respetar lo votado, o de volver a votar, mejor ni hablamos.

Para mayor sarcasmo, el pacto militar se anuncia el mismo día en el que la Audiencia Nacional vuelve a procesar a tres soldados estadounidenses por el asesinato de José Couso. Más papel mojado: EEUU no piensa consentir que tres de sus militares sean juzgados. Basta con repasar lo que los cables de Wikileaks nos contaron del caso Couso para conocer el respeto que tiene la primera potencia por los incómodos tribunales de sus pequeños aliados.

Aquellos cables también dejaron claro que el mismo PSOE que hizo del asesinato de Couso argumento electoral en 2004 jugó después a enterrar el incómodo asunto en cuanto estuvo en sus manos. “Zapatero, no nos falles”, le debieron de decir en el Pentágono

Fondos robados

Pacual Serrano

El 3 de septiembre El País publica el reportaje “El tortuoso retorno del dinero robado por los dictadores”, donde analiza el dinero que algunos dictadores se llevaron de sus países.

Junto a casos como Mubarak de Egipto, Marcos de Filipinas o Montesinos de Perú, aparece Gadafi. Afirma la noticia que “resulta casi imposible cuantificar la fortuna que el depuesto régimen de Gadafi tiene en el exterior. Las estimaciones más recatadas hablan de 50.000 millones de dólares (35.000 millones de euros), pero otras elevan la cifra a 150.000 millones de dólares”. Lo curioso es que, a continuación, señalan que “uno de los aspectos ventajosos de esta fortuna es que tres cuartas partes son fondos públicos, propiedad de empresas estatales libias, y no están en cuentas personales, por lo que la restitución del dinero a las nuevas autoridades de Trípoli será legalmente más sencilla en cuanto la ONU levante el embargo”. De modo que no es acertado hablar del dinero robado por Gadafi si el titular es el Estado libio.

Isabel Pisano, corresponsal de guerra: Bombardean a los libios para defenderlos

¿Ha triunfado la izquierda en Libia? Preguntas sin respuesta sobre una guerra cruel e irracional

¿Ha triunfado la izquierda en Libia? Preguntas sin respuesta sobre una guerra cruel e irracional

Carlos Martínez

¿Es posible que la OTAN sea aliada de una revolución? ¿Puede la izquierda compartir lucha y objetivos junto a los fundamentalistas islámicos implicados en los atentados del 11-M de Madrid?

¿Es un acto revolucionario y espontáneo cortar las cabezas de los enemigos rendidos o ejecutarlos sin previo juicio? ¿Dónde están las imágenes o vídeos de los ataques militares a manifestaciones de ciudadanos libios? ¿Por qué sí los hay de los ciudadanos de Bahréin?

¿Desde cuándo la OTAN tiene el objetivo de proteger a la población civil? ¿Es la primera vez o ya lo ha utilizado esta excusa con anterioridad? ¿Los bombardeos aéreos son una protección? ¿Acaso los ataques aéreos no son un modo de intervención cobarde e impune?

¿Se puede bombardear, arrasar un país y asesinar a parte de su población civil por el mero hecho de que gobierne un dictador? ¿Acaso el pueblo español pidió que la OTAN bombardease Madrid durante la dictadura genocida de Francisco Franco? ¿Defenderíamos esa guerra nosotros y nuestras familias si viviésemos en Trípoli?

¿Son revolucionarias la monarquía y la imposición de la ley islámica? ¿Por qué hay muchos rebeldes que utilizan simbología nazi? ¿Dónde están las banderas o signos revolucionarios que sí vimos en Túnez y Egipto?

¿Pueden equivocarse al mismo tiempo y sobre lo mismo los gobiernos de Venezuela, Cuba, Ecuador, Bolivia y Nicaragua? ¿Era del todo imposible una salida negociada y pacífica?

¿Por qué no se optó por la mediación que propuso la Unión Africana? ¿Qué país africano ha apoyado la intervención de la OTAN en Libia? ¿Por qué se dice entonces que el único que ha apoyado a Gadafi ha sido Hugo Chávez?

¿Se puede asegurar que la intervención de la OTAN estaba amparada por la ONU? ¿No es cierto que en el Consejo de Seguridad se acordó la intervención para “imponer una zona de exclusión aérea sobre Libia y para proveer asistencia y protección a la población civil de ese país? ¿No ha sido la OTAN la fuerza armada que ha desequilibrado la guerra civil en Libia?

¿Está la izquierda en Europa en situación de aleccionar a la izquierda que ha tomado el poder en América Latina? ¿Se distanciará definitivamente esta izquierda de los movimientos revolucionarios de América Latina? ¿Se puede ser ecologista y pacifista y apoyar los ataques de la OTAN a objetivos civiles?

¿Es normal que una revolución comience repartiendo los recursos naturales entre multinacionales extranjeras?

¿Es lógico que medios como la Fox, CNN, Intereconomía, El Mundo, La Razón, ABC, el grupo Prisa y Vocento retransmitan y apoyen una revolución con tal unanimidad que sólo se explica por la defensa de intereses comunes?

¿Ha causado Gadafi más muertes de inocentes que Sadam Husein? ¿Acaso no fue Sadam un mandatario del imperio en la guerra contra Irán? ¿Por qué la resistencia armada de kurdos y chiíes en Iraq no merece la calificación de “revuelta popular”?

¿Sólo ha habido valientes en uno de los bandos? ¿Son acaso cobardes los que siguen luchando en Libia contra la intervención?

¿Puede una revolución ser el modelo para el presidente de Estados Unidos?

¿Por qué personas de izquierda que reniegan (merecidamente) de la transición española, califican de revolución lo que está ocurriendo en Libia? ¿Hay alguna posibilidad de que en Libia el pueblo tome el poder y se constituya un gobierno revolucionario? ¿Será más igualitaria la nueva Libia?

En resumen, ¿acaso el derrocamiento de Gadafi habrá justificado la muerte de miles de civiles inocentes, tanto horror y tanto sufrimiento?

En caso de dudas -y más si son serias,- debería haber prevalecido el principio de “No a la Guerra”.

Sinceramente, ojalá la nueva Libia sea un país más justo que la anterior dictadura de Gadafi. Sin embargo, la experiencia de Iraq o Afganistán nos ha demostrado todo lo contrario. Serán las mujeres, como casi siempre, las principales y primeras perjudicadas por la implantación de un sistema legal más machista y reaccionario, tal como ha ocurrido en donde EEUU ha intervenido para implementar la "democracia".

Espero también, que en el peor de los supuestos, la izquierda que ha apoyado tan vehementemente la guerra de Libia tenga la capacidad de hacer autocrítica tan pronto se haya consolidado el nuevo régimen en el país norteafricano.

No debemos renunciar a los sindicatos

No debemos renunciar a los sindicatos
Enlace: http://www.elplural.com/tribuna-libre/no-debemos-renunciar-a-los-sindicatos/

Alfonso Cortés González

Este título de “no debemos renunciar a los sindicatos” (al que habría que añadir: “sino que debemos mejorarlos”) viene a colación de una decisión del Gobierno balear que consiste en eliminar de un plumazo a todos los liberados institucionales de la Comunidad Autónoma. Hay quien, siendo trabajador, aplaude ignorantemente esta decisión que sin duda desequilibra los juegos de poder entre mano de obra y capital, y desposee a los trabajadores de un instrumento reconocido en la Constitución vigente.

