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Motivos para la huelga general

Motivos para la huelga general

Vincenc Navarro

Es importante que se entienda y se conozca qué ha estado ocurriendo en la Unión Europea durante estos últimos años (y no me refiero sólo a lo que ha pasado desde el inicio de la crisis en 2007).

La participación de las rentas del trabajo como porcentaje de la renta nacional en el promedio de los países de la UE-15 ha ido descendiendo desde principios del establecimiento de la Unión hasta hoy, bajando del 69% al 56%. Este descenso ha sido mucho más acentuado en la zona euro, y todavía mayor en España. Ello ha ido acompañado de un aumento del desempleo en el promedio de la UE-15 (interrumpido provisionalmente en España por la burbuja inmobiliaria hasta que estalló) y de un deterioro de las condiciones de trabajo. El porcentaje de trabajadores que declara trabajar en condiciones estresantes en el promedio de la UE-15 ha pasado del 32% de la población empleada a un 54% en 2008. En España ha sido incluso mayor. Una consecuencia de ello es que las enfermedades laborales por estrés han aumentado.

Por si esto no fuera suficiente, la protección social se ha ido deteriorando. La tasa de crecimiento del gasto público social (que cubre los gastos públicos en las transferencias y servicios del Estado del bienestar) ha ido descendiendo en el promedio de la UE-15 desde principios de la década de los noventa (habiéndose interrumpido este descenso entre 2004 y 2008 en España durante la alianza –informal– del PSOE con IU-ICV, ERC y BNG). Ha vuelto a descender a partir de entonces, y España ha permanecido en la cola de la Europa social, siendo el país de la UE-15 con el gasto público social por habitante más bajo. Además de este descenso hemos visto una disminución de los derechos laborales en la mayoría de los países de la UE-15.

Mientras la clase trabajadora y grandes sectores de las clases medias veían disminuir su capacidad adquisitiva (la mayor causa del enorme endeudamiento de las familias), hemos visto un enorme incremento de los beneficios empresariales. Estos aumentaron un 38% en la media de la UE-15 y un 42,3% en la zona euro durante el periodo 1999-2008, mientras que los costes laborales aumentaron sólo un 17%. En España, este contraste entre la austeridad impuesta a las clases populares y la bonanza y exuberancia de los beneficios empresariales fue incluso más acentuado.

Durante el mismo periodo, las mayores empresas españolas vieron aumentar sus beneficios netos un 73% (casi el doble de la media de la UE-15), mientras que los costes laborales aumentaron durante el mismo periodo un 3,7% (casi cinco veces menos que en la UE-15). Dentro de estas empresas, las que alcanzaron elevadísimos niveles de beneficios fueron las financieras, que basaron su riqueza en el enorme endeudamiento de las familias europeas y españolas y en actividades altamente especulativas, incluyendo las inversiones inmobiliarias, que se convirtieron en el motor del crecimiento económico en varios países, incluyendo España. La banca española, bajo la pésima supervisión del Banco de España, tiene una enorme responsabilidad en el desarrollo del complejo bancario - inmobiliario - constructor y su burbuja, que al explotar ha creado el enorme problema económico, además de dificultar enormemente la accesibilidad al crédito por parte de la ciudadanía y de la mediana y pequeña empresa.

Es una enorme incoherencia (para ponerlo de una manera amable) que el gobernador del Banco de España, Francisco Fernández Ordóñez, que junto con anteriores gobernadores es el responsable de una de las mayores causas de la crisis en España, esté ahora liderando el movimiento neoliberal, y responsabilice a los sindicatos por el elevado desempleo causado, según él, por una supuesta rigidez de los mercados laborales.

A nivel europeo, los hechos presentados en los párrafos anteriores se deben, no a los mercados financieros, sino al desarrollo de las políticas neoliberales, promovidas por las mayores instituciones de la UE, y muy en especial por el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el Consejo Europeo, controlado este último por las derechas (cristiano-demócratas y liberales). Estas instituciones han estado imbuidas del pensamiento neoliberal, al cual se han adaptado gran parte de los partidos socialdemócratas gobernantes que han abandonado elementos claves de la tradición socialdemócrata para convertirse en partidos socioliberales.

Estas políticas han consistido en la desregulación de los mercados laborales, la reducción de la protección social, la reducción de los impuestos, el aumento de su regresividad (responsable, en parte, de que las desigualdades sociales en la UE-15 hayan alcanzado el mayor nivel conocido en los últimos 20 años), las privatizaciones de los servicios del Estado del bienestar, y la reducción de los beneficios laborales y sociales. La reducción de impuestos, por cierto, determinó el crecimiento de la deuda pública en todos estos países.

Todas estas políticas han respondido al enorme poder de clase, es decir, del capital (mundo empresarial y financiero y rentas superiores), que está aprovechando ahora la crisis creada por ellos para conseguir lo que ha estado deseando todos los años: debilitar todavía más al mundo del trabajo al cual pertenecen las clases populares.

De ahí que sea fundamental que exista una protesta masiva el día 29 de septiembre, a nivel europeo y a nivel español, para iniciar un proceso de reversión de tales políticas, no tanto por un cambio político en el que ganen las derechas (PP en España y CiU en Catalunya) que empeoraría todavía más la situación, sino por un cambio muy sustancial en las izquierdas, y muy en especial de las gobernantes, que no ocurrirá a no ser que haya una protesta generalizada en contra de aquellas políticas. Así ocurrió, por cierto, en las últimas huelgas generales, y así debiera ocurrir ahora.
Vicenç Navarro es catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra y profesor de Public Policy en The Johns Hopkins University.

Otras salidas a la crisis son posibles: Manifiesto “Activos contra la crisis”

Otras salidas a la crisis son posibles: Manifiesto “Activos contra la crisis”

Bajo la dictadura de las finanzas y las políticas neoliberales, la mayoría de la población mundial ha sido y es víctima de la explotación económica y la marginación política, sobre todo en los países del Sur. Pero también en Europa y en el Estado Español la globalización capitalista afecta a todos los ámbitos de nuestra vida, sobre todo tras el estallido de la crisis, haciéndonos rehenes y cómplices de un sistema injusto y un modelo de desarrollo no sostenible que provoca deuda externa, saqueo de recursos naturales, cambio climático irreversible y exclusión, represión y xenofobia hacia los sectores sociales más frágiles o más críticos, que con frecuencia son criminalizados.

La propia construcción monetarista y neoliberal de la Unión Europea que ha favorecido la espiral financiera y especulativa, así como el incremento vertiginoso de la deuda pública y privada de los estados europeos, es puesta en tela de juicio con el desarrollo de la presente crisis financiera y económica. La “Estrategia de Lisboa”, programa de actuación neoliberal que tenía como objetivos el pleno empleo, el incremento de la cohesión social y la reducción drástica de la pobreza en 2010, a la vista de los resultados, ha sido un completo fracaso. Sin embargo, las tímidas críticas al neoliberalismo iniciadas tras  el estallido de la crisis son abandonadas tan pronto afloran débiles signos de recuperación. Como demuestra la crisis económica griega, las promesas etéreas de ayuda de los organismos de la UE son condicionadas a la aplicación de un programa de ajuste neoliberal, draconiano, que prepara las condiciones de una tragedia social, económica y política en ese pais.

En el Estado Español, la crisis económica sigue golpeando cada vez con más dureza a nuestros pueblos y ciudades, donde el paro golpea a más de 4.300.000 ciudadanos/as y la pobreza relativa supera más del 20% de la población. Se ha privilegiado al mundo financiero sobre el productivo, especulando con bienes de primera necesidad como el alimento, el agua, el suelo y la vivienda. Los mismos que han provocado la crisis del sistema capitalista, nos tratan ahora de convencer de que la única salida es “refundar” el capitalismo, pero más allá del “slogan” de turno, las medidas que han adoptado para salir de la crisis sólo han beneficiado a los banqueros y multinacionales a través de socializar sus pérdidas, o se inspiran en las políticas de ajuste neoliberal cuando se proponen reducir 50.000 millones de euros el gasto público y social en tres años, amenazan con recortar derechos sociales y laborales con el “pensionazo” y la reforma laboral.

La violencia establecida y la manipulación mediática, en sus múltiples manifestaciones, se han normalizado y el bipartidismo a golpe publicitario  impide la participación directa de la ciudadanía en el espacio público. La disolución de la frontera entre la política y los negocios refuerza la corrupción de los grupos empresariales, mientras la televisión y los principales periódicos contribuyen a adormecer las conciencias, silenciando el dolor de las víctimas y las voces de quienes exigen justicia.

Es de destacar la doble discriminación que afecta a las mujeres en su condición de sometidas tanto al sistema patriarcal como al capitalista. Pese a los avances realizados, siguen sufriendo violencia psicológica, física y sexual, existiendo para ellas un “techo de cristal” que las discrimina en relación al varón, les quita autonomía sobre su propio cuerpo (resistencias a la ley del aborto) y las relega a empleos menos cualificados y peor pagados, cargando con la mayor parte del trabajo en el hogar, la educación de los hijos y los cuidados a personas mayores, enfermas o discapacitadas.

 Desde los poderes establecidos (cumbres del G-20 en Washington, Londres y Pittsburg, Foro de Davos, lobby europeo ERT, grandes medios de comunicación…) se repite machaconamente que la crisis es pasajera y básicamente financiera. Su salida de la crisis consiste en recuperar el modelo de crecimiento de años anteriores, que pasa por reactivar la espiral del consumo irresponsable y de los negocios privados a costa de los trabajadores, mantener un modelo de crecimiento insostenible, incrementar los ataques contra los niveles de protección social, acelerando el proceso de privatización de servicios públicos, reduciendo y eliminando derechos sociales, y seguir apostando por una rígida jerarquización en las relaciones Norte-Sur.

Los colectivos, organizaciones sindicales y movimientos sociales que nos movilizamos contra la crisis en este espacio de convergencia y articulación no estamos de acuerdo con las salidas que se nos proponen. La crisis del capitalismo es sistémica y global. Es una crisis de  valores, política, económica, alimentaria y ecológica. Y es una crisis a escala planetaria.

  • Los gobiernos de los países ricos –incluido el nuestro- han aportado inmediatamente billones de euros para salvar a la banca privada y a las grandes empresas en crisis; en cambio, no consideran como objetivo inaplazable el aumento del paro y la pobreza en sus propios países, y la desnutrición crónica de más de mil millones de seres humanos en los países del Sur y el aumento de la pobreza.
  • Las empresas capitalistas, que acumularon en el Estado Español inmensos beneficios en la década anterior sobre la base del estancamiento de los salarios y los contratos  precarios de sus trabajadores, no dudan ahora en prescindir de ellos y destruir empleos, hasta superar los 4,3 millones de personas en paro. Con más de 1,2 millones de hogares donde todos sus miembros activos están sin trabajo lo que ha llevado a un crecimiento sin precedentes de la pobreza y la indigencia.
  • Los responsables políticos, en lugar de promover medidas de reparto del empleo y control de los beneficios, aplican parches que no se dirigen a la raíz de los problemas (como los recientes 420 euros a los parados que han agotado su prestación).
  • La banca privada y las cajas de ahorros –con la complicidad del Banco de España y demás poderes públicos- ganaron dinero a espuertas con las hipotecas en años anteriores y ahora son inmisericordes con los deudores que no pueden pagar, muchos de ellos en paro.

Es hora de exigir responsabilidades a los actores que han provocado esta crisis económica y humana: la banca, las multinacionales, las finanzas y sus instituciones internacionales, con la complicidad de gobiernos y partidos políticos que los han apoyado. Y de presionar a las cúpulas sindicales para que den un giro radical a sus estrategias, para ponerse por fin al lado de la ciudadanía y de los trabajadores que sufren los estragos de la crisis, e impulsen la movilización y organización de las fuerzas  sociales que se oponen a un sistema depredador e insolidario. Es hora de movilizarnos…

  • Movilizarnos por arrebatar el poder económico a las finanzas, la socialización de la banca, la erradicación de los paraísos fiscales y el control social de los mercados financieros. ¡La economía al servicio de los pueblos y las personas!
  • Movilizarnos por garantizar un trabajo y unas condiciones laborales dignas para trabajadores y trabajadoras: no a las políticas de destrucción de empleo (como los ERE), abolición de la precariedad laboral, por el reparto del trabajo a través de la reducción drástica de la jornada de trabajo sin rebaja salarial, contra la explotación e indefensión laboral, contra el recorte de las pensiones y por la mejora de la protección social, por la recuperación de los derechos laborales destruidos.
  • Movilizarnos por la defensa y la ampliación de los servicios públicos: basta ya del saqueo de la sanidad, la educación, el territorio, el agua… Reversión de los servicios públicos ya privatizados.
  • Movilizarnos para que la vivienda deje de ser un bien de inversión especulativa y retome su función social de alojamiento: por un cambio de modelo social de la vivienda en propiedad a la vivienda pública en alquiler, terminando definitivamente con la locura insostenible del ladrillo.
  • Movilizarnos por hacer efectiva la sostenibilidad. Exigimos detener la sobreexplotación de los recursos naturales y energéticos y frenar el cambio climático.
  • Movilizarnos por la reducción drástica de las injusticias y desigualdades sociales en el Norte y en las relaciones Norte-Sur: menos crecimiento y más reparto (renta básica de ciudadanía, reforma fiscal que garantice un sistema tributario progresivo y  redistribuidor de la riqueza, abolición de la deuda externa de los países empobrecidos, fin de los tratados de libre comercio, de las políticas de liberalización del comercio de bienes y servicios y del expolio de las multinacionales).
  • Movilizarnos por la igualdad efectiva de derechos y oportunidades de todas las personas, sea cual sea su origen, cultura, nacionalidad, religión o sexo. No hay personas de segunda categoría. ¡No a la criminalización de las personas inmigrantes!
  • Movilizarnos por un mundo en que las personas escojan su futuro sin estar presionadas por las estructuras patriarcales. Queremos relaciones basadas en la solidaridad y no en la dominación, la competitividad y la violencia.
Firman: Encuentro estatal de Movimientos Sociales – Activos contra la crisis, ATTAC España, ATTAC-ACORDEM Catalunya, ATTAC Andalucía, ATTAC Auzolan (Euskal Herria), ATTAC Madrid, ATTAC Mallorca, Asociación Trabajadores Región Murciana (ATRM), Assemblea treballadors/as en atur de Barcelona, Col.lectiu Autonom de Treballadors i Treballadores del PV, Foro Social de Murcia, Intersindical Alternativa de Catalunya (IAC), Ecologistas en Acción, Intersindical Valenciana, Plataforma social “Los lunes al sol”, Plataformas de parados de Bailen, Mengibar y Jaén, Red ciudadana contra la precariedad de Jaén, Sindicato Andaluz de Trabajadores de Jaén; Revista Viejo Topo; Asociación Socialismo XXI, Espai Alternatiu del Pais Valencià, Forum Anticapitalista de Reflexió i Generació d’alternativas (FARGA), Izquierda Anticapitalista, Izquierda Unida, Partido Comunista de España (PCE), PSUC-Viu.

La reforma laboral y los tres deseos de la CEOE: Quién me mandaría a mí meterme en reformas

La reforma laboral y los tres deseos de la CEOE: Quién me mandaría a mí meterme en reformas

La reforma laboral

El inolvidable humorista Miguel Gila, analizando los motivos que pueden llevar a un escalador a encaramarse en lo alto de una montaña, especulaba: “tendrán familia arriba”. El buen hombre no sé explicaba a qué otra cosa podía uno subirse a los picos más altos. Pues la misma duda me surge a mí cuando pienso en la increíble reforma laboral con que nos ha obsequiado el ejecutivo, “algún interés tendrán en traicionar los derechos laborales que tantas décadas ha costado conseguir”, algún interés neoliberal o algo parecido, supongo.

Con esta reforma han abierto la caverna de antiguos monstruos, de antiguas tentaciones, de antiguas prácticas que cada vez recuerdan más a la esclavitud.

Se lo han puesto en bandeja a todos aquellos que se aprovechan del esfuerzo colectivo, del esfuerzo de las decenas, cientos, y a veces miles de trabajadores que son necesarios para producir un solo rico. A partir de ahora se precisará menos materia prima (trabajadores a explotar), ya que, en conjunto, el apartado “mano de obra” será infinitamente más rentable en sus balances.

