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Bofetada de Brasil al mundo

Bofetada de Brasil al mundo

DECLARACIONES DE CHICO BUARQUE. MINISTRO DE EDUCACIÓN DE BRASIL.

 

No todos los días un brasileño le da una buena y educadísima bofetada al mundo. 

 

Durante un debate en una universidad de Estados Unidos, le preguntaron al ex gobernador del Distrito Federal y actual Ministro de Educación de Brasil, CRISTOVÃO CHICO BUARQUE, qué pensaba sobre la internacionalización de la Amazonia. Un estadounidense en las Naciones Unidas introdujo su pregunta, diciendo que esperaba la respuesta de un humanista y no de un brasileño.

 

Ésta fue la respuesta del Sr. Cristóvão Buarque:

 

Realmente, como brasileño, sólo hablaría en contra de la internacionalización de la Amazonia. Por más que nuestros gobiernos no cuiden debidamente ese patrimonio, él es nuestro.

 

Como humanista, sintiendo el riesgo de la degradación ambiental que sufre la Amazonia, puedo imaginar su internacionalización, como también de todo lo demás, que es de suma importancia para la humanidad.

 

Si la Amazonia, desde una ética humanista, debe ser internacionalizada, internacionalicemos también las reservas de petróleo del mundo enteroEl petróleo es tan importante para el bienestar de la humanidad como la Amazonia para nuestro futuro. A pesar de eso, los dueños de las reservas creen tener el derecho de aumentar o disminuir la extracción de petróleo y subir o no su precio.

 

De la misma forma, el capital financiero de los países ricos debería ser internacionalizado. Si la Amazonia es una reserva para todos los seres humanos, no se debería quemar solamente por la voluntad de un dueño o de un país. Quemar la Amazonia es tan grave como el desempleo provocado por las decisiones arbitrarias de los especuladores globales. No podemos permitir que las reservas financieras sirvan para quemar países enteros en la voluptuosidad de la especulación.

 

También, antes que la Amazonia, me gustaría ver la internacionalización de los grandes museos del mundo. El Louvre no debe pertenecer solo a Francia. Cada museo del mundo es el guardián de las piezas más bellas producidas por el genio humano. No se puede dejar que ese patrimonio cultural, como es el patrimonio natural amazónico, sea manipulado y destruido por el sólo placer de un propietario o de un país. No hace mucho tiempo, un millonario japonés decidió enterrar, junto con él, un cuadro de un gran maestro. Por el contrario, ese cuadro tendría que haber sido internacionalizado.

 

Durante este encuentro, las Naciones Unidas están realizando el Foro Del Milenio, pero algunos presidentes de países tuvieron dificultades para participar, debido a situaciones desagradables surgidas en la frontera de los EE.UU. Por eso, creo que Nueva York, como sede de las Naciones Unidas, debe ser internacionalizada. Por lo menos Manhatan debería pertenecer a toda la humanidad. De la misma forma que París, Venecia, Roma, Londres, Río de Janeiro, Brasilia... cada ciudad, con su belleza específica, su historia del mundo, debería pertenecer al mundo entero.

 

Si EEUU quiere internacionalizar la Amazonia, para no correr el riesgo de dejarla en manos de los brasileños, internacionalicemos todos los arsenales nucleares. Basta pensar que ellos ya demostraron que son capaces de usar esas armas, provocando una destrucción miles de veces mayor que las lamentables quemas realizadas en los bosques de Brasil.

 

En sus discursos, los actuales candidatos a la presidencia de los Estados Unidos han defendido la idea de internacionalizar las reservas forestales del mundo a cambio de la deuda. Comencemos usando esa deuda para garantizar que cada niño del mundo tenga la posibilidad de comer y de ir a la escuela. Internacionalicemos a los niños, tratándolos a todos ellos sin importar el país donde nacieron, como patrimonio que merecen los cuidados del mundo entero. Mucho más de lo que se merece la Amazonia. Cuando los dirigentes traten a los niños pobres del mundo como Patrimonio de la Humanidad, no permitirán que trabajen cuando deberían estudiar; que mueran cuando deberían vivir.

 

Como humanista, acepto defender la internacionalización del mundo; pero, mientras el mundo me trate como brasileño, lucharé para que la Amazonia, sea nuestra. ¡Solamente nuestra!

El escritor Rafael Chirbes arremete contra Zapatero por construir la ficción de una política progresista

El escritor Rafael Chirbes arremete contra Zapatero por construir la ficción de una política progresista
La Vanguardia

El plan de austeridad forzosamente impuesto a Zapatero convierte a España en algo parecido a un "protectorado" y supone el "suicidio" del Presidente del gobierno, afirma el escritor valenciano Rafael Chirbes, autor de "Crematorio", una novela notable sobre el entorno social del ladrillo español, en un articulo publicado por el "Frankfurter Allgemeine Zeitung".

Con el anuncio, el 12 de mayo, del programa de recortes aprobado por el Congreso de los Diputados, Zapatero, "hizo saltar por los aires en cinco minutos su imagen de jefe del gobierno de los derechos sociales", dice Chirbes. Una semana antes Zapatero había afirmado que nunca recortaría el ámbito social "por razones ideológicas", recuerda, pero la doble presión de Bruselas y de Obama, tuvo por resultado evidenciar que España, "no es un estado soberano, sino una especie de protectorado".

Demoledor alegato


En su demoledor alegato publicado en el almanaque del diario alemán bajo el título "En la mesa con los caníbales", Chirbes sostiene que Zapatero construyó la ficción de una política progresista, con recursos y tensiones culturales, que intentaron ocultar el hecho de una política de derechas cuya tradición se remonta a Felipe González. El hundimiento de esa ficción, deja ahora a Zapatero, dice Chirbes, "con el triste semblante de un suicida".

"En pocos minutos se derrumbó el marco ideológico sobre el que se había sustentado durante seis años la versión contemporánea de la socialdemocracia. Un modelo, que se cree a salvo de las vicisitudes económicas, gracias a una estrategia mediante la cual los problemas cotidianos de la vida pública son eliminados y sustituidos por juegos, que algunos han definido como culturales", explica Chirbes.

"En primer lugar aparecieron conflictos, más o menos intrascendentes, que habían prescrito hacía tiempo, habían sido ignorados u olvidados, y cuya dramática puesta en escena sirvió para mantener la ficción de una política progresista". Esa ficción, continua el escritor, "era la de que existía una diferencia significativa entre los demócrata-cristianos y los socialdemócratas, sin mencionar siquiera que el fundamento del progresismo tiene que ver, principalmente, con la forma en que uno se gana su pan y con la estrategia de cómo se reparte entre los ciudadanos el gran pastel nacional".

Una izquierda de repuesto


Elementos de ese juego de manos, señala el escritor, fueron la recreación de toda una serie de enfrentamientos entre católicos y laicos, antiabortistas y partidarios del aborto, nacionalistas y regionalistas, partidarios de la negociación con ETA y partidarios de la mano dura, machos contra feministas y homosexuales y, sobre todo, herederos de las víctimas de la guerra civil con herederos del régimen franquista. Estos fuegos de artificio sirvieron, dice Chirbes, para ocultar una "domesticación capitalista" con 4,6 millones de parados, subvenciones para la industria del automóvil y un rescate millonario de los bancos exento de todo control.

En ese contexto, los sindicatos españoles no movieron un dedo por quienes perdieron su puesto de trabajo, sus hogares o tuvieron que cerrar sus negocios, considera Chirbes. "Su única lucha visible en los últimos meses fue la defensa de un juez metido en veinticinco años de maquinaciones políticas".

Desde González


Zapatero y su ministro de Economía, "podían jactarse de la paz social ante la oposición, fiel a la línea post-marxista de que el mejor guardián del capitalismo es la socialdemocracia". Esa línea puede reclamar en España una larga tradición, continua: "en los años ochenta fue el gobierno del socialdemócratas Felipe González, el que a petición del inflexible capitalismo europeo llevó a cabo la dura reconversión de la industria, que multiplicó los despidos, domesticó a los sindicatos y metió al país en la OTAN".

La novela de Chirbes "Crematorio", que ha sido publicada en Alemania, es una caricatura de la España del ladrillo, un país de nuevos ricos sin principios que arrasa su medio natural creando amplias complicidades sociales en el delito ambiental-especulativo. La novela está ambientada en el litoral levantino. A partir de ella, Canal Plus está produciendo una serie de televisión de ocho capítulos, en la que el actor Pepe Sancho encarnará a un constructor sin escrúpulos que se dedica a hacer dinero en el litoral mediterráneo.

El "Frankfurter Allgemeine Zeitung" ha publicado el artículo de Chirbes dentro de una serie dedicada a la crisis en Europa, a cargo de escritores de diversos países.

Fuente:
http://www.lavanguardia.es/cultura/noticias/20100528/53936530929/el-escritor-rafael-chirbes-arremete-contra-zapatero-por-construir-una-politica-progresista-ficticia.html

¿Dónde está la gente?

¿Dónde está la gente?

Daniel Guerra

Hace unos días tuve una interesante conversación con un alumno, un estudiante de Filosofía inteligente, que razona sus argumentos y analiza cabalmente el entorno sociopolítico. Se preguntaba cómo acabaría la crisis del capitalismo, y esperaba una reacción popular, la aparición de una nueva izquierda y la extensión de la democracia participativa. Yo le mostré mi escepticismo.

La mayoría de ciudadanos estamos de acuerdo en el análisis: los agentes que han provocado la crisis han sido ayudados por los Estados con fondos públicos, mantienen sus posiciones de dominio y condicionan la recuperación económica a su favor con ataques especulativos contra focos de debilidad como la zona euro. Desde la caída de Lehman Brothers, llevamos dos años escuchando por parte de los gobernantes cantinelas sobre la refundación del capitalismo y la regulación de los mercados, pero al cabo de ese tiempo seguimos igual, si no peor. No cabe esperar grandes regulaciones del mercado por parte de políticos liberales, conservadores, socialdemócratas y democratacristianos que volverán al sector privado tras su paso por la política.

El aplazamiento de la regulación europea de los hedge funds a petición de Brown fue muy sintomático: el líder laborista, supuestamente de izquierdas, temía los efectos electorales de una medida de izquierdas. El líder laborista no quería molestar a los sindicatos, sino a los financieros de la City: el mundo al revés, o ya no tanto.

Paradójicamente, las únicas intervenciones activas de los gobiernos han sido para ayudar a los bancos y recortar derechos sociales. Las ayudas a los bancos se han justificado por el temor a su falso chantaje: si caen ellos, caemos todos. No es cierto: si caen ellos, caen los accionistas y los directivos, pero no los depositantes, cuyas cuentas están cubiertas por los Fondos de Garantía de Depósitos.

Y si de crédito a familias y PYMES se trataba, lo propio era que el Estado, mediante un banco público, lo facilitara directamente. Al final, los fondos públicos han sido utilizados por la banca para equilibrar sus balances, pedir préstamos al BCE al 1% y comprar deuda del Estado al 4%: negocio redondo. En el caso español, habría sido más lógico que un Gobierno supuestamente socialdemócrata prestara dinero público a los bancos a cambio de acciones antes que de activos financieros. Así, el Estado ha perdido la oportunidad de entrar en el capital social de los mismos y de poder controlar el destino del dinero facilitado.

El capitalismo no está en crisis, sino en reestructuración. Una cierta izquierda lo plantea como derrota del neoliberalismo por sus devastadores efectos: todo lo contrario, pues para el neoliberalismo tales efectos no son intrínsecamente indeseables, sino contingentes. La mano invisible descrita por Adam Smith (*), esa mano que está detrás de todas las operaciones y que acaba ajustando los factores económicos, actúa en clave de selección natural, en la que los fuertes se están comiendo a los débiles. No estamos, pues, ante una crisis DEL capitalismo, sino EN EL capitalismo; no una crisis del sistema, sino de algunos de sus componentes, que otros no sólo no la sufren sino que se benefician de ella. El sistema se está adaptando, y tras los necesarios ajustes -con la agradecida ayuda de los Estados- resurgirá con más fuerza que antes. Para el marxista, el capitalismo ha fallado; para el neoliberal, han fallado los débiles y los chapuceros, pero el sistema tiene larga vida porque no hay otro. Algún día, esa mano invisible hará encajar las grandes cifras macroeconómicas y todos volveremos a vivir por encima de nuestras posibilidades, que son cuatro días.

En este contexto, ¿dónde quedan los ciudadanos, la democracia, la izquierda? Ni están, ni se les espera. En el combate entre Estado y Mercado, claramente vence el segundo. Constatamos que los bancos y los especuladores se aprovechan de la situación y consolidan sus posiciones de dominio económico y político. El abuso es manifiesto y provoca más desempleo, más desigualdad, más recortes sociales y mayor dependencia de los Estados, cuya soberanía se ve limitada. Todos lo vemos. ¿Reaccionamos? No.

Algo en Grecia, la primera víctima propiciatoria, pero poco más. El sentido internacionalista de una verdadera izquierda se tomaría las revueltas griegas como el anticipo del fantasma que va a recorrer Europa. Presentaría a los ciudadanos griegos como la vanguardia del movimiento popular europeo que se alzaría contra este capitalismo arbitrario y salvaje. Sin embargo, las revueltas griegas se ven como eso, específicamente griegas, lejanas, televisivas. De momento, parece que no hay riesgo de contagio y los capitalistas siguen tranquilos.

En el caso español, ni los sindicatos se atreven a convocar la Huelga General. Su dependencia de las subvenciones estatales les ha llevado a una identificación excesiva con un gobierno débilmente socialdemócrata, y en este momento no gozan de la credibilidad necesaria para provocar la contestación popular. Por otra parte, el sindicalismo de clase se ha convertido en un sindicalismo de empresa: se movilizan los empleados de un centro de trabajo ante un cierre o un ERE, pero eso no provoca la solidaridad automática de los demás trabajadores. En una sociedad tan estratificada como la actual, el concepto de clase se ha diluido. La dualidad creciente entre obreros empleados y desempleados identifica a las centrales sindicales con la defensa de los primeros y el olvido de los segundos.