El problema reside en que quien siendo un currante y apoya esta perversión de los conservadores, se queda sólo en la superficialidad del problema, ya que está atendiendo únicamente a su quizás mala experiencia personal con el sindicato o con el liberado sindical de turno. Sin embargo la cuestión es más compleja, porque si se suprimen los liberados sindicales, se están arrebatando a la clase trabajadora unos derechos fundamentales (como son asociarse y defender juntos sus intereses de grupo), que costaron sangre, esfuerzo y demasiado tiempo conseguir.

A pesar de todos los errores de los sindicatos, y de aquellos que se aprovechan del sindicato para su propio beneficio, este es el instrumento más útil que conocemos hasta el momento para equilibrar la fuerza de los trabajadores frente a los intereses particulares de la empresa. Esto es irrefutable. Por tanto, no nos dejemos embaucar por cantos de sirenas y gaviotas travestidas, y caigamos en la cuenta de que en realidad, los sindicatos no sólo son necesarios, sino que son un reflejo de la propia clase trabajadora.

Es duro decir esto, no lo niego, pero es que los sindicatos (tanto para bien como para mal) son lo que son fruto de las distintas actitudes que las personas podemos mostrar. Es decir y resumiendo: si un sindicato negocia bien un convenio es porque detrás hay trabajadores comprometidos no sólo con sus intereses particulares sino con los derechos generales de su colectivo. Si un liberado sindical vive del cuento es porque sus compañeros lo permitimos y no tenemos las agallas suficientes para botarle del puesto, y mucho menos tenemos la integridad moral (de la que tanto posiblemente alardeamos) de dar un paso adelante y de defender nosotros mismos los intereses de nuestro colectivo.

Por ello y concluyendo, creo que tenemos los sindicatos que nos merecemos. Pero ojo, opinar de este modo no significa estar en contra los sindicatos, sino que significa estar a favor, ya que la mejor atención que se le puede hacer a cualquier institución social es la crítica y autocrítica para mejorarla y para adaptarla a las necesidades de cada tiempo.

La cuestión, por tanto, no consiste en eliminar a liberados o renunciar a los sindicatos, sino en tomar conciencia y ser, nosotros los trabajadores, los primeros que les tiremos de las orejas a aquellos liberados ineficientes y sustituirlos por otros comprometidos. Otra cosa puede ser que ni los propios trabajadores estemos comprometidos con nosotros mismos…
Alfonso Cortés González es profesor de Comunicación y Sociedad y de Comunicación de las Administraciones Públicas en la Universidad de Málaga

Rememorando el 11-S una década después ¿Había otra alternativa?

Rememorando el 11-S una década después ¿Había otra alternativa?
TomDispatch.com
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Este artículo de Chomsky es largo, pero merece la pena. Es uno de los análisis más brillantes que se han escrito acerca de la perversión de los conceptos de justicia, impunidad y legalidad internacional. Anímate a leerlo.


Nos estamos aproximando al décimo aniversario de las horrendas atrocidades acaecidas el 11 de septiembre de 2001, unos hechos que, según se considera a amplios niveles, cambiaron el mundo. El pasado 1 de mayo un equipo de los comandos de elite estadounidenses, los SEAL de la Marina, asesinaron al presunto cerebro del crimen, Osama bin Laden, después de capturarle, desarmado e indefenso, a través de la Operación Jerónimo.

Un grupo de analistas ha observado que aunque finalmente se haya acabado con Bin Laden, éste consiguió, no obstante, algunos éxitos importantes en su guerra contra EEUU. “Afirmó repetidamente que el único camino para sacar a EEUU del mundo musulmán y derrotar a sus sátrapas era involucrar a los estadounidenses en una serie de pequeñas pero onerosas guerras que les llevaran finalmente a la bancarrota”, escribe Eric Margolis. “‘Sangrar a Estados Unidos’, en sus propias palabras”.

A EEUU, primero bajo George W. Bush y después con Barack Obama, le faltó tiempo para precipitarse en la trampa… Resulta grotesco que los inflados desembolsos militares y la dependencia de la deuda… puedan ser el legado más pernicioso del hombre que pensaba que podía derrotar a EEUU”, especialmente en unos momentos en que la extrema derecha está cínicamente explotando el tema de la deuda, con la connivencia del establishment demócrata, para socavar lo que queda de programas sociales, educación pública, sindicatos y, en general, las barreras que aún resisten ante la tiranía de las corporaciones.

Que Washington se inclinó por cumplir los más fervientes deseos de bin Laden fue algo que se puso en evidencia de inmediato. Como expuse en mi libro “9-11”, escrito poco después de que ocurrieran los ataques, nadie con conocimiento sobre la región fue capaz de reconocer “que un ataque masivo contra una población musulmana era la respuesta a las plegarias de bin Laden y sus socios, y que conduciría a EEUU y a sus aliados hacia una ‘trampa diabólica’, como señaló el ministro francés de Asuntos Exteriores”.

El importante analista de la CIA responsable desde 1996 de seguirle el rastro a Osama bin Laden, Michael Scheuer, escribió poco después que “bin Laden le ha precisado muy bien a EEUU las razones por las que está emprendiendo la guerra contra nosotros. [Él] está decidido a cambiar drásticamente las políticas estadounidenses y occidentales hacia el mundo islámico”, y en gran medida lo ha conseguido: “Las fuerzas y políticas de EEUU están completando la radicalización del mundo islámico, algo que Osama bin Laden trató de conseguir con un éxito sustancial aunque incompleto desde los primeros años de la década de 1990. Como consecuencia, pienso que es justo concluir que los EEUU de América siguen siendo el único aliado indispensable de bin Laden”. Y bien podría decirse que así sigue siendo incluso después de su muerte.

El primer 11-S

¿Había alternativa? Hay muchas posibilidades de que el movimiento yihadista, gran parte de él muy crítico hacia bin Laden, se hubiera dividido y debilitado tras el 11-S. “El crimen contra la humanidad”, como fue justamente denominado, podría haberse considerado como tal crimen y haber llevado a cabo una operación internacional para apresar a los posibles sospechosos. Pero aunque en aquel momento se reconoció tal posibilidad, ni siquiera se pasó a considerar la idea de hacerlo así.

En “11-9”, citaba la conclusión de Robert Fisk de que el “horrendo crimen” del 11-S se cometió de forma “perversa y con una crueldad impresionante”, una valoración certera. Es útil tener en mente que los crímenes podrían haber sido incluso peores. Supongamos, por ejemplo, que el ataque hubiera llegado hasta a bombardear la Casa Blanca, matar al presidente, imponer una dictadura militar brutal que asesinara a miles y torturara a decenas de miles mientras establecía un centro internacional de terror para ayudar a imponer estados similares de tortura y terror por todas partes y desarrollar una campaña internacional de asesinatos; y como estímulo adicional, hubieran traído un equipo de economistas –llamémoslos “los chicos de Kandahar”- para hundir velozmente la economía en una de las mayores depresiones de su historia. Eso, francamente, hubiera sido mucho peor que el 11-S.