Se lo han puesto en bandeja a la derecha, que haciendo de tripas sinrazón , sacan pecho anunciándose como el partido del pueblo, de los trabajadores. Anuncian que todos estamos en el mismo carro, pero ellos arriba y nosotros abajo, como diría Evaristo Páramos. Ellos siempre han estado encima, por encima de los trabajadores, y muy por encima de sus derechos.

Que nadie se engañe, los representantes del PP solo se pusieron del lado del pueblo, cuando ya estaba moribundo, cuando ya no había nada que hacer por sus derechos, y solo para salir en la foto.

Después de hercúleos esfuerzos seculares para conformar unos mínimos derechos laborales, después de sobrevivir a guerras santas y no tan santas, después de sobrevivir a las prácticas de amenaza y manipulación sistemáticas, después de sobrevivir a una transición, después de vivir (¡¡aún en el siglo XXI!!) bajo una monarquía; después de todo, tiene que venir un partido, supuestamente socialista, a poner esos derechos en coma, en vía muerta, a extinguirlos.

La precariedad en el empleo, junto con la precariedad de nuestra clase política, está escalando puestos en el índice de asuntos que más preocupan a los de por aquí. Recientemente he leído una encuesta en la que la escasa calidad de la clase política se alza ya al tercer puesto de las preocupaciones del ciudadano de a pie. Y eso con la que está cayendo.

Los tres deseos

Y por si cayera poco, ahora viene la CEOE y pide otros tres deseos al genio, tirando un poco más, si cabe, de la cuerda. Leo en Cinco Días el detalle de los tres deseos:

Ampliar a toda la vida laboral la base de cotización para calcular la pensión

Tener cotizados al menos 40 años para cobrar el 100% de la pensión (ahora son 35)

Prolongar la edad de jubilación.

Entre los argumentos para que les concedan el deseo de ampliar la edad de jubilación, no faltan las siempre odiosas comparaciones con otros países de la UE, cuyos valores son peores que los españoles. En Irlanda, destacan, la edad de retiro es de 66 años y en Alemania de 67. Atención CEOE, pregunta: ¿Cuántos países hay en la UE?, ¿Sólo hay dos que tengan una edad de jubilación más tardía que la española?, sinceramente, me parecen pocos como para que aspiren a que este país encabece una clasificación, por otra parte, tan mezquina y explotadora. Señores de la CEOE, si solo hay dos países peor que nosotros, ser terceros no está tan mal, se lo digo yo.

Entre los argumentos para que les concedan el deseo de ampliar al menos a 40 el número de años cotizados para acceder al 100% de la pensión de jubilación, emplean el mismo mecanismo de comparación pero sin nombrar a ningún país. Se limitan a decir que como actualmente este periodo, según la legislación española, es de 35 años, pues que “habría que ser generoso en este sentido”. No aclara para quien y en qué sentido habría que ser generoso, pero me da la sensación de que la intención no es la de favorecer al trabajador precisamente. Añaden que esto haría el sistema más contributivo y, por tanto, “favorecería la sostenibilidad de las finanzas públicas a largo plazo”. Atención CEOE, pregunta: ¿Por qué se empeñan ustedes en que seamos siempre los trabajadores los que garanticemos con nuestros sacrificios la sostenibilidad de las finanzas públicas a largo plazo? Está claro que la CEOE en lugar de luchar contra el fraude fiscal en sus filas, pretende seguir metiendo mano en nuestros ingresos incluso cuando hayamos abandonado la condición de trabajador.

Entre los argumentos que exponen a favor de su deseo de ampliar a toda la vida laboral la base de cotización para calcular la pensión de jubilación, la patronal explica que “el sistema español es uno de los más desequilibrados de la UE”. No puedo más que darles la razón, el sistema español es, efectivamente, uno de los más desequilibrados. Tener en cuenta “solo” los últimos 15 años de salarios mileuristas hacen que nuestros jubilados, en promedio, tengan unas pensiones absolutamente desequilibradas, si las comparan ustedes con las de los ciudadanos de los países de la UE. Conque, si pretenden ustedes tirar de vida laboral, desde la primera hasta la última página, para calcular las pensiones, imagínense el desequilibrio. Comparen, comparen, verán cuanto desequilibrio.

El espíritu del comunicado de la CEOE se podría resumir de la siguiente manera: Si los trabajadores explotados de los países del entorno (me encanta esta expresión) tienen menos derechos que nuestros trabajadores explotados, pues lo mejor será que reduzcamos los derechos a los nuestros. Y si los trabajadores explotados de los países del entorno tienen más o mejores derechos que los nuestros, pues lo mejor será que lo silenciemos.

No se preocupen si no alcanzan ustedes los 40 años de cotización que como mínimo pretende la CEOE, ya que si fuerzan un poco la máquina le otorgarán a usted un plazo extra para cumplirlos, obligándoles, obligándonos a que nos jubilemos con 67, 70 o sabe Díaz Ferrán cuántos años.

CEOE, y ¿quién te ha dicho a ti que quiero que legisles por mí?

Conclusión

Puede que sea una impresión mía, pero estos escaladores que se suben por encima de los derechos de los trabajadores, están obligándonos a subir nuestros particulares 14 “ochomiles”. Y digo yo, ¿no será mejor que subamos los 8.000 “catorces”?, ¿no será mejor que repartamos el esfuerzo entre todos, incluyendo, por supuesto, a las SICAV, a los empresarios, a los Díaz Ferrán, a los Fabra, a los Juan Antonio Roca, a los “gúrteles”, a los que evaden impuestos dentro y fuera del país, a los políticos, al gasto militar en misiones económico-humanitarias, la financiación de la iglesia y, por supuesto, el gasto de la casa real?

Esperemos a ver cuál es la reacción del gobierno con respecto a estos tres deseos-ambiciones de la CEOE, se admiten apuestas. Porque, total, echar una palada más de tierra encima del cadáver del pueblo nadie lo notará. Y menos aún si estamos en verano, cuando creen que nadie ve lo que nos están haciendo.

¿Es inevitable sufrir la dictadura de los mercados?

¿Es inevitable sufrir la dictadura de los mercados?

Se está llamando valientes a los gobiernos que están adoptando las medidas antisociales de los últimos tiempos, a los que callan ante la extorsión de los poderes financieros, a los que en lugar de pedir responsabilidades y colaboración a los bancos causantes de la crisis cargan sus costes sobre las espaldas de los trabajadores. Es el mundo al revés, porque no puede haber una expresión más clara de cobardía.

Juan Torres López, Consejo Científico de Attac España, Sistema Digital.


           En los últimos tiempos se está haciendo cada vez más evidente que los poderes financieros imponen su voluntad sobre la de los representativos, impidiendo que éstos lleven a cabo lo que le habían ofrecido a los ciudadanos en sus programas electorales.

           Comenté en esta página hace unas semanas que alguien tan moderado y poco dado a los excesos verbales como el Presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, había dicho que se estaba produciendo “terrorismo financiero”. Y hace unos días el prestigioso periodista Iñaki Gabilondo reconocía ante su audiencia que estamos viviendo en una dictadura de los mercados.

           Es normal y acertado que se digan este tipo de cosas porque a medida que ha ido desarrollándose la crisis se ha comprobado sin dificultad que ni los gobiernos socialdemócratas como el español ni los más conservadores como el francés o el alemán o ni siquiera el presidente de Estados Unidos que se considera el más poderoso del mundo pueden aplicar las medidas que inicialmente proponen. Los Bancos y los grandes financieros han conseguido salir a flote del desastre económico que han provocado frenando cualquier tipo de reformas por mínimas que haya sido. Basta comprobar las sucesivas declaraciones finales de las cumbres del G-20 para comprobar que no se ha llevado a cabo ni una sola de sus propias propuestas o promesas.

           Los Bancos no sólo han impedido que se les pidan responsabilidades por su conducta irresponsable (y delictiva en algunos casos) que dio lugar a la crisis, salvo en algunos casos singulares y en forma de multas que no impiden que hayan vuelto a tener increíbles beneficios. Han frenado la reforma de los mercados financieros que siguen funcionando bajo normas orientadas simplemente a permitir que las actividades especulativas de los financieros proporcionen ganancias más fácilmente; han impedido que se establezca cualquier nuevo tipo de control para evitar la acumulación ingente de riesgo que sus actividades conllevan. Por supuesto, no están dispuestos a consentir que se establezcan impuestos o tasas sobre las transacciones especulativas o ni siquiera sobre sus extraordinarios beneficios. Han evitado igualmente que desaparezcan los paraísos fiscales o que se evite de una vez que los bancos sean quienes laven en sus oficinas el dinero de traficantes, proxenetas, terroristas y criminales de todo tipo. Y todo eso, a pesar de que después de haber recibido incalculables sumas de dinero en ayudas de todo tipo siguen sin proporcionar a empresarios y consumidores el crédito que necesitan para reactivar la economía.

           Pero si todo ello es nefasto y está llevando a las economía a nuevas situaciones de peligro e inestabilidad, o a una larga depresión cuando imponen las políticas de austeridad actuales con la excusa de financiar la deuda que ellos han provocado, lo peor quizá sea que hayan logrado que la ciudadanía crea que todo esto es inevitable y que no se puede hacer nada para evitar la dictadura de los mercados, de modo que estamos llegando a la perfecta extorsión y a la completa rendición de los gobiernos ante los poderes financieros.

           ¿Qué diríamos si los líderes del mundo permanecieran callados ante ataques terroristas? ¿Aceptaríamos sin más que Rodríguez Zapatero nos dijera que no se puede hacer nada ante el terrorismo de ETA? ¿Nos parecería normal que los presidentes de los gobiernos se sentaran con los terroristas para llevar a cabo las medidas políticas que éstos les propusieran?

           ¿Por qué entonces se reconoce que hay terrorismo financiero o dictadura de los mercados y, sin embargo, se permanece en silencio y no se apela a la fuerza de la democracia, al poder de la ciudadanía para hacerle frente? ¿Por qué aceptan sin más las preferencias de los banqueros y no las de los ciudadanos?

           Se está llamando valientes a los gobiernos que están adoptando las medidas antisociales de los últimos tiempos, a los que callan ante la extorsión de los poderes financieros, a los que en lugar de pedir responsabilidades y colaboración a los bancos causantes de la crisis cargan sus costes sobre las espaldas de los trabajadores. Es el mundo al revés, porque no puede haber una expresión más clara de cobardía.

           Podemos aceptar que entre los gobiernos que las están tomando o entre los parlamentarios que las apoyan haya algunos que las compartan, que de verdad crean que son las que mejor convienen a las economías y a las personas. ¿Pero cómo vamos a creer que todos los parlamentarios españoles del partido socialista se hayan caído de pronto del caballo para llegar a pensar que ahora es mejor lo contrario de lo que proponían tan solo días o semanas antes? Basta hablar con muchos de ellos para comprobar que no comparten lo que están proponiendo los líderes mundiales o el propio gobierno al que, sin embargo, apoyan apenas sin rechistar.

           ¿Cómo pueden hacernos creer quienes han construido el Estado de Bienestar en España que ahora están de acuerdo con su desmantelamiento? ¿Cómo pueden convencernos los depositarios de la herencia de Largo Caballero de que de un día para otro y sin que haya de por medio debate alguno han pasado a convencerse de que lo mejor es convertir las cajas de ahorros en bancos o abrir la posibilidad de su progresiva privatización? La carencia de debate, la evidente imposición que acompaña a las medidas que se están tomando, la improvisación con que se cambia de discurso para justificar las estrategias que sabemos que los poderosos venían proponiendo desde hace tiempo pero que antes no se habían asumido porque quienes ahora las llevan a cabo, el indisimulable protagonismo de “los mercados” como fuentes de todas ellas … me llevan a pensar que detrás del asentimiento generalizado, al menos de los dirigentes y parlamentarios que siguen suscribiendo sinceramente el ideario socialista o socialdemócrata, no es el resultado del convencimiento sino simplemente de la sumisión.

           Muchos economistas científicos de gran prestigio e incluso de diversa trayectoria y posición intelectual, como Stiglitz, Galbraith o Krugman vienen señalando que las políticas de austeridad que ahora se imponen son una simple concesión a los poderes financieros que nos llevan al desastre porque van a impedir la recuperación económica. La realidad nos muestra que el actual régimen bancario basado en la iniciativa de los grandes bancos privados sigue sin garantizar la financiación de la economía que es lo primero que habría que resolver para recobrar la actividad. La persistencia de normas que permiten la ingeniería financiera prácticamente sin límite, la existencia de paraísos fiscales y la plena libertad de movimientos de capital sigue acumulando un riesgo ingente que antes o después va a provocar nuevas perturbaciones y crisis.   

         La dejación de los Bancos Centrales con tal de que los bancos privados y los especuladores se aprovechen ahora de la deuda pública para ganar cómodamente mucho más dinero está generando un lastre que impedirá durante años relanzar el crecimiento del empleo y la actividad económica. Y los recortes sociales que los poderes financieros y las grandes patronales están imponiendo aprovechando la confusión y la posición de ventaja que han recobrado solo van a producir un incremento del peso de las rentas del capital. Y el incremento de la desigualdad que así se produce solo va a conseguir que se fomente la actividad especulativa al mismo tiempo que la escasez, el desempleo, la pobreza y la exclusión social.

           Pero lo importante es saber que nada de esto es inevitable. Se puede hacer que la economía funcione mejor fortaleciendo la generación de rentas en lugar de frenándola, es decir, con políticas expansivas en lugar de las de austeridad salarial que se empeñan en imponer; disponiendo de Banca pública que garantice que las empresas y los consumidores dispongan de financiación; estableciendo normas, impuestos o tasas que desincentiven la ganancia financiera y frenen las transacciones especulativas; controlando los movimientos de capital que no estén ligados a operaciones productivas. Se pueden obtener recursos públicos recurriendo a fuentes más equitativas y eficientes y sabemos que allí donde el Estado de Bienestar está más fuerte, donde hay más igualdad y derechos sociales y donde se genera más capital social hay mejores resultados económicos, más progreso y mejor y más sostenible actividad económica. Mientras que es una evidencia clamorosa que las políticas de privatización, de desregulación y de austeridad de los últimos decenios y que ahora nos imponen aún en mayores dosis han generado menos crecimiento económico, menos empleo, más desigualdad y pobreza, menos derechos sociales, mayor número de crisis y más peligrosas, más destrucción ambiental y solo, eso sí, mucho más beneficio para los financieros y las grandes empresas.

           Para seguir aplicándolas no hay otra razón que someterse a la voluntad de los poderosos a quienes les convienen. Ni se puede decir que lo que se está haciendo sea lo mejor ni lo más conveniente para todos, ni lo que va a permitir que las economías salgan antes de la crisis.

Así pues, ni es inevitable someterse a los dictados de los mercados ni se van a resolver los problemas sometiéndose a ellos. Por el contrario, es seguro que al hacerlo se agravarán en el futuro. Sólo falta decisión y valentía.

A LA HUELGA GENERAL ¡YA!

Sobre la impotencia de la izquierda

Sobre la impotencia de la izquierda

El gran problema de los socialdemócratas es creer que cualquier correlación de fuerzas les va a permitir actuar como cuando las clases trabajadoras están empoderadas (apoderadas) y apoyan sus programas reformistas y entonces pueden lograr avances sociales efectivos e innegables, como ocurrió en los años de pleno empleo posteriores a la segunda postguerra mundial. Y creyendo eso, se deja llevar y renuncia a fortalecer el poder de su base social, lo que la ata de pie y manos frente al capital. Y el problema de la izquierda de la socialdemocracia es pensar que todo lo que ha hecho la socialdemocracia no sirve nada más que para sostener al capitalismo, de modo que lo que hay que hacer es atacarla y abrir ...

Juan Torres López 

Consejo Científico de Attac España, Nueva Tribuna

           Es cierto que si no todos, la mayoría de los intelectuales de izquierda no se han movilizado ni suficiente ni valientemente para dar fuerza a los movimientos sociales frente a la crisis. La izquierda no solo está siendo incapaz de aprovechar esta crisis para avanzar sino que ni siquiera está teniendo fuerza para resistir.

           Sami Naïr acaba de publicar en El País un artículo (breve y quizá por ello reflejo necesariamente incompleto de su pensamiento) titulado La impotencia de la izquierda europea que ha merecido una crítica de Carlos Martínez, presidente de ATTAC España, y que quizá valga la pena comentar.