Por ello, observamos cómo las respuestas a la crisis son mucho más individuales que colectivas: cada uno se busca su salida, lo que detrae energías para una contestación masiva. La escasa asistencia al reciente Primero de Mayo es un ejemplo de la apatía y del desinterés de muchos ciudadanos por articular una respuesta de clase o cívica contra la crisis. Ni los sindicatos ni las izquierdas están en condiciones de movilizar a la sociedad. La supuesta izquierda gobernante es la que, con todo el dolor de su corazón, recorta los derechos sociales como les mandan los mercados y la UE; y la izquierda alternativa no encuentra ni su espacio ni su discurso, envuelta en interminables refundaciones y peleas internas. A falta de líderes y de un discurso coherente, el juez Garzón se erige en icono de una izquierda que se moviliza por causas del pasado más que del presente.

El alumno de Filosofía, impecable en su discurso cívico, confía en las posibilidades de Internet y de la democracia participativa. Cuidado: la red abre espacios de democracia de opinión, pero no necesariamente de movilización. En términos de Manin (**), amplía los márgenes de la democracia de audiencia, pero no de la participativa. Podemos expresar abiertamente nuestra opinión más radical e intransigente en los numerosos foros abiertos en la red, pero no está claro que eso inquiete a los poderes financieros si no se traslada a la calle.

En cuanto al desarrollo de la democracia participativa y deliberativa, la Ciencia Política sigue analizando más o menos los mismos casos desde hace años: los ensayos de democracia local en Porto Alegre y el Suroeste de Brasil, el voto electrónico y las listas independientes de los caucus norteamericanos, la elaboración social y abierta de los presupuestos en algunos ayuntamientos, y las consultas que de vez en cuando se convocan en diversos municipios. La democracia participativa se mantiene en un contexto local y en una fase experimental. La representativa, por su parte, sigue mediatizada por las élites de unos partidos cerrados, poco flexibles al debate interno y reacios a las listas abiertas y desbloqueadas. Mediante las redes clientelares que extienden en los territorios que gobiernan, estrechan sus relaciones con los poderes económicos. Los sistemas de partidos nacionales están bien encauzados por las élites dirigentes, y mientras tanto la Unión Europea sigue con su déficit democrático. La ofensiva actual del neoliberalismo contra el poder político hace que el mercado condicione al Estado y la economía a la política, cuando debería ser al revés. La democracia liberal acaba siendo una quimera. En esto, no le faltaba razón a Marx.

Por lo tanto, muchos ciudadanos conocemos el problema y acordamos el diagnóstico: el capitalismo no funciona, es injusto y socava la democracia: hace falta una alternativa. Pero ¿quién la define, quién la defiende y quién la aplica?

El comunismo fracasó y la socialdemocracia se ha vendido. ¿Quién le pone el cascabel al gato, y cómo ha de ser este cascabel? Sinceramente: no lo sé. Hay activistas, políticos y un pensamiento económico de izquierdas. Pero no hay líderes ni organización. No falta la alternativa teórica, sino la práctica.

Falta el referente. Y falta lo básico, el agente protagonista: el pueblo, cuya soberanía está en discusión y no hace gran cosa por evitarlo. Por desidia, por desengaño, por cansancio o por individualismo, no se prevé una contestación social en un país con casi cinco millones de parados. Con la que está cayendo, la pasividad es la nota dominante. La actitud de la clase política no es modélica, el desencanto derrumba la esperanza, la educación se resiente y la televisión nos inunda con programas en los que los modelos sociales son personajillos que triunfan sin estudiar ni trabajar. Programas deleznables que son vistos diariamente por millones de personas.

Nuestro entorno cultural no es cívico, crítico y social, como en el norte de Europa. Nuestro entorno cultural es consumista, materialista, individualista y, en cierta medida, comprensivo con la corrupción. La corrupción económica, la política y la cultural es la que define en buen grado esa mano invisible de la que antes hablaba, y que penetra en todos los resortes del poder. Este es el entorno que nos envuelve, en el que vivimos y respiramos. Es un entorno cultural capitalista, y no es fácil impedir que nos contamine. La izquierda alternativa juega, voluntariosamente, en terreno visitante. El resultado es una encrucijada pirandelliana: o la izquierda no encuentra a su pueblo, o el pueblo no encuentra a su izquierda. Económicamente, el pueblo no se plantea otro sistema, y políticamente vota a una izquierda de mentirijillas para que no gane la derecha de verdad. Las diferencias políticas cada vez son más inapreciables, pero aún nos creemos que sirve de algo votar a Sagasta para que no gane Cánovas.

Hace más de treinta años, Lluís Llach nos contaba, en Damunt d´una terra, que la gente lo tenía más claro: “en Maurici sap molt bé / que si només dubta poca cosa té / En Maurici sap què fer/ trobarà els companys i sortirà al carrer” (“Mauricio sabe muy bien / que si sólo duda poca cosa tiene / Mauricio sabe qué hacer / encontrará a los compañeros y saldrá a la calle”).

Mauricio sabía qué hacer: no dudar y salir al encuentro de la gente. Entonces la gente, los compañeros, estaban ahí. Hoy están viendo la tele, tomando unas cañas, preparando las próximas vacaciones o buscándose la vida como pueden, que no es poco. La gente está demasiado ocupada para pensar en revueltas contra el sistema. Por favor, no molesten.

Nota:

(*) Smith, Adam (1776, ed. 2009), Una investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, Madrid, Alianza Editorial. 

(**) Manin, Bernard (1998), Los principios del gobierno representativo, Madrid, Alianza Editorial.

FMI y UE nos imponen un plan de ajuste tipo años 80 y 90 en America Latina o Africa

FMI y UE nos imponen un plan de ajuste tipo años 80 y 90 en America Latina o Africa

Carlos Martínez

El FMI no tiene bastante con el plan de ajuste del gobierno de España. Quiere más, es decir, más facilidad en el despido, rebajas salariales también en el sector privado, coincidiendo, cómo no, con la CEOE; y, en suma, la aplicación del programa oculto del PP por parte del PSOE, con lo que matará a dos pájaros de un tiro (el PP, claro).

El FMI impone un plan tipo, como en su momento a la Argentina de Menem, Ecuador o el África Subsahariana. A saber, eliminación del sector público y fin de la inversión pública en infraestructuras y laminación del Estado del Bienestar. Estos planes del FMI nunca han dado más resultado que hacer más pobres a los pobres y, claro, salvar el capitalismo mediante la aplicación de una terapia de shock neoliberal, tal y como hace poco analizó Noemí Kleyn. Esto es lo que ahora le espera a España, a Grecia, etc, etc.

La orgullosa Europa, ya sin colonias, colonia ella de los EE.UU, sucumbe ante una crisis financiera y una deuda pública generada precisamente por salvar con dinero público a los bancos especuladores, y por las bolsas de Nueva York, Londres y Frankfurt. El rescate de los bancos y la gran injusticia fiscal reinante son la causa de todo.

La solución FMI es simple, dicho sea con mucho respeto por la milenaria cultura china: trabajar como chinos, cobrar como chinos y comer como chinos, pero, eso si, sin la banca pública china.

Mientras tanto, la izquierda, excepto en Grecia, no encuentra su camino. Se pretende dividir a las clases trabajadoras entre funcionarios “privilegiados” y obreros sufridores de ellos y sus ventanillas. Aquí los únicos privilegiados son los banqueros.

El Capitalismo Mundial ha organizado una respuesta sin precedentes en las potencias centrales, señalando también de esta forma su decadencia y declive. El capitalismo agotado pretende morir matando. Cuando los planes de ajuste fallen, empezarán las guerras. Esto es el capitalismo. ¿De verdad pensáis que hay que salvarlo?


Hemos de reaccionar y ya.

El FMI ha venido para quedarse: brutal ataque neoliberal contra el Estado Español

El FMI ha venido para quedarse: brutal ataque neoliberal contra el Estado Español

Pedro Antonio Honrubia

El FMI ha instado hoy al Gobierno Español a aplicar reformas "urgentes y decisivas" para "reequilibrar la economía" e "impulsar la confianza", entre las que destacan las peticiones de incrementar la flexibilidad del mercado laboral, lograr la consolidación fiscal, así como la de reformar y consolidar el sector bancario para reforzar su solvencia y eficiencia.

No hace falta ser demasiado astuto para darse cuenta, a la luz de los últimos acontecimientos, que estos avisos del FMI son el paso previo para que el gobierno neoliberal de Zapatero vaya implementando una por una las peticiones que se le hacen llegar desde sus amos en Washington. 

Estemos, pues, preparados para el nuevo paquete de reformas neoliberales que han de llegar de manera inminente, con una reforma laboral y un paquete de medidas fiscales que pondrán en jaque el Estado del bienestar, y, con ello, muchos de los logros alcanzados por el movimiento obrero en décadas de lucha por la defensa de sus derechos e intereses económicos y laborales. 

Sepan de antemano que cuando el FMI habla de reformas laborales, está hablando, sin tapujos, de una regulación en el marco de las relaciones laborales que dé plena libertad a los empresarios para despedir y contratar fuerza de trabajo a su antojo, con un abaratamiento de los costes del despido, una flexibilización de la normativa jurídica para permitir la aceleración de los procesos de despido, y, sobre todo, nuevos marcos contractuales para fomentar el trabajo precario y establecer nuevos mecanismos que permitan al empresario encontrar las fórmulas necesarias para reducir el coste de los salarios. Todo ello, supuestamente, con el fin de agilizar el "mercado" de trabajo para que aumente así el ritmo de contrataciones y la creación de empleo. Viejos eufemismos que esconden un aumento regulado de la explotación laboral, aumentando la legitimación legal de la misma.

Sepan también de antemano, que cuando el FMI habla de lograr una consolidación del régimen fiscal, esto pasa por aumentar los impuestos directos e indirectos a las clases trabajadoras, mientras se descarga la presión fiscal sobre empresas y grandes patrimonios con el fin de, supuestamente, fomentar la inversión y permitir así la creación de nuevos puestos de trabajo. Viejas recetas para que los ricos no se lleven su dinero a terceros países en tiempos de crisis, haciendo recaer con ello la recaudación de dinero público casi exclusivamente sobre las espaldas de los trabajadores, desempleados y pensionistas.

Sepan, por supuesto, que nada de lo aquí escrito nos lo estamos inventado nosotros, sino que es el manual de acción neoliberal que han seguido todos los países que han tenido que hacer frente a este tipo de peticiones del FMI durante las últimas tres décadas, tanto en el mundo desarrollado, como, sobre todo, en los países empobrecidos de la periferia capitalista. La década de los 90 en América Latina fue un buen ejemplo de ello, aunque los hay muchos más en todas las partes del mundo, desde las medidas aplicadas por los gobiernos de Margaret Thatcher y Ronald Reagan en Reino Unido y los EEUU desde principios de los 80, a las múltiples imposiciones hechas a todos y cada uno de los países africanos a través de los denominados Programas de Ajuste Estructural (PAE). Eso, ni más ni menos, es lo que está sufriendo ahora el Estado Español: un Programa de Ajuste Estructural en toda regla impuesto por el FMI y sus palmeros. Neoliberalismo en su más pura esencia.

"No es momento para aumentar los impuestos a los ricos", decía recientemente Zapatero en sus consejo de ministros. Ahora, pues, pueden saber por qué: es momento de aplicar el manual neoliberal que desde el FMI y la UE están imponiendo al protectorado español ahora gestionado por Zapatero. El primer paso ya se ha dado con el paquete de recortes aprobado por el Gobierno la semana pasada. Ahora vienen de manera inminente el resto de medidas obligadas por el FMI y la UE, reformar las leyes que regulan "mercado" laboral y  aumentar la presión fiscal de los trabajadores y trabajadoras. El aumento del IVA previsto para el próximo mes es sólo el primer paso de una cadena de reformas que van a dejar al Estado Español en manos de las instituciones financieras internacionales y los mercados de la especulación capitalista del mundo globalizado.

El Estado Español está sufriendo el peor ataque neoliberal que se recuerda en toda su historia, y los sindicatos del régimen siguen pensando que no hay espacio aún para una Huelga General. También ellos, obviamente, son conscientes de que no hay más remedio que obedecer lo que mandan desde el FMI y la UE, pues el Estado Español hace mucho tiempo que perdió su soberanía e independencia económica, y, entre otras cosas, enfrentarse a lo que ordenan desde el FMI y la UE supondría perder las jugosas subvenciones públicas de las que viven y se alimentan estos sindicatos entreguistas y traidores de la clase obrera. 

O hacemos algo de manera urgente para combatir este brutal ataque neoliberal, o podemos acabar como Argentina en el año 2000, y no es ninguna exageración. Ustedes mismos.

Cuando a la riqueza se la llama escasez

Cuando a la riqueza se la llama escasez

Nada podría ser más penoso que seguir considerando la actual encrucijada política como una crisis de empleo o según las reformas precisas para salvar una máquina económica atorada. En los cerca de dos años y medio que llevamos desde que se declarasen los primeros síntomas de esta nueva Gran Depresión, hemos pasado de la negación al desconcierto, de la desesperación a los “brotes verdes”, y de la esperanza de una pronta salida, a una situación de estancamiento continuo que seguramente llevará varios meses, cuando no años. Y sin embargo, no ha faltado tiempo a reformistas e izquierdistas para proclamar la vuelta al keynesianismo –en el que, ciertamente, gracias al gasto público deficitario se ha logrado contener los impactos más duros– e incluso para proclamar la muerte del capitalismo financiero y el fin de la era neoliberal. Se equivocan.