Lamentablemente, este no es un pensamiento experimental. Sucedió. La única inexactitud en ese breve relato es que las cifras se habrían multiplicado por 25 para producir los equivalentes per capita en la medida apropiada. Desde luego, me estoy refiriendo a lo que en Latinoamérica se llama a menudo “el primer 11-S”, el 11 de septiembre de 1973, cuando EEUU consiguió tras intensos esfuerzos derrocar al democrático gobierno de Salvador Allende en Chile con un golpe militar que colocó en el poder al brutal régimen del general Pinochet. El objetivo, en palabras de la administración Nixon, era matar el “virus” que pudiera animar a todos aquellos “extranjeros dispuestos a putearnos” apropiándose de sus propios recursos y siguiendo de diversas maneras una política intolerable de desarrollo independiente. Al fondo estaba la conclusión del Consejo Nacional de Seguridad de que si EEUU no podía controlar Latinoamérica, no podía esperar “conseguir un orden que le fuera favorable en otros lugares del mundo”.

El primer 11-S, a diferencia del segundo, no cambió el mundo. No se produjo “nada que tuviera muy grandes consecuencias”, como Henry Kissinger aseguraba a su jefe pocos días después.

Estos acontecimientos de consecuencias pequeñas no se limitaron al golpe militar que destruyó la democracia chilena y puso en marcha la historia de horror que le siguió. El primer 11-S fue justo uno de los actos de un drama que empezó en 1962, cuando John F. Kennedy cambió la misión del ejército latinoamericano de “defensa hemisférica” –una anacrónica reliquia de la II Guerra Mundial- por “seguridad interna”, un concepto que implicó una aterradora interpretación en los círculos latinoamericanos bajo dominio estadounidense.

En la recientemente publicada por la Universidad de Cambridge “History of the Cold War”, el erudito latinoamericano John Coatsworth escribe que desde ese momento hasta “el colapso soviético en 1990, las cifras de prisioneros políticos, víctimas de tortura y ejecuciones de disidentes políticos no violentos en Latinoamérica superaron inmensamente a las de la Unión Soviética y sus satélites del Este de Europa”, incluyendo también muchos mártires religiosos y asesinatos masivos, siempre apoyados o iniciados en Washington. El último acto importante de violencia fue el brutal asesinato de seis importantes intelectuales latinoamericanos, sacerdotes jesuitas, pocos días antes de la caída del Muro de Berlín. Los autores fueron un batallón de elite salvadoreño, que ya había dejado un estremecedor rastro de sangre, recién salidos del entrenamiento de la JFK School of Special Warfare, que actuaban bajo las órdenes directas del alto mando del estado clientelista de EEUU.

Desde luego, las consecuencias de esta plaga hemisférica siguen aún reverberando.

Del secuestro y la tortura al asesinato

Todo eso, y más cosas aún del mismo cariz, se desechan como algo de escasas consecuencias y se olvidan. Aquellos cuya misión es gobernar el mundo disfrutan de una imagen más confortable, suficientemente bien articulada en el actual número de la prestigiosa (y valiosa) revista del Royal Institute of International Affairs en Londres. El artículo principal aborda “el visionario orden internacional” de la “segunda mitad del siglo XX”, marcada por “la universalización de una visión estadounidense de prosperidad comercial”. Algo hay en ese sentido, pero expresa bien poco de la percepción de quienes se llevan la peor parte.

Lo mismo ocurre respecto al asesinato de Osama bin Laden, que pone fin al menos a una fase de la “guerra contra el terror” vuelta a declarar por el presidente George W. Bush en el segundo 11-S. Permítannos volver a reflexionar sobre ese suceso y su significado.

El 1 de mayo de 2011, Obama bin Laden fue asesinado en un recinto que no contaba prácticamente con protección alguna mediante una misión de asalto de 79 SEAL de la Marina, que entraron en Pakistán en helicóptero. Después de que el gobierno facilitara y retirara muchas historias escabrosas, los informes oficiales dejaron cada vez más claro que la operación fue un asesinato planificado que violó múltiples normas elementales de derecho internacional, empezando por la invasión misma.

Parece que no hubo intento alguno de apresar a la desarmada víctima, lo que presumiblemente podrían haber hecho con facilidad 70 comandos que no enfrentaron oposición alguna, excepto, según informaron, de su mujer, también desarmada, a la que dispararon, en defensa propia, mientras “arremetía” contra ellos, según explicó la Casa Blanca.

El veterano corresponsal en Oriente Medio Yochi Dreazen y sus colegas del Atlantic fueron quienes proporcionaron una reconstrucción verosímil de los hechos. Dreazen, que anteriormente fue corresponsal en temas militares para el Wall Street Journal, es un importante periodista del National Journal Group que cubre asuntos militares y de seguridad nacional. Según su investigación, los planes de la Casa Blanca no parecían haber considerado la opción de capturar a bin Laden vivo: “La administración dejó claro al clandestino Mando Conjunto de Operaciones Especiales que querían a bin Laden muerto, según un alto funcionario estadounidense con conocimiento de las discusiones. Un oficial militar de alto rango informó sobre el asalto diciendo que los SEAL sabían que su misión no era cogerle vivo”.

Los autores añaden: “Para muchos del Pentágono y de la CIA que se habían pasado casi una década tratando de cazar a bin Laden, asesinar al combatiente era un acto necesario y justificado de venganza”. Además, “capturar vivo a bin Laden hubiera también supuesto para la administración todo un conjunto de irritantes desafíos políticos y legales”. Mejor era, pues, asesinarle y tirar su cuerpo al mar sin realizar una autopsia considerada esencial tras un asesinato, un acto que previsiblemente provocó mucha ira y escepticismo en gran parte del mundo musulmán.

Como demuestra la investigación del Atlantic, “la rotunda decisión de asesinar a bin Laden fue la más clara demostración hasta la fecha de un aspecto poco reseñado de la política contraterrorista de la administración Obama. La administración Bush capturaba a miles de sospechosos combatientes y les enviaba a campos de detención en Afganistán, Iraq y la Bahía de Guantánamo. En cambio, la administración Obama se ha centrado en eliminar a terroristas individuales en vez que tratar de cogerlos vivos”. Esta es una de las diferencias importantes entre Bush y Obama. Los autores citan al antiguo canciller de Alemania Occidental Helmut Schmidt, quien “dijo a la televisión alemana que el asalto estadounidense supuso ‘de forma absolutamente clara una violación del derecho internacional’ y que debería haberse detenido y procesado a bin Laden”, a diferencia del Fiscal General de EEUU Eric Holder, quien “defendió la decisión de matar a bin Laden aunque no supusiera una amenaza inmediata para los SEAL de la Marina, diciendo en un panel en el Congreso… que el asalto había sido ‘legal, legítimo y adecuado en todos los aspectos’”.

Los aliados criticaron asimismo el hecho de que se deshicieran el cuerpo sin realizar autopsia. El muy apreciado jurista inglés Geoffrey Robertson, que apoyó la intervención y se opuso en gran medida a la ejecución a partir de motivos pragmáticos, describió sin embargo la afirmación de Obama de que “se había hecho justicia” como un “absurdo” que debería haber resultado obvio para un antiguo profesor de derecho constitucional. La ley pakistaní “exige una investigación colonial en caso de muerte violenta, y las leyes internacionales de los derechos humanos insisten en que ‘el derecho a la vida’ exige una investigación cuando a partir de una acción policial o gubernamental se produce una muerte violenta. EEUU tiene por tanto el deber de realizar una investigación que satisfaga al mundo acerca de las verdaderas circunstancias de ese asesinato”.