           La tesis central del artículo es que en Europa “impera el silencio. Es el grado cero de la izquierda política e intelectual europea”. Frente a ello, cree que “ha llegado la hora de que la izquierda europea se recomponga y sobre todo que haga propuestas que no sean solo insustanciales y tímidas adaptaciones a las medidas tomadas por los grandes centros financieros. Propuestas realistas y socialmente progresistas para modernizar las relaciones sociales y convertirse en una alternativa creíble, movilizadora, frente a las derivas de un sistema económico exclusivamente dedicado al culto del beneficio y de la especulación financiera. Si la izquierda europea quiere oponerse de verdad a este sistema globalizado que ha logrado dividir como nunca a los asalariados, debe aprender a trabajar y actuar solidariamente a escala europea”.

           Por su parte, Carlos afirma que el articulo de Sami es desmovilizador y que falsea la realidad porque al hablar de izquierda se refiere tan solo a la socialdemocracia, porque cita a Grecia y su gobierno y no habla de las seis huelgas generales, porque hablar de política alemana y no citar a Die Linke es “mala leche o desinformación”, porque en su opinión hablar de la necesidad de acciones aunque sean simbólicas europeas y no hablar del 29 de Septiembre es “no desear que se conozca esta movilización europea de los sindicatos” y finalmente porque “no ser capaz de citar siquiera la resistencia que los movimientos sociales europeos están articulando poco a poco pero con constancia es trabajar para el capitalismo financiero aunque sea de forma tal vez involuntaria”.

           A pesar de que se pueden parece opiniones muy antagónicas, yo creo que hay elementos razonables en los dos textos.

           Por un lado, me parece que es importante ser conscientes de que lo que está ocurriendo es efectivamente el resultado de un gran fracaso de la izquierda en los últimos años.

           Es cierto que se trata de un fracaso que no se puede achacar solo a su completa responsabilidad: no olvidemos que en los últimos cuarenta años las políticas neoliberales que se han presentado como la suprema expresión de la libertad se han impuesto en muchos sitios de la mano de dictaduras que han asesinado a miles de políticos, sindicalistas, líderes ciudadanos y simples personas normales y corrientes que trataban de forjar nuevos ideales y poner en marcha resistencias sociales. Y que allí donde hay un movimiento de respuesta en muchos casos se ha producido represión física y casi siempre política, académica o electoral, o que la concentración del poder mediático y su vinculación con el económico y financiero es más grande que nunca.

           Por eso me choca que una persona que conoce tan bien como Sami Naïr los entresijos del poder diga que los intelectuales de izquierdas permanecemos en silencio sin mencionar que apenas disponemos de espacios donde decir lo que pensamos. Lo que yo creo que ha faltado y está faltando no son análisis, ni denuncias, ni propuestas de intelectuales comprometidos sino su difusión.

           Otra cosa es que sí debamos reconocer que la izquierda ha sido incapaz de organizar en todo este tiempo su propio sistema de mediación social y, por ello, que los análisis que podrían sustentar respuestas políticas en la línea que apunta Sami Naïr parezcan inexistentes o no puedan servir como catalizadores efectivos de la movilización social.

           Y desde luego se ha producido un gran fracaso de la izquierda porque, hasta el momento, y salvo experiencias muy contadas, ni ha sido capaz de superar su división, ni de definir un nuevo proyecto político y social atractivo, ni ha sido capaz de articular en torno a sus análisis y propuestas a una fracción considerable de la ciudadanía. Y es cierto que si no todos, la mayoría de los intelectuales de izquierda no se han movilizado ni suficiente ni valientemente para dar fuerza a los movimientos sociales frente a la crisis. La izquierda no solo está siendo incapaz de aprovechar esta crisis para avanzar sino que ni siquiera está teniendo fuerza para resistir.

           También es cierto, como señala Carlos Martínez, que Sami Naïr se centra exclusivamente en el papel de la socialdemocracia y que silencia lo que se está haciendo en otros espacios políticos. Pero, al mismo tiempo hay que reconocer que esto último está siendo hasta ahora bastante insuficiente. Es verdad, por ejemplo, que ha habido varias huelgas generales en Grecia pero lo relevante quizá no sea solo que se hayan producido sino que estén resultando ineficaces para frenar la extraordinaria agresión que allí vienen recibiendo los trabajadores, posiblemente, porque no hayan sido tan generales como indica su nombre. Como también es cierto que en España se prepara una huelga general, pero me parece que todos somos conscientes del fuelle tan escaso que la impulsa precisamente porque el papel desempeñado hasta el momento por sus convocantes (una buena expresión de la impotencia y del fracaso innegables de las izquierdas que denuncia Sami Naïr) no es precisamente el que mejor puede fortalecer ahora una movilización general contra las políticas neoliberales.

           Por eso creo que ambos análisis tienen razón, aunque también los dos me parecen incompletos: creo fundamental reconocer la impotencia, el fracaso y también la complicidad de las izquierdas, cada uno en partes desiguales en sus diferentes corrientes, pero lo que no se puede hacer es invisibilizar lo que se viene haciendo para tratar de superarlos y analizar la situación como si no hubiese nada a la izquierda de la socialdemocracia. Y, sobre todo, no mencionar que el principal y más lamentable fracaso está siendo ahora el de ésta última que, por miedo, por verdadera impotencia o por complicidad se ha convertido una vez más en el brazo ejecutor de las políticas neoliberales, e incluso en algo peor: en aún más desmovilizadora de la sociedad y en la silenciadora de todo lo que ocurre o se gesta a su izquierda.

           Dicho esto, creo, sin embargo, que en este sentido se sigue valorando de un modo muy equivocado el papel de la socialdemocracia.

           Cuando se habla de ella queriendo disimular su efectiva responsabilidad, se oculta que hay otra izquierda y se quiere hacer creer que el mundo de la política termina allí donde acaban los socialdemócratas. Y cuando se analiza desde su izquierda reclamando políticas más radicales parece que el problema consiste simplemente en determinar (con razón) que las políticas que lleva a cabo no son de izquierdas y, en todo caso, como hace Carlos Martínez, a pedir a los socialdemócratas que se vengan “a luchar junto a las y los que estamos en ello”.

           Ambas posiciones me parecen inapropiadas.

           La historia nos demuestra que la socialdemocracia ha sido o ha hecho lo que ha permitido que sea o que haga la correlación de fuerzas sociales de cada momento.

           El gran problema de los socialdemócratas es creer que cualquier correlación de fuerzas les va a permitir actuar como cuando las clases trabajadoras están empoderadas y apoyan sus programas reformistas y entonces pueden lograr avances sociales efectivos e innegables, como ocurrió en los años de pleno empleo posteriores a la segunda postguerra mundial. Y creyendo eso, se deja llevar y renuncia a fortalecer el poder de su base social, lo que la ata de pie y manos frente al capital. Y el problema de la izquierda de la socialdemocracia es pensar que todo lo que ha hecho la socialdemocracia no sirve nada más que para sostener al capitalismo, de modo que lo que hay que hacer es atacarla y abrir una fosa lo más grande posible entre ella y la izquierda “de verdad”.

           Es evidente que cuando la correlación de fuerzas es desfavorable, la socialdemocracia en el gobierno no puede llevar a cabo sus políticas redistributivas y de pacto social y que, renunciando como suele renunciar a la movilización de apoyo social, se convierte simplemente en un instrumento de las políticas de derechas que no solo producen resultados materiales más desfavorables a los trabajadores sino que además crean ciudadanía de derechas (he analizado todo esto con detalle en La estrategia del bienestar en el nuevo régimen de competencia mundial).

           Esto es cierto y es lo que está pasando actualmente en España. Pero creo que es bastante simplista que quienes nos consideramos a la izquierda de la socialdemocracia nos limitemos a reclamar que los socialdemócratas se caigan del caballo y se vengan al lado de los movimientos sociales que “de verdad” luchan por el cambio social.

           Yo tengo la convicción (porque me parece que eso es lo que demuestra la experiencia histórica) de que las políticas socialdemócratas que no se basan (como suele ocurrir) en la movilización social y en el empoderamiento de la ciudadanía terminan siendo un simple sostén de las políticas liberales. No voy a insistir en ello porque creo que está a la vista. Pero lo que al mismo tiempo me parece fundamental reconocer es que será imposible avanzar de verdad hacia una transformación social más completa, auténtica y radical si no se articula un bloque social que para poder ser tan amplio como es preciso y no muy minoritario necesariamente ha de contar con la base social que hoy día sostiene a la socialdemocracia.

           ¿O es que acaso podemos creer que quienes cuando se presentan a las elecciones no sacan más del 10% de los votos, en el mejor de los casos, pueden considerarse de veras en condiciones de liderar el cambio social?

           Yo creo que es ahí donde está de veras el auténtico fracaso de la izquierda llamémosla transformadora o más radical: se limita a considerar que la socialdemocracia no transforma o no lo hace suficientemente a la sociedad y a los individuos (con toda la razón) pero lo hace mirándose a su propio ombligo y sin ser capaz de generar alternativamente un proyecto que sea atractivo y capaz de generar cohesión social y apoyo suficientemente potentes como para avanzar en dicha transformación, comprometiendo con él a la gran parte de la base social y de la propia militancia de la socialdemocracia que de verdad desea avanzar más radicalmente hacia otra realidad social. Y como la socialdemocracia, guste o no, lo consigue en mayor medida, sigue siendo la referencia para la inmensa mayoría de las personas que no quieren un mundo como este, y aunque eso al final solo se traduzca la mayoría de las veces en pasos atrás o en frustraciones.

           La historia nos ha demostrado los efectos negativos de esa actitud cómplice y desmovilizadora de la socialdemocracia. Pero también la inutilidad de que el resto de la izquierda se limite a levantar banderas muy puras y radicales que, sin embargo, solo siguen minorías tan selectas como inoperantes.

           Y por eso pienso que lo que sería deseable es que se fuesen reconstruyendo espacios de unidad en torno a demandas que creo que hoy día son radicales y que claramente apuntan a la línea de flotación del sistema pero que pueden ser suscritas por amplios sectores sociales (frente a las injusticias fiscales, contra el poder de los bancos, contra la pérdida de derechos elementales…). Unos espacios que no pueden reproducir la experiencia de los viejos partidos políticos sino que deberían surgir desde abajo, democráticamente, y contar con la participación mancomunada de todas las corrientes de las izquierdas, que deberían dejar de preocuparse por sentirse más ortodoxas o como portadoras más auténticas de la verdad y empezar a trabajar conjunta y generosamente para promover la movilización social.

           Y más concretamente, creo que en España todo ello pasa en este momento por ir creando una alternativa electoral única a la izquierda del PSOE, no para combatirlo sino para combatir a la derecha (la de fuera y la de dentro del PSOE) y de esa manera avanzar hacia la conformación de un bloque social capaz de enfrentarse con algo más de éxito a las agresiones que se están produciendo y a las que vienen.

Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Sevilla y miembro del Consejo científico de ATTAC-España.

Un día histórico

Un día histórico
mimargenizquierda/Rebelión

Esta mañana yo tenía pensado dejar en el blog un relato que he escrito en los últimos días y que se titula "Un día cualquiera". Pero en vez de eso voy a escribir, desde la rabia y la impotencia, algo sobre las cinco personas, tres mujeres adultas (una de ellas, embarazada) y dos bebés, que el día 15 de julio fueron enterrados en el Cementerio Muncipal de Motril.

Estas cinco personas murieron el sábado 10 de julio, cuando viajaban en una patera junto a otros treinta y siete seres humanos, ahogadas en el mar, cuando venían a este país en busca de un futuro un poco mejor del que les esperaba en su tierra (las pobres criaturas no saben lo que de verdad les espera a este lado del mundo, si lo supieran...). Si tú que estás leyendo esto, has visto las imágenes de los ferétros infantiles en la televisión, entenderás mi rabia y mi mala leche y, seguro, la compartirás, porque nadie puede permanecer indiferente a tanto dolor y a tanta injusticia.

Da la casualidad de que al día siguiente de estas terribles muertes, el domingo 11 de julio, este país al completo se había vuelto loco con la final del Mundial de fútbol (algo histórico, nos han dicho por activa y por pasiva). Pues qué queréis que os diga. Que para mí, lo verdaderamente histórico, aunque ya se ha vuelto algo casi cotidano, es que se entierre a estas cinco personas en la más absoluta soledad y de la manera más anónima. Para mí, lo histórico, es el fracaso más absoluto de la raza humana, de los políticos de cualquier signo, de las organizaciones humanitarias y del copón bendito, ya que somos, todos, incapaces de evitar que dos bebés se ahoguen a unas millas de las costas de Motril.

Para mí, lo histórico sería que de una maldita vez, alguien pusiera punto y final a estas tragedias. O que esta personas no se vieran abocadas a venir, jugándose la vida, a un país donde se les trata con la punta del pie y se les culpa de todos los males habidos y por haber. Para mí, lo histórico sería que la riqueza fuera compartida, que una persona no se echara al bolsillo seiscientos mil euros por ganar unos cuantos partidos de fútbol y que los demás pudieran vivir su vida en la tierra que los ha visto nacer sin necesidad de lanzarse al mar hacia una muerte segura. Para mí, el día verdaderamente histórico será ese en el que los bebés no mueran ahogados en el mar por la simple razón de haber nacido en el lado chungo del mundo. En fin, para mí, un día histórico será el día en que el ser humano, la vida de cualquier ser humano, sea sagrada. ¡Qué lejos queda aún ese día !
Fuente: Http://mimargenizquierda.blogspot.com

Las pensiones, el nuevo botín de la banca

Las pensiones, el nuevo botín de la banca

Attac

Hace unos meses el gobierno español lanzó un “globo sonda” al anunciar que estaba estudiando alargar la vida laboral hasta los sesenta y siete años. Con dicho anuncio el gobierno tenía como objetivo averiguar cuál era el grado de apoyo potencial que tendría la medida en caso de aplicarse.

La masiva respuesta social en contra consiguió frenar la medida. Sin embargo, tal anuncio también consiguió recuperar, y poner encima de la mesa, un debate que cada poco tiempo asoma en la vida política y económica: la supuesta insostenibilidad del sistema público de pensiones.

El debate, como decimos, no es nuevo. Los partidarios de la privatización del sistema público de pensiones llevan muchos años elaborando gran cantidad de trabajos académicos en los cuales se desarrollan diversos modelos econométricos y matemáticos que, partiendo de unas determinadas hipótesis de partida, acaban supuestamente revelando que el actual sistema de pensiones está condenado al fracaso. Éste necesitaría, en consecuencia y según esta opinión, ser reformado y sustituido por uno privado lo antes posible. Sin embargo, un análisis más profundo de dichos trabajos rápidamente hace emerger a la superficie aquellas ideas que se encuentran atrapadas tras las ecuaciones de los modelos.

Es ideología, y no ciencia, lo que aparece cuando el halo de cientificismo desaparece de la escena. No obstante, y como ocurre en cualquier truco de magia, muchas han podido ser las personas engañadas y estafadas por el camino.

Y ese es el principal objetivo de tales informes: avivar el miedo de los ciudadanos a quedarse sin la que es la principal fuente de ingresos durante la jubilación. Pero, ¿qué hay detrás de esta amenaza permanente al sistema de pensiones público? La respuesta hay que buscarla en la evolución reciente de las finanzas. El crecimiento extraordinario de los flujos financieros, y su conversión en un ámbito en donde se pueden obtener hoy día ganancias privilegiadas, ha hecho especialmente atractivo para los intereses privados la gestión de los recursos que movilizan las pensiones públicas.

Y más allá del papel pernicioso que tienen los movimientos financieros de los fondos de pensiones privados la cuestión está clara: son un instrumento más, y cada vez más importante, para el beneficio de los bancos y las entidades financieras en general

Éstas se han convertido en un botín con el que muchas entidades privadas sueñan quedarse. Una de las nuevas líneas de negocio abierta por los bancos en las últimas décadas tiene que ver con los fondos de inversión colectiva y, en particular, con los fondos de pensiones. Esta forma de negocio se caracteriza porque el banco recoge dinero de diferentes clientes, forma un fondo con ellos e invierte en los mercados financieros en busca de su revalorización. Si ésta se produce se devuelven ganancias financieras al cliente después de que el banco se haya quedado con la mayor parte. Y más allá del papel pernicioso que tienen los movimientos financieros de los fondos de pensiones privados la cuestión está clara: son un instrumento más, y cada vez más importante, para el beneficio de los bancos y las entidades financieras en general. Y el obstáculo principal que enfrentan es la supervivencia del sistema público de pensiones, que desvía hacia el Estado recursos económicos que los bancos buscan para proseguir sus lucrativas actividades económicas.