Dicho en términos clásicos, la actual fase del capitalismo hace imposible todo retorno a un capitalismo bueno basado en la producción industrial y a un nuevo reparto entre salarios y capital –¡qué justicia!–, que nos devuelva a la buena senda de inversión en formación y mejoras de la productividad.

Si hemos entrado de lleno en eso que, con este curioso ‘palabro’, llamamos financiarización, es porque la vieja situación del capitalismo industrial, basada en la continua aceleración de la producción y circulación de mercancías como base de la obtención de beneficios, se ha vuelto cada vez más difícil.

Aunque se observe el crecimiento acelerado de los BRIC (Brasil, Rusia, India, China), precisamente apoyado en la captura y desarrollo de viejas y nuevas líneas de producción industrial, la base de las llamadas ‘economías avanzadas’ transcurre por una senda de performances modestas, crecimientos casi nulos y situaciones que basculan entre la deslocalización industrial y el desarrollo de las nuevas economías cognitivas que nunca acaban de despegar del todo.

Ésta es la principal conclusión de nuestra posición actual en la historia del capitalismo: la financiarización es el resultado de una crisis subyacente de los mecanismos de realización capitalista, o de forma más clara de la posibilidad de obtener beneficios por la vía clásica de la producción y circulación de bienes y mercancías. Cuando en la principal economía del planeta más del 60% de los beneficios empresariales se producen por vías financieras, y cuando en una economía como la española esta proporción es incluso mayor –siempre a condición de que se añadan las plusvalías del, hasta hace poco, próspero mercado inmobiliario–, no cabe ya distinción alguna entre una economía productiva –buena– y una parasitario-financiera –mala–. Empresas y grandes corporaciones obtienen tanto o más beneficios por la negociación de acciones, futuros y compra-venta de bienes inmuebles que por su producción propiamente dicha.

La crisis de realización por vías convencionales liquida también uno de los espejismos más poderosos del consenso económico, a saber: la promesa de que el capitalismo, o mejor de que la organización de la producción por medios capitalistas, apuntaba a un horizonte de creciente abundancia de bienes materiales que más pronto que tarde acabarían por desparramarse a toda la humanidad.

Más allá de los desastres ambientales y sociales que ha producido el progresismo desarrollista, la financiarización es el estricto opuesto a esta promesa. La nueva centralidad de la renta como forma prototípica del beneficio empresarial –e incluso del salario– nos devuelve a los tiempos de la violencia originaria y a la creación de condiciones de escasez allí donde no existían. Efectivamente, la exigencia de la financiarización es la de un movimiento de aceleración perpetuo. Es necesario que una parte cada vez mayor de la actividad económica sea abstraída y gobernada por medio de útiles financieros, para que la capacidad de extracción de beneficio sea siempre más alta.

Naturalmente escasos

En estricta continuidad con este programa, la urgente colonización financiera de todas las esferas económicas tiende a abrir la vida –y todos los medios necesarios para su existencia, como la vivienda, las pensiones, la educación, el conocimiento– a prácticas de ingeniería financiera que además de acelerar notablemente la velocidad de intercambio –la liquidez– de bienes y servicios representados ahora en forma de títulos fiduciarios –hipotecas, fondos de pensiones, becas préstamo, derechos de propiedad intelectual–, deben ser vueltos naturalmente escasos.

Tal es la violencia que marca nuestro tiempo: la condición de partida de la financiarización está en la reintroducción de condiciones de escasez relativa allí donde ésta no existía, o estaba parcialmente bloqueada, ya sea porque era provista por medios colectivos de garantía –como el Estado de bienestar– o por mecanismos propiamente comunales de organización –como es el caso del conocimiento en la Red o de buena parte de los recursos naturales del planeta–. Nada que no sea escaso puede tener un precio, y nada que no pueda tener un precio puede ser negociado en un ningún mercado.

En este contexto, es preciso reconocerlo, el único debate que resulta ahora pertinente es el de cómo distribuir la enorme riqueza que efectivamente existe a nuestro alrededor, pero sobre la que se insiste en mantener mecanismos privativos y excluyentes dirigidos a fomentar la extracción de beneficio por medios cada vez más crueles. El problema no es, por lo tanto, que las pensiones vayan a ser menguantes en la próxima década, y que con ello desviemos nuestro dinero –o el de las clases medias– a fondos de pensiones que son negociados por entidades financieras y sindicatos, cuando las pensiones se podrían financiar por vía fiscal sobre las rentas de capital, prácticamente libres de impuestos.

El problema tampoco es que la educación o la sanidad públicas ya no se puedan pagar, y que por eso hay que privatizarlas o reducirlas, cuando en el caso español éstos son capítulos de gasto inferiores a la media europea, y parece que siempre ha habido dinero para los más generosos rescates bancarios y para infraestructuras imposibles (ya somos el país del mundo con mayor número de kilómetros de alta velocidad: ¡triste premio para los amantes del tren!).

El problema tampoco es, de ninguna manera, que no haya viviendas en el país europeo con mayor número de viviendas por habitante y con el mayor parque de viviendas vacías, sino que la vivienda se ha convertido en el bien básico para una especulación institucionalizada que ha hecho aumentar su precio hasta cotas imposibles.

Y por supuesto, el problema no es que no haya trabajo –¿quién acepta trabajar de buena gana?–, sino que el trabajo precarizado e infrapagado sea casi la única vía de obtención de renta para los más pobres. La única cuestión política aquí consiste sencillamente en cómo apropiarnos de una riqueza que se expresa cada vez más en términos financieros.

Hay un aforismo de la China maoísta que dice: “El problema no es la pobreza sino la desigualdad”. Con ello se resalta, o al menos nosotros queremos leerlo así, que lo que hace completamente intolerable un contexto social son las desigualdades aberrantes que siempre cabalgan unas sobre otras. Podríamos desviar esta sentencia para traducirla a nuestras condiciones actuales: “El problema no es la escasez –porque ésta sencillamente no existe–, sino la distribución de la riqueza”.

Fuente: https://www.diagonalperiodico.net/Cuando-a-la-riqueza-se-la-llama.html

A propósito de la crisis griega:Por un concepto extenso de socialismo

A propósito de la crisis griega:Por un concepto extenso de socialismo

Francisco Umpiérrez Sánchez

Rebelión

Antecedentes

Uno: Participo en un foro de economistas marxistas moderado por Diego Guerrero. Ahí mantengo una lucha de ideas acerca de particularizar las luchas contra el capitalismo. Defiendo que si las luchas teóricas no se particularizan, si solo se lucha contra el capitalismo en general y se ve al capitalismo como un bloque compacto, estamos promoviendo la inacción. Dos: Estoy estudiando el capítulo II de la sección tercera del Anti-Dühring de Engels, de donde he extraído ese concepto extenso de socialismo que sirve de título a este trabajo. Y tres: Leí con interés y entusiasmo el “Comunicado de ATTAC España sobre Grecia y los ataques especulativos al euro”, que fue publicado en Rebelión el 10 de mayo de 2010. Dicho comunicado lo reenvié al foro mencionado arriba acompañándolo del siguiente mensaje: una respuesta particular a una situación particular.

Una cuestión de fondo

Sin duda que lo mejor, a los ojos de un economista marxista, es que el capitalismo desaparezca de la faz de la tierra y en su lugar aparezca una exitosa sociedad socialista. Pero no se puede vivir de las palabras ni de sueños. Hay que mirar a la realidad y calibrarla tal y como es. Si la única lucha que puede librar la izquierda marxista es la destrucción del capitalismo, entonces esto significa no hacer nada. Supone quedarnos con los brazos cruzados y contribuir a la inacción. Y ante esto sin duda que es mejor cualquier otra cosa y que no es poca cosa: reformar el capitalismo. Una de esas luchas reformistas y en la que se quiere poner al frente ATTAC España es la reforma del mercado financiero. Es una buena causa como lo fue en su tiempo la lucha por la jornada laboral de ocho horas o la lucha por una sanidad pública. Y aclaro: la lucha por reformar el capitalismo no supone abandonar la idea de que el capitalismo haya que transformarlo en socialismo. Pero mientras esa posibilidad llega, habrá que hacer algo que mejore la suerte y el destino de la humanidad.

Un ejemplo analógico

Todo objeto con masa ejerce una fuerza de gravitación sobre cualquier otro objeto con masa. La Tierra tiene en relación con los seres humanos una fuerza de gravitación inmensa. De hecho si nos asomamos a la ventana y soltamos el vaso que tenemos agarrado con la mano, cae al suelo y se hace trisas. Se pone así de manifiesto la enorme fuerza de gravitación de la Tierra. La centralidad de esta causa en la caída de los cuerpos nadie la pone en duda. Siendo cierto el papel central que desempeña esta fuerza en la caída de los cuerpos, no por ello debemos despreciar o ignorar multitud de otras causas.

Un señor muy embriagado se asoma al balcón. La barandilla sólo le llega a la cintura. Se asoma más de lo conveniente y sin poderlo evitar, porque el alcohol ha mermado sus fuerzas y sus sentidos, se precipita al vacío y muere. Sin duda que la causa de este accidente debemos situarla en la embriaguez del sujeto víctima del accidente. A nadie se le ocurriría decir que la causa fue la ley de la gravitación universal. No obstante, esa causa está presente; si no estuviera presente, nada caería. Pero no es la causa inmediata de la caída del hombre embriagado. Un segundo ejemplo: un señor se asoma a un balcón de una casa muy vieja. De forma tal vez imprudente se apoya en la barandilla y ésta cede y se rompe, con tan poca fortuna que el hombre se precipita al vacío e igualmente muere. Aquí también ha estado presente la fuerza de gravitación universal, pero no ha sido la causa inmediata de la caída del señor, sino el estado precario en el que se encontraba la barandilla del balcón. Un tercer ejemplo: un señor se asoma a un balcón de una vivienda situada en la undécima planta de un edificio. De forma silenciosa otro señor se aproxima por detrás y empuja al primero, éste se precipita al vacío y muere. Sin duda que de nuevo está aquí presente la fuerza de gravitación universal, pero no es la causa inmediata de la caída. La causa inmediata es el señor al que debemos catalogar de asesino.

Supongamos que hay un partido, al que llamaremos el partido defensor de la centralidad, que defiende a capa y espada que la causa central en todos los casos mencionados la tiene la fuerza de la gravedad, y que las demás causas carecen de valor científico en la explicación de los hechos. ¿Qué consecuencias lleva aparejada mantener tal posición? Pues dejar de lado las causas inmediatas de los accidentes y no hacer nada por la solución particular de los problemas particulares. Supone negar la particularidad de los problemas y centrarse sólo en su causa general. Supone no reformar el mundo. He relatado tres accidentes y en cada uno de ellos ha actuado una causa inmediata distinta: en el primero la causa inmediata fue la embriaguez de la víctima, en el segundo caso fue el mal estado del balcón, y en el tercer caso la causa inmediata fue un asesino. Como el mundo hay que reformarlo y no solo revolucionarlo, una sociedad civilizada tendría que poner soluciones a estos males y tomar las medidas oportunas para cada caso. Para el caso de la persona embriagada tomará medidas contra el consumo de alcohol o dictará normas para que las barandillas de los balcones sean más altas; para el caso del balcón en mal estado tomará medidas para que las viviendas sólo puedan ser habitadas después de una inspección que mida el grado de seguridad y estado de construcción de los balcones; y para el tercer caso pondrá en marcha el aparato policial para que el asesino sea capturado, juzgado y encarcelado.

La ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia

En el pensamiento económico de Marx la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia ocupa un papel estelar. De todos modos, a mi juicio, muchos marxistas han desproporcionado el papel de esta ley en el capitalismo e incluso la malinterpretan. Su esencia consiste en lo siguiente: conforme el capitalismo avanza la inversión en maquinarias e instalaciones (capital constante) crece proporcionalmente más que la inversión en fuerza de trabajo (capital variable). Pero como la ganancia (o plusvalía) sólo brota del capital variable, la ganancia arrojada por el capital global será menor. Hay aquí, no obstante, que precisar algunas cuestiones: hay que precisar que no es lo mismo hablar en términos relativos que en términos absolutos. Pongamos un ejemplo y así despejaremos todas las dudas. Supongamos que en 1960 hay una nave de 500 metros cuadrados donde la inversión en capital constante asciende a 60.000 de euros y la inversión en fuerzas de trabajo asciende igualmente a 60.000 euros. En 1960 había contratado en esa empresa 10 trabajadores que “costaban” anualmente 6.000 euros cada uno. En 1970 los dueños de esta empresa se hacen con una nave de 50.000 metros cuadrados donde la inversión en capital constante asciende a 6 millones de euros y la inversión en mano de obra asciende a 600.000 euros. En 1970 había contratado en dicha empresa 50 trabajadores que “costaban” anualmente 12.000 euros cada uno. ¿Qué nos dicen estos datos? Que el capital constante ha aumentado 100 veces, de 60.000 euros a 6.000.000 de euros, mientras que el capital variable ha aumentado sólo 10 veces, de 60.000 euros a 600.000 euros. Si en términos relativos es cierto que el capital variable ha disminuido respecto del capital constante, en términos absolutos el capital variable ha aumentado 10 veces.

