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Almuñécar contra la corrupción

Opinión

¿A quién apoya España?: El gobierno de Zapatero guarda silencio en el caso de Sayed Parwez Kambakhsh, estudiante afgano de periodismo condenado a 20 años de cárcel

¿A quién apoya España?: El gobierno de Zapatero guarda silencio en el caso de Sayed Parwez Kambakhsh, estudiante afgano de periodismo condenado a 20 años de cárcel

Público

Sayed Parwez Kambakhsh era un estudiante afgano de periodismo. Ahora es un preso del Gobierno de Kabul, condenado por blasfemo. Un tribunal dependiente de la Alianza del Norte, integrante del régimen instaurado tras la invasión militar norteamericana, lo ha condenado a 20 años de cárcel al encontrarlo culpable de haberse bajado de internet un texto sobre el papel de la religión islámica en la opresión de las mujeres. Era un artículo en el que se denunciaba entre otras cosas que, según la doctrina coránica, un hombre pueda tener cuatro esposas, pero la mujer sólo un marido.

Han leído ustedes bien. Ésa fue la acusación.

Al principio el tribunal debatió sobre la posibilidad de condenarlo a muerte, sin más. Un amigo mío que conoce muy bien aquella realidad me escribe: “Personalmente albergo dudas sobre si no será mejor la horca que 20 años en una mazmorra afgana”.

Parwez comparte una pequeña celda con una treintena de presos que cumplen penas por robo, asesinato y violación. A veces los carceleros les proporcionan algo de comida. Otras no.

En el juicio al que fue sometido a puerta cerrada, había un juez, un fiscal y tres soldados. Ni abogado defensor, ni familiares, ni testigos.

El Estado español tiene tropas en Afganistán que han sido enviadas para cumplir la “misión humanitaria” de defender los intereses de un régimen que permite, cuando no propicia, aberraciones como ésta, que no es la única, ni mucho menos.

El Parlamento Europeo, varios gobiernos de la UE, todas las organizaciones de defensa de los derechos humanos y la propia ONU han intercedido a favor de Parwez. El Gobierno español guarda silencio.

Éste no es un caso individual. Es un símbolo.

Pacto para secuestrar y torturar inocentes

Pacto para secuestrar y torturar inocentes

Como se recordará, los días 30 de noviembre y 1 de diciembre, el diario El País difundió documentos oficiales calificados de alto secreto que demostraban que el gobierno español durante la época de José María Aznar conoció y aprobó que los vuelos clandestinos de la CIA con destino a Guantánamo y otros centros de detención y tortura utilizasen aeropuertos y espacio aéreo español.

Tras varios días de surrealista respuesta del gobierno Zapatero afirmando que los documentos secretos no aparecían en los archivos del ministerio, mientras que el alto cargo que los firmó reconocía su validez, el ministro Miguel Angel Moratinos compareció ante la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso. Lo que más me ha impresionado es el desparpajo y desvergüenza con que lo dos principales partidos políticos –PSOE y PP- han escenificado su pacto para enterrar y obviar la responsabilidad de sus respectivos gobiernos en estos vuelos. No olvidemos que la Audiencia Nacional tiene abierta una causa para analizar los importantes indicios de que hay sobre once vuelos que hicieron escala en España entre enero de 2002 y noviembre de 2006.

La alianza de silencio comienza con el portavoz de Exteriores del PP en el Congreso, Gustavo de Arístegui, pidiendo al PSOE el 24 de diciembre pasar página política y buscar un "consenso activo" en política exterior. "No hay que buscar más historias a esto. Las cosas hay que dejarlas que sigan su curso", afirmó. Para recordarle al gobierno que le interesa enterrar lo sucedido, Arístegui señalaba que de estos vuelos, dos fueron en la etapa de Aznar y nueve en la de José Luis Rodríguez Zapatero. "Con eso queda todo razonablemente dicho", puntualizó Arístegui. Sabedor de que los dos gobiernos tienen cosas oscuras que ocultar, el diputado del PP señaló que aunque respeta el derecho individual de algunos diputados a seguir presentando iniciativas para saber más de esta cuestión, advirtió a los socialistas de que si cambian su táctica y demandan más información, el PP lo hará igualmente. "Si el PSOE dice que se siga investigando, el PP también quiere saber lo que pasó después de ese momento" (2004), afirmó.

La parte socialista acepta la omertá. Dos días después, el 26 de diciembre, la secretaria de Política Internacional y de Cooperación del PSOE, Elena Valenciano, está de acuerdo con cerrar el debate político tal y como había propuesto Arístegui. Valenciano exigió también al grupo popular que retirase las preguntas que algunos de sus diputados tienen registradas en el Congreso  para conocer más datos de los vuelos de la CIA en la etapa de Zapatero. "Por nosotros, estamos dispuestos a acordar que este asunto se dirima en los tribunales, pero el PP debe retirar sus preguntas", ha manifestado Valenciano. Según la responsable socialista, mantener vivas esas iniciativas sería "incoherente" con la voluntad del principal partido de la oposición a  zanjar el caso desde el punto de vista político.

De ambas posiciones sólo podemos sacar una conclusión: la complicidad, connivencia y encubrimiento mutuo para ocultar a la sociedad española la implicación de ambos gobiernos y ambos partidos en delitos tan graves como el secuestro de ciudadanos –muchos de ellos absolutamente inocentes- para su posterior envío a cárceles clandestinas o centros de tortura.

Es evidente que ante los ojos de muchos pueblos árabes el verdadero terrorismo donde se está gestando es en Occidente.

La Iglesia, la COPE, la socialdemocracia y el genocidio palestino

La Iglesia, la COPE, la socialdemocracia y el genocidio palestino

Ya se sabe que la Iglesia es una institución generada en orden a consolidar los poderes y las desigualdades establecidas en este mundo, siendo una de las principales fuentes de legitimación de unos y otras. Es decir, que toda Iglesia vive de la injusticia y la opresión humanas. La Iglesia Católica ha destacado por su casi increíble descaro para sostener los genocidios y los poderes más terribles de este mundo. Quizás como ninguna otra, si exceptuamos hoy la judía-sionista.

 

Como es bien sabido, la Iglesia Católica española está especialmente unida a lo largo de su tétrica historia a algunos de los episodios de barbarie más cruentos que haya protagonizado la humanidad. Esta Iglesia cuenta con numerosos medios de difusión en España, editoriales, prensa escrita y radiofónica, amén de buena parte de la enseñanza privada, gracias a lo cual muchos padres y madres que se declaran laicos le entregan a sus hijos.

Uno de esos medios, el radiofónico COPE, se permite el lujo de propagar todo tipo de desinformación justificadora de los poderes más ponzoñosos del capitalismo salvaje que hoy padecemos. Promueve la represión de la inmigración, llegando a burlarse cruelmente de las personas que han intentado cruzar la valla de Melilla, preguntándose en cuánto se establecerá el récord de “salto del inmigrante”. Por boca de algunos de sus más fanáticos o en su defecto adiestrados presentadores es posible oír toda suerte de absurdidades sobre este mundo. Exabruptos opináticos que si no fuera por el reblandecimiento cerebral provocado por el previo bombardeo mediático que padecemos, tendrían más que ver a los ojos de cualquiera con meros eructos digestivos antes que con cualquier proceso de tipo mental.

En estos días esa esperpéntica cadena cristiana insiste en intentar justificar una vez más el crónico y sistemático genocidio del pueblo palestino, y en concreto el último episodio del mismo: la invasión de Gaza por el Ejército sionista.

“Israel es un ejemplo de cómo tratar al terrorismo, y no lo que hace Zapatero”, nos dicen desde ella. Si no fuera, como digo, porque sabemos de la propiedad de esta cadena, que es de los mismos que defienden el “derecho a la vida” y el “sí a la vida” cuando se detiene el proceso de gestación de unas cuantas células embrionarias, uno pensaría que se trata de una cadena de alguna peligrosa organización asesina. Pero estamos hablando de la Iglesia Católica de España (La Santa Madre Iglesia).

¿Habría que recordar de nuevo a quienes escuchan su voz a través de esta inverosímil cadena que durante las últimas 6 décadas los palestinos están viviendo en el campo de concentración en que han convertido a su tierra, en condiciones de insospechada barbarie, superando en tiempo con creces, al holocausto que junto a muchas otras poblaciones, padecieron los judíos durante el nazismo europeo?

¿Habría que decir hasta que alguien lo oyese que decenas de miles de palestinos llevan toda su vida en “campos de refugiados”? Imagínense ustedes condenados de por vida a vivir en esos campos, hechos con chabolas prefabricadas de hormigón, o poblados con tiendas semicaídas y sucias, sin agua potable, ni luz. Con un hacinamiento que en algunos casos sobrepasa lo físicamente aceptable: hasta dos familias de 10 personas en 60 metros cuadrados.

¿Habría que gritar a los cuatro vientos que estos campos de refugiados son cada vez más parecidos a “campos de concentración”, y se convierten también frecuentemente en campos de exterminio?

¿Habría que publicar, explicar radiofónicamente o presentar imágenes televisivas de cómo los asesinatos, las muertes por palizas a detenidos, las torturas en prisión o en campos de detención son el pan nuestro de cada día para los palestinos? (fuentes externas estiman que más del 45% de los detenidos son torturados).

¿Habría que explicar a quienes emiten aberrantes declaraciones políticas o esos eructos radiofónicos que Israel ha incumplido sistemáticamente las resoluciones de la ONU a lo largo de los últimos 50 años? ¿Les damos algunos ejemplos?:

  • 1948: Resolución 194 de la Asamblea General, por la que se reconoce el derecho al retorno de los refugiados y desplazados árabes.
  • 1967: Resolución 242 del Consejo de Seguridad. Reclama la retirada israelí de los territorios ocupados.
  • 1967: Resolución 2.253 de la Asamblea General, en la que exige a Israel que desista de “adoptar cualquier acción que pueda alterar el estatuto de Jerusalén”.
  • 1974: Resolución 3.236 de la Asamblea General, por la que reconoce los derechos inalienables del pueblo palestino y reclama el retorno de los refugiados a sus hogares.
  • 1975: Resolución 3.379 de la Asamblea General de la ONU, que describe al sionismo como una forma de racismo.
  • 1979: Resolución 446 del Consejo de Seguridad de la ONU, que exige a Israel el desmantelamiento de sus asentamientos sobre los Territorios Ocupados.
  • 1980: Resolución 478 del Consejo de Seguridad, en la que se declara que cualquier intento de modificar el estatuto de Jerusalén por parte de Israel, sería considerado “nulo e inválido”.
  • 1992: Resolución 726 del Consejo de Seguridad, por la que se condena a Israel por deportar a 12 palestinos de los territorios ocupados. (Al tiempo que esta medida viola también la Convención de Ginebra).

El derecho al retorno de los refugiados y desplazados (70% de la población palestina) es reconocido, asimismo, por las resoluciones 2.252, 2.452, 2.535, 2.672, 2.792, 2.963, 3089, 3.331 y 3.419 de la Asamblea General. Mientras que las resoluciones 242, 338, y 425 del Consejo de Seguridad reclaman la retirada israelí de los Territorios Ocupados.

Por otra parte, la IVª Convención de Ginebra, de 1949, firmada por Israel en 1951, señala que “la potencia ocupante no podrá transferir parte de su propia población civil a los territorios que ocupa”. La resolución 452 del Consejo de Seguridad de la ONU, de 1979, incide en el mismo sentido. También la 465 de 1980, con un claro llamamiento a Israel para que no modifique el carácter físico, la composición demográfica, la estructura institucional o el estatuto de los territorios palestinos. Los artículos 47 y 49 de la IVª Convención de Ginebra advierten contra la represión de la población civil ocupada por parte del Ejército ocupante.

¿Habría que explicar, por tanto, a la gente que escucha a los diferentes líderes políticos y a los voceros mediáticos de los grandes poderes, que no se trata de una “respuesta” de Israel ante la “provocación” palestina, sino del brutal sometimiento de un pueblo entero y de su calculado exterminio? Horroriza pensar –a quienes todavía tenemos la capacidad de horrorizarnos- cómo se puede ni siquiera pretender justificar uno de los episodios más terribles (que ya es decir) por su duración e intensidad de ensañamiento de un pueblo con otro (ver para más detalles de ello, Piqueras en www.rebelion.org, y en www.mundoarabe.org, “Palestina: el lugar de todas las luchas”).