En España los fondos de pensiones privados han pasado de representar un 0’04% sobre el PIB en 1989, a significar un 8’39% del PIB en 2009. Una tendencia similar a la del resto de países desarrollados, a pesar de que el grado de evolución de este mercado es muy distinto entre los diferentes países, ya que obviamente depende de la fortaleza del sistema público de pensiones.

En todo caso, en los últimos diez años tampoco esta fórmula de ahorro se ha mostrado capaz de cumplir sus promesas, ya que el 96% de los fondos privados ofrecía una rentabilidad menor que la inversión.

La sostenibilidad del sistema público de pensiones ha sido demostrada en numerosas ocasiones, a pesar de tener que enfrentar un ataque mucho mejor organizado y con más recursos, pero también es fuerte el apoyo que el sistema público tiene de la población. Un reciente estudio indicaba que un 75% de los españoles considera que el Estado tiene “mucha” responsabilidad a la hora de asegurar una pensión suficiente para las personas jubiladas, frente a un 22,4% que considera que tiene “bastante” responsabilidad y un insignificante 2,6% que considera que tiene “poca” o “ninguna” responsabilidad.

No es, definitivamente, la sociedad la que no puede soportar por más tiempo un sistema público de pensiones. La sociedad puede y debe mantener dicho sistema. Son los bancos quienes desean acabar con este sistema para aumentar sus volúmenes de negocio y poder competir en mejores condiciones con otros bancos extranjeros

Gobernar es tomar medidas impopulares: ¿para quién?

Gobernar es tomar medidas impopulares: ¿para quién?
El Plural

Una frase que se está generalizando en ciertos sectores del establishment político español, incluyendo el gobierno español, es que gobernar significa “no temer a tener que tomar decisiones impopulares”. Esta frase se está utilizando para alentar al gobierno a tomar medidas como la congelación de las pensiones, la destrucción de puestos de trabajo en el sector público, la reducción de los salarios de los empleados públicos, la reforma laboral que facilitará los despidos y la reducción salarial, medidas que están siendo, como es lógico, altamente impopulares entre las bases electorales del partido gobernante.

Encuentro esta frase, además de enormemente arrogante, carente de sensibilidad democrática. La función primordial de un representante político es representar a sus electores, pues es la voz de aquellos que le han elegido. El poder de tal gobernante deriva única y exclusivamente de la soberanía otorgada a él o a ella por la población a la cual representa. Y si hay un conflicto entre lo que el representante opina y lo que los representados desean, es el representante el que debe cambiar o dimitir. No es el representado el que tiene que dimitir. La población vota a un programa con el cual el representante está comprometido. Y ninguna de estas propuestas del gobierno Zapatero, por cierto, estaba en la lista de políticas públicas en cuyas bases el gobierno fue elegido.

Muchas de las voces que sostienen aquella frase de que hay que ir en contra de la opinión de los representados parecen ser conscientes de la incoherencia de tomar posturas contrarias a su electorado. De ahí que subrayen el tema de la comunicación, aduciendo que la impopularidad de las medidas se debe a la falta de comunicación entre el Gobierno y su electorado. Es el eterno argumento de que las masas no entienden a las élites gobernantes que tienen que cargar en sus hombros la responsabilidad de tomar decisiones impopulares e incomprendidas. Esta actitud menosprecia, no sólo la inteligencia y madurez del electorado, sino que sobreestima las dotes del representante, creyendo que él o ella saben más lo que beneficia e interesa a su electorado que el propio electorado.

La realidad es que la impopularidad de cada una de estas políticas que el gobierno ha tomado no se debe a que no se hayan explicado. En realidad, los medios de mayor difusión del país no sólo las han explicado, sino que las han promovido activamente, pues la mayoría son de ideológica neoliberal. Y, en cambio, las bases electorales del gobierno socialista español, así como la mayoría de la población, no aceptan tales medidas, y con razón.

En toda esta justificación, la frase que debiera utilizarse no es si hay temor a tomar medidas impopulares, sino entre quiénes son impopulares. Lo que estamos viendo es que se están tomando medidas impopulares entres los débiles, y muy populares entre los fuertes, medidas que éstos últimos han estado deseando tomar desde hace muchos años, y ahora, con la crisis (que ellos crearon), tienen el momento para implementarlas.

La congelación de las pensiones, por ejemplo, fue impopular entre los pensionistas, pues ellos tendrán que pagar un déficit que se crea en las cuentas del estado (1.500 millones de euros) que podría haberse evitado no bajando los impuestos de patrimonio (2.500 millones) que beneficiaron primordialmente a las rentas superiores. El gobierno no tuvo temor en tomar medidas impopulares entre los pensionistas y muy populares entre las rentas superiores.

El coraje que se exige, no es disminuir los beneficios sociales y laborales de la clase trabajadora, sino enfrentarse a los grupos más poderosos (desde la banca y la patronal a las rentas superiores). Y es ahí donde su cobardía es decepcionante, lo cual es incluso más acentuado entre las derechas españolas y catalanas, siempre muy próximas al mundo financiero y empresarial, y muy lejanas de los ciudadanos de a pie. De ahí que las derechas utilicen constantemente la cruz y la bandera para conseguir el apoyo que sus políticas económicas y fiscales dificultarían. Las izquierdas no pueden regirse por el mismo criterio de coraje que tienen las derechas, y han de tener valor para tomar medidas impopulares entre los poderosos en este país, que, por desgracia, no son las clases populares.

Vicenç Navarro es Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University (www.vnavarro.org)

Fuente: http://www.elplural.com/opinion/detail.php?id=48057

Europa ha muerto (o casi)

Europa ha muerto (o casi)

A principios de la década de los ochenta, cuando España comenzaba a despertar de su siniestro letargo de cuarenta años, el grupo asturiano de rock Los Ilegales, publicó una canción que se titulaba “Europa ha muerto”. En ella, los de Gijón hacían recuento de los símbolos más importantes del viejo continente, para concluir que la vieja Europa ya no sería nunca más ese territorio ilustre y humanista que durante siglos había marcado el rumbo filosófico, artístico, sociológico y político del resto del mundo. Hoy, treinta años después de que aquella canción fuese compuesta, la profecía implícita en el título de la canción está a punto de cumplirse.

Y es que la ola de políticas de carácter neoliberal que recorre Europa estos días, nos está conduciendo a un callejón sin salida, un punto de no retorno del que, valga la redundancia, será difícil escapar. Veamos algunos ejemplos.

En Alemania, corazón financiero de Europa y uno de los países del mundo donde el Estado del Bienestar ha alcanzado cotas más altas, la Canciller conservadora Angela Merkel ha puesto en marcha un plan de recortes sociales y subidas de impuestos sin precedentes en la historia, y todo ello, a pesar de haber ganado las últimas elecciones con la promesa de que los impuestos no se subirían ni un solo céntimo y de que el Estado de Bienestar germano seguiría siendo como hasta ahora.

En Grecia, el gobierno socialista de Yorgos Papandreu está llevando a cabo las reformas más duras y restrictivas en la historia del país helénico: reforma radical del sistema de pensiones, recortes salariales para los empleados públicos de hasta un 25%, aumento de 35 a 40 años el número de años cotizados para recibir la pensión máxima, subidas leoninas de impuestos a las clases medias y bajas y otras recetas de carácter neoliberal.

En Italia, Silvio Berlusconi y sus socios neofascistas de la Liga Norte, han puesto en marcha un plan de recortes de 25.000 millones de euros para los dos próximos años en inversiones públicas.

En Reino Unido, tan solo unos días después de tomar posesión, el nuevo Premier, el conservador David Cameron, se dirigió a la nación para anunciar que había llegado el momento de ajustarse el cinturón de tal manera que, probablemente, el sistema de vida británico, no volvería a ser el mismo nunca más.

En Francia, Nicolas Sarkozy hizo público, hace unos días, por mediación de su Primer Ministro, François Fillon, su proyecto para retrasar la jubilación hasta los sesenta y dos años. Un auténtico mazazo para un sistema, el francés, que siempre ha mostrado con orgullo sus avances sociales y que era espejo para el resto de los estados europeos.

En Rumania, el gobierno que preside Traian Basescu, ha puesto en marcha un plan para recortar los sueldos a los empleados públicos en un 25% y las pensiones en un 15%.

Y el mismo tipo de medidas han sido tomadas o están a punto de serlo en Portugal, Hungría, Irlanda, España y otros estados de la Unión Europea. Y es que los sumos sacerdotes del capitalismo más depredador (léase el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo, la OCDE, a nivel internacional; o aquí en nuestro país, el Banco de España, la CEOE, el Grupo de los Cien, etc.), han hallado en esta Europa sumisa y desnortada su mejor campo de pruebas. De esta manera, día sí día también, nos encontramos con medidas despiadadas que siempre afectan (negativamente, por supuesto) a los mismos: clases trabajadoras, parados, pensionistas, jóvenes y, en general, a los sectores más desfavorecidos de la sociedad europea. Entre algunas de estas medidas, tenemos, por ejemplo, reformas laborales cuyo objetivo principal es poner fin a los convenios colectivos y conseguir el despido libre, elevar los años necesarios para jubilarse, bajar sueldos a empleados públicos y a pensionistas, etc., etc. Y sin embargo, no se han puesto en marcha ningún tipo de medidas (o al menos, no de manera seria y eficaz) encaminadas a reformar el sistema financiero, a poner fin a los paraísos fiscales o en definitiva, a hacer que las medidas restrictivas recaigan en los culpables del colapso económico. De esta manera, mientras que la mayor parte de la población europea tiene que hacer unos esfuerzos de contención terribles para poder llegar a fin de mes, para poder pagar sus hipotecas, o simplemente para poder vivir dignamente, los culpables de la crisis, los que especulan a su antojo en los mal llamados “mercados” siguen viviendo en la ostentación, en el derroche y en los lujos, algo que a todas luces nos parece, cuando menos, injusto e inmoral.

En una de las numerosas manifestaciones que tuvieron lugar en Grecia durante el pasado mes de mayo, un grupo de trabajadores colgó una pancarta en la Acrópolis, en la que se podía leer: People of Europe, rise (Pueblos de Europa, levantaos). Aún estamos a tiempo, las gentes de Europa, en España, en Reino Unido, en Alemania, en Italia, en Grecia, y en cualquier otro sitio, por diminuto que sea, de salir a la calle, de levantarnos, de rebelarnos, de mostrar nuestro rechazo, de plantar cara a este sistema capitalista, deshumanizado y asesino, en el que es más importante la salud del Ibex35 que el hambre que pueda estar pasando un ser humano. Aún estamos a tiempo de decir a los gobernantes de Europa que esto no es lo que queremos los europeos. Si no lo hacemos con contundencia y a la mayor brevedad posible, el fatídico título de la canción de Los Ilegales, ya no será una profecía. Será una realidad. Y eso no pinta nada bien.

Rafael Calero Palma

Http://mimargenizquierda.blogspot.com

Los halcones de la reforma

Los halcones de la reforma
Ràdio Klara

Para los que no tengan edad, el apellido Boyer casi no les dirá nada, más allá de que se trata de una personalidad pública que maridó con Isabel Preysler, ex de la estrella de la canción bluf Julio Iglesias y reina de Porcelanosa.

Pero Miguel Boyer tiene un pasado del que, como de su sombra, no puede zafarse por más que los años no pasen en balde. El ahora plusmarquista de los consejos de administración fue uno de los miembros históricos el PSOE felipista, asistió al Congreso de Suresnes, en donde se formalizó la escisión con el PSOE republicano, y durante años representó la fidelidad a la opción socialdemócrata dentro del partido, del que llegó a ser vicepresidente económico en el primer Gobierno de Felipe González. Desde ese sillón protagonizó la intervención de la Rumasa de Ruíz Mateos, el primer holding de la España de la época, en una medida tan “jacobina” que hoy casi no la igualaría el mismísimo Hugo Chávez. Luego se distanció de sus colegas socialistas y más tarde apareció respaldando las tesis del PP de José María Aznar, con tan inquebrantable adhesión que llegaría a encaramarse durante un tiempo a la vicepresidencia de la Fundación FAES, el think tank del sector neocons español.

Hombre de trato difícil y discreta vida pública, ampliamente amortizado su paso por Carabanchel durante el franquismo, Boyer aparece ahora en los papeles como un ardiente defensor del ajuste del presidente Zapatero. Y, caso típico en algunos conversos ideológicos de alta alcurnia, se permite ser más papista que el papa, haciendo gala de un despotismo ilustrado que ni el mismísimo Felipe Gonzalez perpetró cuando en su recital ante “todo el PSOE”, con motivo del centenario del grupo socialista, divulgó el manual de uso del partido para momentos de crisis, sin citar en una sola ocasión a los sindicatos ni a los 4,5 millones de parados creados por el partido (nuestro particular Ogro Filantrópico, que diría Octavio Paz).

En este brumoso contexto, el divino Boyer ha reaparecido y lo ha hecho ante uno de esos cónclaves de cinco tenedores, el foro Nueva Economía, que se montan de vez en cuando para lanzar las consignas que precisa el capital para tener al personal en primer tiempo de saludo.

Cito al diario de referencia (El País, 22 de junio de 2010): “El ex ministro socialista apoyó la reforma laboral, de la que dijo debe mejorarse en el Parlamento con la colaboración del PP, y el retraso de edad de jubilación; criticó el bajo salario de los miembros del Gobierno (“si se siguen bajando, pronto llegarán los analfabetos” a la dirección del Ejecutivo); respaldó la aplicación del Plan E y explicó que un impuesto sobre la banca no tendría sentido en España porque tendría mucha repercusión en el cliente…” Literalmente.

Ni el mismísimo Botín se habría expresado con más despejadas intenciones. Un recital de soberbia sin la más mínima concesión a la cruda realidad. Veamos. La “reforma” laboral, que es en realidad una agresiva contrarreforma si no nos dejamos colonizar semánticamente, debe “mejorarse” en el Parlamento con la colaboración del PP. O sea, que ahora han de ser los representantes de la nación quienes agraven aún más las condiciones que han de soportar sus sufridos representados. Ése es el sentido oculto del término “mejorarse”, que además ha de hacerse con la “colaboración del PP”, descubriendo la mano invisible que mece la cuna de la Moncloa (“Esto sólo lo arreglamos entre todos”). Además se insta a retrasar la edad de jubilación, para que a ZP no le tiemble la mano y vuelva a las andadas de lo que comprometió ante el sanedrín de Davos allá en los comienzos de la presidencia española de la UE. Añade que los ministros ganan poco, el que cobra como ex ministro y vice, porque de lo contrario “llegarán analfabetos”, como si el Ejecutivo no fuera ya por definición la mayor incubadora de analfabetos sociales. Y rubrica su patriótica deposición amenazando, por bancarios interpuestos, con trasladar al bolsillo de los ciudadanos cualquier impuesto sobre el sistema financiero para sufragar la crisis por él fomentada y por los trabajadores sufrida. Comme il faut.

Esto entre la aristocracia post-socialista. En el remoto frente obrero, las cosas no son muy diferentes aunque aún se vistan con la pana de aquellos abogados laboralistas que tanto nos quisieron. Va esto último por el artículo que ese mismo día y en ese mismo medio, seguramente por aquello del contraste de pareceres, nos ofrece el socialista y actual presidente de la Comisión de Economía del Congreso, Antonio Gutiérrez, ex secretario general de Comisiones Obreras.

Sostiene el que fuera líder de CCOO cosas que defendería cualquier persona sensata y mucho más si encima tiene una mínima conciencia cívica. Habla Gutiérrez de la “reforma parcial –y brutal- del 85”, hecha por el PSOE de Felipe; cita las oportunistas involuciones laborales aprobadas “al menor bache de la economía”; se refiere a que la reforma actual busca como siempre abaratar el factor trabajo como vía principal para recomponer la tasa del beneficio” y, como apoteosis asegura que “inexplicablemente, el proyecto de reforma sufrió una metamorfosis asombrosa entre el primer borrador, más equilibrado, del viernes 11, y el decreto aprobado tres días después”. ¿La llamada de Botín, la palmadita de Obama, o la simple lógica de la razón de Estado?