Sigamos: la cuota de ganancia se obtiene dividiendo la ganancia por el capital total desembolsado. Y el capital total desembolsado es la suma del capital constante y del capital variable. Supongamos una tasa de explotación del 100 por ciento. De manera que los 10 trabajadores que “costaban” en conjunto 60.000 euros producían una ganancia de 60.000 euros, mientras que los 50 trabajadores que costaban 600.000 euros producían una ganancia de 600.000 euros. En 1960 la cuota de ganancia era del 50 por ciento, que resulta de dividir la ganancia (60.000 euros) por el capital total desembolsado (120.000 euros), mientras que en 1970 la cuota de ganancia era del 9 por ciento, que resulta de dividir la ganancia (600.000 euros) por el capital total desembolsado (6.600.000 euros). ¿Qué conclusiones extraemos de estos datos? Que mientras la cuota de ganancia ha disminuido el 41 por ciento, la masa de ganancia ha aumentado el 10 por ciento. De manera que en principio la disminución de la cuota de ganancia supone un aumento de la masa de ganancia. Si la masa de ganancia no aumentara, sería imposible la reproducción ampliada, sería imposible que los negocios de hoy fueran más grandes y facturan más que los de ayer. Esto es conveniente precisarlo porque muchos marxistas dan a entender que la disminución de la cuota de ganancia supone ipso facto la disminución de la ganancia. Esta disminución progresiva de la cuota de ganancia es observable fundamentalmente en el sector industrial, por ejemplo en el sector automovilístico; ahí se manifiesta de forma muy remarcada. No ocurre lo mismo en el sector de la construcción y mucho menos en el sector de servicios. Las condiciones técnicas de la producción de inmuebles impiden que muchas operaciones, como la de levantar paredes, se automaticen por medio de maquinarias.

No obstante, a pesar de lo dicho, muchos marxistas se empeñan en demostrar que al final la masa de ganancia termina disminuyendo y que la ley de la tendencia decreciente de la cuota de ganancia es la causa central de las crisis en el capitalismo. (Yo creo que la causa principal de la crisis se encuentra en la contradicción entre producción y consumo, pero bueno, dejemos esto para otro debate y supongamos que tengan razón). Sigamos. Gérard Duménil y Dominique Lévy en el capítulo III de su libro “Crisis y salida de la crisis” se expresan en los siguientes términos: “Esta primera investigación termina, pues, afirmando un diagnóstico: la centralidad de la tasa de ganancia en la explicación de la crisis, de la pérdida de ritmo de la acumulación y del ascenso del desempleo”. Esta opinión es compartida por muchos marxistas célebres. Pero todos incurren el error en el que incurría el partido de la centralidad del ejemplo analógico: pierden de vista lo particular de cada crisis y, en consecuencia, no defienden medidas particulares. Para ellos defender medidas particulares contra la crisis es hacerle el favor a la burguesía y cargar de ilusiones infundadas a los trabajadores. Para mí, por el contrario, a lo que llevan todos estos defensores de la centralidad de la tasa de ganancia es a la inacción. A estos teóricos marxistas les cuesta muchísimo centrarse en lo particular y hacer defensas de políticas particulares. Para ellos las vanguardias marxistas lo único que pueden defender es la destrucción del capitalismo, esto es, lo único que pueden hacer es lanzar palabras muy sonoras al viento.

Compruebe, estimado lector, la diferencia entre estas ideas de la centralidad de la ley de la tendencia decreciente de la cuota de ganancia y el comunicado de ATTAC del que les hablé al inicio de este trabajo, compruebe la diferencia entre las generalidades y las particularidades. Les transcribo uno de sus fragmentos: “En este enfrentamiento entre la ciudadanía y los especuladores financieros estos han ganado la batalla en 1992 y 1993 en Europa; en 1997 y 1998 en la mayoría del sudeste asiático, pero no en China, que controla políticamente su política monetaria y a su Banco Central, ni a quién impuso controles al movimiento de capitales. Vencieron en Argentina, Rusia y Méjico; pero fueron vencido por Lula en Brasil que impuso una tasa del 1,5% a la especulación financiera con su deuda soberana, y por Correa en Ecuador, que se negó a reconocer la deuda sin una auditoría previa, y no se atreven con Bolivia. Como demuestran todos los países que han combatido con éxito la actual crisis, son los bancos públicos, la regulación y control político de su sistema financiero e, incluso, un impuesto a la especulación financiera como el vigente en Brasil del 2% lo que explica su escasa incidencia y rápida recuperación”. Pero para los marxistas defensores de la centralidad todas estas propuestas de ATTAC España no sirven sino para ayudar al capitalismo y para crear falsas ilusiones en la gente. No obstante, a mi juicio, los que se equivocan y de manera profunda son los marxistas pertenecientes al partido de la centralidad, que se niegan a ver las causas inmediatas de la crisis y la necesidad de tomar medidas prácticas contra ellas.

Por un concepto extenso de socialismo

Después de que Engels, en el capítulo “Cuestiones teóricas” de su texto titulado “Anti-dühring”, afirmara que la burguesía tuvo que destruir las relaciones de producción feudales para que las fuerzas productivas se desarrollaran con total libertad, dice lo siguiente: “Las nuevas fuerzas productivas han rebasado ya la forma burguesa de su aprovechamiento; y este conflicto entre fuerzas productivas y modos de producción no es un conflicto nacido en la cabeza de los hombres, como el del pecado original humano con la justicia divina, sino que existe en los hechos, objetivamente, fuera de nosotros, independientemente de la voluntad y el hacer de los hombres mismos que lo han producido. El socialismo moderno no es más que el reflejo mental de ese objetivo conflicto, su reflejo ideal en las cabezas, por de pronto, de la clase que lo sufre directamente, la clase trabajadora”.

¿Cuál es sin duda la gran fuerza productiva de la última década? La globalización. Ya lo fueron en el siglo XVI el descubrimiento de América y el mercado mundial. La globalización ha permitido, aunque sólo sea esto, reunir los recursos monetarios de todo el mundo para invertirlos en el desarrollo económico. Ha pasado incluso lo impensable: que los ahorros de los países en vía de desarrollo han servido para desarrollar la economía de los EEUU. El euro es uno de los grandes y nuevos productos sociales del mundo contemporáneo. Expresa la aspiración de 27 pueblos de Europa a constituir una unidad económica. Su dimensión social es tan grande que sería una inconciencia por parte de las instancias gubernativas europeas permitir que se especule con dicha moneda. Pero los mercados financieros, con los especuladores a la cabeza, lo hacen y ponen en peligro la estabilidad económica de 500 millones de personas. Ponen en riesgo la unidad de Europa, ponen en riesgo el euro y quieren socavar la soberanía de los Estados. De este conflicto es del que habla Engels. Es un conflicto entre el desarrollo de las fuerzas productivas, -sin duda que la globalización podría ayudar a la humanidad a vivir un periodo de auge en el crecimiento económico sin precedente y representa una oportunidad única para reducir la pobreza en el mundo- y el modo que tiene el capitalismo de producir la riqueza. Y el reflejo de esta contradicción en la cabeza de los hombres y mujeres del mundo entero debemos llamarlo, siguiendo a Engels, socialismo. Así que todas las organizaciones sociales que luchan contra los especuladores y contra los males generados por la globalización, todos los reformadores del capitalismo que buscan el fortalecimiento del Estado frente a los mercados, y muchas otras fuerzas sociales y personalidades independientes que buscan la mejora de la humanidad, pertenecen, de acuerdo con esta definición amplia facilitada por Engels, al socialismo.

Aunque los marxistas en la práctica no representan nada, no obstante, quieren teóricamente representarlo todo. Creen que sólo ellos pueden conducir exitosamente a la humanidad hacia el socialismo. Creen que sólo ellos tienen la verdad del capitalismo entre sus manos. Y todo lo que no sea socialismo marxista, es considerado socialismo no verdadero, que en nada ayuda a la clase obrera en su toma de conciencia sobre su papel en la historia. Pero a los marxistas no les quedará otro remedio que considerarse una sola de las corrientes del socialismo moderno, una sola de las corrientes que reflejan la contradicción entre el desarrollo trepidante de las actuales fuerzas productivas y el modo capitalista de producir riqueza. Si no lo hacen así, el sectarismo se apoderará aún más de ellos y permanecerán para siempre aislados.

Una cosa es Marx y otra los marxistas. Una cosa es Lenin y otra los leninistas. Pero los marxistas y los leninistas hablan como si fueran Marx y Lenin e incluso como si fueran más que Marx y Lenin. La soberbia teórica que padecen algunos teóricos marxistas los lleva inconcientemente al desprecio de las demás formas de pensar. Les cuesta ver que desde otros puntos de vistas, desde otras percepciones y conceptos, se pueden ver y conocer cosas del mundo que ellos no ven ni conocen. Y también les cuesta comprender que bajo el punto de vista práctico hay muchas fuerzas sociales no marxistas que dan pasos muchos más decisivos en el camino del socialismo que las fuerzas marxistas. Sólo basta pensar en Venezuela y en Hugo Chavez. Lo he dicho en otras ocasiones: muchos marxistas están atrapados en el socialismo solo pensado, en el socialismo carente de vida y de práctica, en el socialismo donde todo ocurre a la perfección. Y desde ahí, desde un espíritu encarcelado en verdades puras, nada hay en la realidad que tenga valor, nada sirve. Es la forma sectaria de existencia del pesimismo sobre el socialismo.

Un ajuste que no toque el gasto social sí es posible

Un ajuste que no toque el gasto social sí es posible

Público

Economistas de izquierdas plantean posibilidades de recorte para evitar la congelación de las pensiones o la rebaja del salario de los funcionarios anunciadas por Zapatero

12 de mayo de 2010. El Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero anuncia al país que no queda otra que meter la tijera al gasto social. La Unión Económica y Monetaria, ese fortín de estabilidad con el que Europa sueña desde que Nixon hundió el sistema monetario mundial de Bretton Woods (1971), se tambalea. La descoordinación de los presupuestos de los países miembros, algunos como España con el déficit desbocado, descubre una Europa incapaz de impedir que los mercados tumben al euro.

 

Hay que reducir el déficit y la única forma de ser contundente y convencer, asegura el Gobierno, es cortar hasta llegar a la carne (pensionistas, funcionarios, dependencia...). Ya no sirve con ceñir el traje. ¿Seguro?

 

Un grupo de economistas contrarios al capitalismo liberal consultados por Público han encontrado en 48 horas zonas donde ajustar el presupuesto para, si no evitar todas las medidas anunciadas, sí las más dolorosas. En una situación de emergencia como la que obliga al Ejecutivo a pedir los sacrificios que pide, es posible otro ajuste que tenga el efecto inmediato que exige Europa, aseguran. Porque, aunque la verdadera solución, según dichos expertos, pasa por una reforma fiscal que afecte a las rentas más altas, los grandes patrimonios y las empresas con más beneficio, esos cambios no tendrían efecto hasta 2012.

 

El gasto militar es una de las partidas que permite un mayor ajuste

 

Uno de los recortes más polémicos son los 1.500 millones de euros que va a ahorrarse el Estado congelando las pensiones en 2011, medida que no afectará a las mínimas ni a las no contributivas pero que rompe con 25 años de subidas e incumple una norma legal emanada del Pacto de Toledo.

 

Alberto Montero y Alfredo Serrano, profesores de Economía de la Universidad de Málaga y la Pablo Olavide de Sevilla, respectivamente, y miembros de la Fundación CEPS, encuentran un buen pellizco que arrancar al gasto militar. Retirando las tropas de Afganistán, Líbano y Somalia (750 millones de ahorro) y eliminando la inversión en I+D de la industria militar prevista para 2010 (950 millones) se lograría el mismo efecto sobre los presupuestos públicos que congelando las pensiones, comentan.

 

Si se recortan además los 1.400 millones previstos para inversión en armamento este año, añaden, tampoco sería necesario modificar el cómputo de las pensiones (ahorro de 500 millones) ni eliminar la retroactividad de las prestaciones para los dependientes (670 millones).

 

Arcadi Oliveres, profesor de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona, apunta también al gasto militar como la gran partida a recortar, y sugiere que se incluya el gasto pendiente del avión de combate Eurofighter (preveía 10.795 millones hasta 2024) y lo pendiente de los 1.353 millones para 24 helicópteros de combate Tigre.

 

Otra alternativa propuesta por Montero y Serrano es la eliminación de las exenciones que se aplican a los premios de loterías, apuestas y sorteos, que permitiría un ingreso a las arcas públicas de 1.165 millones, suficientes para ahorrarse la mitad del tijeretazo al sueldo de los funcionarios este año (2.250 millones).

 

Josep González Calvet, profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Barcelona, añade la supresión de cargos de libre designación, asesores que los políticos designan a dedo. Según este profesor, en la Administración española (autonomías incluidas) hay unos 25.000 puestos de este tipo, de los que podrían suprimirse 20.000 "sin impacto laboral". Como el sueldo medio ronda los 4.000 euros al mes, supondría un ahorro de 1.120 millones al año.

 

Serrano y Montero descubren otras partidas que podrían contribuir al ajuste, como la eliminación de la casilla de asignación tributaria a la Iglesia católica de la declaración del IRPF, una anomalía del impuesto, ya que permite a un único colectivo la posibilidad de elegir el destino de parte de la recaudación. Con su supresión se incrementarían en 250 millones los ingresos de libre asignación. Si además se suprimiesen los sueldos para los profesores que imparten religión en centros escolares públicos (650 millones al año), ajustándose a las directrices de un Estado laico, se podrían mantener los 600 millones de la ayuda al desarrollo.

 

Los economistas consultados están a favor del recorte farmacéutico (785 millones en dos años) a través de la adecuación de los envases a la duración estándar de los tratamientos y los fármacos unidosis. También defienden la supresión del cheque-bebé, que asignaba la misma ayuda a cualquier nivel de renta.                        

Otra de las partidas más cuestionadas son los 6.045 millones que pretenden recortarse de la inversión pública entre 2010 y 2011. Con la economía saliendo a pedales de la recesión, todos los recortes del gasto público, que equivalen a restar dinero al Producto Interior Bruto (PIB), suponen jugársela a sufrir recaídas. Los más graves son los que afectan al empleo, como la inversión.

 

¿Cómo lograr suplir ese recorte? Montero, Serrano y la catedrática emérita de la Universidad Autónoma de Barcelona Miren Etxezarreta no han tardado en fijarse en el fondo dotado para ayudar al sector financiero a salvarse de sus excesos en los años de la burbuja inmobiliaria.