Robertson nos recuerda útilmente que “no siempre fue así. Cuando llegó el momento de decidir el destino de hombres mucho más implicados que Osama bin Laden en actos perversos –los líderes nazis-, el gobierno británico quiso colgarles en las seis horas siguientes a su captura. El presidente Truman puso reparos, citando la conclusión del juez Robert Jackson de que ‘la conciencia estadounidense no debería asumir fácilmente, ni nuestros niños deberían recordar con orgullo, una ejecución sumaria… la única vía es determinar la inocencia o culpabilidad de los acusados tras una vista que fuera tan desapasionada como lo permitieran los tiempos y a partir de unos antecedentes que dejen claros nuestras razones y motivos’”.

Eric Margolis comenta que el hecho de que “Washington no haya hecho nunca pública la prueba de su afirmación de que Osama bin Laden estaba tras los ataques del 11-S”, posiblemente sea una de las razones por la que las “encuestas muestran que casi una tercera parte de los encuestados estadounidenses creen que el gobierno de EEUU y/o Israel estaban tras el 11-S”, mientras que en el mundo musulmán el escepticismo es mucho mayor. “Un juicio abierto en EEUU o en La Haya habría expuesto esas afirmaciones a la luz del día”, continúa, una razón práctica por la que Washington debería haberse sometido a la ley.

En sociedades que profesan algún respeto por la ley, se detiene a los sospechosos y se les somete a un juicio justo. Hago hincapié en la palabra “sospechosos”. En junio de 2002, el jefe del FBI Robert Mueller, en lo que el Washington Post describía como “sus más detallados comentarios públicos acerca de los orígenes de los ataques”, pudo tan solo decir que “los investigadores tienen la idea de que los ataques del 11-S contra el World Trade Center y el Pentágono procedían de los dirigentes de Al Qaida en Afganistán, que la conspiración última se preparó en Alemania y que la financiación se produjo a través de los Emiratos Árabes Unidos desde fuentes en Afganistán”.

Lo que el FBI creía y pensaba en junio de 2002 no era lo que sabía ocho meses antes, cuando Washington descartó las ofertas tentativas de los talibanes (si éstas eran serias es algo que ignoramos) de permitir que se juzgara a bin Laden si se les presentaban pruebas de su culpabilidad. Por tanto, no es verdad, como el presidente Obama afirmó en su declaración en la Casa Blanca tras la muerte de bin Laden, que “nosotros supimos rápidamente que era Al Qaida quien había perpetrado los ataques del 11-S”.

No ha habido nunca razón alguna para dudar de lo que el FBI creía a mediados de 2002, pero eso nos aleja de la prueba de culpabilidad exigida en las sociedades civilizadas y, cualquiera que sea esa prueba, no justifica el asesinato de un sospechoso que al parecer podría haber sido fácilmente detenido y llevado a juicio. Y las pruebas aportadas desde entonces confirman en gran media esa apreciación. Así, la Comisión del 11-S proporcionó amplias pruebas circunstanciales del papel de bin Laden en el 11-S basadas fundamentalmente en lo dicho por los prisioneros de Guantánamo en sus confesiones. Dudo mucho que gran parte de todo eso hubiera podido sostenerse ante un tribunal independiente, si consideramos los métodos seguidos para conseguir las confesiones. Pero en cualquier acontecimiento, las conclusiones de una investigación autorizada por el Congreso, aunque convenzan a quienes las consigue, no satisfacen el nivel necesario de una sentencia emitida por un tribunal creíble, que es lo que transforma la categoría del acusado de sospechoso en culpable.

Se cuentan muchas cosas de la “confesión” de bin Laden, pero eso fue un alarde y no una confesión, con tanta credibilidad como si yo “confieso” que gané el maratón de Boston. La jactancia nos dice mucho acerca de su carácter pero nada sobre su responsabilidad en lo que él consideraba como el gran logro del que quería atribuirse el mérito.

Una vez más, todo esto es, claramente, muy independiente de los juicios que uno pueda hacer acerca de su responsabilidad, que de inmediato se estimó clara, incluso antes de la investigación del FBI y así sigue siendo aún.

Crímenes de agresión

Merece la pena añadir que gran parte del mundo musulmán reconoció la responsabilidad de bin Laden y le condenó. Un ejemplo significativo es el del distinguido clérigo libanés Sheij Fadlallah, muy respetado en general por Hizbollah y los grupos chiíes, incluso fuera del Líbano. Tenía alguna experiencia de asesinatos. A él mismo le habían intentado asesinar: mediante un camión-bomba en el exterior de una mezquita, en una operación organizada por la CIA en 1985. Logró escapar pero mataron a otras 80 personas, en su mayoría mujeres y niñas que salían de la mezquita, uno de esos innumerables crímenes que no entran en los anales del terror debido a la falacia del “error de la agencia”. El Sheij Fadlallah condenó con dureza los ataques del 11-S.

Uno de los principales especialistas en el movimiento yihadista, Fawaz Gerges, sugiere que el movimiento podría haberse escindido en aquel momento si EEUU hubiera explotado la oportunidad en vez de fomentarlo, especialmente por el ataque contra Iraq, una gran bendición para bin Laden, que produjo un agudo incremento del terrorismo, como ya habían anticipado las agencias de inteligencia. Por ejemplo, en las audiencias Chilcot para investigar los antecedentes de la invasión de Iraq, el ex jefe de la agencia de la inteligencia británica interna, el MI5, testificó que tanto la inteligencia británica como la estadounidense eran conscientes de que Sadam no constituía ninguna amenaza seria, que era probable que la invasión incrementara el terrorismo y que las invasiones de Iraq y Afganistán habían radicalizado a determinadas partes de una generación de musulmanes que consideraban las acciones militares como un “ataque contra el Islam”. Como ocurre muy a menudo, la seguridad no era una prioridad importante para la acción estatal.

Podría resultar instructivo preguntarnos a nosotros mismos cómo reaccionaríamos si una serie de comandos iraquíes hubieran aterrizado en el recinto donde pudiera encontrarse George W. Bush, le hubieran asesinado y hubieran arrojado su cuerpo al Atlántico (tras los adecuados ritos funerarios, desde luego). Indiscutiblemente, no era un “sospechoso”, pero “el que decide”, el que dio las órdenes de invadir Iraq, es decir, de cometer el “crimen internacional supremo que difiere solo de otros crímenes de guerra en que en sí mismo contiene el acumulado mal del todo” por el que los criminales nazis fueron colgados: los cientos de miles de muertos, los millones de refugiados, la destrucción de la mayor parte del país y de su patrimonio nacional y el homicida conflicto sectario que se ha extendido ahora al resto de la región. Igualmente, de forma indiscutible, estos crímenes excedían cualquier cosa que pudiera atribuírsele a bin Laden.