Bien, pues con toda esa batería de reproches y enmiendas a la totalidad, ¿votó en coherencia Antonio Gutiérrez contra la “asombrosa” reforma que propone su partido? No padre; se abstuvo con mérito. Una cosa es predicar y otra dar trigo. Todo muy predecible.

La consigna es “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, en un tramposo totum revolutum para encubrir que siempre ha habido clases. ¿Quién ha vivido por encima? ¿Quién ha tenido posibilidades? Si desde la transición el índice de paro en España fue siempre el doble que la media europea. Si, como insiste en recordarnos Vicenc Navarro (Los sindicatos llevan razón. El Plural 22 de junio) “según datos del ministerio de Trabajo en el periodo de octubre de 2008 a octubre de 2009, el 50% de contratos extinguidos han tenido una indemnización de sólo 8 días por año (y) los beneficios empresariales crecieron en España un 73% en el periodo 1995-2005 –más del doble de la media de la UE-15, un 33%-, mientras que los costes laborales aumentaron en el mismo periodo un 3,7% -cinco veces menos que en la UE, un 18,2%”.

Pero eso no cuenta ante la avalancha fundamentalista que nos embarga. Es la propaganda que no cesa. Hasta que nos convenzan que debemos inmolarnos por su buena causa. ¡Ninguna televisión pública transmitió la sesión de convalidación de la reforma laboral en el Congreso!

“Es un tumulto análogo al silencio”. (Cementerio marino. Paul Valery)

Fuente: http://www.radioklara.org/spip/spip.php?article3974

Attac España reclama al gobierno y a los grupos parlamentarios la nacionalización de las cajas de ahorro

Attac España reclama al gobierno y a los grupos parlamentarios la nacionalización de las cajas de ahorro

Rebelión

Ayer, 24 de junio, Carlos Martínez, Presidente de ATTAC España, Susan George, Presidenta de honor de ATTAC Francia, y Juan Torres López, en representación del Consejo Cientifico de ATTAC España, presentaron en el Congreso de los Diputados una iniciativa para reclamar del Gobierno y los grupos parlamentarios que den los pasos necesarios para nacionalizar las cajas de ahorros españolas. Una medida que según los promotores es "absolutamente imprescindible para salir de la crisis, no sólo como forma de paliar la falta de financiación procedente de la banca privada y que está llevando al cierre y al paro a miles de empresas y personas, sino para garantizar que a medio y largo plazo la economía española pueda cambiar de modelo productivo y orientarse hacia un tipo de actividad que genere más y mejor empleo, más equidad y equilibrio natural y mayor bienestar social".


Texto de la propuesta

A la vista de la situación en la que permanece la economía española, del efecto nuevamente recesivo que con toda seguridad van a tener las medidas de ajuste impuestas al Gobierno por los poderes financieros, y de la manifiesta incapacidad de la banca privada para garantizar la financiación de la actividad económica ATTAC España, a propuesta de su Comité Científico, ha decidido dirigirse a la totalidad de los grupos parlamentarios españoles para exponerles y reclamar de ellos lo siguiente:

Primero, que la causa principal de la caída de la actividad económica y del empleo y de su prácticamente nula recuperación es la falta de crédito y financiación; que no se puede permanecer más tiempo sin proporcionarla y que ante la evidente incapacidad de la banca privada para proporcionarlos es urgente e imprescindible que el Estado asuma esa función.

Segundo, que el Banco de España debe cumplir sin demora con su labor de supervisión y control poniendo en claro de manera transparente y sin subterfugios contables la situación patrimonial y de solvencia efectiva de la banca privada, obligando a que haga frente a sus responsabilidades y a que se lleven a cabo las operaciones de saneamiento y reestructuración o intervención convenientes sin que en ningún caso se generen costes adicionales para el erario público en beneficio del interés privado.

Tercero, que es imposible que el Instituto de Crédito Oficial (ICO) asuma por sí solo la financiación de la economía española, como se ha pretendido, porque no dispone de capital ni de medios materiales suficientes para ello.

Cuarto, que a pesar de la situación de dificultad en la que puedan estar algunas de ellas como consecuencia de haber copiado indebidamente el modo de funcionamiento y los objetivos de la banca privada, las cajas de ahorros pueden desempeñar perfectamente la función de financiar la actividad económica y mejorar el papel que han venido desempeñando siempre que se proceda a sanearlas convenientemente, que se reajuste su escala, se definan nuevas sinergias y se establezca un nuevo tipo organización y modo de funcionamiento que no las haga esclavas de poderes ajenos al interés público como en gran medida ha venido ocurriendo en los últimos años, cuando prácticamente se han limitado a clonar el modo de actuar de la banca privada.

Quinto, que son completamente inaceptables las propuestas de Fondo Monetario Internacional y de otros organismos tendentes a la progresiva privatización de las cajas por cuanto ello significará renunciar a las únicas entidades financieras que hoy día persiguen fines de interés social y, además, un grave quebranto para el erario público y para todos sus impositores y clientes. Y que tampoco se puede admitir que la reestructuración de las cajas se limite a reducir su cuota de mercado para que los bancos privados aumenten la suya y resuelvan así la descapitalización que han sufrido como consecuencia de sus estrategias irresponsables para aumentar beneficios.

En consecuencia de todo ello, ATTAC ESPAÑA reclama de los grupos parlamentarios que procedan a poner en marcha las iniciativas parlamentarias que sean precisas para que el gobierno que proceda con carácter de urgencia a la NACIONALIZACIÓN DE LAS CAJAS DE AHORROS .

Sin perjuicio del desarrollo más detallado que de esta propuesta se haga en sede parlamentaria oyendo al conjunto de los intereses sociales y no solo a las voces que representan a los intereses de los grupos financieros más poderosos, ATTAC España propone que esta medida se base en los siguientes principios:

a) Constitución de una Confederación Estatal de Bancos Públicos a partir de las cajas de ahorros actualmente existentes, con carácter de servicio público esencial con la misión de garantizar en todo caso el imprescindible flujo de crédito a la actividad económica; y de propiedad mixta, una parte mayoritaria procedente del Estado y otra de impositores, clientes o incluso de instituciones privadas con vocación de servicio público.

b) Conferir a esta Confederación bancaria pública el carácter y los principios de funcionamiento e inversión de la Banca Ética. Y particularmente la renuncia al afán de lucro, el mantenimiento de obra y responsabilidad social, la transparencia y la atención preferente a los sectores sociales con mayores dificultades para acceder a la financiación bancaria: medianas y pequeñas empresas, microempresas, familias de baja renta, jóvenes emprendedores y mujeres.

c) Esta Confederación Bancaria asumirá como horizonte a medio y largo plazo su progresiva renuncia al sistema de reserva fraccionaria para introducir y tratar de generalizar sistemas de financiación innovadores que no provoquen los problemas de inestabilidad e incremento artificial de deuda que están asociados al privilegio de creacion de dinero por esa vía del que goza la banca privada.

d) En todo caso, esta banca pública dedicada al crédito en la economía productiva tendría limitada y controlada la actividad puramente financiera que llevan a cabo la mayor parte de las actuales cajas de ahorro, y completamente prohibida la utilización de filiales y sociedades extraterritoriales domiciliadas en centros financieros offshore, conocidos como notorios paraísos fiscales.

e) El gobierno de esta Confederación de bancos públicos deberá establecerse de modo que se garantice siempre que la imprescindible presencia de los poderes públicos y los intereses sociales en sus órganos de dirección y control se dé en todo caso de conformidad con principios de estricta democracia, de pluralidad y plena transparencia, y particularmente, garantizando que existan contrapoderes efectivos que eviten la concentración indeseada de poder o la mera imposición de cuotas partidistas.

f) Dicha Confederación se conformará con entidades que en cada autonomía o nacionalidad mantendrán identidad, personalidad propia y autogobierno y que estarán dedicadas específicamente a la financiación de su economía, aunque permanecerán vinculadas para favorecerse de las sinergias de la confederación y comprometidas con las políticas de financiación estatales que se determinaran para cada territorio en su seno.

g) Sin perjuicio de que pudiera llevar a cabo cualquier otra actividad de financiación bancaria, la confederación de bancos públicos así constituida estaría destinada preferentemente a financiar la puesta en marcha de un nuevo modelo productivo basado en el desarrollo regional entendido como el que fomenta la generación y uso sostenible de recursos endógenos, el sostenimiento de los servicios públicos esenciales como la enseñanza y la salud, la puesta en marcha de las políticas sociales y de igualdad, y en particular las de apoyo a los servicios de dependencia, la potenciación del emprendizaje y del capital-riesgo, el desarrollo de nuevos tipos de actividades o sectores profesionales y empresariales, la I+D+i pública y privada, la actividad de las pequeñas y medianas empresas, el microcrédito o el incremento de la productividad en el sector público, por citar los que se podrían considerar más importantes y prioritarios.

h) En el desarrollo de estas funciones la banca pública procurará no competir, ni tendrá por qué hacerlo, con la banca privada, toda vez que comporta un tipo de financiación de servicio público dedicada a cubrir precisamente las demandas de crédito que la banca privada está dejando de resolver.

i) Para fortalecer la estructura de esta confederación bancaria pública se dispondrá que se sume a ella (mediante los cambios legales necesarios) la estructura material y de personal del actual servicio de Correos que se encuentra prestando servicios en entidades bancarias privadas.

Para suscribir la campaña: attac.es

La crisis, una estafa detrás de otra

La crisis, una estafa detrás de otra

Juan Torres López

La Real Academia Española de la Lengua define de dos modos el verbo estafar. Como pedir o sacar dinero o cosas de valor con artificios y engaños y con ánimo de no pagar, y, en sentido jurídico, como cometer alguno de los delitos que se caracterizan por el lucro como fin y el engaño o abuso de confianza como medio. Por eso yo creo que el término de estafa es lo que mejor describe lo que han hecho continuadamente los bancos, los grandes especuladores y la inmensa mayoría de los líderes y las autoridades mundiales antes y durante la crisis que padecemos.

Los Estados le dieron a los bancos privados el privilegio de crear dinero emitiendo deuda con la excusa de que eso era necesario para financiar la actividad de las empresas y los consumidores. Pero en los últimos treinta años, la banca internacional multiplicó la deuda para financiar los mercados especulativos y para ganar dinero simplemente comprando y vendiendo más dinero, y no para financiar a la economía productiva. Esta es la primera estafa.

Para disponer de recursos adicionales a los que le depositaban sus clientes, la banca ideó formas de vender los contratos de deuda y los difundió por todo el sistema financiero internacional. Pero al hacerlo, ocultaba que millones de esos contratos no tenían las garantías mínimas y que al menor problema perderían todo su valor, como efectivamente ocurrió. Actuando de esa forma y tratando de elevar cada vez más la rentabilidad de sus operaciones, la banca fue asumiendo un riesgo cada vez mayor que ocultaba a sus clientes y a las autoridades y que transmitiía al conjunto de la economía. Esta es la segunda estafa.

Para llevar a cabo esas estafas, la banca recurrió a las agencias de calificación que actuaron como sus cómplices corruptos engañando sistemáticamente a clientes y autoridades indicando que la calidad de esos productos financieros era buena cuando en realidad sabían que lno era así y que, por el contrario, se estaba difundiendo un riesgo elevadísimo porque eran, como se demostró más adelante, pura basura financiera. Esta es la tercera estafa.

Los grandes financieros consiguieron que los bancos centrales fueran declarados autoridades independientes de los gobiernos con la excusa de que éstos podían utilizarlos a su antojo y de que así era mejor para lograr que no subieran sus precios. Sin embargo, lo que ocurrió fue que con ese estatuto de "independientes" los bancos centrales se pusieron al servicio de los bancos privados y de los especuladores, mirando a otro lado ante sus desmanes. Y asi, en lugar de combatir la inflación permitieron que se diera la subida de precios de la vivienda quizá más alta de toda la historia y constantes burbujas especulativas en numerosos mercados. Y lejos de conseguir la estabilidad financiera lo cierto fue que durante su mandato "independiente" también hubo el mayor número de crisis financieras de toda la historia. Esta es la cuarta estafa.

Para generar fondos suficientes para invertir en los mercados especulativos cada vez más rentables, los bancos y grandes financieros lograron, con la excusa de que eso era lo conveniente para luchar contra la inflación, que los gobiernos llevaran a cabo políticas que redujeran los salarios y aumentaran así los beneficios (que en su mayor parte van a ahorro en lugar de al consumo como le pasa a los salarios), y la progresiva privatización de las pensiones y de los servicios públicos. Esta es la quinta estafa.

Cuando el riesgo acumulado de esa forma estalló y se desencadenó la crisis, los bancos y los poderosos lograron que los gobiernos, en lugar de dejar caer a los bancos irresponsables, de encarcelar a sus directivos y a los de las agencias de calificación que provocaron la crisis, les dieran o prestaran a bajísimo interés varios billones de dólares y euros de ayudas con la excusa de que así volverían enseguida a financiar a la economía. Pero en lugar de hacer esto último los bancos y grandes financieros usaron esos recursos públicos para sanear sus cuentas, para volver a tener enseguida beneficios o para especular en mercados como el del petróleo o el alimentario, provocando nuevos problemas o que en 2009 hubiera 100 millones de personas hambrientas más que en 2008. Esta es la sexta estafa.

Los gobiernos tuvieron que gastar cientos de miles de millones de dólares o euros para evitar que la economía se colapsara y para ayudar a la banca. Como consecuencia de ello tuvieron que endeudarse. Como los bancos centrales están dominados por ideas liberales profundamente equivocadas y al servicio de la banca privada, no financiaron adecuadamente a los gobiernos, como sí habían hecho con los bancos privados, y eso hizo que tuvieran que ser los bancos privados quienes financiaran su deuda. Así, éstos últimos recibían dinero al 1% de los bancos centrales y lo colocan en la deuda pública al 3, al 4 o incluso al 8 o 10%. Esta es la séptima estafa.

Como los bancos y grandes financieros no se quedaron contentos con ese negocio impresionante, se dedicaron a propagar rumores sobre la situación de los países que se habían tenido que endeudar por su culpa. Eso fue lo que hizo que los gobiernos tuvieran que emitir la deuda más cara, aumentando así el beneficio de los especuladores y poniendo en grandes dificultades a las economías nacionales. Esta es la octava estafa.

Los gobiernos quedaron así atados de pies y manos ante los bancos y los grandes fondos de inversión y, gracias a su poder en los organismos internacionales, en los medios de comunicación y en las propias instituciones políticas como la Unión Europea, han aprovechado la ocasión para imponer medidas que a medio y largo plazo les permitan obtener beneficios todavía mayores y más fácilmente: reducción del gasto público para fomentar los negocios privados, reformas laborales para disminuir el poder de negociación de los trabajadores y sus salarios, privatización de las pensiones, etc... Afirman que así se combate la crisis pero en realidad lo que van a producir es todo lo contrario porque es inevitable que con esas medidas caiga aún más la actividad económica y el empleo porque lo que hacen es disminuir el gasto productivo y "el combustible" que los sostiene. Esta es la novena estafa.

Desde que la crisis se mostró con todo su peligro y extensión, las autoridades e incluso los líderes conservadores anunciaron que estaban completamente decididos a poner fin a las irresponsabilidades de la banca y al descontrol que la había provocado, que acabarían con el secreto bancario, con los paraísos fiscales y con la desregulación que viene permitiendo que los financieros hagan cualquier cosa y que acumulen riesgo sin límite con tal de ganar dinero... Pero lo cierto es que no han tomado ni una sola medida, ni una sola, en esa dirección. Esta es la décima estafa.

Mientras está pasando todo esto, los gobiernos, esclavos o cómplices de los poderes financieros, no han parado de exigirle esfuerzos y sacrificios a la ciudadanía mientras que a los ricos y a los bancos y financieros que provocaron la crisis no les han dado sino ayudas constantes y todo tipo de facilidades para que sigan haciendo exactamente lo mismo que la provocó. Gracias a ello, éstos últimos están obteniendo de nuevo cientos de miles de millones de euros de beneficios mientras que cae la renta de los trabajadores, de los jubilados o de los pequeños y medianos empresarios. Esta es la undécima estafa.