 

El Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (Frob) recibió, con cargo a los Presupuestos Generales de 2009, una partida de 6.750 millones. Acudir al Frob no es gratis, de hecho tiene un alto precio para las entidades (un 7,75% mínimo a devolver en cinco años), pero los expertos citados no consideran que las arcas públicas estén para soportar esa inversión ni las emisiones de deuda posteriores hasta llegar a una dotación prevista de 90.000 millones.

 

La cantidad ya dotada o parte podría recuperarse ahora que aún no ha sido utilizada (aunque algunas cajas en proceso de fusión ya han pedido parte) en lugar de mandar el eterno mensaje al sector financiero de que sus ganancias son privadas y sus pérdidas, socializadas.

La Union Europea del capital impone al gobierno Zapatero un intolerable ajuste social

La Union Europea del capital impone al gobierno Zapatero un intolerable ajuste social

1.- Las graves medidas antisociales anunciadas por el Presidente de gobierno Zapatero, recorte inmediato del 5% de media del salario de los funcionarios y congelación en 2011, no revalorización el próximo año de las pensiones salvo las no contributivas y pensiones mínimas, recortes a las ayudas para la Dependencia, anulación de la jubilación parcial de la ley 40/2007, eliminación de la prestación de 2500 euros por nacimiento a partir de 1 enero 2011, reducción de 6.045 millones de inversión pública estatal en 2010 y 20111, etc., expresan la capitulación en toda regla del gobierno Zapatero ante las presiones de la Comisión de la UE, del Banco Central Europeo, y del capitalismo internacional.

2.- Los efectos de estas medidas no se limitarán a empobrecer a los más débiles y degradar las condiciones de vida de quienes no tienen responsabilidad en la crisis, tendrán además graves consecuencias económicas, disminuirán el consumo y deprimirán la economía, provocarán la caída de los ingresos que afectará negativamente a la evolución del déficit público, sin que todo ello garantice la superación de los graves desequilibrios económicos y financieros que están en el origen de la crisis específica del estado español, enorme déficit comercial, colosal deuda de las empresas privadas y de las familias fruto del “boom” inmobiliario, incremento de la deuda pública, rápido crecimiento del déficit público, deterioro de la solvencia bancaria (especialmente de las Cajas de ahorro), etc.

3.- El conjunto de estas medidas pretende reducir 15.000 millones de euros del déficit público (ahora en el 11,2% según cifras oficiales), pero el objetivo declarado es reducir el déficit hasta el 3% en 2013, lo que anuncia una espiral de sucesivos recortes, despidos, privatizaciones y nuevas agresiones sociales en todos los ámbitos.

En un contexto de turbulencias económicas a escala internacional, de persistencia de los graves problemas que estuvieron en el origen del estallido de la crisis, de aumento rampante de la deuda pública de los estados y de competencia por la obtención de nuevos créditos, la situación económica de la UE se ha convertido en una gigantesca trampa para los estados cuya estructura económica es débil y desigual respecto de los países del eje formado por Alemania y Francia.

El pecado original de la UE, su construcción monetarista y neoliberal, con un presupuesto raquítico del 1% del PIB europeo, es decir, sin un verdadero presupuesto que permitiera una política de modernización y homogeneización de la estructura económica en el conjunto de la UE, sin política fiscal a la altura del proyecto, sin cohesión social suficiente, pone al desnudo la inviabilidad de la UE que conocemos en un contexto de crisis y agotamiento del sistema.

4.- El dilema aparece con toda crudeza, o la UE se reforma de urgencia y se dota de una estructura de gobierno económico capaz de atender los graves desequilibrios provocados y garantizar la cohesión social, el incremento del bienestar social, y el funcionamiento democrático pleno en todos los niveles, o la UE aparecerá ante sectores crecientes de la ciudadanía europea como un instrumento al servicio de los causantes de la crisis que los arrastra a la involución social y económica en una perspectiva sin salida.

Con la crisis regresan los viejos métodos de la dominación colonial dentro de Europa. Grecia queda relegada al papel de una colonia de la UE bajo la estrecha supervisión y dictado de la Comisión Europea, del BC Europeo, y el gobierno de Angela Merkel. Idéntica degradación se impone al resto de países en dificultades. Los presupuestos, cada decisión económica de relieve, será fiscalizada por los organismos técnicos de la UE. Comisiones no electas, sin control democrático de la ciudadanía, decidirán sobre el destino de millones de ciudadanos/as. Los gobiernos de los estados renuncian a gobernar, los Parlamentos del estado y de sus comunidades autónomas quedan limitados al papel de oyentes. La voluntad del pueblo es secuestrada, la democracia se vacía de contenido.

La responsabilidad en la crisis de la UE está ampliamente compartida, los superávits de unos países como Alemania han sido alimentados por los crecientes déficits de otros como es el caso del estado español. Mientras la “fiesta” se prolongaba, ebrios del éxito de la especulación financiera e inmobiliaria, la Comisión, el Consejo de la UE, el Banco Central, los gobiernos de los estados, los amos de las finanzas, bancos y empresas, cerraban los ojos ante una realidad que no podía sostenerse indefinidamente.

5.- Para los “PIIGS”, eslabones débiles de la cadena europea en crisis, el anuncio de medidas de financiación extraordinaria como el fondo de hasta 700.000 millones de euros con participación del FMI, la disposición del BCE para la compra de bonos de los estados más vulnerables, etc., ha sido la coartada para precipitarse en la vía griega de agresiones sociales. Sin embargo, la falta de concreción de tales medidas, la insuficiencia para representar un giro hacia un verdadero gobierno económico y social europeo, las dificultades jurídicas contenidas en el Tratado de Lisboa para avanzar en tal dirección, la disparidad de intereses políticos entre los estados de la UE, junto a la velocidad de la crisis económica que acorta tiempos y márgenes para la acción, y la debilidad de las fuerzas sociales y políticas para impulsar o forzar una refundación democrática, social y solidaria de Europa, sitúan a los países europeos periféricos ante el escenario de romper con la camisa de fuerza que representa el euro y las políticas de ajuste depresivas y antisociales que trata de imponer la UE.

6.- La participación en la UE no puede ser al precio del suicidio democrático, económico y social de la clase trabajadora y de la mayoría ciudadana de los PIIGS, también del estado español. Hay que levantar acta del fracaso de la UE monetaria y neoliberal, y recuperar la capacidad e instrumentos, para salir de la crisis: moneda propia, fiscalidad progresiva y lucha sin cuartel contra el fraude fiscal, Bancos centrales sometidos a la voluntad democrática ciudadana, políticas de inversión públicas y gasto social suficientes que incrementen la demanda, reparto del trabajo para trabajar todos mediante la reducción radical de la jornada, medidas urgentes de cohesión social como una prestación de empleo indefinida mientras se continúe sin empleo, reconstrucción del tejido económico en la industria, servicios y agricultura, nacionalizar la banca para asegurar la financiación y los créditos especialmente los proyectos de interés general, nacionalización de los sectores estratégicos de la energía y el transporte para que estén al servicio de los intereses colectivos, potenciar los servicios públicos de la salud y educación, por el pleno desarrollo de las políticas sociales y la ley de dependencia, impulso del sector público de las energías renovables, creación de un parque de vivienda de alquiler que atienda las necesidades de vivienda y dé salida a los stoks de edificios sin habitar y de valor menguante, reducción de los gastos inútiles de la burocracia, ejército y fuerzas de orden, retirada de las tropas de Afganistán, etc.

La perspectiva de una salida de la crisis fuera del euro y de la UE, no significa apostar por autarquía inviable, debe ser un primer paso para una vez superada la crisis plantear sobre nuevas bases la construcción de una verdadera Europa política, democrática, económica y social, la Europa de la clase trabajadora y la ciudadanía, la Europa socialista y de la solidaridad.

7.- En lo inmediato hay que responder a las medidas de choque antisociales con la movilización general de la clase trabajadora, activos y sin empleo, de los pensionistas, y de la ciudadanía solidaria. Hay que apoyar las primeras movilizaciones que los sindicatos de los empleados públicos anuncian, para extenderlas en una marea que haga incontenible la organización de la Huelga General, las que sean necesarias, hasta que el gobierno Zapatero retire las medidas anunciadas.

En este conflicto el gobierno Zapatero cuenta con el apoyo directo de los gobiernos autonómicos que controla, del Presidente Montilla y el gobierno tripartito de la Generalitat de Catalunya, de la patronal CEOE, también cuenta con la complicidad, en última instancia, de los partidos de la derecha política desde el PP a las organizaciones de la derecha nacionalista que, a pesar de sus proclamas y críticas llenas de cinismo e hipocresía electoralista, comparten con el gobierno social-liberal el sometimiento a las políticas dictadas por la Unión Europea.

En el otro lado de la barricada se encuentran los damnificados por la crisis, las víctimas del “Tsunami” antisocial que se nos echa encima, del atentado a la democracia y la soberanía de la mayoría social y ciudadana de Catalunya, y del resto de pueblos del estado español.

Es hora de elegir, o ser cómplices de los gobiernos social-liberales en una agresión histórica contra el bienestar social de la mayoría, o abandonar la participación en dichos gobiernos para sumarse a la preparación de la movilización general de la clase trabajadora para rechazar la agresión.

Ivan Escofet, Anna Gabarró, Eduardo Luque, Juan Montero, Diosdado Toledano son miembros de la Associació Socialisme XXI de Catalunya

Cuatro firmas ganan en tres meses lo que Zapatero recortará este año

Cuatro firmas ganan en tres meses lo que Zapatero recortará este año

Cuatro grandes compañías cotizadas en el Ibex -Santander, Telefónica, Endesa y BBVA- durante el primer trimestre del año obtuvieron un beneficio superior a todo el ahorro previsto para este año con el ajuste anunciado por el Gobierno español, que recortará pensiones, salarios de empleados públicos y gastos sociales.

Entre estas cuatro empresas, según remitieron a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), alcanzaron un resultado de 6.646 millones de euros, que representa la mitad de los beneficios de todas las empresas del índice bursátil. El ahorro previsto por los recortes de gasto para este año se encuentra en torno a los 5.000 millones de euros.

Según los planes de Zapatero para los próximos dos años, la reducción salarial en el sector público ahorrará 6.750 millones, la congelación de las pensiones prevé ahorrar 1.500 millones y la reducción de las inversiones, otros 6.045 millones. El ajuste total alcanza los 15.000 millones, que se añaden a la reducción de 50.000 millones de déficit que el mandatario español prometió a Bruselas para el periodo 2012-2013.

Entre todas las empresas del Ibex, por su parte, han ganado en un trimestre más de 12.000 millones de euros, un 25% más que en el mismo periodo de 2008, y sólo 3.000 menos que todo lo que se quiere ahorrar en dos años. Las cuatro que más ganaron en el primer trimestre del año fueron el Santander, con 2.215 millones, Telefónica (1.656), Endesa (1.535) y BBVA (1.240). Además, también destacan los beneficios de Iberdrola, con 921,7 millones, y Repsol, con 688. Más de la mitad de las cotizadas aumentaron el resultado respecto a 2008, pero destaca Endesa que lo llegó a triplicar.

Precisamente, dos de los presidentes de estas grandes empresas se sumaron a las presiones sobre el Gobierno español para que adoptara las drásticas medidas de ajuste.

Según «El Confidencial» no sólo el FMI, la Comisión Europea o el presidente de EEUU, Barack Obama, presionaron a Zapatero; también los presidentes del Santander y Telefónica, Emilio Botín y César Alierta, respectivamente, le telefonearon para reclamar medidas de recorte de gasto. Según la misma fuente, las presiones se han sucedido durante varias semanas con varios ministros.

El ahorro en el déficit previsto para los próximos años también se ve superado por cifras como las ayudas públicas a la banca. El sector financiero ya ha recibido unas ayudas del Gobierno español de 61.000 millones y los ajustes que Rodríguez Zapatero se ha comprometido con la UE y el FMI suman 65.000 millones.

Lo que no se dice de la crisis

Lo que no se dice de la crisis

Vicenc Navarro

La crisis que están viviendo algunos países mediterráneos –Grecia, Portugal y España– e Irlanda se está atribuyendo a su excesivo gasto público, que se supone ha creado un elevado déficit y una exuberante deuda pública, escollos que dificultan seriamente su recuperación económica. De ahí las recetas que el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo (BCE) y el Consejo Europeo han estado imponiendo a aquellos países: hay que apretarse el cinturón y reducir el déficit y la deuda pública de una manera radical.

Es sorprendente que esta explicación haya alcanzado la dimensión de dogma, que se reproduce a base de fe (el omnipresente dogma liberal) y no a partir de una evidencia empírica. En realidad, ésta muestra lo profundamente errónea que es tal explicación de la crisis. Veamos los datos.

Todos estos países tienen los gastos públicos (incluyendo el gasto público social) más bajos de la UE-15, el grupo de países más ricos de la Unión Europea, al cual pertenecen. Mírese como se mire (bien gasto público como porcentaje del PIB; bien como gasto público per cápita; bien como porcentaje de la población adulta trabajando en el sector público), todos estos países están a la cola de la UE-15. Su sector público está subdesarrollado. Sus estados del bienestar, por ejemplo, están entre los menos desarrollados en la UE-15.

Una causa de esta pobreza del sector público es que, desde la Segunda Guerra Mundial, estos países han estado gobernados la mayoría del periodo por partidos profundamente conservadores, en estados con escasa sensibilidad social. Todos ellos tienen unos sistemas de recaudación de impuestos escasamente progresivos, con carga fiscal menor que el promedio de la UE-15 y con un enorme fraude fiscal (que oscila entre un 20 y un 25% de su PIB).