Todo esto habría que explicarlo en al menos algún medio de difusión de masas, si no fuera precisamente porque todos ellos sin excepción están sometidos a los grandes poderes económico-políticos del capitalismo global, el mismo que en unas y otros lugares va perpetrando el holocausto de la humanidad. En este caso por vía de la barbarie organizada contra al pueblo palestino.

La cabeza visible de todo esto en Israel es Ehud Barak, ministro de Defensa, líder del Partido Laborista (socialdemócrata), miembro de la Internacional Socialista. Internacional en la que ni uno sólo de sus líderes ha levantado la voz para pedir su expulsión de la misma.

Antes bien, llaman a Israel a “proporcionar su ataque”, o como mucho, como hace la ONU, a que cese el fuego de ambos “contendientes” (¿!). Como el insigne presidente Zapatero, sí, el de la famosa “alianza de civilizaciones”, quien asiste callado a la matanza suponemos que en parte perpetrada con armas españolas que su Gobierno le vende a Israel. Un país éste con el que España tiene un Acuerdo de Cooperación preferente y que nadie en la Parlamento todavía ha denunciado.

Por supuesto que ni venta de armas ni acuerdos preferentes van a dejar de mantenerse con Israel. Los pretendidos gestos de consternación por la matanza son sólo eso: gestos. ¿Qué les importan a la Iglesia Católica o a la Internacional Socialista unas cuantas decenas de miles de asesinados sin defensa en Palestina?, ¿qué les importan unas cuantas decenas de millones al año en el mundo? Son “daños colaterales” del capitalismo que desgraciadamente tiene que pavimentar el camino hacia su más que incierto futuro sobre esa sangre.

Como las Iglesias siempre supieron, los poderes, a veces, tienen que matar. Sobre todo cuando las gentes se resisten impíamente a su sometimiento. Así que, cuando uno se pone a la faena hay que estar dispuesto a colaborar con el terrorismo de Estado hasta sus últimas consecuencias.

Es un mal doloroso, pero necesario.

¡Ah!, la Iglesia Católica, su COPE. La socialdemocracia, sus declaraciones de bondad…

Repugnante, ¿verdad?

La fecha de caducidad del Holocausto

La fecha de caducidad del Holocausto

Carlos Carnicero

Nunca recibí tantas descalificaciones como cuando hace ya unos cuantos años pregunté si el Holocausto tenía fecha de caducidad en relación con la patente de corso de los sucesivos gestores del Estado de Israel para vulnerar la legalidad internacional y masacrar al pueblo palestino. ¿La barbarie y la brutalidad sufrida por el pueblo hebreo da derecho al Estado de Israel a hacer a una revancha histórica de sus padecimientos trasfiriéndolos a los de sus enemigos?

Me reafirmo en todo lo que escribí: el haber padecido como pueblo una de las injusticias más bárbaras y obscenas de la historia no les da derecho a sustituir su rol de víctimas por el de verdugos. Y, en síntesis, eso es lo que ha venido ocurriendo desde hace sesenta años en Palestina desde que se decidió la creación del Estado de Israel para curar la mala conciencia occidental utilizando como moneda de cambio los derechos de los palestinos.

Patente de corso
Y es lo mismo que estos días se televisa en directo desde la franja de Gaza. El ejército proporcionalmente más sofisticado del mundo mata mujeres y niños indefensos sin ninguna proporción entre la agresión que sufre y la respuesta que profiere.

Salvando las distancias…
Es cierto que los soldados israelíes no conducen a los ciudadanos palestinos a las cámaras de gas: sencillamente bombardean sus casas, matan científicamente a sus niños y a sus mujeres y todo ello en nombre de su derecho a la defensa y a la expansión del territorio. Pero, salvando todas las diferencias, que son muchas, ¿los nazis no querían garantizar la seguridad de su concepción de Alemania? El resto del mundo miró para otro lado mientras Alemania extendía sus fronteras para lo que para ellos era garantizar un equilibrio demográfico entre la raza y el territorio.

Afianzar una raza
Los judíos comenzaron por ser ciudadanos de segundo nivel en Alemania para terminar siendo exterminados sistemática y científicamente por los procedimientos más obscenos. ¿Y qué son los asentamientos de colonos israelíes en territorio palestino sino el afianzamiento de una raza en un territorio conquistado? ¿Y qué derechos tienen los ciudadanos palestinos ante el ejército de Israel? ¿Y a dónde conduce el odio sembrado por Israel sino a la radicalización de Hamás? Los ataques de Hamás son el pretexto para masacrar a los ciudadanos civiles de la franja de Gaza que han tenido que cavar túneles para hacer llegar alimentos burlando el cerco medieval del ejército de Israel. Lo mismo que ocurrió en el gueto de Varsovia cercado por los alemanes.

¿Herederos?
Ahora Israel ha heredado el derecho que se atribuyó la Alemania nazi a irrespetar la legalidad internacional. No hay resolución de Naciones Unidas que le perjudique –que son muchas- que no arroje al cesto de los papeles. Cuenta con el incondicional apoyo de Estados Unidos para sus asesinatos en masa y jamás será reprobado severamente por la Unión Europea mientras ahoga a Palestina en una situación socioeconómica sin salida que promueve el radicalismo como fórmula de confrontación. ¿Qué más quieren los duros de Israel para consumar el exterminio palestino que el incremento del fundamentalismo al otro lado de sus muros? En realidad el cerebro maquiavélico de toda esta operación de exterminio no es distinto del que diseñó la Alemania nazi.

Blanqueo, los millonarios compran suerte

Blanqueo, los millonarios compran suerte

El ‘Gordo’ no reparte suerte sólo en los barrios obreros. El lavado de dinero a partir de boletos premiados es una práctica tan extendida como beneficiosa para quien quiere defraudar al fisco.

¿Le ha tocado el Gordo? Felicidades. ¿No es el caso? Al menos le queda el consuelo de que nadie se pondrá en contacto con usted para molestarle. Los bancos no se pelearán por ofrecerle vajillas ni sartenes, no aparecerán viejos conocidos para proponerle negocios ruinosos y tampoco vendrá un individuo oscuro, también llamado intermediario, a ofrecerle un suculento trato. Éste consiste en que, a cambio de ese boleto, usted recibiría un maletín repleto de billetes de 500 euros y un pellizco adicional de un 10% o un 20% del total del premio, o bien un pingüe sueldo para toda la vida. Lo más seguro es que, aunque no haya ganado, usted ya sepa por qué les interesa tanto cerrar el acuerdo: el supuesto benefactor tiene dinero que lavar, el acertante tiene algo que le interesa, una millonada limpia de la que Hacienda no verá un euro.

Una flor entre trillones

Restaurante Celebrity, Castellón de la Plana, noviembre de 2008. A los postres, el President de la Diputació, Carlos Fabra, se levanta para brindar ante un grupo de fieles que le han organizado un homenaje. Después de anunciar que quiere legar a su hija Andrea la presidencia de la Diputació, a Fabra se le ocurre otra broma de mal gusto. En la mente de todos está un montaje fotográfico en el que aparece su cara en lugar de la del alopécico protagonista de la propaganda de la Lotería de las navidades pasadas. Envuelto por los vahos alcohólicos y el aroma de los cafés, al president se le ocurre una frase que ha dado la vuelta a Internet: “He comprado el 27.931 y si me toca me sacaré la pirula y mearé en la sede de Izquierda Unida”.

Como ha señalado a DIAGONAL Marina Albiol, diputada de la coalición en las Cortes valencianas, Fabra achaca el montaje a Esquerra Unida del País Valenciá, a pesar de que puede ser obra de cualquiera que sepa usar Photoshop: “A raíz de que le tocara un premio de la Lotería del Niño en enero, empezaron a hacer una serie de chistes en la provincia sobre la inmensa suerte de este señor”, señala Albiol. La diputada anuncia que en la sede de su coalición le estarán esperando “en vista de que hay muchas probabilidades de que le vuelva a tocar un premio”. Y es que, en los últimos años, aquel al que Mariano Rajoy calificó como un “ciudadano ejemplar” ha sido agraciado al menos tres veces en esta clase de sorteos.

En el sorteo del Niño al que hacía referencia Albiol, Fabra recibió un premio de dos millones de euros. Se da la circunstancia de que el president está siendo investigado por presuntas irregularidades fiscales.

La estadística dice que es más fácil morir atravesado por un rayo que acertar de una vez la combinación ganadora de la primitiva, pero a Juan Antonio Roca, el supuesto cerebro del escándalo urbanístico de Marbella, tampoco le afectan este tipo de cálculos. Como él mismo se encargó de señalar en su proceso judicial, a Roca y a algunos miembros de su familia les ha tocado “unos 80” premios en la Primitiva, la Bonoloto o las quinielas. En el juicio contra Roca, un grupo de matemáticos estableció que las posibilidades de que alguien tuviera tanta suerte eran de una entre 43 trillones. Durante el proceso se demostró que Roca había comprado billetes premiados a través de una trabajadora de una agencia inmobiliaria de Murcia.

El Gordo y el fisco

La compra de premios es un mecanismo que nace a la vez que el concepto de lavado de dinero. Los primeros en utilizarlo fueron mafiosos estadounidenses que cambiaban boletos premiados en las carreras de caballos por dinero proveniente de actividades ilegales como la venta de drogas y la prostitución. El proceso por fraude contra Al Capone multiplicó esta práctica, cuya ventaja con respecto a otros métodos de blanqueo de capital reside en la relación con Hacienda. Por un pequeño porcentaje, el comprador canjea una importante cantidad obtenida de forma ilícita a cambio de dinero limpio y exento de obligaciones tributarias.

En el Estado estas operaciones suponen aproximadamente un 43% de “ahorro” para el comprador. El Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda (GETSHA) explica que, conforme a la Ley, “los agraciados por el Gordo y demás premios están exentos de tributación, por lo que no deben abonar cuantía alguna a Hacienda”.

La detención del ex concejal de Urbanismo del pueblo de los Alcázares, Alfredo Blanco, concejal del PSOE en esta localidad murciana, por parte de la Brigada de Blanqueo de Capitales cuando intentaba comprar un décimo premiado, es una de las excepciones a la impunidad generalizada en torno a esta práctica.

Otro boleto, en este caso, fantasma, apareció en julio relacionado con el caso del ex alcalde de Seseña, el socialista José Luis Martín Jiménez, por las concesiones a Francisco Hernando el Pocero. Jiménez explicó en los juzgados de Illescas que había cobrado un premio de la ONCE por valor de 144.000 euros, algo que la fiscalía consideró “increíble”, entre otras cosas porque Jiménez no declaró en su momento haber sido agraciado en aquel sorteo.

Pero lo habitual es que el billete aparezca en la Declaración de la Renta correspondiente y que la transacción pase desapercibida ya que la venta de un boleto premiado no es ilegal y, una vez llevada a cabo, es difícil comprobar si el intercambio se ha producido con dinero negro. A pesar de esto, generalmente, sospechosos como Fabra, Roca o el jefe del clan de los ‘Charlines’, aducen que son aficionados a los juegos de azar o que algún amigo o cliente les ha regalado un boleto que ha sido premiado con posterioridad.

Las consecuencias para quien vende el premio pueden ser peores porque se encuentra con una cantidad de dinero difícil de justificar en una hipotética inspección. El Sindicato de Técnicos de Hacienda pone el ejemplo de un contribuyente con unos ingresos brutos anuales de 30.000 euros, que resultara agraciado con un premio de 300.000 euros y que “movido por su ambición, decida vender su billete a un defraudador por 350.000 euros”. Éste puede acabar pagando más de 175.000 euros al Fisco, una sanción de casi el 50% del premio como resultado de la suma de la cuota y de la sanción impuesta.

Si usted juega un décimo, la probabilidad de que haya resultado premiado en el Sorteo extraordinario de Navidad es de una entre 85.000. El Estado recauda aproximadamente 3.300 millones de euros y reparte premios por el 70% de esa cifra, es decir, unos 2.300 millones. De entre el millón de participaciones sólo hay unas pocas que recibirán un buen trozo de los premios. Ya lo sabe, si tiene una es posible que reciba esta semana la visita inesperada de alguien que le hable en nombre de un personaje con una potra extraordinaria.