Decir que todo esto es indiscutible, que lo es, no implica que no se deniegue. La existencia de quienes creen que la tierra es plana no cambia el hecho de que, indiscutiblemente, la tierra no es plana. Igualmente, es indiscutible que Stalin y Hitler fueron responsables de crímenes horrendos, aunque sus leales lo nieguen. De nuevo, todo eso debería ser demasiado obvio como para tener que comentarlo, y lo es, excepto en una atmósfera de histeria tan extrema que bloquea todo pensamiento racional.

De forma parecida, es indiscutible que Bush y asociados cometieron el “crimen internacional supremo”: el crimen de agresión. El juez Robert Jackson, jefe de la acusación de EEUU en Nuremberg, definió bastante claramente ese crimen. Un “agresor”, expuso Jackson en su declaración de apertura, es un estado que es el primero en cometer acciones tales como “invadir con sus fuerzas armadas, con o sin declaración de guerra, el territorio de otro Estado…” Nadie, ni siquiera los más radicales defensores de la agresión, niega que eso fue lo que Bush y asociados hicieron.

Haríamos bien asimismo en recordar las elocuentes palabras de Jackson en Nuremberg sobre el principio de universalidad: “Si ciertos actos que violan tratados son crímenes, tienen tal carácter de crímenes, ya sea Estados Unidos o Alemania quienes los perpetren, y no estamos dispuestos a establecer una norma de conducta criminal contra otros que no estemos dispuestos a invocar contra nosotros mismos”.

Queda claro también que las anunciadas intenciones resultan irrelevantes, aunque se crea realmente en ellas. Archivos internos revelan que los fascistas japoneses pensaban al parecer que arrasando China estaban trabajando para convertirla en un “paraíso terrestre”. Y aunque pueda ser difícil de imaginar, puede concebirse que Bush y compañía creían que estaban protegiendo al mundo de su destrucción por las armas nucleares de Sadam. Todo irrelevante, aunque los ardientes seguidores en todas partes puedan tratar de convencerse ellos mismos de otra cosa.

Nos quedan dos opciones: o Bush y asociados son culpables del “crimen internacional supremo”, incluyendo todos los males que siguieron, o declaramos que los procedimientos de Nuremberg fueron una farsa y los aliados fueron culpables de asesinato judicial.

La mentalidad imperial y el 11-S

Pocos días antes del asesinato de bin Laden, Orlando Bosch murió tranquilamente en Florida, donde residía junto a su cómplice Luis Posada Carriles y muchos otros socios del terrorismo internacional. Después de que el FBI le acusara de decenas de crímenes terroristas, Bush le garantizó a Bosch el perdón presidencial ignorando las objeciones del Departamento de Justicia, que encontraba “inevitable que esa conclusión resultara perjudicial para los intereses públicos de EEUU al proporcionar un puerto seguro a Bosch”. La coincidencia entre esas muertes trae de inmediato a la mente la doctrina de Busch II: “convertida ya en… una norma de facto de las relaciones internacionales”, que, según el renombrado especialista en relaciones internacionales de Harvard Graham Allison, “revoca la soberanía de los estados que proporcionan santuario a terroristas”.

Allison se refiere al pronunciamiento que Bush II dirigió a los talibanes: “Aquellos que alberguen terroristas son tan culpables como los mismos terroristas”. Por tanto, esos estados han perdido su soberanía y se convierten en objetivos de atentados terroristas, por ejemplo, el estado que ha albergado a Bosch y a su cómplice. Cuando Bush emitió esta nueva “norma de facto de las relaciones internacionales”, nadie pareció darse cuenta de que estaba haciendo un llamamiento a la invasión y destrucción de EEUU y al asesinato de sus criminales presidentes.

Nada de esto es problemático, por supuesto, si rechazamos el principio del juez Jackson de la universalidad y adoptamos en su lugar el principio de que EEUU se ha auto-inmunizado frente al derecho y a los convenios internacionales, como su gobierno ha dejado muy claro con frecuencia.

También merece la pena reflexionar acerca del nombre aplicado a la operación bin Laden: Operación Jerónimo. La mentalidad imperial es tan profunda que muy pocos parecen ser capaces de percibir que la Casa Blanca está glorificando a bin Laden al llamarle “Jerónimo”, el jefe indio apache que dirigió la valiente resistencia contra los invasores de los territorios apaches.

La elección casual del nombre es una reminiscencia de la facilidad con la que apodamos nuestras homicidas armas con los nombres de las víctimas de nuestros crímenes: Apache, Blackhawk… Es posible que reaccionáramos de forma diferente si la Luftwaffe hubiera llamado a sus aviones de combate “Judío” y “Gitano”.

Los ejemplos mencionados caerían bajo la categoría de la “excepcionalidad estadounidense” si no fuera por el hecho de que la fácil supresión de los crímenes de uno está prácticamente siempre presente entre los estados poderosos, al menos entre aquellos que no han sido derrotados y obligados a reconocer la realidad.

Quizá la administración percibía el asesinato como un “acto de venganza”, como concluye Robertson. Y quizá el rechazo de la opción legal de un juicio refleja una diferencia entre la cultura moral de 1945 y la de hoy, como él sugiere. Cualquiera que fuera el motivo, apenas tiene que ver con la seguridad. Como en el caso del “crimen internacional supremo” perpetrado en Iraq, el asesinato de bin Laden es otra ilustración del importante hecho de que muy a menudo la seguridad no es una prioridad importante en las acciones estatales, muy al contrario de la doctrina exhibida.

Noam Chomsky es profesor emérito de Lingüística y Filosofía del Instituto Tecnológico de Massachusetts, en Cambridge, Massachusetts. Su libro más reciente es “9-11: Was There an Alternative?” (Seven Stories Press), resumido en el presente artículo. 

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/175436/tomgram%3A_noam_chomsky%2C_the_imperial_mentality_and_9_11/#more

Un Gobierno de concentración económica para la Transición en la Corona

Un Gobierno de concentración económica para la Transición en la Corona

José Manuel Martín Medem

La reforma de la Constitución impuesta por el PSOE y el PP es la aplicación del golpe de Estado que anunciaron la banca y las grandes empresas con el informe “Transforma España” enviado por la Fundación Everis al rey poco antes de las reuniones de los dueños del poder económico con Zapatero en la Moncloa.

Lo que exigía dicha fundación, como portavoz de los dueños del poder económico, pasando por encima del Parlamento, era precisamente “refundar España, interviniendo cuanto antes para cambiar el ámbito constitucional e imponer un nuevo modelo de Estado que garantice un nuevo esquema de conducción y planificación del país mediante cambios estructurales urgentes”. La banca y los grandes empresarios advierten a los ciudadanos de que deben renunciar a la democracia con espíritu de sacrificio porque “quien no se resigne está condenado al fracaso o, lo que es peor, a sobrevivir lastrando al resto del sistema como un nocivo e indeseable virus”.

La banca y los grandes empresarios han decidido que ya han sacado todo lo posible del consenso constitucional de 1978 y que ahora necesitan un nuevo modelo de Estado con menos democracia y más impunidad económica.

La refundación puede desembocar, después de las próximas elecciones,en un gobierno de la gran coalición para manejar la transición de Juan Carlos a Felipe en función de los intereses de los negocios y del futuro de la Corona.

Con el golpe del 23 de febrero de 1981 nos metieron en la OTAN y ahora emerge la trama civil, con la tremenda arrogancia del poder económico, para imponer el golpe constitucional definitivo que anule la soberanía nacional y la autodeterminción democrática.