Mientras que constantemente vemos que los presidentes de gobiernos reciben instrucciones del Fondo Monetario Internacional, de las agencias de calificación, de los banqueros o de la gran patronal, la ciudadanía no puede expresarse y se le dice que todo lo que está ocurriendo es inexorable y que lo que ellos hacen es lo único que se puede hacer para salir de atolladero. Esta es la duodécima estafa.

Finalmente, se quiere hacer creer a la gente que la situación de crisis en la que estamos es el resultado de un simple o momentáneo mal funcionamiento de las estructuras financieras o incluso económicas y que se podrá salir de ella haciendo unas cuantas reformas laborales o financieras. Nos engañan porque en realidad realidad vivimos desde hace decenios en medio de una convulsión social permanente que afecta a todo el sistema social. La verdad es que cada vez hay un mayor número de seres humanos hambrientos y más diferencias entre los auténticamente ricos y los pobres, que se acelera la destrucción del planeta, que los medios de comunicación están cada vez en propiedad de menos personas, que la democracia existente apenas deja que la ciudadanía se pronuncie o influya sobre los asuntos más decisivos que le afectan y que los poderosos se empeñan en imponer los valores del individualismo y la violencia a toda la humanidad. Esta es la decimotercera estafa.

Lo que ha ocurrido y lo que sigue ocurriendo a lo largo es la crisis es esto, una sucesión de estafas y por eso no se podrá salir de ella hasta que la ciudadanía no se imponga a los estafadores impidiendo que sigan engañándola, hasta que no les obligue a dar cuentas de sus fechorías financieras y hasta que no evite definitivamente que sigan comportándose como hasta ahora.

Reforma empresarial

Reforma empresarial

 

¿Y qué tal si hacemos una reforma empresarial, y desechamos la pegajosísima reforma del mercado laboral; que ésta última hasta da pereza oírla nombrar; pesadilla colectiva que poco antes de nacer lo hace teñida de injusticia? Por indecente, escandalosa y soez. ¿O es que nadie se acuerda ya de cómo se fabricaban contratos-churro en España con las mismas reglas de juego de las que ahora todos abominan?

Tal vez nos deberíamos poner de acuerdo (al fin y al cabo somos más), para priorizar la imprescindible reforma patronal, en este chiringuito donde los sacerdotes del pensamiento único claman contra el demoníaco déficit, mientras los monaguillos corean, corderitos mansos: “¡a la mierda el crecimiento, amén!”. Pero que nadie se asuste: sería una reforma pequeñita, porque harto complejo resultaría alterar la argamasa perezosa del señorito español; y un giro vertiginoso desconcertaría al empresario del tipo exprimidor, tan bien representado por Díaz Ferrán, el rey de todos los pícaros que en el mundo están y son.

Yo abogo por una reforma empresarial que finiquite a los listos de la especulación y el dinero fácil, una reforma que despida a los empresarios improductivos de la papa suave, la flor de un día y la subvención; yo quiero que la reforma se centre en nuestra trasnochada y defraudadora patronal; los mismos que en tiempos de crisis piden un paréntesis del mercado para su salvación, y acto seguido demandan el despido funcionarial y el desmantelamiento de lo público, para así poder convertirlo en solar donde edificar y medrar; sin creer en lo colectivo pero sirviéndose de las instituciones en su provecho; una reforma que acabe con todos aquellos patrones involutivos que critican las ayudas destinadas a los sindicatos, y también las que van a manos de los sectores más débiles y desprotegidos; mientras ellos se bañan cotidianamente en el generoso río de las subvenciones, en forma de ayudas a la innovación y a la modernización, ayudas a fondo perdido, al sector automovilístico y para rescatar a los bancos, subvenciones para evitar la deslocalización y la dislocación; ayudas a la reconstrucción, renovación, rehabilitación, consolidación, reparación y contratación; ayudas fiscales en forma de reserva de inversiones; ayudas al sancocho empresarial de la mamandurria nacional y regional.

¿Por qué no expulsar del mercado a los irresponsables empresarios-termita que en sólo diez años vieron crecer sus beneficios un setenta por ciento, pero no reinvirtieron los excedentes en la modernización de su estructura productiva, ni en la formación de sus empleados, optando en su lugar por el trabajo mal remunerado y poco cualificado, la jubilación anticipada y la inversión especulativa?; los mismos que ahora echan a la calle a sus trabajadores, desmontando con sus acciones la presunta inflexibilidad del mercado laboral; la misma patronal que ha convertido a sucesivas generaciones de jóvenes en aprendices eternos de la inestabilidad; y que ha consagrado la precariedad y extendido la pobreza entre los trabajadores.

Yo insisto en una reforma empresarial que corte por lo sano, aunque me temo que ésta no conseguiría -por esto de que el mercado y los mercaderes del mismo lado están- el ansiado efecto de tranquilizar a los insaciables y fieros mercados; salir de esta espiral interminable de sacrificios irracionales. Y, digo yo, ¿no será más lógico acabar con la dictadura de los mercados en lugar de empeñarnos en sedarlos infructuosamente?

Ante la convocatoria de huelga general por CCOO y UGT

Ante la convocatoria de huelga general por CCOO y UGT

1.-Camina o revienta

Sin que aún esté definitivamente confirmada la fecha del 29 de Septiembre, ni conozcamos los contenidos y propuestas ni el lema de la convocatoria de Huelga General de los dos sindicatos mayoritarios, sabemos ya que ésta ha sido oficialmente convocada por ambos.

Las enseñanzas de la pasada huelga de funcionarios del 8-J muestran que un proceso de convocatoria precipitado, después de 2 años de perder el tiempo, frenar las movilizaciones y las luchas de los trabajadores, dedicarse a un sindicalismo de gabinete de prensa, concertación, negociación de las condiciones de rendición ante la gran patronal y el gobierno, mesa, mantel y servilleta al cuello, son el camino más seguro hacia el fracaso

Las movilizaciones sectoriales nacionales y generales se preparan con tiempo, en un proceso de calentamiento del ambiente laboral creciente, con concentraciones de delegados sindicales, asambleas explicativas, movilizaciones en cadena, didáctica hacia la sociedad que cree complicidades con todo el tejido asociativo civil progresista y de izquierda (movimiento ciudadano, asociaciones estudiantiles y juveniles, de mujeres y asociacionismo diverso, con partidos de la izquierda,...)

Una labor ideológica, de concienciación y agitación, en suma, que enriquezca el capital político de los trabajadores y su voluntad de lucha.

En ese proceso cuanto más peso tiene un sindicato, mayor humildad y comportamiento unitario debe tener porque las luchas en defensa de los trabajadores no son patrimonio de ninguna organización sindical concreta, ni su capitalización por siglas determinadas debe ser el objetivo principal sino el éxito de la huelga, en cuanto a capacidad movilizadora y de quebrar las políticas antisociales de los gobiernos y de las fuerzas económicas que buscan el retroceso de los derechos de los asalariados.

De los requisitos anteriormente mencionados ninguno de ellos fue respetado por CCOO y UGT el pasado 8-J. Todo lo contrario. Durante estos daños de maceración de las políticas antisociales que serán aprobadas en próximos días por el Gobierno Zapatero, ambos sindicatos se han dedicado a ser la correa de transmisión de su “partido hermano” bajo el falaz argumento, primero, de que dicho partido “no les había defraudado” en su defensa de los trabajadores y de que peor que la política que pudiera aplicar el PSOE sería la del PP, más tarde.

Ahora que el Gobierno del PSOE hace el trabajo sucio al PP y pone en práctica buena parte de las medidas exigidas por la CEOE, el Banco de España y los grupos de presión financieros y empresariales españoles, voceros de las recetas del BEC y del FMI, los sindicatos se ven, por fin obligados a realizar una huelga general que no querían.

Por encima de las razones esgrimidas en relación a las medidas de ajuste del Gobierno español, auténticos atentados salvajes contra los derechos de los trabajadores, subyacen otras menos confesables por parte del sindicalismo oficial: recortes a los derechos de negociación sindical en relación con la organización del tiempo de trabajo y otras condiciones laborales mediante la interposición de una comisión externa con derecho a dictar un laudo de obligado cumplimiento y que no podrá ser recurrido, cuando en el plazo de 15 días el Comité de Empresa y la dirección no hayan llegado a un acuerdo (1). Éste punto de la propuesta gubernamental es una de las concesiones del Gobierno a la patronal CEOE que, a través de su vicepresidente, Santiago Herrero, pedía hace ya dos años acabar con los convenios colectivos para sustituirlos por otros acuerdos de tipo individual trabajador-empresa.

Aunque el tipo de temática en la que el Gobierno recortará los derechos de representación sindical no es específicamente el de los convenios colectivos supone específicamente golpear sobre una parte dichos derechos. Para la burocracia sindical de CCOO y UGT esto es una amenaza porque atenta contra algunas de las funciones de los liberados sindicales, que “justifican” su papel.

Pero ésta no es una buena noticia para la izquierda política y sindical ni para el sindicalismo combativo. Se puede discutir el papel de los sindicatos mayoritarios en los Comités de Empresa, su trayectoria desmovilizadora y vendeobreros, incluso hay quien puede manifestarse a favor de las secciones sindicales y los Comités de Empresa. Toda crítica y posición sindical es respetable aunque pueda ser discutida pero lo que no cabe duda es que tras este punto de la Reforma Laboral se pone en marcha un intento de echar a los sindicatos de la empresa, de romper su capacidad de representación de los intereses colectivos de los trabajadores y de debilitar al movimiento sindical en su conjunto.

La chusma de Intereconomía, Libertad Digital, la patronal, el PP y alguna estúpida “izquierda” cafre pueden conjurarse en una obscena amalgama de coincidencias en sus brindis, al igual que un sector desideologizado de los asalariados no diferencian la merecida condena al sindicalismo burocratizado y claudicante del aprecio que el sindicalismo combativo se ha ganado a pulso.

La amenaza antisindical del Gobierno y las fuerzas reaccionarias del capital no va destinada contra CCOO y UGT sino contra el sindicalismo como herramienta de los defensa de los trabajadores. Si se aplica desde “el gobierno amigo” esta golpe contra sus domesticados sindicatos qué no se aplicaría contra un sindicalismo de lucha, reivindicativo y anticapitalista. ¿La ley de fugas dentro de unos años?

No me extenderé sobre la violencia de medidas como el coladero de las llamadas “razones de despido objetivo” (con indemnización de sólo 20 días), auténtica finta para robar 25 días de cobertura de paro por año trabajado al desempleado o sobre la brutalidad de la rebaja de la indemnización por despido de 45 a 33 días por año en el caso de los beneficiarios del contrato indefinido, ni sobre el nuevo incentivo fiscal, con coste al Estado, es decir, a los impuestos de quienes no pueden evadirlos, los trabajadores, por el contrato a los jóvenes menores de 25 años, lo que supone que cada vez la fiscalidad empresarial es menor, ni sobre la creciente privatización de las oficinas de empleo, ni sobre las sanciones a los trabajadores que no acepten la lesiva salida del paro mediante contratos de vuelta al siglo XIX. Éstas canalladas contra los trabajadores han sido sobradamente tratadas ya.

En lo que ahora toca centrarse es en la necesidad de que esta Huelga General sea un éxito movilizador y suponga un paso hacia la recuperación del sentido y la voluntad de lucha de los trabajadores, aunque les pese a la derecha reaccionaria, el Gobierno, el capital y los megarevolucionarios de turno para los que todo aquello que no sea el fuego arrasador es una claudicación.

2.-Ni una vacilación más:

Se nos está acabando a los trabajadores el terreno hacia el que retroceder. El cínico argumento de que más vale ser trabajador precario que un parado seguro no debe ser permitido ni un minuto más. La feroz destrucción de empleo que estamos soportando es precisamente debido a la precariedad de nuestro mercado laboral, lo mismo que el endeudamiento creciente de las familias españolas nace de una vida a crédito por la paulatina pérdida, ahora salvaje, del nivel salarial de los trabajadores y a los que los sistemas de préstamos se les han cerrado desde hace tiempo, no ya para un consumo superfluo, sino para otro de necesidades primarias y vitales (2).

Es necesario convertir la indignación de importantes sectores de la clase trabajadora española en ira que golpee como un martillo sobre nuestros agresores.

Pero para ello es necesario elevar la conciencia de nuestra clase de que no hay salidas capitalistas a la crisis, de que el sueño de ser clase media que debe oponerse a la revuelta social es un espejismo porque la clase media, tanto la patrimonial como la de consumo, está desapareciendo, y la proletarización de las condiciones de vida de unos trabajadores desclasados no resistirá mucho tiempo el camino de perdición hacia una austeridad a cuyo cinturón le quedan cada vez menos agujeros que hacerse. La posibilidad de la pobreza empieza a ser cruda realidad entre crecientes capas sociales: viudas, mujeres pensionistas, jóvenes sin salidas profesionales, divorciados, parados que han agotado sus prestaciones de desempleo... (3).

Hay que hacer saber a los trabajadores y a sus familias que hay un millón de familias en las que ninguno de sus miembros tiene empleo, que la crisis se agudizará, que el próximo semestre va a ser especialmente duro en lo económico, ante la evidencia del descenso del consumo y el próximo incremento del paro, que se está gestando una nueva burbuja financiera y que no es cierto que no haya mal que 100 años dure si uno se conforma con esconder la cabeza en la arena y esperar que pase el temporal.

Sólo de una desesperanza activa en un presente que nos ha cerrado el camino puede nacer la esperanza de que la rebelión sea un camino colectivo que pueda abrirnos perspectivas de futuro.

La única opción válida es la de un anticapitalismo militante que contribuya a derribar un sistema que acaba con las perspectivas de vida y futuro de varias generaciones de jóvenes desempleados, empleados y parados de edades medias y jubilados con pensiones de supervivencia.

Es muy poco el tiempo que nos resta hasta el provisional 29 de Septiembre, como fecha de convocatoria de la Huelga General y a ello ha de unirse que tenemos el amodorrante verano por medio pero nada es imposible si hay voluntad colectiva del sindicalismo y la izquierda de combate para educar, explicar que no hay salidas escarbando hacia el agujero del centro de la tierra, agitar conciencias, movilizar voluntades y dotar de un proyecto político a una Huelga General que sólo puede ser el primer jalón de una cadena de luchas crecientes.

Pero esas luchas, encorsetadas en los rígidos espacios locales y nacionales, son claramente insuficientes. Las heroicas huelgas de los trabajadores griegos nos muestran el camino pero también sus limitaciones cuando no es posible romper las fronteras nacionales del conflicto de clases. Sin la solidaridad internacional de clase no hay futuro porque la crisis capitalista y las agresiones que nos infringen los mercados son mundiales. A su fuerza internacional necesitamos oponer nuestra vocación internacionalista. La convocatoria, en Septiembre, por parte de la Confederación Europea de Sindicatos (CES), como la Huelga General de CCOO y UGT, tiene sordina prevista, freno y marcha atrás, porque en su llamamiento no hay voluntad política transformadora pero la agudización previsible de la crisis apunta a la necesidad y a la oportunidad de elevar su potencial de conflicto. La izquierda revolucionaria y anticapitalista tiene ante sí la eventualidad de nuevos escenarios no previstos hace tan solo un año. La palabra Eurohuelga debe instalarse en la mente de la izquierda revolucionaria como el objetivo a lograr.

A pesar de la falta de voluntad de las cúpulas sindicales y del adocenado seguidismo de buena parte de su afiliación contamos con un inestimable aliado. Su voluntad de que la Huelga General sea un éxito numérico y mediático (4). En ese contexto el papel de la izquierda de combate ha de ser el de rebasar los objetivos de la huelga, superándoles en sus contenidos movilizadores.

Esta Huelga General no es un todo o nada. Debe ser asumida desde el sindicalismo alternativo como un punto de inflexión y el inicio de un cambio de tendencia, desde la claudicación de los sindicatos mayoritarios hacia el inicio de una nueva etapa de conflictos, movilizaciones y luchas

El camino es muy largo. Tanto o más que esta etapa agónica de la crisis capitalista pero la dirección de los acontecimientos debe ir encaminada hacia la agudización de las contradicciones de clase. Debemos actuar de forma que volquemos en la convocatoria de movilización, autocontenida en sus pretensiones, lo mejor de nuestro capital humano y de nuestros cuadros políticos con el fin de que la Huelga General no sea uno de tantos puntos y aparte como hemos conocido desde la transición política española.