ANNUS HORRIBILIS

ANNUS HORRIBILIS

Tomamos prestado de un diario digital de la comarca este artículo de opinión quenos ha gustado.

Este maldito año empieza a tomar el camino de salida. Es de los que se suelen despedir con un corte de mangas. Nadie sabe lo que nos depara el próximo pero este 2008, la verdad, se ha lucido. Aparte de las numerosas catástrofes naturales, accidentes, atentados terroristas, guerras enquistadas, genocidios y barbarie, y toda una numerosa gama de despropósitos de este género humano, depredador donde los haya, de crueldad sin parangón entre el resto de la fauna y autor de toda la miseria que impera en nuestros días, hay quien ha decidido poner un ilustre colofón a tan brillante ejercicio.

La rabia me invade al conocer la última proeza militar del ejército de Israel.

No contentos con mantener sitiados y en pésimas condiciones de vida a más de un millón de palestinos en poco más de trescientos kilómetros cuadrados, con negarles todos los derechos y mínimas esperanzas de ser dueños de sí mismos, han decidido que el exterminio – deberían rememorar este término- es la única vía de solución a tan larga crisis. Y todo ello, y una vez más, ante la atónita y pasiva mirada de la comunidad internacional. Eligen la hora de la salida de las escuelas y de la mayor afluencia a los mercados y descargan una oleada de bombardeos y misiles que se llevan por delante a más de doscientas víctimas. Una contundente respuesta a los petardos de Hamás. Si con esto pretenden afianzar su seguridad, está claro que lo que van a conseguir es abrir mucho más la herida. Y en un momento en que el odio campa por sus anchas en todo el entorno geopolítico y lo que se espera son este tipo de excusas para desencadenar la tercera guerra, que como Einstein apuntó, cuando llegue, será la última.

Se siembra viento y se recogen tempestades. Al tiempo.

A su vez, el escándalo Madoff ha contribuido un poco más a ensalzar la obra maravillosa del colectivo chorizos.com y su cúmulo de atrocidades financieras que han convertido un sistema global y aparentemente sólido en un castillo de naipes sometido a un huracán. Nadie sabe todavía las consecuencias que todos, absolutamente todos, especialmente los menos culpables, vamos a tener que sufrir. Lo peor no es el tsunami que se aproxima, si no que todavía hay mucha gente en la playa tomando el sol. Obra y gracia de la economía de libre mercado, propugnada por el gurú Greenspan y sus acólitos del neoliberalismo, para los que este país de las maravillas no parecía tener fin. Tiene gracia, ahora son ellos los que lo quieren parchear usando las fórmulas que siempre se han considerado patrimonio de la izquierda, es decir, la intervención del estado en forma de nacionalizaciones. Apaga y vámonos.

Y así, gracias a lindezas de este tipo, parece que se puedan olvidar otras, pero no.

No me olvido de que el terror cohabita en nuestras calles. Que la cerrazón de mente del integrismo, de todas las clases, pretende hacerse sitio con los codazos que le permiten las armas y las bombas. Me repugna que los vecinos de la última víctima de ETA ocupando puestos municipales eludan el comentario y otorguen al callar, la razón a los asesinos. Que el partido nacionalista que gobierna y con el que el propio Ignacio Uría simpatizaba se cuestione todavía la presencia en el escenario político de quienes sustentan a estos fascistas.

Pero tampoco me iba a callar al respecto de la que ha montado esta mañana en Madrid la flor y nata de la curia episcopal. Una macro misa dedicada a la familia, a su defensa, en contra del matrimonio gay, contra la asignatura de educación para la ciudadanía y contra la ley del aborto. Y yo que creía que la finalidad de la iglesia católica no era la política, ni el derrocamiento de gobiernos sino el apostolado y la prédica de unos principios señalados en el Evangelio. Da la casualidad que su defensa de la familia se basa en el ataque selectivo a tres de los puntales en la política social de este ejecutivo. Dicen que “hay un intento de disgregar y difuminar a la familia, rechazando el modelo natural y socavando sus fundamentos”…..

Quiere alguien decirme ¿porqué mi familia, como otras muchas, basada en el respeto, el amor y la solidaridad entre sus miembros, el apoyo y la educación en valores como la tolerancia, la igualdad y la no discriminación ni por sexo, ni por raza, ni por religión, es menos natural que cualquiera de las que ellos propugnan?

¿Qué naturaleza ha determinado que un homosexual es un enfermo o un proscrito? Que el aborto, dentro de su más lógico entendimiento como una solución forzada y última, no debe ser una decisión libre y adoptada por la única persona que debe decidirlo, la mujer en definitiva?

¿Qué demoníaca influencia puede tener una asignatura que pretende establecer una moral y unos valores fuera de cualquier tendencia religiosa? ¿Está acaso la iglesia avanzando en evitar el maltrato a la mujer, el odio a los inmigrantes, el abuso a los niños o a los más débiles?

O, por el contrario, ¿se está ocupando más en escandalizarse y montar en cólera o propugnar el anatema para un padre en Valladolid al que se la ha ocurrido poner en duda la conveniencia de los crucifijos presidiendo las aulas en las escuelas laicas? Estado aconfesional. Lo dice la Constitución. Por tanto, para qué los símbolos de ninguna religión. Si hay libertad de creencia que nadie imponga unos iconos sobre otros. Respeto sí. Pero para todos por igual.

¿No será que lo que en definitiva temen es el final de su tinglado? Es difícil, tal y como lo llevan artesonando desde siglos. Está muy bien atado pero, por si acaso, y como siempre han hecho, y muy bien por cierto, vuelven a manejar la intriga palaciega con sabia y recta mano.

Como he dicho al principio, esta Nochevieja habrá una sonada despedida. Y que el año que viene nos sea a todos favorable. Nos queda por lo menos el deseo.

Disolución de los ayuntamientos

Disolución de los ayuntamientos

Máximo

Quizá, al hilo de la moda impuesta por el PP, y pronto secundada por el PSOE, habría que ir pensando en una ley que permitiese disolver aquellos ayuntamientos cuyos concejales no condenaran el terrorismo, todos los terrorismos, por ejemplo, el terrorismo de ese país amigo, de ese estado socio preferente de la UE, que acaba de asesinar centenares de personas en Palestina.

Lloviendo piedras en Madrid

Lloviendo piedras en Madrid
Público

Una jueza de Madrid ordenó hace dos semanas el encarcelamiento sin fianza de siete jóvenes que participaron en una manifestación en solidaridad con la revuelta de los estudiantes griegos y en protesta por el asesinato de uno de ellos. La jueza les acusó de haber tirado piedras y otros objetos contra una comisaría de policía del centro de la capital, incidente que causó la rotura de algún vidrio, pero ningún daño para las personas (salvo para las detenidas, algunas de las cuales sufrieron lesiones de consideración tras la contundente respuesta policial).

Casi nada está claro. No se ha establecido que todos los detenidos participaran en la bronca. Tampoco que no se hubiera infiltrado en el grupo algún agente provocador encargado de iniciar la reyerta para arrastrar a los chavales e implicarlos.

La jueza justificó su inicial orden de prisión apelando a la “alarma social”. Anteayer los puso en libertad sin fianza.

Eso de la “alarma social” es fantástico. ¿En qué consiste? ¿Cómo saben cuándo viene y cuándo se va? Lo que sí he detectado yo durante las últimas semanas es la mucha preocupación que hay en ciertos medios políticos por el auge que están cobrando las protestas juveniles en toda Europa. Con razón: como apuntó lúcidamente El Roto hace poco, en los bolsillos vacíos crecen piedras.

No creo que sea buena idea apedrear comisarías, pero desde el encarcelamiento de los jóvenes de la calle Montera no he dejado de pensar en lo muy distintos que pueden ser los tratos judiciales. ¿Que realizas unas obras ilegales, se te hunden y mueren cinco trabajadores? Hala, a la calle y sin fianza. ¿Que rompes el escaparate de una comisaría? Dos semanas al trullo, y no rechistes.

688 millones de euros en misiones militares durante el año que acaba: El gobierno duplicará el número de tropas españolas en el extranjero en 2009

688 millones de euros en misiones militares durante el año que acaba: El gobierno duplicará el número de tropas españolas en el extranjero en 2009

De 3.000 soldados desplegados en el extranjero se pasará a 7.700 en 2009, según ha decidido el Gobierno, deseoso de tener mayor relevancia a nivel internacional.

El 11 de diciembre, la ministra de Defensa, Carme Chacón, anunciaba la decisión del Gobierno de anular el límite de 3.000 soldados españoles que pueden mantenerse en misiones en otros países y establecía que, a partir de 2009, este límite sólo estará marcado por la “capacidad de despliegue del Ejército” (hoy ésta es de 7.700 soldados, según el Gobierno), la “legalidad de la misión” y la “voluntad del pueblo español”, voluntad que sólo será expresada por las Cortes Generales. Así, a los cerca de 3.000 soldados que se encuentran desplegados en Afganistán (800), Líbano (1.100), Kosovo (600), Bosnia (230), Chad (90) y Somalia (90), se añadirán otros 4.700, lo que superará con creces el tope de 3.600 alcanzado durante el Gobierno de Aznar y conllevará un aumento del gasto destinado a su mantenimiento, que este año ha sido de 688 millones de euros, cifra muy superior a los 17,36 millones presupuestados inicialmente.

Según Jordi Calvo, del Centre d’Estudis per la Pau J. M. Delàs este aumento se explica por “los compromisos que tiene España con la OTAN, ahora que se está profundizando en el llamado ‘nuevo concepto estratégico’ de actuar fuera de sus países miembros, Afganistán, por ejemplo”. De hecho, a pesar de que Moratinos dijo en noviembre que no habría aumento de tropas españolas en Afganistán, todo apunta a que el Gobierno responderá positivamente a las peticiones de la OTAN y del nuevo Ejecutivo de EE UU de ampliar la presencia militar en el país. Además, según el investigador José Toribio, aunque enviar el 10% de sus tropas al exterior “no convertirá al Estado español en una potencia militar, es verdad que hay una relación directa entre la cantidad de recursos militares que un país dedica a mantener un determinado estatus y su proyección en alianzas de carácter político y/o económico de relevancia, como el G-20, donde posiblemente se puso como condición para poder asistir el aumento de tropas en misiones militares en el exterior”.

El Estado español, que pretende ser la octava potencia económica, que es la octava potencia en exportación de armas y que, según los cálculos de Alternativa Militarista-MOC, ha dedicado 21.270 millones (10,50% de los presupuestos) al gasto militar (más que los presupuestos de Educación, Cultura, Trabajo, Servicios Sociales y Medio Ambiente juntos). “Quizá quiera ayudar a esa percepción de que es una potencia mundial con un mayor despliegue de tropas”, según Calvo. Toribio apunta factores como “el prestigio del Ejército en un contexto en que la crisis está aumentando la afiliación de mercenarios, y los beneficios que algunas empresas hacen en los países en que hay misiones”, empresas como Tecnove, Cobra y Equipos Móviles Arpa, interesadas en construir otra base española en Afganistán.

‘Ejército humanitario’

Mientras, la imagen de un Ejército “humanitario” y en “misión de paz” repetida por el Gobierno no se sostiene con los datos: sólo un 1% del presupuesto de las operaciones militares españolas en Afganistán se ha destinado a ayuda humanitaria, y la ministra Chacón ha reconocido que las tropas están allí para combatir a Al Qaeda. Además, según Calvo, “el Ejército no cumple con los principios básicos de la ayuda humanitaria reconocidos por los convenios, neutralidad, imparcialidad e independencia, pues responde a los intereses del Gobierno al que sirve, y su presencia en Afganistán simplemente está legitimando que las decenas de miles de militares estadounidenses puedan hacer la guerra a su antojo”.

Ya en 2005, un informe de IECAH advertía sobre el uso político de las ayudas humanitarias para ensalzar la labor del Ejército y encubrir el carácter militar de las misiones españolas en el extranjero. Y hoy, mientras cientos de somalíes mueren en aguas del Golfo de Adén tratando de huir del conflicto de su país, la UE se muestra más interesada en combatir la piratería en Somalia, con una misión de mil hombres que será comandada por el Estado español a partir de abril, hacia la que partirá en enero una fragata española con 200 militares; lo que, sumado a las siete fragatas de la OTAN que patrullan el lugar, hace sospechar al periodista M. K. Bhadrakumar que se lucha por el control de “una de las vías navegables más delicadas para el comercio de petróleo, armas y bienes manufacturados que circula entre Europa y Asia”.