Los confidentes del gran poder que colaboraron con Francisco Medina en la elaboración de su libro 23 F: La verdad le confimaron que el objetivo de ”los banqueros de la derecha tradicional” ya era entonces cambiar la Constitución. No lo consiguieron con la amenaza militar en el Congreso y ahora mejoran el procedimiento, ocupando el Parlamento con la complicidad del PSOE y del PP.

Una brutal pinza, no ya contra IU, sino contra el pueblo

Una brutal pinza, no ya contra IU, sino contra el pueblo
PP y PSOE de acuerdo en lo fundamental, aplicar la motosierra al pueblo soberano

1. Fiscalidad compartida. El PSOE ha asumido las propuestas del PP de rebajar los impuestos que gravan la renta y el patrimonio. Todo ello en coherencia con aquella afirmación de Zapatero de que ‘bajar impuestos es de izquierdas’. Esta coincidencia de la política fiscal está en la base de la CRISIS FISCAL DE ESTADO.

2. Comparten el rescate a la banca y la privatización de las Cajas de Ahorro.
Ambos partidos aprobaron la constitución del fondo de rescate a la banca y la reforma de las Cajas, esto último en un encuentro en Moncloa en mayo de 2010, que abrió la puerta al proceso actual de privatización y bancarización de las Cajas.

3. La reforma de las pensiones se incubó en Diciembre de 2010 en una reunión de ambos partidos. Es más: en la Comunidad de Madrid, PSOE y PP votaron juntos contra una proposición no de ley de IU para rechazar el aumento de la edad de jubilación a los 67 años.

4. PP y PSOE votan juntos contra una propuesta de IU para la dación en pago de la vivienda por impago de hipoteca(Febrero 2010)
En una muestra evidente de crueldad contra las personas afectadas por las hipotecas y de subordinación vergonzosa a los bancos.

5. PP y PSOE votan juntos contra la transparencia en las cuentas de la Casa Real y contra la rebaja del 15% en la asignación a la Casa Real

6. PP y PSOE votan juntos el refuerzo del contingente en Afganistán
La última votación se realizó en Febrero de 2010, cuando se acordó el envío de 511 efectivos, lo que prácticamente duplicaba la presencia española en Afganistán.

7. PSOE y PP votan juntos contra la propuesta de eliminar las pensiones vitalicias a los ex presidentes que perciban retribuciones del sector privado
En una defensa vergonzosa de unos privilegios inadmisibles.

8. Votan juntos la Ley Sinde, provocando una revuelta de los internautas y una limitación, impuesta por las multinacionales yanquis, al derecho a las descargas en Internet. Ello ha provocado entre los internautas un fuerte rechazo a estos dos partidos y al resto que han apoyado la Ley.

9. PP y PSOE votan juntos el modelo universitario de Bolonia
Consagrando una universidad al servicio de los intereses mercantiles.

10. PSOE y PP coinciden en la defensa de la energía nuclear.
Las centrales nucleares alargarán peligrosamente su vida.

11. PSOE y PP votan conjuntamente la reforma de la constitución, contra el derecho a hacer una política social en el futuro.

20 horas

20 horas

Tomás Hernández. Costadigital

El discurso de la presidenta Aguirre sobre los horarios de los profesores ha sido debidamente contestado, en muchos medios, con muchas razones y por muchas personas. ¿Para qué insistir? Es falaz y malintencionado.

Es falaz, o sea, ‘embustero y falso’ según el DRAE, porque el ahorro en contratación de profesores interinos y su inevitable consecuencia -la verán pronto-, el aumento del número de alumnos por aula, afectará a la enseñanza que se imparta en clase. Sorprende doña Esperanza que con una ‘tacita’ que quitamos a la enseñanza pública, otra ‘tacita’ a la sanidad, también pública, pues se va haciendo sus ahorrillos. Al mismo tiempo se baja, me dicen, la fiscalidad a los colegios concertados. ¿Paradojas? ¿O un ataque sin complejos a los servicios públicos para prestigiar los privados?

Pero es el despropósito de su afirmación lo que irrita y sobrecoge. De sobra sabe doña Esperanza y cualquier persona, que los profesores trabajan algo más de las veinte horas de exhibición al público. Pero ella estira el dedo, y señala, y dice: ‘Miradlos. Veinte horas y se quejan aún’.

Ya he dicho que no voy a entrar en la filosofía horaria de doña Esperanza, pero repugna, y preocupa, el propósito denigrador de sus palabras.

Doña Esperanza, un pueblo que no respeta a sus maestras, y en este oficio las primeras fueron ellas, es un pueblo perdido. Usted, creo recordar, fue ministra de cultura. ¿Qué le ha quedado de aquellos años?

Señalar a los profesores como un grupo de privilegiados y vagos quejumbrosos, es una temeridad. ¿Llevará luego su pretendida policía autónoma a las aulas para recuperar el respeto cuya pérdida usted auspició?

Le dejo a doña Esperanza estas palabras de Confucio que anoté los otros días entre los papelajos que siempre llenan esta mesa: ‘Aprender sin pensar, es inútil; pensar sin aprender, es peligroso’.

¿Y gobernar sin pensar ni aprender? ¿Qué diría Confucio?

¿Amantes de la deuda?, ¿quiénes?

¿Amantes de la deuda?, ¿quiénes?

Juan Torres López

El candidato socialista Alfredo Pérez Rubalcaba acaba de afirmar que ha descubierto que hay "amantes de la deuda y el déficit".

Como no se puede referir a la derecha que ha votado con él la reforma constitucional, cabe pensar que hace referencia a quienes nos hemos opuesto a ella pero, si es así, cabe decirle que hace un juicio muy demagógico e injusto.

Quienes rechazamos la reforma aprobada por el Partido Popular y el Partido Socialista nos oponemos a que se incorporen en la Constitución un principio neoliberal de estabilidad presupuestaria que no todo el mundo comparte, que se renuncie a un instrumento de política económica que en muchísimas ocasiones se ha mostrado como imprescindible y que se obligue al pueblo español y a nuestro Estado a renunciar a la doctrina de inmunidad soberana que establece que nadie puede forzar a un Estado a pagar su deuda. Pero quienes defendemos esto somos precisamente quienes venimos reclamando políticas económicas que, en lugar de las que aplican quienes ahora reforman la Constitución, no provoquen tanta deuda global sino que sean capaces de generar ingresos productivos sostenibles y evitar la deuda del Estado generando más ingresos públicos.

Y quienes hemos rechazado ahora la reforma constitucional que PP y PSOE han puesto en bandeja a los grandes financieros somos precisamente quienes venimos subrayando desde hace mucho tiempo que la desregulación de la actividad financiera, el privilegio de creación de dinero bancario del que disponen los bancos y la complicidad de las autoridades con los grandes poderes financieros estaba generando un crecimiento de la deuda que antes o después hará que salte por los aires la economía internacional.