En estos momentos, el adormecimiento, la resistencia a participar en la Huelga, el desprestigio del sindicalismo oficial y la falta de confianza de amplios sectores de los trabajadores en su viabilidad y su validez des muy grande. Es necesario radicalizar las propuestas, contenidos, formas, lemas y objetivos de la movilización hasta el punto en que resulte visible para los trabajadores españoles que “la huelga paga” y que el único camino es el de la revuelta.

Notas:

(1) http://www.publico.es/dinero/319918/reforma/laboral/zapatero/gobierno/propuesta

(2) Las tarjetas de crédito de revolving (con intereses de hasta el 20%) estaban ya siendo empleadas antes de la declaración oficial de la crisis por un creciente número de familias de las clases bajas, que no llegaban a fin de mes, para pagar la cesta de la compra.

(3) http://economia.cafeversatil.com/2010/06/07/pobreza-en-espana-informe-2010/

(4) “Tenemos un objetivo y es garantizar el éxito de esa convocatoria de tal suerte que no dé pie a interpretaciones interesadas en las que muchas veces nos parece observar un interés inusitado”. Fernando Lezcano, responsable de comunicación de CCOO. Declaraciones a la Cadena SER: http://www.elpais.com/articulo/economia/sindicatos/anuncian/convocatoria/huelga/general/elpepueco/20100614elpepueco_4/Tes No pueden permitirse un nuevo fracaso. Saben que su crédito está agotado y necesitarán caldear el clima social. Nuestra responsabilidad es la de incendiarlo.

La justicia y “los mercados”

La justicia y “los mercados”

Recortar los derechos de las clases populares y afectar los servicios públicos para contentar a los “mercados” se está convirtiendo en la receta generalizada de la Unión Europea para salir de la crisis. Aunque apelan al sentido de la responsabilidad, estas medidas no resisten un análisis detenido. Son inaceptables en términos éticos, ya que propician una injusta distribución de cargas entre quienes tienen más y quienes menos tienen y absuelven, en cambio, a los verdaderos culpables del desaguisado actual. Son un despropósito desde el punto de vista económico, entre otras razones, porque suponen ahondar el marco recesivo de los últimos años. Y resultan inadmisibles en el plano jurídico, porque entrañan el incumplimiento de compromisos asumidos hace tiempo por los gobiernos europeos, así como la frustración de las expectativas legítimas de millones de personas.

En el caso español, cuando se aprobó la Constitución, reputados juristas vinculados al PSOE sostuvieron que el reconocimiento de principios como los del Estado social o el de igualdad debía entenderse como una barrera frente a las actuaciones regresivas del poder. Si no se podía obligar a un gobierno a satisfacer todos los derechos sociales de la noche al día, sí cabía, en cambio, imponerle la obligación de no generar retrocesos arbitrarios en relación con las conquistas adquiridas.

Este principio de no regresividad ha sido recogido, de modo directo o indirecto, por diversos tribunales constitucionales. En su tiempo, el español dejó dicho que el legislador no podía recortar derechos laborales sin razón suficiente (STC 81/1982) o desvirtuar el régimen público de instituciones como la Seguridad Social (STC 37/1994). En febrero de este año, por su parte, el tribunal constitucional alemán entendió que algunos recortes en los subsidios de desempleo decretados en la era Schroeder suponían una vulneración del derecho a una vida digna contemplado en la Constitución.

Para los cultores del realismo de corto plazo, estos razonamientos sólo valdrían en épocas de crecimiento económico, cuando la financiación de los derechos sociales no resulta conflictiva ni comporta mayores operaciones redistributivas. Con arreglo, sin embargo, al Pacto Internacional de Derechos Económicos Sociales y Culturales de 1966, ratificado por el Estado español, la prohibición de retrocesos arbitrarios debe observarse sobre todo en tiempos de crisis. Es entonces cuando los poderes públicos deben emplear todos sus esfuerzos, y hasta el máximo de recursos disponibles, para evitar que los ajustes recaigan en los colectivos más vulnerables.

A pesar de su declamado compromiso con la legalidad internacional y constitucional, el Gobierno se ha apartado abiertamente de esta exigencia de tutela del más débil. Ya lo hizo al limitar de manera desproporcionada los derechos de los inmigrantes, en la última reforma a la ley de extranjería, o de los inquilinos, con la llamada ley del deshaucio exprés. Lo ha vuelto a hacer ahora con el ataque vía decreto a los derechos de pensionistas, funcionarios, personas dependientes y familias con recién nacidos. Y volverá a hacerlo, si nadie se lo impide, con la contrarreforma laboral que, como una espada de Damocles, pende sobre el conjunto de la población trabajadora.

Además de vulnerar la prohibición de regresividad, estas medidas conculcan principios jurídicos elementales como la prohibición de discriminación, la seguridad jurídica o el derecho a la negociación colectiva. El Gobierno se ha empecinado en llevarlas adelante, consciente de que el Partido Popular y las propias clases dirigentes europeas comparten la filosofía de fondo. Sin embargo, ni está claro que sirvan para saciar a los grandes tiburones financieros ni son el único camino posible. Las alternativas existen, y se han recordado insistentemente a lo largo de estos días. El control democrático de la banca sigue siendo medular, aunque el listado es amplio: una lucha decidida contra el fraude fiscal y la corrupción, la recuperación de impuestos irresponsablemente eliminados como el de patrimonio o sucesiones, el aumento de la presión fiscal sobre rentas altas y grandes fortunas, la modificación del impuesto de sociedades o la reducción de partidas como las destinadas al Ejército, la Iglesia o la Casa del Rey.

Una actuación decidida en estos ámbitos permitiría afrontar la crisis sin tener que abdicar de las obligaciones que el orden constitucional e internacional impone a los poderes públicos. Pero nada de ello ocurrirá por arte de magia. Los derechos, como decía Martin Luther King, necesitan ayuda. Y esta, en última instancia, sólo puede provenir de la organización y movilización ciudadana orientada a su conquista y defensa. En su momento, las huelgas generales y la protesta en las calles morigeraron de manera decisiva los ajustes impuestos por Felipe González y José María Aznar. Recuperar esta lección, y proyectarla a escala europea, es una condición indispensable para que los responsables de la crisis actual no se salgan con la suya, una vez más, en detrimento de los intereses de la gran mayoría.

Gerardo Pisarello y Jaume Asens son juristas y miembros del Observatorio de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de Barcelona

Fuente: http://blogs.publico.es/dominiopublico/2075/la-justicia-y-los-mercados/

29-J: La mayoria sindical vasca convoca HUELGA GENERAL en EUSKAL HERRIA contra la reforma laboral de Zapatero y el capital

29-J: La mayoria sindical vasca convoca HUELGA GENERAL en EUSKAL HERRIA contra la reforma laboral de Zapatero y el capital

La mayoría sindical llama a la huelga general el 29 de junio

La mayoría sindical vasca convoca una nueva huelga general para el 29 de junio en contra de la reforma laboral, que ha planteado José Luis Rodríguez Zapatero. Ainhoa Etxaide, secretaria general de LAB, y Adolfo Muñoz, «Txiki», secretario general de ELA, llamaron a salir a la calle para avanzar «hacia otro modelo económico y social» y afirmaron que la reforma «es muchísimo peor que la de José María Aznar de 2002».

Juanjo BASTERRA | BILBO

Al término de la manifestación multitudinaria bajo el lema «Basta de recortes. Euskal Langileok geure etorkizunaren jabe», la mayoría sindical vasca anunció la convocatoria de una huelga general para el próximo 29 de junio en contra de la reforma laboral que el Gobierno español, que preside José Luis Rodríguez Zapatero, ha presentado esta semana.

Es la segunda huelga general que ELA, LAB, ESK, STEE-EILAS, EHNE e Hiru convocan en poco más de un año, porque el 21 de mayo de 2009 realizaron otra para advertir de la necesidad de un cambio radical en la política económica y social que se adivinaba en plena crisis, es decir que de la misma la élite económica saldría favorecida y recaería sobre la clase trabajadora el peso de la crisis y sus consecuencias, como así está ocurriendo ya. La mayoría sindical vasca cree que no se puede dilatar la puesta en marcha de acciones que busquen la transformación social y económica, porque la pérdida de derechos, de empleo y de condiciones laborales sólo beneficia a quienes «han generado la crisis».

«Peor que la de Aznar»

Ainhoa Etxaide, secretaria general de LAB, y Adolfo Muñoz, «Txiki», recordaron en nombre de la mayoría sindical vasca que «los trabajadores y la sociedad vasca no estamos dispuestos a que nos impongan otra nueva reforma» y llamaron a «salir a la calle el 29 de junio para que la huelga general sea más amplia y contundente» porque -como explicó Etxaide- «tenemos muy claro que sólo de esa manera podremos hacer ese recorrido para cambiar las políticas que nos lleven a un nuevo modelo económico y social y de construcción del marco vasco». Txiki Muñoz adelantó a las decenas de miles de asistentes, según los organizadores, que la reforma laboral que presentó Rodríguez Zapatero «es muchísimo peor que la que hizo en 2002 José María Aznar. El trabajador -precisó el líder de ELA- es mercancía desechable en este reforma, porque entras a un puesto de trabajo, y los empresarios te utilizan como les da la gana y te echarán cuando les dé la gana, con un despido que pagaremos todos para que ellos aumenten sus beneficios económicos»

Muñoz pidió perdón ante la multitudinaria presencia de manifestantes en Bilbo porque «nuestro deseo hubiera sido no trabajar a contrarreloj en esta reforma laboral, pero está claro que el objetivo de algunos es llegar a julio para evitar la movilización y la reacción de la sociedad». Acusó, de forma directa, de esta consecuencia «al esperpento de diálogo social que CCOO y UGT han puesto en la mesa» y recordó que en Hego Euskal Herria ambos sindicatos ya han dicho que «pase lo que pase van a tener un buen rollito con los gobiernos de Sanz y de López para uniformizar España y para destrozar los restos que quedan del marco vasco de relaciones laborales».

Ainhoa Etxaide recordó que «el capital ha ha hecho su recorrido para que las crisis la paguemos nosotros y nos impone la salida de la crisis restando de lo público para darle a lo privado. Esa estrategia se basa en quitar derechos a la clase trabajadora, porque sin derechos el poder se sitúa en el capital y en la patronal». Para la líder de LAB, el poder económico ha impuesto las salidas con la «sumisión» de instituciones y gobiernos. «No nos representan y se han convertido en un instrumento contra la clase trabajadora», dijo.

La reforma laboral se aprobará este miércoles 16 de junio por el Gobierno español y pasará por la vía de urgencia al Congreso español el día 22 de junio. Según el secretario general de ELA, supone permitir un despido «más barato y, por lo tanto, sustituir trabajo digno por precario». También tiene de negativo, según destacó, que «pone dinero público para permitir que los empresarios echen a los trabajadores a la calle». Facilita «la no aplicación de los convenios, porque los empresarios tendrán esa potestad» y supondrá la entrada de las empresas privadas de colocación, «auténticas mercenarias, que van a ganar mucho dinero traficando con las personas».

En este caso, Adolfo Muñoz insistió en que se produce de forma paradójica «durante la crisis, cuando más barato le ha salido a la patronal echar a los trabajadores a la calle, porque la mayoría tenía contratos temporales y se han desprendido de ellos ante las primeras dificultades». Denunció que lo que José Luis Rodríguez Zapatero pretende es «permitir que aumenten sus beneficios a costa de la clase trabajadora».

Por eso, la mayoría sindical considera que es hora, de nuevo, de salir a la calle. En este caso, Ainhoa Etxaide recordó que «hicimos la huelga general del 21 de mayo de 2009, porque veíamos que la crisis iba a recaer sobre las espaldas de los trabajadores, no sobre quienes la generaron: los especuladores financieros y la élite económica. Más tarde salimos el 27 de marzo, luego en la convocatoria de huelga general en el sector público y nos toca salir el 29 de junio, porque no estamos dispuestos a que se nos imponga esta reforma laboral que nos recorta derechos laborales». Txiki Muñoz exigió, por último, a los partidos políticos vascos que están representados en el Congreso español que rechacen la reforma que José Luis Rodríguez Zapatero ha puesto sobre la mesa. «Nos jugamos los derechos laborales, que no se heredan, se mantienen, sí se pelean», dijo.

La manifestación de Bilbo, fue la más numerosa de los últimos años a nivel sindical. La misma fue convocada en contra de los recortes sociales que se han planteado, pero terminó en un llamamiento a la huelga general ante la gravedad de la reforma.

En la manifestación de ayer participaron los miembros de la izquierda abertzale Txelui Moreno, Rufi Etxeberria y Jone Goirizelaia, así como el secretario general de EA, Peio Urizar, la portavoz de Aralar en las Juntas Generales de Gipuzkoa, Rebeka Ubera, y el líder de Alternatiba, Oskar Matute. También estuvo Carina Maloberti, del Comité Ejecutivo y Secretaria de Organización de Asociación de Trabajadores y Trabajadoras del Estado (ATE), de Argentina.

Urizar explicó al inicio de la manifestación que «está justificada, porque aprovechando la coyuntura de la crisis económica están introduciendo fórmulas que afectará a los trabajadores y a las clases media y baja». El responsable de EA denunció que los dirigentes de los gobiernos y las instituciones «se han olvidado de aquello que nos dijeron hace año y medio sobre el control de los bancos y que iban a meter mano a los paraísos fiscales. Sigue igual». En este caso, Oskar Matute rechazó la reforma de Rodríguez Zapatero «porque recorta derechos y libertades de la clase trabajadora» y llamó, antes de conocerse la convocatoria de la huelga general, a «salir a la calle, movilizarse junto a los sindicatos y la clase trabajadora».

Ultraactividad de los convenios, descuelgues y fusiones frías

Ultraactividad de los convenios, descuelgues y fusiones frías
Rafael Cid
Ràdio Klara

Un día sí y otro también, el gobierno nos sorprende con alguna nueva medida de su ofensiva neoliberal para salir de la crisis. Y siempre, salvo algunas migajas populistas para disimular, en la misma lógica de que la crisis la paguen sus víctimas. Una estrategia que hasta ahora parece haber cumplido sus objetivos si tenemos en cuanta la tibia contestación de los sindicatos representativos y la igualmente insípida respuesta de los sectores sociales afectados. Ante un frente sindical y social “atado y bien atado”, que no parece darse por aludido ante agresiones como la congelación de las pensiones y el recorte de sueldos en la función pública, Zapatero camina decidido a imponer por decreto-ley una contrarreforma laboral que la derecha jamás se hubiera atrevido ni siquiera a insinuar: anular la ultraactividad de los convenios y favorecer el descuelgue empresarial.

Aunque se oculta de la agenda del diálogo social, el abaratamiento de las indemnizaciones por despido, con ser grave, no es lo peor que Gobierno y CEOE pretenden arrancar en los encuentros para la mal llamada reforma laboral (lo que se denomina reforma es una media regresiva, como la cacareada “refundación” del capitalismo está resultando ser una profundización del peor capitalismo).La gran baza que Moncloa piensa ofrecer a los mercados como prueba de su saber hacer neoliberal, vendiéndola para consumo interno como condición sine qua nom para fomentar empleo de calidad, es anular o limitar la fuerza vinculante de los convenios colectivos cuando expira su mandato legal. Lo que técnicamente se conoce como “ultraactividad de los convenios”, una figura del derecho laboral que permite la continuidad de los acuerdos firmados entre trabajadores y empresarios hasta que el nuevo convenio suscrito sustituye al vencido.

De llevarse a efecto por activa o por pasiva la cancelación del carácter de ultraactividad de los convenios, tal como existe en la actualidad, significaría además en la práctica un proceso del desmontaje del derecho laboral y su paulatina sustitución por normas de carácter civil, al dejar al arbitrio de las empresas las condiciones contractuales que han de reemplazar a los convenios cuya vigencia ha cumplido. Y si a esto sumamos los intentos declarados por medios afines al Ejecutivo y expertos de su cuerda para flexibilizar las causas objetivas del descuelgue en los convenios, se habría infringido una derrota histórica al movimiento obrero y a las organizaciones sindicales. La gravedad del tema, que puede conllevar una vulneración del artículo 37, 1, de la Constitución, donde se garantiza el derecho a la negociación colectiva y la fuerza vinculante de los convenios, parece indicar que la misma no se hará por decreto-ley y se buscará un gran pacto nacional entre formaciones políticas comprometidas con el plan de ajuste que piden los mercados de capital.