En manos de los banqueros

En manos de los banqueros
Estrella digital

" Parece evidente que cada cierto tiempo las entidades financieras entran en crisis y, bajo las amenazas de que se tambalea todo el sistema y la economía en su conjunto, enormes cantidades de fondos públicos tienen que acudir en su ayuda. Habrá que pensar que el crédito y el dinero son asuntos demasiado importantes para dejarlos en manos de los banqueros. Desde luego, no tiene sentido que, como en la antigua URSS, los taxis sean públicos, pero a lo mejor tampoco lo tiene que, como en nuestros países, los bancos sean privados".

Algunos son pertinaces e irredentos. Por ejemplo, Fernández Ordóñez que, con todo lo que está cayendo, centra el peligro en que el Estado intervenga. El 19 del pasado mes hizo unas declaraciones en las que alertaba acerca del riesgo que, según él, se produce en las capitalizaciones de los bancos con entrada de representantes del Gobierno en los consejos de administración, calificándola de nefasta si se cae en la tentación de obligar a esas entidades a conceder créditos: "En el momento en que obliguemos a un banco a dar un crédito a quien no lo va a pagar, nos habremos cargado el sistema financiero". El caso es que, para destruir el sistema financiero, se valen ellos solos, y ya lo hubiesen hecho si no llega a ser por la actuación de urgencia del sector público y por el dinero de los contribuyentes. ¿Nos olvidamos, acaso, de que han sido las propias entidades financieras y la autorregulación las que se encuentran en el origen de esta crisis? Son los bancos los que han concedido créditos a quien no podía pagarlos -las famosas hipotecas subprime- y han sido los bancos los que han titulizado esa basura, la han vendido a otros bancos y han contaminado el sistema.

Incluso, refiriéndonos a España, hay mucho que decir respecto al comportamiento de nuestras entidades financieras. Se ha pregonado su solvencia y buena salud en comparación con las de los otros países. La explicación es sencilla. No han tenido demasiadas ocasiones de contaminarse. Dado nuestro déficit exterior, nuestros bancos no podían ir a los mercados internacionales a comprar activos, ni de buena ni de mala calidad, sino a emitir pasivos, a endeudarse. Era difícil, por tanto, que adquiriesen en el extranjero activos de dudosa procedencia.

Otra cosa es la contaminación interior porque, sin llegar a la aberración de las hipotecas subprime, al conceder créditos con excesiva alegría y permitir el apalancamiento, las entidades financieras han sido, en buena medida, las causantes de la burbuja inmobiliaria y del brutal endeudamiento de nuestra economía. Esas personas tan sabias y expertas que dirigen los bancos quizás se han autoengañado pensando que las condiciones económicas iban a permanecer inmutables (buen ejemplo de ello son los préstamos a Sacyr); pero de lo que no hay duda es de que han engañado a los clientes y a la sociedad en su conjunto.

La cultura financiera de la mayoría de los ciudadanos es escasa y, por lo general, se fían de lo que les diga el banco, sin ser capaces de discernir muchas veces la verdad de la mentira. En unos momentos en los que los tipos de interés eran excepcionalmente bajos, las entidades financieras impusieron el interés variable con lo que el riesgo pasaba de éstas al cliente al que se engañaba, o al menos se confundía, presentándole una oferta que no era real. Casi todo el mundo, cuando va a demandar un crédito, en lo que se fija es en la cuota que va a tener que pagar todos los meses, y si ésta es asequible teniendo en cuenta sus ingresos. Pero, con interés variable y especialmente con largos plazos de amortización, esa cuota puede modificarse de manera sustancial, ya que casi todo lo que se paga en los primeros años son intereses, por lo que variar el tipo de interés, también lo hace y casi en la misma proporción la mensualidad. Tal escenario va a conducir a un fuerte incremento de la morosidad, y a crear una situación económica angustiosa en muchos ciudadanos.

Este comportamiento de las entidades financieras contrasta con el que están practicando en la actualidad. Desde la propia vicepresidencia económica se ha mostrado preocupación por que el crédito no llega a las empresas o a las familias y, cuando llega, lo hace con unas condiciones draconianas. En plena recesión, casi deflación, las entidades financieras están cobrando a sus clientes unos tipos de interés desmedidos, integrados por dos factores diferentes. Por una parte, el nivel del Euribor (tipo al que los bancos se prestan entre ellos), dado que presenta una diferencia anormal con respecto a la tasa de interés que marca el BCE, hecho que éste debería tener en cuenta al fijarla.

Pero el otro factor es que la banca, sin razón aparente, aplica un diferencial sobre el Euribor muy superior al que fijaba anteriormente, y, además, lo completa con domiciliación de la nómina, seguro de vida, del hogar, fondo de pensiones y no se sabe cuántas cosas más, lo que constituye todo ello un pago en especie. No se trata, por tanto, de que los bancos se hayan vuelto más cuidadosos a la hora de decidir a quién prestan, ni que exijan más garantías -lo que parecería lógico, dada la ligereza con la que se han comportado en la etapa anterior-. Se trata de que parecen querer compensar ahora, a costa de los clientes solventes, las pérdidas que pueden derivarse de las alegrías de antaño. Lo cierto es que están encareciendo el crédito y ahondando la recesión.

A quienes temen que el poder político entre en la banca, habrá que decirles que difícilmente lo hará peor que el poder económico y los llamados independientes. Además, al Gobierno se le pueden exigir responsabilidades; a los banqueros, nunca. Parece evidente que cada cierto tiempo las entidades financieras entran en crisis y, bajo las amenazas de que se tambalea todo el sistema y la economía en su conjunto, enormes cantidades de fondos públicos tienen que acudir en su ayuda. Habrá que pensar que el crédito y el dinero son asuntos demasiado importantes para dejarlos en manos de los banqueros. Desde luego, no tiene sentido que, como en la antigua URSS, los taxis sean públicos, pero a lo mejor tampoco lo tiene que, como en nuestros países, los bancos sean privados.

No ensucie el nombre de Caparrós

No ensucie el nombre de Caparrós

Leyendo el periódico del grupo que impone en este pueblo su ley violentando todas las normas escritas y no escritas de la democracia, se puede uno encontrar de repente con un esperpento como el que aparece ahora con el título 'Aquel 4 de diciembre de 1977'.

Firmado por uno de los vividores que Benavides tiene a sueldo, aparece un artículo de opinión que provoca tanto asco como pena. Asco por ver de lo que son capaces algunos con tal de mantener el sueldo y pena por ver con qué impunidad se usa el nombre de aquellas personas que dieron lo mejor que tenían, incluída su vida, por la causa de la libertad.

Hablamos de un señor que está rodeado día y noche de auténticos fascistas, de esos que presumen de llevar la bandera nazional con el aguilucho, un señor que está detrás de todos los amaños y acuerdos entre el grupo del alcalde y la derecha rancia, un señor que vive gracias al apoyo que esa derechona de toda la vida da a su jefe Benavides. Un señor así no puede hablar de Fraga en los términos en que lo hace salvo que sea un auténtico hipócrita.

Es éste un señor que lleva varios años apalancado en Almuñécar viviendo de la sopa boba de la adulación y trabajando incansable por mantener, amparar y ocultar los teje manejes de su jefe, el señor Benavides, un señor que lleva varios meses cobrando un magnífico sueldo de la Mancomunidad sin aparecer por sus oficinas dedicando su tiempo a editar esos libelos que llaman Costa Tropical y que tienen como fin último justificar lo injustificable.

Ese señor se atreve a hablar del Canal Sur olvidando que su jefe fue durante años consejero de la radiotelevisión andaluza y que aún en la actualidad está cobrando un sueldazo de alcalde porque exigió (y otros tragaron, claro) que se le mantuviera el chollo de sueldo que recibía por no hacer nada como consejero.

Ese señor se atreve a hablar de referéndum y preguntitas cuando su máxima ocupación en los dos próximos meses será intoxicar acerca de un estúpido referéndum y una estúpida preguntita sobre un estúpido proyecto de PGOU que ya no existe.

Pase todo ello, pero que deje en paz a la gente decente, que no se ponga en sus labios nombres como el de Caparrós. Juan Manuel García Caparrós era un joven militante del Partido Comunista. Si hoy pudiera pasear por la calle Trinidad o por el Paseo de Velilla, bien seguro que llevaría en sus manos un puñado de octavillas de esas que repartimos los militantes de Izquierda Unida para defender, en este pueblo, la libertad y la democracia que han secuestrado personajes como su jefe y usted mismo.

No ensucie el nombre de Caparrós. Deje ese camino, señor don Angel Ortega, no vaya usted a animarse y dentro de un par de semanas nos hable de Javier Verdejo, este de la Joven Guardia Roja, y nos dé a entender que cuando murió escribiendo Pan, Trabajo y Libertad, estaba defendiendo algo parecido a la basura que usted defiende desde ese órgano de intoxicación que pagamos entre todos y que es, sin lugar a dudas, todo lo contrario de aquello por lo que lucharon Caparrós y Verdejo.

El 4 de diciembre, señor Ángel Ortega, es un símbolo de libertad y no debe ser utilizado por aquellos que amparan día a día la falta de libertad en este municipio regido desde la manipulación, el compadreo y la venganza.    

Aún recuerdo con orgullo aquel 4 de diciembre de 1977 en Granada. Era uno más de los estudiantes universitarios comprometidos en la lucha por las libertades, a quienes hicieron correr los grises con las "lecheras" a gran velocidad por la Gran Vía. Cruzamos coches en las calles, nos dispararon pelotas y balas de goma, sobre todo en la confluencia de Fuentenueva y Méndez Nuñez. Pero daba igual, por un día le arrebatamos la calle a los Fraga de turno y ondeamos con orgullo la bandera blanca y verde. Al día siguiente nos enteramos de la triste pérdida de García Caparrós en Málaga, y que lo sucedido en Granada formaba parte de una inmensa mancha de aceite, que llegó hasta los andaluces que vivían en Cataluña. Un sueño de libertad y autogobierno que nos llevó al 28 de febrero de 1980 y el referéndum de la famosa "preguntita".

El protagonismo del pueblo andaluz permitió dotarnos de una autonomía de primera. Un legado que nuestros políticos ahora parecen olvidar. Durante estos últimos 31 años, los gobernantes han adormecido nuestras conciencias, a lo que ha contribuido ese engendro de programación televisiva que es Canal PSOESUR. Una televisión pública, pagada con el dinero de todos, que lejos de contribuir a instruir al pueblo, a recuperar nuestra historia y señas de identidad, se dedica a anestesiarnos y socavar las críticas conciencias. Estas han perdido la iniciativa, que ha sido acaparada por una clase política sigue utilizando Andalucía como trampolín para acceder al gobierno de Madrid.

Seis y ocho de diciembre: Constitución vigilada, concepción inmaculada

Seis y ocho de diciembre: Constitución vigilada, concepción inmaculada

Los pitagóricos clasificaban los enteros positivos en números perfectos, defectuosos o defectivos y excesivos o abundantes. Un número era defectuoso o mermado cuando la suma de sus divisores propios, el propio número no cuenta como divisor, era menor que el propio numero. 4 que tiene como divisores propios el 1 y el 2 es un ejemplo. La suma de sus divisores es 3, menor que el propio número. Los abundantes o excesivos, en cambio, eran aquellos números cuya suma de divisores, propios insisto, era mayor que el propio número. 12 es un ejemplo de número abundante: sus divisores propios, 1, 2, 3, 4 y 6, suman 16, más que el propio 12.

En el caso de los perfectos, los terceros en discordia, la suma de sus divisores propios debe coincidir con el propio número. No eran frecuentes. Los griegos supieron de la existencia de cuatro de ellos. El mayor, 8128; el quinto, descubierto veinte siglos más tarde, es el 33.530.336 si no recuerdo mal.

El 6 es otro ejemplo de número perfecto. Sumando sus divisores propios –1, 2, 3- obtenemos como resultado 6, como el propio número. 8 no es perfecto, pero en cambio sí lo es 28. Sumando sus divisores propios –1, 2, 4, 7, 14- obtenemos 28.

Numerológicamente, pues, ni el 6 ni el 8 son malos números: perfecto, el primero de ellos, y el segundo, una cifra que aparece en el segundo perfecto de la serie.