Se confunde Alfredo Pérez Rubalcaba calificando de amantes de la deuda a quienes hemos criticado su voto a favor de la reforma. Somos precisamente nosotros los que, alarmados por el volumen de deuda que se está generando, venimos defendiendo políticas fiscales más equitativas y eficientes que proporcionen más ingresos al Estado en contra de la idea de que el Estado se debe desarmar en el terreno fiscal que ha llevado a eliminar impuestos que ahora se echan en falta; y los que igualmente reclamamos una política de gasto más austera pero justamente en lo que nunca tocan quienes ahora defienden los recortes de gasto público: los privilegios que se conceden a los bancos, a las grandes empresas que más empleo destruyen o a la clase política; el gasto militar o las ayudas a instituciones religiosas como la Iglesia católica.

Quienes nos oponemos a la reforma constitucional que se acaba de aprobar somos quienes reclamamos políticas contundentes contra la desigualdad que provocan las que llevan a cabo los que han aprobado la reforma precisamente porque sabemos que ahí se encuentra la causa principal de los menores ingresos a las pequeñas y medianas empresas que crean empleo, de las familias y del Estado, haciendo así que aumente la deuda.

Otra cosa es que quienes nos oponemos a la reforma sepamos también que los déficit y la deuda que pueden generar en determinados momentos son, además de un serio problema, un instrumento, tanto para estabilizar la economía en momentos de crisis como para poder financiar la provisión de bienes y servicios singularmente costosos y cuyo disfrute se alarga a lo largo del tiempo.

Esto último nos preocupa de una forma especial porque también somos conscientes de que España mantiene déficits muy importantes en materia social respecto a los países más avanzados de nuestro entorno, en educación, sanidad, investigación e innovación, capital social o servicios de bienestar. Déficits que no afectan solo al bienestar de las personas (que ya es mucho) sino que, mientras persistan, impiden que se pueda consolidar el tejido productivo y empresarial capaz de generar el ingreso y el empleo que necesitamos.

Pero eso no nos lleva a reclamar solo la deuda y el déficit sin hacen falta para resolver esos problemas, como demagógicamente se quiere hacer creer para descalificar nuestras posiciones, sino también mejores fuentes de ingresos, que no se pueden obtener sino con más igualdad, más justicia fiscal, mejores condiciones de trabajo, mayor productividad y mejor desempeño empresarial. Algo que no se consigue si la actividad se viene abajo, lo que a su vez solo se puede evitar en momentos como el actual, cuando el gasto privado es insuficiente, sin un fuerte impulso del gasto público.

Lo que provocaría más deuda (o una pérdida impresionante de nivel de vida) no serían las políticas que proponemos los críticos de la reforma sino, por el contrario, la propuesta que hace poco hacía el candidato socialista reclamando menos salarios y menos beneficios, es decir, que baje la renta nacional.

Y, por último, una cosa es que defendamos que los déficit y la deuda puedan ser un instrumento adecuado o imprescindible en determinados momentos y otra muy distinta que la financiación de esa deuda tenga que ser un negocio de la banca privada, que es lo que vienen a reconocer la reforma constitucional que se ha realizado.

De hecho, los problemas que están padeciendo las economía europeas (dejando ahora a un lado el hecho capital de que vienen dados por la crisis causada por la banca privada internacional) no se deben a la cuantía de su deuda sino a que se ha permitido que los especuladores hagan un negocio con ella. El Banco Central Europeo podía haberla financiado sin demasiado problema habiendo evitado la catástrofe que se ha producido, aunque, claro está, de esa forma no habría sido posible que los bancos y los grandes especuladores ganasen los miles de millones que están ganando a costa de ello.

Es por eso que el daño mayor de la reforma constitucional no sea la fijación de un techo de gasto más o menos flexible. Como he señalado en otro artículo (Los Trileros Mayores del Reino y la clave de la reforma constitucional), los cambios añadidos a la formulación inicial han hecho que, al final, el compromiso de estabilidad presupuestaria quede tan descafeinado que en realidad casi no van a tener que cumplirlo nada más que los ayuntamientos, si acaso.

Lo gravísimo es, como dije al comienzo, el haber cedido de un plumazo un derecho que tiene el pueblo español a dar en cada momento la prioridad que crea conveniente al pago de sus deudas. Y, al mismo tiempo, el declarar que los "créditos no podrán ser objeto de enmienda o modificación". Lo que simplemente significa que se ha impuesto al pueblo español la obligación de renunciar en un momento dado a cualquier tipo de renegociación o reestructuración de la deuda que pudiera aliviarla.

Que nadie se engañe. Los amantes de la deuda y quienes la provocan no somos los críticos de Alfredo Pérez Rubalcaba sino quienes generan la desigualdad que la produce, es decir, los que han resultado privilegiados a costa del pueblo español por la reforma recién aprobada.

Wyoming, indignado

Los Trileros Mayores del Reino y la clave de la reforma constitucional

Los Trileros Mayores del Reino y la clave de la reforma constitucional

Juan Torres López

No hace ni siquiera un mes Mariano Rajoy decía a los cuatro vientos que cuando ganase las elecciones "volverá el déficit cero" (es decir, que en ningún caso la administración pública podría gastar más de lo que ingresara). Antes, le había propuesto a Rodríguez Zapatero reformar la Constitución para introducir la obligación de alcanzarlo y el Presidente del Gobierno se rió de la propuesta en el debate sobre el Estado de la Nación de 2010: “Una reforma que, como saben, es rápida, dado cómo es nuestro procedimiento de reforma constitucional, y que sería muy eficaz para combatir la coyuntura de la crisis. Ésa ha sido toda la reforma original que le hemos oído en los últimos meses y que no tiene ni fundamento, ni eficacia, ni capacidad”.

El ahora candidato socialista Alfredo Pérez Rubalcaba terció en el debate y también descalificó la propuesta de reforma constitucional diciendo: “Como todos sabemos, la Constitución es una ley que se cambia fácilmente y en un plis-plas nos arregla la crisis” y en marzo de 2011, durante una sesión de control al Gobierno, Rubalcaba recalcó de que "no vamos a imponer por ley del Estado un techo de gasto a las comunidades autónomas, no lo vamos a hacer porque creemos que va contra la Constitución".

Ahora, de repente, estos tres grandes dirigentes han desarrollado un auténtico trile para hacer que la población mire a otro lado cuando se disponen a someter los intereses nacionales a los poderes financieros con una ilegítima y muy dañina reforma de la Constitución.

Quien decía que la reforma constitucional no tiene fundamento, ni eficacia  ni capacidad, propone en el Parlamento llevarla a cabo urgentemente. El opositor que defendía el déficit cero acepta ahora una fórmula que en la práctica puede permite que los gobiernos de turno se salten la estabilidad presupuestaria cuando les venga en gana. El candidato que ironizaba sobre la propuesta de los conservadores afirmando defender posiciones más progresistas, tercia en el debate y entre los tres desvían la atención de los ciudadanos para aprobar una reforma mucho más lesiva para los intereses sociales que el simple control del déficit.

Veamos qué es lo que ha ocurrido.

El Pacto que no es lo que decían que iba a ser

El pasado 23 de agosto Zapatero anunció en el Congreso su propuesta de modificar la Constitución para controlar los déficit presupuestarios e inmediatamente Rajoy le mostró su apoyo. Enseguida hay protestas incluso en el propio grupo parlamentario socialista, cuyos miembros han sido ninguneados y en la sociedad y Rubalcaba se incorpora al debate proponiendo que el acuerdo contemple suficiente flexibilidad en la aplicación del principio de estabilidad (que en realidad es malo en sí mismo y no en función de que sea más o menos flexible).