Son estados que, además de tener escasa sensibilidad social, tienen escaso efecto redistributivo, por lo que son los que tienen mayores desigualdades de renta en la UE-15, desigualdades que se han acentuado a partir de políticas liberales llevadas a cabo por sus gobiernos. Como consecuencia, la capacidad adquisitiva de las clases populares se ha reducido notablemente, creando una economía basada en el crédito que, al colapsarse, ha provocado un enorme problema de escasez de demanda, causa de la recesión económica.

Es este tipo de Estado el que explica que, a pesar de que su deuda pública no sea descomunal (como erróneamente se presenta el caso de Grecia en los medios, cuya deuda es semejante al promedio de los países de la OCDE), surjan dudas de que tales estados puedan llegar a pagar su deuda, consecuencia de su limitada capacidad recaudatoria.

Su déficit se debe, no al aumento excesivo del gasto público, sino a la disminución de los ingresos al Estado, resultado de la disminución de la actividad económica y su probada ineficacia en conseguir un aumento de los ingresos al Estado, debido a la resistencia de los poderes económicos y financieros.

Por otra parte, la falta de crédito se debe al excesivo poder del capital financiero y su influencia en la Unión Europea y sus estados miembros. Fue la banca la que, con sus comportamientos especulativos, fue creando burbujas que, al estallar, han generado los enormes problemas de falta de crédito. Y ahora están creando una nueva burbuja: la de la deuda pública. Su excesiva influencia sobre el Consejo Europeo, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo (este último mero instrumento de la banca) explica las enormes ayudas a los banqueros y accionistas, que están generando enormes beneficios. Consiguen abundante dinero del BCE a bajísimos intereses (1%),

Zapatero hinca la rodilla

Zapatero hinca la rodilla

Juan Torres López

El paquete de medidas que hoy ha propuesto el presidente Zapatero en el Parlamento es un paso más y ya bien evidente de la extorsión a la que se enfrenta el gobierno y la sociedad española. La justificación del paquete ha sido el déficit presupuestario tan elevado que se está registrando y el tratar de evitar que en España suceda lo que ha ocurrido semanas atrás en Grecia.

Con esa excusa se han anunciado recortes en el gasto público, en las prestaciones sociales que suponen un robo infame de derechos y de dinero a miles de discapacitados y dependientes que nunca podrán salir a la calle a protestar contra esta medida, en las pensiones y en los sueldos de los funcionariosademás de retirar el cheque bebé que siendo en realidad una medida muy liberal el presidente presentó en su día como una de las grandes conquistas sociales de su gobierno, todo lo cual será formalmente aprobadas en el próximo Consejo de Ministros.

La premura con que se han anunciado hace pensar que se trata de medidas muy improvisadas y que a la hora de aplicarse en concreto sufrirán cambios significativos respecto a su formulación inicial. Aunque en todo caso hay que señalar que ni siquiera se puede considerar que se trate de medidas de gran envergadura. El mayor ahorro de gasto se hace en inversiones que no se han mencionado y que como señalaré enseguida representarán en última instancia disminuciones de ingresos para las empresas. 

Y el que supone la reducción salarial no puede considerarse tampoco de una cuantía capaz de reducir significativamente el déficit, por lo que más bien hay que entenderlo como una amenaza, como la expresión de un pulso que los banqueros y la patronal están dispuestos a ganar a los trabajadores y a la sociedad en general.

Como el propio Zapatero ha tenido que reconocer, aunque con la boca muy chica, las medidas van a suponer un lastre para la actividad económica, justo ahora que parecía que se estaba recuperando. Sin lugar a dudas van a retrasar la generación de actividad y de empleo y, por tanto, de rentas, así que a la postre puede resultar que en lugar de reducir el déficit hagan más difícil hacerle frente en los próximos años. Y por supuesto traerán consigo una pérdida neta de bienestar grande para los sectores más desfavorecidos.

En el paquete tampoco hay mención alguna a vías alternativas para la obtención de ingresos, se renuncia a políticas impositivas más justas y eficaces que luchen contra la evasión y el fraude fiscal y que obliguen a que los más ricos y, sobre todo quienes han ocasionado la crisis, aporten también su esfuerzo.

Por lo tanto, lo más relevante del paquete de medidas que ha propuesto Zapatero es que en realidad no buscan reducir el déficit y mejorar la marcha de la economía. Para reducir la deuda (suponiendo que eso fuera de verdad lo prioritario para la economía e incluso para los acreedores del Estado español) lo mejor es reactivarla y dinamizar la actividad, no frenarla y limitar la fuerza de los motores que pueden ponerla definitivamente en marcha. Sobre todo, garantizar el flujo de financiación que se cortó por la bancarrota bancaria y del que Zapatero no dice nada y, además de ello, recaudar más impuestos sobre los beneficios extraordinarios que están obteniendo los especuladores y las grandes corporaciones y entidades financieras.

Lo que hay detrás de las medidas de Zapatero no es, por tanto, otra cosa que lo que él mismo ha reconocido implícitamente al responder a los dirigentes de Izquierda Unida: se trata de una imposición de los poderes financieros que lo que buscan verdaderamente es limitar la acción de los gobiernos y de los estados y establecer mejores condiciones aún para rentabilizar su actividad. Y lo que han hecho en esencia es hacer que el presidente del gobierno español ponga rodilla en tierra y se rinda sin condiciones ante ellos.   

No asistimos a  la puesta en marcha de un plan de reactivación o salvación de la economía Se está cometiendo  un chantaje, una extorsión, y por eso lo que verdaderamente está en juego es la democracia, es decir, la posibilidad de que seamos todos los ciudadanos y ciudadanas quienes podamos decidir colectivamente sobre nuestro futuro o solo los ricos y los poderosos.

La salida fácil es acusar una vez más a Zapatero de complicidad y debilidad. No sé si es cómplice o víctima. No podemos saberlo pero la realidad es que en lugar de empoderarse con el apoyo de la ciudadanía para hacerle frente a esos poderes que él mismo dice que se imponen a los gobiernos legítimos (al “terrorismo financiero” de que hablaba su compañero de partido presidente de la Junta de Andalucía) asume sus decisiones y nos las quiere hacer pasar como saludables cuando en realidad van a hundir mucho más a la economía española y a empeorar las condiciones de miles de ciudadanos y ciudadanas.

Y además lo está haciendo tan mal que incluso en su discurso de hoy hay errores de bulto (como cuando hace cronología de la crisis) y comentarios que pueden indignar, como cuando dice que "Son los mismos [los ciudadanos] que nada han tenido que ver con el origen, el desarrollo y las fases de la crisis. Son, por el contrario, los que han sufrido sus consecuencias. Y son, ahora, los que mayoritariamente deben contribuir a los esfuerzos necesarios para corregir los efectos de la crisis".

Muy pronto los mismos poderes que han presionado para que se tomen estas medidas que son simplemente un modo de arrodillar a los ciudadanos y al que al fin y al cabo es su presidente libremente elegido, dirán que son insuficientes y pedirán más esfuerzos. Y ante ello podemos permanecer en silencio o exigir de una vez que la crisis la paguen quienes la han provocado y que se cierre para siempre el casino financiero. Por eso es necesaria la convergencia más amplia posible de sindicatos, partidos, organizaciones y personas que no quieran seguir siendo avasallados. No hay otra solución.

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Los especuladores quieren más. Más despido libre, más horas extras, más esclavitud, más años para conseguir la jubilación. Y ofrecen menos: menos salarios, menos pensiones, menos derechos laborales...

Los especuladores quieren más. Más despido libre, más horas extras, más esclavitud, más años para conseguir la jubilación. Y ofrecen menos: menos salarios, menos pensiones, menos derechos laborales...

Las consecuencias económicas de la paz

Las consecuencias económicas de la paz
Público


El 14 de mayo de 1919, Keynes escribía a su madre, en estado –según decía– de gran depresión e incluso con fuertes remordimientos por su pequeña participación en el Tratado de Versalles: “La paz es afrentosa e imposible, sólo puede acarrear desgracias”. Poco después publicaba una de sus obras de más éxito, Las consecuencias económicas de la paz, en la que criticaba fuertemente las cargas impuestas a Alemania y denunciaba la insinceridad, hipocresía e iniquidad del tratado, pero, sobre todo, las consecuencias desastrosas que acarrearía a toda la economía europea. La paz cartaginesa impuesta a Alemania no era viable ni sostenible.

Angela Merkel haría bien en leer este libro porque, en estos momentos, es Alemania la empeñada en imponer a Grecia unas condiciones económicas que difícilmente va a poder cumplir. La situación ahora es tanto más injusta por cuanto no ha mediado ninguna contienda y el único pecado de Grecia es haberse integrado en la Unión monetaria, colocándose así un corsé que le impide respirar. El 3 de mayo pasado uno de los más prestigiosos diarios del mundo se preguntaba sobre la idoneidad de someter al país heleno a un ajuste tan duro puesto que, lejos de propiciar que pueda hacer frente a sus compromisos crediticios, va a hundir su economía en la deflación y en un foso desde donde le va a ser imposible pagar sus deudas.

El plan aplicado a Grecia es radicalmente injusto. En primer lugar, en una óptica interna, porque mientras un ajuste en el ámbito monetario a través de una devaluación de la divisa empobrece más o menos por igual a toda la población, cuando el ajuste se realiza en el ámbito de la economía real y con la intensidad y dureza de esta ocasión, el coste recae brutalmente y de forma exclusiva sobre los jubilados, trabajadores y funcionarios.

En segundo lugar, desde la perspectiva internacional, al distribuir la carga de manera desigual entre los países miembros, castigando fuertemente a los deudores y no a los acreedores. El déficit griego tiene su contrapartida en el superávit de Alemania, país que principalmente se ha beneficiado de la Unión monetaria y que es tanto o más responsable que Grecia, Portugal o España de los desequilibrios actuales. Tal como Keynes pensaba del Tratado de Versalles, la dureza del ajuste heleno puede ser un bumerán que se vuelva contra Europa en su totalidad.

Fuente: http://blogs.publico.es/delconsejoeditorial/547/las-consecuencias-economicas-de-la-paz/

Cómo sufren la crisis los banqueros

Cómo sufren la crisis los banqueros

De todos es sabido el origen bancario y financiero de la crisis. Por eso es necesario que no dejemos de observar cómo “sufren” en ese sector la situación.

El Banco de Santander ha decidido jubilar a su consejero delegado, Alfredo Sáenz, con 85'7 millones de euros y a su presidente Emilio Botín con 24'6 millones. No son los únicos directivos agraciados. Los seis consejeros ejecutivos del Banco de Santander cobrarán más de 251 millones de euros en pensiones, según la información remitida por la entidad financiera a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). De este grupo de consejeros es Alfredo Sáenz Abad el que mayor pensión recibiría, ya que suma 85,7 millones de euros, mientras la segunda cuantía en importancia le corresponde a Francisco Luzón López, con 53,5 millones de euros asignados.

La tercera pensión de las seis corresponde a Matías Rodríguez Inciarte, con un montante de 52,5 millones de euros, mientras para Emilio Botín, según los datos enviados a la CNMV, la pensión es de 24,6 millones de euros. A Ana Patricia Botín le corresponden 23.7 millones de euros y la menor pensión corresponde a Juan Rodríguez Inciarte, con una cantidad de 10,9 millones de euros.

Y mientras recomiendan aumentar la edad de jubilación para los trabajadores, en el Banco de Santander podrán solicitar la prejubilación los consejeros ejecutivos siempre que hayan cumplido los 50 años de edad y lleven más de 10 años en el Banco o en otras empresas del Grupo.

Del mismo modo, los consejeros ejecutivos podrán prejubilarse, a petición propia, cuando hayan cumplido 55 años y cuenten con una antigüedad de 10 años en el Banco.

En cuanto a los sueldos, el consejero delegado del Santander, Alfredo Sáenz, percibió 10,2 millones en 2009, un 10,13% más que 2008, mientras que el presidente ganó 3,99 millones. Los seis consejeros ejecutivos del Santander ganaron entre fijo y variable, 28,18 millones. Tras Sáenz, Francisco Luzón y Matías Rodríguez Inciarte son los que más cobraron, con 5,81 millones y 5,33 millones, respectivamente. Ana Patricia Botín, consejera ejecutiva y presidenta de Banesto, ganó 3,64 millones. Juan Rodríguez Inciarte ganó 3,12 millones. Los 19 consejeros ganaron 36,06 millones. Eso sí, en un gesto de austeridad, para 2010 se han congelado las retribuciones fijas.

No es muy diferente el panorama en otros bancos. El pasado año, tras ocho ejercicios como segundo hombre fuerte de BBVA, José Ignacio Goirigolzarri abandonó el cargo de consejero delegado con una pensión mínima de 52,49 millones de euros. Es decir, un 'sueldo' de unos tres millones anuales.

La “contundente” reacción a esta situación por parte del gobierno español ha sido la declaración del secretario de Estado que ha pedido a las entidades financieras "que reflexionen" porque los impositores que tienen sus depósitos en esas entidades "seguramente no contemplan con gran agrado que los directivos de esas mismas entidades tengan unas compensaciones tan abusivas en estos momentos tan difíciles".

Por su parte, el diario El País sigue interesado por retrasar la edad de jubilación del resto de los mortales y abre una encuesta a los lectores donde pregunta: ¿Estás de acuerdo con retrasar la edad de jubilación para hacer sostenible el sistema de pensiones?

La pregunta sigue siendo qué crisis bancaria es esta en la que los directivos de los bancos cobran decenas de millones de euros al año y todavía más por jubilarse. Por eso no les vemos tirarse de las ventanas de sus oficinas como en el crack del 29.

www.pascualserrano.net

Las políticas promovidas por la Unión Europea son ineficaces e injustas

Las políticas promovidas por la Unión Europea son ineficaces e injustas
Vicenç Navarro
Sistema Digital

Existen muchas interpretaciones de las causas de la enorme crisis financiera y económica que estamos sufriendo en el mundo y, muy en particular, en la Unión Europea y en el sur de nuestro continente. Una, que pertenece a la sensibilidad liberal, asume que la culpa la tiene el excesivo desembolso del gasto público, que ha ahogado el crecimiento económico. De esta interpretación se derivan las propuestas de que hay que disminuir tal gasto a fin de reducir el déficit y la deuda pública.