Otra cosa muy distinta, eso sí, son las fiestas que representan en nuestro calendario estos días de diciembre.

La celebración del 8 diciembre, la celebración del día de la Inmaculada Concepción no tiene parangón conocido. La ciudadanía de un país supuestamente no teocrático, donde en parlamentos y tribunas se afirma que rige una constitución supuestamente no confesional, celebra la fecha de edición, 8 de diciembre de mediados del siglo XIX, de un libro, una encíclica papal para ser más exactos. El Papado, con toda la autoridad que la confiere la institución, intervino en un tema que, como máximo, puede provocar entusiasmos gnoseológicos en teólogos “racionalistas”, en intelectuales orgánicos no fideístas que conservan y alimentan una tradición religiosa no siempre amiga de la razón, del saber, de la ciencia y, desde luego, de la justicia y de los desfavorecidos.

El asunto, dicho sucintamente, afecta a la consistencia, dentro de su propio cuerpo doctrinal, de la afirmación cristiana del pecado en origen de todos los seres humanos, a partir, recordemos, de la trasgresión de la prohibición de alimentarse del árbol del conocimiento, y las características, por fuerza singulares según la perspectiva cristiana, de la misma madre de María, la madre inmaculada de Cristo, ella misma una anomalía respecto a la misma afirmación de la universalidad del pecado original.

Salvar una contradicción no es asunto baladí. Si un cuerpo teórico, dogmático o no, sugerente o no, razonable o menos razonable, corroborado o muy fantasioso, especulativo o anclado en empiria alcanzable, presenta una contradicción, la cosa pinta mal. Esta nave no va. Ex contradictione quodlibet, de una contradicción, cualquiera cosa, decían los lógicos medievales.

Pudiendo ser discutida, la afirmación parece razonable. Si una teoría presenta una contradicción y no la supera, y sigue anclada y firme en ella, está tocada o cuanto menos herida de aniquilación, dado que a partir de la contradicción observada se puede inferir cualquier proposición: que Dios creó el mundo y que Dios no lo creó, que lo creó en tres días y que lo creó en un nanosegundo, lo que se quiera. La teoría en cuestión lo diría todo, afirmaría cualquiera cosa, y, por tanto, no diría nada de interés sobre el mundo (incluyendo trasmundos si fuera necesario). Valdría menos, pongamos por caso, que 15.000 coches radiantes, último modelo, 15.000 CV, listos para ser cabalgados por conductores intrépidos, suicidas y potencialmente asesinos1.

De hecho, hace años uno de los gobiernos del señor González, de aquel primer ministro que aconsejaba cazar ratones en la forma que fuera, acaso presionado por la patronal del señor Cuevas, recientemente fallecido en olor de beatificación sindical olvidadiza, quiso trasladar la fiesta del 8 de diciembre. Demasiados días de descanso. Algunos años, puentes larguísimos. Demasiado tiempo para vivir, para la pereza; disminución de la producción y la productividad, se decía. Pero ni el gobierno ni la patronal española (y esto ya son palabras mayores) lo consiguieron. La Iglesia católica, apostólica y romano-española no cedió ni un quark, ni un milímetro: que se cambiara la fiesta del 6 de diciembre sugirieron. La suya, la celebración de la publicación de una encíclica sobre asuntos de consistencia del dogma, era intocable. Punto, palabra (y orden) de la Iglesia.

¿Podemos imaginarnos que alguien, en algún país socialista, hubiera podido sugerir con éxito que se celebrara como día festivo el 5 de mayo, pongamos por caso, amparándose en que ese mismo día, si no recuerdo mal, de 1867 se publicó en Londres el primer libro de El Capital? Inimaginable pero sin duda mucho más razonable. Admitamos, sin atisbo para la vacilación en este caso, que la importancia cultural del gran clásico de aquel revolucionario que admiraba a Kepler y a Galileo y prefería el color rojo y los nombres de Jenny y Laura ha sido más importante que una encíclica en torno a la infalibilidad del Papa -es decir, del no se hable más- en asuntos de concepción humana y temáticas afines.

La fiesta del 6 es, desde luego, otra cosa. Celebra la aprobación ciudadana de la Constitución. No por mayoría aplastante: la abstención, política, militante esta vez, cuando todos teníamos ganas de votar a la primera de cambio después de tantos años de sequía democrática, fue importante. Rondó el 40%.

La fiesta del 6, socialmente, sin sectarismo cegador, parece menos importante que la del 8. En muchos comercios de Barcelona, otra arista más de la derrota de las clases trabajadoras, el día 6 no es festivo. Los comercios, los supermercados, las grandes superficies abrirán ese día Sería impensable que eso mismo ocurriera el día 8. Recuérdese, por lo demás, que el 6 es una de las pocas fiestas civiles del calendario español abrumadoramente sesgado hacia las celebraciones religiosas, católicas para ser más concreto. Si no ando errado, de las 12 o 13 fiestas anuales, sólo el 1 de enero, el 1º de mayo, el 12 de octubre (¡el 12 de octubre!), la fiesta de la propia comunidad (que, a veces, es también fiesta eclesiástica) y el 6 de diciembre son fiestas no religiosas. El resto, toda ellas, remiten a celebraciones eclesiásticas en un país que no es católico constitucionalmente ni da de sí en estos momentos vocaciones religiosas numerosas.

Aparte de todo ello, la constitución de 1978 es una constitución que nació con mal pie y con mucho temblor. No sólo por el marco monárquico indiscutido, más allá de algunos gestos falsarios para la galería de votantes, y su filiación franquista. No sólo por el papel otorgado al Ejército y a la unidad de la Patria. No sólo por la constitucionalidad otorgada a la economía de mercado. No sólo por el equívoco trato dado a las nacionalidades. Si no también porque sus aspectos positivos, que los tiene, lo que tiene que ver con derechos sociales o humanos, o se olvidan o figuran como temas de discusión en estudios eruditos para satisfacción gremial e intelectual de los juristas constitucionalistas. Con excepciones notables también en este caso. Gerardo Pisarello es un ejemplo falsador de cita obligada.

Por lo demás, y este es el punto, cualquier idealización de la Constitución española es mentira histórica no inocente o falta clamorosa de memoria. La Constitución de 1978, como es sabido y casi siempre olvidado, se hizo bajo la atenta mirada del espadón (y no era broma: recordemos el 23 de febrero de 1981, dos años y dos meses después de su aprobación) y de los poderes fácticos, como entones decíamos; es decir, de patronales, Iglesia, Ejército, Monarquía y las fuerzas imperiales. El origen externo, no jurídico sino netamente político-militar, del artículo 2 es prueba no refutada de ello2.

¿Qué hacer entonces? Si viven en Madrid no lo duden. La manifestación convocada para el día 6 con el lema “Por la III República. No a la Constitución Monárquica del 78” parece una propuesta razonable. Si viven en otras localidades y no hay convocatoria republicana, hay una película que sin ser perfecta vale la pena ir a verla: “La cuestión humana”. Va de empresarios, de límites, de multinacionales y de temas afines. Es una buena contra-celebración ciudadana.

En cuanto al 8, ¿qué puedo aconsejarles? Que sin faltar el respeto a nadie, o faltándolo en algún caso, paseen sus cuerpos al sol, si lo hubiera, y piensen en el absurdo de una doctrina que ha elaborado páginas y páginas en torno a un asunto de tan escaso interés humano como el de las concepciones inmaculadas, sin cuerpo almado, sin intervención o muy escasa participación de seres que sienten, sufren, se enamoran, tocan, son acariciados y, si me apuran, sudan.

Son tan trascendentes ellos. Viven, o dicen vivir, tanto tiempo en trasmundos que no se enteran. O pensándolo mejor: ¿no será que se enteran de todo, que son unos enteradillos y unos aprovechados?

Notas: 

1 Por si el lector no ha reparado en él, que no creo, me permito recomendar el artículo de Santiago Alba Rico: “El deseo irresistible de tener un accidente” (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=77019). Magnífico, maravillosamente escrito, como todo lo suyo

2 Véase, por ejemplo, Xacobe Bastida Freixedo: “La senda constitucional. La nación española y la Constitución”. En Carlos Taibo (ed), Nacionalismo español. Esencias, memoria e instituciones. Los Libros de la Catarata, Madrid, 2007 (p. 113-158).

Los eufemismos y la ministra Chacón

Los eufemismos y la ministra Chacón

Aseguraba Carme Chacón, ministra de Defensa española, no haber sido nunca partidaria de eufemismos o dobles lenguajes. Lo advertía al tiempo que se declaraba pacifista, “y los ejércitos del siglo XXI también lo son”, y agregaba que “éstos no son tiempos para el intervencionismo militar”, antes de acabar insistiendo en que la presencia militar española en el país asiático no tiene otro propósito que “defender la libertad”.

Tal parece, sin embargo, que la defensa de tan noble derecho no está siendo muy exitosa. Los propios informes militares españoles dan cuenta de que en Badghis, la provincia bajo tutela española, los insurgentes han multiplicado por diez, sólo en un año, el número de sus efectivos.

“Hace un año, la insurgencia estaba a 100 kilómetros de la capital. Ahora, la tenemos en la puerta", explicaba un mando militar español destinado en esa región en declaraciones al periódico El Mundo.

Y ello, no obstante el esmero demostrado en la reconstrucción del país, la otra gran encomienda de las tropas españolas, a la que también se refería el militar español: “La mayoría es gente que no tiene donde caerse muerta y está dispuesta a luchar por unos pocos dólares. Por eso les hemos estado pagando por abrir zanjas y luego cerrarlas. El problema es que no puedes comprar a quienes han perdido un pariente a manos de tropas occidentales y aquí todo el mundo es familia”.

De que la población afgana pierda tantos parientes se ocupan, especialmente, las tropas estadounidenses, ya que, asegura la misma fuente, “mientras los españoles confían en ganarse poco a poco a la población, hacen la vista gorda con el narcotráfico y sonríen antes de preguntar, los estadounidenses desconfían de los nativos, ignoran su forma de vida y disparan ante la menor duda.”

En el distrito de Shindand, refiere el periódico, el mismo en el que murieron el 3 de noviembre dos soldados españoles, un bombardeo de EE UU mató en agosto a 96 civiles, incluidos 60 niños y 15 mujeres.

Y no ha sido el único desmán cometido por los pacíficos ejércitos occidentales, según la terminología de la ministra Chacón tan contraria al uso de eufemismos. El mismo periódico aportaba otro dato más en relación a las sosegadas artes que despliegan los pacificadores en Afganistán, y hasta se permitía hacerlo subrayando la escasa difusión que tuvo la noticia, como si semejante confesión absolviera su complicidad en el silenciado crimen: “Aunque no ha tenido tanta publicidad, el pasado 6 de noviembre, sólo tres días antes del atentado, un ataque aéreo de Estados Unidos mató a 13 insurgentes y a siete civiles en Ghormach, uno de los más conflictivos distritos de la provincia cuya reconstrucción corresponde a España”.

Nadie sabe cuantos parientes restan por morir y cuantas zanjas más habrán de ser abiertas y cerradas antes de que la pacificación reconstruya Afganistán pero ya la ministra, no lo dudo, debe estar investigando qué otros vocablos, que no parezcan eufemismos, caben para nombrar la desvergüenza.

Sin vergüenza: 24 horas con los enemigos de la "manipulacion de la memoria histórica"

Sin vergüenza: 24 horas con los enemigos de la "manipulacion de la memoria histórica"

El mes pasado tuve mi primer encuentro con la ultraderecha de España. Aunque estudié la particular versión del fascismo español en libros académicos y a través de imagenes documentales, nunca antes me había acercado a una manifestación suya, ni había visto brazos en alto en carne viva. Suelo de estar bastante lejos de ellos. Sin embargo, tenía ganas de observar los sucesos del primer 20-N después de la aprobación de la Ley de la Memoria Histórica que prohíbe los símbolos fascistas en el Valle de los Caídos. Así que sin dar demasiadas vueltas, me corté el pelo, superé mi miedo y pasé 24 horas con los enemigos de la "manipulacion de la memoria histórica" y de los "payasos cómo Garzón que pretenden de juzgar a cadáveres".