En unas horas se presenta el acuerdo y aparece entonces la sorpresa que la inmensa mayoría de los ciudadanos son incapaces de descubrir porque sus representantes ocultan lo fundamental del pacto para seguir hablando de lo que en realidad ha terminado por resultar accesorio.

Lo que ha ocurrido es que el PSOE el PP han “descafeinado” la propuesta que ambos habían hecho con anterioridad.

Inicialmente hablaban de constitucionalizar el déficit cero en sentido estricto, en la misma línea del artículo de la constitución alemana que terminantemente pone un límite al déficit público. Pero en lugar de eso el acuerdo señala que una posterior ley orgánica establecerá un límite al "déficit estructural", un concepto mucho más sutil que puede permitir que el gobierno de turno tenga mucha más facilidad para saltarse el principio de estabilidad que defienden.

El concepto de déficit estructural no es el resultado del simple saldo de las cuentas anuales del Estado sino el saldo que tendrían esas cuentas en unas condiciones ideales: cuando la economía estuviera en pleno empleo y, por tanto, cuando el PIB realmente registrado fuese igual al potencial (el que se alcanza cuando se utilizan todos los recursos de una economía).  El acuerdo político que ampara la reforma lo define como "aquel que se deriva de no considerar los ingresos y gastos públicos relacionados con las expansiones y recesiones normales de los ciclos económicos, garantizando así la sostenibilidad a largo plazo de los servicios públicos fundamentales".

En la práctica esto significa que a la hora de calcular el saldo presupuestario (estructural) al que se le pondrá techo en la próxima ley orgánica habrá que descontar los ingresos y los gastos que no sean "estructurales" (es decir, los que sean resultado de circunstancias más o menos "anormales" que alejan a la economía de esa situación ideal, por ejemplo de una recesión). Pero su cálculo es muy problemático ya que la forma en que se haga será siempre discutible, nunca objetiva y, además, muy fácilmente manipulable.

Por eso, como dice David Lizoain (El insoportable error del 0,4%) limitar el déficit estructural del país al 0,4% (que es lo que se prevé que establezca la futura ley orgánica) es "una política radicalmente aberrante para una economía avanzada". En primer lugar sostiene con razón, siguiendo el análisis de Nick Rowe (What is a "structural" deficit?), que este concepto de déficit estructural no tiene mucho sentido económico ya que responde a criterios políticos más que económicos. Por ejemplo, si dos gobiernos hacen exactamente lo mismo generando un déficit de la misma cuantía pero uno había anticipado lo que pensaba hacer con los ingresos y gastos cuando llegara una recesión y el otro no hubiera adelantado nada sino que se hubiera limitado a hacer lo mismo una vez que se produjo la recesión, la consideración de su saldo debería ser distinta. En el segundo caso se consideraría que el déficit es estructural (porque sería teóricamente resultado de la recesión) y en el primero no.

Y además, Lizoain indica que la medida es completamente irreal: ni la zona euro ni la OCDE en su conjunto tuvieron un déficit estructural inferior al 0,4% ni un solo año en los últimos veinte.

Podemos concluir, por tanto, que lo que finalmente han pactado los dos partidos mayoritarios no ha sido el criterio de déficit cero como habían dicho sino algo muy irrealista y que seguramente solo se pueda cumplir manipulando los registros presupuestarios. Posiblemente, porque así pueden vender a la población, como está haciendo Rubalcaba, que no hay peligro de que la estabilidad presupuestaria ponga en cuestión los programas sociales (que es lo que lleva consigo la política de estabilidad presupuestaria, sobre todo, en países con déficits sociales como España, tal y como he explicado en mis artículos Razones económicas para rechazar el acuerdo neoliberal entre el PSOE y el PP y Acuerdo PSOE-PP sobre la deuda: un pacto que perjudica a España). Pero eso no quita que, al mismo tiempo, al introducir en la Constitución el principio de la estabilidad, se esté imponiendo (y además sin debate social) la filosofía neoliberal que implica renunciar a la política fiscal discrecional, con los efectos negativos que ello conlleva y que he tratado de explicar en esos mismos textos.

El contenido verdaderamente nefasto del acuerdo

Pero lo que realmente han conseguido de esta manera los líderes de ambos partidos, es decir, haciendo creer que asumen rígidos criterios de austeridad cuando en realidad no los van a ser, ha sido comportarse como verdaderos trileros porque mientras llamaban la atención sobre el debate del techo presupuestario lo que estaban haciendo era incluir, sin apenas comentarlo públicamente, un nuevo precepto en la Constitución que da "prioridad absoluta" al pago de la deuda y los intereses frente a cualquier otro compromiso de pago del Estado.

Es decir, los parlamentarios del Partido Popular y del PSOE están dispuestos a aprobar sin recurrir al referéndum que permitiera que el pueblo se pronuncie al respecto que si en algún momento faltaran ingresos se dejarían de pagar los servicios más básicos del Estado para hacer frente antes que nada a los compromisos de la deuda.    

Esta es, pues, la auténtica clave de la reforma.  Una concesión vergonzosa a los poderes financieros que es muy grave por cuanto que supone una cesión de la soberana capacidad de decisión del pueblo español para determinar en un momento dado la prioridad que quisiera darle a sus compromisos de financiación.

En mi opinión, quienes promueven esta medida siguiendo el mandato de intereses extranjeros están traicionando a los intereses nacionales y al impedir que el pueblo español, que es el verdadero poder constituyente que podría cambiar con legitimidad la Constitución, se pronuncie sobre una cuestión tan fundamental están prostituyendo la Carta Magna y convirtiéndola en papel mojado para quienes de verdad asuman los principios del constitucionalismo democrático. Como acaba de señalar claramente Rubén Martínez Dalmau en su artículo ¿Quién puede reformar legítimamente una Constitución democrática?

"Cualquier modificación de la Constitución por parte de un órgano que no es el poder constituyente, aunque sea legal -también autoritarismos y fascismos se han fundamentado en la legalidad- no es otra cosa que la apropiación de la soberanía popular por un órgano ajeno al pueblo; es decir, el fin del constitucionalismo democrático (...)

Si la Constitución no es otra cosa que la voluntad del poder constituyente, la respuesta a esta pregunta, desde el constitucionalismo democrático, no puede ser otra: sólo el pueblo puede modificar legítimamente su Constitución. Lo contrario es negar la naturaleza de la legitimidad del sistema democrático en el que creemos vivir. Si la Constitución queda en manos de otras personas -gobiernos, mayorías en los parlamentos, reyes.-podremos hablar de otra legitimidad del poder político, de democracias más o menos limitadas, de decisiones mayor o menormente acordadas. pero nunca de constitucionalismo democrático".

La alternativa, Asamblea Constituyente

Frente al engaño con que se quiere llevar a cabo esta reforma ilegítima de la Constitución que además puede comportar en el futuro un grave daño para los intereses de la nación no cabe otra alternativa, como también indica Rubén Martínez, que activar un nuevo poder constituyente que elabore una nueva Constitución en una nueva Asamblea, un horizonte que me parece fundamental que asuman los movimientos que giran en torno al 15-M y, en general, todas las personas sin distinción de ideologías o posiciones políticas que deseen vivir en una verdadera democracia.