De ahí que el diario El País, siempre atento a los intereses estructurales del mundo de los negocios, haya sacado toda su artillería mediática para persuadir a la opinión pública de la inevitabilidad de un gran acuerdo para sacar al país del atolladero al que le ha llevado las aventuras del sistema financiero-hipotecario. Una defensa por tierra, mar y aire decretada no sólo en editoriales sino que incluso ha contado con apoyo entre colaboradores y articulistas tenidos por “izquierdistas”. El 31 de mayo, el sociólogo Enrique Gil Calvo, abría el fuego con un artículo de opinión titulado Lealtad en el que decía que “si los sindicatos españoles estuvieran unidos como sucede en Alemania, darían una lección de lealtad”, aclarando que eso significaría estar “dispuestos a sacrificarse por el bien del país, soportando durante un tiempo recortes de ingresos con tal de contribuir en la medida de sus posibilidades a salvar entre todos la nave del Estado” (sic). El jueves 3 de junio era un editorial del rotativo, Decisiones y desafíos, el que daba una vuelta de tuerca más en la necesaria inmolación al servicio del Estado cleptómano, al proclamar que “el Gobierno no debe limitar la reforma laboral a meros retoques por temor a los sindicatos”, solicitando desregular los convenios colectivos con el eufemismo de “acercar la negociación colectiva a las empresas”. Y finalmente el pasado día 4 ha sido un hombre de la casa, el ex director del diario Joaquín Estefanía, quien terciaba con una tribuna titulada Contra el desapego ciudadano invocando la necesidad de un “compromiso histórico” al margen de las ideologías.

No será porque no avisan. Si la huelga de los funcionarios, aguada por el gobierno al excluir del recorte salarial al personal de las empresas públicas que son las que engloban a los servicios públicos con capacidad de paralizar la actividad laboral, no es apoyada por la ciudadanía, y en consecuencia la posible huelga general que convoquen CCOO y UGT contra la contrarreforma se ve huérfana de la ayuda de los funcionarios, estaremos incubando el desastre que el Gobierno, el PSOE, el PP, CiU, PNV, la CEOE, la Banca y los poderes fácticos preparan a marchas forzadas.

Todos para uno y uno para todos. Frente a la lealtad de los corderos, elevemos la solidaridad de la ciudadanía democrática. Atravesamos una situación de emergencia social. Aún estamos a tiempo de evitar lo peor. Porque lo que nos venden desde las alturas es una “fusión fría” que, como la de las cajas de ahorros, busca permitir a los de arriba seguir repartiéndose el botín con el dinero de los contribuyentes. Esto sólo lo arreglamos entre los trabajadores unidos y la sociedad en marcha.

Fuente: http://www.radioklara.org/spip/spip.php?article3896

No es solo la economía, es la democracia

No es solo la economía, es la democracia
Muchos critican algunas medidas que reclama Mariano Rajoy para reducir el gasto público, como reducir la subvención a los sindicatos, los gastos electorales o ministerios, porque son "el chocolate del loro". Pero son mucho más que eso. No las propone porque crea que de esa manera se va a reducir sustancialmente el déficit. Lo hace como parte de una estrategia bien calculada de debilitar la acción pública y todo aquello que refuerza la capacidad de respuesta y defensa de los trabajadores y de la ciudadanía en general.

Por eso centran también la reforma laboral en el debilitamiento de la negociación colectiva. Ni siquiera buscan más beneficios, que podrían obtenerlos con más actividad y con mayor empleo, sino más poder.

Por eso lo que verdaderamente está en juego con la respuesta que los especuladores están logrando imponer a la crisis que ellos mismos han provocado es la democracia y la posibilidad de que los poderes representativos se enfrenten con garantías a los del mercado.

Los grandes financieros y los poderes económicos han conseguido vencer a los gobiernos y están logrando que éstos no solo no adopten ni una sola de las medidas reformadoras que habían previsto sino que, además, lleven a cabo programas de ajuste que, si no se frenan, van a suponer una nueva derrota histórica de las clases trabajadoras.

El procedimiento ha sido sibilino, casi diabólico. Los gobiernos tuvieron que dedicar billones de euros a salvar a los bancos para evitar que su quiebra hiciera saltar por los aires el sistema financiero internacional y a programas de apoyo a la actividad para que las economías no colapsaran. El resultado inevitable fue, o un incremento ingente de la creación de dinero en Estados Unidos y Reino Unido, o de la deuda pública.

Pero años atrás los bancos privados lograron establecer el criterio de que los bancos centrales no pueden financiar a los gobiernos. Era la manera de garantizarse para ellos el gran negocio de la deuda pública cuando se produjera y al mismo lograr que ésta fuera sustituida paulatinamente por la privada, mucho menos controlada y más rentable para la banca.

Así, cuando los gobiernos han incurrido en déficit para hacer frente a la crisis que los bancos provocaron resultaba que eran esos mismos bancos quienes podían financiarlos para que dispusieran de recursos suficientes. Se ha generado un negocio redondo en lo financiero y en lo político.

Por un lado, los bancos privados han estado recibiendo dinero barato, al 1% más o menos, de los bancos centrales con el objetivo de que pudieran volver a financiar enseguida a las empresas y familias. Pero en lugar de ello, los bancos dedican ese dinero a suscribir la deuda de los gobiernos que se emite al 4 o 5% o a seeguir especulando.

Y no solo eso. Buscando siempre ganar mucho más, los bancos y los grandes fondos especulativos enseguida comenzaron a manifestar que algunos gobiernos (contra los que se disponían a tomar posiciones especulativas) no iban a poder pagar la deuda, o incluso a lanzar rumores sin fundamento simplemente para hacer creer que su situación era mucho peor que la real. Y así obligaban a que subiera el interés al que los gobiernos debían emitir la deuda, alcanzado a veces, como en el caso griego, incluso el 10%. De esa forma los bancos están obteniendo beneficios multimillonarios, pero no solo eso.

Puesto que ahora disponen de una situación de privilegio frente a los gobiernos, porque éstos deben recurrir necesariamente a ellos para obtener recursos, les pueden imponer condiciones políticas draconianas. Ese es el origen de los planes de ajuste que los gobiernos que han cedido a estos chantajes están aplicando y que van buscando, sobre todo, disminuir la capacidad de respuesta de los trabajadores.

Si de verdad se quisiera dinamizar la actividad económica y el empleo no se frenaría la demanda, ni se permitiría que el dinero de los bancos vaya a otro sitio que no sean las empresas y familias. Si verdaderamente se quisiera crear condiciones para cobrar la deuda en el futuro no se debilitaría la capacidad potencial de crecimiento de las economías.

De hecho, si no fuera porque en realidad es dramático se podría calificar de cómico el modo de actuar de las agencias de rating que se usan para llevar a cabo esta extorsión a los gobiernos. Primero dicen que van a bajar la calificación si éstos no aplican el ajuste porque entonces "los mercados" no confiarán en su deuda pública y deberán emitirla más cara. Pero cuando aplican el ajuste, las mismas agencias, como ha pasado en España con Fitch, rebajan la calificación porque dicen que se reduje la expectativa de crecimiento....¡como consecuencia de la aplicación del ajuste!

Lo que hay detrás de todo ello está bastante claro por mucho que quieran disimularlo. Los bancos y los grandes especuladores no quieren que se cambie ni una coma de las condiciones de plena libertad en las que actúan en los mercados internacionales. Lo de imponer algún impuesto en algún lugar concreto es lo de menos. Lo importante es la libertad de movimientos y eso es lo que quieren mantener. Pero saben perfectamente que en esas condiciones las crisis se van a hacer cada vez más reiteradas y fuertes y por eso tratan de evitar que haya vías de respuesta social. Lo que les podría incomodar en el futuro es que haya poderes representativos a través de los que la ciudadanía pudiera hacer frente y responder a lo que está por venir y que no es otra cosa que un continuo desorden financiero y una pérdida de estabilidad y de bienestar.

No nos engañemos. No hay razones de fondo, ni científicas ni siquiera para aumentar los beneficios empresariales que justifiquen la reducción del gasto público (que en su gran mayoría y directa o indirectamente termina yendo a las cuentas de las empresas), la reforma laboral que se prepara, la privatización de servicios o de las pensiones. Solo se busca privilegiar la capacidad de acción de las grandes empresas y de los financieros. Buscan ganar más, como siempre, pero ahora necesitan hacerlo sin trabas políticas porque para incrementar sus beneficios van a tener que hacer cada vez más barbaridades y destrozar de modo más evidente la economía, el medio ambiente y la justicia social. Lo que está en juego, pues, no es solo una cuestión salarial, ni un tijeretazo más o menos grandes a los gastos de Estado. Lo que peligra es la democracia y la libertad.

Un ajuste demoledor

Un ajuste demoledor

El plan de ajuste votado el pasado día 27 de Mayo en el Congreso ha revelado la auténtica naturaleza neoliberal del PSOE. El Presidente del Gobierno Rodríguez Zapatero se hartó de repetir en las pasadas campañas electorales que el voto a su partido era la única garantía para defender los derechos de los trabajadores y que la apuesta por el bienestar por la mayoría guiaría su acción de gobierno.

El decretazo aprobado dista mucho de ser un ajuste “suave”. Estamos delante de una política reaccionaria que ignora el sufrimiento de 5 millones de parados de los cuales más de 1,2 millones ya no perciben ninguna prestación por desempleo. A esto hay que añadir una congelación de las pensiones y una bajada del 5% en el salario de los empleados públicos, la supresión de las ayudas a la maternidad y una más que inminente reforma laboral, en cuya elaboración el PSOE se ha plegado (de nuevo) a la patronal y a los postulados más derechistas del PP para desgracia de las generaciones futuras.

Esta política económica constituye un fraude a miles de votantes socialistas, gentes honradas y trabajadoras que han sido reiteradamente estafadas en las urnas por un partido que legisla en contra de la mayoría trabajadora para salvar los privilegios del gran capital y de la banca especulativa, auténticos culpables de la crisis.

Estas medidas van en la dirección contraria de las propuestas por Izquierda Unida: Disminución de los gastos militares, sufragar un salario social, incremento de los gastos sociales, lucha contra el enorme fraude fiscal, subidas progresivas del IRPF y el Impuesto de Sociedades a las grandes fortunas, recuperar al Impuesto sobre el patrimonio etc (desde la izquierda siempre tuvimos alternativas).

Un gran capital financiero que tras años de especulación, de barra libre desrreguladora y de una inyección descomunal de 150.000 millones de euros de dinero público a fondo perdido quiere que sea el pueblo trabajador el que acabe pagando las consecuencias de años de expolio y de ganancias desorbitadas.

Los estandartes del bipartidismo (PSOE y PP) se turnan en el poder para favorecer a las grandes fortunas con políticas excluyentes basadas en la explotación de los trabajadores. Estas prácticas han sido fomentadas y aplaudidas por el Fondo Monetario internacional y la Unión Europea. Políticos tan de derechas como Angela Merkel, Sarkozy o Berlusconi han aplaudido los recortes antidemocráticos del PSOE en un clima general de descrédito de los dos grandes partidos ante los devastadores efectos de la crisis capitalista y los cuantiosos casos de corrupción de los burócratas sistémicos que inundan las portadas de los periódicos (Santa Coloma de Gramanet, Caso Gurtel, caso Palma Arena).

En este panorama la democracia formal se torna en “un bello cuento para amansar a la ciudadanía” en acertadas palabras del coordinador federal de IU, Cayo Lara. Ante los ataques permanentes de los representantes del capitalismo salvaje, a los ciudadanos y trabajadores sólo nos queda organizarnos como el heroico pueblo griego e ir hacia la huelga general, porque como ya nos ha enseñado la historia, lo peor para todos está por venir si no hay resistencia organizada ante tanta barbarie.

Mierda caliente y mierda fría

Mierda caliente y mierda fría

A finales de la década de los sesenta, el gran poeta y novelista Charles Bukowski escribió un artículo en su columna Escritos de un viejo indecente para la revista contracultural Open City, en el que aludía a los dos principales candidatos que concurrían a las elecciones presidenciales de los Estados Unidos de 1968: Richard Nixon, aspirante por el Partido Republicano, y Hubert H. Humphrey, el candidato del Partido Demócrata. Entre otras muchas cosas, el viejo Bukowski decía: “Que te den la oportunidad de elegir entre Nixon y Humphrey es como que te den la oportunidad de elegir entre comer mierda caliente y mierda fría.”

Si cambiamos el escenario americano de los últimos años de la década de los sesenta por la España de nuestros días, y los nombres de Richard Nixon y Hurbert H. Humphrey por los de José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, o lo que es lo mismo, el proyecto político del Partido Socialista y el del Partido Popular, resulta que tenemos el mismo menú que anunciaba Bukowski para aquellos Estados Unidos de 1968: plato único. Sólo varía la temperatura: uno se servirá caliente; el otro frío. El problema es, además, que no sabemos muy bien quién es el caliente y quién el frío.

Porque, a día de hoy, ¿quién es capaz de establecer diferencias reales entre los proyectos económicos, políticos y sociales de ambos partidos? La sociedad española está viviendo, durante estas últimas semanas, en un estado de confusión que bordea la paranoia. El partido en el gobierno, el PSOE, de corte socialdemócrata, está llevando a cabo las políticas más reaccionarias y antisociales de todo el continente europeo. A saber: congelación de las pagas de los jubilados, fuertes recortes en los sueldos de los empleados públicos, reducción drástica de las ayudas para los países subdesarrollados, anulación del cheque-bebé, recortes en las ayudas a la aplicación de la Ley de Dependencia y un recorte drástico en las inversiones públicas en obras e infraestructuras.

Por otro lado, hemos asistido durante los últimos años de mandato socialista a una serie de medidas surrealistas e, incluso, injustas. Pongamos un par de ejemplos esclarecedores. El famoso cheque-bebé que se suprime a partir del uno de enero del próximo año: durante el tiempo que ha estado vigente, cualquier mujer ha recibido dos mil quinientos euros por el nacimiento de un bebé, independientemente de su nivel de renta. Es decir, si eres multimillonaria y tienes un bebé, el Estado te premia con dos mil quinientos euros. Exactamente lo mismo que si no tienes donde caerte muerta. Lo mismo ha ocurrido con la gratuidad de los libros de texto, o con los famosos ordenadores para los niños de quinto y sexto de primaria y con otras muchas cosas. Se trata de la política del “café para todos”, o mejor dicho, de derroche generalizado, al que son tan aficionados los socialistas, que nos ha llevado al punto en el que nos encontramos ahora.

¿Y qué ocurre con el principal partido de la oposición? A pesar de que el pasado 27 de mayo votaron en contra del decreto del Gobierno que atenta contra la misma base del Estado del Bienestar de nuestro país, todos sabemos que en su fuero interno se alegran enormemente de estas medidas, ya que son las disposiciones de la derecha, neoliberales y reaccionarias. Exactamente lo mismo que ocurrió en los años ochenta con Felipe González y su reconversión industrial, con la permanencia de España en la OTAN, etc., etc. Y es que la derecha española ya está acostumbrada a que el PSOE le haga el trabajo sucio cuando gobierna.

Hace unos días el diario británico Financial Times entrevistaba al ex presidente Aznar, reconvertido ahora en el cerebro en la sombra del sector más duro de la derecha española. Entre sus principales recetas para atajar la crisis económica, a la que, por cierto, él tanto contribuyó con su política de apoyo al ladrillo, están: Privatizar los servicios públicos de empleo y reducir las prestaciones por desempleo, bajar los impuestos, potenciar la energía nuclear y suprimir las ayudas a las energías renovables, bancarizar las cajas, recortar las pensiones y aumentar la edad de jubilación, privatizar todas las empresa públicas dignas de ser privatizadas y reformar la negociación colectiva.

Como se puede ver, en la mayoría de estas medidas coinciden tanto la socialdemocracia como la derecha pura y dura. En nuestras manos está darle un giro a esta Europa de los mercaderes, del capitalismo salvaje y caníbal que tratan de imponernos. Así que ya sabes, cuando te den a elegir entre la mierda caliente y la mierda fría, no te dejes embaucar: que se la coman ellos.

Fuente:
http://mimargenizquierda.blogspot.com