Nada más llegar a las puertas del Monumento Nacional de Santa Cruz del Valle de los Caídos en un autobús de la Fundación Francisco Franco, queda claro que el artículo 16 de la Ley de la Memoria Histórica no es nada popular con la gente que me rodean. Algunos viejos insultan al guardia civil que se registra el autobús en busca de símbolos franquistas. Cuando el "desgraciado" desaparece, las mujeres, indignadas, vuelven a colocar sus insignias ilegales en sus chaquetas de invierno.

En el monstruoso patio de un monumento grotesco se izan un par de banderas con la águila negra volando por encima de las cabezas en alto. Gritos espontaneos de "Arriba España!" alimentan el frío viento que sopla desde un pasado violento nunca juzgado. Un aire cargada de odio, pero también de sorberbio. Cuando la Guardia Civil intenta de quitar las banderas, tienen que retirarse enseguida por el enjambre de enojados que corren para enfrentarse con ellos. Dentro de la Basílica, cuatro guardias de La Falange erguidos al lado de la tumba de su sagrado fundador. Padres e hijos se acercan para dar el saludo fascista frente al altar antes de sentarse en los bancos rebosantes de convicciones antiguas, pero vivas, muy vivas.

Por la noche, mientras ando al lado de un jeep militar que lleva algunos falangistas fumando puros con guantes del cuero negro en pleno centro de Madrid, me doy cuenta que esta gente no tienen ningún sentido de vergüenza de ser fascista en la actual sociedad española. Es más, tengo la impresión de que ellos piensan que son los dueños legítimos del país, treinta y tres años después de que murió Franco.

Es fácil decir que la ultraderecha son sólo cuatro malditos gatos con ocho vidas gastadas. Más difícil es aceptar que muchos más compartan sus pensamientos si no su vestuario anacrónico. Por ejemplo, un hombre de poco más de cuarenta años paseando por una acera de Argüelles que se para y leventa su brazo cuando se cruza con las filas de camisas azules. Y otro grita, "¡Me traéis recuerdos de mís días de Fuerza Nueva!". O una mujer en un balcón de un tercer piso saludando a los guapos abajo. O los conductores de múltiples coches que pitan para dar ánimo a los peregrinos en camino al Valle de los Caídos para dejar una corona a la memoria del gran Ausente.

En la Plaza de Oriente, tengo otro encuentro con la asombrosa falta de vergüenza que tienen los fascistas. Con Blas Piñar sentado tranquilamente en el escenario, hay un fervor entre las masas que no pueden contener sus ganas de gritar "¡Viva Franco!" Cuando la concentración termina cantando "Cara al Sol" estoy sacando fotos de gente con sus brazos muy en alto. A traves del visor de la cámara puedo ver a una mujer que me esta haciendo un gesto con su único brazo libre. Quiere que le saque una foto. Lo hago. Sonríe. Está contenta. Yo tengo ganas de llorar.

Según Jacques Lacan, el psicoanalista francés, la vergüenza está directamente vinculada a la ética del sujeto. Es así porque el sentido de vergüenza surge de un contexto social. Por lo tanto, la falta de vergüenza mostrada por los defensores del franquismo hoy en día es el resultado de una sociedad en que los verdugos del régimen nunca se han hecho responsables de sus crímenes como, por ejemplo, en Alemania. Como consequencia, en Alemania está prohíbido organizar actos fascistas o llevar símbolos Nazis, pero en cambio en España se pueden hacer las dos cosas sin sentir ninguna vergüenza. Una situacion excepcional de impunidad que requiere que se juzgan a los culpables antes de que todos se mueren en la cama.

Sólo la intervención de justicia, basada en conceptos básicos de los derechos humanos, puede cambiar un contexto social en que los cómplices de crimenes de lesa humanidad pueden manifestarse con orgullo mientras que sus víctimas tienen que andar por las calles con miedo todavía. Lamentablamente esto es la realidad vergonzosa de una democracia sin vergüenza.

Scott Boehm es Socio del Centro de los Derechos Humanos de Berkeley y Investigador del Archivo Audiovisual de la Guerra Civil Española y la Represión Franquista de la Universidad de California, San Diego.

Crucifijos en las aulas

Crucifijos en las aulas

Javier Pérez Royo

La decisión acerca de si se puede admitir o no la presencia de crucifijos en las aulas está tomada. Es una decisión que adoptó el constituyente de 1978 al redactar el artículo 16 de la Constitución en los términos en que lo hizo. El Estado español es un Estado aconfesional y, en consecuencia, "nadie podrá ser obligado a declarar sobre su (...) religión o creencias" (art. 16.2 CE) y ninguna "confesión tendrá carácter estatal" (art. 16.3).

No nos encontramos ante una decisión que tengan que tomar los consejos escolares, o las consejerías de educación de las comunidades autónomas o el Ministerio de Educación, porque la decisión ya la tomó el constituyente. Desde el 29 de diciembre de 1978 cada ciudadano, y subrayo lo de cada ciudadano, es titular del derecho fundamental a la libertad religiosa y ese derecho tiene que serle respetado por los poderes públicos y por los demás ciudadanos sin excepción, ya que, como dice el artículo 9.1 CE: "Los ciudadanos y los poderes públicos están sujetos a la Constitución".

Ni siquiera las Cortes Generales podrían tomar la decisión de que hubiera crucifijos en las escuelas, pues, en el supuesto de que aprobaran una ley en ese sentido, la ley sería anticonstitucional. En mi opinión, ni siquiera mediante la revisión de la Constitución contemplada en el artículo 168, que sería la vía apropiada para reformar el artículo 16 CE, se podría tomar esa decisión, ya que la no confesionalidad del Estado pertenece al núcleo esencial del Estado constitucional, que dejaría de serlo en el caso de que se convirtiera en un Estado confesional. Estado constitucional y Estado confesional es una contradicción en los términos.

Pero, en todo caso, para tomar la decisión de que hubiera crucifijos en las escuelas, habría previamente que revisar la Constitución, esto es, adoptar la decisión por mayoría de dos tercios de ambas Cámaras en dos legislaturas consecutivas y someter la decisión después a referéndum.

Desde el 29 de diciembre de 1978 debería haberse procedido de oficio a la retirada de todos los crucifijos de las escuelas. La retirada o no retirada de los crucifijos no es asunto que pueda ser sometido a discusión, ya que ello obligaría a que quienes participan en la discusión tengan que hacer públicas "su religión o sus creencias" y esto es algo que está expresamente vedado por la Constitución. La simple formulación de la pregunta ya sería anticonstitucional.

Lo que, a su vez, quiere decir que a nadie tendría que ponérsele en la tesitura de tener que hacer una reclamación para que se retiren los crucifijos y, menos todavía, que tenga que interponer un recurso ante los tribunales de justicia para que se ordene la retirada. Esto ya supone una vulneración del derecho a la libertad religiosa de la persona que reclama o recurre.

Los derechos fundamentales son derechos de los individuos. Los consejos escolares no son titulares del derecho a la libertad religiosa y, en consecuencia, no pueden decidir ni por mayoría ni por unanimidad si quieren mantener o no los crucifijos en las escuelas. Mantener esa postura es desconocer de la manera más completa qué son los derechos fundamentales y qué lugar ocupan en nuestro ordenamiento constitucional. De ahí que no pueda entender las declaraciones de la ministra de Educación en la Cadena SER acerca de que la retirada o no de los crucifijos dependería de lo que decidieran en cada centro los consejos escolares. A los 30 años de la entrada en vigor de la Constitución resulta increíble que todavía andemos con disputas de esta naturaleza. También la Junta de Andalucía tendría que corregir su posición que resulta constitucionalmente insostenible.

Repsol, de ser de todos a ser de la mafia rusa

Repsol, de ser de todos a ser de la mafia rusa

Los dos partidos que mientras gobernaron compitieron para ver cuál privatizaba más empresas públicas españolas, ahora se echan las culpas mutuamente de la posibilidad de que el 30 % de Repsol pase a manos rusas y se cree un grave problema de pérdida de soberanía energética en España.

Mariano Rajoy, desde Almería, apela a “razones de seguridad estratégica nacional”. José Blanco, vicesecretario general de los socialistas dice que “lo inmoral es arrojar Repsol al mercado privatizando la empresa, como hizo el Gobierno de Aznar”.

La privatización de Repsol la inició en 1989 el gobierno “socialista” de Felipe González y pasó en su totalidad a manos privadas en 1997 bajo el gobierno “popular” de Aznar. Si el actual gobierno socialista hubiera considerado inadecuada la total privatización -tal y como critican ahora- ha tenido cinco años para recomprar parte de las acciones, tal y como ha hecho el gobierno venezolano con su telefonía y sus eléctricas, granjeándose las críticas de políticos y medios españoles.

El ministro de Industria, Miguel Sebastián, se limita a señalar que quieren que Repsol sea independiente y española, sin percibir que eso es incompatible. Si la totalidad de las acciones están en manos privadas será independiente hasta de España. Por otro lado, ¿por qué unos empresarios españoles van a estar interesados en los intereses de nuestro país? Basta ver lo poco que están dudando en vender a los rusos y lo bien que está reaccionando la Bolsa.

Paradójicamente, la situación en la que estamos es que ese 30 % casi acaba en manos de Grazprom, es decir, del Estado ruso. No hubiera sido la primera vez que nuestros sectores estratégicos se liberalizaban y vendían en aras del libre mercado y acababan parcialmente en manos de otros estados, la liberalización de la telefonía permitió la entrada de la operadora Wanadoo, en cuyo accionariado estaba el Estado francés. Pero estemos tranquilos, para evitar que Repsol acabe controlada por el gobierno ruso están maniobrando para que sea de la mafia rusa, que es quien controla al potencial comprador, Lukoil, todos los medios han destacado el papel de los mafiosos Tariel Oniani y Zakahr Kalashov en el control de esa empresa. El último de ellos está preso en España y ha sido condenado al menos seis veces en Georgia y Rusia, la fiscalía suiza ya advirtió en marzo del pasado año que ese hombre “poseería una parte significativa” de Lukoil. Su vicepresidente, Dimitri Tarasov, también está reclamado por la justicia española.

No es el primer caso de connivencia entre PSOE y PP para dejar en manos de mafiosos empresas públicas españolas, ocurrió con Sintel, filial de Telefónica que Felipe González en sus últimos días de gobierno vendió a Mastec, propiedad de la familia del cubanoamericano Mas Canosa. José María Aznar terminó de formalizar la venta.

Por si alguien no lo había comprendido, las privatizaciones consisten en eso, en que lo que era de todos los españoles puede acabar, por ejemplo, en manos de unos mafiosos, mientras los grandes partidos que lo vendieron todo ahora aparentan discutir y preocuparse. Entretanto, en esas “repúblicas bananeras y populistas” de América Latina, como Venezuela, Bolivia o Ecuador, sus empresas energéticas cada vez están siendo más públicas. Por eso les llaman dictaduras y lo de aquí, cuando nuestras empresas estratégicas se las puede quedar la mafia rusa, se denomina democracia.

Fortes-García Montero: los hechos son los siguientes

Fortes-García Montero: los hechos son los siguientes
Como contribución al debate publicamos aquí este punto de vista tan distinto y tan distante suscrito por compañeros que nos merecen el mayor de los respetos
 
Los hechos son los siguientes. Un oscuro profesor revisionista de la Universidad de Granada llamó “fascista” a García Lorca, asegurando además que “lo habían matado por maricón”. Sin pensárselo dos veces, uno de los “nuestros”, el laureado poeta Luis García Montero, salió valientemente en defensa del genio granadino fusilado en 1936, en defensa de la memoria histórica, de la libertad de expresión y de los más altos valores compartidos por todos los que nos consideramos de izquierdas. Su coraje cívico y su conciencia política lo convirtieron entonces –como ha ocurrido tantas veces a lo largo de la historia- en objeto de una intolerable persecución legal. Denunciado ante los tribunales por el oscuro profesor revisionista, un juez de dudosa filiación ideológica, rescoldo superviviente de los aparatos del franquismo, condenó a Luis García Montero, el cual se vio obligado además a renunciar a la docencia universitaria. Inmediatamente, todos los medios de comunicación se hicieron eco de la noticia, escandalizados por este atropello contra la libertad de expresión, y una espontánea campaña de solidaridad se puso en marcha para denunciar el acto de barbarie y manifestar su apoyo al poeta condenado. Su última clase en la facultad de Granada, el pasado viernes, se transformó en un emocionante acto de desagravio y homenaje; durante el mismo se leyó el comunicado redactado por la Plataforma de Apoyo creada al efecto y que han firmado ya 4.000 personas, entre ellas –para marcar la dimensión internacional del escándalo- Ernesto Cardenal y Juan Gelman.