Hoy, esta visión está generalizada en la mayoría de fórums financieros, políticos y mediáticos de la Unión Europea. Como prueba de la certeza de su diagnóstico, muestran que los países que están en peor situación hoy en la Unión Europea son los países del Sur de Europa –Grecia, Portugal y España-, e Irlanda, que tiene unos mayores déficits, como resultado de su supuesta falta de disciplina en sus políticas de gasto.

La supuesta exhuberancia de tal gasto (la posibilidad de jubilación a los 55 años en Grecia, es el caso más citado) es la causa de sus dolores de cabeza. De ahí la presión de que deben reducir muy significativamente su “exagerado” gasto público, a fin de recuperarse y salvarse del colapso (y salvar así también el euro, que está experimentando dificultades por culpa de estos países).

En cuanto al elevado desempleo, éste se atribuye predominantemente a las supuestas rigideces del mercado laboral, consecuencia de unos sindicatos excesivamente poderosos e influyentes que están obstaculizando la recuperación económica, en su acérrima defensa de los trabajadores con contrato fijo (y salarios demasiado altos) creando un elevado desempleo.

De esta interpretación de las causas de las crisis se derivan las políticas públicas promovidas por la Unión Europea, que consisten en reducción del gasto y empleo público, en disminución de los derechos sociales y laborales, y en desregulación de los mercados laborales.

El desarrollo de tales políticas (que alcanzan su máxima expresión en el caso de Grecia), se consideran necesarias para salir de la crisis. En realidad, es el desarrollo de las políticas liberales que los mundos financieros y empresariales han deseado durante muchos años, y que ahora utilizan la crisis para llevarlas a cabo. Su coste social y humano será enorme, y su impacto en la crisis será mayor, acentuándola.

Lo que es llamativo es que tal dogma liberal, reproducido en los medios de información y persuasión, tiene muy escasa evidencia empírica que lo sustente. Es fácil mostrar que la causa de los problemas de los países con grandes dificultades no es su excesivo gasto público.

En realidad, todos ellos (Grecia, Portugal, España e Irlanda) tienen un gasto público, como porcentaje del PIB, más bajo que el promedio de la Unión Europa de los Quince, el grupo de países más desarrollados de la UE, al cual todos ellos pertenecen. Lo mismo ocurre con el gasto público social como porcentaje del PIB, también más bajo que el promedio de la UE-15. Idéntica situación ocurre con el empleo público. El porcentaje de la población que trabaja en el sector público en todos estos países es más bajo que el promedio de la UE-15

Y en cuanto a los supuestamente exuberantes salarios, las cifras muestran que, tomando los salarios de los trabajadores de la manufactura, como punto de referencia, todos ellos tienen niveles salariales más bajos que el promedio de la UE-15 (más bajos incluso de lo que les correspondería por el nivel de riqueza que tienen). En cambio, los beneficios empresariales y de la banca están entre los más altos, así como su fraude fiscal. Todos estos datos muestran que los problemas que tienen no se deben a su “excesivo” gasto público y “exuberantes” salarios.

De ahí que sea mucho más creíble otra explicación del origen y causas de las crisis financieras y económicas, que está siendo marginada y discriminada en los fórums y medios de información y persuasión españoles y en la UE.

Las crisis actuales son consecuencia directa de las políticas liberales promovidas por el establishment europeo que ha provocado una enorme polarización de las rentas y creación de grandes desigualdades. Los países citados son los más desiguales en la UE, en un continente en el que las desigualdades han crecido enormemente.

Las rentas del trabajo como porcentaje de las rentas totales han ido disminuyendo enormemente, disminuyendo con ello la demanda, una de las causas más importantes de la crisis.

La otra causa de la crisis es la falta de crédito, resultado también de la polarización de las rentas con el crecimiento exuberante de los beneficios del capital, que se invirtieron predominantemente en actividades especulativas (como las inmobiliarias y el desarrollo de instrumentos de alto riesgo) que crearon las burbujas que al estallar provocaron el enorme problema de falta de crédito.

LA ALTERNATIVA PROGRESISTA

Las soluciones son fáciles de ver. Hay que estimular la demanda en aquellos países, así como en toda la UE, a base de una redistribución de las rentas con un incremento de la capacidad adquisitiva de las clases populares, impidiendo bajos salarios (que son la causa de la baja productividad) y una enorme expansión del gasto público con el objetivo de crear empleo, precisamente las políticas opuestas a las que se están realizando en la UE.

Nunca se ha salido de ninguna depresión y gran recesión en el siglo XX (como la actual) sin que haya habido una enorme expansión del gasto público y crecimiento de la deuda. La Gran Depresión se resolvió con el New Deal y el enorme incremento del gasto público durante la II Guerra Mundial. En Europa, la reconstrucción de las economías casi destruidas como consecuencia de la II Guerra Mundial se basó en unas enormes inversiones públicas fiscales y sociales, facilitadas por el Plan Marshall. Creerse ahora que se puede salir de esta enorme recesión sin tal crecimiento del gasto público en toda la UE es ignorar las lecciones de la historia. Reducir el gasto público es una nota de suicidio. En realidad, si no fuera por la reducción del gasto público, España ya habría salido de la recesión.

En cuanto al otro gran problema, la falta de crédito, éste debe resolverse a base de una intervención pública, no para ayudar a los banqueros, como se está haciendo ahora, sino para garantizar el acceso al crédito. Como era predecible, las medidas de austeridad exigidas a las clases populares por parte de la UE van acompañadas con medidas muy generosas a la banca, tanto la griega como la alemana (entre otras), propietarios de la deuda griega.Tal como bien ha dicho Joseph Stiglitz, si todas las “ayudas” a la banca se hubieran invertido en crear bancos públicos de crédito, la falta de crédito ya se habría resuelto.

Se han gastado 700.000 millones de dólares, sólo en EEUU, para salvar la banca, cuando con este dinero podría (y debería) establecerse una banca o bancas públicas que garantizaran el acceso al crédito por parte de empresas (sobre todo medianas y pequeñas) y ciudadanía. Un tanto semejante ha ocurrido en la Unión Europea.

Lo que estamos viendo hoy es la plena expresión de lo que solía llamarse “lucha de clases”, en la que las clases dominantes lideradas por el capital financiero están imponiendo sus exigencias a las clases populares a fin de recuperar su rentabilidad. Como bien ha dicho Warren Buffet, una de las personas más ricas del mundo, conocedor del mundo financiero empresarial, al cual pertenece, “hay clases y lucha de clases, y mi clase está ganando esta lucha”.

La famosa frase de apretarse el cinturón sólo se aplica a las clases dominadas. Las dominantes ni siquiera llevan cinturón. La nula regulación de la banca, a pesar de haber sido la causa de la crisis financiera, dos años ya tras haber creado la crisis, muestra hasta qué punto el mundo político está configurado por tales intereses financieros empresariales, que están dañando enormemente la economía real.

No es sorprendente que las llamadas democracias tengan problemas tan graves de credibilidad que están cuestionando su legitimidad. La agitación social en Grecia es el inicio de un proceso que pondrá en vivo lo que hasta ahora aparecía sólo en pasivo, expresándose en abstención en los procesos electorales. La transformación de tal abstención pasiva en agitación activa será, a partir de ahora, una constante en los años venideros. El peligro es que esta agitación la capitalicen las derechas, tal como está ocurriendo en EEUU. Veremos qué ocurre en la Unión Europea.

Las multinacionales ya no anuncian yogur griego ¡porque ponen de una mala leche! ¿Se ha fijado?

Las multinacionales ya no anuncian yogur griego ¡porque ponen de una mala leche! ¿Se ha fijado?

Pack de tres, yogur, tortilla y cocido, ampliable: El pack de tres tiene: el yogur griego, la tortilla de patata española y el cocido portugués, de momento.

Los banqueros no temen que ante la crisis tengan que devolver lo robado y bien guardado en los paraísos fiscales, que son ilegales y todo lo demás. Por ellos pasa el 50% del dinero que corre por el mundo y la OTAN no los bombardea, fíjense, tan fuertes se sienten que han pedido a sus camareros y cocineros, esos que llamamos eufemísticamente gobierno, que les vayan preparando el segundo plato, ¿tortilla española, de patata como debe ser, o cocido portugués?
Se les ve con ganas de comer, están en las copas y armando ruido. ¡Liberalización del mercado de trabajo!, que es como la liberalización del mercado financiero: a robar y a matar de hambre a los que no se defiendan suficientemente. Y en el Estado español el abandono organizativo e ideológico ha desmembrado al conjunto de los trabajadores, aquí tienen una víctima propiciatoria. Se lo van a comer todo, todito, todo.
Si ustedes ponen atención se van a dar cuenta de que han retirado de la televisión y demás, los anuncios de yogur griego: sí, se lo han comido, pero según las últimas noticias, parece que les ha sentado mal, tienen una mala digestión, el yogur se resiste dentro de la barriga del banquero. Los camareros y cocineros del FMI, llamados eufemísticamente gobierno, miran de soslayo y preparan la tortilla y el cocido tratando de hacerla más digestiva al señorito.
Ahora vamos a observar las leyes que rigen, lo expresado en los hechos, dos partes bien conjugadas que la razón de bastante gente no entiende, y eso que su proyección social ocupa el interior y el exterior de nuestras vidas, es así de contundente y perfectamente claro: la Ley que sostiene el capitalismo es la Ley de leyes, está por encima de la Constitución y sus ambigüedades.
La Ley de leyes del capitalismo dice que el dueño de los medios de producción y del dinero tiene todo el derecho a obtener el máximo beneficio a costa de lo que sea, hacer crecer el capital es el objetivo, que para eso el dueño de los medios de producción y del dinero que ha creado el sistema capitalista. Una explicación fácil: si para ello se tiene que llevar las empresas a otro sitio donde se paga menos a los trabajadores y tienen menos derechos o no tienen, se las llevan. Están diciendo: volveremos cuando aquí los trabajadores cobren menos que en Marruecos, que en México, que en Colombia, o China.
Ahora bien, aquí les queda por comerse lo que se llama el Estado. El Estado es la hucha de la población en general, y en particular la hucha de los trabajadores. Como la Ley de leyes del capitalismo es la acumulación de riqueza en manos del capitalista se comerán el Estado y nos dejarán el nombre, y el nombre vacío terminará por ser un estorbo, después la burguesía, cada sector con espíritu nacional, querrá quedarse con su trozo, en éste caso de tortilla de patata.
Ejemplo palmario de cómo los camareros y cocineros, llamados eufemísticamente gobierno, le sirven el Estado al capitalismo para que se lo coma: los huelguistas de Radio Televisión Española declaraban que el gobierno está descapitalizando la empresa tomando decisiones como la de relegar a la plantilla de sus funciones y en su lugar ha ido poniendo a empresas privadas que se pagan con el dinero público, con la hucha del pueblo.
El ejemplo vale, como el de llevarse las fábricas, desindustrializar, hacer volver a un mundo perdido a los trabajadores. Van dejando vacío el Estado y seguirán hasta que solo quede el cascarón, rapiñan todo lo de dentro, lo que antes eran beneficios o ingresos, que bien pocos eran porque robaban como buitres, quedaban en previsión de mejoras, ahora es para beneficio de las empresas multinacionales y bancos.
La sangría es abundante, las sanguijuelas y garrapatas seguirán chupando hasta que no haya ni una gota o hasta que en el cuerpo afectado haya una reacción y se los quite de encima, hasta que los trabajadores respondamos: ya hay 4.612.000 parados reconocidos, sin contar el subempleo y quienes ni pasan por las oficinas del INEM.
¿Qué estará en sus pack de tres, comerse primero la tortilla española o el cocido portugués?
Los cooperadores necesarios para que el capital nos deje sin sangre les habían venido preparando el terreno para sacar beneficios hasta ahora, pero el salto que quieren dar necesita un marco nuevo para el que el ave bicéfala PSOE-PP sabe cual es su labor: mientras una cabeza habla de calma y buenos modales, la otra grita y espanta, dos cabezas parlantes que contaminan los oídos y el pensamiento de muchos trabajadores.
Ninguna de las dos está dispuesta a que se cambie el modelo social, a que se lleve a cabo un nuevo modelo productivo, a que se pongan impuestos justos, a que los más débiles no paguen los destrozos de los capitalistas. Son camareros y cocineros para su amo, y preparan la tortilla o el cocido quitando las viandas al bien social. Su teoría es que si los bienes son de uno eso es un disfrute, y que si los bienes son de todos, eso es una carga. Sin embargo en todas las casas de los trabajadores se sabe que si los bienes son preservados por todos para todos, entonces son un disfrute y, si los bienes son para uno solo, entonces es una carga para los demás.
Ya hay voces que piden huelga general. Las multinacionales han dejado de anunciar yogur griego ¡porque pone de una mala leche!

Las lecciones del gobernador del Banco de España

Juan Torres López

El gobernador del Banco de España ha vuelto a intervenir en la vida pública, haciendo gala de que es una de las grandes figuras de la política española y no un simple técnico como dicen de sí mismos él y sus colegas. Y lo ha hecho también una vez más defendiendo las posiciones de la patronal y de los grandes bancos y grupos financieros a los que sirve. Mostrando igualmente que ni él ni la institución que gobierna son tan independientes como dice su estatuto.

Ahora afirma que hay que "extraer lecciones de Grecia". Una recomendación muy sensata que todos deberíamos seguir si no fuera porque las lecciones que extrae son del mismo tipo que las que extrae de cualquier circunstancia que sea, llueva o haga sol. El gobernador no dice que haya que sacar lecciones de la política de los gobiernos conservadores que llevaron a Grecia a la ruina. Una política que es la misma que su institución defiende.