Estos son los hechos. No. Esta es una narración mitológica construida desde El País, repetida de manera enteramente acrítica por medios nacionales y locales de toda España y sincopada por la noble credulidad de grupos y personalidades de izquierda que han servido a su vez de excipiente y legitimación de esta bonita e inexacta historia. Un relato bastante minucioso de la misma puede encontrarse en “Luis García Montero y José Antonio Fortes: información contra manipulación (o el insulto justificado)”, de Matías Escalera Cordero, por lo que aquí nos limitaremos a un breve resumen. Dos profesores de la misma universidad, los dos especialistas en literatura, los dos expertos en Lorca, mantenían desde hacía años una relación pugnaz en la que se mezclaban –como ocurre tan a menudo en nuestras facultades- las diferencias ideológicas, las literarias y las personales. Hace dos años, uno de ellos, Luis García Montero, insultó al otro, José Antonio Fortes, en una reunión de departamento cuyas asperezas el primero trasladó a un foro donde el segundo no podía seguirle y donde no podía defenderse: la edición andaluza de El País, en la que García Montero publicó el 14 de octubre de 2006 un artículo titulado Lorca era un fascista, un texto muy bronco y visceral en el que, entre otras cosas, llamaba “tonto indecente” y “profesor perturbado” a José Antonio Fortes y en el que acababa pidiendo la intervención de la Universidad de Granada contra sus “disparates”. Sintiéndose agredido e indefenso, Fortes acudió a los tribunales, los cuales le dieron la razón el pasado día 11 de noviembre, condenando al profesor García Montero a multa e indemnización (1.800 y 3.000 euros respectivamente) por un delito de injurias graves con publicidad.

Como ni los medios ni los ingenuos solidarios se han tomado la molestia de la más somera investigación, quizás conviene aclarar que José Antonio Fortes no es un “oscuro profesor revisionista” ni ha llamado a Lorca “fascista” ni, desde luego, ha justificado su asesinato porque fuera un “maricón”. Es un crítico y escritor de formación marxista del que podemos leer unas interesantes reflexiones en la muy izquierdista revista Youkali e incluso algún que otro texto en las páginas de Rebelión. Sus críticas a Lorca, publicadas originalmente en la revista no digital El nudo de la Red  pueden leerse además en la revista de cultura cubana La Jiribilla, y forman parte de un controvertido, pero minucioso, erudito y riguroso análisis del “populismo literario” desde la perspectiva de clase; es decir, como instrumento despolitizador de las confrontaciones sociales y, por lo tanto, como aliado objetivo de la burguesía capitalista. Para Fortes, los temas lorquianos por excelencia –la madre, los gitanos, el pueblo, la raza, la sangre, la sexualidad reproductora, el irracionalismo- se inscribirían dentro de este marco populista antimarxista. En medio del absoluto silencio mediático sobre la figura y la obra de Fortes, identificado siempre como “revisionista” (por oposición al “izquierdista” García Montero), es necesario acudir a algunos comentarios de los lectores en los bajos de una muy poco profesional noticia de Público –pues asume con naturalidad la narración mitológica- para encontrar un poco de información al respecto (Ver García Montero, condenado por injurias, deja la universidad). Pero hay que alejarse del ruido de los medios, para poder leer un comunicado bastante esclarecedor  (acerca de las posiciones teóricas de Fortes) firmado por algunos de sus alumnos: Acerca del enfrentamiento entre José Antonio Fortes y Luis García Montero. Pensar la literatura. 

En cuanto al juez Miguel Angel Torres, se ha limitado a aplicar la misma doctrina penal que tanto justo alborozo nos produce cuando condena hasta cuatro veces a Jiménez Losantos por sus intolerables exabruptos injuriosos. No sabemos cuál es la ideología del juez, pero la sentencia que condena a García Montero nos parece difícilmente objetable desde el punto de vista del derecho vigente, el cual considera, más allá de las valoraciones sobre Lorca, que la justicia debe garantizar a la libertad de expresión el derecho al intercambio de opiniones y no al linchamiento público e impune de un rival. Como “hechos probados”, el texto de la sentencia recoge la decisión de Luis García Montero, tras su agresión verbal a Fortes en la reunión del departamento el 20 de septiembre de 2006, de “continuar su enfrentamiento en varios medios de comunicación mediante la publicación de entrevistas y artículos de opinión”, reproducidos parcialmente por otros medios y periódicos, entre los que la sentencia cita Ideal, La Opinión de Granada y ABC. Respecto de la agresión verbal en la reunión del departamento (en la que García Montero llamó a Fortes “hijo de puta, cretino, mequetrefe, sinvergüenza, cabrón”), el juez Torres recuerda la diferencia entre la libertad de expresión y el insulto. En cuanto al artículo publicado en El País el 14 de octubre de 2006, la sentencia señala que “es más que dudoso que para defender a Lorca se tenga que insultar al profesor Fortes y descalificarlo”; y llama la atención sobre el hecho curioso de que “el artículo comience y termine defendiendo la libertad de expresión y que a su vez pida que se tomen medidas contra el profesor Fortes por lo que dice o piensa”.

Las tesis literarias de Fortes son sin duda cuestionables y quizás merezcan una amplia y sesuda respuesta por parte de historiadores y críticos de la literatura en el marco de debates académicos y publicaciones especializadas. No parece que la sentencia del juez Torres impida este tipo de respuestas: reconoce, al contrario, que García Montero está “legitimado para criticar las clases y las ideas del señor Fortes”, “mostrar su abierto desacuerdo con su compañero de Departamento” y utilizar para ello El País o cualquier otro medio público; le invita a “defenderse en los tribunales, en los medios de comunicación y mediante su talento para la palabra y la escritura”. Lo que le censura es “utilizar en público el insulto y la descalificación y aprovechar que publica sus opiniones en un importante medio escrito para insultar al señor Fortes”. La sentencia no cuestiona el derecho a la libertad de expresión del acusado: ni expulsa a García Montero de la universidad, para lo que no tendría competencias, ni le prohíbe seguir escribiendo ensayos sobre García Lorca o contra José Antonio Fortes. Se limita a imponerle una modestísima pena por haber menoscabado el ámbito de la libertad de expresión rebajándolo a puro vehículo de manifestaciones injuriosas o vejatorias sin relación con “las ideas u opiniones” expuestas (de acuerdo con las sentencias del Tribunal Constitucional de 20 de enero de 2002, 26 de febrero de 2001, 25 de mayo de 2000 o 17 de enero de 2000).

Las tesis literarias de Fortes pueden legítimamente no gustar o incluso molestar. Pero lo que desde luego resulta más que cuestionable, en el orden moral y en el político, y no sólo en el jurídico, es la decisión de García Montero de trasladar una rivalidad literario-personal a un ámbito público (el de ciertos medios de comunicación) desde donde puede atacar acorazado y sin respuesta, así como el comportamiento de esos mismos medios que utilizan su monopolio del relato para, una vez más, traicionar los más elementales principios de la deontología periodística.

García Montero y El País (con sus metástasis en otros medios, incluido el decepcionante Público, que titulaba una noticia del 20 de octubre con un majestuoso “El poeta García Montero, a juicio por defender a Lorca”) han convertido un insignificante conflicto privado en un caso político. O mejor: en un ejemplo de manual de manipulación informativa. Es esto, y no las causas privadas o literarias del contencioso, lo que exige de la izquierda una respuesta y una denuncia. No es la figura de Lorca ni la memoria histórica ni la libertad de expresión lo que están en juego en este asunto sino la suplantación total de la realidad por parte de esos grandes medios de comunicación que pueden convertir a las víctimas en agresores sin la menor resistencia y convencer a miles de personas de la bondad de una causa injusta. A muy pequeña escala –y por eso es un ejemplo- es lo que ocurre todos los días cuando esos mismos medios nos hablan de Iraq, de Palestina, del País Vasco, de Venezuela o de la crisis económica global. Pero si frente a estos temas la izquierda y sus intelectuales siempre han demostrado un loable nivel de alerta y desconfianza preventiva, en este pequeño caso ejemplar han demostrado una credulidad tan aparatosa como el ejercicio de manipulación de que han sido víctimas. No sabemos quién es más de izquierdas, si García Montero o Fortes; lo que sí sabemos es que es más de izquierdas –porque es sencillamente más honesto y justo- denunciar lo que ha hecho García Montero aupado por el grupo PRISA, que denunciar lo que no ha hecho José Antonio Fortes, al que no han dejado ni siquiera defenderse. Por eso nosotros queremos denunciarlo aquí.

La mujer sigue enjaulada

La mujer sigue enjaulada

FELI MERINO ESCALERA

IMAGÍNENSE una enorme extensión de hielo. La mirada se pierde en un horizonte nebuloso, en un blanco que todo lo cubre, en una nube sólida que, posada sobre la tierra, anega todo otro color con su blancura. El viento, gélido, duro, cortante, insoportable, recorre aquella llanura golpeando sin piedad, puliendo el suelo y el cielo, sajando los huesos. En aquel territorio, inhóspito y despiadado, se puede ver a una figura, un abigarrado montón de pieles que conduce un trineo tirado por perros tercos y feroces, que dejan tras de sí dos marcas, paralelas, que se pierden entre la bruma como dos heridas que penetraran una carne muerta. Aquel ser humano, una mujer, lleva semanas, meses, años, décadas, luchando por dirigir a sus canes hacia latitudes ecuatoriales, años sumergida en un ambiente hostil, esforzándose, denodadamente, por alcanzar un lugar cálido, un fuego y una mesa, una cama en la que descansar. Sin embargo su empeño, desgraciadamente, es inútil. El bloque de hielo sobre el que se afana es un enorme iceberg a la deriva, que se dirige inevitablemente hacia el norte más deprisa de lo que aquella figura y sus perros pueden alejarse hacia el sur. El resultado es que la mujer se ve rodeada por un ambiente cada vez más frío, por un entorno cada vez más hostil, por un mundo cada vez menos humano.

Esta pequeña parábola refleja, a mi juicio, la situación que ha atravesado la mujer en el último siglo. Obligadas a ser un anexo de la vida del marido, las mujeres hemos sido siempre presionadas para adaptar nuestros proyectos vitales a aquello que esperaba de nosotras una sociedad que se negaba sistemáticamente a darnos una 'habitación propia', un lugar en el que pudiésemos mirar al horizonte, soñar con el cumplimiento de nuestra vocación y luchar por ello. Mientras, el mundo se ha ido construyendo, de una manera o de otra, en una dirección que contraría cada vez más a nuestros anhelos.

PASADO el tiempo, cuando miramos hacia atrás y vemos el largo camino que hemos recorrido en la batalla por nuestro yo, podemos afirmar que el movimiento de 'liberación' de la mujer desarrollado durante el último siglo ha sido un terrible fracaso. El modelo que han establecido los movimientos feministas ha sido predominantemente igualitarista, y el resultado ha sido que la mujer, lejos de avanzar hacia posiciones vitales en las que pudiera elegir el cumplimiento de su vocación, ha sido arrojada a las fauces del capital, como antes ya lo fueron los hombres. La mujer ya no está sometida al marido, pero está sometida a una fuerza mayor, más extensa en el tiempo y en el espacio, de la que resulta imposible escapar y que conlleva más cargas ascéticas que un monasterio trapense: el mercado.

Atendamos verdaderamente a la realidad de la mujer contemporánea, sin dejarnos reducir por filtros ideológicos. La mujer, hoy, sigue sin poder elegir su propio camino vital. El sistema educativo le obliga a estudiar hasta la treintena o más (y debo decir que casi siempre sin justificación, es decir, sin que ese estudio provea de formación) para poder ocupar un puesto no siempre digno dentro del sistema capitalista, el mismo sistema que, después de obligarla a retrasar su proyecto vital, la rechazará sin disimulos si desea realizar su vocación como madre.

Pedíamos formar parte de la vida social, poder optar a un puesto de trabajo, y la participación de la mujer en el sistema económico hizo que éste se defendiera, aferrándola, generando una subida general del coste de la vida que ahora no hace posible llevar una vida 'normal' si no entran dos sueldos completos en la casa.

Liberada de mil maneras de la esclavitud del patriarcado, ha sido lanzada a otras mil esclavitudes. ¿Creen que se puede llamar 'libre' a una mujer separada o divorciada, con hijos a su cargo? Entra a trabajar a las 8:00 y debe dejar a los niños en el colegio a las 9:00. Sale a las 15:00, y debe recogerlos a las 14:00. Tiene que regresar al trabajo por la tarde y dejar a su prole al cuidado de los abuelos o de extraños. Regresa a casa y logra sentarse después de dieciséis horas de larga jornada. La situación no difiere mucho si está casada. El marido también tiene que trabajar otras tantas horas siendo, como mucho, una ayuda, un asistente. Todo el proceso de liberación de la mujer 'igualándola' al marido es un gran engaño, el gran engaño del mercado, al que se ha prestado con una infantilidad inexcusable el feminismo.

HOY, se dice, la mujer es más igual que el hombre; pero se ha equivocado la igualdad con la que soñábamos. Muchas han creído, y han pretendido convencernos a todas, que la igualdad consistía en llevar pantalones. Mientras, hemos alquilado nuestra 'habitación propia' a un casero avaricioso y tiránico. Paseamos otra vez sobre el hielo, aunque podamos ir vestidas como nos dé la gana.

No debe ser tan difícil comprender que no queremos ser 'iguales' a los hombres: queremos ser mujeres. Nuestro horizonte no tiene por qué limitarse al éxito profesional. Queremos elegir nosotras, cada una, cómo desarrollarnos, cómo construir nuestro propio yo, queremos liberarnos del yugo del mercado al que cada vez más la sociedad se adapta, sumisa, renunciando a aquello que más anhela cada ser humano, para convertirse apresuradamente en uno más, uno más dentro de la cadena del sistema capitalista.

Queremos ser mujeres, poder cumplir, si lo queremos, nuestra vocación de madres, queremos aportar lo femenino a la vida social. La solución real para nosotras no puede limitarse a la multiplicación de guarderías, como si sólo aspirásemos a desembarazarnos el mayor tiempo posible de nuestros hijos; no es permitirnos abortar más fácilmente, animándonos a sacrificar el fruto de nuestras entrañas al sistema económico; no es acelerar los trámites para que podamos quitarnos de encima a nuestros maridos lo más rápidamente posible. Queremos tener hijos, quererlos, cuidar de ellos, deseamos ser felices con nuestros maridos, anhelamos participar en la construcción de la sociedad. Lo que deseamos es una vida grande, en la que podamos decir 'yo' con alegría, sin negar ninguna parte de nosotras.

¿Es que sólo somos capaces de crear formas de vida que subyuguen a las mujeres? No he nacido para ser un engranaje ni del mercado ni del estado. Si sirven para algo es para mi desarrollo personal: de lo contrario no tienen ninguna utilidad. ¿Ya está bien de este absurdo sometimiento, de este alabar servilmente la mano que atenaza nuestro cuello! ¿Que se adapten a nosotras esos estúpidos ídolos!

¿Es esto un socialista?

¿Es esto un socialista?

Ramón Cotarelo

Justo en el momento en que los jueces paralizan la apertura de ls fosas comunes donde yacen decenas de miles de inocentes asesinados por los franquistas hace setenta años, el señor Bono decide conmemorar con una placa en el Congreso los sufrimientos de una religiosa perseguida por la República y a la que el Vaticano ha hecho santa. Justo también cuando la Iglesia católica larga otra hornada de cientos de "mártires" de la persecución religiosa en España para que la fábrica vaticana de beatificación monte una provocación guerracivilista más en España, el señor Bono escucha la sugerencia de un diputado del PP perteneciente a la secta del Opus Dei para que la tal santa Maravilla adorne alguna pared del edificio que alberga al legislativo de la democracia.

Todo muy ejemplar, carpetovetónico y meapilas. Pura corte de los milagros. Supongo que Sor Patrocinio vendrá por las noches a alegrar castamente el sueño del beato señor Bono, para quien eso de que el Estado es aconfesional debe de ser una consigna que metió Lenin en la Constitución española sin que sus santurronas señorías se enterasen.

Y no es asunto nuevo. Este Bono ¿no es el mismo que, siendo ministro de Defensa, llevó a una delegación de criminales de la División Azul a desfilar un doce de octubre al que los iguales al señor Bono consideran día "nacional" o no sé qué vainas? Y no sé si no los puso a desfilar junto a unos veteranos de las Brigadas Internacionales, como si pudieran compararse. Los ex-divisionarios son los restos de una vergonzosa expedición enviada por los franquistas al frente del Este a asesinar rusos que no nos habían hecho nada, sin previa declaración de guerra y amparados en la distancia que había entre España y la Unión Soviética. Para mayor vergüenza, aquellos invasores fascistas vestían uniformes del ejército nazi alemán. Todo un ejemplo de alevosía, traición y cobardía. ¿Se puede pensar en mayor ignominia?

Sí, se puede: consiste en conmemorar esa canallada sesenta años después rindiendo honores a los supervivientes de aquella División.

Así es el señor Bono y la pregunta deben contestarla sus compañeros de partido, sus correligionarios: ¿eso es el socialismo? Más que nada para que la gente de izquierda que queda en el país nos hagamos una idea de cómo vamos a votar en los próximas elecciones.

Afganistán: una traición a soldados que mueren y matan

Afganistán: una traición a soldados que mueren y matan

Es comprensible que las familias de los soldados muertos traten de convencerse de que sus hijos hacían bien en aquel lugar. Si un hijo mío muriese en las mismas circunstancias, me volvería loco si –en un momento de perspectiva- advierto que él chico no estaba allí por una causa humanista sino por la irresponsabilidad criminal de mi propio gobierno, de los mismos políticos que acuden a su entierro, me pasan la mano por el hombro y huyen hacia adelante enviando más soldados como si fueran sus marionetas. Se da la circunstancia de que el PSOE exprimió políticamente el atentado del 11-M para insinuar –y llevaba razón- que las bombas de Al Qaeda eran una respuesta a la implicación miserable de Aznar y España en la invasión de Irak. Es lógico, sólo por esto, sentir una profunda repugnancia ante la demagogia y el populismo que emplea el actual ejecutivo español.

Los españoles no somos gente de paz. Mientras España, en conjunto (la España que nos representa), se empeñe en decir que la muerte de dos soldados de nuestro país en Afganistán es un “atentado terrorista”, no seremos un pueblo que, en conjunto, merezca la paz porque no respetamos a otros pueblos ni en su último gesto de desesperada dignidad. Es porque los medimos de otra manera.

Aunque los políticos manejen las palabras a su antojo, un ataque rebelde no es un atentado o un atentado terrorista. Terrorismo es arrojar una bomba sobre Hiroshima, y para un afgano medio (que no sabe ni dónde está España) el terror es que un tipo, en Estados Unidos pero con el servilismo cómplice de la España que nos representa, decida arrojar miles de toneladas de bombas sobre su país.

Imagine por un momento, lector, que España bombardea y ocupa el sur de Francia para atrapar a un etarra. Para eso no tenemos pelotas, es otro nivel. Imagine entonces que un día los franceses ocupan España para complacer a Bush. Los periódicos españoles alentarían a cometer “atentados terroristas” contra los invasores y llamarían ataques patriotas a sus gestas sangrientas.

Terror es la sensación que a mí me produce que mis políticos hayan declarado una guerra en mi nombre y sus víctimas me señalen a mí, que no quería atacar a nadie, como su enemigo. Nos conjuramos para decir que hemos superado la Europa de Brocca y de Lombroso y resulta que sólo hemos cambiado las formas pero mantenemos el complejo de superioridad. Eso sí es espantoso.

Se han hecho muchas reflexiones estos días sobre la muerte absolutamente innecesaria de estos soldados. Resumiré dos con las que estoy plenamente de acuerdo para abreviar. La primera es que los soldados son personas armadas y dispuestas a emplear las armas; no son una Ong de caridad y están tan expuestos a matar como a morir, motivo por el que los gobiernos deberían ser mucho más serios cuando envían a militares a otro país (deberían empezar por enviar a sus hijos, como dije otras veces).

Un ejército no es de paz porque lo digan sus propios generales o los familiares de los desgraciados soldados muertos. El único ejército de paz verdadera es el cuerpo de 25.000 médicos cubanos destinados en misiones internacionales por todo el mundo, que por armas llevan agujas hipodérmicas. Allí es una orden de Estado enviar sin costo a estos médicos a cualquier lugar del mundo, como en España se decreta financiar la Iglesia, subvencionar una familia real o gastar unos millones en arte de minorías.

Lo asombroso es que los militares españoles, arropados por los estadounidenses, no piden permiso para instalarse en el país sentenciado por Bush. Sin embargo, los países que sufren una catástrofe sanitaria piden permiso a la embajada estadounidense para que se ablande y consienta la entrada de los médicos de la isla y sus jeringuillas.

La segunda consideración es que si Afganistán no ha declarado ninguna guerra a España, debemos deducir que España está participando en una invasión militar ofensiva sobre ese país asiático, cuya población hace lo que puede para defenderse, y nuevamente debemos ser muy serios con nuestros gobiernos cuando nos embarcan en la invasión de un país por motivos estratégicos y no humanitarios.

No podemos seguir echando la culpa al ‘otro’ del gravísimo error de haber enviado militares a ese país. Y no podemos conformarnos con decir que nuestro gobierno de turno nos engaña: los españoles estamos obligados, cuando se inicia la más mínima operación militar en la que se juegan vidas, a apagar la telebasura para informarnos a fondo de dónde está Afganistán en el mapa.

Deberían comparecer los políticos en horas de máxima audiencia para explicar que se va a enviar a españoles armados a otro país que no nos lo ha pedido (cuando lo pidieron, años atrás, no hicimos ni caso). Debemos saber qué ha hecho ese país para merecer semejante prioridad bélica y si esta prioridad es proporcional a la de otros países en los que, de seguir esta dinámica, también habría que haber intervenido, empezando por aquellos otros países en los que la mitad de la población –la mitad femenina- está literalmente secuestrada desde el punto de vista cultural, económico, político y sexual.

No voy a perder el tiempo en discutir que en este caso, en contraste con Irak, existía el respaldo de la ONU. Todos sabemos, y sobre todo los últimos dos Ejecutivos de España (primero el PP y ahora el PSOE), que se fue a Afganistán por acompañar servilmente la locura de Bush y compañía. Deberíamos tener el valor de pensar que para muchos afganos, los españoles no estamos tan lejos de Bush, por mucho que tratemos de engañarnos. Si algún día abrimos los ojos y asumimos la responsabilidad de España en la campaña militar estadounidense, nos llenaremos de espanto al ver que Zapatero, Chacón y todos los que mantienen esta mentira tienen las manos manchadas de sangre. Y nos manchan a todos. Porque era mentira que allí hubiera una guerra contra el terrorismo y lo saben.

Perdamos el miedo a abrir los ojos. Sacar a un militar de su cuartel es un hecho que hay que tomar con responsabilidad porque se va a matar o morir. Hay que plantar cara a los políticos cuando proponen despertar los más bajos instintos de la población, empezando por el patrioterismo barato, para implicar a todo el país en un acto criminal.

A una guerra se acude por dos causas: por la patria o por ideas. Cuando la guerra es por la patria, ésta puede ser defensiva (unión nacional ante una invasión) u ofensiva (guerra nacionalista, de invasión). Afganistán no tiene nada qué ver con este modelo. El conflicto militar por ideas es el que tiene más riesgo, pues puede estar propiciado por una causa noble o necesaria –como lo fue combatir al nazismo- o estar generado por impulsos imperialistas (ideología política o económica, intereses empresariales o personalistas, etc).

Si los ciudadanos logramos quitarnos de encima la falsa propaganda y los complejos de inferioridad ante los políticos, podría llegar un día en que descubramos que ésta no era una guerra de España, ni siquiera una guerra de los Estados Unidos como patria. Era una guerra innoble e innecesaria iniciada por unos malos gobernantes de EEUU para apoyar los intereses estratégicos y empresariales de algunas multinacionales en la región.

Si algún día los ciudadanos somos capaces de abrir los ojos y ver que la idea que los políticos esgrimen para ir a la guerra no es nuestra idea –y ni siquiera es una idea noble- llegaremos a la conclusión de que los que traicionan a España y a nuestro ejército son nuestros propios dirigentes políticos.