El gobernador no recomienda que saquemos lecciones de la especulación que se ha cebado sobre la economía griega en los últimos meses de mano de fondos especulativos que no buscan sanearla ni darle más estabilidad sino ganar miles de millones aunque sea a costa de que todo salte por los aires.

El gobernador no tiene que aprender ni nos recomienda a los demás que aprendamos a controlar a los bancos para que no vuelvan a provocar la crisis que ha obligado a que los gobiernos de medio mundo, entre ellos el griego, tengan que endeudarse hasta las cejas enriqueciendo así a la banca privada que provocó la crisis.

El gobernador no recomienda que saquemos lecciones del mal funcionamiento de la zona euro, de la falta de coordinación política o de la ausencia de instituciones y mecanismos que permitan hacer frente a los desequilibrios que, como en el caso griego, se puedan producir.

El gobernador no saca conclusiones de la falta de control de los bancos que estafaron al pueblo griego, o de la complicidad del Banco Central Europeo con los banqueros que se enriquecieron ocultando las cifras del déficit griego.

El gobernador tampoco extrae lecciones de la ceguera de los supervisores que como él no apreciaron lo que se venía encima a pesar de ser tan listos, de autoproclamarse depositarios de la verdad y de tener a su disposición los medios más privilegiados para seguir la coyuntura económica.

El gobernador no saca lecciones de la burbuja inmobiliaria y financiera que los bancos centrales como el suyo dejaron expandirse.

El gobernador no nos dice que extraigamos lecciones de la deriva regresiva de las políticas fiscales de los últimos años.

El gobernador no extrae lecciones del incremento de la desigualdad de los últimos tiempos, ni le preocupa que el ahorro se haya estado dirigiendo hacia la especulación.

El gobernador no extrae lecciones de lo que están haciendo los bancos con el dinero público que en lugar de utilizar para financiar la economía lo usan simplemente para mejorar sus resultados y repartir dividendos multimillonarios a sus accionistas.

El gobernador no extrae lecciones de lo que ocurre cuando los mercados se debilitan por la precariedad en el empleo y los bajos salarios.

El gobernador no saca conclusiones del hecho de que los bancos multipliquen artificialmente la deuda gracias al sistema de reservas fraccionarias que produce inestabilidad permanente y las crisis financieras recurrentes.

El gobernador no tiene nada que aprender del hecho evidente de que la plena libertad de movimientos de capital está generando la etapa de mayor y más dañina inestabilidad financiera de la historia.

El gobernador no extrae lecciones de la falta de opacidad en la que actúan los bancos y los grandes financieros y su propia institución oculta la situación real de los bancos españoles engañando a la ciudadanía.

El gobernador no extrae lecciones de los problemas que plantea la cada vez mayor concentración del poder financiero y de la banca y se dispone a entregar en bandeja a los banqueros españoles parte del mercado que hasta ahora controlaban las cajas de ahorro.

El gobernador mira a otro lado y no es capaz de extraer lección alguna de lo que ha supuesto no disponer de banca pública y dejar la financiación imprescindible de la vida económica en manos de los bancos privados.

No. De nada de esto extrae lección alguna el gobernador.

Las lecciones que según él hay que extraer del caso de Grecia es que en España se deben rebajar los derechos sociales reduciendo el gasto público y los derechos y los salarios de los trabajadores reformando las leyes que regulan el mercado de trabajo.

Esa es la única lección que según el gobernador del Banco de España, como según la patronal y los banqueros, debemos aprender los españoles.

Una lección falsa con la que consuman un vergonzoso engaño a los ciudadanos porque ocultan a la ciudadanía que lo que ha pasado o pase con las cuentas del Estado o en el mercado de trabajo no es causa sino efecto de lo ocurrido en el sector financiero y en el mercado de bienes y que por tanto es en estos espacios en donde se debe actuar. Concretamente, reduciendo los derechos, los privilegios y el poder de los financieros, de los banqueros y de la gran patronal y no de los trabajadores de a pie.

Conseguirán lo que se proponen si la ciudadanía no se moviliza y se enfrenta a ellos con decisión. Pero yo no pierdo la esperanza de que así sea y de que, en Grecia, aquí y en todos los sitios, se ponga algún día de relieve el latrocinio que están llevando a cabo los banqueros y la complicidad vergonzosa de estos funcionarios que en lugar de servir al Estado y a los ciudadanos trabajan a su servicio.

Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Sevilla, colaborador habitual de Rebelión, editor de www.altereconomia.org y miembro del Consejo científico de ATTAC-España. Su web personal: www.juantorreslopez.com

1º de mayo: Hay que pasar a la ofensiva

1º de mayo: Hay que pasar a la ofensiva

La clase obrera europea celebró por primera vez el uno de mayo en 1890. Las zonas de mayor combatividad en nuestro país fueron Cataluña, Levante y el País Vasco. Perezagua, socialista, lideró la primera huelga general de Vizcaya. En Barcelona la huelga continuó hasta que trabajadores de tranvías, carreteros, portuarios, y sectores de la construcción, calzado y panadería, consiguieron las ocho horas de jornada que pedían. Doce décadas después seguimos empeñados en conseguir un empleo digno y con derechos, y un reparto justo de la riqueza. Son objetivos que bajo el capitalismo no son posibles.

El mundo se ha convertido en un negocio en manos de grandes corporaciones cuya regla principal es el máximo beneficio a cualquier precio. Destacan los bancos e instituciones financieras que, después de ser rescatados con ayudas públicas multimillonarias, vuelven a especular ahora ante el riesgo de impago de la deuda pública que ellos han contribuido a agravar. Al mismo tiempo exigen recortes del gasto público social y acusan a los trabajadores del crecimiento de la morosidad como si los cinco millones de parados no fueran obra de ellos.

Una situación de emergencia ante la cual los dirigentes sindicales vacilan, sin comprender que su actitud refuerza la presión que la derecha esta ejerciendo sobre el gobierno del PSOE para que se enfrente a su propia base social. Se debaten entre el miedo a movilizaciones, que piensan que tendrán un carácter radical, y el miedo a contribuir a la sustitución del actual gobierno por otro de derechas. Su exceso de prudencia conduce al inmovilismo y, paradójicamente, refuerza la táctica de la patronal de ganar tiempo, con la excusa del diálogo social, mientras siguen el consejo de Sun Tzu : “Conseguir cien victorias en cien batallas no es la medida de la habilidad: someter al enemigo sin luchar es la suprema excelencia”.

Todas las alarmas están en rojo, y todos los frentes para hacer recaer el peso de la crisis sobre nuestras espaldas están abiertos. Junto a la reducción del gasto social la reforma laboral para abaratar el despido roza lo grotesco porque cualquiera sabe que somos uno de los países con mayores facilidades para el despido, y con mayor fraude en la contratación temporal.

Los costes son terribles, en términos de accidentes de trabajo y deterioro de la salud laboral, rotación de empleo, descualificación profesional o escaso gasto en formación por las empresas. El despido es libre, automático y sin revisión judicial. Cuatro de cada diez despedidos son fijos y siete de cada diez son improcedentes, es decir, porque les da la gana. Además, nueve de cada diez despidos son individuales arrinconando a los despidos colectivos con más controles legales y sindicales.

Un panorama penoso, completado por una política fiscal regresiva, un nuevo plan de pensiones para abaratarlas, y un universo salarial anémico, con mas de diez millones de pobres, En esta situación, el enfrentamiento es inevitable y se va a dar en todos los ámbitos como estamos viendo en el mundo judicial en torno a la corrupción y a los crímenes del franquismo.

Necesitamos pensar globalmente y actuar local e internacionalmente. La deuda del tercer mundo debe ser abolida y el programa contra la catástrofe ambiental no puede dejarse en manos de quienes obtienen provecho de ella. El complejo militar-industrial debe ser disuelto, los controles a la inmigración abolidos y la gran banca nacionalizada. El control obrero en las empresas debe regularse por ley, la jornada laboral reducida para repartir empleo y la edad de jubilación adelantada para renovar plantillas. Las libertades civiles deben impedir la impunidad, como en el caso del periódico Egunkaria, y las leyes de amnistía que encubren el crimen y el genocidio deben derogarse.

Los últimos meses hemos asistido a movilizaciones generalizadas, especialmente en Europa y Latinoamérica. Ese es el camino, porque en palabras de Bertolt Brecht: “Cuando la verdad es demasiado débil para defenderse tiene que pasar al ataque”

¿Nos echan del euro?

¿Nos echan del euro?
Hace unas semanas ha saltado una perspectiva inquietante. Los mercados financieros están dispuestos a provocar la salida del euro de Grecia, primero, de España, después, y con ella, la misma caída del euro, pues caerían, a continuación, como piezas de dominó, Portugal, Irlanda, Italia y los países del Este.
Tras las maniobras para desacreditar y acabar con el euro hay dos intereses coincidentes, el de los mercados especulativos y el de las élites y gobiernos de EE UU y Reino Unido, que, ante la extrema debilidad de sus monedas han emitido ingentes sumas para salvar los bancos quebrados.

Con la quiebra del Euro, un competidor molesto, harían fluir el dinero global hacia sus economías, cubriendo, así, su déficit. Déficit y deuda pública serían causa de la posición de los mercados. Pero España tenía superávit y su deuda pública está por debajo de la media. El 2009 cerró con un déficit del 11,4%, mucho mayor que el 3,3 de Alemania, pero por debajo del 12,5% del Reino Unido.

El problema real, para España, es la deuda privada, que ha generado el déficit exterior, consecuencia de la burbuja inmobiliaria y de las facilidades de crédito. Esa montaña de deudas es producto de una política que primaba los privilegios de la especulación por sobre el derecho a la vivienda. La falsa impresión de riqueza, derivada del precio de la vivienda, fue causa del “crecimiento” y superávit fiscal, que, a la hora de la verdad, sirven de bien poco.

Estas circunstancias, de las que nos cansamos de avisar, pasan ahora factura. La salida del euro no es opción, pues habría que pagar deudas en euros con una moneda devaluada, y dejar de pagar tampoco, salvo que la cosa se ponga muy mal, pues es necesario contar con la comunidad internacional, empezando porque no se puede prescindir de la importación de muchas cosas. ¿Recordamos ahora a Rato y Solbes y sus “círculos virtuosos”?, ¿a Zapatero y su “champions league”?, a Aznar y sus bravatas impartiendo lecciones de economía... ¡en Alemania!, que nos estaba ayudando a través de la CEE. Por supuesto, Alemania tenía obligaciones, por sus ventajas en un mercado abierto, pero ¡qué esperpento! En fin estos han sido nuestros representantes que, junto a una patronal y a una élite plutocrática lamentables, nos han abocado a la actual situación de paro y sufrimiento para la ciudadanía.

Aquí y en todas partes, las élites plutocráticas (financieros, en primer lugar, máximos ejecutivos de los oligopolios y ricos) y su estrecha colaboración con los políticos que financian y encumbran han delineado las políticas económicas. El dinero derrochado antes de la crisis y el destinado a rescatar las finanzas ha ido a sus bolsillos, este a costa de la deuda pública que pagaremos entre todos.

¿Qué políticas convienen a corto plazo? Naturalmente, las que solucionen los problemas actuales, y pongan las bases para solucionar los futuros, o, al menos conocidamente, no generen nuevos problemas o agraven los existentes. A nivel internacional, hay que revertir las actuales políticas suicidas, que fomentan “mercados” especulativos, con mecanismos enormemente rentables y riesgos tremendos.

Los sectores más rentables, ya se sabe, crecen a costa de los demás. Se debe, pues, introducir un impuesto sobre transacciones financieras (Tasa Tobin), suprimir los paraísos fiscales y la especulación, lo que generaría grandes recursos a disposición de la ciudadanía global, y crear espacios globales donde esta pueda, a través de una democracia real, controlar y distribuir esta riqueza. Hay que acabar con las deslocalizaciones y la carrera hacia el abismo mediante la competencia entre instituciones de ordenamientos jurídicos distintos.

Estas son las políticas que gustan a las élites pues desplazan la renta y la riqueza a su favor y empobrecen a la gran mayoría. Se precisa, pues, un comercio y una gobernabilidad globales que garanticen respeto al medio ambiente y a los derechos de los trabajadores, limiten las diferencias de renta y reduzcan la pobreza, lo que asegura una demanda internacional fiable.

En el ámbito interno obviamente hay que sustituir la demanda privada, desfallecida, por demanda pública. Naturalmente los ingresos deben proceder de impuestos directos y progresivos, con efecto redistribuidor. Hay que atender a la crisis ecológica, y producir en proximidad, e introducir un cambio en la red de distribución, especialmente de productos agrarios, sustituyendo los oligopolios transnacionales por cooperativas que asocien productores y consumidores, fomentar la soberanía alimentaria y la producción ecológica. Y, por supuesto, repartir el trabajo y reducir el consumo excesivo. Debe promoverse el control ciudadano del sector financiero, e invertir en transporte, sanidad y educación públicos.

En cuanto a nuevos sectores, la clave son las “industrias” culturales, en formatos tradicionales y en contenidos para las tecnologías de información y comunicación, que, suponen, además, “desmaterializar” la producción. A largo plazo, no queda otra que sustituir un régimen, basado en el poder del dinero y la feudalidad de los oligopolios globales, que provoca desastres y sufrimientos. Naturalmente las bases de un nuevo régimen son la gobernabilidad global a través de la democracia participativa, donde la representación sea por tiempo y tarea determinados y los representantes, una vez acabada, vuelvan a su trabajo habitual, así se asegura la transparencia y el principio de libre experimentación que permita a los pueblos y ciudadanos buscar modos de organización acordes con la armonía natural y el buen vivir.

http://www.diagonalperiodico.net/nos-echan-del-euro.html